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17 ene. 2009

Zhuang Zi - Un hijo afortunado

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Ziqi tenía ocho hijos. Cierto día los reunió y, llamando a Jiufang Yin, le dijo: -"Examina los rostros de mis hijos y dime cuál de ellos será afortunado".

-Kun será el mas afortunado -dijo Jufang Yin.


¿De qué manera? -Preguntó admirado Ziqi.


Kun comerá con un príncipe hasta el final de sus días - Le respondió Jufang Yi.


Al oír esto, Ziqi, afligido y con los ojos llenos de lágrimas, exclamó:


-¿Por qué este hijo mío tiene que llegar a ese extremo?


Cuando alguien come con un príncipe -dijo Jufang Yin-, el honor se extiende a sus tres parentescos y sobre todo a sus propios padres; ¿cómo es que te echas a llorar?. Eso es rechazar la dicha.

Yin -dijo Ziqi-, ¿cómo sabes que Kun será verdaderamente afortunado? Sólo sabes que el olor del vino y los manjares llegarán a su nariz y a su boca, pero ¿puedes saber de qué manera le han de venir?. Yo no soy pastor, y ha nacido un cordero en el límite sudoeste de mi casa; tampoco soy cazador, y en el límite nordeste de mi casa nacieron codornices. Mi hijo y yo nos movemos en libertad, y andamos por Cielo y Tierra. No estamos asociados en negocios mundanos, ni conspiramos juntos, ni hacemos juntos nada extraordinario. Vivo con él conforme a la realidad del Cielo y de la Tierra, y no dejo que lo aflijan las cosas del mundo. Dejamos los dos que todo siga su curso, y yo procuro que su mente no se ocupe de la conveniencia de obrar o no. Y fíjate ahora, de que forma nos recompensa el Cielo. Donde hay señales extrañas, no puede sino haber hechos extraños; eso es peligroso, pero no será mi culpa ni la de mi hijo, sino algo impuesto por el Cielo. Por eso lloro.

Poco tiempo después, enviaron a Kun al estado de Yan, y en el camino fue secuestrado por unos bandidos. Como les resultaría difícil venderlo intacto, le cortaron un pie. Más tarde lo vendieron en el estado de Qi. Allí quiso la fortuna que llegara a ser portero mayor del duque Qu.

Kun comió carne hasta el final de sus días.

 

Zhuang Zi – Libro XXIV, capítulo XI

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27 dic. 2007

Oscar Freire - Chuang Tse y el conceptualismo

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Introducción

Una de las tantas tendencias postmodernas del espiritualismo se resume en el pretendido ecumenismo de las tradiciones, o por otro lado, el idealizar a ciertas personalidades como las de Jesús, Platón, Sankâra o Chuang Tsê (por sólo nombrar algunas de las mas emblemáticas) y es común arrogarles la virtud de "iniciados" o representantes exclusivos de un cierto esoterismo que se han opuesto, rivalizando o anulando las doctrinas de los representantes de las escuelas o instituciones exotéricas como han sido en este caso Moisés, Aristóteles, Ramanuja y Confucio (1).

Más allá del defecto de todo exclusivismo; de una consecuencia pseudoesóterica de esto; de ver oposiciones donde no las hay; de confundir esoterismo y exoterismo o la autoridad espiritual con el poder temporal, y antes de tomar el ejemplo de Chuang Tsê para nuestro estudio intentaremos considerar algunas aristas de dicha forma mental a los efectos de poder vislumbrar al menos , alguna parte de sus procesos cuales, en rigor, no debemos considerarles como ciertos, ya que no son estrictamente expresiones del orden metafísico, ni inciertos, al no ser premisas secundarias del orden tradicional. Tampoco entran en la clasificación del concepto erróneo, ya que, de alguna manera, este es pasible de enmienda por medio de una firme y adecuada atención sobre el problema.

Al derivar naturalmente lo incierto de lo cierto no puede haber oposición, salvo que la incertidumbre se fugue de su eje, por lo cual pierde su principio y deviene como "fantasía" en el sentido sinónimo de irreal con todo lo que implica el carácter del sofisma, o aquella confusión mental y su respectivo conocimiento verbal desviado.

No era el carácter in-cierto (literalmente incluido o adentro de lo cierto) de las constituciones exotéricas ni el común valor que se podía tener de la vida cotidiana en las sociedades tradicionales lo que denostaban duramente sabios tradicionales como Platón o Chuang Tsê, ya que se conformaban en un orden normal o natural, sino apuntaban a la caída en una tendencia exclusivista de ellos en tanto su desviación del principio superior, y por ende, del anquilosamiento de las formas que deben constituirse en soportes operativos (realizables) para la identificación con tal principio.


"El universalismo utópico"

Es probable que, uno de los aspectos de esta moderna "desviación esotérica" de las doctrinas tradicionales se exprese por medio del "universalismo utópico" actualmente en boga. Siendo este, en realidad, una transposición metafísica al plano formal por la cual se cae en la reducción a la uniformidad, es decir, una contrahechura sobre la noción de la unidad esencial de la manifestación, cuyo carácter o punto de vista estrictamente metafísico expresaron tales sabios.

Evidentemente, dicha contraforma, ha sido en parte alimentada por el sincretismo de un reduccionismo literario, significando la injerencia de un tipo de lenguaje especializado que se expresa derivando de una singular y respectiva concepción mental, notoriamente marcada por la paradojal combinación abstractiva de un esencialismo in extremis (producto de ideas puramente imaginarias) con aquello cartesiano de "ver las cosas claras y distintas".

Podríamos señalar que las dos dimensiones de dicho lenguaje se caracterizan por un lado en formular, connotativamente, ciertas idealizaciones del simbolismo tradicional, cuales llevan a una suerte de ilusión de conocimiento que no va mas allá de la "ensoñación" individual; y, por el otro lado, en un conceptualismo desviado incapaz de trascender el marco de las contradicciones verbales, debido ello, precisamente, a su naturaleza meramente designativa (ya que el signo lingüístico convencional moderno es incompatible a la naturaleza operativa del lenguaje simbólico tradicional), es decir que, en la denotación distintiva o en el establecimiento argumental de las oposiciones las expresiones carecen de ritmo y por tanto de unidad, contrariamente a las lenguas tradicionales donde dicha unidad es simbólicamente repetitiva en todos los niveles de referencias, y porque en ellas, la intuición de la idea y la expresión del objeto son una y la misma cosa.


Dificultades del lenguaje convencional

De tal manera que, las carencias y limitaciones del tipo de lenguaje relacional moderno, ineluctablemente, desembocan, por modificación constante de sus componentes, no solamente en aquellas desviaciones respecto de lo ideal, sino también abarcan las falsas apreciaciones de lo objetal. Si las fases preliminares del conocer son inseparables de los términos del lenguaje (2), debemos inferir que la intervención de un creciente proceso de arritmia, que ya hace tiempo ha hecho desaparecer los soportes del simbolismo operativo, no puede menos que terminar en una completa inversión de las nociones tradicionales sobre la realidad.

Para aproximarnos a lo que intentamos sugerir hagamos un ejercicio: Si nosotros nos remitiéramos a un fin conceptual de nuestra anotación o si el lector anula la sugerencia o las acepciones mas amplias de nuestros términos, en una interpretación literal de lo que está leyendo, caeríamos en un círculo vicioso de expresiones y juicios tautológicos. Del mismo modo, en la "ilusión del impreso" que no es mas que un sistema cerrado basado en la transposición de la opinión al documento elaborado. A lo sumo, en una asociación verbal temática, de acuerdo al mayor o menor caudal de información o lecturas que tengamos sobre la cuestión. Sea como fuere, no excederíamos de ningún modo el carácter abstracto que se concede al concepto verbal y por lo cual no tendríamos ninguna garantía siquiera de un conocimiento teórico cierto desde una óptica tradicional.

Queda explícito que las variaciones mentales de "esto" o "aquello", singularmente las de los "especialistas en conocimiento" raramente trascienden el marco de las intuiciones sensibles, donde, por determinación, prima la "ley de contradicción", puesto que la idea no es consubstancial a la palabra, y por hallarse, además, escindida de la cosa.

Esto mismo, es expresado cabalmente por la noción tradicional china de cheng xin como una actitud proposicional o intencional inherente al estado de "separateidad" en que se halla la conciencia sometida al incesante fluir de las oposiciones mentales, singularmente intensas cuanto mas rico sea el vocabulario que se posea. En sánscrito, es la palabra Vikalpa, además de aludir a la "fantasía" y a la "alucinación" la que expresa la noción equivalente para describir tal estado mental, y según los Yugasûtras de Patañjali (1.9) es la constante percepción de la realidad en términos lingüísticos (3), por lo cual se aconseja firmemente a todo aspirante al conocimiento no predicar sobre las cosas profundas hasta tanto no haya logrado una asimilación real al estado de Turiya (El Silencio), so pena de ocasionar graves alteraciones a la manifestación entera.

Esto no puede ser de otra manera, ya que en toda sociedad tradicional la palabra no permite elaboraciones antojadizas por no ser de correspondencia exclusiva al concepto, ni tampoco obedece a la abstracción de un signo que puede ser "contextualizado" artificialmente según plazca a cualquier creativo o imaginativo mediante la gramática y la sintaxis; y, sobretodo, por el motivo fundamental que señala a tales medios, como muy alejados de ser el receptáculo apto de las Ideas inmutables.

Contrariamente, la palabra tradicional se fundamenta en el aspecto neutro de su formalidad, en su originalidad radical y ad-vocatoria del ritmo, y por tanto, expresando cada vocal una función viviente unida a su correspondiente causa esencial siendo, al mismo tiempo, símbolo de la totalidad; y, por lo cual, el acto de hablar o el de nombrar, no se reduce a las meras clasificaciones abstractas, sino a establecer, en cada estadio que sea, la eficacia operatoria o el reflejo del orden universal.

Si reflexionamos en este término de "totalidad" (a modo que sirva de ejemplo para toda terminología metafísica al uso literario) notaremos que manejar retórica o estilísticamente esta palabra, o simplemente leerla, no implica un conocimiento correcto del objeto en sí.

Es más, podríamos decir que si no hay conocedor en acto (4) tampoco hay propiamente conocimiento real. En todo caso, se trata de un conocimiento de palabras que puede ser mas o menos adecuado, pero no corresponde a ninguna "experiencia" real (5) en tanto que tal palabra sea procesada por el pensamiento en cuanto no tiene ninguna realidad al margen del concepto que la define; y por lo cual, solo se tiene una "medida" de totalidad correspondiente a la mente individuada de quien la imagina. En resumen: no puede ser mas que un concepto imaginario de "totalidad" por la "finitud" que se le impone dentro de los límites del pensamiento.


El ejemplo de Chuang Tsê

Según Chuang Tse los hombres de la antigüedad eran nescientes respecto de las clasificaciones del mundo y por tanto de sus denominaciones: "En un principio no sabían que existiera algo; este es el conocimiento perfecto, ya que no se le puede añadir nada. Posteriormente, tuvieron noción de la existencia de algunas cosas, pero no sabían distinguir unas de otras. Luego surgieron otros hombres que sabían distinguir entre las cosas, pero no sabían clasificarlas como o (shi fei) (6). Fue entonces cuando tales juicios y clasificaciones dañaron el Tao" (7).

No podría definirse mejor el estado "extramental" e innato que corresponde a la verdadera Sabiduría, y sería difícil, salvo las pocas excepciones de siempre, que pueda hallarse entre los tradicionales una mejor eficacia en la con-signación de la cualidad omnicomprensiva que porta la palabra primordial, y por ende, refutando así, la petrificación del lenguaje, el reduccionismo del conocimiento y los sistemas o convenciones burocráticos que, en toda época (8), por pretermisión de principio, han afectado, creciente y sucesivamente, al espíritu humano.

