28/2/2007

unirse al cielo (Zhuang Zi, libro XXIII, capítulo 10 )

No hay comentarios. :


Yi, el arquero, fue diestro en acertar con sus flechas un blanco pequeñísimo, pero torpe a la hora de impedir que la gente lo elogiara.

Los expertos son diestros con respecto al cielo, pero torpes en lo tocante a los hombres.

Sólo los animales pueden vivir en lo que son.
Sólo los animales pueden unirse al cielo.

Un hombre completo ¿conoce el cielo?, ¿conoce el cielo del hombre?
Y yo, que no sé si soy cielo o soy hombre.

Zhuang Zi, libro XXIII, capítulo 10

ISAÍAS 65: 17-25

No hay comentarios. :


65:17 Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento.

65:18 Mas os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado; porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo.
65:19 Y me alegraré con Jerusalén, y me gozaré con mi pueblo; y nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor.
65:20 No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años será maldito.
65:21 Edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas.
65:22 No edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma; porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán la obra de sus manos.
65:23 No trabajarán en vano, ni darán a luz para maldición; porque son linaje de los benditos de Jehová, y sus descendientes con ellos.
65:24 Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído.
65:25 El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey; y el polvo será el alimento de la serpiente. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo Jehová.

Hesíodo: Prometeo (Teogonía)

No hay comentarios. :
JAPETO Y SUS HIJOS. PROMETEO

Japeto casó con Climene, la joven Océanida de lindos pies; y ésta, habiendo compartido su lecho nupcial, parió un hijo de ánimo esforzado, llamado Atlante; y luego al demasiado orgulloso Menetio, al versátil y astuto Prometeo, y al imprudente Epimeteo, que fue, desde que nació, una calamidad para los hombres laborioses, por haber admitido por mujer a una doncella creada según los designios de Zeus. Al insolente Menetio, el lúcido Zeus hirióle con el encendido rayo y arrojóle en el Erebo, castigando su maldad y su presuntuoso valor. En cuanto a Atlante, obligado por la necesidad, sostiene infatigablemente con la cabeza y con los brazos el anchuroso cielo, en los confines de la Tierra y frente a las Hespérides de sonora voz. Tal es el destino que le impuso Zeus. Y al astuto Prometeo el dios lo ató al centro de una columna con penosos e indisolubles lazos, y le envió un águila de anchas alas que le royera el hígado inmortal, recreciendo por la noche la parte del hígado que el ave aliabierta devorara en todo el día. Pero Heracles, el fornido hijo de Alcmena, la de lindos pies, abatió al águila y libertó al Japetiónida de tan grave castigo, arrancándolo así de las torturas. Lo hizo no sin que Zeus Olímpico, que reina en las alturas, lo consintiese para que la gloria de Heracles, nacido en Tebas, se acrecentara. Con ese fin honró Zeus a su ilustre hijo, y aunque lleno de cólera, depuso la ira que antes sintiese contra Prometeo, quien había rivalizado en astucia con el prepotente Cronión.

Era en la época en que se ventilaba una querella entre los dioses y los hombres, en Mecona. Prometeo, queriendo engañar a Zeus, les presentó a todos con astuta idea un enorme buey dividido en dos partes: en una de ellas había colocado, dentro de la piel, la carne y los intestinos con la lustrosa manteca, cubierto todo el vientre del propio animal; y en la otra parte estaba, dispuestos hábilmente y con dolosa arte, los blancos huesos ocultos por una porción de luciente grasa. Ante lo cual, el padre de los hombres y de los dioses, dijo: "¡Oh hijo de Japeto, el más ilustre de todos! ¡Con qué desigualdad has hecho, amigo, las partes!"

Así, irónico, habló Zeus, el conocedor de los decretos eternales. Y el taimado Prometeo le respondió con dulce sonrisa, sin olvidar la treta ideada:

"¡Zeus gloriosísimo, el más poderoso de los sempiternos dioses! Escoge, pues, de esas dos partes la que te aconseja el corazón que tienes en el pecho!"

Así dijo, con la más perversa intención. Zeus, el conocedor de los decretos eternales, advirtió y no dejó de adivinar el engaño (1), en su interior maquinaba funestos designios contra los mortales hombres, que luego habían de convertirse en realidad. Entonces quitó con ambas manos la blanca grasa, y su corazón se irritó y la cólera llegó a su alma, al descubrir los albos huesos del buey colocados con arte engañador. Por eso en la Tierra y desde entonces, los hijos de los hombres queman los huesos desnudos de las víctimas sobre altares perfumados. Poseído de gran indignación, amontonó las nubes, exclamando: "¡Ah Japetiónida, que a todos superas en el consejo! ¡Oh amigo, bien veo que no has olvidado el arte pérfido de fingir!"

Estas fueron las palabras que, irritado por la cólera, pronunció Zeus, el conocedor de los decretos eternales; y en lo sucesivo, acordándose siempre del engaño, dejó de proporcionar la fuerza del incansable fuego a los infelices mortales que habitan la Tierra. Mas el noble hijo de Japeto supo burlarle, y le robó la llama del fuego inextinguible, visible a larga distancia, en hueca férula. Con ello irritó más al altisonante Zeus, que pronto vio el resplandor de la llama flamear entre los mortales. Y en seguida trocó por otra plaga contra los hombres la privación del fuego. Siguiendo su consejo, el perínclito Cojo de ambos pies modeló con barro la figura de una púdica doncella: y Atenea, la diosa de los ojos brillantes, atavióla con blanco vestido, púsole un ceñidor y con un tenue velo bordado cubrióle la frente, que era maravilla para los ojos. Después rodeó su cabeza con una diadema de oro, forjada por las propias manos del ilustre Cojo de ambos pies, para complacer los mandatos del padre Zeus. En aquella corona veíase buen número de artísticas figuras de cuantos animales crían el continente y el mar, pues fueron muchas las que Hefestos grabó de modo tan maravilloso, que parecían dotadas de voz y una gracia singular las esmaltaba.

En cuanto el dios hubo hecho, en vez de una obra útil, esta hermosa calamidad, llevóla adonde estaban reunidos los dioses y los hombres. La doncella apareció ufana de los adornos con que la había engalanado la de los brillantes ojos, la hija del prepotente padre. Y puso en admiración a los dioses como a los mortales hombres, la vista del excelso y engañoso artificio contra el cual nada habían de poder los humanos. De ella procede el sexo femenino; en ella tuvo origen el linaje funesto, el conjunto de todas las mujeres, ¡calamidad grandísima!, las cuales viven con los mortales hombres y por nada admiten la pobreza dañosa, y sí tan sólo la abundancia de bienes. Porque así como en las cerradas colmenas las abejas crían zánganos, causantes de malas obras, y mientras aquéllas pasan el día hasta la puesta del sol moviéndose presurosas para formar las blancos y dulces panales, los otros permanecen en el interior y llenan su vientre con el trabajo ajeno; así también Zeus altisonante produjo para los hombres una calamidad, las mujeres, autoras de angustiosas acciones, proporcionándoles, en vez de un bien, este otro mal. Quien rechaza, rehúye la boda y el penoso trato con las mujeres, los cuidados que pueden darle éstas, cuando le llega la vejez maldita no encuentra apoyo en los últimos días; y, aunque no le haya faltado el pan para vivir, llegada la muerte, son los colaterales los que se reparten sus bienes. En cambio, aquel a quien la suerte le llevó al matrimonio y tiene una mujer casta e inteligente, ve que en su vida luchan de continuo el bien y el mal; y si, lejos de eso, tropezó con una mujer de raza perversa, vive con el ánimo y el corazón siempre angustiados, siendo los males que padece incurables.

No es posible, en efecto, burlar la mente de Zeus, ni substraerse a sus designios. Ni siquiera el Japetiónida, el benéfico Prometeo, consiguió librarse de la vehemente cólera de Zeus. No obstante su mucho saber, quedó necesariamente sujeto por fuerte vínculo (2).



Notas

(1) Ello no le impide indignarse, cuando el engaño será puesto al descubierto. No existe, pues, contradicción alguna que pueda hacer sospechoso el texto.

(2) No debe sorprendernos la contradicción manifiesta de lo que se dice aquí en relación a la libertad de Prometeo. Un hecho religioso está al margen del tiempo y, por lo tanto, igual puede considerarse en él que fuera de él. Prometeo ha sido perdonado; pero para el devoto de Zeus, que no deja de pensar en la venganza inevitable de su dios, Prometeo continúa indefinidamente encadenado. Cristo resucita y vuelve al cielo, mas para el espíritu religioso sigue eternamente clavado a la cruz.

Hesíodo, La Teogonía, [Trad. María Josefa Lecluyse y Enrique Palau], Barcelona, 1964

ISAíAS 58

No hay comentarios. :
Porque ustedes, el mismo día
en que ayunan,
se ocupan de negocios y maltratan
a su servidumbre.
Ayunan para entregarse a pleitos
y querellas
y para golpear perversamente con el puño.
No ayunen como en esos días,
si quieren hacer oír su voz en las alturas.
¿Es este acaso el ayuno que yo amo,
el día en que el hombre
se aflige a sí mismo?
Doblar la cabeza como un junco,
tenderse sobre el cilicio y la ceniza;
¿a eso lo llamas ayuno
y día aceptable al Señor?

Este es el ayuno que yo amo
-oráculo del Señor-:
soltar las cadenas injustas,
desatar los lazos del yugo,
dejar en libertad a los oprimidos
y romper todos los yugos;
compartir tu pan con el hambriento
y albergar a los pobres sin techo;
cubrir al que veas desnudo
y no despreocuparte de tu propia carne.
Entonces despuntará tu luz
como la aurora
y tu llaga no tardará en cicatrizar...

1 SAMUEL 3

No hay comentarios. :


Jehová llama a Samuel


3:1 El joven Samuel ministraba a Jehová en presencia de Elí; y la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia.
3:2 Y aconteció un día, que estando Elí acostado en su aposento, cuando sus ojos comenzaban a oscurecerse de modo que no podía ver,
3:3 Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde estaba el arca de Dios; y antes que la lámpara de Dios fuese apagada,
3:4 Jehová llamó a Samuel; y él respondió: Heme aquí.
3:5 Y corriendo luego a Elí, dijo: Heme aquí, ¿Para qué me llamaste? Y Elí le dijo: Yo no he llamado; vuelve y acuéstate. Y él se volvió y se acostó.
3:6 Y Jehová volvió a llamar otra vez a Samuel. Y levantándose Samuel, vino a Elí y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Y él dijo: Hijo mío, yo no he llamado; vuelve y acuéstate.
3:7 Y Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada.
3:8 Jehová, pues, llamó la tercera vez a Samuel. Y él se levantó y vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Entonces entendió Elí que Jehová llamaba al joven.
3:9 Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en su lugar.
3:10 Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye.
3:11 Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos.
3:12 Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin.
3:13 Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado.
3:14 Por tanto, yo he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas.
3:15 Y Samuel estuvo acostado hasta la mañana, y abrió las puertas de la casa de Jehová. Y Samuel temía descubrir la visión a Elí.
3:16 Llamando, pues, Elí a Samuel, le dijo: Hijo mío, Samuel. Y él respondió: Heme aquí.
3:17 Y Elí dijo: ¿Qué es la palabra que te habló? Te ruego que no me la encubras; así te haga Dios y aun te añada, si me encubrieres palabra de todo lo que habló contigo.
3:18 Y Samuel se lo manifestó todo, sin encubrirle nada. Entonces él dijo: Jehová es; haga lo que bien le pareciere.
3:19 Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras.
3:20 Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová.
3:21 Y Jehová volvió a aparecer en Silo; porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo por la palabra de Jehová.

Zhuang zi , libro II capítulo 3

No hay comentarios. :
El hombre se conforma a lo prefijado por su mente
y lo toma por maestro.
¿Quién es el hombre extraordinario que se priva de ello?
¿O sólo el hombre que penetra la alternancia de las cosas
lo toma por maestro?
Así también el necio,
cuando admite que afirmación y negación
preceden a lo fijado por su mente.
Tan ilógico como partir hoy para Yue y llegar ayer,
o afirmar que es visible lo invisible.
Y aunque ello fuera cierto,
si ni siquiera Yu el divino podría entender ese misterio,
¡cómo iba a entenderlo yo!

La palabra no está hecha sólo de aire,
la palabra tiene un decir,
pero lo que dice no es nunca fijo.
¿En verdad existen las palabras?
¿En verdad se diferencian del piar de los pájaros?
¿Quién ha ensombrecido el Tao,
distinguiendo la verdad de la mentira?
¿Quién ha confundido a las palabras
distinguiendo afirmación de negación?
¿Dónde se encuentra el Tao ausente?
¿Dónde las palabras imposibles?
Tras los mínimos acontecimientos
el Tao se esconde.
Tras su máximo esplendor
las palabras se ocultan.
Así, confucianos y moístas
niegan y afirman,
afirmando lo negado,
negando lo afirmado.
Pero si deseas la afirmación negada,
la negación afirmada,
nada puede compararse a la Iluminación.
En las cosas mismas existe el esto
y el aquello.
Si partimos del aquello
no entenderemos nada.
Si partimos del esto
lo alcanzaremos todo.
Escrito está:
aquello surge de esto,
esto depende de aquello.
El esto y el aquello
unidos nacen.
Lo que ya es vida ya es muerte.
Lo que ya es muerte ya es vida.
Lo que ya es posible es imposible.
Lo que ya es imposible ya es posible.
Porque lo que se puede afirmar,
se puede negar.
Porque lo que se puede negar,
se puede afirmar.
El Santo no va por este camino.
Él ilumina las cosas con la luz del cielo.
y todo lo aprueba, toda circunstancia.

Esto y aquello se sustituyen uno al otro.
En el esto se reúnen un sí y un no.
En el aquello se reúnen un sí y un no.
¿Es que hay en verdad un esto y un aquello?
¿Es que no hay en verdad un esto y un aquello?
El punto en donde esto y aquello
neutralizan su oposición
es el núcleo del Tao:
el centro de un círculo que irradia
infinitas respuestas.
Infinito es el sí.
Infinito es el no.
Escrito está:
nada es comparable a la Iluminación.

Zhuang Zi, libro II capítulo 3

Salmo 42

No hay comentarios. :
Como la cierva sedienta
busca las corrientes de agua,
así mi alma suspira
por ti, mi Dios.

Mi alma tiene sed de Dios,
del Dios viviente:
¿Cuándo iré a contemplar
el rostro de Dios?

Las lágrimas son mi único pan
de día y de noche,
mientras me preguntan sin cesar:
"¿Dónde está tu Dios"?

Al recordar el pasado,
me dejo llevar por la nostalgia:
¡cómo iba en medio de la multitud
y la guiaba hacia la Casa de Dios,
entre cantos de alegría y alabanza
en el júbilo de la fiesta!

¿Por qué te deprimes, alma mía?
¿Por qué te inquietas?
Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias,
a él, que es mi salvación y mi Dios.

Mi alma está deprimida:
Por eso me acuerdo de ti,
desde la tierra del Jordán y el Hermón,
desde el monte Misar.

Un abismo llama a otro abismo,
con el estruendo de tus cataratas;
tus torrentes y tus olas
pasaron sobre mí.

De día, el Señor me dará su gracia;
y de noche, cantaré mi alabanza
al Dios de mi vida.

Diré a mi Dios:
"Mi Roca ¿por qué me has olvidado?
¿Por qué tendré que estar tan triste,
oprimido por mi enemigo?"

