Biblioteca Ignoria

Literatura y artes

18 jul. 2018

Sylvia Plath - Límite


Sylvia Plath - Límite


La mujer alcanzó lo perfecto.
Su cuerpo

muerto luce la sonrisa de la culminación,
la ilusión de una fatalidad griega

fluye por los pliegues de su toga,
sus pies

desnudos parecen decir:
"hasta aquí llegamos, se terminó".

Cada niño muerto se enrosca, serpiente blanca,
alrededor de cada

jarrita de leche, ahora vacía.
Ella los recoge

en su cuerpo como los pétales
de una rosa que se cierran cuando el jardín

se inmoviliza y los olores sangran
desde las dulces gargantas profundas de la flor nocturna.

Embozada en su capucha de hueso,
la luna no tiene por qué estar triste.

Ella está acostumbrada a este tipo de cosas.
Sus lutos crujen y se arrastran.



Verión: Isaías Garde




Sylvia Plath - Edge


The woman is perfected.   
Her dead

Body wears the smile of accomplishment,   
The illusion of a Greek necessity

Flows in the scrolls of her toga,   
Her bare

Feet seem to be saying:
We have come so far, it is over.

Each dead child coiled, a white serpent,   
One at each little

Pitcher of milk, now empty.   
She has folded

Them back into her body as petals   
Of a rose close when the garden

Stiffens and odors bleed
From the sweet, deep throats of the night flower.

The moon has nothing to be sad about,   
Staring from her hood of bone.

She is used to this sort of thing.
Her blacks crackle and drag.

Anne Sexton - La noche estrellada


Anne Sexton - La noche estrellada


Eso no me libra de tener una terrible necesidad de -tengo que usar esa palabra- religión. Entonces salgo de noche a pintar las estrellas.

Vincent Van Gogh en una carta a su hermano


El pueblo no existe
salvo allí donde un árbol de cabellos negros
se desliza como una mujer ahogada hacia el cielo caliente.
El pueblo es silencioso. La noche noche hierve en once estrellas.
¡Oh noche, noche estrellada! Es así
como quiero morir.

Se mueven. Todas están vivas,
incluso la textura de la luna, con sus hierros naranja,
para atraer a los niños, como un dios, desde su ojo.
La antigua serpiente invisible se traga las estrellas.
¡Oh noche, noche estrellada! es así
como quiero morir:

dentro de esa imparable bestia de la noche.
Absorbida por el gran dragón,
para desprenderme de mi vida, sin banderas,
sin vientre,
sin llanto.

Versión: Isaías Garde



Anne Sexton - The Starry Night



That does not keep me from having a terrible need of—shall I say the word—religion. Then I go out at night to paint the stars.

Vincent Van Gogh in a letter to his brother

The town does not exist
except where one black-haired tree slips
up like a drowned woman into the hot sky.
The town is silent. The night boils with eleven stars.   
Oh starry starry night! This is how
I want to die.

It moves. They are all alive.
Even the moon bulges in its orange irons   
to push children, like a god, from its eye.
The old unseen serpent swallows up the stars.   
Oh starry starry night! This is how   
I want to die:

into that rushing beast of the night,   
sucked up by that great dragon, to split   
from my life with no flag,
no belly,
no cry.


Charles Baudelaire - Fragmentos


Charles Baudelaire - Fragmentos


En la frecuentación de las ciudades enormes, en el cruce de sus relaciones innumerables, nace, sobre todo, este ideal obsesionador. ¿No tuvo usted el grito estridente del vidriero, y de expresar en prosa lírica las desoladoras sugestiones que manda ese pregón hasta las guardillas, a través de las más altas nieblas de la calle?

***

—Quiero a las nubes…, a las nubes que pasan… por allá… ¡a las nubes maravillosas!

***

"¡Ay! Ya pasó para nosotras, hembras viejas, desventuradas, el tiempo de agradar aun a los inocentes."

***

¡Naturaleza encantadora, despiadada, rival siempre victoriosa, déjame! ¡No tientes más a mis deseos y a mi orgullo! El estudio de la belleza es un duelo en que el artista da gritos de terror antes de caer vencido.

***

Cada hombre lleva en sí su dosis de opio natural, incesantemente segregada y renovada.

***

Pero la Venus implacable mira a lo lejos no sé qué con sus ojos de mármol.

