6 dic. 2018

Fernando Pessoa - Cascada


Fernando Pessoa - Cascada


La niña sabe que la muñeca no es real, y como tal la trata, hasta llorar por ella y disgustarse cuando se le rompe. El arte de los niños es el de irrealizar. ¡Bendita sea esa edad equivocada de la vida, cuando se niega la vida por no existir el sexo, cuando se niega la realidad por un juego, tomando por reales cosas que no lo son!

Que se me regrese a la infancia y permanezca siempre niño, sin que me importen los valores que los hombres dan a las cosas ni las relaciones que los hombres establecen entre ellas. Yo, cuando era pequeño, ponía muchas veces los soldaditos de plomo con las patas al aire… ¿Y hay algún argumento, con fuerza lógica convincente, que me demuestre que los soldados reales no deben caminar cabeza abajo?

El niño no concede más valor al oro que al vidrio. ¿Y realmente, es más valioso el oro? El niño encuentra absurdas las pasiones, las rabias, los temores que ve esculpidos en los gestos adultos. ¿Y no son realmente absurdos y vanos todos nuestros temores, y todos nuestros odios, y nuestros amores todos?

¡Oh divina y absurda intuición infantil! ¡Visión verdadera de las cosas, que nosotros vestimos de convenciones al verlas en su más clara desnudez, que nosotros cubrimos con la bruma de nuestras ideas en nuestra mirada más directa!

¿Será Dios un niño muy crecido? ¿No parece el universo entero un juego, una jugarreta de niño travieso? Tan irreal, tan □, tan □

Os lancé, riendo, esta idea al aire, y ved cómo al verla a distancia de repente veo lo horrorosa qué es (¿Quién sabe si esa idea no encierra la verdad?). Y la idea cae y se me rompe a los pies entre polvo de horror y astillas de misterio…

Me despierto para saber que existo…

Un gran tedio impreciso gorgotea equivocadamente fresco al oído, por las cascadas, colmenar abajo, allá en el fondo estúpido del jardín

En Libro del desasosiego