1 ene. 2008

Juan José Saer - Expectativa neutra


Las caras familiares se volvían máscaras impenetrables y remotas y, por mucho que las interrogara no sacaba nada, pero nada, ¿no?, de ninguna de ellas. Eran como individuos de otra especie, como esos invasores de las películas de ciencia ficción que llegan de un planeta desconocido y adoptan forma humana para ejercer mejor su dominación. El padre, por ejemplo, que habían metido dentro de ese cajón, ¿estaba realmente muerto o simulaba? y las frases que Isabel y Lopecito proferían relativas a su persona -a la del padre, digo, ¿no?- coincidían tan poco con la realidad empírica de Leto, que Leto las oía como expresiones convencionales aprendidas de memoria en el marco de una conspiración. Por ese hombre bueno, por ese inventor que había terminado dedicándose al corretaje de artefactos eléctricos, Leto no experimentaba ni amor ni odio, sino una expectativa neutra semejante a la que sentimos cuando nos preguntamos si a la mosca, después de haber recibido el zapatillazo, le quedan todavía reflejos motores como para seguir girando un poco más sobre las ruinas de sí misma.

De Glosa