Biblioteca Ignoria

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Recortes literarios - Una antología

2 feb 2023

La jabonería de Mao


La jabonería de Mao

El aviso de una escuela de Policía me llamó la atención y me inscribí para ser admitido en ella. Pero antes de dar examen leí un anuncio de una “escuela” para fabricantes de jabón. No se exigía ninguna educación previa, la pensión era gratuita y se prometía un pequeño salario a los alumnos. Era un aviso atrayente. Se hablaba de los grandes beneficios sociales de la fabricación de jabón, de cómo enriquecería al país y a los individuos. Cambié de opinión respecto de la escuela de policías y decidí convertirme en un fabricante de jabón. Pagué, allí también, un dólar por inscribirme.

Mao Tse Tung - Mi vida

Julio Cortázar - La polca del espiante

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Julio Cortázar - La polca del espiante

El bandoneón, con tantos pliegues, ¿por qué un sonido

turbio masticado, ese silbido blando que no hace

darse vuelta al silencio?

Pobre máquina, cielito de nácar, túnel de amor para la rata,

no sé cómo decirte: cesa, desintégrate,

corazón postal tejido con engrudo

bajo camisas donde no estallará el árbol de la lluvia.

Respiración arrendable para muertos que vuelven,

apenas pocas manos te imponen razón

de durar. Me hablo a mí mismo, a la hora

de la funda, del baile estuvo espléndido,

tan familiar tan concurrido.

Me fui, como quien se desangra.


Así termina Don Segundo Sombra, así termina la cólera para dejarme, sucio y lavado a la vez, frente a otros cielos. Desde luego, como Orfeo, tantas veces habría de mirar hacia atrás y pagar el precio. Lo sigo pagando hoy; sigo y seguiré mirándote, Eurídice Argentina.

Leónidas Lamborghini - Seol

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Leónidas Lamborghini - Seol

lo mortal

lo que se oye.

—oíd: el ruido de lo roto en el trono de la identidad

en

lo dignísimo.

—oímos

respondemos: el ruido de lo sagrado de lo unido en

lo dignísimo de

la identidad que se rompe.

oímos lo abierto a lo mortal, la salud rota en

lo mortal: el grito.

—oíd lo roto. lo mortal en libertad. la libertad de lo mortal.

oíd: la libertad de lo roto. el grito.

el trono. el ruido de lo mortal en el trono de lo sagrado

del trono de la identidad.

el ruido de lo roto: la identidad. el trono.

—respondemos: oímos en el ruido el ruido. oímos en el ruido el

ruido. lo sagrado roto o

lo que se une. la identidad en el trono de lo dignísimo o

lo que se rompe en lo unido que se rompe y

abre.

las cadenas rotas de la identidad que se rompe y une. oímos

en lo mortal lo mortal que oímos. lo que se abre a lo mortal:

el grito.

—oíd lo que se oye

oíd lo que se oye.

—oímos el grito de lo mortal de

lo roto de las cadenas. oímos el ruido de lo mortal

en el trono. oímos en el ruido el ruido de lo roto de

las cadenas. de la identidad unida que se rompe y

une: —respondemos

respondemos.

—oíd lo que se oye: en el camino su oíd la salud rota

en el trono. en sus cadenas.

las cadenas de la libertad de lo mortal en el trono

en lo que está coronado o de gloria que se rompe o

une.

—oímos en el ruido el ruido. oímos en lo roto lo

roto coronado que

se rompe.

—oíd lo que se oye.

—oíd lo que se oye.

—oímos lo que se abre: respondemos. lo que está abierto

en el ruido. respondemos respondemos.

oímos en el ruido el ruido. el grito. el trono

de la identidad que se abre a lo mortal. el ruido de

lo mortal. el ruido en

libertad de las cadenas. el trono en la gloria de lo

dignísimo de la identidad de

lo sagrado de la identidad coronado o

que se rompe. o que se abre

en el camino su de. y se rompe o une y se une y rompe.

respondemos respondemos.