Mis huesos se quebrantan
por la burla de mis adversarios;
mientras me preguntan sin cesar:
"¿Dónde está tu Dios?"

¿Por qué te deprimes alma mía?
¿Por qué te inquietas?
Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias,
a él, que es mi salvador y mi Dios.


Trad.: Armando Levoratti y Alfredo B. Trusso
Edición revisada 1991

Isaías 11: 6-9

No hay comentarios. :
El lobo habitará con el cordero
y el leopardo se recostará junto al cordero
el ternero y el cachorro de león
pacerán juntos,
y un niño pequeño los conducirá;
la vaca y la osa vivirán en compañía,
sus crías se recostarán juntas,
y el león comerá paja lo mismo que el buey.
El niño de pecho jugará
sobre el agujero de la cobra,
y en la cueva de la víbora
meterá la mano el niño apenas destetado.
No se hará daño ni estragos
en toda mi Montaña santa,
porque el conocimiento del Señor
llenará la tierra
como las aguas cubren el mar.

ISAÍAS 30:20-21

No hay comentarios. :


Cuando el Señor les haya dado el pan de la angustia y el agua de la aflicción, aquel que te instruye no se ocultará más, sino que verás a tu maestro con tus propios ojos. Tus oídos escucharán detrás de ti una palabra: "Este es el camino, síganlo, aunque se hayan desviado a la derecha o a la izquierda".

Zhuang Zi, XVII-2

No hay comentarios. :
Tras haber cincelado y esculpido,
vuelvo a la materia bruta.

ISAÍAS GARDE, textos en transición

Hakuin - Zazen Wasan

No hay comentarios. :
Todos los seres son desde el principio Budas.
Es como el agua y el hielo;
sin agua no puede haber hielo.
No hay Budas si no es en los seres vivientes.
Al no saber que está aquí cerca, lo buscamos lejos. ¡Qué lástima!

Es como el que llora de sed estando en el agua;
es como el hijo de una casa noble extraviado entre los pobres.
La causa de nuestro deambular a través de los seis mundos
es que estamos perdidos en los oscuros caminos de la ignorancia;
y nos extraviamos cada vez más en la oscuridad.
¿Cuándo escaparemos de nacimiento y muerte?

La meditación Zen del Mahayana
excede toda alabanza.
La generosidad, la moralidad y las demás perfecciones;
invocar el nombre de Buda, el arrepentimiento, la disciplina,
y muchas otras correctas acciones;
se reencuentran todas en la práctica de la meditación.

Por el mérito de una sola sentada/meditación
él destruye sus inumerables pecados acumulados.
¿Cómo puede haber un falsos caminoa para él?
El paraíso de la Tierra Pura no está muy lejos.
Cuando, reverenciándola, esta verdad es escuchada aunque sea una sola vez,
el que la alaba y felizmente la acoge, obtiene infinitos méritos.
Entonces ¿cuántos más méritos obtendrá él que empieza a dirigirse hacia su propio interior
y confirma directamente su propia naturaleza -ésa naturaleza que es la no-naturaleza? –



Ése ha trascendido las vanas palabras.
La puerta se abre, y causa y efecto son uno.
El camino discurre en línea recta; no hay dos, ni tres.
Tomando como forma la forma de la no-forma,
yendo o viniendo él siempre está en casa.

Tomando como pensamiento el pensamiento del no-pensamiento,
cantando y danzando, todo es la voz de la Verdad.
Inmenso es el cielo del ilimitado Samadhi;
radiante la luna llena de la cuádruple sabiduría.
¿Qué queda para ser buscado? El Nirvana está clararamente ante él.
Aquí mismo es el paraíso del Loto,
Este cuerpo mismo es el cuerpo del Buda.

ISAÍAS GARDE, textos en transición

Zacarías, 4:6 b

No hay comentarios. :
Esta es la palabra del Señor acerca de Zorobabel: ¡No por el poder ni por la fuerza, sino por mi espíritu...! -dice el Señor de los Ejércitos-.

Oseas 9:14

No hay comentarios. :
Dales, Señor.
¿Qué les has de dar?
Dales matriz abortadora
y pechos secos.

Isaías 5:1-7 y 27: 2-5

No hay comentarios. :
Cantaré sobre mi Amigo
La canción de este amor por su viña:
Mi amigo tuvo una viña
Sobre una colina muy fértil.
La cavó, la despedregó,
Y la plantó con la vid más escogida;
Construyó una torre en medio de ella,
Ylabró un lagar en ella;
Esperó que diese uvas,
Mas produjo agrazones.
Y ahora, oh habitantes de Jerusalem y hombres de Judá,
Juzgad, os ruego, entre Yo y Mi viña.
¿Qué más había de hacer a Mi viña
Que aún no haya hecho?
¿Por qué cuando esperé que diese uvas
Sólo dio agraces?
Ahora os diré
Lo que haré con Mi viña.
Quitaré su seto vivo
Y será devorada;
Derribaré su muro
Y será hollada.
La desolaré;
No será podada ni cavada,
Hará crecer cardos y espinas;
También mandaré a las nubes
Que no hagan llover lluvia sobre ella.
Pues la viña del Señor de los ejércitos
Es la casa de Israel,
Y los hombres de Judá
Son la planta de Su deleite.
Esperaba equidad,
Mas he aquí, hay violencia,
Rectitud,
Y hay atropello.


Isaías 5: 1-7



... Una viña deleitable ¡cantadle!
Yo, el Señor, soy su guardián;
En todo momento la riego
Para que nadie la dañe,
La guardo noche y día;
No tengo ira.
¡Si tuviera cardos y espinas en batalla!
Marcharía contra ellos
Los quemaría juntos.
O dejadle echar mano de Mi fortaleza.
Dejadle hacer paz conMigo.
Dejadle hacer paz conMigo.


Isaías 27: 2-5

Amós: 3:4-8

No hay comentarios. :
El león ha rugido. ¿Quién no temerá.
El Señor ha hablado. ¿Quién no profetizará?

Los capítulos interiores de Zhuang Zi: Libro VII, seis

No hay comentarios. :
Seis

No seas el depositario de un nombre.
No seas el guardián de tus proyectos.
No te hagas cargo de nada.
No seas detentor de la sabiduría.
Realízate en lo ilimitado,
camina por senderos sin huellas.
Acepta enteramente el don del Cielo,
sin presumir de haberlo obtenido.
Sé tú el vacío: eso es todo y basta.
El Hombre Supremo usa el corazón corno un espejo:
a nadie echa, a nadie acoge,
refleja sin quedarse con nada.
Por eso conquista a los seres
sin sufrir daño alguno.

El emperador del Mar del Sur se llamaba Súbito.
El emperador del Mar del Norte se llamaba Furia.
Y el emperador del Centro se llamaba Caos.
Súbito y Furia se reunían a veces en el reino de Caos.
Éste les trataba tan bondadosamente
que Súbito y Furia decidieron recompensarle
y se dijeron:
«Todos los hombres tienen siete orificios
para ver, escuchar, comer y respirar.
Sólo él no tiene ninguno.
¡Vamos a hacérselos nosotros!».
Le abrieron un orificio cada día:
Pero al séptimo Caos murió.


Pilar González España y Jean Claude Pastor-Ferrer
Editorial Trotta,S.A., 1998

Job, 38

No hay comentarios. :
1 Yahveh respondió a Job desde el seno de la tempestad y dijo:
2 ¿Quién es éste que empaña el Consejo con razones sin sentido?
3 Ciñe tus lomos como un bravo: voy a interrogarte, y tú me instruirás.
4 Dónde estabas tú cuando fundaba yo la tierra?Indícalo, si sabes la verdad.
5 ¿Quién fijó sus medidas? ¿lo sabrías? ¿quién tiró el cordel sobre ella?
6 ¿Sobre qué se afirmaron sus bases? ¿quién asentó su piedra angular,
7 entre el clamor a coro de las estrellas del alba y las aclamaciones de todos los Hijos de Dios?
8 ¿Quién encerró el mar con doble puerta, cuando del seno materno salía borbotando;
9 cuando le puse una nube por vestido y del nubarrón hice sus pañales;
10 cuando le tracé sus linderos y coloqué puertas y cerrojos?
11 "¡Llegarás hasta aquí, no más allá - le dije -, aquí se romperá el orgullo de tus olas!"
12 ¿Has mandado, una vez en tu vida, a la mañana, has asignado a la aurora su lugar,
13 para que agarre a la tierra por los bordes y de ella sacuda a los malvados?
14 Ella se trueca en arcilla de sello, se tiñe lo mismo que un vestido.
15 Se quita entonces su luz a los malvados, y queda roto el brazo que se alzaba.
16 ¿Has penetrado hasta las fuentes del mar? ¿has circulado por el fondo del Abismo?
17 ¿Se te han mostrado las puertas de la Muerte? ¿has visto las puertas del país de la Sombra?
18 ¿Has calculado las anchuras de la tierra?Cuenta, si es que sabes, todo esto.
19 ¿Por dónde se va a la morada de la luz? y las tinieblas, ¿dónde tienen su sitio?,
20 para que puedas llevarlas a su término, guiarlas por los senderos de su casa.
21 Si lo sabes, ¡es que ya habías nacido entonces, y bien larga es la cuenta de tus días!
22 ¿Has llegado a los depósitos de nieve? ¿Has visto las reservas de granizo,
23 que yo guardo para el tiempo de angustia, para el día de batalla y de combate?
24 ¿Por qué camino se reparte la luz, o se despliega el solano por la tierra?
25 ¿Quién abre un canal al aguacero, a los giros de los truenos un camino,
26 para llover sobre tierra sin hombre, sobre el desierto donde no hay un alma,
27 para abrevar a las soledades desoladas y hacer brotar en la estepa hierba verde?
28 ¿Tiene padre la lluvia? ¿quién engendra las gotas de rocío?
29 ¿De qué seno sale el hielo? ¿quién da a luz la escarcha del cielo,
30 cuando las aguas se aglutinan como piedra y se congela la superficie del abismo?
31 ¿Puedes tú anudar los lazos de las Pléyades o desatar las cuerdas de Orión?
32 ¿Haces salir la Corona a su tiempo? ¿conduces a la Osa con sus crías?
33 ¿Conoces las leyes de los Cielos? ¿aplicas su fuero en la tierra?
34 ¿Levantas tu voz hasta las nubes?, la masa de las aguas, ¿te obedece?

35 A tu orden, ¿los relámpagos parten, diciéndote: "Aquí estamos"?
36 ¿Quién puso en el ibis la sabiduría? ¿quién dio al gallo inteligencia?
37 ¿Quién tiene pericia para contar las nubes? ¿quién inclina los odres de los cielos,
38 cuando se aglutina el polvo en una masa y los terrones se pegan entre sí?
39 ¿Cazas tú acaso la presa a la leona? ¿calmas el hambre de los leoncillos,
40 cuando en sus guaridas están acurrucados, o en los matorrales al acecho?
41 ¿Quién prepara su provisión al cuervo, cuando sus crías gritan hacia Dios, cuando se estiran faltos de comida?

Zhuang Zi libro II

No hay comentarios. :


IDENTIDAD DE LAS COSAS



II

El gran Saber todo lo abarca
El pequeño todo lo divide.
Las grandes palabras son fuego.
Las pequeñas, balbuceos inútiles.
Durante el sueño,
las almas de los hombres
se funden, se entremezclan.
En la vigilia,
los cuerpos se despiertan y se animan.
En el contacto con las cosas,
el corazón del hombre se enreda y lucha:
prudencia, astucia, calma.
Los pequeños miedos le inquietan.
Los grandes le paralizan.
Rápido como una flecha
se lanza a distinguir la verdad de la mentira.
Obstinado como el que ciegamente jura
y se aferra a la victoria.
Igual que en otoño e invierno,
se apagan los días del hombre.
En el mar de sus actos, ya hundido,
nada puede hacerle emerger.
Su corazón lacrado se marchita,
Así llega a la vejez,
hacia la muerte.
Su luz ya no renace.
Alegría, cólera,
tristeza, placer,
lamento, inquietud,
inconstancia, perseverancia,
descuido, ligereza,
insolencia, afectación.
Música que brota del silencio.
Hongos que nacen de la humedad.
Los días se alternan con las noches;
nadie sabe el cómo ni el porqué.
¡Basta, basta!
¿Acaso podemos conocer
el origen de todo lo que cabe
entre un día y una noche?

Sin lo otro, no hay yo.
Sin el yo, nada se manifiesta.
Sí, cerca estamos del origen,
pero desconocemos Aquello
que todo lo hace y lo comienza.
Quizás haya un Dueño verdadero:
ninguna traza hay de su existencia.
Real, pero invisible.
Creemos en sus actos
aunque no vemos su figura.

De los cien huesos de que un cuerpo se compone,
de los nueve orificios,
de las seis vísceras,
¿cuál es el más amado?
¿Se les ama a todos por igual?
¿Hay alguna preferencia?
¿Son todos ellos súbditos?
¿Son todos ellos amos?
¿O se alternan en su poder
como servidor y soberano?
¿Hay entre ellos un Dueño verdadero?
Aunque lo hubiera,
nuestra ignorancia de él,
nuestro conocimiento de él,
no afectarían en nada a su auténtica Verdad.

Cuando una forma nos ha sido dada,
persiste hasta que la vida se agota.
Nos cortamos con el filo de las cosas.
Nos evitamos mutuamente.
Veloces como caballos galopando.
Incontenibles. ¿No es una lástima?
Esforzarse sin ver el fruto del trabajo.
Agotarse y no saber a dónde regresar.
¿No es triste? Ser inmortales ¿para qué?
El cuerpo se corrompe,
así tarnbién el espíritu.
¿Podemos negar ese inmenso dolor?
¿La vida del hombre es tan absurda?
¿O es que soy el único que lo piensa,
yo, el más absurdo de entre todos?

Los Capítulos Interiores de Zhuang Zi
Pilar González España y Jean Claude Pastor-Ferrer
Editorial Trotta,S.A., 1998

Zhuang Zi libro VI

No hay comentarios. :
II

Vida y muerte sucediéndose:
el Decreto.
Noche y día, inmutables, sucediéndose:
el Cielo.
Para el hombre, inaccesible:
esencia de los seres y las cosas.
Si hay hombres que aman al Cielo como a un padre,
¡cuánto más amarían Aquello que se eleva sobre el Cielo!
Si hay hombres que, amando a su señor más que a sí mismos,
son capaces de sacrificarse por él,
¡cuánto más lo harían por la Única Verdad!

Cuando se seca un manantial,
los peces agonizan en el fondo,
por eso se alientan entre ellos,
con sus babas se humedecen mutuamente;
mejor les fuera ignorarse los unos a los otros,
liberándose en los lagos y en los ríos.
Antes que elogiar a Yao o condenar a Jie,
mejor olvidarse de ambos y fundirse en el Tao.

La Tierra me ha dado mi cuerpo,
me ha dado la labor de mi vida,
el ocio de la vejez y el descanso de mi muerte.
Lo que me impulsa a amar la vida
me impulsa a amar la muerte.

Esa barca escondida en un barranco,
esa red escondida en un pantano,
se creen seguras allí.
Pero si en medio de la noche
alguien fuerte se las lleva y las carga a sus espaldas,
no se enterará siquiera ni el que allí las dejó.
Lo pequeño escondido en lo grande:
tiene su lugar aunque puede perderse.
Mundo escondido en el mundo:
nada se puede perder.
Así es la realidad fundamental de lo inmutable.
El hombre se alegra tan sólo con su forma de hombre;
pero si esa forma sufre continua, indefinidamente
Diez Mil Transformaciones,
¿acabará alguna vez de contar sus alegrías?
Así el Santo se recrea entre los seres y las cosas
que no pueden perderse,
y con ellos siempre permanece.
Muerte prematura, vejez,
origen y fin
le procuran el mismo contento.
Y si el hombre gusta de imitar al Santo,
¡cuánto más debería imitar
Aquello que une a los Diez Mil Seres,
Aquello de lo que dependen todas las transformaciones!


