Mi hijo se duerme aquí
a mi lado, sobre el pasto.
Y entró en el sueño entre un
lujo agreste de juguetes:
la danza de los reflejos
encendiendo y apagando
un temblor de pececillos
en el agua azul del cielo
de donde surte un ruido
fino y roto de alegría
destrozada no sé dónde…
quizá en su misma pureza.
Entró en el sueño mi hijo
entre una magia de flores
que los suspiros de los
ángeles hacen temblar
y llevan de un lado a otro
como en un deshojamiento
de la gran rosa del día
dormida sobre los campos…
Entró en el sueño mi hijo
jugando con unos frescos
animalillos que le
buscaban las manecitas,
y unos dedos vagos que
le acariciaban la cara
con una suavidad tanta
que parecían morirse
al tocarle las mejillas:
Entró en el sueño m i hijo
mirando el denso follaje,
oyendo cantar los pájaros,
rodeado de mariposas,
acariciado por los
tallos altos y sutiles,
con una brisa ya medio
dormida sobre los párpados.


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