—oíd lo que se oye. oíd

lo que se oye.

—oímos la libertad de lo unido o su gloria o lo roto

que se rompe o une, el ruido de la identidad unida que

se abre rota. lo mortal.

oímos en el ruido el grito. el trono en la gloria de

la identidad unida o en lo mortal abierto

a

lo que se rompe. el grito

de la identidad en el trono

de lo unido en su gloria o

que se rompe y une en el grito.

en lo dignísimo de la identidad o

lo roto que

—oíd lo que se oye.

—oíd lo que se oye.

—oímos en el ruido el ruido. oímos

en el ruido el ruido. oímos. respondemos.


En Episodios

1 feb 2023

Mario Levrero - Nunca hubo conejos...

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Mario Levrero - Nunca hubo conejos...

Nunca hubo conejos en el bosque. Éste sería un inconveniente insuperable para nosotros, cazadores de conejos, si no fuera por la existencia de los magos. Cuando vamos de caza, y al cabo de varias horas de dar vueltas inútiles, sintiéndonos fracasados y doloridos, aparecen los magos. Son silenciosos, de ropaje negro y elegante. Con gran habilidad comienzan a sacar conejos de sus relucientes galeras. Cada uno de nosotros vuelve al castillo con un conejo en su morral; estamos contentos en apariencia, pero llevamos en el corazón la sombra de una duda.

En Caza de conejos

31 ene 2023

Julio Cortázar - Las líneas de la mano

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Julio Cortázar - Las líneas de la mano

De una carta tirada sobre la mesa sale una línea que corre por la plancha de pino y baja por una pata. Basta mirar bien para descubrir que la línea continúa por el piso de parqué, remonta el muro, entra en una lámina que reproduce un cuadro de Boucher, dibuja la espalda de una mujer reclinada en un diván y por fin escapa de la habitación por el techo y desciende en la cadena del pararrayos hasta la calle. Ahí es difícil seguirla a causa del tránsito, pero con atención se la verá subir por la rueda del autobús estacionado en la esquina y que lleva al puerto. Allí baja por la media de nilón cristal de la pasajera más rubia, entra en el territorio hostil de las aduanas, rampa y repta y zigzaguea hasta el muelle mayor y allí (pero es difícil verla, sólo las ratas la siguen para trepar a bordo) sube al barco de turbinas sonoras, corre por las planchas de la cubierta de primera clase, salva con dificultad la escotilla mayor y en una cabina, donde un hombre triste bebe coñac y escucha la sirena de partida, remonta por la costura del pantalón, por el chaleco de punto, se desliza hasta el codo y con un último esfuerzo se guarece en la palma de la mano derecha, que en ese instante empieza a cerrarse sobre la culata de una pistola.

En Historias de Cronopios y de Famas

30 ene 2023

Giorgio Manganelli - La ciudad

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Giorgio Manganelli - La ciudad