Para Chuang Tse el significado de una palabra se encuentra lejos de obedecer a alguna valoración normativa del lenguaje, puesto que no se trata de las oposiciones mentales ( cheng xin) de "esto" o "aquello", sino de lo que proporciona el centro del círculo, es decir, donde desaparecen los enfrentamientos y la dualidad universalizada de los pensamientos intencionales, surgiendo así, en eso que erige el eje del Tao (9).

Expresiones tales como: "Existe lo que es, y existe lo que no es; y no resulta fácil decir si lo que no es, no es; o si lo que es, es"; o "He establecido una afirmación; no obstante, no sé si lo que dije ha sido real en cuanto a lo que dije, o no lo dije realmente"; o aquella de "Uno mas uno son dos, dos mas uno son tres. Si para ir de la a necesitamos de tres piensa hasta que punto necesitaríamos ir para pasar de a algo" (10) no hacen mas que reflejar la intención de Chuang Tse en no perder de vista el carácter "enjuiciatorio" de las afirmaciones y negaciones, o de la relatividad ilusoria de las complexiones y diferencias, ya que estas, por su naturaleza judicativa, no hacen mas que representar la dualidad en una de sus tantas extensiones, y al mismo tiempo, revelarla en su concepto mas amplio, es decir, en cuanto al quiebre con la Unidad. Un accidente que, según Chuang Tse, suele provocar, de modo implacable, el olvido de que toda apariencia "dicótoma" se halla sumergida en la superior unidad y en la verdadera realidad del Tao.

Esta intención de Chuang Tse de ninguna manera se remite a abolir las funciones del lenguaje (11), ya que lo considera como un "pequeño saber" (por estar supeditado a la esfera de las distinciones, por ende, a un conocimiento parcial y limitado), sino a declarar el proceso de "cosificación" que embarga a este en tanto la ausencia del "gran saber" (en cambio omnicomprensivo) o principio rector (Tao), y en cuanto a la consecuente negligencia de su simbolismo proactuante, donde reside "el Tesoro del Cielo" (12).

Para Chuang Tse, las consecuencias o derivados del oscurecimiento de la luz primordial pueden llegar a ser fatales, tanto para las sociedades como para los hombres, condenándolos por completo a la disolución y a un fracaso de vida respectivos, si es que no se toman los recaudos a tiempo.

Como ejemplo de estas influencias negativas que se ciernen sobre el hombre, y en relación con nuestro tema, según los patrones tradicionales dados por Chuang Tse, podríamos señalar que, según la ley de "acciones y reacciones concordantes" el desarrollo exagerado del "pequeño saber" o verbalismo, tal como el llevado a cabo por el oficio de letrado (eruditos y académicos) (13) no sólo acentúa el crecimiento de un "yo" ilusorio (ego) basado en la mente individual y como producto de los "pequeños logros" (Xiao cheng), es decir, al fin y al cabo, de las ligaduras con la confusión (mang) y la contradicción (shifei), sino que, además, tiene injerencia en el orden somático del constitutivo humano. El cual va adquiriendo así, la forma que le imprime el ritmo alternante de la propia mente incapaz de remitir las emociones liberadas y las pasiones estimuladas que afectan y obstaculizan el libre curso de la naturaleza primordial del hombre.


Conclusión

"¡No existen seres diferentes! ¡No existen ni distinciones ni contrarios! El sabio se sitúa en un punto en el que "yo" y "tú", "esto" y "aquello", "sí" y "no", parecen todavía indistintos. Este punto es el centro inmóvil de una circunferencia, sobre cuyo perímetro ruedan todas las contingencias, todas las diferencias, todas las individualidades. Un punto desde el que no se divisa mas que un infinito que no es ni "tú" ni "yo, ni "esto" ni "aquello", ni "sí" ni "no". Contemplar todo en la unidad primordial no diferenciada, esta es la verdadera sabiduría". (Chuang Tsê, L.2)

Como se advierte en los implícitos de esta magistral exposición, mas aquello que se infiere de nuestro comentario general, Chuang Tsê al advertir sobre los límites y obstáculos de los planteamientos sociales y rituales exagerados de los seguidores de Confucio, jamás se ha referido a un "universalismo" conceptual, ya que esto equivale a caer en una entelequia vaga e insubstancial al estilo espiritualista del "amor universal" como el de Mo Tsê. Se refería a no perder de vista a la verdadera sabiduría que consiste en un difícil método operativo de identificación en primera instancia con la unidad esencial de la manifestación, es decir estacionarse en el centro de la rueda universal donde toda opinión y oposición se hacen relativas y carentes de valor. Es el punto inmóvil e indiferente al sentido de rotación en que la circunferencia se mueve. El perfecto equilibrio del wu wei (no hacer) (14) donde el sabio se asienta inafectado por las distinciones o particularidades del conjunto de los seres manifestados. Es la fuente neutra o estado primordial de donde parten todas las transformaciones. Es el estado del hombre perfecto que Chuang Tsê ejercía por sólo acto de presencia y que lo erigía no solamente en Guardián del Tao, sino también, en preceptor de las tradiciones chinas.

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Notas


1) Por ejemplo, en los casos de exagerada oposición que se atribuía a Platón respecto de Aristóteles ver a René Guénon, "El reino de la cantidad y el signo de los tiempos", cap. I. Igualmente sobre Chuang Tsê respecto de Confucio ver "Apercepciones sobre el esoterismo islámico y el taoísmo", cap.X.

2) Aunque, en rigor, todo término es relativo desde el punto de vista del estadio mas elevado de la realización metafísica, sin embargo tradicionalmente el lenguaje es considerado como "sendero de sabiduría", y tal como cabalmente fuera ello expresado por Rumi en tanto la integridad del esoterismo/exoterismo y en cuanto a la necesidad de los diversos grados de interpretación desde el punto de vista tradicional: "Aunque el sendero del término es la sabiduría, sin embargo, este mismo término es relativo. El agua que es insuficiente para un camello es como un océano para el ratón. Quien tiene cuatro panes para su ración diaria, ya coma dos o tres, observa el término. Pero si comiera los cuatro excedería el término". ("Masnavi", Trat.II, Rel.XVI).

3) "The Yogasutras of Patâñjali", G. Feuerstein

4) Esto es expresado por medio de la voz china wu ming, es decir el estado de lo Innominable al que se llega trascendiendo la propia mente.

5) "Yoga of Patañjali", Hariharânanda

6) La primera determinación o doble aspectación de la misma y única realidad que es el Tao es reflejada en principio por los caracteres Wu (no-ser) y You (ser). Mientras que, el carácter compuesto shifei, por derivación representativa, abarca todas las variaciones nominales de la afirmación y de la negación, como de las valoraciones "antinómicas" del lenguaje ("bueno-malo", "verdadero-falso", etc.).

7) Chuang Tse, parte 2

8) En este caso, y al margen de la legitimidad o necesidad cíclica de algunas de sus adaptaciones, se refiere a algunos aspectos de la doctrina confuciana, tanto como a los argumentos de los seguidores de Mo Tse.

9) "Cuando el Tao se oscurece por la necedad y las palabras se oscurecen por la elaboración, entonces terminamos por tener el de los confucianos y de los mohístas, entre los cuales lo que uno es considerado como realidad es negado por el otro...Es, pues, que aquello también sea esto. Que esté en la mano donde también está , y que se halle en la otra mano donde también se encuentra . Cuando y no parezcan posicionados aparece el eje del Tao". (Chuan Tse, parte 2).

10) Chuang Tsê, (Id.)

11) Es importante tener en cuenta que Chuang Tse vivía en una sociedad aún tradicional y que advertía sobre los excesos sistemáticos o tendencias burocráticas en las clasificaciones de un ambiente considerado como normal. Cabe preguntarse cual sería su actitud ante una civilización moderna como la nuestra, y en donde se han perdido casi por completo los conocimientos y los valores tradicionales.

12) Se refiere a una designación técnica taoista que no sólo expresa el estado de quien conoce el secreto del silencio, ya que su atención no se halla afectada por el "esto" o el "aquello" al estar concentrada en lo innombrable, sino también la función tradicional de ser soporte del "influjo del cielo" (influencia espiritual) necesario para toda sociedad tradicional, y cuyo ejercicio se canaliza por "acto de presencia".

13) Chuang Tse se refería generalmente como ejemplo a la ru xia y a la mo xia, escuelas de letrados seguidores de Confucio y de Mo Tse entre las múltiples y diversas corrientes que, cayendo en ciertos excesos verbales y "especializaciones" polemizaban y se refutaban mutuamente (sin ser por ello estrictamente rivales tal como han sido presentados comúnmente por algunos historiadores occidentales). Aconsejaba, además, como remedio para no caer en ninguna de estas oposiciones, afirmar lo que una niega y negar lo que la otra afirma dando pruebas de una mente "iluminada". (LibroII,p.III, a.III). Por supuesto, bajo ningún respecto se trata de una postura literaria, sino de aplicar el método operativo tradicional zuo wang ("sentarse y olvidarse") por medio del cual se logra el "justo medio" o el eje del Tao. Va de suyo, que ello se refiere a un estado espiritual, en este caso, denominado como wu sang wo ("olvidar el propio yo") equivalente al samadhi hindú.

14) El término chino de referencia, por lo común traducido como "no-acción", de ninguna manera expresa sentidos "proposicionales" modernos como los de "quietismo" o "pasividad". En realidad, la doctrina del Wu wei es una doctrina de acción, pero en el sentido mas aproximado de "Hacer- no- haciendo" o el de "Caminar-no-caminando" que implica la toma de posesión del Tè o "Gran Camino" ("Eje del Mundo").

Fuente: http://www.tradicionperenne.com/TAOISMO/MARCOS%20TAO.htm

13 dic. 2007

Zhuang Zi - Libro X, Los saqueadores

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I

Para protegerse de los ladrones que saquean arcas, vacían bolsas y fuerzan armarios, se asegura todo esto con cuerdas y candados. A esto se suele llamar inteligencia. Pero si llega un ladrón poderoso, cargará bolsas, arcas y armarios y escapará, con el único temor de que las cuerdas y candados no sean lo suficientemente sólidos. Entonces, lo que era considerado una actitud inteligente, no fue sino guardar y disponer lo atesorado para un ladrón poderoso.

Digamos lo siguiente: lo que se acostumbra considerar inteligencia, ¿no es en realidad atesorar para el ladrón poderoso? Y el hombre considerado sabio, ¿no estará disponiendo lo atesorado para beneficio del gran ladrón?

¿Por qué decimos que esto es así?

Antiguamente, en el estado de Qi, los pueblos vecinos se divisaban a lo lejos, y se podía oir el canto de sus gallos y el ladrido de sus perros. El espacio para la caza y para la siembra alcanzaba una extensión de dos mil li cuadrados. En los límites de sus cuatro fronteras se levantaban los templos de los antepasados y de los espíritus de la tierra y también se establecieron las divisiones administrativas. Todo esto se conformaba a lo instituído por los sabios. Pero llegó el día en que Tian Chengzi se levantó y dio muerte al príncipe de Qi y robó su estado. Pero no sólo robó su estado, sino también sus sabias leyes y aunque Tian Chengzi se ganó el título de ladrón, vivió el resto de sus días tan seguro y tranquilo como Yao o Shun. Los estados más débiles no se atrevieron a condenarlo, ni los más fuertes a atacarlo, y de este modo pudo consolidar el poder usurpado en el estado de Qi. ¿No diremos en este caso que Tian Chengzi se alzó con la sabiduría de las leyes para proteger su persona de ladrón?

Digamos lo siguiente: lo que usualmente se llama gran inteligencia ¿no es atesorar para el gran ladrón? Lo que usualmente se llama gran sabiduría ¿no es proteger a los grandes ladrones?

