30 de mar. de 2008

Wislawa Szymborska - Aceptación del Premio Nobel

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Se dice que en un discurso lo más difícil es siempre la primera frase... Pues ya la dije... Pero presiento que las que siguen van a ser igualmente difíciles, la tercera, la sexta, la décima, hasta la última, ya que debo hablar sobre poesía. Muy raras veces me he expresado acerca de este tema, casi nunca, y siempre con la convicción de que no lo hago muy bien. Por eso mi discurso no va a ser demasiado largo. Toda imperfección resulta más fácil de aguantar si se sirve en pequeñas dosis.

El poeta contemporáneo es escéptico y desconfía incluso -o más bien principalmente- de sí mismo. Con desgano confiesa públicamente que es poeta -como si se tratara de algo vergonzoso. En estos tiempos bulliciosos es más fácil que admitamos los vicios propios, con tal de causar efectos fuertes; mucho más difícil es reconocer las virtudes, ya que están escondidas más profundamente, y hasta uno mismo no cree tanto en ellas. En las encuestas o en los encuentros con amigos ocasionales, cuando el poeta se ve forzado a definir su profesión, acude al término genérico ``escritor'' o al de alguna otra profesión que adicionalmente ejerza. El empleado público o los eventuales compañeros de viaje reciben con cierta perplejidad e inquietud la noticia de que están tratando con un poeta. Sospecho que los filósofos también producen semejante inquietud. No obstante, ellos se encuentran en mejor situación, ya que generalmente pueden adornar su profesión con algún grado académico. Profesor de Filosofía -ya suena mucho más serio.


No existen profesores de poesía, lo que haría suponer que esta actividad requiere de estudios especializados, exámenes presentados en fechas precisas, disertaciones teóricas rematadas con bibliografía y notas y, finalmente, los diplomas recibidos con solemnidad. Todo esto, a su vez, significaría que para graduarse de poeta no bastarían las hojas de papel, aun cuando estuvieran llenas de excelentes versos, sino que se necesitaría, sobre todo, un papel con sello y firma. Recordemos que justamente ésta fue la razón por la que condenaron al destierro a Josef Brodsky, orgullo de la poesía rusa, quien más tarde fue galardonado con el Premio Nobel. A Brodsky se le clasificó como ``parásito'', por no contar con un certificado oficial que le permitiera ser poeta... Hace un par de años tuve el honor y la alegría de conocerlo en persona. Me di cuenta de que solamente a él, entre todos los poetas que he conocido, le gustaba llamarse a sí mismo ``poeta''; pronunciaba esta palabra sin conflictos internos y hasta con cierta desafiante desenvoltura. Pienso que se debía al recuerdo de las violentas humillaciones que sufrió en su juventud.

En países más dichosos, donde la dignidad humana no es transgredida tan fácilmente, los poetas, obviamente, quieren ser publicados, leídos y entendidos, pero ya no hacen nada o casi nada en su vida cotidiana para destacar entre la gente. Sin embargo, hace poco, en las primeras décadas de nuestro siglo, a los poetas les gustaba escandalizar con su ropa extravagante y con un comportamiento excéntrico. Aquellos no eran más que espectáculos para el público, ya que siempre tenía que llegar el momento en que el poeta cerraba la puerta, se quitaba toda esa parafernalia: capas y oropeles, y se detenía en el silencio, en espera de sí mismo frente a una hoja de papel en blanco, que en el fondo es lo único que importa.
Hay algo que resulta muy característico. Continuamente se filman películas biográficas sobre grandes científicos y artistas. La tarea de los directores más ambiciosos es mostrar en forma verosímil el proceso creativo que condujo a importantes descubrimientos científicos o a la creación de grandes obras de arte. Se puede, con aceptables resultados, mostrar el trabajo de algunos científicos: laboratorios, instrumentos diversos y aparatos puestos en marcha logran por unos momentos mantener la atención de los espectadores. Además, resultan muy dramáticas las escenas de suspenso, cuando un experimento repetido miles de veces logró dar finalmente, merced a una mínima modificación, con el resultado tan esperado. Espectaculares pueden ser las películas sobre pintores, ya que es posible reconstruir todas las fases de creación de un cuadro -desde la primera raya hasta la última pincelada. Las películas sobre los compositores se llenan con su música: desde los primeros compases, que el creador escucha en su interior, hasta la obra madura ya terminada y repartida entre varios instrumentos. Todo sigue siendo muy ingenuo y no dice nada sobre el extraño estado de ánimo que se conoce comúnmente como inspiración, pero por lo menos hay algo para ver y oír.

El peor de los casos es el de los poetas. Su trabajo resulta irremediablemente poco fotogénico. Uno permanece sentado a la mesa o acostado en un sofá, con la vista inmóvil, fija en un punto de la pared o en el techo; de vez en cuando escribe siete versos, de los cuales, después que transcurre un cuarto de hora, va a quitar uno y de nuevo pasa una hora en la que no ocurrirá nada_ ¿Qué clase de espectador podría soportar una cosa semejante?
He mencionado la inspiración. A la pregunta de qué cosa es, suponiendo que algo sea, los poetas contemporáneos responden de modo evasivo. Y no porque nunca hayan sentido los beneficios de este impulso interior, más bien se debe a otra causa: no es fácil explicar a los demás algo que ni siquiera se comprende bien.

Yo misma he evadido el asunto cuando me lo han preguntado. Y contesto lo siguiente: la inspiración no es privilegio exclusivo de los poetas ni de los artistas en general. Hay, hubo, habrá siempre un número de personas en quienes de vez en cuando se despierta la inspiración. A este grupo pertenecen los que escogen su trabajo y lo cumplen con amor e imaginación. Hay médicos así, hay maestros, hay también jardineros y centenares de oficios más. Su trabajo puede ser una aventura sin fin, a condición de que sepan encontrar en él nuevos desafíos cada vez. Sin importar los esfuerzos y fracasos, su inquietud no desfallece. De cada problema resuelto surge un enjambre de nuevas preguntas. La inspiración, cualquier cosa que sea, nace de un perpetuo ``no lo sé''.

La gente así es bastante escasa. La mayoría de los habitantes de esta tierra trabaja porque necesita conseguir los medios de subsistencia, trabaja porque no le queda de otra. No fueron ellos quienes por pasión escogieron su trabajo, son las circunstancias de la vida las que escogen por ellos. El trabajo mal querido, el trabajo que aburre, es respetado únicamente porque no resulta accesible para todos, y está situación constituye una de las más penosas desgracias humanas. No se vislumbra que los siglos venideros traigan un cambio feliz al respecto.
Así pues, tengo derecho a decir que aunque le estoy escamoteando a los poetas el monopolio de la inspiración, de cualquier manera los coloco en un grupo reducido de elegidos por la suerte.

En este punto pueden surgir ciertas dudas en los oyentes, si consideran que a los diversos verdugos, dictadores, fanáticos, demagogos que luchan por el poder con ayuda de un par de consignas gritadas en tono muy alto, también les gusta su trabajo y también lo llevan a cabo celosamente. Cierto, pero ellos sí ``saben''. Saben, y lo que saben una sola vez les basta para siempre. Ya no tienen curiosidad por saber más, puesto que podría debilitarse su fuerza de argumentación. De modo que cualquier tipo de saber del que no surgen preguntas muy pronto fenece, pierde la temperatura propicia para la vida. En casos extremos, como es bien conocido en la historia antigua y contemporánea, puede resultar mortalmente amenazador para las sociedades.

Por lo anterior, estimo altamente estas dos pequeñas palabras: ``no sé''. Pequeñas, pero dotadas de alas para el vuelo. Nos agrandan la vida hasta una dimensión que no cabe en nosotros mismos y hasta el tamaño en el que está suspendida nuestra Tierra diminuta. Si Isaac Newton no se hubiera dicho ``no sé'', las manzanas en su jardín podrían seguir cayendo como granizo, y él, en el mejor de los casos, solamente se inclinaría para recogerlas y comérselas. Si mi compatriota María Sklodowska-Curie no se hubiera dicho ``no sé'', probablemente se habría quedado como maestra de química en un colegio para señoritas de buena familia y en este trabajo, por otra parte muy decente, se le hubiera ido la vida. Pero siguió repitiéndose ``no sé'' y justo estas palabras la trajeron dos veces a Estocolmo, donde se otorgan los premios Nobel a personas de espíritu inquieto y en búsqueda constante.

También el poeta, si es un verdadero poeta, tiene que repetirse perpetuamente no sé. Con cada verso intenta responder, pero en el momento en que pone el punto final, le asaltan las dudas y empieza a advertir que su respuesta es temporal y en ningún caso satisfactoria. Entonces prueba otra vez y otra vez, para que a las sucesivas muestras de su insatisfacción consigo mismo los historiadores de la literatura las sujeten con un clip enorme para denominarlas La Obra.

A veces fantaseo con situaciones inverosímiles. Me imagino, por ejemplo, en mi osadía, que tengo la oportunidad platicar con Eclesiastés, autor de un lamento estremecedor sobre la vanidad de todas las empresas humanas. Me habría inclinado muy hondamente ante él, ya que es -por lo menos para mí- uno de los poetas más importantes. Pero luego lo habría cogido de la mano: ``Nada hay nuevo bajo el sol'', has escrito, Eclesiastés. Sin embargo, Tú mismo has nacido nuevo bajo el sol. Y el poema que has creado también es nuevo bajo el sol, ya que antes de Ti nadie lo había escrito. Y nuevos bajo el sol son tus lectores, puesto que los que vivieron antes que Tú no te podían leer. Y el ciprés, en cuya sombra te sentaste, no crece aquí desde el principio del mundo. Le dio origen otro ciprés, semejante al tuyo, pero no en todo igual. Y además te quisiera preguntar, Eclesiastés, ¿qué desearías escribir, ahora, de nuevo bajo el sol? ¿Algo con qué completar tus ideas, o tal vez tienes la tentación de negar algunas de ellas? En tu poema anterior concebiste también la alegría, y ¿qué hay del hecho de que resulte ser tan pasajera? ¿Tal vez sobre ella va a tratar tu nuevo poema bajo el sol? ¿Tienes ya algunos apuntes o primeros esbozos? Pues no dirás ``ya he escrito todo, no tengo nada que añadir''. Esto no lo puede decir ningún poeta, y mucho menos uno tan grande como Tú.

El mundo, a pesar de cualquier cosa que podamos pensar sobre él, espantados por su inmensidad y nuestra impotencia ante él, amargados por su indiferencia frente a los sufrimientos particulares de la gente, de los animales y tal vez de las plantas -ya que ¿de dónde proviene la certeza de que las plantas están libres de sufrimientos?-; a pesar de cualquier cosa que pensemos sobre sus espacios atravesados por la radiación de las estrellas, alrededor de las cuales se empieza a descubrir algunos planetas -¿ya muertos?, ¿todavía muertos?, no se sabe-; a pesar de cualquier cosa que pensáramos sobre este teatro inmenso, para el cual tenemos un billete de entrada pero su vigencia es ridículamente corta, limitada por dos fechas decisivas; a pesar de no sé qué cosa más que pudiéramos pensar sobre este mundo: es asombroso.

Pero en la expresión asombroso se esconde una trampa lógica. Nos causa asombro lo que sobresale de la norma conocida y comúnmente aceptada, de una obviedad a la cual estamos acostumbrados. Pues bien, un mundo así, obvio, no existe. Nuestro asombro es autónomo y no procede de ninguna comparación de ningún tipo.

De acuerdo, en el habla cotidiana, la cual no recapacita sobre cada palabra, usamos expresiones como la vida común, los acontecimientos comunes... Sin embargo, en la lengua de la poesía, donde se pesa cada palabra, ya nada es común. Ninguna piedra y ninguna nube sobre esa piedra. Ningún día y ninguna noche que le suceda. Y sobre todo, ninguna existencia particular en este mundo.