Los Capítulos Interiores de Zhuang Zi

Pilar González España y Jean Claude Pastor-Ferrer
Editorial Trotta,S.A., 1998

Tao Tê Ching , capitulo 16

No hay comentarios. :
Conserva como meta el vacío absoluto;
Permanece en estado de perfecta paz.
Todas las cosas entran en la existencia,
Y desde allí las vemos regresar,
Contempla las cosas que florecen;
Cada una vuelve a su origen.
Regresar al origen se llama paz;
Es la regresión al destino.
El regreso al destino se llama eternidad.
El que conoce la eternidad se llama iluminado.
El que desconoce la eternidad está abocado a la miseria.
Conociendo la eternidad, lo abarca todo.
El que todo lo abarca es grandioso
Siendo grandioso, es omnipresente.
Si es omnipresente, es supremo.
Aquel que alcanza el Tao es inmortal.
Aunque su cuerpo cese, nunca es destruido.


Extraído del Tao Tê Ching de las Ediciones Morata
Traducido al Inglés por Ch'u Ta-Kao
Versión española por Caridad Diaz Faes


Eppur si muove (Galileo Galilei)

No hay comentarios. :




Yo, Galileo Galilei, hijo del difunto florentino Vincenzo Galilei, de setenta años de edad, compareciendo personalmente en el juicio y arrodillado ante Vosotros, Eminentísimos y Reverendísimos Cardenales, Inquisidores generales contra la perversidad herética en toda la República Cristiana, teniendo ante mis ojos los Sacrosantos Evangelios que toco con mis propias manos, juro que siempre he creído, creo ahora y con la ayuda de Dios creeré en el futuro, todo aquello que considera, predica y enseña la Santa, Católica y Apostólica Iglesia. Mas como por este Santo Oficio, tras haber sido jurídicamente intimado mediante precepto a que de cualquier modo debía abandonar totalmente la falsa opinión de que el Sol es el centro del Universo y que no se mueve, y que la Tierra no es el centro del Universo y que se mueve, y que no podía sostener, defender ni enseñar en modo alguno, ni de palabra ni por escrito, la mencionada falsa doctrina, y después de haberme sido notificado que la citada doctrina es contraria a las Sagradas Escrituras, por haber yo escrito y publicado un libro en el cual trato de dicha doctrina y aporto razones muy eficaces en favor suyo sin aportar solución alguna, he sido juzgado vehementemente como sospechoso de herejía, esto es, de haber creído y sostenido que el Sol es el centro del Universo y que es inmóvil, y que la Tierra no es el centro y que se mueve. Por ello, queriendo apartar de la mente de Vuestras Eminencias y de todo fiel cristiano esta vehemente sospecha, justamente concebida a propósito mío, con sinceridad de corazón y no fingida fe abjuro, maldigo y aborrezco los mencionados errores y herejías, y en general cualquier otro error, herejía o secta contraria a la Santa Iglesia; y juro que en el futuro no oiré nunca más ni afirmaré, por escrito o de palabra, cosas por las cuales pueda ser objeto de semejantes sospechas; y si conociera algún hereje o alguno que fuera sospechoso de herejía lo denunciaré a este Santo Oficio, o ante el Inquisidor u Ordinario del lugar donde me halle.

Juro también y prometo cumplir y observar enteramente todas las penitencias que me han sido o me serán impuestas por este Santo Oficio, y si contravengo alguna de estas promesas y juramentos, cosa que no quiera Dios, me someto a todas las penas y castigos que los sagrados cánones y otras constituciones generales y particulares imponen y promulgan contra semejantes delitos. Que Dios me ayude, y estos sus Santos Evangelios que toco con mis propias manos.

Yo, Galileo Galilei, he abjurado, jurado, prometido y me he obligado del modo que figura más arriba. En testimonio de la verdad he escrito la presente cédula de abjuración y la he recitado palabra por palabra en Roma, en el convento de Minerva, este 22 de junio de 1633.

Yo, Galileo Galilei, he abjurado y firmado con mi puño y letra.


Galileo Galilei (1564-1642)

Versión original en italiano en Zoopat



Libro tibetano de los muertos. Segundo bardo

No hay comentarios. :
Recuerda:
Ahora vas a experimentar tres Bardos.
Tres estados de la pérdida del yo.
Primero aparece la clara luz de la realidad.
Vienen fuego los juegos de alucinaciones fantásticamente variados.
Más adelante encontrarás el estado de reentrada.
De volver a tener un yo.
Oh, amigo.
Puede ser que tu experiencia sea de trascendencia del yo, la salida de tu antiguo propio yo.
Pero tú no eres el único.
A todos les llega alguna vez.
Eres afortunado al tener gratuitamente esta experiencia de renacimiento que se te ofrece.
No te apegues con esa debilidad a tu viejo Yo.
Incluso si te apegas a tu mente, ya has perdido el poder de mantenerla.
Por la lucha no podrás conseguir nada en este mundo alucinatorio.
No te apegues.
No seas débil.
Cualquiera que sea el miedo o terror que te embargue
No olvides estas palabras.
Introduce su significado en tu corazón.
Sigue adelante.
Aquí mismo está el secreto vital del conocimiento.


Recuerda, oh amigo:

Cuando el cuerpo y la mente se separan, experimentas una rápida visión de la verdad pura, sutil, radiante, brillante.
Vibrante, gloriosa.
No temas.
Esta es la radiación de tu verdadera naturaleza.
Reconócelo.
Desde la niebla de esta radiación viene el sonido natural de la realidad.
Reverberando igual que mil truenos simultáneos.
Este es el sonido natural del proceso de tu vida.
Por tanto no te asustes.
No te aterrorices.
No tengas miedo.
Para ti es suficiente saber que estas apariciones son
las formas de tu propio pensamiento.
Si no reconoces tus propias formas de pensamiento.
Si olvidas tu preparación.
Las luces te deslumbrarán.
Los sonidos te atemorizarán.
Los rayos te aterrorizarán
La gente a tu alrededor te confundirá
Recuerda la llave de las enseñanzas
Oh, amigo.
Estos reinos no vienen de algún lugar exterior a tu ego.
Vienen de tu interior y brillan sobre ti.
Tampoco las revelaciones vienen de ningún otro lugar.
Existen desde la eternidad dentro de las facultades tu propio intelecto.
Reconoce que son de esta naturaleza.
La llave de la iluminación y de la serenidad durante
el período de diez mil visiones es simplemente ése:
Descanso, relax.
Únete a él.
Acepta encarecidamente las maravillas de tu creatividad.
No te apegues ni estés asustado.
Ni atraído ni repelido.
Sobre todo, no hagas nada sobre las visiones.
Existen solamente dentro de ti.


La fuente
(Ojos cerrados, estímulos externos ignorados)


Oh, bien nacido, escucha con cuidado:
La energía radiante del origen,
semilla de la que vienen todas las formas vivientes brota hacia afuera y golpea contra ti con una luz tan brillante que tú apenas podrás mirar.
No te asustes.
Esta es la Energía del Origen que ha estado radiando billones de años.
Siempre manifestándose en otras formas.
Acéptala.
No intentes intelectualizarla.
No juegues con ella.
Fúndete con ella.
Déjala fluir a través de ti.
Piérdete con ella.
Fúndete en el Halo de Luz de arco Iris.
En el corazón de la lanza de la energía.
Obtén el dominio de Buda en el reino central.


Traducción de la versión inglesa de Timothy Leary (1920-1996)

Patricia Damiano, entexto

Deuteronomio

No hay comentarios. :


Este mandamiento que hoy te prescribo no es superior a tus fuerzas ni está fuera de tu alcance. No está en el cielo, para que digas: "¿Quién subirá por nosotros al cielo y lo traerá hasta aquí, de manera que podamos escucharlo y ponerlo en práctica?". Ni tampoco está más allá del mar, para que digas: "¿Quién cruzará por nosotros a la otra orilla y lo traerá hasta aquí, de manera que podamos escucharlo y ponerlo en práctica?". No, la palabra está muy cerca de tí, en tu boca y en tu corazón, para que la practiques.

ISAÍAS GARDE, textos en transición

Libro tibetano de los muertos. Primer bardo

1 comentario :
Las alucinaciones que puedes experimentar ahora, las visiones e introspecciones te enseñarán mucho sobre ti mismo y el mundo.
El velo de la rutinaria percepción será cambiado en tus ojos.
Recuerda la unidad de todas las cosas vivientes.
Recuerda la gloria de la luz clara.
Déjate guiar a través de tu nueva vida que viene.
Déjate guiar a través de las visiones de esta experiencia.
Si te sientes confuso, invoca la memoria de tus amigos y de tus maestros.
Trata de alcanzar y conservar la experiencia de la luz clara.


La luz es la energía vital.
La llama sin fin de la vida.
Un ondulante y siempre cambiante torbellino de color puede apoderarse de tu visión.
Esta es la incesante transformación de la energía.
El proceso vital.
No temas.
Entrégate a él.
Únete.
Forma parte de ti.
Tú eres parte de él.



Más allá de la continua y fluyente electricidad de la vida es la última realidad.
El Vacío.
Tu propio saber, formado en la no-posesión de forma o color, es naturalmente vacío..
La realidad final.
El Todo bondad.
El Todo paz.
La Luz.
Resplandeciente.
El movimiento es el fuego de vida desde el cual todo viene.
Únete.
Forma parte de ti.
Más allá de la luz de la vida es el pacífico silencio del Vacío.
La quieta felicidad más allá de todas las transformaciones.
La sonrisa de Buda.
El Vacío no es la nada.
lnobstruido, brillando, conmoviendo, feliz.
El vacío es principio y final él mismo.
Consciencia de diamante.
El Todo Bondad Buda.
Tu propia consciencia, brillando, vacía e inseparable
No-pensamiento, no-visión, no-color, es vacío
El intelecto brillando y lleno de felicidad y silencioso. Este es el estado de perfecta iluminación.
Tu propia consciencia, brillando, vacía el inseparable del gran cuerpo resplandeciente,
no tiene nacimiento, ni muerte.
Es la inmutable luz que los tibetanos llaman Buda Amitabha.
El saber de la no-forma comenzando.
Conocido esto es suficiente.
Reconocer el vacío de tu propia consciencia para ser dominio de Buda
Permanece en este reconocimiento y tú mantendrás el estado de la divina mente de Buda.


Libro tibetano de los muertos
Primer bardo, fragmento
Traducción de la versión inglesa de Timothy Leary (1920-1996)

Patricia Damiano, entexto

Lie Zi

No hay comentarios. :
En el Huang di su se lee: "El hombre perfecto vive como muerto, se mueve como si estuviera encadenado. No sabe por què està aquì y tampoco por què tendrìa que estar aquì. Ignora por què se mueve y por què no se deberìa mover. Cuando los demàs lo observan no modifica sus sentimientos y su comportamiento; y tampoco los modifica cuando no lo observan. Siempre solitario, se aleja y vuelve: siempre solitario, sale y vuelve a entrar y nadie lo retiene". Lie Zi, Li Ming

ISAÍAS GARDE, textos en transición

dao de jing, capitulo 20

No hay comentarios. :
descarta el conocimiento y no habrá más tristeza

¿cuál es la sutileza que lleva del sí al quizás?

¿hay gran distancia entre propio y ajeno?


se dice que lo que otros evitan yo deberé evitar


pero eso es moverse en la superficie



ellos se adornan con sonrisas

como en la celebración que sigue al gran sacrificio

como si subieran al festival de la primavera

yo permanezco inerte como el niño que aún no se ha manifestado

voy a la deriva

hacia ningún lugar


ellos adquieren y acumulan

yo lo perdí todo

en verdad mi mente es la de un idiota

se mueve con torpeza


ellos brillan

caminan a la luz

yo estoy en sombras


ellos se mueven seguros de sí mismos

yo me retraigo

inestable como el mar soy soplado aquí allá

jamás traído a un puerto


ellos se asocian

encuentran en qué ocuparse

yo soy intratable y aburrido

pero la mayor diferencia consiste en que yo no tomo otro alimento que el que proviene de la madre

ISAÍAS GARDE, textos en transición

Calimaco: Himno a Artemis

No hay comentarios. :


