Versión: Isaías Garde
El león ruge en el desierto enfurecedor,
Enrojece la arena con su ruido rojo,
Desafía al vacío rojo a plantear su combate,
Señor por sus garras y por sus mandíbulas y por su melena,
El más flexible de los retadores. El elefante
Rompe las tinieblas de Ceylán con sus estruendos,
Como el fulgor fugaz en las superficies de los tanques
Quiebra la más aterciopelada lejanía. El oso,
Esa canela pesada, gruñe en su montaña
Bajo el trueno estival y duerme mientras dura la nieve del invierno.
Pero tú, efebo, miras por la ventana de tu altillo,
Tu mansarda con piano alquilado. Reposas
En silencio sobre tu cama. Tomas la punta
De tu almohada en tu mano. Retuerces y aprietas
Una amarga declaración de tu retorcimiento, muda
Aunque voluble en su violencia muda. Miras
Más allá de los techos como un vigía y un guardián
Y en tu centro señalas todo eso y estás acobardado.
Esos son los hijos heroicos que el tiempo engendra
Contra la primera idea -azotar al león,
Disfrazar a los elefantes, enseñar malabares a los osos.
En Notas para una ficción suprema
Editorial Barnacle, 2026




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