Todo indica que los poetas tendrán siempre mucho trabajo.


© The Nobel Foundation
Traducción: Krystyna Libura y Arturo Viveros
Foto: Mariusz Kubik

29 de mar. de 2008

Ultimos títulos agregados para descarga

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KAZUO ISHIGURO - Un artista del mundo flotante

KIERKEGAARD SOREN - Estética del matrimonio
KIERKEGAARD SOREN - La enfermedad mortal

KRISTEVA JULIA - El lenguaje, ese desconocido

LLUL RAMÓN - De la práctica de la alquimia

LUCIANO - Diálogos de los muertos

PETRONIO - Fragmentos

PIRANDELLO LUIGI - El humorismo

PLAUTO - Anfitrión (bilingüe)

POPPER KARL - La influencia de las ideas filosóficas en Europa

http://bibliotecaignoria.blogspot.com/2007/04/descarga-de-libros-completos.html


Wang Wei - Retrato del erudito Fu Sheng

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Wang Wei 699-759

Walter F. Otto - El milagro del canto y del habla, 7 [1928] *

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... nuestros poetas testimonian a menudo expresamente que sus palabras no nacen de ellos mismos; que es como si un ser más elevado hablara a trvés de ellos o les inspirara las palabras, o que un tonar musical los invadiera de una manera inexplicable y los impulsara a la creación poética, pues son oyentes antes de que ellos mismos empiecen a hablar.

Escucha [el poeta como oyente] desde un susurro que siempre lo llama, que él experimenta como si su palabra consonara perfectamente con él**. Y lo que se ha conformado de este modo (...) es el sagrado anuncio tonal, a partir del cual creemos percibir inmediata (...) la voz de lo divino que en ella vive.


(*) Madrid, Ediciones Siruela, 2005

(**) ¡Oh, Gran Más Allá, ph, la aguda llamada luz de tu flauta!/ (...)/Tu lengua es conocida a mi corazón como si fuera realmente la mía. (Rabindranaz Thakur: El Jardinero, poema V. Poesía y Prosa Popular, Madrid, Ediciones Busma, 1984).

Transcripto de Juan Miguel Domínguez Prieto, Antología viva y confidente de la inspiración -Los poetas del silencio-, Madrid, adamaRamada, 2006


27 de mar. de 2008

Hokushi - Jisei (Poema de despedida de la vida)

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Escribo, borro, reescribo,
borro otra vez; y entonces
florece la amapola.



(1718)

En Poemas japoneses en el umbral de la muerte
Trad.: Eduardo Moga
DVD poesía, 30, Barcelona, 2000

Antologado en Juan Domínguez Prieto, Antología viva y confidente de la inspiración -Los poetas del silencio-
Madrid, adamaRamada, 2006


26 de mar. de 2008

césaR brutO - Acabar con el trabajo y fomentar el osio

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"Siempre colocamos la regadera
lejos de los malvones"
Lupercio

A mí no me gusta meterme en vidas agenas siempre respeto las ideas de los otros, pero si usté un día llega al gobiernO yo le aconsejo que haga todo lo que pueda para acabar con el trabajo humano, ques una de las plagas y visios mas asquerosos y mortales que aplastan a la humanidá desde las oscuras noches de la prehistoria para no ir mas lejos. Cómo será de horrible ese visio, vea, que cuando alguien trabaja enseguida se conpara con animales, y a cada rato usté encuentra tipos que se quejan disiendo: "Estuve sinchando como un buey!" O se lamantan a gritos: "Me hisieron tirar como un burro!" O se desesperan esclamando: "¡Estuve sudando como un caballO!" O sea que todas esas quejas demuestran que el trabajo no es un plaser, sino un castigo; y si el trabajo es un castigo, el trabajo no le puede gustar a nadies, salvo que sea un masorquistA... ¡Y si un tipo se masorquea, que se masorquee él solo, pero que no venga a haser masorquismo con nosotros!

La rabia que da es que a todos nos enganiaron desde chicos disiéndonos quel trabajo es lindo, quel trabajo es alegre, que el trabajo da salú.... ¡Y esa es una brutA mentira, porque casi siempre atrás del trabajo viene el cansansio, y atrás del cansansio la debilidá, y atrás de la debilidá la falta denerjía, y cuando viene la falta denerjía se produce la desmoralisasion de la persona!... Y no es que lo diga yo, que no soy nadies: si usté entra en una oficina no ve mas que tipos llenos de preocupasión y con el seño frunsido; y si entra en una fábrica verá que todos los obreros tienen la misma preocupación y el mismo frunsimiento en el mismo sitio... ¡Y los patrones les gritan a los capatases, y los capatases les gritan a los obreros, y los obreros les gritan a los delegados de los sindicatos, y los delegados de los sindicatos declaran sendas huelgas! Lo cual quiere desir, a ojo de cubetero que las huelgas y las broncas vienen porque la jente trabaja... ¡y en cambio si la jente se quedara en su casa descansando se acabarían los problemas y todos estarían felises y contentos!

A lo mejor usté es un retrógado mental y piensa para sus adentros que yo estoy equivocado, porque todos tenemos que trabajar para comer... ¡Y esa es otra idea falsa, apócrifa y mentirosa por donde la mire! Por lo pronto, no es sierto que sea necesario trabajar para comer, porque yo conosco miles de tipos que comen y no trabajan ¡y precisamente los que menos trabajan son los que menos comen!... Y otro enfoque equivocado consiste en desir que usté para comer tiene que trabajar, o sea que es a la inversa: ¡por culpa del trabajo es que a usté le viene el hanbre! En cambio, si usté se queda quieto, su cuerpo no tiene desgaste; y si su cuerpo no tiene desgaste, su cuerpo no presisa calorías; y si su cuerpo no presisa calorías, su cuerpo no presisa comer; y si su cuerpo no presisa comer... ¿me quiere decir para qué tiene que sacrificarse trabajando?

Ademas ¿quiere que le diga otra cosa que a usté le va a poner los pelos de punta, si es que tiene pelos y sino pasiensia? ¡Todo el mundO se enloquese trabajando y produsiendo a rajasincha, y nadie ni nadies aprovecha lo que produse o sea que trabaja al cuete!... Dígame una cosa: cuando usté piensa en noruegA ¿qués lo primero que piensa de noruegA? Lo primero que le viene a la cabesa es el bacaladO, y lójicamente piensa que los noruegos se dan unos atracones de bacaladO hasta que se les sale por las orejas... ¡Pero no! El bacaladO noruego es para esportar al estrangero, y a los noruegos que lo pescan no les queda ni la cola! Y el caviar ruso es tremendamente esquisito... ¡pero para que un ruso coma caviar presisa reseta médica! Y los quesos de holandA son fenómenos ¡pero los holandeses tiene que ir al puerto si quieren oler sus quesos cuando se los llevan a otros paises! Y el güiski escosés es recontrafamoso en todo el mundO ¡pero en escosiA toman berreta! y ademas los escoseS ni siquiera pueden esconder un frasco abajo de la ropa, porque los tipos usan polleras cortas, y usando polleras cortas es fásil que se les vean las botellas...

En serio se lo digo: todo el mundO produce cosas ricas, pero casi nadies las apróvecha: la langosta chilenA es una locura, pero el chileno sólo conose una langosta: la que vuela; y la naranja paraguayA es presiosa ¡pero hay paraguayos que a sus naranjas no les ven ni el ombligo" Y el basiL manda cargamentos de fruta a todas partes ¡pero hay brasileroS que no saben ni como se pela una banana! Y si un polaco quiere tomar vodkA tiene que ir a italiA, y si un italiano quiere tomar vino quianti tiene que irlo a pedir a suisA, y si un suiso quiere un reloj tiene que ir al japóN, y si un japonés quiere una radio japonesa tiene que venir a larjentina!...

Incluso, ¿quiere que le diga otra cosa? Hay gobernanteS quen vez de invitar a la jente a que descanse y viba tranquila, los insitan a deslomarse trabajando con la ilusión de quel trabajador de haora vive mejor quel trabajador de antes... ¡Y esa es otra mentira estruendosa, porque el honbre de haora en vez de trabajar menos trabaja mucho mas quel honbre de antes! Fíjese quel honbre antiguo trabajaba de sol a sol, o sea que cuando salía el sol el tipo cachaba la herramienta, y cuando se ponía el sol el tipo tiraba la herramienta y que trabage aureliO; pero un día el honbre pensó para sus adentros: "¿Por qué tengo que trabajar de sol a sol, si yo puedo trabajar menos?" ¡Y tras cartón luchó y luchó hasta conseguir la jonada de 8 horas, o sea 48 horas semanales! Pero al poco tiempo se le volvió a frunsir el entresejo, y dijo: "¿Y por qué voy a trabajar el sábado todo el día?" ¡O me dan sábado inglés, o no trabajo nada!" Y a fuerza dentusiasmo, dinamismo y tronpadas el honbre consiguió sábado inglés, 44 horas semanales, vacasiones pagas, aguinaldo, salario familiar obligatorio, jubilasión, descanso por maternidá... Bueno: no para él la maternidá sino para su seniora, naturalmente... ¿Y sabe usté cuál fue el resultado de todo esto? Vea, no le miento: uno de los linotipistaS que compuso este libro es amigo mío, vibe en mataderoS, se levanta a las 6 de la maniana y trabaja hasta las 12 en una imprentA; después va a otro sitio y labura de 2 a 8 de la noche, y después de las 8 corre a laburar de mosO en un cafetín hasta la una de la maniana... Y todavía de yapa aprovecha los sábados, domingoS y feriados para haser horas estras, o haser changas, o haser mudansas o haser lo que le cante la miseria... En una palabra: ¡aquel honbre de lantigüedá que trabajaba de sol a sol era un piola bárbaro conparado con el honbre de haora que trabaja de sol a sol y de luna a luna, y siempre está buscando otro laburo porque no le alcansa la guita! O sea que yo entonces pienso lo siguiente: si trabajando poco, la plata no alcansa, y trabajando mucho tampoco alcansa la plata... ¡No trabagemos nada de nada, y por lo menos no nos cansamos, ni nos hasemos mala sangre, ni nos ronpemos la ropa!


25 de mar. de 2008

Edgar Bayley - Fidelidad en la encrucijada

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En el sol alto, sin ostentación ni impaciencia, se prolonga tu camino. Serenidad del ignorado: Una emersión impura te salvará en cualquier hombre.

Ese relámpago que hace posible la fraternidad, tanto en la dimisión como en la inocencia y la esperanza, es una de las propiedades de la poesía. Pero nada autoriza al poeta a darle nombre definitivo y menos aun a convertirse en el profesional de su dicción o su descubrimiento.

Usura del alucinado. Este mundo es tuyo indudablemente. Pero sólo existe en tu desprendimiento. El poeta, testigo de su propia existencia, coexiste con el mundo.

Todo poeta sabe que la palabra no es instrumento. Es vida con los demás. Y en común. Soledad común. La declamación y la ortopedia de espíritu quedan a sus márgenes. Imposibilidad, por lo tanto, el poema fabricado de acceder a la tierra de los hombres, de alimentar su viaje.

Quehaceres de la poesía: hacer innecesaria toda justificación.

Toda ayuda menos la retórica de la pureza y la organización de los elegidos. Es preciso intercambiar a la intemperie nuestras señales de reconocimiento con las cosas y con nuestros hermanos.
Arriesgar la incongruencia para conocer tu realidad, la realidad de los otros. Lo más opuesto a tu fluir propio es la adopción de certidumbres de superficie.