Cantemos a Artemis -pues no sin pesadumbre la olvida el que canta-, a quien placen el arco, y la caza de las liebres, y el coro espacioso y jugar en las montañas. Diremos, comenzando desde el principio, cómo siendo aún una criatura muy pequeña, sentándose en las rodillas del padre, le dice: "Concédeme, papito querido, que pueda conservar la virginidad eterna, y muchos nombres que para Febo no me aventaje (1). Dame flechas y arcos. Dámelos, padre, yo no te pido un carcaj ni un gran arco... Los Cíclopes en un instante fabricarán flechas y un arco flexible para mí. Dame, en cambio, una antorcha y que pueda ceñirme una túnica adornada hasta la rodilla (2) para dar caza a los animales salvajes. Dame también un coro de sesenta oceánidas, todas de nueve años, no núbiles (3). Dame veinte criadas, ninfas de Amnisos (4), para que cuiden mis sandalias de caza y, cuando no esté cazando lobos ni ciervos, a mis veloces perros. Dame todas las montañas y una ciudad, la que tú quieras. Pocas veces Artemis bajará a la ciudad. Habitaré en las montañas y sólo entraré en las ciudades de los hombres cuando, atormentadas por los agudos dolores del parto, las mujeres me llamen en su auxilio: las Moiras (5), en el momento de nacer yo, me designaron para darles alivio. Porque llevándome mi madre y engendrándome, no sintió sufrimiento, sino que de su entraña dio a luz sin esfuerzo (6).
Hablando así, quiso la niña tomar la barba del padre y extendió varias veces las manos para tocarla, pero en vano. El padre, riendo, asintió con la cabeza y, acariciándola, dijo: "Toda vez que las diosas me den semejantes hijos, yo me preocuparé bien poco de la celosa e irritada Hera. Lleva, hija, lo que voluntariamente pides; mayores cosas tu padre aún te dará: te proporcionaré treinta ciudades y no un solo fuerte, treinta ciudades que no tendrán a otra diosa a quien celebrar sino a ti. Y se llamarán de Artemis. Tendrás muchas ciudades e islas como parte común (7), y en todas habrá altares y bosques de Artemis. También serás protectora de caminos y puertos".
Hablando así, reafirmó con un gesto de cabeza.
Va la niña a Leucos, la montaña de Creta que tiene cabellera de bosque; de allí, al Océano. Elige muchas ninfas, todas de nueve años, todas no núbiles. se alegra el gran río Cairatos (8) y se alegra Tetis, porque envían a sus hijas como compañeras de la hija de Leto.
Luego buscó a los Cíclopes. Los encontró en la isla Lípare -Lípare ahora (9), pero antes se llamaba Meligunis- junto a los yunques, en torno al horno candente. Un gran trabajo los oprimía: preparaban el abrevadero de caballos para Poseidón (10).
Se aterrorizaron las ninfas cuando vieron a los terribles monstruos, semejantes a las colinas de Osa (11), todos con un solo ojo bajo las cejas que, como escudo de cuatro piezas, centelleaba terriblemente. Y se asustaron aún más cuando oyeron el fragor que incesante retumbaba y el soplido poderoso de las fraguas y el profundo suspiro de los mismos Cíclopes. Pues el Etna (12) resuena, y resuena la Trinacria, morada de los sícanos, y resuena la vecina Italia; Cirnos (13) lanza un clamor cuando aquellos, levantando los martillos por encima de los hombros, golpeando sucesivamente, ya el bronce incandescente al salir del horno, ya el hierro, realizan un tremendo esfuerzo.
Las Océanidas no soportaron sin temblar ni mirarlos de frente ni escuchar el fragor -que hiere los oídos- ¿Quién no temblará?-. Las hijas de los dioses, ya crecidas, no los miran sin estremecerse mucho. Cuando alguna de las muchachas la desobedece, la madre llama a los Cíclopes, Argos o Esterope. Del fondo de la casa llega Hermes (14), untado de negra ceniza. Y asusta a la niña, que se hunde en el regazo materno cubriéndose los ojos con las manos.
Pero tú, diosa, cuando sólo tenías tres años, Leto te llevó en sus brazos hacia Hefestos, al cual había llamado para que te ofreciera regalos de bienvenida. Bronteo (15) te sentó en sus fuertes rodillas; tú tomaste el vello espeso de su pecho amplio y lo arrancaste con fuerza. Desde entonces hasta el presente tiene tonsurada la mitad del pecho, como sucede cuando la alopecía se instala en la cabeza y devora la cabellera. Y, sin miedo, les dijiste estas palabras: "Vamos, Cíclopes, fabricad para mí, al instante, un arco cidonio, y flechas, y un carcaj corvo que las guarde, pues yo también soy hija de Leto, como Apolo. Y cuando con mis flechas cace solitaria bestias feroces o algún enorme animal, esto comerán los Cíclopes".
Dijiste, y ellos lo hicieron. Al punto diosa, fuiste armada. Te encaminaste en busca de las perras. Fuiste a la gruta de Pan (16), en Arcadia. Este preparaba carne de lince de Menalia (17) para alimentar a las perras que tendrían cría. El dios barbudo te dio dos perras de pelaje blanco y negro, tres de orejas caídas y una manchada (18), animales excelentes para llevar de regreso a los leones, apresándolos del cuello, y arrastrarlos aún vivos hasta la guarida; te dio siete perras de Cinosuria (19), más veloces que el viento, para perseguir a los ágiles cervatillos y a las liebres que nunca cierran los ojos, para rastrear la morada del ciervo y las cuevas del puercoespín, y para conducirte hasta las huellas de las gacelas.
Partiendo de allí, seguida de tus perras, encontraste sobre la cumbre del monte Parrasio (20), ciervas que brincaban, escena admirable. Pacían ellas, como siempre, a la orilla de un torrente lleno de guijarros negros, más fuertes que toros, y les brillaba el oro de los cuernos. De pronto, asombrada, dijiste a tu alma: "Este sería un primer botín digno de Artemis". Cinco eran éstas en total.
Con presteza, y sin la ayuda de las perras, te apoderaste de cuatro para arrastrar tu rápido carro. A la otra, que huía por el río Celadón (21), por indicación de Hera, para que fuera después uno de los trabajos de Heracles (22), la colina Cerunio acogió.
Artemis Partenia, Artemis matadora de Titios (23), de oro son tus armas y tu cinturón, un carro de oro unciste, y a los cervatillos, diosa, les pusiste frenos de oro.
¿Dónde, por primera vez, tu carro hecho de cuernos comenzó a llevarte? En el Hemos de Tracia (24), donde se origina la tempestad del Bóreas que hostiga con su frío huracanado a los que carecen de manto. ¿Dónde cortaste el pino del que hiciste tu antorcha? En Olimpo de Misia, y le infundiste el soplo de la luz eterna que los rayos de tu padre esparcen. ¿Cuántas veces, diosa, probaste tu arco de plata? La primera vez, contra el olmo; la segunda lo disparaste contra la encina; la tercera, contra las fieras; la cuarta, no ya contra la encina, sino contra la ciudad de los malvados que constantemente cometían impiedades contra los suyos y contra los extranjeros. ¡Los miserables! Sobre ellos lanzaste tu cólera funesta. La peste les consume los ganados; la escarcha, los campos; los ancianos se cortan el cabello por los hijos (25); las parturientas, o bien mueren de un golpe (26) o, si logran escapar, dan a luz a un ser incapaz de erguirse derecho sobre su pie. En cambio, para aquellos a los que tú miras benévola y propicia, su campo produce espigas, cría de animales y la felicidad aumenta. No se acercan a la tumba sino cuando deben llevar a algún anciano; la discordia no desune a la familia, la discordia que destruye aun a las familias bien constituidas. Las esposas de los hermanos, situadas en sus lugares, se sientan a la mesa con su cuñada.
Señora, de estos que sea mi amigo el que es sincero. Que sea siempre yo mismo, que sea siempre mi preocupación el canto. En él estará el casamiento de Leto, y en él tú, la poderosa; y en él Apolo, y en él todos sus combates, y en él tus perras y tus arcos y tus carros, que con ligereza te transportan deslumbrantes cuando los guías a la morada de Zeus. Saliendo a tu encuentro allí, en la entrada, Hermes Acaquesios (27) te recibe las armas y Apolo la caza que lleves. ¡Adelante, antes que el fuerte Alcides aparezca! (28) Ahora Febo ya no tiene esta tarea; el incansable Tirintio (29) se instala esperándote por si llegas trayendo algún alimento craso. Y todos los dioses ríen incesantemente por su causa, y en especial su propia suegra, cuando trae, sujetándolo de la pata trasera, un toro muy grande o un robusto jabalí tembloroso.
El, diosa, te adula con estas palabras sutiles: "Arroja tus flechas sobre los animales grandes, para que los mortales te llamen salvadora, como a mí. Deja a corzos y liebres pacer en la montaña, pues ¿qué te hicieron corzos y liebres? Los cerdos destruyen los campos, los cerdos destruyen las plantas. También los bueyes son un gran mal para los hombres. Contra éstos arroja tus flechas".
Habló así, y se movió ágil alrededor de la gran bestia, pues ni aun bajo las encinas de Frigia (30), cuando endiosó su cuerpo, sació su voracidad. Su hambre era la misma que tenía cuando, cierto día, encontró al labrador Teiodamas (31).
Las ninfas de Amnisios (32), tras desatar a los cervatillos, los acarician. Los llevan juntos a pastar, en abundancia, conduciéndolos desde la pradera de Hera, rica en trébol fértil; los caballos de Zeus con él también se alimentan. Llenan con agua las pilas doradas, el agua que sería grata bebida para los ciervos.
Llegas en persona al palacio de tu padre; todos los dioses te llaman por igual a su lado; tú te sientas junto a Apolo.
Cuando las ninfas te rodean en un coro, cerca de las fuentes de Inopos, que viene de Egipto, o de Pitane -pues también Pitane es tuya- o en Limnais, o en Ales Arafénida (33), adonde llegaste, diosa, después de haber vivido entre los escitas y de haber prohibido las costumbres de Táuride, que mis vacas no corten entonces, por un salario de cuatro días, el barbecho, a servicio de otro dueño, pues sin duda avanzarían exhaustas hacia el establo, aunque sean estinfálidas de nueve años, que tiran del arado con los cuernos, las mejores para hender el surco profundo (34).
Pues el dios Helios jamás pasó junto al hermoso coro de tus ninfas sin detener su carro para admirarlo; los rayos del sol se prolongan entonces.
¿Cuál de las islas, cuál de las montañas, te agrada más? ¿Qué puerto, qué ciudad? ¿A cuál de las ninfas amas, y a cuáles heroínas tenías como compañeras? Dímelo, diosa, dínoslo a nosotros; yo lo contaré a los demás. De las islas te agrada Dolije (35); de las ciudades, Pergue; de los montes, el Taigeto; de los puertos, el de Euripos. Más que a ninguna otra amaste a la ninfa de Gortunis, Britomartis, matadora de cervatillos, certera tiradora.
Cierta vez Minos, encendido por su amor, atravesó corriendo la montaña de Creta. Pero la ninfa unas veces se escondió bajo las frondosas encinas, y otras en las praderas cubiertas de hierbas. El, durante nueve meses, recorrió lugares rocosos y escarpados, y no suspendió la búsqueda hasta que casi la apresó; pero ella se arrojó al mar desde un peñasco, cayendo en las redes de unos pescadores, que la salvaron. Por eso más tarde los cidonios llamaron Dictina (36) a las ninfas y Dicteion al monte del que se lanzó. Le han erigido altares y le ofrecen sacrificios. La corona, durante esos días, es de pino o de lentisco (37). Los ramos de mirto están vedados; en efecto, una rama de mirto se enredó en el pelo de la muchacha cuando guía. De ahí su cólera con el mirto.
Upis soberana, la de bellos ojos luminosos, los cretenses también te llaman con el sobrenombre de aquella ninfa (38).
Elegiste como compañera a Cirene (39), a la que cierta vez tú misma le regalaste dos perros de caza, con los cuales la hija de Hipseo, junto a la tumba de Yolcos, obtuvo el premio (40); y la rubia esposa de Céfalo (41), el Deionida, fue, señora, tu compañera de caza. También dicen que a la bella Anticlea (42) amaste como a la luz de tus ojos. Estas dos fueron las primeras que llevaron rápidos arcos y aljabas con flechas en torno al hombro; el derecho lo llevan desnudo, y también desnudo se ve el pecho (43).
Celebraste aún más a Atlante (44), la de pies veloces, hija de Iasios, hijo de Arcas (45), cazadora del jabalí, y le enseñaste el arte de cazar con perros y el de disparar flechas.
Los llamados "cazadores del jabalí" no la censuran (46) pues los trofeos de victoria llegaron a Arcadia y aún guarda los dientes de la fiera. No creo que en el Hades ni Ulaios ni el insensato Roicos (47), tan llenos de odio, censuren a la arquera, pues los flancos de estos no mentirán más con ellos; con su sangre se tiñe la cumbre del Ménalo (48).
Salud, señora, diosa de las mil moradas, diosa de las innúmeras ciudades; Artemis Jitona, quédate en el Mileto; Neleo (49) te hizo su guía cuando partió de la ciudad de Cécrope con las naves.
Diosa de Quesión, diosa de Imbrasos (50), tú que reinas en primera fila, para ti Agamenón depositó en tu templo el timón de su nave, hechizo de no poder navegar cuando le encadenaste los vientos, al tiempo que las naves aqueas, irritadas a causa de Helena de Ramnunto (51), navegaban para destruir las ciudades de los troyanos. Preto te elevó dos templos (52): uno en Coria (53), porque le devolviste sus hijas que erraban por el monte Acenia; otro en Lusos, como Artemis Hemera, porque dominaste el ánimo salvaje de aquéllas (54). Y las Amazonas, amigas de la guerra, en Éfeso, junto al mar, te erigieron una estatua de madera al pie de un tronco de encina, e Hipó (55) ofició el sacrificio, y las Amazonas bailaron a tu alrededor, reina Upis, la danza armada; primero, la danza de los escudos, y después, colocadas en círculo, formaron un amplio coro (56). Delicadamente acompañaron las melodiosas siringas para que todas bailaran al unísono -aún no estaban perforados los huesos de los cervatillos, invento de Artemis, daño para el ciervo- y el eco corrió hasta Sardes (57) y hasta el territorio frigio. A un tiempo sacudían la tierra con los pies y las aljabas resonaban.
Más tarde construyó un vasto templo en torno a aquella estatua. Jamás la Aurora verá nada más digno de admiración ni más opulento que este templo. Fácilmente excedería al de Pito (58).
Después, el insolente Lygdamis (59), un loco, se glorió de haberlo saqueado. Le echó encima un glorió de cimerios, criados con leche de yegua, semejante a un arenal, que habitaba junto al camino de la Vaca, hija de Inaco (60).
¡Ay, rey miserable! ¡Cuánto pecó! No sólo él no regresaría a Escitia, sino ninguno de cuantos carros había en la pradera de Caistro (61). Tus armas siempre defienden a Éfeso.
Salud, reina Artemis Muniquia, guardiana de puertos, Artemis de Feres (62). No desprecie nadie a Artemis, pues por Eneo (63), que ultrajó su altar, los célebres certámenes entraron en la ciudad. No le dispute la caza del ciervo ni la destreza en el arco, pues ni el Atrida (64) pudo jactarse sin un gran castigo. No pretenda nadie a la virgen -pues ni Otos ni Orión (65) desearon una noble unión- ni rehúse el coro anual, pues ni Hipó se rehusó, sin lágrimas, a bailar en torno a un altar.
Salud, reina todopoderosa; acoge con benevolencia mi poema (66).