La ciudad es extremadamente pobre. Hace tiempo que sus habitantes han renunciado a modificar su propia condición, y viven una vida solitaria, cerrada, taciturna. Lentamente, la población disminuye, no ya porque alguno emigre —a nadie se le ocurre ir a «hacer fortuna», como se dice— sino porque los muertos no son sustituidos; si nace un niño, cosa que es muy rara, es ofrecido a las ciudades vecinas, donde se encuentra alguien que lo adopta. Las casas son viejas y están construidas con material que ya comienza a revelar los indicios de una continua y desde hace poco tiempo acelerada decadencia. No existen reales y auténticos trabajos, sino, de vez en cuando, a un cierto número de habitantes se le ordena transportar algunas piedras —tres, cinco— de una calle a otra. Si hay cinco piedras, acuden diez ciudadanos, y cada uno de ellos efectúa la mitad del recorrido; son pagados con monedas desgastadas, ilegibles, que no tienen curso en ninguna ciudad. No pocas veces las pierden, ya que en la ciudad no hay nada para comprar. Viven del miserable producto de los huertos cultivados por gente que no sabe y a la que no le gusta cultivar los huertos. Poseyendo esos huertos, nunca, o casi nunca, salen a la calle. Tienen la impresión de que, sea cual fuere el tiempo, está a punto de llover. No existen sastres, y las ropas se deterioran lentamente, pero dado que la utilización que se hace de ellas es mínima, bastarán hasta la total extinción de la ciudad. El origen de tanta miseria es desconocido. Tal vez deba ser atribuido a unas desordenadas crisis religiosas, terminadas en una mortal desorientación. O bien a una red de contemporáneas desilusiones amorosas, que aisló a hombres y mujeres, y empujó a algunos a la soledad, y a otros a matrimonios sin deseo y sin amor. En esta ciudad hace años que nadie se enamora, y aunque, en las largas horas vacías, se lean libros de amor, la cosa es considerada como un juego deshonesto. Al comienzo acudieron a visitar la ciudad equipos de estudio, para entender el mecanismo de tan increíble miseria. Fue enviado un circo que durante dos días actuó, gratuitamente, en la plaza de la ciudad. Acudió un solo hombre, un sordo que tenía la impresión de que se trataba de una ceremonia fúnebre-religiosa. Los restantes ciudadanos permanecieron encerrados en sus casas, sufriendo intensamente por aquellos fragores lujosos. No puede decirse que esperen su propio fin y el de la ciudad; saben oscuramente que ellos son el final.

En Centuria, cien breves novelas-río

29 ene 2023

Mario Levrero - Mi forma de cazar conejos

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Mario Levrero - Mi forma de cazar conejos

Algunos cazan conejos persiguiéndolos sin tregua, a caballo, despiadadamente, dentro y fuera del bosque; en polvorientas carreteras, en praderas enormes, trepando incluso a pedregosas montañas. Cuando el conejo se detiene, loco de fatiga, le destrozan el cráneo con un golpe certero de garrote. Luego se lo comen, crudo y hasta con pelos.

Yo estoy condenado genéticamente a otros procedimientos. Tejo laboriosamente durante varios meses una enorme y casi invisible tela como de araña, y luego me siento a esperar, un poco oculto entre el follaje. A veces pasan otros tantos meses antes de que aparezca un conejo en los alrededores, y a veces otros tantos más para que el conejo caiga en mi tela. Mientras tanto atrapo sin querer moscas y mosquitos, moscardones, avispas, ratones, culebras, mulitas, caballos, pájaros, jirafas y monstruos marinos. Me fatiga mucho despegarlos y recomponer la tela donde ha sido dañada. Es un trabajo agotador y la vigilia es constante. Me destrozo los nervios en esta tensa y eterna espera. Tengo las mandíbulas apretadas, me caigo de sueño, y mis sentidos se agudizan y exasperan en alerta constante. Mi forma de cazar conejos, y no tengo otra, es lo que me ha transformado en un loco.

En Caza de conejos

28 ene 2023

Julio Cortázar - Las tejedoras

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Julio Cortázar - Las tejedoras

Las conozco, las horribles, las tejedoras envueltas en pelusas,

en colores que crecen de las manos del hilo

al cuajo tembloroso moviéndose en la red de dedos ávidos.

Hijas de la siesta, pálidas babosas escondidas del sol,

en cada patio con tinajas crece su veneno y su paciencia,

en las terrazas al anochecer, en las veredas de los barrios,

en el espacio sucio de bocinas y lamentos de la radio,

en cada hueco donde el tiempo sea un pulóver.

Teje, mujer verde, mujer húmeda, teje, teje,

amontona materias putrescibles sobre tu falda de donde brotaron tus hijos,

esa lenta manera de vida, ese aceite de oficinas y universidades,

esa pasión de domingo a la tarde en las tribunas.

Sé que tejen de noche, a horas secretas, se levantan del sueño

y tejen en silencio, en la tiniebla; he parado en hoteles

donde cada pieza a oscuras era una tejedora, una manga

gris o blanca saliendo debajo de la puerta; y tejen en los bancos,

detrás de los cristales empañados, en las letrinas tejen, y

en los fríos lechos matrimoniales tejen de espaldas al ronquido.