Finalidad de las apariencias. A mitad de camino entre la concesión y la protesta, expuesto a todos los excesos de la ingenuidad y el cálculo, este amigo verdadero, este amante fiel, este lúcido conocedor, es confundido a menudo con sus enemigos: el Narciso, el borracho y el inconsecuente.

Forzosidad de una voz, de un hombre real en la encrucijada, sin desprecio ni excesiva consideración por los márgenes. La incandescencia de la palabra -su logro mayor- es función de los ademanes silenciosos, a menudo ignorados, del nadador sobreviviente y fraternal. Poesía -modo de nadar, de estar presente, ajena a las retribuciones del espectáculo. Poesía hermana en la soledad y el olvido. Poesía- esperanza viril entre los hombres.


En La vigilia y el viaje (1949-1955)
Antología personal
Buenos Aires, CEAL, 1983


césaR brutO - Rebeca, una mugeR inolvidable

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Los otros días me largué a caminar por la cálie floridA en egersisio de la libertá de tránsito y dispuesto a disfrutar con el egersisio de otras libertades, como ser la libertá de mirar los modelitos de las muchachas primaverales, la libertá de ser enpujado por esos tipos que arrastran portafolio (1), y la libertá de los que ofresen a gritos ballenitas, pañuelos, estatutos, periodicos, fotografías, peines, lapiseras, frutas y otras yerbas, todo lo cual le da color, animación y sinpatía a la cálie mas elegante y fina de buenoS aireS.

A las 2 cuadras y pico, cansado como un bueY -metafóricamente hablando sentiende-, me metí en el gran sine florida, a donde iba a enpesar la funsión titulada "Rebeca, una muger inolvidable", a cargo de yoN fontéN y lorenzO olivieR en anbos papeles protagónicos. En el programa desía: "Vuelve la mujer inolvidable, Ninguna mujer quisiera vivir tan tumultuosa aventura de amor. Entre dos cuerpos palpitantes de vida, se agita la sombra de la muerte. Duración, 115 minutos."

-¿Cuánto vale la entrada?- le pregunto a ese honbre que todos los sines tienen enserrados atrás de las rejas para que no sescapen con la plata.

-Quinse pesos con 95, contantes y sonantes...

Después de un rápido cálculo mental llegué a un final asonbroso:

-¡He, la vacA! ¡Si la sinta dura 115 minutos y me cobran 15 con 95, el asunto me sale a más de 10 guitas por minuto!

-¡Si la quiere la saca, y si no la deja! ¿no ve quel programa ofrese una copia nueva y visión panorámica?

Como uno va a divertirse y no a buscar pelos en la leche -con permiso del sindicatO de tanberoS, no sea que se ofendan y declaren estado de alerta en las ubreS-, pagué, entré, me saque el saco para tener un poco de refrijerasión y enpesé a ver la película con gran atensión, calculando que cada vez que parpadeaba perdía 7 o 6 sentavos. Así me vine a enterar que la muger inolvidable, o sea la rebecA propiamente dicha, no trabaja en la sinta por que había muerto en un naufrajiO, y quel artista lorensO olivieR hasía el papel de un viudo triste que para consolarse agarra y se casa con la yoN fontéN, y juntos se van a vibir a un amplio y sólido castillo lleno de sirvientes y lleno de recuerdos de la finadita...Durante más de la mitá de la sinta, o sea unos 9 $$$$ y pico, la vemos a la pobre FontéN sufriendo por culpa de una sirvienta que viene a ser la delegada de los mucamos, la cual a cada rato le refriega por la cara la memoria de la difunta...

"Que la rebecA era linda y hermosa...", "que la rebecA era intelijentA...", "que la rebecA rea elegantA...", que la rebecA era patatín y patatán...", o sea que la pobre desgrasiada anda toda asustada de un lado para el otro y sin tener el consuelo de su marido, el cual anda sienpre con cara de enfermo del hígado a causa de no poder olvidar a la difunta. Menos mal que, cuando faltan un par de $$$$ para terminar la película, se aclara todo: resulta que la rebecA, aparte de haber sido una coqueta, caprichosa, burlona, anbisiosa y descocada, se portaba como una chanchA enganiándolo al lorensO olivieR con otro tipo....¡Andá vos y confiate en algunas finaditas que trabajan de mosquitas muertas!

Y faltando 40 o 35 sentavos para el thE enD, se produce un insendio en el castillo, y al fuerte resplandor de vorás elemento se unen en un fuerte abraso los 2 protagonistas, sellando con un beso largo y sin pausa la felisidá que se meresen después de tanto sufrimientos. En fin: 16 $$$$ gastados para ver una rebecA que no aparesió por ninguna parete, igual que la copia nueva y la visión panorámica...¡La verdá es que no somos nada!

(1) ¿Cuándo va a salir una ley declarando ilegal la portasión de portafolio? Reconosco que algunos sugetos le dan al portafolio un enpleo sumamente moral, pero hay otros que llevan panfletos, revólveres, ropas interiores, sángüiches, prótesis, contrabando, proclamas golpistas, muestras gratis, petardos y otras chimichurrias criptovergonsantes.

24 de mar. de 2008

Edgar Bayley acerca de Francis Ponge

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Que el gusto por la palabra tenga la misma intensidad que el gusto por las cosas.
Gloria de lo sustantivo, del sustantivo, gloria de las cosas, de los seres, del ocurrir y del transcurrir y de todos los nombres; que cuando yo diga mano, pan, clavel, piedra, cigarro, ventana, mujer, mediodía, lluvia, flor, hijo mío, árbol, tormenta, tenedor, hermano, sombra, todos estos pre-textos —y tantos, y tantos otros— se conviertan en textos, en nombres, y no pierdan su realidad primera como objetos, su presencia. Restablecer entre las cosas y el nombre los lazos de la vida. Ante las cosas, el asombro, la mirada prodigiosa, la posibilidad de hacer hablar al mundo silencioso. Y de ese modo llegar a decir con solvencia, ser creíble para uno mismo y para los demás. No la pregunta por el ser, sino la voluntad de ser, de compartir el ser de las cosas: dar sentido poético no es tarea exclusiva del poeta; es tarea que ha de compartir con los seres y las cosas.
¡Qué forma más sutil, entrañable y tierna de amor es ese tomar partido por las cosas! Y no se trata de las cosas que maneja o imagina «el hombre de cantidad», el cuantificador que cree saberlo y poderlo todo con sus cómputos: aquí no se trata de picardía o de cinismo trivial, aquí se trata de plenitud del ser, aquí se trata de la raíz original del amor. Si yo no estoy contento, si no tengo el contento de ser con las cosas, no hallaré nunca el contento conmigo mismo. Nada sabré de mí ni de cuanto me rodea. Ninguna puerta se abrirá para mí, ningún conocimiento. A ninguna cosa ni ser habré llegado.
La objetividad, aceptar que hay un objeto, aceptarlo, vivirlo, saber que la palabra, para solventarse, debe coexistir con la cosa, que cosa y palabra constituyen una unidad viviente y que el plano donde se reconoce al objeto es el plano más alto de la subjetividad, «allí donde las ideas y los sentimientos, al destruirse y confundirse» (Ponge), dan paso al reconocimiento jubiloso de nuestro co-nacimiento y nuestra co-existencia con el mundo. Es el asombro augural, el descubrimiento, la justificación de la subjetividad.
De la cosa, del hecho en sí, del plano de la inmanencia, pasamos al hecho, a la cosa para sí. De la inmanencia, del ser que permanece dentro de sí mismo, de lo que es simplemente, del en sí, del sí mismo, pasamos al para sí, que es el estado en que el ser, la cosa, el hecho, tienden a manifestarse y, de ese modo, pueden volverse palabra.
Ni realismo, ni naturalismo, ni descripción, ni concepto. Hacer vivir los hechos, las cosas, en el reino de las palabras. «Me atraen los objetos, los hechos, las personas del mundo exterior; me decepciona las ideas. La variedad de las cosas me construye, me permite existir en su propio silencio. Pero si la cosa que considero, que tengo en cuenta, es, en definitiva, mi pretexto, mi razón de ser, será preciso que yo, para ser genuino, para ser de ver dad quien soy, exista, viva, a partir de esa cosa, y eso sólo será posible si yo puedo, por mi parte, crear a la cosa. ¿Qué clase de creación? El texto. Dar una réplica mediante el lenguaje a la variedad infinita de las cosas» (Ponge).
- Sólo podré nombrar al objeto de mi deseo si está de verdad presente en mí. Es la irrupción del deseo de la amada lo que da sentido al deseo del amador.
Que las cosas, los hechos, las personas, se nos hagan presentes a través de esa mirada de maravilla, de asombro, de solidaridad, de participación, de integración. Y esa presencia no la obtendremos nunca «a través de la mirada indiferente, sin brillo, sin interés, neutra, ciega, de sonámbulos distraídos por nuestros fantasmas interiores». El asombro adánico, la alegría de vivir, sí, y más que eso aún, la alegría de con-vivir, de co-existir.
Ganar para la poesía el espacio que se empeñan en ocupar ciertas formas de discurso, vinculadas al concepto, la efusión y la descripción y ocultas a menudo tras la pretensión de llegar a lo poético.
Escribo ante una posibilidad real, casi -diría- el camino real del quehacer poético. No lo diré, sin embargo. No está toda la poesía posible en la poética de Ponge (ni en la de Williams o Stevens). Tampoco en la fanopoeia (proyección de la visualidad de los objetos), la logopoeia (poesía del pensamiento) y la melopoeia (apoyatura fónica de Pound). Queda fuera el proceso de gestación de la imagen poética (el ars combinatoria) y, entre otras, la llamada poesía lírica. De cualquier modo, Ponge (y Williams y Stevens, y cometo aquí la injusticia de no nombrar a tantos otros poetas que, por cierto, lo merecerían) está cerca de la inasible poesía, del logos poético. Y es que no me olvido que Ponge está tratando, más allá de sus arremetidas contra la subjetivización y el lirismo, de abrir camino al contento de ser con las cosas, al contento de descubrir, de dar sentido a partir de las cosas, de investir y de ser investido, de investir a las cosas de sentido y de ser, a la vez, investido por las cosas de sentido. ¿Y en este investimiento recíproco no está el origen de cualquier amor posible, de toda posible poesía?
Al amar yo «invento» al ser amado, a la «cosa» que está frente a mí, pero al mismo tiempo lo descubro y lo conozco. Co-existe. Es así como el objeto de mi deseo me da la respuesta de su presencia a través de una revelación o una irrupción, y surge el texto: hay un espacio y un tiempo en que el amador y su amada se reconocen y se dan sentido el uno al otro.
Gloria de nombrar, sabiendo que toda la rosa está en su nombre y que todo el nombre está en la rosa. Dice Ponge: «se debería dar a todos los poemas este título: Razones para vivir en, la dicha. Para mí, al menos, los poemas que escribo son, cada uno de ellos, como la nota que trato de aprehender cuando de una meditación o una contemplación salta en mi cuerpo el cohete de algunas palabras que lo refrescan y lo deciden a vivir...».


Diario de Poesía, Buenos Aires, Primavera de 1990
Fuente imagen La Nacion

Juan José Saer - Algunos poemas

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El arte de narrar

Cada uno crea
de las astillas que recibe
la lengua a su manera
con las reglas de su pasión
-y de eso, ni Emanuel Kant estaba exento.


Dánae

Manda a su hijo Perseo Dánae, para gozar,
sin testigos, de la lujuria,
a extraviarse
en los ojos sin fondo de la medusa,
del mismo modo que toda madre,
desde una cama pantanosa,
nos abandona,
por tres minutos de no ser,
a los dientes de este mundo.


