César Aira - El Buda Eterno

21 jul 2020

César Aira - El Buda Eterno




"Creía que hoy era el lunes pasado", se dijo el Buda Eterno fuertemente atado a la estatua. Ese involuntario error lo había puesto en manos de sus más encarnizados enemigos, los Monoteístas. Ellos salían de cacería siempre un día después, y él, pobre incauto distraído, había creído estar a salvo en el día antes. Ya era tarde para lamentarse. Pero si no fuera tarde, no podría lamentarse y no habría dado el mal paso. Tenía un verdadero almanaque grabado en el cerebro, con sus idas y venidas personales marcadas en código, cada día de la semana, del mes y del año con un autito, una canilla, un peine, un ojo; jeroglíficos figurativos que nadie más que él entendía y que significaban «explorar las nacientes del Indo», «combatir con los falsos yonis», «acabar con el espionaje industrial en el Punjab», en fin, todas las andanzas que han venido siguiendo sus lectores. Pero las casillas donde estaban los signos, trazadas en la superficie blanda y fluida del tiempo, una superficie hecha no de puntos sino de superficies, cambiaban de lugar sin aviso y le propinaban sorpresas tan desagradables como ésta.

En El testamento del mago tenor