Los botones de la luz, el aparato de televisión enfrente, muebles brillantes y un gramófono abandonado. Sobre la mesa multitud de alimentos para que la mano ni la boca se aburran mientras los ojos gozan estupefactos. (¿Y esto es el Hombre? ¿Y para esto vivir?) De cuando en cuando una voz osa admirar una imagen, pero no obtiene respuesta. Prohibido hablar; ¡eso es para los humanos! Mirar, comer, sentarse. Luego, un beso al partir: ¡La velada estuvo encantadora!
Repentina sensación de ver en cualquiera, aun en el ser amado, nada más que un animal. En ese momento los rasgos se desfiguran. Un animal. La voz se vuelve extraña. Un animal.
El «subte» es el lugar más gráfico, más sugestivo del rebaño humano. Es terrible cuando se asciende el primer escalón, observar la multitud que me precede ascendiendo. ¡Y yo sigo creyéndome «sujeto» a pesar de todo! Percibiendo «eso»: ¡ya nada importa salvo estar ahí! ¡Estar y que venga o se vaya todo! Después de todo: ¡¡¡¿Qué?…!!!
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