¿Por qué decimos que esto es así?

Antiguamente, Longfeng fue decapitado, a Bigan le arrancaron el corazón, Chaghong fue descuartizado y Zhou fue arrojado al agua para pasto de los peces. Todos ellos, sabios y valiosos, no pudieron evitar su destrucción.

***

Uno de sus seguidores preguntó al ladrón Zhi: "¿Tenemos los ladrones también una doctrina?".

"Vayas donde vayas -respondió el ladrón Zhi- siempre encontrarás una doctrina. Calcular lo que se guarda en una casa es sabiduría; ser el primero en irrumpir es valentía; ser el último en huir es justicia; determinar si el asalto es posible o no es inteligencia y dividir el botín equitativamente es benevolencia. Sin estas cinco virtudes, nadie jamás ha llegado a convertirse en un gran ladrón"*.

De aquí podemos ver que un hombre bueno no puede mantener su rectitud si no adhiere a las virtudes de los sabios, y que el ladrón Zhi no hubiera llegado a ser un gran ladrón si no hubiese adherido también a la doctrina de los sabios.

Los hombre buenos son pocos y los que no los son, muchos; así es que poco es el beneficio que trae el sabio y mucho el daño que acarrea. Así se ha dicho: "Cuando se alzan los labios, los dientes sienten el frío; el vino adulterado de Lu trajo la guerra de Handam". Aparece el sabio y tras él el ladrón. Abatiendo a los sabios y liberando a los ladrones el mundo volverá a ordenarse. Si el manantial se seca, el valle se volverá un desierto. Si la colina se desmorona, el valle se allana. Desaparecidos los sabios ya no habrá ladrones; el mundo se ordenará y ya no habrá conflictos.

***

Si los sabios no desaparecen, no desaparecerán los ladrones. Recurrir a los sabios para organizar al mundo es atesorar ganancias para el ladrón Zhi. Unos inventan el litro y el kilo para medir; los otros roban con el litro y el kilo. Unos inventan balanzas y pesas; los otros roban con balanzas y pesas. Unos inventan sellos para garantizar la confianza; otros roban con esos mismos sellos. Unos predican benevolencia y justicia para encauzar a los hombres; otros roban en nombre de la benevolencia y la justicia. ¿Por qué decimos que esto es así? Quien roba una hebilla sufre pena de muerte, quien roba un estado se convierte en señor feudal y en su puerta encontrarás escrito: "Benevolencia y justicia". ¿No es esto robar benevolente y justamente? ¿No es esto robar inteligente y sabiamente? Entonces se sigue a grandes ladrones y señores feudales, y se roba con benevolencia y con justicia, y se obtiene provecho de pesas y balanzas y de sellos. A esos no los encauzarás con la promesa de recompensarlos con carruajes y dignidades ni los detendrás con la amenaza del verdugo. Y todo este atesorar para el ladrón Zhi, a un punto tal que ya no puede detenerse no es sino culpa de los sabios.

***

Hay un proverbio que dice: "El pez no debe no debe ser sacado de la profundidad del estanque y las afiladas armas del estado no deben ser exhibidas ante los hombres".

Los sabios, que son las armas afiladas del estado, no deben brillar ante los hombres.

Así, cuando se descarte la sabiduría y se abandone la inteligencia se acabará con los grandes ladrones. Cuando se deseche el jade y se destruyan las perlas se acabará con los ladrones pequeños. Cuando se rompan las pesas y balanzas y se destruyan los sellos el pueblo retornará a su simplicidad. Cuando se deroguen las instituciones de los sabios, el pueblo volverá a tomar parte en los debates. Cuando se deshagan las seis armonías y se destruyan las flautas y laúdes y se clausuren los oídos del músico Shikuang, los hombres recobrarán la agudeza del oído. Cuando se descarten dibujos y diseños y se confundan los cinco colores y se cieguen los ojos del pintor Lizhu, los hombres recobrarán la agudeza de la vista. Cuando se supriman el gancho y la cuerda y se arrojen la escuadra y el compás y se aten los dedos del artesano Chui, los hombres del mundo entero ejercerán sus propias habilidades. Es así que se ha dicho: "La gran habilidad parece torpe". Cuando se condene la conducta de Zeng y de Shi y se cierre la boca a Yang y a Mo, y se rechace la benevolencia y la justicia, entonces la virtud de cada hombre podrá alcanzar la identidad profunda y misteriosa. Si los hombres recuperan la lucidez de su vista, ya no podrá haber confusión. Si los hombres conservan la claridad de su oído, ya no podrá haber padecimientos. Si los hombres ejercen su conocimiento espontáneo, ya no podrá haber engaño. Si los hombres ejercen su virtud, ya no podrá haber extravío. Aquellos como Zeng, Shi, Yang, Mo, Zhikuang, Gongchui y Lizhu fundamentaron su poder en algo exterior a sus personas y de ese modo trastornaron al mundo. Imitarlos no conduce a nada.

II

¿Alguien conoce la época en que floreció la suprema virtud? Fueron los tiempos en los que Rongcheng, Dating, Bohuang, Zhongyang, Lilu, Lixu, Xuanyuan, Hexu, Zunlu, Zhurong, Fuxi y Shenmong gobernaron el mundo. Entonces los hombres ataban cuerdas para recordar los grandes acontecimientos; saboreaban su comida, encontraban hermosos sus vestidos, alegres sus costumbres y confortables sus moradas. Aunque los estados vecinos estaban a la vista y podían oírse el canto de sus gallos y el ladrido de sus perros, ellos envejecían y morían sin haberse visitado nunca. En aquella época el orden era perfecto.

Ahora, en cambio, puede verse a la gente en puntas de pie y estirando su cuello mientras dice: "En aquel lugar hay un sabio". Y hacia allí van, corriendo y llevando provisiones. En sus casas, abandona a sus padres, y fuera, eluden el servicio a su país. Las huellas de sus pies y de las ruedas de sus carros trazan un sendero laberíntico en su ir y venir por los diferentes estados. A eso los ha llevado la enorme afición de los encumbrados hacia la inteligencia.

Mientras los encumbrados se inclinen hacia la inteligencia y desconozcan el Tao, el mundo no puede estar sino en un profundo desorden.

¿Por qué decimos que esto es así?

Cuanto es mucho el ingenio empleado en la fabricación de arcos, flechas y todo tipo de trampas, los pájaros se alteran en el cielo. Cuando es mucha la habilidad empleada en la fabricación de anzuelos, cebos y redes, los peces se inquietan en la profundidad. Cuando es mucho el ingenio a la hora de fabricar cepos y estacadas para las liebres, los animales del campo se alborotan. Cuando es mucha la disputa mediante los sofismas de "lo duro y lo blanco" y "lo idéntico y lo diverso", los hombres son llevados a perderse en la discusión. De este modo, la culpa del caos constante que reina en el mundo viene de la afición a la inteligencia.

Así, todo el mundo se afana por conocer lo que no conoce, sin intentar conocer mejor lo que ya conoce. Todos son hábiles para censurar lo que consideran malo, y no saben censurar lo que consideran malo. Así, el mundo se hunde en el caos. Así, en lo alto, se oculta la luz del sol y la luz de la luna. En lo bajo, la esencia sutil de montañas y ríos se corrompe; y en el medio, se trastorna el curso de las estaciones y ya no existe gusano o insecto que no haya sido despojado de su naturaleza original. A este extremo llegó la confusión en que la inteligencia ha sumido al mundo. Esto es así desde los tiempos de las Tres Dinastías. Se hace a un lado a los hombres honestos y se encumbran las enseñanzas de los charlatanes.

Son estos charlatanes los que trastocaron el mundo.

*Virtudes sistematizadas por los ru jia (doctores confucianos), contra los que va dirigido el panfleto.

14 ago. 2007

Zhuang Zi - Si, Yu, Li y Lai

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Cuatro hombres, los Maestros Si, Yu, Li y Lai,
se dijeron:
«¿Quién puede hacer de la Ausencia, la cabeza,
de la vida, la espina dorsal,
y de la muerte, el lomo?
¿Quién ha comprendido que vida y muerte,
conservación y destrucción,
forman el mismo y único cuerpo?
El que alcance a comprenderlo será nuestro amigo».
Los cuatro se miraron sonriendo.
Ninguno se opuso y así se hicieron amigos.

Cuando el Maestro Yu de repente cayó enfermo,
el Maestro Si fue a visitarle.
«¡Grandioso! - dijo Yu -.
¿Cómo es que Aquello que todo lo hace
me ha deformado de esta manera?
Ha jorobado mi espalda y la ha levantado.
Mis cinco vísceras por encima de la nuca.
Mi mentón a la altura del ombligo.
Mis hombros más altos que mi cráneo,
y las vértebras cervicales apuntan hacia el Cielo.
¡Mis energías Yin y Yang están obstruidas!».

Sin embargo su espíritu era sereno y sin preocupaciones.
Se arrastró hasta un pozo para ver su reflejo:
«¡Ah! ¡Aquello que todo lo hace
se afana todavía más en deformarme!».

«¿Le odias? » - preguntó el Maestro Si.

«No, ¿por qué iba a odiarle? - contestó Yu -.
Mi brazo izquierdo se transformará en un gallo,
y así podré cantar para anunciar la aurora.
Mi brazo derecho, en una bala de ballesta,
y así podré cazar búhos y asarlos para la cena.
Mis nalgas se transformarán en ruedas,
mi espíritu, en un caballo, y así cabalgaré;
¿para qué querría yo otra montura?
Además, ganar la vida es pura circunstancia,
perderla, un puro conformarse.
Cuando uno se acomoda a las circunstancias
ni pena ni alegría pueden entrar.
Antaño se decía: "Haber desatado el nudo".
Cuando uno no puede librarse por sí mismo,
es que las cosas le atan.
Ahora bien, nada se puede contra el Cielo.
¿Para qué iba yo a sentir odio?».

Súbitamente, el Maestro Lai cayó enfermo,
agonizando en el umbral de la muerte.
Su mujer y sus hijos le rodeaban llorando.
Cuando fue a verle el Maestro Li, éste dijo a su familia:
«¡Fuera de aquí! ¡No estorbéis su transformación!».

Y acercándose a la puerta del enfermo, le dijo:
«¡Grandioso es Aquello que todo lo crea y lo transforma!

¿Qué hará de ti?
¿Adónde serás enviado?
¿Te convertirás en el hígado de una rata
o en la pata de un escarabajo?».

El Maestro Lai le respondió:
«Un niño con padre y madre
va al este, al oeste, al norte o al sur,
adondequiera que ellos le manden.
Para un hombre, el Yin y el Yang
son más que un padre y una madre.
Son ellos quienes me han traído
hasta el umbral de la muerte.
Si lo rehusara, les desobedecería.
Además, ¿de qué puedo culparles?
La Tierra me ha dado mi cuerpo,
me ha dado la labor de mi vida,
el ocio de la vejez
y el descanso de mi muerte.
Por la misma razón que me parece bueno vivir,
me parece bueno morir.

Si ahora un Maestro fundidor de metales
viera saltar del horno un trozo de metal que le dijera:
"Quiero que me des la forma de la espada Moye",
el fundidor pensaría sin duda que es un metal funesto.
Si, de repente, apareciese una forma humana que dijera:
"Yo quiero ser hombre y sólo hombre",
Aquello que todo lo crea y lo transforma
pensaría sin duda que era un hombre funesto.
Si, de repente, yo hiciera del Cielo
y la Tierra un gran horno,
y de Aquello que todo lo crea y lo transforma
hiciera un Maestro fundidor,
¿habría algún lugar adonde yo pudiera no ir?».


