Biblioteca Ignoria

Literatura y artes

20 sep. 2018

Baltasar Gracián - El Criticón


Baltasar Gracián - El Criticón

Novela publicada en tres partes en 1651, 1653 y 1657. Está considerada como la obra maestra de su autor y es una de las cumbres de la literatura española, junto al Quijote y La Celestina. El Criticón recoge y amplía toda su obra anterior en forma de ficción novelesca. Es la obra literaria que resume la visión filosófica del mundo de Gracián bajo la forma de una gran epopeya moral. En ella se unen invención y didactismo, erudición y estilo personal, desengaño y sátira social.

Thomas de Quincey - Confesiones de un inglés comedor de opio


Thomas de Quincey - Confesiones de un inglés comedor de opio

De vida solitaria, bohemia, azarosa y, en ocasiones, trágica, Thomas de Quincey (1785-1859) colaboró en varias revistas de la época, entre ellas el London Magazine, en cuyos números de octubre y noviembre de 1821 aparecieron sus Confesiones de un inglés comedor de opio. El enorme éxito de esas entregas facilitó su publicación en forma de libro un año más tarde (edición con la que se corresponde la presente edición y que es considerada superior a la impresa en 1856). La obra refleja la actitud ambivalente del escritor hacia el opio -cadena inexorable, llave del paraíso-, sustancia que comenzó a utilizar en 1804 a fin de aliviar unos fuertes dolores y de cuyos efectos nunca lograría prescindir por completo.

Heinrich Kramer & Jacobus Sprenger - Malleus Maleficarum (El martillo de las brujas)


Heinrich Kramer & Jacobus Sprenger - Malleus Maleficarum (El martillo de las brujas)

Probablemente el tratado más importante que se haya publicado en el contexto de la persecución de brujas y la histeria brujeril del Renacimiento. Tras ser publicado en Alemania se convirtió en el manual indispensable y la autoridad final para la Inquisición, para todos los jueces, magistrados y sacerdotes, católicos y protestantes, en la lucha contra la brujería en Europa. Abarcaba los poderes y prácticas de los brujos, sus relaciones con el demonio, su descubrimiento…

Abarcaba los poderes y prácticas de los brujos, sus relaciones con el demonio, su descubrimiento.

La Inquisición, la hoguera, la tortura mental y física de la cruzada contra la brujería: todo esto es conocido. Y detrás de cada uno de los actos sanguinarios se encontraba este libro, a la vez justificación y manual de instrucción.

Para cualquier comprensión de la historia y naturaleza de la brujería y el satanismo, Malleus Maleficarum es sin duda una fuente importante.

Nathaniel Hawthorne - Cuadernos norteamericanos


Nathaniel Hawthorne - Cuadernos norteamericanos

Bosquejos de cuentos, frases, argumentos, proyectos, descripciones y otros tesoros ocultos se encuentran en los cuadernos de apuntes que llevó durante años el genial escritor norteamericano. A excepción de algunos pocos fragmentos, estos textos han permanecido inéditos en castellano hasta la edición que el lector tiene en sus manos. Dijo Jorge Luis Borges que Hawthorne murió durmiendo y que tal vez por eso nos legó la tarea de soñar. Sin duda, como escritor, Hawthorne soñó muchos más libros de los que podía escribir, pero en lugar de resignarse dejó registrados sus pensamientos en los Cuadernos norteamericanos: una cantera de ideas magistrales, arriesgadas e insólitas de las que han bebido muchos escritores y que se proponen como una irresistible llamada a la imaginación.

19 sep. 2018

Lev Nikoláievich Tolstói - El Evangelio abreviado


Lev Nikoláievich Tolstói - El Evangelio abreviado

Una crisis espiritual condujo a Tolstói (1828-1910) a un cristianismo sin dogma, basado en el amor y la no resistencia al mal. Siempre comprometido en la búsqueda de un paradigma de justicia, el artista extraería de aquella crisis un ideal de vida —pobreza voluntaria, trabajo manual, ascetismo— que le llevaría, en 1888, a ceder sus posesiones a su familia y, más tarde, los derechos de sus últimas obras al dominio público.