***

Siempre ha sido interesante el reflejo de la alegría del rico en el fondo de los ojos del pobre.

***

En este mundo estrecho, pero tan henchido de repugnancia, sólo un objeto conocido me sonríe: la ampolla de láudano, vieja y terrible amiga, como todas las amigas; ¡ay!, fecunda en caricias y traiciones.

***

«Casi todas nuestras desgracias provienen de no haber sabido quedarnos en nuestra habitación» —dice otro sabio, creo que Pascal, llamando así a la celda del recogimiento a todos los alocados que buscan la dicha en el movimiento y en una prostitución que llamaría yo fraternitaria , si quisiera hablar la hermosa lengua de mi siglo.

***

...no me atreví ya a creer en felicidad tan prodigiosa, y mientras me acostaba, rezando una vez más, por un resto de costumbre imbécil, repetíame medio dormido: «¡Dios mío! ¡Señor Dios mío! ¡Haced que el diablo me cumpla su palabra!».

***

El paseante solitario y pensativo obtiene una singular ebriedad en la comunión universal. El que desposa fácilmente a la multitud conoce febriles alegrías, de las que eternamente se verá privado el egoísta, cerrado como un cofre, y el perezoso, enquistado como un molusco. El adopta todas las profesiones, todas las dichas y todas las miserias que la circunstancia le presenta.

***

Lo que los hombres llaman amor es demasiado pequeño, demasiado restringido y demasiado débil, comparado con la inefable orgía, la santa prostitución del alma que se da entera, poesía y caridad, a lo que imprevistamente aparece, al desconocido que pasa.

***

Y me acuesto, orgulloso de haber vivido y padecido en seres distintos de mí.

***

¡Yo canto al perro sucio, al perro pobre, al perro sin domicilio, al perro corretón, al perro saltimbanqui, al perro cuyo instinto, como el del pobre, el del gitano y el del histrión, está maravillosamente aguijado por la necesidad, madre tan buena, verdadera patrona de las inteligencias!



Textos extraídos de Pequeños poemas en prosa
Traducción: Enrique Díez-Canedo

Emily Dickinson - Estafé a los bosques...




Estafé a los bosques,
A los confiados bosques.
Los árboles ingenuos
Ofrecieron sus fresas y su musgo
para halagar mi fantasía.
Revisé, curiosa, esas baratijas
Y las junté, hasta que me cansé y me fui.
¿Qué hará ahora la solemne cicuta?
¿Y qué opinará el roble?

Versión: Isaías Garde



Emily Dickinson - 41


I robbed the Woods—
The trusting Woods.
The unsuspecting Trees
Brought out their Burs and mosses
My fantasy to please.
I scanned their trinkets curious—I grasped—I bore away—
What will the solemn Hemlock—
What will the Oak tree say?

17 jul. 2018

Baltasar Gracián - El arte de la prudencia


Baltasar Gracián - El arte de la prudencia

Bajo la forma de aforismos, Baltasar Gracián dio forma a una de las obras más importantes del Siglo de Oro, que aún hoy, cuatro siglos más tarde, sigue estando vigente en su objetivo último de regir el buen gobierno de las personas. Gracián prescinde de la argumentación a base de ejemplos que había dominado en la retórica medieval y esconde su propuesta con frases basadas en la realidad de los hechos y la utilidad de las acciones. Un clásico más que moderno. Baltasar Gracián fue jesuita, pensador y escritor barroco, doctísimo autor y maestro del estilo conceptista. Su ingenio crítico y afán moralista están presentes en toda su obra.

Lev Nikoláievich Tolstói - Relatos de Yásnaia Poliana. Cuentos para niños y El prisionero del Cáucaso


Lev Nikoláievich Tolstói - Relatos de Yásnaia Poliana. Cuentos para niños y El prisionero del Cáucaso

Entre 1871 y 1875 Tolstói publicó varios volúmenes de relatos para enseñar a leer y a escribir a los alumnos de su escuela de Yásnaia Poliana, su localidad de nacimiento. Su intención era lograr un modo de contar directo, sencillo, pero de gran potencia narrativa. Su obsesión por el estilo le llevó al extremo de confesar que gracias a esta obra ya podía morirse «literariamente» tranquilo. En 1872, mientras avanzaba en sus manuales de lectura, redactó con la misma técnica un cuento más largo, El prisionero del Cáucaso, una joya que pulió hasta convertirla en una obra maestra. Sara Gutiérrez la ha vuelto a traducir al español, junto con los mejores relatos para niños que sirvieron para instruir a los alumnos de Yásnaia Poliana, respetando fielmente el estilo original de este gran clásico de la literatura rusa.

