4 dic. 2018

Roland Barthes - El estereotipo


Roland Barthes - El estereotipo


El estereotipo es la palabra repetida fuera de toda magia, de todo entusiasmo, como si fuese natural, como si por milagro esa palabra que se repite fuese adecuada en cada momento por razones diferentes, como si imitar pudiese no ser sentido como una imitación: palabra sin vergüenza que pretende la consistencia pero ignora su propia insistencia. Nietzsche ha hecho notar que la «verdad» no era más que la solidificación de antiguas metáforas. En ese sentido, el estereotipo es la vida actual de la «verdad», el rasgo palpable que hace transitar el ornamento inventado hacia la forma canónica, constrictiva, del significado. (Sería bueno imaginar una nueva ciencia lingüística que no estudiase ya el origen de las palabras, la etimología, ni su difusión, la lexicología, sino el progreso de su solidificación, su espesamiento a lo largo del discurso histórico; sin duda esta ciencia sería subversiva, manifestando, más que el origen de la verdad, su naturaleza retórica, lingüística).

La desconfianza con respecto al estereotipo (ligada al goce de la palabra nueva o del discurso insostenible) es un principio de inestabilidad absoluta que no respeta nada (ningún contenido, ninguna elección). La náusea llega en el momento en que el enlace de dos palabras importantes se sobrentiende. Y desde el momento en que una cosa está sobreentendida, la abandono: es el goce. ¿Provocación inútil? En la novela de Poe, Valdemar, el moribundo magnetizado, sobrevive catalépticamente gracias a la repetición de las preguntas que le son dirigidas («¿Duerme, Sr. Valdemar?»), pero esta supervivencia es insostenible: la falsa muerte, la muerte atroz, es aquella que no es un término, es lo interminable. («¡Por amor de Dios! ¡Rápido, rápido, hacedme dormir o despertadme! Les digo que estoy muerto»). El estereotipo es esta imposibilidad nauseabunda de morir.

En el campo intelectual la elección política es una detención del lenguaje, es por lo tanto un goce. Sin embargo, el lenguaje retoma su poder bajo su forma más consistente (el estereotipo político). Es necesario tragarse sin náuseas este lenguaje.

Otro goce (otros bordes): consiste en despolitizar lo que es aparentemente político y en politizar lo que aparentemente no lo es. Pero no, se politiza lo que debe serlo y nada más.

En El placer del texto