Tejen olvido, estupidez y lágrimas,

tejen, de día y noche tejen la ropa interna, tejen la bolsa donde se ahoga el corazón,

tejen campanas rojas y mitones violeta para envolvemos las rodillas,

y nuestra voz es el ovillo para tu tejido, araña amor, y este cansancio

nos cubre, arropa el alma con punto cruz punto cadena Santa Clara,

la muerte es un tejido sin color y nos lo estás tejiendo.

¡Ahí vienen, vienen! Monstruos de nombre blando, tejedoras,

hacendosas mujeres de los hogares nacionales, oficinistas, rubias

mantenidas, pálidas novicias. Los marineros tejen,

las enfermas envueltas en biombos tejen para el insomnio,

del rascacielo bajan flecos enormes de tejidos, la ciudad

está envuelta en lanas como vómitos verdes y violeta.

Ya están aquí, ya se levantan sin hablar,

solamente las manos donde agujas brillantes van y vienen,

y tienen manos en la cara, en cada seno tienen manos, son

ciempiés son cienmanos tejiendo en un silencio insoportable

de tangos y discursos.

26 ene 2023

Jacobo Fijman - Dicen que me han traído acá porque estoy loco...

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Jacobo Fijman - Dicen que me han traído acá porque estoy loco...

Hospicio de las Mercedes. Dicen que me han traído aquí porque estoy loco. Esto es imposible. Pensar que yo he perdido la razón, siendo una cosa de orden metafísico, trascendental. No puede ser. Además, he padecido hambre, sed, dormía mal, estudiaba mucho, quería mejorar a los hombres, tenía sentido del sacrificio, me redimía, amaba. No sé por qué, en una comisaría de la ciudad, me apalearon. En uno de sus calabozos se me encontró hablando de tonalidades, del origen de la especie, del superhombre y cantando La Marsellesa. Me había desnudado; quería ser como los hijos del sol, resplandecer de sencillez, de inocencia, de santidad.

Dos días, fragmento

25 ene 2023

Marilyn Contardi - Palabras (fragmento)

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Marilyn Contardi - Palabras (fragmento)

La mirada recorre la página en blanco, imagina dispuestas, con conveniencia, las letras. Sus trazos menudos forman palabras, frases exuberantes de sonidos, se enrollan sobre sí mismas y crecen como la luna en el río claro de primavera. 

Despliegan la conversación de los dos muchachos, en la eternidad de la adolescencia, por la vereda desierta. Ritman el pulso del tiempo que discurre en las voces y los latidos de la sangre. Retumban voces muy antiguas, y de esa cadencia forman de nuevo palabras, y con las palabras, los sonidos. El círculo se cierra, tiembla como una gota cargada de reflejos sobre la hoja. 

Resplandece como una cúpula y… desaparece, cuando la mirada remonta irresistiblemente, así vuelan los pájaros, y la página vuelve a quedar intacta, rotunda como la tajada de sandía en el plato. 

Pero las palabras siguen flotando, se apiñan como nubes cargadas de lluvia. Un trueno lejano viene a retumbar sobre la hoja. Con la lluvia caerán otra vez. Sé paciente. 

No tendrás más que recogerlas y ordenarlas.

23 ene 2023

Mario Levrero - Ello

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Mario Levrero - Ello

Algo late, algo crece en el altillo.

Se sospecha verde, se teme con ojos.

Se presume fuerte, blando, traslúcido, maligno.

No debemos, no queremos, no podemos verlo.

Para hablar de ello solamente usamos adjetivos, y no nos miramos a los ojos.

No usamos la crujiente escalera; no nos detenemos a escuchar junto a la puerta; no tomamos el picaporte y lo hacemos girar; no abrimos la puerta del altillo.


En La máquina de pensar en Gladys

22 ene 2023

Aldo Oliva - Caza mayor

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Aldo Oliva - Caza mayor

La verdad nunca tuve entera fe en los pájaros.