Michel

¿De dónde puede venir
esa mirada oblicua, altanera,
en alguien que es proclive
al rubor instantáneo y, en la conversación,
a la modestia y hasta a la autoaniquilación?
Delgado, con su bigote y su barbita rala en el mentón,
cultivando, infructuoso, una imposible femineidad,
soportará sin duda, treinta años más tarde,
con dificultad la vejes. Una sierra sin fin
le llevó, a los quince años, dos dedos: de lo que se jacta.


A los pecados capitales


Por nuestra fantasía, nos liberan
de la materia pura, pero caemos en la red
de la esperanza. Pecados, vicios, y hasta
las débiles virtudes, nos separan
del cuerpo único del caos,
nos arrancan
de la madera y de los mares.
Guardianes en el umbral de la nada.


Plougastel Saint-Germain

Noches solitarias: por dentro
y por fuera, la misma, pareja, oscuridad.
De tanto en tanto una estrella verde, como un centro
o un grumo, más bien, no de luz, sino de alteridad.


Vecindad de Logroño

Anotar: en la siesta que arde
la noche voluntaria hace señas,
desde lejos, ubicua,
en la constancia amarilla. Anotar:
viñas verdes sobre tierra roja. Anotar que
la liebre, presa y escándalo,
desea al faro que la inmoviliza.
Anotar: abismos soleados
en días cuyo nombre es legión.


Leche de la Underwood

Por delicadas que sean, las mañanas
envilecen; lo destructible vacila
y lo que pareciera, frente a nosotros, perdurar,
no nos acoge, menos cruel que indiferente. Animal
anónimo, por más que grites, nadie escucha,
y ni por lejos la lengua es la que conviene.
Existe, tal vez, en alguna parte, un idioma,
nadie niega, pero habría que desandar,
salir, si fuese posible, del centro de la noche,
y empezar de nuevo con otra clase de balbuceo.
Tantas tardes que resbalan:
ya no se sabe
en qué mundo se está, y sobre todo si se está
en un mundo. Se muerde
un fantasma de manzana, mientras sigue merodeando,
como desde un principio, lo oscuro. Destellos
de un sol de invierno en la ciudad
transparente; brillos, rápidos o lentos,
que algunos blanden como pruebas
abandonándose, soñadores, su tibieza. Entre tantas
estrellas, esperanzas: relentes
de un reino animal.


El Graal

El mar destila incertidumbre,
la montaña perplejidad; y el propio
cuerpo no abandona, por nada
del mundo, su secreto. El viaje
se volvió errabundeo, y el aura
solitaria, retirándose,
nos transformó en manada.
En la llanura inmóvil
el cansancio nos visita:
todo esto podía haber sido
de esta manera o de alguna otra,
el tiempo hubiese preferido
correr para adelante o para atrás
y abstenerse de salir, indiferente,
la luna. Nos creeríamos perdidos,
si fuésemos capaces, todavía,
de distinguir un lugar.
La mirada rebota, espesa;
ni reconoce ni interroga.
Astillas turbias flotan
entre la sombra que amenaza.
Confusos, vacilamos:
salimos a buscar no sabemos qué
ya no nos acordamos bien cuándo.

Selección Diario de poesía
Buenos Aires, verano de 1986

Denise Levertov - Sobre la función del verso

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No sólo adolescentes desventurados sino muchos poetas talentosos y justamente estimados, que escriben en formas no métricas contemporáneas, poseen un concepto del verso de lo más vago y un uso del mismo de lo más fortuito. Sin embargo, no hay herramienta del arte poética más importante a nuestra disposición, ninguna que proporcione efectos más sutiles y precisos que la ruptura del verso (linebreak) si se la entiende correctamente.

Si digo que su función en el desarrollo de la poesía moderna en inglés es evolutiva, no quiero decir que considero a la moderna poesía no métrica “mejor” o “superior” a la gran poesía del pasado, a la que amo y honro. Eso sería obviamente absurdo. Pero sí siento que existen hoy pocos poetas cuya sensibilidad se exprese naturalmente en la forma tradicional (salvo por la sátira o la ironía pronunciada) y que aquellos que lo hacen son, de algún modo, anacrónicos. La naturaleza cerrada, contenida de tales formas, tiene que ver menos con el sentido relativista de la vida que inevitablemente prevalece a fines del siglo XX, que otros modos más exploratorios, de finales más abiertos. Un soneto puede terminar con una pregunta; pero su estructura esencial, subyacente, arriba a una resolución. Las “formas abiertas” no terminan necesariamente de manera inconclusa, pero su grado de conclusión es –estructural y, por eso, expresivamente– menos pronunciado, y comparte la naturaleza abierta del todo. No implican, por lo general, una certeza dogmática; mientras que, bajo una superficie de dudas quizá individuales, la estructura del soneto o del pareado heroico atestigua las certezas de las respectivas épocas de origen de estas formas. Las formas más aptas para expresar la sensibilidad de nuestra era son las exploratorias, las abiertas.

¿En qué sentido es exploratoria la poesía no métrica contemporánea? Lo que quiero decir con esa palabra es que tal poesía, más que la mayor parte de la poesía del pasado, incorpora y revela el proceso de pensar/sentir, sentir/pensar, en lugar de enfocar exclusivamente sus resultados; y al hacerlo explora (o puede explorar) la experiencia humana de un modo que no es enteramente nuevo, pero que es (o puede ser) valioso en la sutil diferencia de su acercamiento: valioso a la vez como testimonio humano y como experiencia estética. Y la herramienta de precisión crucial para crear este modo de exploración es la ruptura del verso. La función más obvia de la ruptura de la línea es rítmica: puede registrar las mínimas (aunque significativas) hesitaciones entre palabra y palabra que son características de la danza de la mente entre percepciones, pero que no son notadas por la puntuación gramatical. La puntuación regular es una parte de la estructura de la oración regular, es decir, de la expresión de los pensamientos completos; y esta expresión es típica de la prosa, aunque la prosa no está en todo momento ligada a su lógica. Pero en los poemas uno tiene la oportunidad no sólo, como en la prosa expresiva, de apartarse de la norma sintáctica, sino también de hacer manifiesta, a través de medios estructurales intrínsecos, la interacción o el contrapunto del proceso y el acabado –en otras palabras, de presentar la dinámica de la percepción junto con su llegada a la expresión plena. La ruptura del verso es una forma de puntuación que se suma a la puntuación que forma parte de la lógica de los pensamientos completos. Las rupturas de verso, aunadas al uso inteligente de las sangrías y otros inventos de marcación, representan una puntuación peculiarmente poética, alógica, paralela (no competitiva).

¿Cuál es la naturaleza de las pausas alógicas que registra la ruptura del verso? Si los lectores piensan en su propio discurso, o su propio, silencioso monólogo interior al describir los pensamientos, los sentimientos, las percepciones, escenas o acontecimientos, reconocerán, pienso, que con frecuencia dudan –si bien muy brevemente– como con una pregunta no dicha, –un “¿qué?” o un “¿quién?” o un “¿cómo?” antes de los sustantivos, adjetivos, verbos, ninguno de los cuales requiere ser precedido por una coma u otro signo de puntuación normal en el curso de la lógica sintáctica. Incorporar estas pausas en la estructura rítmica de un poema puede hacer varias cosas: por ejemplo, permite al lector compartir más íntimamente la experiencia que está siendo articulada; e introduciendo un contrarritmo alógico en un ritmo lógico de sintaxis causa, al interactuar ambos, un efecto más cercano a la canción que a la afirmación, a la danza que al caminar. De esta manera la experiencia de empatía emocional o de identificación, aunada a la complejidad acústica de la estructura del lenguaje, se resume en un orden estético intenso que es diferente de aquel que se recibe de un poema en que las formas métricas están combinadas con la sola sintaxis lógica. (Por supuesto que el manejo del verso en formas métricas puede también permitir el registro de tales pausas alógicas; Gerard Manley Hopkins proporciona abundante evidencia de ello. Pero Hopkins, en esta como en otras cuestiones, parece ser “la excepción que confirma la regla”; y la alianza de las formas métricas y el carácter igualmente “cerrado” o “completo” de la sintaxis lógica parece natural y apropiada, a pesar de posibles inversiones. Las inversiones del orden de las palabras en la prosa normal eran, después de todo, una convención estilística, adoptada por elección, no por ineptitud técnica, durante siglos; si bien su empleo después de un momento dado nos parece la prueba de una falta de habilidad, y por cierto son los primeros signos del languidecimiento de la viabilidad de una tradición). No es que la danza del pensamiento/ sentimiento alógico en proceso no pueda ser registrada en formas métricas, sino más bien que el hacerlo parece ir en contra de la disposición natural de tales formas, como si se forzara a un medio intratable para desempeñar un uso inapropiado; mientras que el potencial para tal uso está implícito en la naturaleza constantemente evolutiva de las formas abiertas.

Sin embargo, la función más específica, precisa y estimulante de la ruptura del verso, y la menos entendida, es su efecto en el melos de un poema. Es aquí, y no sólo en los efectos rítmicos, que yace su potencial más grande, tanto en la exploración de áreas de conciencia humana como en la creación de nuevas experiencias estéticas. ¿Cómo afectan las rupturas de verso al elemento melódico de un poema? De una manera tan simple que parece sorprendente que este aspecto de su función no sea considerado, si bien no sólo los talleres de estudiantes de poesía sino cualquier revista o antología de poesía contemporánea provee evidencia de una falta general de comprensión de este factor; y aun cuando algunos poetas manifiestan un sentido intuitivo de cómo cortar los versos, rara vez parece ir acompañado de una comprensión teórica de lo que han hecho bien. No obstante, no es difícil demostrar a los estudiantes que –dado que el despliegue del poema en la página es considerado como una marcación, esto es, como las instrucciones visuales para efectos auditivos– la forma en que los versos son cortados afecta no sólo al ritmo sino a los modelos tonales.

El ritmo puede sonar en un mono-tono, en un único tono; la melodía es el resultado de modelos de tono combinados con modelos rítmicos. La forma en que las rupturas de verso, observadas respetuosamente, como parte de un registro (y consideradas como, digamos, aproximadamente media coma de duración), determinan el modelo tonal de una oración, puede claramente ser vista si se escribe un poema, o unas pocas líneas, de varias maneras (cambiando las rupturas de verso, pero nada más) y se lee en voz alta. Tomen, por ejemplo, estas líneas mías (escogidas al azar):
1

Crippled with desire, he questioned it./
Evening upon the heights, juice of the pomegranate:/
who could connect it with sunlight? 2

Léanlos en voz alta. Ahora traten de leer las mismas palabras en voz alta a partir de esta marcación:

Cripple with desire, he/
questioned it. Evening/
upon the heights,/
juice of pomegranate:/
who/
could connect it with sunlight?

O bien:

Crippled/
with desire, he questioned/
it. Evening/ upon the heights, juice/
of the pomegranate:/
who could/
connect it with sunlight?
Etc.

La entonación, los ascensos y descensos de la voz, cambian involuntariamente al cambiar el ritmo (alterado por el lugar en el que esta minúscula pausa o “descanso” musical ocurre). Estos cambios podrían ser registrados en forma gráfica por algún instrumento, como los latidos del corazón o las ondas del cerebro son plasmados gráficamente. La cuestión no es si los versos, como los escribí, están divididos de la mejor manera posible; con respecto a eso, los lectores deben juzgar por sí mismos. Estoy simplemente señalando que, leído de manera natural pero respetando la pausa fraccional de la ruptura, el cambio en un modelo tonal ocurre con cada variación de versificación. Un hermoso ejemplo de versificación expresiva es el famoso poema de William Carlos Williams sobre la vieja comiendo ciruelas:3

They taste good to her./
They taste good/
to her, They taste/
good to her. 4

Primero se construye la afirmación; luego la palabra good es (sin el énfasis torpe y exagerado que daría un cambio de tipografía) trasladada, por un instante, al centro de nuestra (y su) atención; luego se le da a la palabra taste una prominencia momentánea similar, con good sonando en una nueva nota, reafirmada –de modo tal que tenemos primero el reconocimiento general de satisfacción, luego la intensificación de esa sensación, más tarde su voluptuosa localización en el sentido del gusto. Y todo esto es presentado por medio de los tonos indicados, es decir, por la melodía y no sólo por el ritmo.