Subjetividad y sed de verdad se dan la mano en este Evangelio abreviado, la traducción de los cuatro evangelios que Tolstói realizó para revelar el verdadero mensaje de Cristo, que, en su opinión, tras mil ochocientos años de manipulaciones y tergiversaciones, la exégesis eclesiástica había ocultado. Por primera vez el lector en español tiene acceso a la que fue, según el escritor ruso, la obra más importante de su vida,

George Bernard Shaw - Pigmalión


George Bernard Shaw - Pigmalión

En esta famosa obra teatral de Shaw, la joven florista de Covent Garden Eliza Doolitle se presenta ante el especialista en fonética Henry Higgins, solterón cuarentón, para pedirle que le dé clases de lengua para poder entrar a trabajar en una buena floristería. El caballero decide emprender un experimento y apuesta con su amigo y también lingüísta Pickering a que es capaz de convertir a la muchacha en una señorita educada en sólo unos meses y dar el pego en la alta sociedad londinense.

Thomas Mann - Mario y el mago


Thomas Mann - Mario y el mago

Mario y el mago, bien podría ser calificado como de novela corta más que de relato corto en cuanto a su extensión. Pero no sólo este matiz, hace de ella una magnífica narración, y en la que una vez más, Thomas Mann intenta diseccionar a la sociedad centroeuropea de principios del siglo XX en ese difícil y tormentoso período que divide a las dos Guerras Mundiales. En este caso, el escritor alemán, basa su historia en las vacaciones que una familia extranjera pasa en la villa italiana de Torre di Venere. Una vez allí, el narrador nos presentará bajo la excusa de acontecimientos cotidianos, como la expulsión de dicha familia del hotel donde se hospedan por culpa de una pasada tos ferina ya repuesta, la radiografía del ambiente que en aquella época se va respirando en una sociedad italiana inundada por el fascismo y un nacionalismo exacerbado.

Soren Kierkegaard - El concepto de la angustia


Soren Kierkegaard - El concepto de la angustia

Publicado por primera vez en 1844, El concepto de la angustia es quizá el libro más conocido del danés Soren Kierkegaard (1813-1855), y en él se articulan algunos de los conceptos en los que se apoya el existencialismo cristiano. La angustia se relaciona con el pecado y con la libertad. Engendrada por la nada, alimentada por la impaciencia, surgida como «realidad de la libertad en cuanto posibilidad», la angustia es «el vértigo de la libertad» y al mismo tiempo un medio de salvación que conduce a la fe, a la verdad que años antes de escribir este libro el autor, en su diario íntimo, confesaba buscar como sentido definitivo de su existencia: «Es preciso encontrar una verdad, y la verdad es para mí hallar la idea por la que esté dispuesto a vivir y morir».