Los Capítulos Interiores de Zhuang Zi
Pilar González España y Jean Claude Pastor-Ferrer

8 mar. 2007

Octavio Paz - Chuang-Tzu, un contraveneno

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EN 1957 hice algunas traducciones de breves textos de clásicos chinos. El formidable obstáculo de la lengua no me detuvo y, sin respeto por la filología, traduje del inglés y del francés. Me pareció que esos textos debían traducirse al español no sólo por su belleza -construcciones a un tiempo geométricas y aéreas, fantasías templadas siempre por una sonrisa irónica- sino también para compartir el placer que había experimentado al leerlos. Los publiqué, ese mismo año, en "México en la cultura", el suplemento literario de Novedades que dirigía Fernando Benítez. Más tarde reuní esos apólogos y cortos ensayos -algunos muy cerca de lo que llamamos "poema en prosa"- en Versiones y diversiones (1974), bajo un título adrede ambiguo: "Trazos". Excluí únicamente los fragmentos de Chuang-Tzu. Ahora los recojo. Creo que Chuang-Tzu no sólo es un filósofo notable sino un gran poeta. Es el maestro de la paradoja y del humor, puentes colgantes entre el concepto y la iluminación sin palabras.

Poco o nada se sabe de Chuang-Tzu, salvo las anécdotas, discursos y ensayos que aparecen en su libro (que ostenta también el nombre de su autor). Chuang-Tzu vivió a mediados del siglo IV antes de Cristo, en una época de intensa actividad intelectual y de gran inestabilidad política. Como en el caso de las repúblicas italianas del Renacimiento o de las ciudades griegas de la época clásica, las querellas que dividían a los príncipes y a los pequeños Estados corrían parejas con la fecundidad de los espíritus y con la originalidad y valentía de la especulación. A grandes males, grandes remedios. Un poco más tarde los Ch'n (249-206 a. C.) unificaron al país y fundaron el primer Imperio histórico. Desde entonces hasta la caída de la última dinastía en nuestro siglo, China vivió de las ideas inventadas en el período de los Reinos Combatientes.

Durante dos milenios no hizo más que perfeccionarlas, podarlas, extenderlas o adaptarlas a las condiciones y circunstancias históricas. La filosofía, o mejor: la moral -y mejor aún: la política- de Confucio (Kung-Fu-Tzu) y sus grandes sucesores (Mo-Tzu o Mencio) fueron el fundamento de la vida social; sus principios regían lo mismo la vida de la ciudad que la de la familia. Pero la ortodoxia confuciana no dejó de tener rivales; los más poderosos fueron el taoísmo y, más tarde, el budismo. Ambas tendencias predican la pasividad, la indiferencia frente al mundo, el olvido de los deberes sociales y familiares, la búsqueda de un estado de perfecta beatitud, la disolución del yo en una realidad indecible. A diferencia del budismo -corriente de fuera- el taoísmo no niega al yo ni a la persona; al contrario, los afirma ante el Estado, la familia y la sociedad. El taoísmo es un "disolvente". No es extraño que los confucionistas lo viesen como una tendencia antisocial, enemiga de la sociedad y del Estado. En el taoísmo hay una persistente tonalidad anarquista.

Los padres del taoísmo (Lao-Tzu y Chuang-Tzu) recuerdan a veces a los filósofos presocráticos; otras, a los cínicos, a los estoicos y a los escépticos. También, ya en la edad moderna, a Thoreau. Lejos de perderse en las especulaciones metafísicas del budismo, los taoístas no olvidan nunca al hombre concreto que, para ellos, es el "hombre natural". Sus emblemas son el pedazo de madera sin tallar y el agua, que adquiere siempre la forma de la roca o del suelo que la contiene. El hombre natural es dúctil y blando como el agua; como ella, es transparente. Se le puede ver el fondo y en ese fondo todos pueden verse. El sabio es el rostro de todos los hombres.

He dividido mi brevísima selección en tres secciones. La primera se refiere a la lógica y a la dialéctica. La crítica de Chuang-Tzu a las especulaciones intelectuales de los lógicos aparece en una serie de apólogos y cuentos en los que el humor se alía al raciocinio. Muchos entre ellos asumen la forma de un diálogo entre Hui-Tzu, el intelectual, y Chuang-Tzu (o su maestro: Lao-Tzu). Ante las sutilezas del dialéctico el sabio verdadero recurre, sonriente, al conocido método de reductio ad absurdum. En nuestra época erizada de filosofías y razonamientos cortantes y tajantes (preludio necesario de las atroces operaciones de cirugía social que hoy ejecutan los políticos, discípulos de los filósofos), nada más saludable que divulgar unos cuantos de estos diálogos llenos de buen sentido y sabiduría. Estas anécdotas nos enseñan a desconfiar de las quimeras de la razón y, sobre todo, a tener piedad de los hombres.

La segunda sección está compuesta por fragmentos acerca de la moral. Con mayor encono aún que a los dialécticos y a los filósofos, Chuang-Tzu ataca a los moralistas. El arquetipo del moralista es Confucio. Su moral es la del equilibrio social; su fundamento es la autoridad de los seis libros clásicos, depositarios del saber de una mítica edad de oro en la que reinaban la virtud y la piedad filial. La virtud (jen) era concebida como un compuesto de benevolencia, rectitud y justicia, encarnación del culto al Emperador y a los antepasados. La acción del sabio, esencialmente política, consistía en preservar la herencia del pasado y, así, mantener el equilibrio social. Éste, a su vez, no era sino el reflejo del orden cósmico. Cosmología política. Nosotros, en lengua española, tenemos una palabra que quizá dé cierta idea del término chino: "hidalguía". La hidalguía está fundada en la lealtad a ciertos principios tradicionales: fidelidad al señor, dignidad personal (el hidalgo es el rey de su casa) y la honra. Todo esto hace de la hidalguía una virtud social. Pero el hidalgo es un caballero; venera el pasado pero no ve en él un principio cósmico ni un orden fundado en el movimiento de la naturaleza. El discípulo de Confucio es un mandarín: un letrado, un funcionario y un padre de familia.

El carácter utilitario y conservador de la filosofía de Confucio, su respeto supersticioso por los libros clásicos, su culto a la ley y, sobre todo, su moral hecha de premios y castigos, eran tendencias que no podían sino inspirar repugnancia a un filósofo-poeta como Chuang-Tzu. Su crítica a la moral fue también una crítica al Estado y a lo que comúnmente se llama bien y mal. Cuando los virtuosos -es decir: los filósofos, los que creen que saben lo que es bueno y lo que es malo-, toman el poder, instauran la tiranía más insoportable: la de los justos. El reino de los filósofos, nos dice Chuang-Tzu, se transforma fatalmente en despotismo y terror. En nombre de la virtud se castiga; esos castigos son cada vez más crueles y abarcan a mayor número de personas, porque la naturaleza humana -rebelde a todo sistema- no puede nunca conformar a la rigidez geométrica de los conceptos. Frente a esa sociedad de justos y criminales, de leyes y castigos, Chuang-Tzu postula una comunidad de ermitaños y de gente sencilla. La sociedad ideal, para él, es una sociedad de sabios rústicos. En ella no hay gobierno ni tribunales ni técnica; nadie ha leído un libro; nadie quiere ganar más de lo necesario; nadie teme a la muerte porque nadie le pide nada a la vida. La ley del cielo, la ley natural, rige a los hombres como rige la ronda de las estaciones. Así, el arquetipo de los taoístas es el mismo de los confucianos: el orden cósmico, la naturaleza y sus cambios recurrentes. Sin embargo, lo mismo en el dominio de la política y la moral que en el de las ideas, su oposición es irreductible. La sociedad de Confucio, imperfecta como todo lo humano, se realizó y se convirtió en el ideario y el patrón ideal de un Imperio que duró dos mil años. La sociedad de Lao-Tzu y de Chuang-Tzu es irrealizable pero la crítica que los dos hacen a la civilización merece nuestra simpatía. Nuestra época ama el poder, adora el éxito, la fama, la eficacia, la utilidad y sacrifica todo a esos ídolos. Es consolador saber que, hace dos mil años, alguien predicaba lo contrario: la oscuridad, la inseguridad y la ignorancia, es decir, la sabiduría y no el conocimiento.

En la tercera sección he procurado agrupar algunos textos sobre lo que podría llamarse el hombre perfecto. El sabio, el santo, es aquel que está en relación -en contacto, en el sentido directo del término- con los poderes naturales. El sabio obra milagros porque es un ser en estado natural y sólo la naturaleza es hacedora de milagros. Pero mejor será cederle la palabra a Chuang-Tzu.

Por Octavio Paz
México

*****





Sobre la sabiduría




Volver al punto de partida


Cansados de buscar en vano, ¿no deberíamos moler nuestras sutilezas en el Mortero Celeste, olvidar nuestras disquisiciones sobre la eternidad y vivir en paz los días que nos quedan? ¿Y qué quiere decir moler nuestras sutilezas en el Mortero divino? Aniquilar las diferencias entre ser y no ser, entre esto y aquello. Olvido, olvido... ser y no ser, esto y aquello, son partículas desprendidas del infinito y volverán a fundirse en el infinito.

La tortuga sagrada

Chuang-Tzu paseaba por las orillas del río Pu. El rey de Chou envió a dos altos funcionarios con la misión de proponerle el cargo de Primer Ministro. La caña entre las manos y los ojos fijos en el sedal, Chuang-Tzu respondió: "Me han dicho que en Chou veneran una tortuga sagrada, que murió hace tres mil años. Los reyes conservan sus restos en el altar familiar, en una caja cubierta con un paño. Si el día que pescaron a la tortuga le hubiesen dado la posibilidad de elegir entre morir y ver sus huesos adorados por siglos o seguir viviendo con la cola enterrada en el lodo, ¿qué habría escogido?" Los funcionarios repusieron: "Vivir con la cola en el lodo". "Pues ésa es mi respuesta: prefiero que me dejen aquí, con la cola en el lodo, pero vivo".

Los cerrojos y los ladrones

Para protegernos de los malhechores que abren las arcas, escudriñan los cajones y hacen saltar las cerraduras de los cofres, la gente acostumbra reforzar con toda clase de nudos y cerrojos los muebles que guardan sus bienes. El mundo aprueba estas precauciones, que le parecen muestra de cordura. Pero de pronto se presentan unos ladrones. Si lo son realmente, en un abrir y cerrar de ojos desatarán los nudos, abrirán los cerrojos y, si es necesario, cargarán con las cajas sirviéndose para ello de las cuerdas y nudos de que están provistas. En verdad, los propietarios ahorran a los ladrones el trabajo de empacar los objetos.

No es exagerado afirmar que todo lo que llamamos "cordura" no es sino empacar para los ladrones". Y lo que llamamos "virtud", acumular botines para los malhechores. ¿Por qué digo esto? A lo largo y a lo ancho del país de Chi (un territorio tan poblado que el mero cacareo de los gallos y el ladrido de los perros en un pueblo se oye en el de junto), entre pescadores, campesinos, cazadores y artesanos, en santuarios y cementerios, prefecturas y palacios, en ciudades, poblados, distritos, barrios, calles y casas particulares... en fin, en todo el reino, veneradas por todos sus habitantes, imperaban las leyes de los Reyes Antiguos. Sin embargo, en menos de veinticuatro horas Tien-Ch'eng Tzu asesinó al príncipe de Chi y se apoderó de su reino. Y no sólo de su reino, sino también de las leyes y artes de gobierno de los sabios de antaño, que habían inspirado a los soberanos legítimos de Chi. Es verdad que la historia llama a Tien-Ch'eng Tzu usurpador y asesino; pero mientras vivió fue respetado como el virtuoso Tsen y el benévolo Shun. Los pequeños reinos no se atrevieron a criticarlo, ni los grandes a castigarlo. Durante doce generaciones sus descendientes conservaron entre sus manos la tierra de Chi...