Siempre me ha emocionado la forma en que la musicalidad de un poema podría emerger de lo que llamé "fidelidad para con la experiencia, pero me llevó algún tiempo darme cuenta cuáles eran los mecanismos de tal precisión a medida que se relacionaban con esta cuestión del modelo tonal. El asunto es que, del mismo modo que las vocales y las consonantes afectan la musicalidad de la poesía, no a través de la mera eufonía sino de una interrelación expresiva, significante, los matices de significado comprendidos en las variaciones de tono crean una melodía significante, expresiva en la estrecha escala tonal del discurso, no simplemente una linda "tonada".

Una de las formas en la que muchos poetas revelan su falta de conciencia sobre la función de la ruptura del verso es la manera en que comienzan el verso con la palabra "it", por ejemplo, cuando resulta claro, por el contexto, que no quieren dar el énfasis extra -relacionado tanto con el ritmo como con el tono- que éste le da. Es por eso que, si uno escribe:

He did not know
it, but at this very moment
his house was burning .5

se le da a la palabra "it" una importancia indebida. Se da otro ejemplo en mi segunda variante de los versos de "Red snow". Al "it" de la tercera línea se le da una prominencia completamente insignificante, inoportuna y absurda. Cuando un poeta pone una palabra sin sentido desde el punto de vista acústico, parece claro que no entiende el efecto de hacer tal cosa, o bien que está confusamente atado a la idea del "encabalgamiento". El encabalgamiento es útil para prevenir la monotonía de tantos versos que terminan en una pausa completa en un poema métrico, pero la variedad deseada puede obtenerse por varios otros medios en las formas abiertas contemporáneas; y quitarle al verso contemporáneo su pausa fraccional (la que, como he dicho, representa, o más bien, manifiesta, una hesitación comparativamente minúscula, pero afectiva en el proceso de pensar/sentir) es quitarle a una herramienta de precisión su función principa. Con frecuencia el poeta, inseguro de todo principio de acuerdo al cual concluir un verso, escribirá como si la ruptura real viniera después de la primera palabra del siguiente verso, por ejemplo:

As children in their night
gowns go upstair s..., 6

mientras que si uno observa el resultado , un extraño e inexpresivo "descanso" ocurre entre dos palabras que el poeta, al leer en voz alta, vincula naturalmente como "nightgowns". La definición de X.J. Kennedy de un "r un on line " ( Introduction to Poetry , 1966) es que "no termina en puntuación y por lo tanto es leído con una una pequeña pausa después de él" mientras que "si termina con una pausa completa, por lo general, indicada por algún signo de puntuación, lo llamamos e nd-stopped" (el subrayado en "pequeña pausa" es mío). Los poetas que escriben poemas no métricos, pero que hacen como si la ruptura del verso no existiera, ni siquiera respetan la "pequeña pausa" tradicional del verso que continúa ( run on line ). El hecho es que están confundidos sobre qué es el verso realmente, y por consiguiente, algunos de nuestros mejores y más influyentes poetas se han volcado cada vez más hacia los párrafos en prosa por lo que yo siento son razones erróneas; por ejemplo, menos por un sentido de las virtudes peculiares de la prosa que por un fracaso en darle sentido al verso.

Una de las virtudes importantes en la comprensión de la función de la ruptura del verso, es decir, de la línea misma, es que tal comprensión no ocasiona de ninguna manera que los poetas escriban igual entre sí. Es una herramienta, no un estilo. Los estudiantes que comprenden en un taller la idea del registro preciso no comienzan todos a sonar igual. Por el contrario, cada voz individual suena más clara, porque cada una ha ganado un grado de control sobre cómo quieren que un poema suene. En ocasiones un estudiante registra un poema de determinada manera sobre el papel, pero lo lee en voz alta de manera diferente. Mi preocupación –y aquella de sus compañeros y compañeras una vez que han entendido el problema– es determinar de qué manera quiere el autor que suene el poema. Alguien se lo leerá a él o a ella tal y como está escrito y alguien más señalará cómo el texto, el registro, fue ignorado en la lectura. “Aquí te pasaste”, “aquí te detuviste, pero lo hiciste a medio verso y no hay indicación de ‘descanso’ allí”. Entonces, el poeta estudiante puede decidir o sentir si él o ella lo anotó mal pero lo leyó bien, o viceversa. Esa decisión es muy personal y tiene mucho que ver con la sensibilidad individual del escritor y con el carácter único de la experiencia corporeizada en las palabras del poema, así como con la racionalidad universalmente reconocible, si bien eso puede jugar su parte, también. El resultado, en todo caso, es más bien definir y clarificar las voces individuales más que homogeneizarlas; porque las razones para las pausas y detenimientos, para los énfasis y los cambios expresivos de tono, serán tan variadas como las personas que escriben. La comprensión de la función de la ruptura del verso da a cada creador único el poder de ser más preciso, y por lo tanto, más, y no menos, individualizado. La voz así revelada será, no necesariamente el reconocible “otro” (outer) que uno escucha en los poetas que han tomado la teoría de la respiración de Olson demasiado literalmente, sino más bien la voz interior, la voz de la soledad de cada uno hecha audible y cantando a una multitud de otras soledades.

El exceso de subjetividad (y por lo tanto de incomunicabilidad) en la elaboración de decisiones estructurales en las formas abiertas es un problema sólo cuando el escritor tiene un inadecuado sentido de la forma. Cuando el registro escrito señala de manera precisa las percepciones, una totalidad –un paisaje interior o una forma– comienza a emerger; y el escritor dotado no está tan sumergido en las partes de modo que la suma pase inadvertida. La suma es objetiva, relativamente al menos; tiene presencia, carácter, y –a medida que se desarrolla– necesidades. Las partes del poema están instintivamente ajustadas en cierto grado para servir a las necesidades de la totalidad. Y mientras que este ajuste tiene lugar, se evita el exceso de subjetividad. Detalles de naturaleza privada como algo distinto de una naturaleza personal pueden ser borrados, por ejemplo, en provecho de un todo más completo, más claro, más comunicable. (Por privada quiero decir aquellos que poseen asociaciones para el escritor, pero que son inaccesibles a los lectores sin una explicación especial por parte del escritor, la cual no forma parte del poema; mientras que lo personal, aunque puede incorporar lo privado, tiene una energía derivada de asociaciones que son compartibles con el lector y son así compartidas dentro del poema mismo).

Otra forma de acercamiento al problema de lo subjetivo/ objetivo es decir que, mientras que las maneras tradicionales proporcionan ciertos estándares para la comparación objetiva y para la evaluación de los poemas como estructuras efectivas (técnicamente, en todo caso), las formas abiertas, usadas con comprensión de sus oportunidades técnicas, construyen contextos únicos que se encargan asimismo de tal evaluación. En otras palabras, si bien la “justeza” de sus versos no puede ser juzgada por medio de un método de escansión preconcebido, cada uno de estos poemas, si están bien escritos, presenta un todo compuesto en el que los versos falsos (o los lapsus) pueden ser oídos por cualquier oído atento, no como si no lograra conformarse a una regla externa, sino como fallas que no contribuyen a la gracia o a la fuerza implícitas en un sistema peculiar de ese poema, y que provienen del paisaje interior del cual es la manifestación verbal.

El melos de la poesía métrica no fue fácil de conseguir, pero hubo versos-guías y modelos, aun cuando, como último recurso, nada puede substituir al "oído" dotado. El melos de las formas abiertas es incluso más difícil de estudiar si buscamos modelos; su secreto yace no en modelos sino en la "fidelidad a la experiencia" de la que he escrito en algún otro lugar; y, a su vez, la fidelidad exige una comprensión delicada y precisa de los medios técnicos a nuestra disposición. Un reconocimiento general de la importancia primaria del verso y de la forma en que el ritmo se relaciona con la melodía sería útil para el estado del arte de la poesía, de la misma manera que una acptación general del compás y otras notaciones musicales fueron útiles para la música. Se mantuvo una amplitud enteramente adecuada en lo que se refiere a la interpretación de un registro musical (como lo puede oír, por ejemplo, cualquiera que escuche a diferentes pianistas tocar la misma sonata), pero al mismo tiempo el compositor adquirió un grado de control más sutil. Sólo si los escritores están de acuerdo en la naturaleza y en la función de esta herramienta podrán los lectores cooperar plenamente, de modo que el poema adquiera en grado más pleno de vida autónoma.

Traducción: Patricia Gola
Diario de poesía
Buenos Aires, verano de 1992


1.De “Four Embroideries: (III) Red Snow”, Relearning the Alphabet (New York, New Directions, 1970).
2. Mutilado de deseo, lo cuestionó./ Noche sobre las alturas, jugo de granada:/ ¿quién podría conectarlo con la luz del Sol?
3. “To a poor old woman”, Collected Earlier Poems (New York, New Directions, 1938).
4. Le saben buenas a ella/ Le saben buenas/ a ella. Le saben/ buenas a ella.
*Poeta. Inglaterra 1923, Estados Unidos 1997.
5.El no lo sabía/pero en ese preciso momento/su casa estaba ardiendo.
6.Mientras los niños en camisón/suben...

23 de mar. de 2008

Carlos Martínez Rivas (Nicaragua, 1927) - Dichos de Agur

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Tres cosas hay que me han impresionado y una cuarta sigo sin descifrar:

el choque sin persona de un muerto echado al agua.
Un vítor de volátil o silbato de policía en la selva.
El clic de un revólver al montarse.
Y la palabra aporía, empleada por el Dr. Pedro Laín Entralgo en uno de sus ensayos.


En Diario de Poesía
Buenos Aires, verano de 1992

Voltaire - Resurrección

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Se dice que los egipcios construyeron las pirámides y mastabas para que sirvieran de sepulcros y los cuerpos de los muertos embalsamados, esperaran que sus almas fueran a reanimarlos al cabo de mil años. Pero si los cuerpos debían resucitar, ¿por qué la primera operación que hacían los embalsamadores consistía en horadarles el cráneo y con un gancho sacar los sesos? La idea de resucitar sin sesos parece que hace sospechar que los egipcios vivos no tenían. Debemos, sin embargo, tener presente que la mayor parte de los antiguos creían que el alma estaba en el pecho. ¿Por qué el alma ha de estar en el pecho y no en otra parte? Es indudable que cuando experimentamos sensaciones violentas sentimos en la región del corazón una dilatación o contracción que nos hacen creer que aquí se aloja el alma. El alma era algo aéreo, un ser sutil que deambulaba por donde podía hasta encontrar su cuerpo.

La creencia en la resurrección es más antigua que los tiempos históricos. Atalido, hijo de Mercurio, podía morir y resucitar según su voluntad Esculapio resucitó a Hipólita, Hércules a Alcestes, Pélope, despedazado por su padre, fue resucitado por los dioses y Platón dice que Heres resucitó por quince días.

En Judea, los fariseos adoptaron el dogma de la resurrección mucho tiempo después que Platón.

En los Hechos de los Apóstoles se refiere un hecho singular. Santiago y muchos de sus compañeros aconsejaron a san Pablo que fuese al templo de Jerusalén a practicar las ceremonias de la ley antigua, a pesar de ser cristiano, «para que todos se enteren de que es falso lo que de vos cuentan y sepan que continuáis observando la ley de Moisés». Lo que equivale a decir: Id a mentir al templo y a perjurar, id a renegar públicamente de la religión que enseñáis.