Walter Benjamin - Sobre la fe en las cosas que nos predican


Walter Benjamin - Sobre la fe en las cosas que nos predican

Investigar el estado en que uno se encuentra cuando apela a las fuerzas oscuras, es uno de los caminos más cortos y más seguros para conocer y criticar dichas fuerzas. Ya que todo prodigio tiene dos caras, la de quien lo hace y la de quien lo recibe. Y no es raro que la segunda sea más instructiva que la primera, puesto que incluye su misterio. Por esta vez no preguntaremos más: ¿qué ocurre con alguien que se hace proyectar grafológica o quirománticamente su biografía, que encarga se establezca su horóscopo? Podríamos creer que se trata por de pronto de un afán por comparar y comprobar. Con mayor o menor escepticismo pasará revista a todas y cada una de las afirmaciones que le hagan. Pero en realidad nada de eso. Más bien lo contrario. Sobre todo tiene una curiosidad tan ardiente por el resultado que parece como si esperase de éste información sobre alguien que es para él muy importante, pero completamente desconocido. La vanidad es el combustible de ese fuego. Pronto será un mar de llamas, puesto que tropieza con su propio nombre. Pero si la exposición del nombre es de suyo una de las influencias más fuertes que concebirse puedan sobre su portador (los americanos la han empleado de manera muy práctica al hacer que los anuncios luminosos se dirijan a los Smith y a los Brown), no cabe duda que en la predicción dicha exposición va unida al contenido de lo que se diga. El asunto es así: la pretendida imagen interior que de la propia naturaleza llevamos en nosotros mismos es, de un minuto para otro, pura improvisación. Se orienta enteramente, por así decirlo, según las máscaras que le son presentadas. El mundo es un arsenal de esas máscaras. Y sólo el hombre atrofiado, devastado, las busca como un simulacro en su propio interior. Porque la mayoría de las veces nosotros mismos somos pobres en este aspecto. Por eso nada nos hace más felices que si alguien se nos acerca con un arca de máscaras exóticas y nos ofrece los ejemplares más raros, la máscara del asesino, la del magnate de las finanzas, la del viajero que da la vuelta al mundo. Mirar a través de ellas nos encanta. Vemos las constelaciones, los instantes en los que hemos sido de veras esto o lo otro o todo de una vez. Todos añoramos este juego de máscaras como ebriedad, y de ello viven hoy los echadores de cartas, los astrólogos y los que leen en la palma de la mano. Saben éstos transponernos a esas quedas pausas del destino, de las cuales sólo más tarde advertimos que contuvieron el embrión de un curso completamente distinto del que nos cayó en suerte. Que el destino se para como un corazón es algo que percibimos con un terror profundo y venturoso en esas imágenes de nuestra naturaleza aparentemente tan indigentes, aparentemente tan ladeadas, que el charlatán pone frente a nosotros. Y tanto más nos apresuramos a darle razón cuanto más sedientas sentimos ascender en nosotros las sombras de vidas que no hemos vivido jamás.

En Discursos interrumpidos

Roland Barthes - La gran familia de los hombres


Roland Barthes - La gran familia de los hombres


Se presentó en París una gran exposición de fotografía, cuyo objetivo era mostrar la universalidad de los gestos humanos en la vida cotidiana de todos los países del mundo. Nacimiento, muerte, trabajo, saber, juegos, imponen por doquier las mismas conductas; existe una familia del hombre.

  The Family of Man, ha sido al menos el título original de esta exposición que nos ha llegado de los Estados Unidos. Los franceses tradujeron: La Gran Familia de los Hombres. De este modo, lo que en principio podía pasar por una expresión de orden zoológico, que tomaba simplemente la similitud de los comportamientos, la unidad de una especie, se muestra entre nosotros profundamente moralizado, sentimentalizado. De pronto, nos encontramos súbitamente devueltos al mito ambiguo de la «comunidad» humana, excusa que alimenta una parte considerable de nuestro humanismo.

  El mito funciona en dos tiempos: se afirma primero la diferencia de las morfologías humanas, se cargan las tintas sobre el exotismo, se manifiestan las infinitas variaciones de la especie, la diversidad de las pieles, de los cráneos y de las costumbres, se babeliza a discreción la imagen del mundo. Después, de ese pluralismo se extrae mágicamente una unidad: el hombre nace, trabaja, ríe y muere en todas partes de la misma manera; y si en esos casos aún subsiste alguna particularidad étnica, se da a entender, por lo menos, que en el fondo de cada uno de ellos hay una «naturaleza» idéntica, que su diversidad es apenas formal y que no desmiente la existencia de una matriz común. Esto equivale a postular una esencia humana y, sin más, Dios aparece reintraducido en nuestra exposición: la diversidad de los hombres manifiesta su potencia, su riqueza; la unidad de los gestos humanos demuestra su voluntad. Es esto lo que nos confió el prospecto de presentación que, bajo la pluma de André Chanson, afirma que «esta mirada sobre la condición humana debe asemejarse un poco a la mirada benevolente de Dios sobre nuestro insignificante y sublime hormiguero».

