Anoche me visitó el fantasma de Trotski o una adherencia sin
rodillas.
–Sólo los viejos amores me han llenado los ojos de lágrimas,
no he llorado lo suficiente en mi juventud, ¿has leído a Raimundo
Sabunde?
–No...
–¿Montaigne?
–No...
–¿De quién has oído hablar?
–De Leonard Cohen...
–¿Derramaste lágrimas con él?
–No.
–¿Con quién derramaste lágrimas?
–Con una compañera de aula...
–¿Morías por esa criatura?
–¡Más que eso!...
–Renacías...
–Sí.
–Deberías llorar por esa revolución.



0 Comentarios