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Fabio Kacero - Cae la noche sideral

Fabio Kacero - Cae la noche sideral

Tulzail despertó la mañana 

del día de su cumpleaños 

número setecientos treinta y cuatro mil 

doscientos ochenta y siete, 

pensando, angustiado, 

en la brevedad de la vida. 

Ya no era joven, 

aunque tampoco un viejo, 

y si bien todavía podía vivir 

medio millón de años más, 

sentía que el tiempo 

había pasado demasiado rápido 

y que la nada lo esperaba 

a la vuelta de la esquina.

Como muchos de su especie 

había viajado frecuentemente 

por nuestra galaxia 

(sin necesidad de naves espaciales), 

y había vivido las vidas 

de los seres más diversos.

entrando en sus cuerpos 

y permaneciendo en ellos 

desde que nacían hasta que morían.

Las travesías por el espacio 

y la ocupación de cuerpos 

formaban parte de la educación de su especie, 

y una vez concluida, se retiraban a una estrella, 

donde se dedicaban, en soledad, a multiplicarse.

Pronto, como era costumbre, 

las crías que Tulzail había engendrado 

se marcharon para emprender sus viajes de formación

hacia los más remotos destinos del Universo.

Recordando sus propios viajes de juventud, 

Tulzail se acordó, para consolarse, 

de la visita que había hecho a un planeta 

habitado por criaturas, cuyas vidas 

duraban apenas cien años, y menos aún.

Había vivido dentro de una de ellas 

-un cuerpo diminuto, aferrado por la gravedad 

a la estrechez de su propio mundo-, 

y según sus parámetros temporales, 

la vida entera de ese ser 

equivalía a un día de la suya.

Aun así, el recuerdo no le produjo 

el efecto consolador que hubiera deseado. 

Cien años, un millón de años...

Quizá, cuando su tiempo se acabase -sospechó-

tendría la misma sensación 

que tuvo aquella vez, 

en ese cuerpo efímero: 

la de haber vivido un solo día, 

y en ese día, haber nacido por la mañana,

y morir, poco después,

al caer la noche.


En Late Blooming


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