  El designio espiritualista está acentuado por las citas que acompañan cada capítulo de la exposición. Con frecuencia esas citas son proverbios «primitivos», versículos del Antiguo Testamento; definen una sabiduría eterna, un orden de afirmaciones al margen de la historia: «La Tierra es una madre que no muere jamás», «Come el pan y la sal y di la verdad», etc. Es el reino de las verdades gnómicas, la unión de las edades de la humanidad, en el grado más neutro de su identidad, allí donde la evidencia de la perogrullada sólo tiene valor en el seno de un lenguaje puramente «poético». Todo, contenido y fotogenia de las imágenes, discurso que las justifica, tiende a suprimir el peso determinante de la historia. Nos sentimos sujetos a la superficie de una identidad, impedidos por sentimentalidad de penetrar en esa zona ulterior de las conductas humanas en que la alienación histórica introduce «diferencias» que nosotros llamaremos simplemente «injusticias».

  El mito de la «condición» humana descansa en una mistificación muy vieja, que consiste en colocar siempre la naturaleza en el fondo de la historia. El humanismo clásico postula que raspando un poco la historia de los hombres, la relatividad de sus instituciones o la diferencia superficial de su piel (pero ¿por qué no preguntar a los padres de Emmet Till, el joven negro asesinado por blancos, qué piensan ellos de la gran familia de los hombres?), se llega rápidamente a la capa profunda de una naturaleza humana universal. El humanismo progresista, por el contrario, debe pensar constantemente en invertir los términos de esta antiquísima impostura, en desoxidar sin pausa la naturaleza, sus «leyes» y sus «límites», para descubrir en ellos la historia y comprender finalmente como histórica a la misma naturaleza.

  ¿Ejemplos? Pues los mismos que observamos en nuestra exposición.

  ¿El nacimiento, la muerte? Sí, son hechos de la naturaleza, hechos universales. Pero si se les quita la historia, ya no queda nada por decir de ellos, el comentario se vuelve puramente tautológico; en este caso el fracaso de la fotografía me parece flagrante: repetir la muerte o el nacimiento no enseña estrictamente nada. Para que esos hechos naturales accedan a un lenguaje verdadero, es necesario insertarlos en un orden del saber, postular que se los puede transformar, someter precisamente su naturalidad a nuestra crítica de hombres. Pues por universales que sean, los hechos mencionados son signos de una escritura histórica. No hay duda de que el niño siempre nace, pero dentro del volumen general del problema humano ¿qué nos imparta la «esencia» de ese gesto al lado de sus modos de ser, que son perfectamente históricos? Que el niño nazca, bien o mal, que la madre haya sufrido o no, que sea víctima o no de la mortalidad infantil, que acceda a una u otra forma de porvenir, de esto nos tendrían que hablar nuestras exposiciones y no de una eterna lírica del nacimiento. Y lo mismo con la muerte: ¿debemos cantar una vez más su esencia, arriesgándonos a olvidar que todavía tenemos tanto poder contra ella? Este poder todavía joven, demasiado joven, es el que debemos magnificar, y no la identidad estéril de la muerte «natural».