San Pablo fue, pues, al templo durante siete días y al séptimo le reconocieron y le acusaron de llevar extranjeros al templo, de haberlo profanado. He aquí cómo salió del apuro:

«Sabiendo Pablo que algunos de los que estaban allí eran saduceos y otros fariseos, exclamó ante la asamblea: Hermanos míos, soy fariseo e hijo de fariseos, y porque abrigo la esperanza de la vida futura y la resurrección de los muertos, desean condenarme» (Hech. Apóst. 23,6). En todo este asunto no se trató de la resurrección de los muertos y Pablo sacó a relucir esto sólo para enfrentar a los fariseos y saduceos.

«Hablando Pablo de esta manera suscitó una discusión entre los fariseos y saduceos y la asamblea se dividió en dos bandos. Los saduceos sostenían que no existía la resurrección ni el espíritu, y los fariseos reconocían ambas cosas».

Aseguran algunos que Job, que es muy antiguo, conocía ya el dogma de la resurrección, y para demostrarlo citan estas palabras: «Sé que mi redentor está vivo y un día me llegará su redención; entonces me levantaré del polvo, la piel me renacerá y veré todavía a Dios en mi carne» (Job, cap. 19, 26).

Varios comentaristas interpretan estas palabras diciendo que Job abrigaba la esperanza de curar de su enfermedad y no permanecer siempre acostado en el suelo, como estaba. Los versículos siguientes demuestran que ésta es la verdadera explicación, cuando momentos después dice a sus falsos amigos: «¿Por qué, pues, decís persigámosle»; o estas otras palabras: «Porque vosotros diréis, ¿por qué le hemos perseguido?» Evidentemente, quiere decir que se arrepentirían de haberle ofendido cuando le vieran otra vez en su primer estado de salud y opulencia. El enfermo que dice me levantaré, no dice resucitaré. Tergiversar el sentido de los pasajes claros es el medio más seguro de no entenderse nunca.

San Jerónimo sitúa la formación de la comunidad de los fariseos poco antes de venir Jesucristo al mundo. El rabino Hillel parece ser el fundador de la secta de los fariseos y fue coetáneo de Gamaliel, maestro de san Pablo. Muchos fariseos creían que sólo habían de resucitar los judíos, pero no los demás hombres, y otros estaban convencidos que la resurrección tendría lugar en Palestina y los cuerpos enterrados en otras partes serían llevados secretamente a Jerusalén para unirse allí a sus almas. Pero san Pablo, en su Primera Epístola a los tesalonicenses, cap. IV, dice que «el segundo advenimiento de Jesucristo sería para ellos y para él. Tan pronto como el arcángel dé la señal y suene la trompeta de Dios el Señor descenderá del cielo y los que hayan muerto en Jesucristo resucitarán los primeros. Nosotros, que estaremos vivos hasta entonces, nos veremos arrebatados con ellos hasta las nubes para ir por los aires hasta la presencia del Señor y vivir eternamente con El».

Este importante pasaje prueba que los primeros cristianos creían ver el fin del mundo, como predijo san Lucas.

San Agustín mantenía que los niños, incluso los que nacen muertos, resucitarían en edad madura. Orígenes, Jerónimo, Atanasio y Basilio no creían que las mujeres debían resucitar con su sexo. En pocas palabras, siempre se ha discutido sobre lo que fuimos, somos y seremos.

De la resurrección de los antiguos. En opinión de algunos, el dogma de la resurrección era creencia general en Egipto y hasta yo mismo opinaba antes de ese modo. Unos creían que se resucitaba al cabo de dos mil años y otros a los tres mil, diferencia de opiniones teológicas que parece probar que no estaban seguros del hecho. Por otra parte, no sabemos de nadie que resucitara en la historia de Egipto, pero sí que hubo resucitados en Grecia. Veamos, pues, si encontramos en los griegos la invención de resucitar.

Los griegos solían incinerar los cadáveres, mientras que los egipcios los embalsamaban para que el alma, cuando regresara a su antigua morada, la encontrara dispuesta para recibirla. Esto se comprendería si el alma volviera a encontrar los órganos de su cuerpo, pero el embalsamador, como hemos dicho, empezaba por quitarle el cerebro y vaciarle las entrañas. ¿Cómo es posible que los hombres resuciten sin intestinos y sin la parte noble que es la que piensa? ¿Cómo ha de adquirir su sangre, su linfa y demás humores?

Se me contestará que todavía es más difícil resucitar en Grecia, cuando sólo queda de cada cuerpo una libra escasa de cenizas. Esta objeción es contundente y me obliga a considerar la resurrección como algo muy extraordinario, aunque esto no impidió que resucitaran los personajes griegos de que antes hemos hablado.

Algunos socialistas severos encuentran la resurrección y el Purgatorio en Virgilio. En el libro VI de la Eneida se lee, respecto al Purgatorio: «Los corazones más perfectos, las almas más puras, ven los ojos de los dioses llenos de manchas que es necesario borrar. Como ninguno fue inocente deben castigarnos a todos. Cada alma tiene su demonio, cada vicio su castigo, y diez siglos apenas son suficientes para conseguir que nuestro corazón sea digno de los dioses».

He aquí mil años de Purgatorio expresados taxativamente, sin que los familiares pudieran conseguir de los sacerdotes indulgentes que acortaran el plazo, previo pago en dinero contante. Los antiguos eran más severos y menos simoníacos que nosotros a pesar de atribuir a sus dioses muchas tonterías. Pero esto era inevitable, porque su teología estaba llena de contradicciones, como los incrédulos dicen que está la nuestra.

Cumplida la pena del Purgatorio las almas iban a beber el agua del Leteo, tras lo cual pedían penetrar en otros cuerpos y volver a ver la luz del día. Pero esto no era una verdadera resurrección. Entrar en un cuerpo nuevo no es volver a recuperar el suyo; eso era una metempsicosis que nada tiene que ver con la resurrección.

Confieso que las almas antiguas hacían un mal negocio volviendo por segunda vez al mundo, porque debió ser muy triste reaparecer en la tierra, pasar en ella unos setenta años y sufrir todo lo sufrible en la vida para volver a pasar mil años de Purgatorio. No debía haber alma que no se cansara de los avatares de una vida tan corta y una penitencia tan larga.

De la resurrección de los modernos. Nuestra resurrección es muy diferente Cada hombre recuperará el cuerpo que tuvo y todos los cuerpos arderán eternamente, salvo uno por cada cien mil. Lo que es peor que un Purgatorio de diez siglos para revivir en el mundo unos años.

¿Cuándo llegará el día de la resurrección general? Como no se sabe positivamente, los doctos son de encontrados pareceres; ni siquiera saben cómo cada quisque puede encontrar sus miembros porque tropiezan con muchas dificultades para averiguarlo. He aquí algunas:

1) Nuestro cuerpo experimenta durante su vida un cambio continuo; nada queda a los cincuenta años del cuerpo que pudo alojar nuestra alma a los veinte.

2) Un soldado bretón enviado al Canadá se ve en la mayor penuria y la necesidad le obliga a comerse a un iroqués que mató el día anterior. Este iroqués estuvo comiendo jesuitas durante dos o tres meses v gran parte de su cuerpo se había convertido en jesuita. He aquí, pues, el cuerpo de ese soldado compuesto de iroqués, de jesuita y de lo que comió antes. ¿Cómo cada uno puede recuperar lo que legítimamente le pertenece?

3) Un niño muere en el vientre de su madre en el momento que acaba de recibir el alma. ¿Resucitará feto, niño u hombre?

4) Un alma llega a otro feto antes de saberse si será varón o hembra. ¿Resucitará niña, niño o feto?

5) Para resucitar y ser la persona que érais es indispensable tener la memoria alertada, ya que ésta de la identidad. Y si habéis perdido la memoria, ¿cómo podéis ser el mismo hombre?

6) Sólo cierto número de parcelas terrestres pueden constituir al animal. La arena, la piedra, el mineral y el metal, no sirven. Tampoco es adecuada toda la tierra; sólo los terrenos favorables para la vegetación lo son para el género animal. Cuando después de transcurrir muchos siglos resucite todo el mundo, ¿dónde se ha de encontrar tierra idónea para tantos cuerpos?

7) Supongamos una isla cuya parte vegetal sólo pueda nutrir a mil hombres y a cinco o seis mil animales que al cabo de cien mil generaciones tenga que acoger mil millones de hombres. ¿Habrá materia suficiente para ellos?

8) Después de demostrar, o de creer que hemos demostrado, que es necesario un prodigio tan grande como el diluvio universal o el de las plagas de Egipto para efectuar la resurrección del linaje humano en el valle de Josafat, nos atreveremos a preguntar qué han hecho las almas de todos esos cuerpos que estaban esperando el momento de meterse en los mismos.

Podrían hacerse muchas más objeciones, pero los teólogos pulverizan éstas y todas las que podamos presentarles.

En Diccionario Filosófico

William Carlos Williams - Paisaje con la caída de Ícaro

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Paisaje con la caída de Ícaro

De acuerdo con Brueghel

era primavera

cuando Ícaro cayó

.

Un granjero araba

su terreno

.

Toda la pompa

de la estación

despertaba

estremecida

.

cerca

de la orilla del mar

pendiente

de sí

.

sudando al sol

que derretía

la cera de las alas

.

Insignificante

lejos de la costa

sonó

.

apenas un chapoteo

era

Ícaro ahogándose.




Landscape With the Fall of Icarus


According to Brueghel

when Icarus fell

it was spring



a farmer was ploughing

his field

the whole pageantry



of the year was

awake tingling

near



the edge of the sea

concerned

with itself



sweating in the sun

that melted

the wings' wax



unsignificantly

off the coast

there was



a splash quite unnoticed

this was

Icarus drowning

Pascua

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Pasca (pavsca, 3957), transcripción griega del término arameo para la Pascua, del hebreo pasac, pasar por encima, dejar a un lado; fiesta instituida por Dios en conmemoración de la liberación de Israel de Egipto, y esperando expectativamente el sacrificio expiatorio de Cristo. Esta palabra significa: (I) la Fiesta de la Pascua (p.ej., Mt 26.2; Jn 2.13, 23; 6.4; 11.55; 12.1; 13.1; 18.39; 19:14; Hch 12.4; Heb 11.28); (II) por metonimia: (a) la Cena Pascual (Mt 26.18,19; Mc 14.16; Lc 22.8,13); (b) el cordero pascual (p.ej., Mc 14.12; cf. Éx 12.21; Lc 22.7); (c) el mismo Cristo (1 Co 5.7).

La Fiesta de la Pascua celebrada por los cristianos en los tiempos post-apostólicos era una continuación de la fiesta judía, pero no fue instituida por Cristo, ni estaba relacionada con la cuaresma. La fiesta pagana en honor a la diosa de la primavera, Eástre (otra forma del nombre Astarte, uno de los títulos de la diosa caldea, la reina del cielo), era totalmente distinta de aquella Pascua; sin embargo, la fiesta pagana se introdujo en la apóstata religión occidental, bajo la guisa de «pascua», como parte del intento de adaptar las fiestas paganas en el seno de la cristiandad. Por cierto que en inglés recibe el nombre de Easter, derivado de Eástre, lo que evidencia el verdadero origen pagano de la llamada «Pascua cristiana», que no coincide en el tiempo con la Pascua judía.

Notas: (1) En Hch 12.4, la frase traducida «después de la pascua» significa después de que hubiera finalizado toda la fiesta. (2) Para pareskeue, traducido «víspera de la pascua» en Lc 23.54 (RVR; RV: «de la víspera»); Jn 19.31 (RVR: «víspera de la pascua»; RV: «la víspera»); v. 42 (RVR: «preparación de la pascua»; RV: «víspera»).