Causalidad

La Penumbra le dijo a la Sombra: "A ratos te mueves, otros te quedas quieta. Una vez te acuestas, otra te levantas. ¿Por qué eres tan cambiante?". "Dependo", dijo la sombra, "de algo que me lleva de aquí para allá. Y ese algo a su vez depende de otro algo que lo obliga a moverse o a quedarse inmóvil. Como los anillos de la serpiente, o las alas del pájaro, que no se arrastran ni vuelan por voluntad propia, así yo. ¿Cómo quieres que responda a tu pregunta?".

Por Chuang- Tzu

Traducción de Octavio Paz

1 mar. 2007

Zhuang Zi - Capítulos interiores 7

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Capítulo VII
EN CUANTO A EMPERADORES Y A REYES



I

Nie Que, el Desdentado, cuestionó a Wang Ni.
Cuatro veces le preguntó
Y cuatro veces él no supo contestar.
Así que el Desdentado, saltando de alegría,
Se lo contó a su Maestro Traje de Juncos.

«¿No lo has sabido hasta ahora? -comentó su Maestro-.
El soberano Youyu no podía equipararse al soberano Tai:
Youyu usaba su benevolencia
para atraerse a los hombres y ganar su confianza,
pero no llegó a desentenderse de las cosas de este mundo.
En cambio, el soberano Tai dormía profundamente
y se despertaba satisfecho.
Le era indiferente ser caballo que ser buey.
Su saber era real y su Virtud auténtica.
Nunca se implicó en las cosas de este mundo».


II

Jian Wu fue a ver al loco Jie Yu.
«¿Qué te ha dicho Ri Zhongshi?» - preguntó Jie Yu.
«Me ha dicho: Al que gobierna según sus propios principios,
¿quién rehusaría obedecerle y reformarse? ».

El loco Jie Yu le respondió:
«¡Falsa Virtud!
Gobernar así es como atravesar el océano,
agujerear un río, hacer que un mosquito
sostenga una montaña.
Cuando el Santo ordena, ¿ordena lo exterior?
Tan sólo se corrige a sí mismo para después actuar,
seguro de hacer únicamente lo que es capaz: eso es todo.

Para evitar la flechas, el pájaro vuela alto.
Para evitar que el hacha o el fuego le sorprenda,
el ratón de campo, en las colinas sagradas,
excava profundo su guarida.
¡Los hombres no alcanzan siquiera la sabiduría
de estas pequeñas criaturas!».


III

Alguien llamado Raíz-Celeste
se paseaba al sur de la Gran Montaña
y llegó a orillas de Río Límpido.
Allí encontró a Hombre-sin-Nombre,
y le preguntó: «¿Cómo se gobierna un imperio?».

«¡Fuera de aquí! ¡Estúpido! - exclamó Hombre-sin-Nombre -.

¡Perder el tiempo con temas tan absurdos!
Estoy a punto de ser el compañero
de Aquello que todo lo hace,
y cuando me canse,
cabalgaré de nuevo al pájaro evanescente
para volar más allá de las Seis Direcciones.
Allí, en la ciudad de la nada,
habitaré la desnuda inmensidad.
¿Cómo puedes venir a molestarme
con la manera de gobernar un imperio?».

Pero Raíz-Celeste repitió la pregunta.

Hombre-sin-Nombre respondió:
«Deja que tu corazón nade en lo insípido.
Mezcla tu soplo con lo indiferenciado.
Sigue lo espontáneo y no seas egoísta:
entonces el imperio estará en orden».


IV

Yang Ziju visitó a Lao Dan y le dijo:
«Supongamos un hombre alerta, fuerte,
de una sagacidad clara y penetrante,
estudioso infatigable del Tao.
¿Puede alguien así equipararse a un ilustre monarca?».

Lao Dan le respondió:
«Para un Santo,
ese hombre sería como un aprendiz de artesano
que carga con el peso de su cuerpo y de su espíritu.
Los tigres y leopardos atraen al cazador.
por los dibujos de su piel;
por su destreza,
los monos y los perros acaban atados en cadenas.
Ese hombre ¿puede equiparase a un ilustre monarca?».

Yang Ziju le preguntó respetuosamente:
«¿Podría yo saber cómo gobierna el irnperio un ilustre monarca?».

«Sus hazañas se extienden por el mundo entero - dijo Lao Dan -,
sin que parezcan hechas por su propia mano.
Sus riquezas se esparcen entre los Diez Mil Seres
sin que los hombres dependan enteramente de él.
Se encuentra allí donde nadie puede nombrarle.
Él deja que cada uno encuentre su propia alegría.
Sus pies se posan en lo insondable
y camina allá donde la nada habita».


V

En el reino de Zheng
había un hechicero llamado Ji Xian.
Conocía de cada hombre
su nacimiento y su muerte,
su existencia y su declive,
su desgracia o su suerte,
su longevidad o su muerte prematura,
y preveía con exactitud el año, el mes,
la semana y el día, igual que un espíritu.
Nada más verlo, los habitantes de Zheng huían.
Pero cuando Lie Zi lo vio,
entusiasmado fue a ver a Hu Zi y le dijo:
«Maestro, yo creía que tu Tao era Supremo,
pero hay otro Tao aún más alto».

«¡Si yo sólo te he enseñado la forma pero no la esencia!
¿Cómo pretendes saber lo que es el Tao?
¿Es que acaso las gallinas, sin un gallo,
pueden poner huevos?
Tú te sirves del Tao para convencer al mundo.
¡Te crees alguien y un simple vidente te traspasa!
¡Tráelo aquí para que yo lo vea!».

Al día siguiente
Lie Zi llegó en compañía del hechicero.
Saliendo de casa de Hu Zi, Ji Xian le confesó a Lie Zi:
«¡Hum, tu Maestro se muere!
No resistirá más de diez días.
He visto en él algo extraño: ceniza húmeda».
Lie Zi, cuyas lágrimas mojaban su vestido,
informó a su Maestro y éste respondió:
«Hace un momento le he mostrado la formación lenta
e incesante de la Tierra.
Él no ha visto más que la fuerza interna
y obstruida de mi Virtud.
Hazle venir otra vez».

Al día siguiente, Lie Zi lo trajo de nuevo.
Después de la entrevista, el hechicero exclamó:
«¡Es una suerte que tu Maestro me haya encontrado!
¡Ya está curado y lleno de salud!
He visto su potencia contenida».

Lie Zi se lo contó a su Maestro y éste le dijo:
«Hace un momento le he mostrado el Cielo
fecundando la Tierra:
algo intangible y sin nombre.
La fuerza interna brotaba desde mis talones.
Él no ha visto más que mi inclinación hacia la vida.
Hazle venir de nuevo».

Al día siguiente Ji Xian, el hechicero, volvió.
Saliendo de casa de Hu Zi, le dijo a Lie Zi:
«Vuestro Maestro es inconstante:
no he podido leer nada en su rostro.
Cuando esté más equilibrado, volveré para examinarle».

Lie Zi se lo contó a su Maestro, y Hu Zi contestó:
«Hace un momento le he mostrado el Gran Vacío.
Ha visto la fuerza interna de mi Soplo vital en equilibrio.
Hay abismos en los remolinos que forman las ballenas.
Hay abismos en los remolinos que forman las aguas calmadas.
Hay abismos en los remolinos que forman las aguas corrientes.
Éstos son sólo tres de las nueve clase de abismos.
¡Que vuelva otra vez!».

Al día siguiente el hechicero apareció de nuevo.
Pero antes incluso de ponerse frente a Hu Zi,
ya se había ido.

«¡Alcánzale!» - dijo Hu Zi.

Pero Lie Zi no pudo atraparle.
«Desapareció, le he perdido, no he podido alcanzarle»
- le dijo a su Maestro.

Hu Zi respondió:
«Hace un momento le he mostrado mi Principio Ancestral.

Mi vacío ondulante e inasible,
como hierba acariciada por el viento.
como ola disolviéndose en el agua.
Por eso se ha ido».

Lie Zi concluyó que aún no había aprendido nada,
y regresó a su casa, de la que no salió durante tres años.
Cocinaba para su mujer,
alimentaba sus cerdos como si se tratara de personas.
Se apartó de todas las cosas del mundo.
Abandonó la gema tallada por la piedra desnuda.
Solo e independiente como un trozo de tierra
en medio del mundo agitado.
Habitó la Unidad hasta el fin de sus días.


VI

No seas el depositario de un nombre.
No seas el guardián de tus proyectos.
No te hagas cargo de nada.
No seas detentor de la sabiduría.
Realízate en lo ilimitado,
camina por senderos sin huellas.
Acepta enteramente el don del Cielo,
sin presumir de haberlo obtenido.
Sé tú el vacío: eso es todo y basta.
El Hombre Supremo usa el corazón corno un espejo:
a nadie echa, a nadie acoge,
refleja sin quedarse con nada.
Por eso conquista a los seres
sin sufrir daño alguno.

El emperador del Mar del Sur se llamaba Súbito.
El emperador del Mar del Norte se llamaba Furia.
Y el emperador del Centro se llamaba Caos.
Súbito y Furia se reunían a veces en el reino de Caos.
Éste les trataba tan bondadosamente
que Súbito y Furia decidieron recompensarle
y se dijeron:
«Todos los hombres tienen siete orificios
para ver, escuchar, comer y respirar.
Sólo él no tiene ninguno.
¡Vamos a hacérselos nosotros!».
Le abrieron un orificio cada día:
Pero al séptimo Caos murió.



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Pilar González España y Jean Claude Pastor-Ferrer

ISAÍAS GARDE, textos en transición

Zhuang Zi - Capítulos interiores 6

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Capítulo VI
EL GRAN MAESTRO ANCESTRAL




I

Conocer las acciones del Cielo,
conocer las acciones del hombre,
es el Conocimiento Supremo.
Conocer las acciones del Cielo
es vivir la vida asignada por el Cielo.
Conocer las acciones del hombre
es utilizar lo que se conoce
para nutrir lo que se desconoce,
agotar los años impartidos por el Cielo
y evitar en medio del camino
el asalto de la muerte.
Éste es el conocimiento perfecto.

Sin embargo, hay una dificultad:
el adecuado conocimiento depende siempre de algo,
y este algo no es nunca fijo.
¿Cómo puedo saber si lo que llamo Cielo no es el hombre?
¿si lo que llamo hombre no es el Cielo?

Sólo el conocimiento es Verdadero
cuando el hombre es Verdadero.
¿Qué significa un Hombre Verdadero?
El Hombre Verdadero de antaño
se acomodaba a la escasez,
no se enorgullecía con el éxito,
no actuaba con planes.
Un hombre así erraba sin arrepentirse,
acertaba sin vanagloriarse.
Un hombre así ascendía sin vértigo a lo más alto,
se sumergía en lo profundo sin mojarse,
penetraba en el fuego sin quemarse.
Su conocimiento era tan alto como el Tao.

El Hombre Verdadero de antaño dormía sin sueños,
despertaba sin quejas,
comía sin distinciones,
respiraba hasta lo más hondo.
La respiración del Hombre Verdadero llegaba hasta sus talones.
La del hombre común se queda en la garganta;
por eso, cuando algo le subyuga,
se le atragantan las palabras.
Si la pasión y el deseo son profundos,
débil es la fuerza interna del Cielo.

El Hombre Verdadero de antaño
ignoraba el amor a la vida,
el odio a la muerte.
Alerta siempre y ligero
en su ir y venir: eso era todo.
Consciente de su origen,
sin preocuparse por el fin.
Complaciéndose en recibir.
Olvidándose al entregar.
Esto es lo que se llama no dañar al Tao con el corazón,
no estorbar al Cielo con lo humano.
Así era el Hombre Verdadero.