Notas

(1) Artemis era llamada "la diosa de los mil nombres" y Apolo, por su parte, recibió también muchísimos apodos.
(2) Artemis era también conocida como Jitona, "la diosa de la túnica corta".
(3) Literalmente, "sin cinturón".
(4) Amnisos: río de Creta.
(5) Las Moiras, como personificación del destino de cada uno. Eran tres: Cloto tenía una rueca con hilos de distinto valor, según el ser a que correspondían en jerarquía; Láquesis daba vuelta el huso, y Atropos cortaba a placer y de improviso el hilo fatal.
(6) En el Himno a Delos también alude al parto sin dolor de las diosas.
(7) En común para Artemis y Apolo.
(8) Cairatos: río de Creta. Tetis: hija de Gea y Urano, con el que tuvo numerosas hijas.
(9) Lípare: isla próxima a Sicilia donde, según la tradición, estaban las fraguas de Hefestos.
10) Poseidón era honrado como el dios del mar y de los caballos.
(11) Osa: montaña de Tesalia
(12) Etna: volcán de Sicilia. Trinacria: Sicilia, así llamada por varios autores por tener tres puntas.
(13) Cirnos: hoy Córcega.
(14) Hermes: Dios del comercio, de la elocuencia y mensajero de los dioses. Hermes, lo mismo que los Cíclopes, es presentado aquí en escenas risueñas, originales, como cuco.
(15) Bronteo: el nombre es un deverbativo de "tronar", y es además una personificación.
(16) Pan: de origen oscuro, vivía en los valles y grutas de Arcadia; era el dios protector de los ganados, y como cazador era el que hacía caer a los animales heridos por los cazadores.
(17) Menalia: territorio del monte Ménalo, en Arcadia.
(18) Estas enumeraciones son de difícil comprensión por ciertos significados discutibles. Los animales consagrados a Artemis siempre eran hembras.
(19) Cinosuria: en Laconia, los perros de este lugar eran muy apreciados en la antigüedad para la caza.
(20) Parrasio: en Arcadia.
(21) Celadón: afluente del Alfeo.
(22) El tercer trabajo de Heracles fue cazar a la cierva Cerinita, más veloz que el viento, la que debía entregar viva a Euristeo, rey de Micenas. El monte Cerunio estaba en Acaya.
(23) Partenia: Artemis como diosa virgen, Titios: célebre gigante que, por instigación de Hera, violó a Leto, madre de Artemis y Apolo, los cuales se vengaron.
(24) Tracia: región al norte de Grecia.
(25) Cortarse el cabello: en el Heracles de Eurípides (v. 1320), cortarse el cabello significa estar de duelo.
(26) Artemis: guardiana de los alumbramientos, podía dar muerte de un golpe.
(27) Acaquesios: bienhechor.
(28) Se llamó Alcides a Heracles, nieto de Alceo. Por otra parte, la palabra significa en griego "el fuerte". Calímaco sigue la tradición del Heracles "glotón".
(29) Tirintio: otro sobrenombre de Heracles, por ser oriundo de esta ciudad de Argólida.
(30) Encinas de Frigia: nombre erudito por "monte Eta". La pira fúnebre de Heracles estaba formada por encinas de Frigia, como se lee en el verso 1195 de Las Traquinias de Sófocles.
(31) Teiodamas: pastor tratado también por Calímaco en uno de los Aitia, muy mutilado. En él se refiere la leyenda de cómo Heracles exterminó el ganado de Teiodamas para satisfacer el hambre de su hijo Hylas y en castigo por haberse negado el pastor a darle uno de sus animales.
(32) Véase nota 4.
(33) Inopos: se creía era afluente del Nilo, aunque se hallaba en Delos. Pitane: verdadero santuario de Artemis en Esparta. Límnais y Ales Arafénida rivalizaban por la imagen táurica de Artemis. Límnais era de Esparta; Ales Arafénida, de Atenas. Calímaco se coloca junto a Eurípides, dando la razón a Esparta (véase Ifigenia en Táuride, vv. 1450 y ss.).
(34) Estinfalia: lugar de Epiro, famoso por sus bueyes. Fragmento similar por el sentido puede verse en Homero: Odisea, XVIII, 372 y ss. Todo este fragmento tiene un significado oscuro.
(35) Dolije: "isla larga". Pergue: hoy llamada Murtan, en Panfilia; Taigeto: cordillera de Grecia, separaba a Laconia de Mesenia; Euripos: estrecho entre Eubea y Beocia, famoso por la agitación del mar.
(36) Dictina: el origen del nombre es "red".
(37) La corona es de pino o de lentisco, y no de mirto, por el carácter virginal de la ninfa (el mirto estaba consagrado a Afrodita) y por lo que después se explicará.
(38) Los cidonios -pueblo de Creta- llamaban Dictina a la ninfa y los cretenses daban a Artemis el nombre de la ninfa. Upis era una antigua divinidad efesiana. Según la escuela de Calímaco, era la nodriza de Artemis; Upis fue formada por Orión cuando llevaba el culto de la diosa a Delos, junto con Ecaergue y Loxó. Apolo y Artemis las honraron y de ellas tomaron, indistintamente, los nombres. El nombre de Upis no tendría por qué aparecer aquí, a no ser que Calímaco lo use para dar pintoresquismo. Pero puede ser que, además, el verso encierre una crítica, ya que los tracios llamaban a Artemis Bendis; los crteenses, Dictina, y los lacedemonios, Upis. Probablemente lo que Calímaco intenta es demostrar que si bien Artemis y Upis se pueden confundir, Dictina es sólo un apodo dado a la diosa por los cretenses.
(39) Cirene: Apolo raptó a Cirene en el monte Pelión (Tesalia) y la llevó a Libia.
(40) Seguramente se refiere a los juegos fúnebres en honor a Pelias, rey de Yolcos (Tesalia), que fue despedazado y cocinado por sus hijas. Acasto le vengó y celebró juegos fúnebres en su honor.
(41) Procris: esposa de Céfalo, rey de Tesalia, quien le dio muerte, involuntariamente, en una cacería. Después de esto, Céfalo se suicidó.
(42) Anticlea: no puede ser la madre de Ulises.
(43) Calímaco va aquí contra la tradición según la cual las Amazonas eran orientales.
(44) Atalanta: hija de Iasos y de Climene; virgen cazadora velocísima. Siendo aún una niña, vencía a los Centauros en la carrera. Su padre la ofreció en matrimonio a quien pudiera vencerla. Hipomanes lo logró dejando caer en la carrera, por consejo de Hera, manzanas de oro, que ella se entretuvo en recoger.
(45) Arcas: hijo de Zeus y de la ninfa Calixto, padre de los arcadios.
(46) Jabalí de Calidón: el rey Eneo de Etolia hizo un sacrificio a los dioses para agradecer la fertilidad de los campos y se olvidó de Artemis que, en castigo, envió un jabalí que devastó las tierras de Calidón. Meleagro reunió un grupo de cazadores; según algunos, fue Atalante la que primero lo hirió; según otros, la que le dio muerte. Meleagro le regaló los colmillos y la piel de la fiera, que los hijos de Testios intentaron arrebatarle. Meleagro les dio muerte y los dientes fueron llevados al templo de Atenea Ales (Arcadia).
(47) Ulaios y Roicos: centauros de Arcadia, a los que mató Atalante por haber atentado contra su virginidad.
(48) Ménalo: monte de Arcadia.
(49) Neleo: hijo de Tiro y Poseidón. Luchó con Heracles, que le dio muerte junto con toda su familia, excepto Néstor. se le cree fundador de Mileto-Cecrópida. Hay en estos versos una acentuada marcación métrica de la sílaba larga y uso de sibilantes que reproducen la sensación de lentitud y ritmo con que las naves avanzan.
(50) Artemis de Quesión: promontorio y cabo de Samos; Imbrasos: río de Samos. Epítetos extraños que dan pintoresquismo y antigüedad. Se remontan a dos rituales distintos que Calímaco, con su inusitada técnica, reúne en uno solo.
(51) Ramnunto: según una leyenda, Helena es hija de Némesis de Ramnunto (demo del Atica) y diosa de la venganza.
(52) Petro: rey de Tirinto. Sus tres hijas fueron castigadas con la locura por haberse jactado de ser más bellas que Hera. Se creían vacas y recorrían todo el Peloponeso, contagiando con su locura a las mujeres. Fueron curadas al recibir Melampo un premio del padre y casarse con una de ellas. Preto, en agradecimiento, erigió dos templos a los dioses.
(53) Coria, Acenia y Lusos estaban en Arcadia.
(54) Hemera significa en griego "la que amansa".
(55) Hipó: hija de Océano y de Tetis.
(56) Evolución del culto, primitivamente sanguinario, a oro más apacible. esta evolución está espléndidamente resaltada en griego por algunas antítesis (coro cíclico-coro en reposo), por la sonoridad de los versos y especialmente por la métrica, que es un verdadero logro estilístico. el cuadro está hecho en base a dáctilos que señalan el ritmo de la danza de los escudos. En el verso siguiente se matiza con un espondeo, lo que produce una sensación del coro en reposo. En el siguiente, las siringas acompañan la danza, y la idea del ritmo está dada por un paralelismo perfecto de dáctilos y espondeos. Cabe destacar que cada vez que Calímaco alude a Artemis con epítetos, usa versos dactílicos.
(57) Sardes: capital de Lidia.
(58) Pito: Delfos.
(59) Lygdamis: rey que condujo a los cimerios a Lidia y Jonia. Se ha querido ver en estos versos una indicación sobre la fecha en que el himno habría sido escrito, pero tampoco aquí los críticos se han puesto de acuerdo. La historia alude a un hecho ocurrido a comienzos del siglo VII, el cual, a su vez, aludiría a la invasión céltica que sufrió Jonia en 277. Cahen no acepta la teoría pues considera que Calímaco cuando quiere decir algo, lo hace claramente.
(60) Vaca: hija de Inaco: el Bósforo. Se refiere a Io, que fue transformada en vaca por Hera para librarla de la persecución de Zeus. Huyó por el Bósforo, que desde entonces tomó su nombre.
(61) Caistros: Lidia. Nuevamente se mezclan dos tradiciones; no fue ante Éfeso donde se exterminaron las tropas de Lygdamis. Además, fue Apolo quien detuvo, ante Delfos, una invasión gala que aquí pasa por ser la que condujo Lygdamis. Hay en estos versos un juego de vocablos y sibilantes, intraducible en castellano, que muestran hasta qué punto podía Calímaco dominar la poesía.
(62) Muniquia: puerto de Atenas; Feres: ciudad de Tesalia. Nuevamente hay epítetos inusitados.
(63) Eneo: véase nota 46.
(64) Agamenón: castigado con el sacrificio de su hija Ifigenia por haber cazado en un bosque consagrado a Artemis.
(65) Otos y Orión: flechados por Artemis por haber atentado contra su virginidad.
(66) Se reitera que Calímaco no confunde las tradiciones por falta de conocimientos. Este cuadro es muy significativo al respecto: parecería que en él intenta unificar a Artemis de Efeso con todas las figuras de la diosa y con las tradiciones a ella referidas: Muniquia = Atenas; Feres = Tesalia; Eneo = Etolia; Agamenón = Aulis.


CALIMACO, Himnos, Madrid, 1972

[Traducción del griego y notas de María Elena del Río y María Teresa Forero de Asman]

Calímaco de Cirene nació en 310 a.C. y falleció en 235 a.C. en Cirene. De su vastísima obra se conservan: Himnos, Epigramas (290-280 a.C.), Aitía (Los Orígenes), ca. 270, Hekalé, escrito también entre los años 275 y 270; Ibis, poema en que ataca a Apolonio de Rodas (discípulo enemistado con C. hasta la muerte de éste); el Epitalamio de Arsinoe (la mujer de Ptolomeo), y dos Elegías, La Victoria de Sosibios, elogio de un protector de C., y La Cabellera de Berenice (Berenikos Plákamos, bien conocida por el poema 66 de Catulo).

Patricia Damiano, entexto

Hesíodo: Los titanes

No hay comentarios. :
Ante todo existió el Caos (1). Después la Tierra, de ancho pecho, morada perenne y segura de los seres vivientes, que surge del Tártaro tenebroso en las profundidades; y Eros, el más bello de los dioses inmortales, que quiebra los miembros, y que, tanto a los dioses como a los mortales, doma el corazón y la prudente voluntad.
Del Caos nacieron Erebo y la negra Noche y de la última, que quedó encinta por haber tenido amoroso consorcio con el Erebo, se originaron el Éter y el Día. La Tierra comenzó a parir a un ser de igual extensión que ella, el Cielo Estrellado, con el fin de que la cubriese toda y fuera una morada segura y eterna para los bienaventurados dioses. También puso al mundo las Altas Montañas, gratos albergues de divinales Ninfas, que en ellas viven dentro de los bosques. Dio también a luz, pero sin el deseable amor, al estéril piélago de hinchadas olas, al Ponto; y más tarde, acoplándose con el Cielo, dio origen al Océano, de profundos remolinos, a Ceo, a Crío, a Hiperión, a Japeto (2), a Tea, a Rea, a Temis, a Mnemosine, a Febe, la de áurea corona, y a la amable Tetis. Posteriormente nació el Taimado Cronos, que fue el más terrible de los hijos del Cielo, y que odió desde el principio a su prolífico padre.
Asimismo de la Tierra nacieron los Cíclopes, de corazón violento, Brontes, Astéropes y Arges, el de ánimo esforzado. Los tres eran semejantes a los dioses, pero con un ojo único en medio de la frente (3). Su vigor, su coraje y sus mañas pusiéronse de manifiesto en todas sus acciones. En el transcurso del tiempo habían de proporcionar el trueno a Zeus y forjarle el rayo.
De la Tierra y el Cielo nacieron aún tres hijos, grandes y fuertes, de nefando nombre: Cotto, Briareo y Gías. ¡Prole orgullosa! Cien brazos tenía cada uno de ellos; cien brazos invencibles que se agitaban desde sus hombros; y, por cima de esos miembros, habíanles crecido cincuenta cabezas a cada uno. Temible era la poderosa fuerza que emergía de su enorme y proporcionada estatura.
Estos son los más feroces de cuantos hijos procrearon la Tierra y el Cielo. Ya desde un principio se atrajeron el odio de su propio padre. Apenas puestos en el mundo, en vez de dejarlos que salieran a la luz, el Cielo los encerró en el medio de la Tierra, gozándose en su mala acción. La vasta Tierra, henchida de ellos, suspiraba interiormente, y al fin ideó una engañosa y pérfida trama. Produjo en seguida una especie de blanquizco acero, con el que construyó una gran falce, y la mostró a sus hijos y con el corazón irritado hablóles de esta suerte, para darles ánimo: "¡Hijos míos y de un ser malvado! Si quisiérais obedecerme, vengaríamos el ultraje criminal de un padre, aunque sea vuestro padre, ya que ha sido él el primero en maquinar acciones infames".
Así se expresó. Sintiéronse todos sobrecogidos por el terror, sin que ninguno osara desplegar los labios, hasta que el grande y taimado Cronos cobró ánimo y respondió a su madre veneranda de esta manera: "¡Madre! Yo prometo llevar a cabo lo que convenga, pues nada me importa nuestro padre de aborrecido nombre. Sí, él fue el primero en obrar indignamente".
Tal dijo, y la vasta Tierra sintió que su corazón se le colmaba de alegría. Acto seguido ocultó a Cronos, poniéndolo en acecho, con la hoz de agudos dientes en la mano, y le descubrió toda la trama. Vino el Cielo, seguido de la Noche, y envolvió a la Tierra, ávido de amor, acercándose a ella y extendiéndose por todas partes. Entonces el hijo, desde el lugar en que se hallaba apostado, agarró a su padre con la mano izquierda, y empuñando con la derecha la grande hoz de afilados dientes, le cortó en un instante las partes pudendas y las arrojó detrás de sí, al azar. Mas no fue un vano despojo lo que soltó su mano. Porque las gotas de sangre que de él se derramaron las recibió la Tierra, la cual parió así en el transcurso de los años a las robustas Furias, a los enormes Gigantes, que vestían lustrosas armaduras y manejaban ingentas lanzas, y a las ninfas llamadas Melias (4) en la Tierra inmensa. Y las partes pudendas, que Cronos cortó con el acero y arrojó desde el continente al undoso ponto, fueron llevados largo tiempo de acá por allá en la inmensa llanura del piélago, hasta que de la carne inmortal salió una blanca espuma (5) y nació de ella una joven que se dirigió primero a la sagrada Citera y luego a Chipre, situada en medio de las olas. Al salir del mar y tomar tierra allí la veneranda hermosa deidad, brotó la hierba doquier que ponía sus tiernas plantas. Dioses y hombres la llamaban Afrofita, porque brotó de la espuma; Citerea, la de hermosa diadema, porque se dirigió a Citera; Ciprigenia, porque nació de Chipre, la isla azotada por las olas, y Filomnedes, por haber surgido de las partes pudendas. Acompañábala Eros y seguíala el hermoso Deseo, cuando, poco a poco después de nacer, se presentó por vez primera al concilio de los dioses. Y, desde un principio, como privilegio sólo a ella otorgado, tiene el honor entre los hombres y entre los inmortales de presidir y regir los paliques de las doncellas, las sonrisas y las fullerías; y, además, los dulces placeres, el amor y la amable tenura.

El gran Cielo, increpando a los hijos que había engendrado, los apodó Titanes porque, según él dijo, "tendieron" demasiado alto la mano para cometer un grave delito que el futuro castigaría.

Hesíodo, La Teogonía, [Trad. María Josefa Lecluyse y Enrique Palau], Barcelona, 1964

Notas

(1) El Caos o "vacío" abierto sin límites. El poeta, con el Caos, representa el espacio que separa el cielo de la tierra, espacio infinito, puesto que, en su sentir, ni una ni otro tienen límite, tanto en su altura como por debajo.
(2) El orden establecido aquí para la cronología de los Titanes no corresponde al que el mismo poeta nos presenta luego para enumerar la descendencia de aquéllos. Cronos, por ejemplo, pasa delante de Japeto, por ser padre de Zeus, y por cuanto el advenimiento de Zeus ha de mencionarse antes que el episodio de Prometeo. Mientras que aquí Cronos es citado el último porque es él, únicamente, quien toma parte activa en el episodio que sigue.
(3) Al parecer, el verso habría de ser "Cíclopes se les llamaba, porque un solo ojo redondo estaba colocado sobre su frente".
(4) Las Melias, o sea las "Ninfas de los fresnos", parecen haber sido las madres de la raza humana en algunas cosmogonías antiguas en las que el hombre nacía del árbol, como en otras surge de la piedra. En "Los trabajos y los días" el poeta nos dice que la raza de plata era hija de los fresnos.
(5) No se trata de la espuma de las olas, sino del esperma del dios mutilado.