Merril Unger y William White, Diccionario expositivo de palabras del Antiguo Testamento

José Bianco - Las ratas (fragmento)

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Nuestra casa estaba menos silenciosa que de costumbre. Algunos amigos de la familia nos visitaban todas las tardes. Mi madre se mostraba muy locuaz con ellos, y las visitas, al salir, debían de creerla un poco frívola. O pensarían: «Se ve que Julio no era su hijo».

Julio se había suicidado.

Desde mi cuarto escuchaba la voz de mi madre mezclada a tantas voces extrañas. En ocasiones, cuando yo bajaba a saludar, las visitas manifestaban estupor ante ciertos hechos no precisamente insólitos: que pudiese estrecharles la mano, responder a sus preguntas, ir al colegio, estudiar música, tener catorce años. «Ya es casi un hombre», decían los amigos de mis padres. «¡Qué grande está, qué desenvuelto! ¡Qué consuelo para el pobre Heredia!» No bien aludían a la muerte de Julio y a punto de repetir, después de esta frase, algunos sensatos lugares comunes sobre la caducidad de las cosas humanas y los designios inescrutables de la Providencia, que arrebata de nuestro lado a quienes con mayor éxito hubieran soportado la vida, esa terrible prueba, Isabel hablaba de temas ajenos al asunto, contestando con sonrisas inocentes a las miradas de turbación que provocaba su incoherencia.

Por la noche comíamos los cuatro en silencio, mis padres, Isabel y yo. Después de comer, yo acompañaba a Isabel hasta su casa. En la calle oscura, bajo el follaje indeciso de los árboles, hacía esfuerzos para adecuar mi paso al de ella, y por momentos, aguzando el oído, distinguía el ruido apenas perceptible del bastón con el cual se ayudaba para caminar. A veces, sin soltarme del brazo, Isabel se detenía bruscamente y frotaba la contera de su bastón en las manchas frescas de algún plátano, que mudaba de corteza. Eran caminatas bastante tediosas. Una noche le rogué a Isabel que intercediera ante mis padres para que no me mandaran al colegio (los cursos empezaban en el mes de abril) porque quería quedarme en casa a estudiar el piano. Otra noche, Isabel se refirió conmigo a la muerte de Julio —por primera y única vez. El hecho en sí, más que entristecerla, parecía suscitar su desconfianza, su aversión. «Es un acto que no lo representa», balbuceaba, como si Julio, al terminar voluntariamente sus días, se hubiera arrogado un privilegio inmerecido. ¿Qué había querido demostrar con matarse? ¿Que era sensible, escrupuloso, capaz de pasiones profundas? ¿Que ella estuvo siempre equivocada? Ahora, mientras escribo estas páginas y recuerdo sus palabras de esa noche, la evoco a ella —y también a Julio. Los veo formar una especie de Pietá monstruosa, y a Isabel, malhumorada, perpleja, sin saber qué hacerse del cadáver del sobrino que le han colocado en el regazo, vacilando entre arrojarlo lejos de sí o abjurar de sus convicciones.

22 de mar. de 2008

Martin Gardner - Isaac Newton, alquimista y fundamentalista

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Hay tres Isaac Newtons. Durante varios siglos, el Newton más conocido ha sido el gran físico matemático que a los veintipocos años inventó el cálculo, descubrió el teorema del binomio, introdujo las coordenadas polares, demostró que la luz blanca era una mezcla de colores, explicó el arco iris, construyó el primer telescopio de reflexión y demostró que la fuerza que hacía caer las manzanas era la misma fuerza que guía a los planetas, satélites y cometas y provoca las mareas. Sus descubrimientos revolucionaron la física. Su genialidad no la discute nadie.

Pero existen otros dos Newtons desconocidos para la mayoría de la gente, incluso en nuestros tiempos. Uno es el alquimista que se esforzó durante décadas por convertir los metales vulgares en oro. El otro es el Newton fundamentalista protestante.

Newton trabajó solo y en silencio, casi en secreto, para hacer sus grandes descubrimientos. Su obra clásica, Philosophiae naturalis principia mathematica, no se publicó hasta veinte años después de sus logros juveniles, y fue gracias a la insistencia del astrónomo Edmund Halley, el que dio nombre al cometa, que financió la publicación del libro. Durante gran parte de su vida, Newton dedicó su tiempo y su energía a infructuosos experimentos alquímicos y a la interpretación de las profecías bíblicas. Sus manuscritos sobre estos temas son mucho más voluminosos que sus escritos sobre física. Suman varios millones de palabras, ahora repartidas entre las secciones de libros raros de varias bibliotecas y colecciones privadas. El filósofo norteamericano Richard Popkin está preparando una edición en doce tomos de dichos manuscritos. Aunque otros científicos de la época, en especial Robert Boyie, se interesaron también por la alquimia, ninguno estuvo tan obsesionado por este tipo de investigación como Newton. Leyó todos los libros antiguos de alquimia que pudo encontrar, y llegó a acumular más de 150 en su biblioteca. Construyó hornos para innumerables experimentos y dejó escritas un millón de palabras sobre el tema. Se veía a sí mismo como un continuador de una tradición secreta de sabiduría oculta que se remontaba a la antigüedad más remota. ¡Incluso sospechaba que los antiguos ya conocían la ley gravitatoria del cuadrado de la distancia! Pero el tema principal de este capítulo es el fundamentalismo de Newton. Era un devoto anglicano que creía firmemente que la Biblia es una revelación de Dios, aunque admitía que los textos originales habían sido muy deformados por la desaprensiva Iglesia de Roma. Aceptaba al pie de la letra la versión del Génesis sobre la Creación en seis días, la tentación y caída de Adán y Eva, elarca de Noé y el diluvio universal, la sangrienta redención a cargo de Jesús, su nacimiento de una virgen, la resurrección de su cuerpo y la vida eterna de nuestras almas en el cielo o en el infierno. Jamás dudó de la existencia de ángeles y demonios, y de un Satán destinado a ser arrojado a un lago de fuego el día del Juicio Final. El obispo James Ussher, erudito irlandés del siglo xvn, había determinado que la Creación tuvo lugar en el año 4004 a.C.

Newton revisó esta fecha en la dirección equivocada, fijándola quinientos años después.

El universo de Newton era una inmensa máquina que funcionaba siguiendo leyes creadas y mantenidas por una divinidad personal pero trascendente. El espacio infinito era el «Sensoriam» de Dios, el medio del que se valía para observar y controlar el cosmos. Aunque para Kant y otros admiradores posteriores de Newton el universo era determinista y nunca se desviaba de sus leyes inalterables, Newton estaba convencido de que, de vez en cuando, Dios tenía que reajustar las órbitas de los planetas para mantenerlas libres de perturbaciones provocadas por cometas y otras fuerzas.

Este concepto, que Dios tiene que manipular el universo para repararlo, escandalizaba al rival alemán de Newton, el gran filósofo y matemático Leibniz, que lo consideraba blasfemo. Si Dios es perfecto, omnipotente y omnisciente, como Newton creía, ¿por qué iba a crear un universo tan defectuoso que necesitaba reparaciones perpetuas?, quena saber Leibniz.

Newton no aceptaba de ningún modo el panteísmo. Su Dios era el Dios de la Biblia, a cuya imagen y semejanza fuimos creados, pero nos es tan totalmente ajeno que no podemos comprender en qué nos parecemos a Él. En lo que más se apartó Newton de la religión predominante en Inglaterra fue en su rechazo de la Trinidad. Era arriano (el arrianismo fue un precursor del unitarismo), y para él Jesús era verdaderamente el divino Hijo de Dios, pero ni mucho menos igual al Padre. El trinitarismo, en opinión de Newton, era una burda herejía inventada por la Iglesia de Roma en los siglos iv y v. Se guardó esta creencia para sí mismo, sabiendo perfectamente que si se llegaba a conocer sería expulsado de su colegio de Cambridge, irónicamente llamado Trinity, donde fue profesor de matemáticas durante veintiséis años. Más adelante, esta creencia habría puesto en peligro su puesto en la Real Casa de la Moneda, donde trabajó durante la última mitad de su larga vida. Fue un funcionario diligente en la supervisión de la moneda inglesa, e implacable con los falsificadores, a los que enviaba a la horca. Fue el primero en recomendar el oro como patrón monetario.

Para Newton, las bellas pautas del universo material eran una prueba abrumadora de los poderes creadores de Dios. Como ejempío, destacaba el hecho de que todos los planetas orbitaran en un mismo plano, en la misma dirección, con la fuerza centrífuga justa para evitar que se estrellaran contra el Sol. A Newton le desconcertaba el hecho de que la gravedad pareciera actuar instantáneamente a cualquier distancia. Reconocía que no podía hacer más que describirlo, sin comprender cómo funcionaba. La gravedad siguió considerándose una «fuerza» hasta que la teoría general de la relatividad de Einstein cambió este concepto por el del movimiento de la materia por el camino más corto en un espacio-tiempo curvo. Como le gusta decir al físico John Wheeler, las estrellas le dicen al espacio-tiempo cómo tiene que curvarse, y el espaciotiempo les dice a las estrellas cómo deben moverse.

Para Newton, tanto el espacio como el tiempo eran absolutos. El espacio era fijo, infinito, inmóvil y métrico, y sobre él podían medirse los movimientos absolutos. Para él, esto quedaba demostrado por la fuerza centrífuga producida por los cuerpos en rotación, que él conjeturó acertadamente que era la causa de que la Tierra estuviera más abultada en el ecuador. Sería de tontos, argumentaba, suponer que un cubo de agua giratorio, que arrojaba agua por los bordes, estaba en reposo con todo el universo que giraba alrededor de él. Por supuesto, era imposible que se le hubiera ocurrido una teoría de la relatividad general, en la que hasta el movimiento rotatorio es relativo, pero ¡cómo habría disfrutado si pudiera volver hoy al mundo! «Perdóname, Newton», escribió Einstein en cierta ocasión.


Tampoco se puede reprochar a Newton que no entendiera la evolución cosmológica y biológica. Como otros muchos teístas anteriores y posteriores, veía en las intrincadas pautas de la vida una prueba más del maravilloso trabajo de Dios. Le impresionaba de manera especial la simetría bilateral: ¿Puede ser casualidad que todas la aves, mamíferos y hombres tengan el lado derecho y el izquierdo con la misma forma (excepto los intestinos), y justamente dos ojos y no más, uno a cada lado de la cara, y justamente dos orejas, una a cada lado de la cara, y una nariz con dos orificios y no más entre los ojos, y una boca bajo la nariz, y dos patas o dos alas o dos brazos en los hombros, y dos piernas en las caderas, una a cada lado, y no más? ¿Habría aceptado Newton la evolución si hubiera vivido después de Darwin? De hacerlo, la habría considerado el método elegido por Dios para la Creación, aunque esto habría echado por tierra su creencia en la exactitud del Génesis.

También sospecho que Newton, si se reencarnara hoy, aceptaría la mecánica cuántica. De hecho, pensaba que la luz está formada por partículas, independientes del espacio aunque influidas de algún modo por el espacio. En la mecánica cuántica, la luz es a la vez una onda y una partícula, llamada fotón.

La pasión de Newton por la alquimia sólo era superada por su pasión por las profecías bíblicas. Gastó cantidades increíbles de energía mental intentando interpretar las profecías de Daniel en el Antiguo Testamento y el Libro de la Revelación en el Nuevo. Dejó escritas más de un millón de palabras sobre este tema, y se consideraba el primero que había interpretado correctamente ambos libros. Habiendo tenido tanto éxito en la resolución de algunos de los acertijos del universo de Dios, dedicó su talento a intentar resolver los acertijos planteados por la Sagrada Palabra de Dios.