De corazón calmado, rostro tranquilo,
frente serena.
Como el otoño, frío,
como la primavera, cálido.
Airado o alegre según el humor de las cuatro estaciones.
Adaptándose a las cosas, a los seres,
sin que nadie conociera sus límites.

Así, un Santo al frente de un ejército
conquistaba un país sin perder sus habitantes.
Repartía sus bienes entre mil generaciones
sin que el amor lo empujara.
Quien se regocija entre los hombres,
no es un Santo.
Quien actúa con afecto,
no es benevolente.
Quien escoge el momento,
no es sabio.
Quien no equipara pérdidas y beneficios,
no es un hombre de bien.
Quien actúa por renombre y se pierde,
no es un hombre honesto.
Quien se destruye huyendo de la verdad,
no es apto para el gobierno.
Hu Buxie, Wu Guang, Bo Yi, Shu Qi,
Jizi, Xu Yu, Ji Tuo y Shentu Di
servían como esclavos de los otros,
se complacían complaciendo a los demás,
pero nunca complaciéndose ellos misrnos.

El Hombre Verdadero de antaño
se imponía a los hombres sin tomar nunca partido.
Pareciendo necesitado, no aceptaba nunca nada.
Solitario y seguro, nunca rígido.
Noble y humilde, nunca fastuoso.
Risueño, ¡siempre alegre!
Activo, cuando era inevitable.
Concentrado, de faz resplandeciente.
Cauteloso, conteniendo su Virtud.
Tolerante, parece mezclarse con el mundo.
Arrogante, nunca dominado.
Lejano, encerrado en su silencio.
Perdido, olvidando sus palabras.
De los castigos hacía el tronco.
De los ritos, las alas.
De la sabiduría, lo oportuno.
De la Virtud, el camino.
Quien hace de los castigos el tronco,
castiga con indulgencia.
Quien hace de los ritos las alas,
puede moverse en el mundo.
Quien hace de la sabiduría lo oportuno,
sólo en lo inevitable actúa.
Quien hace de su Virtud el adecuado camino,
alcanza la cima con sus propios pies.
Ascensión penosa, pensaban los hombres.
Así, lo que él amaba era Uno.
Lo que él no amaba era Uno.
Lo que en él se unificaba era Uno.
Lo que en él no se unificaba era Uno.
Estando unificado, acompañaba al Cielo;
no estando unificado, acompañaba al hombre.
Cuando hombre y Cielo en nada rivalizan,
allí aparece el Hombre Verdadero.


II

Vida y muerte sucediéndose:
el Decreto.
Noche y día, inmutables, sucediéndose:
el Cielo.
Para el hombre, inaccesible:
esencia de los seres y las cosas.
Si hay hombres que aman al Cielo como a un padre,
¡cuánto más amarían Aquello que se eleva sobre el Cielo!
Si hay hombres que, amando a su señor más que a sí mismos,
son capaces de sacrificarse por él,
¡cuánto más lo harían por la Única Verdad!

Cuando se seca un manantial,
los peces agonizan en el fondo,
por eso se alientan entre ellos,
con sus babas se humedecen mutuamente;
mejor les fuera ignorarse los unos a los otros,
liberándose en los lagos y en los ríos.
Antes que elogiar a Yao o condenar a Jie,
mejor olvidarse de ambos y fundirse en el Tao.

La Tierra me ha dado mi cuerpo,
me ha dado la labor de mi vida,
el ocio de la vejez y el descanso de mi muerte.
Lo que me impulsa a amar la vida
me impulsa a amar la muerte.

Esa barca escondida en un barranco,
esa red escondida en un pantano,
se creen seguras allí.
Pero si en medio de la noche
alguien fuerte se las lleva y las carga a sus espaldas,
no se enterará siquiera ni el que allí las dejó.
Lo pequeño escondido en lo grande:
tiene su lugar aunque puede perderse.
Mundo escondido en el mundo:
nada se puede perder.
Así es la realidad fundamental de lo inmutable.
El hombre se alegra tan sólo con su forma de hombre;
pero si esa forma sufre continua, indefinidamente
Diez Mil Transformaciones,
¿acabará alguna vez de contar sus alegrías?
Así el Santo se recrea entre los seres y las cosas
que no pueden perderse,
y con ellos siempre permanece.
Muerte prematura, vejez,
origen y fin
le procuran el mismo contento.
Y si el hombre gusta de imitar al Santo,
¡cuánto más debería imitar
Aquello que une a los Diez Mil Seres,
Aquello de lo que dependen todas las transformaciones!


III

El Tao es algo seguro, real.
Carece de forma, no actúa.
Se transmite, no se recibe.
Se posee, no puede verse.
Él mismo, tronco y raíz.
Antes del Cielo y la Tierra,
ya existía imperturbable
en su propia Antigüedad.
Animó al soberano,
a los espíritus,
creó el Cielo y la Tierra.
Por encima de la Cumbre Suprema, sin altura.
Por debajo de las Seis Direcciones, sin hondura.
Nacido antes que el mundo, sin edad.
Más antiguo que la Alta Antigüedad y sin vejez.
Xiwei lo obtuvo y armonizó Cielo y Tierra.
Fuxi lo obtuvo
y penetró el origen de los soplos.
La estrella polar lo obtuvo
y ya nunca más cambió.
El sol y la luna lo obtuvieron
y ya nunca más cesaron.
Y Kanpi, que penetró en los montes Kunlun,
y Pingyi, que atravesó a nado el gran río.
Y Jian Wu, que habitó la montaña Taishan.
Y el Emperador Amarillo, que cabalgó sobre nubes.
Y Zhuan Xu, que habitó el Negro Palacio.
Y Yuqiang, que se fue al polo Norte.
Y Xiwangmu, que se asentó en Shaoguang.
Nadie conoce su principio.
Nadie conoce su fin.
Pengzu lo obtuvo y vivió desde la época Shun
hasta la de los Cinco Príncipes.
Fu Yue lo obtuvo,
fue ministro de Wuding
y gobernó el Imperio,
ascendió hasta la estrella Dong Wei,
cabalgó a Sagitario, a Escorpión,
y se fundió con los astros.


IV

Zikui de Nanpo preguntó a Nuyu:
«¿Por qué a pesar de tu avanzada edad
tienes el aspecto de un niño?».

«Yo he oído el Tao» - respondió Nuyu.
«¿Puede ser aprendido el Tao?».

«No - replicó Nuyu -, tú no servirías para ello.
Buliang Yi tenía la aptitud para ser un Santo,
pero no tenía el Tao del Santo.
Yo, que poseo el Tao, no tengo la aptitud.
Quería enseñárselo.
¡Deseaba tanto verle convertido en Santo!
Pero no fue una empresa fácil.
Sin embargo, cuando se posee el Tao del Santo
no es difícil transmitirlo al que tiene aptitudes para ello.

Yo he guardado el Tao en mí, instruyéndole:
En tres días, fue capaz de apartarse del mundo,
una vez apartado, yo seguía guardando el Tao.
En siete días, se apartó de los seres;
una vez apartado, yo seguía guardando el Tao.
En nueve días, se apartó de su vida;
habiéndose apartado, la aurora le inundó.
Inundado de luz, despertó a lo Único.
En lo Único, pasado y presente se abolieron.
Con el pasado y presente abolidos,
penetró en la no-vida, en la no-muerte.
Lo que mata la vida no muere.
Lo que da vida no nace.
En cuanto a las cosas,
es aquella que a todas acoge y acompaña,
es aquella que todo lo destruye
y que todo lo genera.
Su nombre es "lucha serena" ,
después de la lucha: el acabamiento».

«¿Dónde has aprendido todo esto?» - preguntó Zikui de Nanpo.
«Lo aprendí del hijo de Escritura - respondió Nuyu -,
que lo había aprendido del nieto de Recitación-Continua,
el cual a su vez lo había aprendido de Mirada-Luminosa,
quien asimismo lo aprendió de Murmullo-Acordado,
y este último lo aprendió de Práctica-Obligada,
que asimismo lo había aprendido de Alegre-Balada,
quien a su vez lo aprendió de Sutil-Oscuridad,
el cual lo había aprendido de Misterioso-Vacío,
que a su vez lo aprendió de Origen-Evanescente».


V

Cuatro hombres, los Maestros Si, Yu, Li y Lai,
se dijeron:
«¿Quién puede hacer de la Ausencia, la cabeza,
de la vida, la espina dorsal,
y de la muerte, el lomo?
¿Quién ha comprendido que vida y muerte,
conservación y destrucción,
forman el mismo y único cuerpo?
El que alcance a comprenderlo será nuestro amigo».
Los cuatro se miraron sonriendo.
Ninguno se opuso y así se hicieron amigos.

Cuando el Maestro Yu de repente cayó enfermo,
el Maestro Si fue a visitarle.
«¡Grandioso! - dijo Yu -.
¿Cómo es que Aquello que todo lo hace
me ha deformado de esta manera?
Ha jorobado mi espalda y la ha levantado.
Mis cinco vísceras por encima de la nuca.
Mi mentón a la altura del ombligo.
Mis hombros más altos que mi cráneo,
y las vértebras cervicales apuntan hacia el Cielo.
¡Mis energías Yin y Yang están obstruidas!».

Sin embargo su espíritu era sereno y sin preocupaciones.
Se arrastró hasta un pozo para ver su reflejo:
«¡Ah! ¡Aquello que todo lo hace
se afana todavía más en deformarme!».

«¿Le odias? » - preguntó el Maestro Si.

«No, ¿por qué iba a odiarle? - contestó Yu -.
Mi brazo izquierdo se transformará en un gallo,
y así podré cantar para anunciar la aurora.
Mi brazo derecho, en una bala de ballesta,
y así podré cazar búhos y asarlos para la cena.
Mis nalgas se transformarán en ruedas,
mi espíritu, en un caballo, y así cabalgaré;
¿para qué querría yo otra montura?
Además, ganar la vida es pura circunstancia,
perderla, un puro conformarse.
Cuando uno se acomoda a las circunstancias
ni pena ni alegría pueden entrar.
Antaño se decía: "Haber desatado el nudo".
Cuando uno no puede librarse por sí mismo,
es que las cosas le atan.
Ahora bien, nada se puede contra el Cielo.
¿Para qué iba yo a sentir odio?».

Súbitamente, el Maestro Lai cayó enfermo,
agonizando en el umbral de la muerte.
Su mujer y sus hijos le rodeaban llorando.
Cuando fue a verle el Maestro Li, éste dijo a su familia:
«¡Fuera de aquí! ¡No estorbéis su transformación!».

Y acercándose a la puerta del enfermo, le dijo:
«¡Grandioso es Aquello que todo lo crea y lo transforma!

¿Qué hará de ti?
¿Adónde serás enviado?
¿Te convertirás en el hígado de una rata
o en la pata de un escarabajo?».

El Maestro Lai le respondió:
«Un niño con padre y madre
va al este, al oeste, al norte o al sur,
adondequiera que ellos le manden.
Para un hombre, el Yin y el Yang
son más que un padre y una madre.
Son ellos quienes me han traído
hasta el umbral de la muerte.
Si lo rehusara, les desobedecería.
Además, ¿de qué puedo culparles?
La Tierra me ha dado mi cuerpo,
me ha dado la labor de mi vida,
el ocio de la vejez
y el descanso de mi muerte.
Por la misma razón que me parece bueno vivir,
me parece bueno morir.
Si ahora un Maestro fundidor de metales
viera saltar del horno un trozo de metal que le dijera:
"Quiero que me des la forma de la espada Moye",
el fundidor pensaría sin duda que es un metal funesto.
Si, de repente, apareciese una forma humana que dijera:

"Yo quiero ser hombre y sólo hombre",
Aquello que todo lo crea y lo transforma
pensaría sin duda que era un hombre funesto.
Si, de repente, yo hiciera del Cielo
y la Tierra un gran horno,
y de Aquello que todo lo crea y lo transforma
hiciera un Maestro fundidor,
¿habría algún lugar adonde yo pudiera no ir?».