Quedé niño de honda en tensión testimoniando

festivales y duras conjeturas,

asedios, pedradas e iluminaciones

en el berretín de la tiniebla.


Las palabras trocadas, fuego del juego,

su constelación bajo las constelaciones,

voces altivas que confundí con el amor.


No tuve fe en los pájaros.


Antes que la estrategia azul me desolara

gemí muy hondo esquinando en la furia de mis nervios,

bajé al río a beber

maldije la decencia,

sangré tristes criaturas de alcohol irrestañable,

construí un mundo, era de ceniza, contra el poniente lo aventé.


Cada mañana salgo de la tumba y reinicio este canto.

21 ene 2023

Juan José Saer - De Polonio a Laertes

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Juan José Saer - De Polonio a Laertes

No pienses, porque toques con las yemas de los dedos las piedras de otras ciudades y entres, como en un agua, en su estruendo y en su color, que no estás más, inmóvil, en la tierra natal. No importa cómo se llame la ciudad en la que se esté, se está siempre en la tierra natal. Un hilo invisible, cuya medida es tu límite, te acompaña indefinida pero no infinitamente. No corras, por lo tanto, porque en cualquier momento llega el sacudón. Y más todavía: no pienses, porque estemos frente a frente, y me veas, por ilusión óptica, desde fuera, en Polonio y en Laertes como en dos personas extrañas y separadas, como en dos cuerpos remotos que acaban cada uno en la punta de los dedos y entre los cuales no hay más que aire, porque el Laertes que fui le habla en este momento al Polonio que serás. Y ahora, Polonio, hasta la vista, y no te olvides de guardar intacta esta bendición, para cuando debas entregársela a Laertes —¡Laertes, Polonio!— en el momento de la despedida.

En El arte de narrar

20 ene 2023

César Bandín Ron - Despierto siendo el otro...

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Despierto siendo el otro...

Despierto siendo el otro, transformado,

no en insecto sino en un ser solitario.

Mi mirada lo dice, el silencio a mi alrededor

lo dice: las señales eran ciertas, por momentos

creí fingir pero al fin tanto el fastidio como

el dolor eran reales. No hay dioses ni ídolos

en el mundo fantasma, solo está uno, abierto,

sobrecogedor, como una herida de sable

El proceso es paulatino, hasta que un día uno

ya es ese otro que respiraba entre los pliegues,

susurrándonos que las apariencias son sólo eso,

que la verdadera historia emergerá sobre el final,

fatal e irreparable como Medea y su destino.


En ¡Oh, Yo, mi efímero Dios!

18 ene 2023

Alfredo Veiravé - Radar en la tormenta

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Alfredo Veiravé - Radar en la tormenta

Y alguna vez, no siempre, guiado por el radar

el poema aterriza en la pista, a ciegas,

(entre relámpagos)

carretea bajo la lluvia, y al detener sus turbinas,

descienden

de él, pasajeros aliviados de la muerte: las palabras.

17 ene 2023

Alejandra Pizarnik - Devoción

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Alejandra Pizarnik - Devoción

Debajo de un árbol, frente a la casa, veíase una mesa y sentados a ella, la muerte y la niña tomaban el té. Una muñeca estaba sentada entre ellas, indeciblemente hermosa, y la muerte y la niña la miraban más que al crepúsculo, a la vez que hablaban por encima de ella.

—Toma un poco de vino —dijo la muerte.

La niña dirigió una mirada a su alrededor, sin ver, sobre la mesa, otra cosa que té.

—No veo que haya vino —dijo.

—Es que no hay —contestó la muerte.

—¿Y por qué me dijo usted que había? —dijo.

—Nunca dije que hubiera sino que tomes —dijo la muerte.

—Pues entonces ha cometido usted una incorrección al ofrecérmelo —respondió la niña muy enojada.

—Soy huérfana. Nadie se ocupó de darme una educación esmerada —se disculpó la muerte.

La muñeca abrió los ojos.

1965