Newton estaba firmemente convencido de que los libros de Daniel y del Apocalipsis, correctamente descifrados, demostraban que la historia del mundo iba a terminar con la Segunda Venida de Jesús, seguida por su juicio a los vivos y los muertos. En su juventud, Newton especuló que una posible fecha para la Segunda Venida sería 1867, pero algún tiempo después decidió que era una tontería utilizar la Biblia para predecir el futuro. Lo más que podemos hacer es reconocer las predicciones cumplidas después de que ocurran los sucesos predichos. Como millones de protestantes del siglo xvn, creía que el Papa era el Anticristo profetizado en el Apocalipsis: una encarnación de Satán en su último e inútil intento de frustrar el plan de Dios para limpiar de pecado el universo.

Aceptaba la profecía que dice que en los últimos días los judíos regresarán a Jerusalén y se harán cristianos. A la llegada de Jesús le seguirá un Milenio durante el cual el Señor gobernará el mundo «con mano de hierro». Ya en su vejez, Newton cambió la fecha de la Segunda Venida a algún momento después del final del siglo xxi.

Seis años después de la muerte de Newton, se publicaron en Londres sus Observaciones sobre las profecías de Daniel y del Apocalipsis de san Juan. El libro se reeditó en 1922, pero desde entonces, asombrosamente, ha sido imposible de encontrar. El único resumen de su contenido que conozco es un capítulo del segundo tomo de la obra de Leroy Edwin Froom The Prophetic Faith ofOur Fathers (Review and Heraid, 1950-1954), un voluminoso tratado en cuatro tomos, escrito por un historiador perteneciente a los adventistas del Séptimo Día. Froom era un gran admirador de las opiniones religiosas de Newton, muchas de las cuales son compartidas por los adventistas, entre ellas la identificación del papado con el Anticristo y la creencia en que Dios creó el universo por medio de Jesús. Al igual que los adventistas, Newton entendía que las cuatro partes de la imagen metálica que se describe en el capítulo 2 del Libro de Daniel simbolizan las sucesivas potencias mundiales de Babilonia, Persia, Grecia y Roma. Como los adventistas, interpretaba que el crecimiento del «cuerno pequeño» de la cuarta bestia de Daniel representaba el auge del papado.

¿Y qué hay del 666, el misterioso número de la Bestia, según la Revelación? Como los adventistas actuales, Newton creía que aún no conocemos su significado. Sería interesante comparar la exégesis newtoniana de las profecías bíblicas con el clásico texto adventista Reflexiones sobre el Libro de Daniel y el dé la Revelación, una obra publicada en 1882 por Uriah Smith.

Para apoyar su convicción de que el Antiguo Testamento es historia exacta, Newton trabajó en una elaborada cronología de la historia del mundo, utilizando datos astronómicos como los eclipses y los movimientos de las estrellas, y leyendas como la de Jasón y los Argonautas, que él consideraba historias auténticas.

Con increíble ingenio, procuró armonizar la historia bíblica con las historias laicas del mundo antiguo. Da pena imaginar los descubrimientos que Newton podría haber hecho en matemáticas y física si su gran intelecto no se hubiera distraído con tan extravagantes especulaciones.

Los escritos de Newton sobre las profecías bíblicas resultan tan embarazosos para sus admiradores que hasta ahora se ha hablado poco o nada de ellos. El largo ensayo sobre Newton de la famosa undécima edición de la Encyclopaedia Britannica dedica sólo un breve párrafo a sus estudios bíblicos. En la decimocuarta edición no se mencionan para nada, y en la decimoquinta y última edición de la Macropaedia sólo se les dedica un párrafo.

¿Qué opinaba Newton de sus grandes descubrimientos físicos? Sorprendentemente, parece que los consideraba poco más que entretenimientos juveniles. En un memorable párrafo, frecuentemente citado, se compara a sí mismo con «un niño que juega en la playa y se distrae encontrando de vez en cuando un canto más pulido o una concha más bonita de lo normal, mientras el gran océano de la verdad se extiende ante mí sin ser descubierto».

La peculiar personalidad de Newton, introvertida y ensimismada, sigue siendo un enigma. Sus contemporáneos se fijaron en su melancólico semblante. Aunque de vez en cuando sonreía, casi nunca reía. Permaneció soltero toda su vida y no sentía ni el más mínimo interés por el sexo. Unos cuantos analistas freudianos han considerado muy importante que su padre muriera antes de que él naciera y han sugerido que Newton fue un homosexual reprimido.

La principal evidencia es que, en su edad madura, Newton se sintió muy atraído por Nicolás Fatio de Duillier, un excéntrico discípulo suizo veinte años más joven que él. Gale Christianson, en su biografía de Newton In the Presence ofthe Creator (1984), considera muy dudoso que existiera alguna actividad sexual entre los dos, pero añade: «Por otra parte, su correspondencia —con sus encendidos halagos, la mutua nostalgia por la separación y los melancólicos cambios de ánimo— contiene insistentes sugerencias de un idilio malogrado.

La misma ruptura definitiva parece haber sido consecuencia de su angustioso deseo de compartir los mismos aposentos, un deseo que posiblemente fue anulado por el miedo a lo que podría ocurrir si lo intentaran.» A Newton no le interesaban ni la música ni el arte, y en cierta ocasión describió despectivamente la poesía como «disparates ingeniosos». Nunca hizo ejercicio, no tenía aficiones recreativas ni interés por los juegos, y estaba tan obsesionado con su trabajo que muchas veces se olvidaba de comer o comía de pie para ganar tiempo. Tenía pocos amigos, e incluso con ellos se mostraba con frecuencia pendenciero y rencoroso. En una de sus cartas a John Locke, su mejor amigo entre los filósofos británicos, le decía:

Siendo de la opinión de que siempre intentas embrollarme con tus lamentaciones y por otros medios, me sentía tan afectado por ello que cuando alguien me dijo que estabas enfermo y no vivirías, le respondí que mejor estañas muerto. Deseo que me perdones por esta falta de caridad.

Locke respondió a la carta concediendo su perdón y expresando su inextinguible cariño y estima. Newton casi nunca reconoció el mérito de otros científicos cuyos trabajos anteriores habían influido en el suyo. Siempre insistió en recibir todo el crédito por sus descubrimientos y acusó duramente a Leibniz, cuya metafísica despreciaba, de haberle robado su invención del cálculo. Ahora se sabe que los dos descubrimientos fueron independientes. Newton lo hizo antes, pero la notación de Leibniz era mejor.

Pocos años después de la publicación de sus Principia, Newton sufrió una tremenda crisis mental que tardó un año o más en superar. Se caracterizó por graves insomnios, profunda depresión, amnesia, pérdida de capacidad mental y delirios paranoicos de persecución. En años recientes, unos cuantos estudiosos han sugerido la posibilidad de que padeciera envenenamiento con mercurio y otros metales tóxicos, causado por sus experimentos alquímicos. Otros han conjeturado que durante toda su vida fue un maniacodepresivo, con cambios de humor alternativos que le hacían pasar de la melancolía a la actividad eufórica. Su crisis fue simplemente el más grave de dichos episodios.

Cuando los manuscritos de Newton sobre alquimia se vendieron en 1936 en una subasta de Sotheby's, el principal comprador fue el economista John Maynard Keynes. En una brillante conferencia sobre Newton, pronunciada en 1947 en la Royal Society con motivo de la celebración del tercer centenario de Newton, Keynes dijo que había leído millones de palabras de Newton sobre alquimia y le habían parecido «totalmente desprovistas de valor científico». Los instintos más profundos de Newton eran «ocultistas, esotéricos, con un intenso rechazo del mundo: un hombre arrebatado, consagrado, solitario, concentrado en sus estudios con intensa introspección, con una fortaleza mental que tal vez nunca haya tenido igual».

En cuanto a los descubrimientos de Newton en cuestiones matemáticas y físicas, Keynes creía que no se debieron tanto a los experimentos como a su increíble intuición. Más adelante, Newton los adornó con demostraciones formales y pruebas que tenían poco que ver con las inspiraciones que parecían entrar en su cerebro por pura magia. Keynes lo expresó de este modo:

En el siglo xvii, y a partir de entonces, Newton estuvo considerado como el primero y el más grande de los científicos de la era moderna: un racionalista que nos enseñó a pensar siguiendo las directrices de la razón fría y sin matices. Yo no lo veo de este modo. No creo que nadie que haya contemplado el contenido de aquella caja que se llevó cuando por fin abandonó Cambridge en 1696, y que —aunque parcialmente disperso— ha llegado hasta nosotros, pueda verle de ese modo. Newton no fue el primero de la era de la razón; fue el último de los magos, el último de los babilonios y súmenos, la última gran mente que contempló el mundo visible e intelectual con los mismos ojos que los que empezaron a construir nuestro legado intelectual hace bastante menos de 10.000 años. Isaac Newton, hijo postumo, nacido sin padre el día de Navidad de 1642, fue el último niño prodigioso al que los Reyes Magos podrían rendir sincero y adecuado homenaje.

Mis principales referencias para elaborar este ensayo han sido la magnífica biografía de Newton escrita por Richard Westfall, Never at Rest (1980); el libro de Frank Manuel The Religión of Isaac Newton (1983); el artículo de 60 páginas sobre Newton escrito por Bernard Cohén para el Diccionario de biografías científicas (1974); y dos importantes artículos de Richard Popkin:

«Newton and the Origins of Fundamentalism» («Newton y el origen del fundamentalismo»), reproducido en The Scientific Enterprise (1992), editado por Edna Ullmann-Margalit; y «Newton and Fundamentalism» («Newton y el fundamentalismo»), en Essays on the Context, Nature and Influence of Isaac Newton's Theology (1990), por James Forcé y Popkin. Popkin presenta un convincente argumento sobre la enorme influencia de la exégesis bíblica de Newton en los primeros tiempos del fundamentalismo protestante.

Addendum

El 15 de marzo de 1996, a las 15.30, después de mecanografiar la última página de la columna que sirvió de base a este capítulo, ocurrió una coincidencia asombrosa. Miré por la ventana de mi despacho. Acababa de parar de llover. Sobre una hoja, fuera de la ventana, una gota de agua brillaba con un brillo rojo. Moví despacio la cabeza de lado a lado y vi que la gota pasaba por todos los colores del arco iris. El Sol parecía estar exactamente en el punto preciso del cielo, en relación con mis ojos. Por supuesto, pensé inmediatamente en Newton. Me sentí como si me hubiera hablado desde el Más Allá.

Byron, otro poeta inglés que admiraba a Newton, en el canto 10, estrofa 1 de Don Juan, describía el descubrimiento de la gravedad por Newton:

Cuando Newton vio caer una manzana, descubrió en aquel leve sobresalto que le sacó de su contemplación — eso dicen (pues yo no pienso responder en este mundo de las creencias o cálculos de ningún sabio)— un modo de demostrar que la Tierra se hizo redonda girando del modo más natural, llamado «gravitación».

Y éste fue el único mortal que salió bien librado, desde Adán, de una caída o de una manzana.

Richard Westfall, que fue profesor de historia y filosofía de la ciencia en la Universidad de Indiana y pasó veinte años investigando para su biografía definitiva de Newton, falleció en 1997.

El año siguiente se publicó otra biografía, Isaac Newton: The Last Sorcerer, de Michael White (Isaac Newton, Ediciones SM 1991).


En ¿Tenían ombligo Adán y Eva? Falsedades de la seudociencia al descubierto

Traducción de Juan Manuel Ibeas

Madrid, Editorial Debate, 2001