  ¿Y qué decir del trabajo, que la exposición coloca en la serie de los grandes hechos universales —alineándolo con el nacimiento y la muerte— como si se tratara, sin vacilación alguna, del mismo orden de fatalidad? La circunstancia de que el trabajo sea un hecho ancestral, no le impide para nada seguir siendo un hecho perfectamente histórico. Ante todo, y de manera evidente, en sus modos, sus móviles, sus fines y sus beneficios; sería profundamente desleal confundir en una identidad puramente gestual al obrero de una colonia y al obrero occidental (preguntemos también a los trabajadores norafricanos de la Goutte d’Or qué piensan de la gran familia de los hombres). Además, es histórico aun en su misma fatalidad: sabemos perfectamente que el trabajo es «natural» en la medida en que es «aprovechable»; tal vez un día se modifique la fatalidad del provecho y entonces se modificará la fatalidad del trabajo. De ese trabajo, absolutamente historizado, sería necesario que nos hablaran, y no de una estética eterna de los gestos laboriosos.

  Pero mucho me temo que la justificación final de este adamismo radique en legalizar la inmovilidad del mundo a través de un «conocimiento» y de una «lírica» que eternicen los gestos del hombre con el único fin de controlarlos mejor.

En Mitologías

Marina Tsvietáieva - Muerte

   
Marina Tsvietáieva - Muerte


     1. La muerte es terrible sólo para el cuerpo. El alma no la razona. Por eso, en el suicidio, el cuerpo es el único héroe.

    2. El suicidio: Lâcheté del alma que se transforma en heroísmo del cuerpo. Es lo mismo que si Don Quijote, al acobardarse, hubiera enviado a Sancho Panza a la batalla - y éste hubiera obedecido.

    3. El heroísmo del alma - vivir, el heroísmo del cuerpo - morir.

    4. Nadie ha estado nunca de pie junto a una tumba sin preguntarse: «¿quién fue el último junto al que estuve así la última vez? ¿Quién será el siguiente junto al que estaré ahí de pie?». De esa forma se crea entre nuestros propios muertos, los muertos personales, un vínculo conocido que sólo existe en una conciencia determinada, distinta en cada circunstancia.

    5. Cada muerte nos vivifica cada una de ellas. Cada persona que muere nos devuelve a todos los que murieron antes que él y a nosotros - a ellos. Si no murieran los sucesivos, más tarde o más temprano olvidaríamos a los primeros. Así, el ir de sepultura en sepultura es la caución solidaria de nuestra fidelidad a los muertos. Una especie de coexistencia póstuma en la memoria: en la sucesión de sepulturas propias.

    6. Al igual que la fuerza de las olas, la muerte nos conduce por las colinas de las sepulturas - a la vida.

    7. Una casa donde alguien se está muriendo es silenciosa. Una casa en donde se ha muerto alguien es atronadora. La primera riega con agua muerta todos los rincones, duerme. La muerte está en cada ranura. En cada cavidad del suelo hay una fosa. Una riega con agua muerta, la otra salpica con agua viva. Un frasco con agua viva hecho añicos, y en cada pedazo, aunque hiera - hay vida. En la casa del moribundo no se llora, y si lloran - se esconden. En una casa donde alguien ha muerto se llora amargamente. El primer ruido - el de las lágrimas.

    8. La muerte está en casa del moribundo, en casa del muerto la muerte no está. La muerte se marcha antes que el cuerpo, antes que el médico e incluso antes que el alma. La muerte sale de casa la primera.

    9. Si son suficientes cuatro años para resignarse por la muerte de un poeta como Blok, ¿cómo andarán entonces las cosas con Pushkin (1836)? ¿Y con Orfeo (¿)? La muerte de cualquier poeta, aunque sea la muerte más natural, es antinatural, es decir, un asesinato, por eso es infinita, ininterrumpida, y dura eternamente, en todo momento.

    10. El movimiento silencioso del revolver hacia la sien - es el último grito de la vida. El chasquido del gatillo - ya es el silencio sepulcral.

    11. Un pensamiento olvidado es como la muerte. Vino del caos y regresó al caos

    12. Querido amigo, usted dice -y está en lo cierto- que el deseo de la muerte es el deseo de la pasión.

    Yo únicamente lo traslado.

En Locuciones de la Sibila