VI

Tres hombres, el Maestro Sanghu,
Meng Zifan y el Maestro Qinzhang,
comentaban entre ellos:
«¿Quién de nosotros puede relacionarse sin tener relaciones?,
¿estar de acuerdo sin acuerdos?
¿Quién de nosotros puede ascender al Cielo,
pasearse entre las nubes,
errar en lo infinito,
y olvidarse de los otros
por los siglos de los siglos?».

Los tres se miraron sonriendo.
Ninguno tenía nada que oponer
y así se hicieron amigos.

Después de un período de calma,
el Maestro Sanghu murió.
Antes del entierro, Confucio,
al enterarse de la noticia,
envió a Zigong para los funerales.
Éste, al llegar, vio a un hombre
componiendo una canción
y a otro tocando su laúd.
Los dos cantaban así:
«¡Ah! ¡Sanghu! ¡Querido Sanghu!
¡Has regresado a tu verdad!
¡Pero ay de nosotros que seguimos siendo humanos!».

Zigong se apresuró a preguntarles:
«¿Cantar así ante un cadáver
es conforme a los ritos?».

Los dos hombres se miraron y sonrieron.
«¡Qué sabrás tú de los ritos!», dijeron.

Zigong regresó donde Confucio y le dijo:
«¿Qué clase de hombres son éstos?
Su conducta es indecente.
No hacen caso de sus cuerpos,
cantan en presencia de un cadáver
sin cambiar la expresión de sus rostros.
No hay palabras para nombrarlos.
¿Pero qué clase de hombres son?».

«Son la clase de hombres que viven fuera del mundo,
- contestó Confucio -. Yo, sin embargo, aún estoy dentro.

El afuera y el adentro no tienen nada en común.
¡Ha sido estúpido por mi parte haberte asignado esta misión!
Estos hombres son compañeros de Aquello que todo lo crea,
habitan en el soplo único del Cielo y de la Tierra.
Consideran la vida como una excrecencia tumorosa,
la muerte como una pústula reventada.
Para ellos, no hay diferencias entre la vida y la muerte,
el antes y el después.
Toman de la diversidad
lo que unifican en su propio cuerpo.
Olvidan hígado y vesícula,
Rechazan vista y oído.
Invierten origen y fin.
Ignoran todos los límites.
Vagan libremente más allá del polvoriento mundo
ejercitándose en la No-intervención.
¿Para qué rebajarse practicando los ritos comunes
y servir de espectáculo a los hombres?».

«Maestro, ¿de qué parte estás tú?»
- preguntó Zigong.

«Yo soy un condenado por sentencia del Cielo
y tú compartes mi misma suerte», dice Confucio.

«Maestro, ¿me puedes revelar ese secreto?».

Confucio contestó:
«Los peces se mueven en el agua,
Los hombres caminan por el Tao.
Los que se encuentran bien en el agua
van hasta el fondo del estanque y allí se alimentan.
Los que se encuentran bien en el Tao
van hasta el fondo de la No-intervención y allí habitan.
Por ello se dice: "En los lagos y ríos,
los peces se ignoran entre ellos,
así los hombres en la práctica del Tao».

«¿Y los hombres extraordinarios?» - preguntó Zigong.

«Son extraordinarios entre los hombres,
pero iguales ante el Cielo.
Por ello se dice: "Un hombre pequeño para el Cielo
es un hombre grande entre los hombres.
Un hombre grande entre los hombres
es un hombre pequeño para el Cielo».


VII

Yan Hui preguntó a Confucio:
«Cuando su madre murió,
Mengsun Cai lloró sin lágrimas,
su corazón ignoró la tristeza,
y su duelo fue sin dolor.
A pesar de estas tres faltas,
en el Estado de Lu se le considera
como el mejor conductor de duelos.
¿Se puede adquirir la fama de algo que no se realiza?
¡Me parece tan extraño!».

«Mengsun ha llegado a la cima
-respondió Confucio -.
Está más allá del saber.
Simplificando más aquellos ritos
no habría conseguido nada.
Ya los ha simplificado bastante.
Mengsun ignora qué es la vida o la muerte
y cuál de ellas viene antes o después.
Se transforma adaptándose al misterioso cambio,
eso es todo.
Transformándose,
¿cómo sabe que se está transformando?
No transformándose,
¿cómo sabe que no se está transformando?
Tú y yo, aún sin despertar de nuestro propio sueño.

En cuanto a él, su cuerpo se estremecía pero no su espíritu.
Habitó tantas moradas como mañanas tienen los días,
pero nunca le llegó la verdadera muerte.
Sólo Mengsun estaba despierto.
Cuando los hombres lloraban, él lloraba con ellos:
eso era todo.
Además, ¿cómo saber quién es este "yo" que yo digo?
Tú sueñas ser un pájaro y te elevas en los cielos.
Sueñas ser un pez y te sumerges en las aguas.
¿Cómo saber si el que habla está dormido o despierto?
Mejor que lo adecuado: la risa espontánea.
Mejor aún: confórmate a Aquello que todo lo ordena
y olvida la transformación.
Así se entra en el Cielo inmenso de la Unidad».


VIII

Yi Er Zi fue a ver a Xu You,
y éste le preguntó:
«¿Qué te ha enseñado Yao?».

«Me ha dicho:
"Observa las reglas de la benevolencia y el deber.
Distingue claramente la afirmación de la negación"».

«Entonces, ¿para qué has venido a verme? - replicó Xu You -.
Si él con la benevolencia y el deber
te ha marcado la frente
y con la afirmación y la negación
te ha arrancado la nariz,
¿cómo podrás andar libremente
por los lejanos e infinitos caminos?».

«Sin embargo, me gustaría recorrerlos».

«¡lmposible! - exclamó Xu You -.
Un tuerto no puede apreciar la belleza de un rostro.
Un ciego no puede contemplar
el verde y amarillo de los brocados».

Yi Er Zi preguntó:
«Wuzhuang perdió su belleza.
Juliang perdió su fuerza.
El Emperador Amarillo perdió su sabiduría.
Los tres fueron forjados por el Tao.
¿Cómo saber si Aquello que todo lo crea
no borrará la marca de mi frente,
no restituirá mi nariz cortada,
y persiguiendo mi transformación
no podré yo, Maestro, seguirte?».

«iAh! Nada sabemos - replicó Xu You -.

Te lo explicaré brevemente:
mi Maestro, ioh, mi Maestro!,
desmenuza los Diez Mil Seres,
pero no por eso es cruel.
Sus bondades se extienden sobre diez mil generaciones,
pero no por eso ejerce la benevolencia.
Es más viejo que la Alta Antigüedad,
pero no por eso es un anciano.
Él contiene Cielo y Tierra,
modela todas las formas,
pero no por eso es hábil.
Así es el mundo donde él habita».

IX

«¡He progresado!» - dijo Yan Hui.

«¿En qué?» - le respondió Confucio.

«He olvidado la benevolencia y el deber».

«Eso está bien, pero aún no es bastante».

Otro día, Yan Hui volvió a ver a Confucio.
«¡He progresado!» - dijo Yan Hui.

«¿En qué?» - respondió Confucio.

«He olvidado los ritos y la música».

«Eso está bien - respondió Confucio -, pero aún no es bastante».

Otro día, Yan Hui volvió a Confucio
y le dijo:
«Me he asentado en el olvido».

«¿Qué entiendes por asentarse en el olvido?»
- preguntó Confucio asombrado.

«Abandonar el cuerpo.
Eliminar la percepción.
Alejarse de la forma.
Separarse de la inteligencia
y unirse a la Gran Interacción.
Eso es lo que yo entiendo por asentarse en el olvido».

«Unificándote, no tienes preferencias.
Transformándote, no tienes permanencia.
¡Eres un Sabio verdaderamente!
Déjame ser tu discípulo» - dijo Confucio.

X

Ziyu y Zisang eran amigos.
Hacía diez días que no paraba de llover.
Ziyu pensó:
«El Maestro Sang debe estar muerto de hambre».
Y cogió algo de comer para llevárselo.
Al llegar a su puerta, oyó a alguien gimoteando,
mientras cantaba acompañado de un laúd:
«¡Oh, Padre! ¡Oh, Madre!
¡Oh, Cielo! ¡Oh, Hombre!».
A duras penas pronunciaba las palabras,
esforzándose en cantar.
Ziyu entró y le dijo:
«¿Por qué cantas eso?».

«Me preguntaba quién es la causa
del lamentable estado en que me encuentro;
y no he encontrado respuesta.
¡Cómo mi padre o mi madre habrían podido
desear para mí una miseria semejante!
¡Cómo el Cielo que todo lo cubre
y la Tierra que todo lo sostiene
habrían podido desear para mí una pobreza semejante!
Busco pero no encuentro una respuesta.
¡A no ser que haya sido el Decreto
quien me ha reducido a este lamentable estado!».



Los Capítulos Interiores de Zhuang Zi
Pilar González España y Jean Claude Pastor-Ferrer



ISAÍAS GARDE, textos en transición

Zhuang Zi - Capítulos interiores 5

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Capítulo V
SIGNOS DE ÍNTEGRA VIRTUD



I

Wang Tai, el cojo, vivía en el país de Lu.
Tenía tantos discípulos como Confuncio.
Chang Ji preguntó a este último:
«A Wang Tai, aunque cojo,
le siguen la mitad de los habitantes de Lu.
De pie, no enseña nada;
Sentado, no debate.
Sin embargo, los que están vacíos
Van hacia él y vuelven llenos.
¿Es que posee el arte de enseñar sin palabras,
o un medio invisible para labrar el corazón?
¿Qué clase de hombre es éste?».

«Este hombre es un Santo - respondió Confucio -.
Tan sólo he aplazado mi visita.
Pero si yo mismo debiera tenerle por maestro,
¡cuánto más los que no están a mi altura!
¡No sólo al país de Lu,
sino que llevaría hasta él al mundo entero!».

«Si este cojo os supera, Maestro - replicó Chang Ji -,
debe ser un hombre extraordinario.
El corazón de un hombre así
¿en qué se diferencia de los otros?».

«Vida y muerte son para él igual en importancia:
en nada le afectan - dijo Confucio -.
Aunque Cielo y Tierra se desplomen,
él permanece intacto.
Discierne la verdad sin distraerse con las cosas,
se adapta a sus transformaciones:
se acoge a su Principio Ancestral».

«¿Qué quieres decir?» - preguntó Chang Ji.

«Si se miran las cosas desde su diferencia,
entre hígado y vesícula hay una distancia tan grande
como entre el país de Yue y el de Chu.
Pero si se miran las cosas desde su identidad,
los Diez Mil Seres son Uno.
Un hombre así ignora la distinción
entre el oído y la vista, y su corazón
se baña en la armonía de la Virtud.
Desde la Unidad,
no existe la pérdida.
Mira su propia pierna perdida
como si fuera un montón de tierra abandonada».

«No hace más que labrar su perfección - dijo Chang Ji -.

A través de su inteligencia, accede a su corazón;
a través de su corazón, accede al corazón inmutable.
Pero ¿por qué tantos seres afluyen a él?».