Patricia Damiano, entexto

sutra

No hay comentarios. :
leeremos en el sutra de la guirnalda:

observa al despierto en todas partes;
no trates de encerrarlo en un fenòmeno, en una experiencia, en un ser.


ISAÍAS GARDE, textos en transición

Escrito sobre la Puerta del Infierno (Dante)

4 comentarios :


Por mí se va a la ciudad del llanto;
Por mí se va al eterno dolor;
Por mí se va hacia la raza condenada.


Per me si va nella città dolente,
Per me si va nell'eterno dolore,
Per me si va tra la Perduta Gente



Dante, Inferno, III, 1-3

Patricia Damiano, entexto

de la identidad (Zhuang Zi Libro II capítulo 3 )

No hay comentarios. :
La palabra no es como el soplar del viento. El que habla expresa razones. Estas razones no son algo permanente. ¿Habla realmente? ¿O es que acaso no habla?

Imagina que sus palabras son diferentes del sonido de un pàjaro

¿Se distinguen? ¿O acaso no se distinguen?

¿Còmo ha podido ocultarse el dao hasta el punto de aparecer la distinciòn entre lo verdadero y lo falso? ¿Como ha podido ocultarse la palabra hasta el punto de aparecer la distinciòn entre el "es" y el "no es"? ¿Serà imposible la palabra?

El dao se oculta bajo los pequeños logros y la palabra en la abundancia de recursos. Y asì es como surgen las controversias entre los letrados confucianos y los discìpulos Moìstas. Cada una de estas escuelas afirma lo que la otra niega.

Si queremos afirmar lo que los otros niegan y negar lo que los otros afirman, nada mejor que una mente iluminada.

*

Todo ser es otro y todo ser es èl mismo. Esto no se ve desde el otro, sino que se sabe desde uno mismo. El otro surge del sì mismo, aunque tambièn èste depende de aquel. Nacen ambos al mismo tiempo y, aun asì, hay que decir que nacer es morir y morir es nacer, y que el poder es no poder y lo imposible posible. Razones para afirmar son razones para negar.

Uno mismo es tambièn el otro.

El otro tiene su propio si y tiene su propio no. Y uno mismo tambièn tiene su afirmaciòn y su negaciòn. Pero, ¿hay diferencia verdadera entre el otro y uno mismo? ¿no hay realmente diferencia entra ambos?

Que el otro y el yo no se contrapongan: a eso nombran el eje del dao. Sòlo alineàndose a ese eje se puede penetrar en el cìrculo y asì corresponder a las innumerables transformaciones.

Los cambios del "es" son infinitos, e infinitos los cambios del "no es".


Zhuang Zi Libro II capìtulo 3

ISAÍAS GARDE, textos en transición

La fascinación del mundo y el remedio (Lalleshvari, Cantos místicos)

No hay comentarios. :
4.-
Es un lago tan pequeño
que ni un grano de mostaza podría albergar
Sin embargo a el todos van a beber.
Ciervos, chacales,
rinocerontes, elefantes,
Todos, en cuanto nacen, he ahí donde caen,
una y otra vez.

5.-
Oh alma mía. Por ti lloro.
Porque la atracción del mundo, ese fruto de la ilusión,
te ha tocado en suerte.
Pues, ni siquiera la sombra de aquello a lo que te apegas
al final estará cerca de ti.
La verdadera naturaleza del Ser
¡ay! ¿por qué la has olvidado?

6.-
¿Por qué, oh alma mía, te dejas embriagar por un vino que no es de tu cosecha?
¿Y por qué confundes error con verdad?
Carente de discernimiento, hete aquí fascinada por una ley extraña a ti.
Sometida al circulo de ir y venir,
de nacer y morir.

7.-
A un hombre sabio he visto, morir de hambre,
caer, como una hoja muerta por el viento del invierno.
A un idiota he visto,
que pegaba a su cocinero.
Desde entonces yo, Lalla,
a que de cuajo se corten todas mis ataduras,
yo espero.

8.-
Por el gran camino he venido, (el del nacimiento humano)
pero por él no volveré.
Heme aquí todavía en el ribazo
sin haber ni siquiera la mitad recorrido;
y el día se va... y la luz se oscurece...
Busco en mi bolsillo y ni una ochena (har-nâv: Shiva, la consciencia) encuentro.
¡ay! ¿al barquero que le daré? (que hace la travesía al otro mundo tras la muerte)

9.-
Shiva, Vishnu, Budha, Señor del loto nacido,
sea el nombre que se Le dé,
¿puede el nombre liberarme de la enfermedad del mundo,
se le llame tal, o se le llame cual?

10.-
Sin parar venimos, y entonces hay que volver
día y noche hay que avanzar.
Y de allí de donde venimos, ¡allí mismo a retornar!
por siempre en la rueda de nacer y morir.
¡De nada a nada! ¡De nada a nada!
Algo hay aquí
que tendremos que descubrir.

11.-
La Consciencia-felicidad, Luz y Conocimiento,
aquellos que la han reconocido
liberados vivientes son.
Pero a la enredada red del devenir,
nudos por centenas
los dormidos añaden.

12.-
Las seis corazas están en Ti
las mismas corazas están en mi
pero, oh Shiva,
de Ti separada, a la miseria me reduzco,
ya que entre Tu y yo, con todo sin diferencias,
si que hay una:
y es que Tu eres, Tu, el amo de las seis
y yo soy, yo, por las seis esclavizada.

13.-
El deseo de liberarte que hiciste en el seno de tu madre
¿Cuándo te volverá a la memoria?
Muere, hermano, antes de morir.
Y cuando mueras,
¡Honor, gran honor a ti!

14.-
Si obtienes un reino no tienes reposo,
Y si de el haces don, tampoco estás en paz.
Pero el liberado del deseo, no muere.
¡Que él muera al deseo, permaneciendo vivo!
He ahí el verdadero conocimiento.

15.-
Lo que comienza amargo deviene dulce
Lo que comienza dulce veneno se vuelve.
Cada cual hace su elección.
Aquel que avanza sin flaqueo
llega al lugar que eligió.


-----
Lalleshvari, Cantos místicos, s. XIV (tradición del Shivaismo tántrico de Cachemira)

Patricia Damiano, entexto

Homero, Epigrama XIV

No hay comentarios. :
El horno y el vaso de arcilla


Si me lo recompensáis, cantaré, oh alfareros. Ven acá, Atenea, y con tu manto protege este horno, para que tomen color los vasos y los barreños todos y se cuezan hermosamente y alcancen elevado precio al ser vendidos en gran cantidad así en la plaza como en las calles, y les procuren a los alfareros buena ganancia y también a mí para cantar en su honor.

Pero si, entregándoos a la imprudencia, forjáis mentiras, convocaré enseguida contra el horno a sus destructores: a Síntribe, a Esmárago, a Ásbeto, a Sabactes y a Osmódano, el que más daño causará a vuestra arte. ¡Destruye el pórtico y la casa, pegándoles fuego! ¡Tambaléese todo el horno, mientras los alfareros profieran grandes gemidos! ¡Cruja el horno como las mandíbulas de un caballo y desmenuce todos los cacharros! Ven acá, hija del Sol, Circe conocedora de muchos venenos: ¡échales tus crueles venenos y hazlos perecer a ellos y sus obras! Ven acá, Quirón, y trae muchos Centauros, así los que se escaparon de las manos de Heracles como los que perecieron: golpea de la peor manera estas cosas, derrúmbese el horno y vean aquéllos, sollozando, sus malas opciones; yo me alegraré al contemplar el arte de esos genios malos. Y a quien se inclinare sobre el horno, séale quemado el rostro por el fuego, para que todos aprendan a obrar rectamente.


Homero, Himnos y epigramas , Trad. Luis Segalà, Barcelona, 1990

Patricia Damiano, entexto

Disolución del universo (Edda poética, “Volupsa”)

2 comentarios :



Odín avanzará contra el lobo, Thor contra la serpiente, Tyr contra el perro –el peor de todos los monstruos- y Freyr contra Sturt, el hombre de las llamas. Thor matará a la serpiente y se alejará diez pasos, pero el veneno le hará caer muerto en tierra. Odín será tragado por el lobo, y luego Vidarr, poniendo un pie en la quijada inferior, tomará en su mano la quijada superior del lobo y le desgarrará las fauces. Loki matará a Heimdallr y será muerto por él. Surt arrojará fuego sobre la tierra y quemará el mundo entero.

El sol se ennegrece, la tierra se hunde en el mar,
Las estrellas ardiendo caerán desde el cielo;
Fiero crece el vapor y la llama que alimenta la vida,
Hasta que el fuego suba y alcance el cielo.

Garm aullará ante Gnipahellir,
Los grilletes se romperán y el lobo estará libre;
Mucho sé y más puedo ver
Del destino de los dioses, los poderosos de la batalla


Edda poética, “Volupsa” de los antiguos vikingos (Traducción de Bellows)

Patricia Damiano, entexto

transformación (LIE ZI. Tian Rui, capítulo 5 )

No hay comentarios. :
¿Cuántas especies existen? Los seres se engendran unos a otros en sucesión. Cuando adquieren la energía acuosa las ranas, por ejemplo, se convierten en codornices. Al adquirir la energía intermedia entre la tierra y el agua, aparece el musgo. Cuando crecen los montes aparece el llantén. Cuando este obtiene el abono necesario, aparece la planta wu zu. De la raíz de esta planta, nacen larvas de abejorro y de sus hojas, mariposas. Son las mariposas xu. Estas mariposas se metamorfosean en unos gusanos que nacen bajo los fogones y se llaman qu duo. Su aspecto es como si acabaran de mudar de piel. Al cabo de mil días, esos gusanos se transforman en unos pájaros llamados gan yu gu. De la saliva de estos pájaros nacen los insectos si mi. Los si mi se convierten en shi jiu you. El ji you nace del mao rui y éste, a su vez, de la luciérnaga. El hígado de oveja se convierte en fen yang, la sangre del caballo en fuegos fatuos y la sangre humana en fuego del campo. El gavilán se transforma en zhan, el zhan en cuclillo y éste se vuelve a convertir en gavilán. La golondrina se vuelve rana. El topo se transforma en codorniz. El melón podrido se convierte en pez. El cachalote seco se vuelve amaranto. La oveja vieja se transforma en simio.
Las bestias de los montes de Chan yuan nacen por autofecundación; las aves de los ríos y pantanos se engendran con la mirada. Los varones de Si no tienen esposas, pero sí tienen sentimientos; las mujeres de Si no tienen esposos, pero se quedan preñadas.
De la planta yang xi combinada con un bambú viejo que ya no da retoños, sale el insecto qing ning. Este engendra a la pantera; la pantera engendra al caballo; del caballo nace el hombre. El hombre al final, entra en el movimiento sigiloso de la máquina. Todos los seres salen de la máquina y todos vuelven a entrar en ella.

LIE ZI. Tian Rui, capítulo 5

ISAÍAS GARDE, textos en transición

En tablas de lapizlázuli y en Isaías LIV, 12

No hay comentarios. :
La luz fue mi primer día de Creación,
el descanso tras el trabajo es mi séptimo día,
la Vida y la Gloria son mi día de días.
Grabé mi ley en tablas de zafiro,
Jerusalem brilla con mis puertas de carbunclo,
cuando Querubes me traen ámbar del norte.
La acacia da su madera para mi arca,
la granada santifica mi murmullo sacerdotal,
mi hisopo esparce sangre en todas las puertas.
Santo, Santo, Santo es mi nombre.

Isaías, LIV, 12

Patricia Damiano, entexto

la visión desnuda (Padma Sambhava)

No hay comentarios. :
Afortunada criatura, escucha:

Mente -aunque esa gran palabra es bien conocida- es desconocida para la gente, conociéndola equívoca y parcialmente; y por la falta de comprensión de su realidad, surgen inconcebibles declaraciones filosóficas.

El individuo común y alienado, al no comprenderlo, al no comprender su propia naturaleza, sufre vagando a través de las seis formas de vida en los tres reinos. Esta es la consecuencia de no realizar esta realidad de la mente.

Discípulos y ermitaños proclaman la realización de una parcial carencia de yo, pero no lo saben con exactitud, aumentando las proclamaciones desde sus tratados y teorías, no contemplan la clara luz transparente.

Discípulos y ermitaños se niegan la entrada al aferrarse a sujeto y objeto, los Centristas se niegan la entrada por extremismo hacia las dos realidades, Tantristas Rituales y de Ejecución, por extremismo en servicio y práctica, y Grandes y Generalizados Tantristas, por aferrarse a la dualidad de reino e inteligencia.

Se equivocan al permanecer dualistas en la no dualidad.

Por no comulgar sin dualidad no se despiertan.

Toda vida y liberación son inseparables de sus propias mentes, pero todavía vagan en el ciclo de la vida en vehículos de elección y descarte.

*****


de La liberación natural mediante la visión desnuda y la inteligencia identificativa. Padma Sambhava, budista.