Léon Bloy - Exégesis de los lugares comunes


Léon Bloy - Exégesis de los lugares comunes

Poeta místico encerrado en la sempiterna contemplación de las armonías invisibles y su criptografía, despiadado polemista (entre la delicadeza y la furia), antimoderno (en el sentido que le da Antoine Compagnon) y profundamente antiburgués, Léon Bloy empezó a escribir en 1900 esta Exégesis de los lugares comunes, que continuó en 1913 con una segunda entrega. Su objetivo final era retratar a «los imbéciles, lamentables y definitivamente idiotas de este siglo». De lectura feliz, singularmente rotundo e invectivo, el libro diseca una colección de frases hechas que atestiguan tanto su vaciedad estricta como la de quien las formula. Un retrato inmisericorde hecho por quien, en palabras de Remy de Gourmont, fue uno de los mejores creadores de imágenes que haya dado el mundo.

Marco Tulio Cicerón - Catilinarias y Filípicas. Edición bilingüe


Marco Tulio Cicerón - Catilinarias y Filípicas. Edición bilingüe

Con el nombre de Catilinarias o Discursos contra Catilina conocemos las cuatro alocuciones pronunciadas por Cicerón entre el 8 de noviembre y el 5 de diciembre del año 63, cuando en su condición de cónsul descubrió y desbarató un intento revolucionario encabezado por Lucio Sergio Catilina que tenía como objetivo final la subversión total de las estructuras del Estado romano e incluso la destrucción de Roma y el asesinato de los ciudadanos más representativos del partido aristocrático.

Con el nombre de Filípicas se nos han conservado catorce discursos pronunciados por Cicerón entre el 2 de setiembre del año 44 y el 21 de abril del 43, en los que pretende desenmascarar y poner coto a los intentos hegemónicos de Marco Antonio. Si bien son catorce los discursos conservados, posiblemente no sea éste el número total de los pronunciados por Cicerón sobre este tema, si tenemos en cuenta que un gramático del siglo IV, Arusiano Mesio, cita dos frases sacadas de unas supuestas Filípicas XVI y XVII. Con respecto a la denominación de Filípicas, hay que decir que el nombre que cabría esperar que se les hubiese aplicado a estos discursos sería el de Antonianas (Antonianae) al ser Marco Antonio el destinatario de ellas, de la misma manera que hablamos de Catilinarias con respecto a los discursos dirigidos contra Catilina; y de hecho este nombre de Antonianas es el que usan Séneca el rétor y Aulo Gelio y, seguramente, el primero en el que pensaría Cicerón, ya que la denominación de Filípicas es una sugerencia en tono de broma que le hizo Cicerón a su amigo y corresponsal Atico y que éste aceptó tras haber leído la quinta y la décima. Y será precisamente éste el nombre más divulgado en la transmisión del texto. No hace falta indicar que el nombre de Filípicas es una imitación del nombre de los discursos pronunciados por el orador griego Demóstenes (siglo IV a. C.) contra el rey Filipo II de Macedonia por sus intentos expansionistas sobre Grecia.

Rubén Darío - Cantos de vida y esperanza


Rubén Darío - Cantos de vida y esperanza

Para muchos, Rubén Darío es el padre del modernismo. Los poetas parnasianos y simbolistas franceses ejercieron una gran influencia en su obra, pero a partir de Prosas profanas (1896 y 1901) su estilo, perfilado en Azul (1888, revisado en 1890 y celebrado como el primer poemario modernista), se define para llegar a Cantos de vida y esperanza (1905), considerado el mejor ejemplo de su poesía. Aquí el poeta vuelve a sus temas recurrentes para afirmar que el arte siempre superará a la naturaleza, pues es el único elemento capaz de restablecer la armonía divina.

Esta edición incluye una introducción que contextualiza la obra, un aparato de notas, una cronología y una bibliografía esencial, así como también varias propuestas de discusión y debate en torno a la lectura. Está al cuidado de Rocío Oviedo Pérez de Tudela, catedrática de literatura hispanoamericana de la Universidad Complutense.