«El hombre no utiliza como espejo el agua que corre,
sino el agua que duerme - dijo Confucio -.
Sólo la calma puede calmarlo todo.
Investidos del Decreto Terrestre
sólo el pino y el ciprés, libres,
yerguen su rectitud.
Tanto invierno como verano:
siempre el rnismo verdor.
Investidos del Decreto Celeste,
sólo Shun y Yao, libres,
por encima de los Diez Mil Seres,
alcanzaron la perfección.
El dichoso capaz de rectificar su propia naturaleza
puede rectificar la de los otros.
No hay temor para el que sigue el rastro del origen.
Un soldado valiente afronta él solo
una batalla contra nueve ejércitos:
si un hombre es capaz de esto por la fama,
¡cuánto más el que gobierna Cielo y Tierra
acogiendo en su seno a los Diez Mil Seres!
El que habita su cuerpo como efímera morada,
sabiendo que sus ojos, sus oídos,
sólo perciben apariencias;
el que sólo conoce la Unidad
y en cuyo corazón la muerte ya no existe;
un día, él amanecerá en el mundo
y el mundo le seguirá.
¿De qué le serviría preocuparse de los hombres?».



II

Shen Tujia, el amputado,
y Zichan, primer ministro de Zheng,
tenían ambos por maestro a Bohun Nadie.

«Si yo salgo primero, tú esperas
- le dijo Zichan al cojo -.
Si tú sales primero, esperaré yo».

Al día siguiente se encontraron en la misma sala,
sentados los dos sobre la misma estera.

«Si yo salgo primero - repitió Zichan -, tú esperas.
Si tú sales primero, esperaré yo.
Si yo saliera ahora mismo, ¿esperarías o no?
¿Pero es que no vas a apartarte cuando ves frente a ti a un primer ministro?
¿Acaso te consideras mi igual?».

«En casa del Maestro - replicó Shen Tujia -
¿existen primeros ministros?
Parece que te precias tanto de serlo,
que das la espalda a los demás.
He oído decir lo siguiente:
"Si tu espejo brilla, el polvo no se adhiere a él.
Pero si el polvo se adhiere, es porque tu espejo no brilla.
Estando largo tiempo en compañía de un Sabio
no deben cometerse errores".
La grandeza que posees viene de nuestro Maestro.
Hablar así de esta manera ¿no es cometer un error?».

«Tal como eres, pareces querer competir
con Yao, el virtuoso - dijo Zichan -.
¿Es que no hay suficiente Virtud en ti
como para mirarte honestamente a ti mismo?».

«Numerosos son los que exhiben sus faltas
y juzgan sus pérdidas inmerecidas,
pero pocos son los que no las exhiben
y las juzgan merecidas - respondió Shen Tujia -.
Sólo el hombre de Virtud conoce lo ineluctable
y sigue el Decreto del Cielo.
Quien pasa delante del arquero Yi
es alcanzado por su flecha;
quien escapa, se lo debe al Decreto.
Muchos son los hombres con dos pies
que se ríen de mí por estar cojo.
Antes, sentía una cólera terrible.
Ahora, desde que vengo a casa del Maestro,
mi furia ha desaparecido y me he encontrado a mí mismo.
¿Me habrá purificado el Maestro con su bondad?
Durante diecinueve años he estado en su compañía,
pero jamás ha advertido mi cojera.
Ambos deberíamos habitar el interior del cuerpo.
Pero tú quieres sacarme al exterior.
¿No es eso un error?».

«No hablemos más», dijo Zichan confuso,
cambiando de actitud.


III

En el país de Lu
había un cojo llamado Sushan, el Sin-dedos.
Cojeando sobre su talón,
fue a ver a Confucio y éste le dijo:

«Por falta de prudencia, tus errores cometidos
te han puesto en este triste estado.
¿Qué es lo que esperas viniendo a mí?».

«Por descuido y por tratar mi cuerpo a la ligera,
he perdido los dedos de un pie - respondió el Sin-dedos -.
Pero hoy vengo a ti
porque hay algo que estimo más que mis pies
y deseo conservarlo intacto.
No hay nada que el Cielo no cubra
ni nada que la Tierra no sostenga.
Señor, yo te considero mi Cielo y mi Tierra,
¿por qué me tratas de este modo?».

Confucio le contestó:
«Me he portado como un ignorante.
¿Por qué no entras, Maestro,
y me instruyes con tus conocimientos?»

Y el Sin-dedos se fue.

«Discípulos, ¡a trabajar duro! - dijo Confucio -
porque si el Sin-dedos se entrega al estudio
para rectificar sus errores,
icuánto más deberían hacerlo
los hombres de íntegra Virtud!».

El Sin-dedos preguntó a Lao Dan:
«¿Confucio aún no es un hombre perfecto?
¿Por qué se molesta en venir a ti
para seguir tus enseñanzas?
Él, que sólo busca tener fama
de hombre único y extraordinario,
¿ignora acaso que para el Hombre Supremo
la fama y el renombre son cadenas?».

«¿Por qué no le has mostrado tú mismo - dijo Lao Dan -
que la vida y la muerte se entretejen,
que lo admisible y lo inadmisible penden del mismo hilo?
¿Podrá liberarse algún día de sus cadenas?».

«Siendo castigo del Cielo - replicó el Sin-dedos -,
¿cómo podría librarse?».


IV

El duque Ai del país de Lu preguntó a Confucio:
«En el país de Wei vivía un hombre muy feo
llamado Tuo el Feo.
Los que vivían a su alrededor,
fascinados por él, ya no podían apartarse.
Las mujeres que le conocían decían a sus padres:
"Prefiero ser su concubina que la esposa de otro".
Así, ya tenía más de una decena de ellas
que no cesaban de solicitarle.
Nunca llevaba la voz cantante y se acomodaba a los demás.
No tenía ni poder para salvar a un hombre de la muerte,
ni beneficios para socorrer a un hambriento,
y su fealdad asustaba a todo el mundo.
Conciliador y no instigador,
su saber se constreñía a su territorio,
pero mujeres y hombres iban atraídos hacia él.
Este hombre debía tener algo extraordinario.
Así que le llamé para observarle.
Efectivamente su fealdad podía estremecer al mundo entero.
En menos de un mes en su compañía,
ya me di cuenta de la clase de hombre que era,
y en menos de un año,
ya había puesto en él toda mi confianza.
Cuando mi país se quedó sin ministro,
lo nombré a él para el cargo.
Indeciso, acabó por aceptar
con un sí tan frío, tan indiferente,
que parecía rehusar.
A pesar de mi turbación,
finalmente le confié el país.
Poco después me abandonó y se fue.
Quedé muy triste y afectado por esta gran pérdida,
como si ya no hubiera nadie más
con quien compartir mis esperanzas.
¿Qué clase de hombre era éste?».

Y Confucio respondió:
«Un día que yo iba en misión a Chu,
vi unos cerditos que aún se amamantaban
de su madre muerta.
De repente la miraron asustados y huyeron.
Ella ya no los miraba como antes.
Ya no era como ellos.
Lo que amaban en ella no era su cuerpo
sino lo que a su cuerpo animaba.
Un hombre muerto en la batalla
ya no requiere de funerales rituales.
Un hombre con una pierna amputada
ya no necesita de sandalias.
En sendos casos, se ha perdido el fundamento.
Las concubinas del Hijo del Cielo
no se cortan las uñas ni se horadan las orejas.
El recién casado vive fuera del palacio
y ninguna misión le es asignada.
Si los hombres íntegros en su cuerpo
pueden obrar así,
¡cuánto más los hombres íntegros en Virtud!
Ahora, Tuo el Feo, sin decir palabra,
inspira confianza; sin hacer nada,
suscita intimidad.
Todos quieren confiarle su gobierno
y temen que él lo rechace.
Es, evidentemente, un hombre
cuyas cualidades están intactas
y cuya Virtud no se exterioriza».

«¿Qué entiendes por cualidades intactas?».

Y Confucio contestó:
«Muerte y vida, conservación y destrucción,
destreza y éxito, miseria y riqueza,
excelencia y mediocridad, calumnia y apología,
hambre y sed, frío y calor,
son las mutaciones de las cosas:
el Decreto en acción.
Un alternancia que opera día y noche ante nosotros,
y de la que nadie puede sondear su fuente.
Sin embargo, no altera nuestra paz,
ni entra en nuestra Mágica Morada.
Hacer que la armonía y el goce circulen
sin que la dicha se pierda,
que entre la noche y el día
no haya ningún intersticio,
florecer con los seres y las cosas,
seguir con el corazón la continuidad del tiernpo:
esto es lo que yo llamo cualidades intactas».

«¿Y qué significa Virtud no exteriorizada?»
- le preguntó el duque Ai.
«Agua inmóvil o calma perfecta.
En su interior se protege.
En su exterior nada mueve.
Eso podría servir como ejemplo.
La Virtud es cultivar la armonía.
En la Virtud que no se exterioriza
los seres y las cosas se conservan
sin disgregarse».

Otro día, el duque Ai le contó a Min Zi:
«Al principio, sentado en mi trono cara al sur,
yo gobernaba y controlaba el Estado,
temeroso por la muerte de mi pueblo.
Yo me creía un hombre perfecto.
Ahora, después de oír las razones de un Hombre Supremo,
temo haberme equivocado;
he sido negligente con mi propia persona,
y he arruinado a mi pueblo.
Confucio y yo no somos señor y súbdito,
sino amigos en la Virtud, eso es todo».


V

Un cojo, encorvado y sin labios
era el consejero del duque Ling de Wei.
Este último tan entusiasmado estaba con él,
que le parecía que los hombres bien formados
tenían un cuello demasiado largo.

Un hombre con bocio en forma de jarra
era el consejero del duque Huan de Qi.
Este último tan entusiasmado estaba con él,
que le parecía que los hombres bien formados
tenían un cuello demasiado corto.

Así, cuando la Virtud es grande,
el cuerpo se olvida.
Los hombres que no olvidan lo que se ha olvidado,
y olvidan lo que no se ha olvidado,
están en el olvido verdadero.
Así el Santo se recrea.
Para él, el saber es una maldición,
los pactos son cola de pegar,
los favores, una corrupción,
la habilidad, un simple comercio.
El Santo ¿para qué quiere el saber
si no tiene proyectos?,
¿para qué la cola de pegar si él nada ha separado?,
¿para qué poseer si nada ha perdido?,
¿para qué comerciar si nada codicia?
Todo esto son Dones del Cielo.
Los Dones el Cielo son alimento.
El que está nutrido por el Cielo
¿qué necesidad tiene de los hombres?
Posee la forma de los hombres,
pero no sus pasiones.
Posee la forma de los hombres
y por eso se mezcla entre ellos.
No posee las pasiones de los hombres
y por eso lo falso, lo verdadero,
nada significan para él.
¡Qué pequeño como hombre!
¡Qué grande, libre,
realizando en él su propio Cielo!


VI

Hui Zi preguntó a Zhuang Zi:
«¿Puede haber un hombre sin pasiones?».
«Sí» - dijo Zhuang Zi.

«Pero un ser así, ¿cómo puede llamarse hombre? ».

Zhuang Zi contestó:
«El Tao le dio su aspecto. El Cielo le dio su cuerpo.
¿Por qué entonces no llamarlo hombre? ».

«Si tú le llamas hombre,
¿por qué carece de las pasiones humanas?».

«Lo verdadero o lo falso - dijo Zhuang Zi -,
Esto es lo que yo entiendo por pasiones humanas.
El que no es empujado por el amor o el odio,
El que sigue con constancia su naturaleza
Y nada añade a la vida,
Es un hombre sin pasiones humanas».

«Si no añade nada a la vida - preguntó Hui Zi -
¿cómo puede existir en tanto que hombre? ».

«El Tao le dio su aspecto
El Cielo le dio su cuerpo.
No es empujado por el amor ni el odio.
En cuanto a ti, dispersas tu espíritu
Y malgastas tu esencia vital.
Apoyado sobre un árbol, desatinas.
Inclinado sobre una mesa, te adormeces.
El Cielo te ha dado un cuerpo
Y tú sólo especulas sobre "lo blanco y lo duro"».



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Pilar González España y Jean Claude Pastor-Ferrer



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