ISAÍAS GARDE, textos en transición

Homero: Himno a Apolo

No hay comentarios. :
1 Me acordaré y nunca me he de olvidar de Apolo, el que hiere de lejos, a quien temen los mismos dioses cuando anda por la morada de Zeus; pues tan pronto como se acerca y tiende el glorioso arco, todos se apresuran a levantarse de sus sitiales. Leto es la única que permanece junto a Zeus, que se huelga con el rayo: ella desarma el arco y cierra la aljaba; con sus mismas manos quita de las robustas espaldas el arco y lo cuelga del áureo clavo en la columna de su padre; y en seguida lleva a su hijo a un trono para que él tome asiento. El padre, acogiendo a su hijo amado, le da néctar de áurea copa; se sientan enseguida los demás númenes, y alégrase la veneranda Leto por haber dado a luz un hijo que lleva el arco y es vigoroso.
14 Salve, la bienaventurada Leto, ya que diste a luz hijos preclaros: al soberano Apolo y a Ártemis, que se complace en las flechas (a ésta en Ortigia y a aquél en la áspera Delos), reclinada en la gran montaña y en la colina cintia, muy cerca de la palmera y junto a la corriente del Inopo.
19 ¿Cómo te celebraré a ti, que eres digno de ser celebrado por todos conceptos? Por ti, pues, oh Febo, en todas partes han sido fijadas las leyes del canto, así en el continente, criador de terneras, como en las islas. Te placen las atalayas todas, y la punta de las cimas de las altas montañas, y los ríos que corren hacia el mar, y los promontorios que hacia éste se inclinan, y los puertos del mismo. ¿Cantaré cómo primeramente Leto te dio a luz a ti, reclinada en el monte Cinto, en una isla áspera, en Delos cercada por el mar? A uno y a otro lado, la ola sombría saltaba sobre la tierra, empujada por vientos de estridente soplo. Salido de allí, reinas ahora sobre cuantos mortales contiene Creta, y el pueblo de Atenas, y la isla Egina, y Eubea célebre por sus naves, y Egas, e Iresias, y la marítima Pepareto, y el tracio Atos, y las cumbres más altas del Pelión, y la tracia Samos, y las umbrías montañas del Isa, y Esciro, y Focea, y el excelso monte de Autócane, y la bien construida Imbros, y Lemnos de escarpada costa, y la divina Lesbos sede de Mácar Eolión, y Quíos la más fértil de las islas del mar, y el escabroso Mimante, y las cumbres más altas de Córico, y la espléndida Claros, y el alto monte de Eságea, y Samos abundante en agua, y las altas cumbres de Mícale, y Mileto, y Cos, ciudad de los méropes, y la excelsa Cnido, y la ventosa Cárpato, y Naxos, y Paros, y la peñascosa Renea: a tantos lugares se dirigió Leto, al sentir los dolores del parto del que hiere de lejos, por si alguna de dichas tierras quería labrar un albergue para su hijo. Pero todas se echaban a temblar y experimentaban un gran terror; y ninguna, por fértil que fuese, se atrevió a recibir a Febo, hasta que la veneranda Leto subió a Delos y la interrogó, dirigiéndole estas aladas palabras:
51 -¡Oh Delos! ¡Ojalá quisieras ser la morada de mi hijo, de Febo Apolo, y labrarle dentro de ti un rico templo! Pues ningún otro se te acercará jamás, lo cual no se te oculta; y no me figuro que hayas de ser rica en bueyes ni en ovejas, ni producir uvas, ni criar innumerables plantas. Si poseyeres el templo de Apolo, el que hiere de lejos, todos los hombres te traerán hecatombes, reuniéndose aquí; y siempre se elevará en el aire un inmenso vapor de grasa quemada; y mantendrás a los que te conserven libre de ajenas manos, ya que tu suelo no es productivo.
61 Así habló. Alegróse Delos y, respondiéndole, dijo:
62 -¡Oh, Leto, hija gloriosísima de Ceo el grande! Gustosa recibiría tu prole, el soberano que hiere de lejos; pues en verdad que tengo pésima fama entre los hombres, y de esta suerte llegaría a verme muy honrada. Pero me horroriza, oh Leto, este oráculo que no te ocultaré. Dicen que Apolo ha de ser presuntuoso en extremo y ha de ejercer una gran primacía entre los inmortales y también entre los mortales hombres de la fértil tierra. Por esto temo mucho en mi mente y en mi corazón que, en cuanto vea por vez primera la luz del sol, despreciará esta isla porque es de áspero suelo; y, trabucándola con sus pies, la sumergirá en el piélago del mar. Allí, la gran ola me bañará siempre y abundantemente la cabeza; él se irá a otra tierra que le guste, para erigirse un templo y bosques abundantes en árboles; y los pólipos harán en mí sus madrigueras y las negras focas sus moradas, descuidadamente, por la falta de hombres. Mas, si te atrevieras, oh diosa, a asegurarme con un gran juramento que primeramente se construirá aquí el hermosísimo templo para que sea un oráculo para los hombres y que después [...] sobre todos los hombres, puesto que será muy celebrado.
83 Así dijo. Y Leto prestó el gran juramento de los dioses:
84 -Sépalo ahora la tierra y desde arriba el anchuroso cielo y el agua corriente de la Estix -que es el juramento mayor y más terrible para los bienaventurados dioses-: en verdad que siempre estarán aquí el perfumado altar y el bosque de Febo, y éste te honrará más que a ninguna.
89 Luego que juró y hubo acabado el juramento, Delos se alegró mucho por el próximo nacimiento del soberano que hiere de lejos, y Leto estuvo nueve días y nueve noches atormentada por desesperantes dolores de parto. Las diosas más ilustres se hallaban todas dentro de la isla -Dione, Rea, Temis, Icnea, la ruidosa Anfitrite y otras inmortales- a excepción de Hera, de níveos brazos, que se hallaba en el palacio de Zeus, el que amontona las nubes: La única que nada sabía era Ilitia, que preside los dolores de parto pues se hallaba en la cumbre del Olimpo, debajo de doradas nubes, por la astucia de Hera, la de níveos brazos, que la retenía por celos; porque Leto, la de hermosas trenzas, había de dar a luz un hijo irreprensible y fuerte.
102 Las diosas enviaron a Iris, desde la isla de hermosas moradas, para que les trajera a Ilitia, a la cual prometían un gran collar de nueve codos cerrado con hilos de oro; y encargaron a aquélla que la llamara a escondidas de Hera, la de níveos brazos: no fuera que con sus palabras la disuadiera de venir. Así que lo oyó la veloz Iris, de pies rápidos como el viento, echó a correr y anduvo velozmente el espacio intermedio. Y en cuanto llegó a la mansión de los dioses, el excelso Olimpo, enseguida llamó a Ilitia afuera del palacio y le dijo todas aquellas aladas palabras, como se lo habían mandado las que poseen olímpicas moradas. Persuadióle el ánimo que tenía en su pecho y ambas partieron, semejantes en el paso a tímidas palomas. Cuando Ilitia, que preside los dolores del parto, hubo entrado en Delos, a Leto le llegó el parto y se dispuso a parir. Echó los brazos alrededor de una palmera, hincó las rodillas en el ameno prado y sonrió la tierra debajo: Apolo salió a la luz, y todas las diosas gritaron.
120 Entonces, oh Febo, que hieres de lejos, las diosas te lavaron casta y puramente con agua cristalina; y te fajaron con un lienzo blanco, fino y nuevo, que ciñeron con un cordón de oro. Pero la madre no amamantó a Apolo; sino que Temis, con sus manos inmortales, le propinó néctar y agradable ambrosía; y Leto se alegró por haber dado a luz un hijo que lleva arco y es belicoso.
127 Mas cuando hubiste comido el divinal manjar, oh Febo, el cordón de oro no te ciñó a ti todavía palpitante, ni las ataduras te sujetaron; pues todos los lazos cayeron. Y al punto Febo Apolo habló así entre las diosas.
131 -Tenga yo la cítara amiga y el curvado arco, y con mis oráculos revelaré a los hombres la verdadera voluntad de Zeus.
133 Habiendo hablado así, echó a andar por la tierra de anchos caminos Febo intonso, que hiere de lejos. Todas las inmortales se admiraron. Y toda Delos estaba cargada de oro y contemplaba con júbilo la prole de Zeus y de Leto, porque el dios la había preferido a las demás islas y al continente para poner en ella su morada, y la había amado más en su corazón; y floreció como cuando la cima de un monte se cubre de silvestres flores.
140 Y tú, que llevas el arco de plata, soberano Apolo, que hieres de lejos, ora subes al escarpado Cinto, ora vagas por las islas y por entre los hombres. Tienes muchos templos y bosques poblados de árboles, y te son agradables todas las atalayas y las puntas extremas de los altos montes y los ríos que corren hacia el mar; pero es en Delos donde más se regocija tu corazón, oh Febo, que allí se reúnen en tu honor los jonios de rozagantes vestiduras juntamente con sus hijos y sus venerables esposas. Ellos, acordándose de ti, te deleitan con el pugilato, la danza y el canto, cada vez que celebran sus juegos. Dijera que los jonios son inmortales y se libran siempre de la vejez, quien se encontrara allí cuando aquéllos están reunidos; pues advertiría la gracia de todos y regocijaría su ánimo contemplando los hombres y las mujeres de bella cintura, y las naves veloces, y las muchas riquezas que tienen. Hay, fuera de esto, una gran maravilla, cuya gloria jamás se extinguirá: las doncellas de Delos, servidoras del que hiere de lejos, las cuales celebran primeramente a Apolo y luego, recordando a Leto y a Ártemis, que se huelga con las flechas, cantan el himno de los antiguos hombres y mujeres, y dejan encantado al humanal linaje. Saben imitar las voces y el repique de los crótalos de todos los hombres, y cada uno creería que es él quien habla: de tal suerte son aptas para el hermoso canto.
165 Mas, ea -y Apolo y Ártemis no sean propicios-, salud a todas vosotras. Y en adelante, acordáos de mí cuando algunos de los hombres terrestres venga como huésped infortunado y os pregunte: "¡Oh doncellas! ¿Cuál es para vosotras el más agradable de los aedos y con cuál os deleitáis más?" Respondedle enseguida, hablándole de mí: "Un varón ciego, que habita en la escabrosa Quíos. Todos sus cantos prevalecerán en lo futuro". Y nosotros llevaremos vuestra fama sobre cuanta tierra recorramos, al dar la vuelta por las ciudades populosas de los hombres; y éstos le creerán porque es verdad. Mas yo no cesaré de celebrar al que lleva el arco de plata, a Apolo, el que hiere de lejos, a quien dio a luz Leto, la de hermosa cabellera.
179 Oh rey, posees la Licia, y la amable Meonia, y Mileto, la encantadora ciudad marítima; y, asimismo, reinas con gran poder en Delos, rodeada por el mar. El hijo de la ilustre Leto se encamina a la peñascosa Pito, pulsando la hueca cítara y llevando divinales y perfumadas vestiduras; y la cítara, herida por el plectro, suena deliciosamente. Allí desampara la tierra y, rápido como el pensamiento, se va al Olimpo, a la morada de Zeus, donde están reunidos los demás dioses; y enseguida los inmortales sólo se cuidan de la cítara y del canto. Las Musas todas, alternando con su hermosa voz, celebran los presentes inmortales de los dioses y cuantos infortunios padecen los hombres: los cuales, debajo del poder de los inmortales númenes, viven insensata y desaconsejadamente, y no pueden hallar medicina contra la muerte ni defensa contra la vejez. Las Gracias, de hermosas trenzas, las alegres Horas, Harmonía, Hebe y Afrodita, hija de Zeus, bailan cogidas de las manos; y entre ellas canta una diosa ni fea ni humilde, sino de grandioso aspecto y belleza admirable, Ártemis, la que se huelga con las flechas, que se crió juntamente con Apolo. También entre ellas Ares y el vigilante Argifontes juegan; y Febo Apolo tañe la cítara, andando gentil y majestuosamente, y brilla en torno suyo un resplandor al cual se juntan los rápidos y deslumbrantes movimientos de sus pies y de su túnica bien tejida. Y Leto, de doradas trenzas, y el próvido Zeus se regocijan en su gran corazón, al contemplar cómo su hijo juega con los inmortales dioses.
207 ¿Cómo te celebraré a ti, que eres digno de ser celebrado por todos conceptos? ¿Te cantaré entre los pretendientes, enamorado, al ir a pretender la doncella Azántide con el deiforme Isquis Elatiónida, de hermosos corceles? ¿O cuando luchabas con Forbante, del linaje de Tríopo, o con Ereuteo? ¿O con Leucipo y la mujer de Leucipo, tú a pie y éste en carro? Y en verdad que Tríopo no se quedó atrás. ¿O diré acaso cómo anduviste por la tierra, buscando por primera vez un oráculo para los hombres, oh Apolo, que hieres de lejos?
216 Desde el Olimpo bajaste primeramente a la Pieria, atravesaste el arenoso Lecto y los enianes y perrebos; enseguida llegaste a Yaolcos, subiste a Ceneo de Eubea, gloriosa por sus naves, y te detuviste en la llanura Lelanto, pero no le fue grata a tu corazón para erigir allí un templo y bosques poblados de árboles. Desde allí atravesaste Euripo, oh Apolo, que hieres de lejos, y subsiste a la verde divinal montaña; pero enseguida la dejaste, dirigiéndote a Micaleso y a la hermosa Teumeso. Y entraste en el suelo de Tebas cubierto de bosque; pues ninguno de los mortales habitaba aún la sagrada Tebas, ni había entonces sendas ni caminos en la llanura tebana, fértil en trigo, sino que la selva la ocupaba toda. Desde allí fuiste más lejos, oh Apolo, que hieres de lejos, y llegaste a Onquesto, espléndido bosque de Posidón. Cuando se llega a este bosque, el potro recién domado que tira de un hermoso carro, resuella a pesar de la carga, pues el conductor -por diestro que sea- salta del carro y anda a pie el camino; y los potros arrastran con estrépito los carros vacíos, libres del imperio del auriga. Y si los conductores llevan el carro adentro del bosque poblado de árboles, atienden solícitos a los caballos y dejan el vehículo inclinado -tal fue la costumbre que se siguió desde un principio-; ruegan luego al rey, y el hado del dios guarda entonces el carro. Desde allí fuiste más lejos, oh Apolo, que hieres de lejos, hasta alcanzar el Cefiso, de hermosa corriente; el cual, a partir de Lilea, esparce sus aguas que manan bellamente. Después de atravesarlo y de pasar por Ocálea, la de muchas torres, llegaste, oh tú que hieres de lejos, a la herbosa Haliasto. Allí te dirigiste a Telfusa -pues aquel favorable lugar te fue grato para erigir un templo y bosques poblados de árboles- y, deteniéndote muy cerca de aquélla, le hablaste con estas palabras:
247 -¡Telfusa! Aquí me propongo a construir un hermosísimo templo, que sea oráculo para los hombres, los cuales me traerán siempre perfectas hecatombes -así los que poseen el pingüe Peloponeso, como los que viven en Europa y en las islas bañadas por el mar- cuando vengan a consultarlo; y yo les profetizaré lo que verdaderamente esté decidido, dando oráculos en el opulento templo.
254 Diciendo así, Febo Apolo echó los cimientos anchos, muy largos, seguidos; y Telfusa, al verlo, se irritó en su corazón y profirió estas palabras:
257 -Febo soberano, que hieres de lejos, haré alguna advertencia a tu espíritu, ya que deseas construir un hermosísimo templo que sea oráculo de los hombres, los cuales te traerán constantemente perfectas hecatombes. Te diré, pues, una cosa que fijarás en tu memoria: aquí te molestará siempre el ruido de las veloces yeguas y de los mulos que se abrevan en mis sagradas fuentes, y los hombres preferirían ver en este sitio carros bien construidos y percibir el estrépito de corceles de ágiles pies, que no un templo grande y con muchas riquezas. Pero, si quieres dejarte persuadir -ya que eres, oh soberano, más poderoso y más excelente que yo, y tu fuerza es muy grande-, constrúyelo a Crisa, debajo de la garganta del Parnaso. Allá bi los hermosos carros te molestarán, ni el estrépito de los corceles de ágiles pies se alzará en torno del ara bien construida. Y las ilustres familias de los hombres ofrezcan dones al Ie-Peán; y tú, con espíritu regocijado, acepta los hermosos sacrificios de los hombres limítrofes.
275 Diciendo así, persuadió el espíritu del que hiere de lejos, con el fin de que la gloria sobre la tierra fuese no para él, sino para la misma Telfusa.
277 Desde allí fuiste más lejos, oh Apolo, que hiere de lejos, y llegaste a la ciudad de los flegias, hombres violentos; los cuales no se cuidan de Zeus y viven sobre la tierra en un hermoso valle, cerca del lago Cefíside. Desde allí, lanzándote con ímpetu, subiste rápidamente la cordillera y llegaste a Crisa al pie del nevado Parnaso, monte vuelto hacia el céfiro; de la parte superior, del cual cuelga una roca y por debajo se extiende un valle cóncavo y escabroso. El soberano Febo Apolo decidió construir allí un agradable templo y dijo estas palabras:
287 -Aquí me propongo construir un hermosísimo templo, que sea oráculo para los hombres, los cuales me traerán siempre perfectas hecatombes- así los que poseen el pingüe Peloponeso, como los que viven en Europa y en las islas bañadas por el mar- cuando vengan a consultarlo; y yo les profetizaré lo que verdaderamente está decidido, dando oráculos en el opulento templo.
294 Diciendo así, Febo Apolo echó los cimientos anchos, muy largos, seguidos; sobre ellos pusieron el lapídeo umbral Trofonio y Agamedes, hijos de Ergino, caros a los inmortales dioses; y a su alrededor innumerables familias de hombres construyeron el templo con piedras labradas, para que siempre fuese digno de ser cantado. Cerca de allí había una fuente de hermoso raudal, donde el soberano hijo de Zeus mató con su robusto arco una dragona muy gorda y grande, monstruo feroz que causaba en aquella tierra muchos daños a los hombres, y no sólo a ellos, sino también a las reses de gráciles piernas; pues era una sangrienta calamidad. Ella fue la que alimentó en otro tiempo al terrible y pernicioso Tifaón, calamidad de los mortales, después de recibirlo de Hera, la del trono de oro; pues ésta lo había dado a luz, irritada contra el padre Zeus, porque el Crónida engendró en su cabeza la gloriosa Atenea. Así que lo supo se irritó la veneranda Hera y habló de esta suerte ante los dioses reunidos:
311 -Sabed por mí, todos los dioses y todas las diosas, que Zeus, que amontona las nubes, ha empezado a menospreciarme, él antes que nadie, después que me hizo su mujer entendida en cosas honestas: ahora, sin contar conmigo, ha dado a luz a Atenea, la de los ojos de lechuza, que se distingue entre todos los bienaventurados inmortales; mientras que se ha quedado endeble, entre todos los dioses, este hijo mío, Hefesto, de pies deformes, a quien di a luz yo misma, y, cogiéndolo con mis manos, lo arrojé y tiré al anchuroso ponto; pero la hija de Nereo, Tetis, la de argénteos pies, lo acogió y cuidó entre sus hermanas. ¡Ojalá hubiese obsequiado a los dioses con otro favor! Mas tú, cruel y artero, ¿qué nuevo propósito maquinarás ahora ? ¿Cómo te atreviste a dar a luz sólo a Atenea, la de ojos de lechuza? ¿No la hubiera parido yo? ¡Y, no obstante, yo era tenida por diosa tuya, entre los inmortales que poseen el anchuroso cielo! Guárdate de que yo no medite algún mal contra ti en lo sucesivo: ahora me ingeniaré para que nazca un hijo mío, que se distinga entre los inmortales dioses, sin que yo manche tu lecho y el mío, ni me acueste en tu cama; pues, aunque apartada de ti, permaneceré entre los inmortales dioses.
331 Diciendo así, se alejó de los dioses, enojada en su corazón. Acto continuo se puso a rogar Hera veneranda, la de ojos de novilla, y, golpeando la tierra con su mano inclinada, dijo estas palabras:
334 -Oídme ahora, oh tierra y anchuroso cielo que estás arriba, y dioses Titanes que habitáis debajo de la tierra, junto al gran Tártaro, y de los cuales proceden hombres y dioses: ahora oídme, vosotros todos, y dadme un hijo, sin intervención de Zeus, que en modo alguno le sea inferior en fuerza, sino que le supere tanto como el largovidente Zeus supera a Cronos.
340 Diciendo así, azotó el suelo con su mano robusta y se movió la vivificante tierra; y ella, al notarlo, alegróse en su corazón, pues creyó que se cumpliría lo que había pedido. Desde entonces y por espacio de un año cumplido, ni una sola vez se acostó en la cama del próvido Zeus, ni se sentó en la silla artísticamente adornada, en que se sentaba antes para meditar juiciosos intentos; sino que, quedándose en sus templos frecuentados por muchos suplicantes, se deleitaba con los sacrificios Hera veneranda, la de ojos de novilla. Mas después que pasaron días y meses y, transcurrido el año, volvieron a sucederse las estaciones, Hera dio a luz un hijo que no se parecía ni a los dioses ni a los hombres: el terrible y pernicioso Tifaón, calamidad de los mortales. Hera veneranda, la de los ojos de novilla, lo cogió enseguida y, llevándoselo, entregó el monstruo al monstruo; la dragona lo recibió, y Tifaón causaba muchos males a las gloriosas familias de los hombres. Mas aquel que se encontraba con la dragona había dado con el día fatal; hasta que el soberano Apolo, el que hiere de lejos, le arrojó un fuerte dardo y quedó tendida, desgarrada por graves dolores, muy anhelante, revolcándose por el suelo. Entonces oyéronse una serie grande, inmensa, de chillidos; y la dragona daba muchas vueltas acá y acullá, dentro del bosque, hasta que por fin perdió la vida, exhalando un vaho sanguinolento. Y Febo Apolo, gloriándose, dijo:
363 -Ahora púdrete ahí, sobre el suelo que alimenta a los hombres, y ya no serás funesta causa de perdición para los vivos, que comen fruto de la fertilísima tierra y traerán acá fertilísimas hecatombes; pues no te librarán de la muerte ni Tifoeo ni la Quimera de odioso nombre, sino que te pudrirán aquí mismo la oscura tierra y el resplandeciente Hiperión.
370 Así dijo gloriándose; y a ella la oscuridad le cubrió los ojos. Allí la pudrió la sagrada fuerza del sol, y por esto aquel lugar es llamado Pito, y sus habitantes dan al rey el sobrenombre de Pitio, porque allí mismo la fuerza del penetrante sol pudrió al monstruo.
375 Entonces Febo Apolo comprendió en su espíritu que la fuente de hermoso raudal le había engañado. E, irritándose, se fue hacia Telfusa, la encontró enseguida, y. deteniéndose muy cerca de ella, le dijo estas palabras:
379 -¡Telfusa! No hubieras debido, después de haber engañado mi mente, dejar correr tu agua de hermoso raudal por ese agradable lugar que posees. Aquí resplandecerá también mi gloria y no la de ti sola.
382 Dijo. Y el soberano Apolo, el que hiere de lejos, haciendo resbalar una cumbre con las prominencias de sus rocas, ocultó las corrientes y erigió un altar en un bosque cubierto de árboles muy cercano a la fuente de hermoso raudal; y allí todos ruegan al soberano, dándole el sobrenombre de Telfusio, porque oprobió las corrientes de la sagrada Telfusa.
388 Luego Febo Apolo meditó en su ánimo qué hombres llevaría como iniciados en sus ritos para que fueran sus sacerdotes en la pedregosa Pito; y mientras revolvía estas cosas, vio en el oscuro ponto una nave veloz en que iban muchos excelentes hombres, cretenses de la minoia Cnoso, los cuales ofrecen sacrificios al soberano y anuncian cuantas decisiones revela Apolo, el de la espada de oro, dando oráculos desde el laurel en los valles del Parnaso. Estos, para atender a sus negocios y para lucrarse, navegaban en una negra nave hacia Pilos y los hombres nacidos en Pilos; mas Febo Apolo les salió al encuentro en el ponto y, habiendo tomado la figura de un delfín, saltó a la nave veloz y en ella se echó como un monstruos grande y horrendo. Ninguno de los marineros lo había notado ni advertido [...] la sacudía por todas partes y agitaba los maderos de la naves. Y ellos, temerosos, estaban sentados silenciosamente dentro de la nave, y ni soltaban los aparejos de la negra nave ni desataban la vela de la nave de azulada proa; sino que, como en un principio la habían puesto con las correas de piel de buey, así navegaban; y el impetuoso noto empujaba por la popa la rápida nave. Primeramente navegaron a lo largo de Malea y de la tierra lacónica y llegaron a Helos, ciudad marítima, y a Ténaro, lugar del Sol que alegra a los mortales donde pacen los rebaños de largas crines de este soberano, y es sitio ameno. Allí quisieron detener la nave y, desembarcando, contemplar el gran prodigio y ver con sus ojos si el monstruo se quedaría sobre la cubierta de la cóncava nave o se lanzaría nuevamente a las olas del mar abundante en peces; pero la nace bien construida no obedecía al timón, y fue recorriendo el camino a lo largo y más allá del pingüe Peloponeso, pues el soberano Apolo, el que hiere de lejos, la dirigía fácilmente con su soplo; y así, prosiguiendo su rumbo, llegó a Arena, y a la agradable Argífea, y a Trío vado del Alfeo, y a la bien edificada Epi, y a la arenosa Pilos y a los hombres nacidos en Pilos; pasó a lo largo de Crunos y Calcis, a lo largo de Dima, y a lo largo de la Elide, donde dominan los epeos; y cuando, animada por el viento favorable de Zeus, llegó a Feras, les aparecieron por debajo de las nubes el alto monte de Ítaca, Duliquio, Same y la selvosa Zacinto. Mas, así que hubo pasado a lo largo de todo el Peloponeso y a se veía el inmenso golfo de Crisa con que el pingüe Peloponeso termina, sopló por la voluntad de Zeus un recio viento, el sereno Céfiro, lanzándose impetuoso desde el éter para que la nave, corriendo, acabara de atravesar el agua salobre del mar. Entonces navegaron hacia atrás, hacia la Aurora y el Sol, guiándoles el soberano Apolo, hijo de Zeus, y llegaron al puerto de Crisa, la que se ve de lejos y está cubierta de viña; y la nave surcadora del ponto rozó las arenas.
440 Entonces se lanzó de la nave el soberano Apolo, el que hiere de lejos, semejante a un astro en medio del día -de él salían abundantes chispas y su resplandor llegaba al cielo-, y enseguida penetró en el templo por entre los preciosos trípodes. Allí el dios encendió una llama, mostrando sus armas, y el resplandor ocupaba toda Crisa: las esposas de los criseos y sus hijas de hermosa cintura gritaron por la impetuosa entrada de Febo, y a cada una le entró un gran temor. De allí saltó nuevamente, rápido como el pensamiento, para volar a la nave; semejante a un hombre joven y fuerte que acaba de salir a la juventud y lleva cubiertos por la cabellera sus anchurosos hombros. Y hablando así a los marineros, díjoles estas aladas palabras:
425 -¡Forasteros! ¿Quiénes sois? ¿De dónde llegásteis navegando por húmedos caminos? ¿Venís por algún negocio o andáis por el mar, a la ventura, como los piratas que divagan, exponiendo su vida y produciendo daño a los hombres de extrañas tierras? ¿Por qué estáis pasmados de esta manera y ni saltáis a tierra, ni dejáis los aparejos de la negra nave? Que ésta es la costumbre de los hombres industriosos, cuando en una negra nave llegan del ponto a la ciudad, rendidos de cansancio, y enseguida el deseo de una agradable comida se apodera de su corazón.
462 Así dijo, y les infundió audacia en el pecho. Y el capitán de los cretenses, respondiéndole, dijo a su vez:

464 -¡Oh, forastero! Puesto que en nada te pareces a los mortales ni por tu cuerpo ni por tu natural, sino solamente a los inmortales dioses, ¡salve y regocíjate mucho y que los dioses te colmen de bienes! Y ahora dime la verdad sobre esto, para que yo la sepa: ¿Cuál es este pueblo? ¿Cuál esta tierra? ¿Qué mortales han nacido aquí? Con otro intento navegábamos por el gran abismo del mar hacia Pilos desde Creta, donde nos gloriamos de tener nuestro linaje; y, aunque deseosos de volver a la patria, contra nuestra voluntad hemos venido aquí en la negra nave por otro camino, por otros derroteros, pues alguno de los inmortales nos ha traído sin que nosotros lo quisiéramos.
474 Díjoles en respuesta Apolo, el que hiere de lejos:
475 -¡Forasteros! Antes habitábais Cnoso, poblada de muchos árboles; pero ahora ya no volveréis a vuestras amables ciudades y hermosas moradas, ni a vuestras queridas esposas, sino que guardaréis mi rico templo honrado por muchos hombres: yo soy hijo de Zeus y me glorio de ser Apolo, y os he traído aquí por el gran abismo del mar no meditando ningún mal contra vosotros, sino para que guardéis aquí mi rico templo, muy honrado por todos los hombres, y conozcáis las decisiones de los inmortales, por cuya voluntad seréis también honrados siempre, constantemente, todos los días. Mas, ea, obedeced muy prestamente lo que voy a decir: amainad primeramente las velas, desatando las cuerdas, arrastrad a tierra firme la veloz nave, sacad las riquezas y los aparejos de la nave bien proporcionada, y erigiendo un ara en la orilla del mar, encended fuego, quemad la blanca harina y rogad después, poniéndoos alrededor del altar. Como en el oscuro ponto salté primeramente a la veloz nave, parecido a un delfín, invocadme llamándome delfinio; y el mismo altar, igualmente delfinio, será siempre famoso. Cenad después junto a la veloz nave negra y ofreced libaciones a los bienaventurados dioses que poseen el Olimpo. Y cuando hubiereis satisfecho el deseo de la dulce comida, venid conmigo y cantad Ie-Peán hasta que lleguéis al sitio donde guardaréis el rico templo.
502 Así dijo; y ellos le escucharon y obedecieron. Primeramente amainaron las velas, desataron el correaje y abatieron por medio de cuerdas el mástil hasta la crujía; luego saltaron a la orilla del mar, arrastraron la veloz nave desde el mar a tierra firme y la pusieron en alto, sobre la arena sosteniéndola con grandes maderos; y, finalmente, erigieron un ara en la orilla del mar: entonces encendieron fuego, quemaron la blanca harina y rogaron, como se les había mandado, poniéndose alrededor del altar. Tomaron luego la cena junto a la veloz nave negra y ofrecieron libaciones a los bienaventurados dioses que poseen el Olimpo. Mas cuando hubieron satisfecho el deseo de la dulce comida, echaron a andar; precedíales el soberano Apolo, hijo de Zeus, con la cítara en la mano, tañéndola deliciosamente y andando bella y majestuosamente; y los cretenses le seguían a Pito, golpeando el suelo y cantando el Ie-Peán, de la suerte que se cantan los peanes de los cretenses a quienes la Musa inspiró en el pecho el canto melodioso. Incansables, subieron con sus pies la colina y pronto llegaron al Parnaso y a un sitio agradable donde habían de habitar honrados por muchos hombres: en conduciéndolos allí, Apolo les mostró el recinto sagrado y el templo opulento. Conmovióseles el corazón en el pecho a los cretenses y su capitán dijo así, interrogando al dios:
526 -¡Oh, rey! Puesto que nos han llevado lejos de los amigos y de la patria tierra -así indudablemente le plugo a tu ánimo-, ¿cómo viviremos ahora? Te invitamos a meditarlo. Pues esta agradable tierra ni es vinífera ni de hermosos prados, de suerte que de ella vivamos cómodamente y alternemos con los hombres.
531 Sonriendo les contestó Apolo, hijo de Zeus.
532 -Hombres necios, desdichadísimos, que estáis ávidos de inquietudes, de graves pesares y de angustias en vuestro corazón: os diré unas gratas palabras que grabaréis en vuestra mente. Teniendo cada uno de vosotros un cuchillo en la diestra, degollad continuamente ovejas y tendréis en abundancia cuanto me traigan las gloriosas familias de los hombres; custodiad el templo y recibid las familias de los hombres que aquí se reúnan, y sobre todo cumplid mi voluntad.
[...] sea que fuere una vana palabra o alguna obra,. o una injuria, como es costumbre entre los mortales hombres [...] luego tendréis por señores a otros hombres por los cuales estaréis fatalmente subyugados todos los días. Todas las cosas te han sido reveladas: guárdalas en tu mente.
545 Y así, salve, Hijo de Zeus y de Leto; y yo me acordaré de ti y de otro canto.


HOMERO, Himnos , Trad. Luis Segalà, Barcelona, 1990

Patricia Damiano, entexto