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7 sept. 2014

William Carlos Williams – El asfódelo, esa flor verdosa

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Del asfódelo, esa flor verdosa,
como un botón de oro
sobre su tallo bifurcado-
salvo que éste es verde y leñoso-
vengo, querida,
a cantarte.
Vivimos mucho tiempo juntos
una vida repleta,
si vos querés,
de flores. De modo
que me alegré
al enterarme
de que también hay flores
en los infiernos.
Hoy estoy lleno del tenue recuerdo de aquellas flores
que ambos amamos,
-aun de esta pobre
florcita descolorida-
la conocí cuando era chico,
poco apreciada entre los vivos,
aunque los muertos la ven
y se preguntan:
¿me acuerdo de algo
que tuviera semejante
forma?,

mientras nuestros ojos
se llenan de lágrimas.
Del amor, del invariable amor,
dirán que, aunque es tan débil, un baño de púrpura
lo teñirá para hacerlo totalmente confiable.
Hay algo,
algo urgente
que tengo que decirte
sólo a vos,
pero esperemos,
mientras bebo
de la felicidad de tu cercanía
quizás por última vez.

Así,
me arranco
este miedo del corazón
para seguir hablando,
porque no me animo a detenerme.
Escucha
mientras te hablo contra el tiempo,
no tardará mucho.

Yo lo había olvidado
y sin embargo veo claramente
que hay algo central en el cielo
que oscila y que da vueltas.

¡Un olor
viene de allí!
¡el olor más dulce!
¡madreselvas! ¡y ahora
llega el zumbido de una abeja!
¡y una intensa corriente
de memorias hermanas!
Solo dame tiempo,
tiempo para convocarlas
y poder contártelas.

Dame tiempo,
tiempo.
Cuando era chico
tenía un libro
en el que, de vez en cuando,
prensaba algunas flores,
hasta que, al final,
tuve una buena colección.
El asfódelo,
como un presagio,
estaba entre ellas.
Te traigo,
restaurado,
el recuerdo de aquellas flores.
Eran dulces,
cuando yo las prensaba,
y guardaban
algo de esa dulzura
por mucho tiempo.
Es un olor curioso,
un olor moral,
ese que me trae cerca de vos.
El color
fue lo primero en irse.
Tuvo que llegarme este
desafío:
tu querido ser,
tan mortal como yo,
¡la garganta del lirio
abierta ante el colibrí!
la riqueza infinita,
pensé,
me tiende sus brazos.
Mil trópicos
en una floración del manzano.
La tierra generosa
brindándose a sí misma.
¡El mundo entero
llegó a ser mi jardín!
Pero también el mar,
al que nadie cultiva,
es un jardín
cuando el sol lo golpea
y despierta sus olas.
Yo lo vi
y vos también lo viste
cuando hace avergonzar
a todas las flores.
También la estrella de mar,
endurecida por el sol,
y otras plantas del mar
y las algas. Vos y yo sabíamos
todo acerca de esto
porque nacimos a la orilla del mar,
conocíamos esos cercos rojizos
al borde mismo del agua.
Ahí crecen también la malva rosa
y, en su estación,
las frutillas.
Allí, más tarde,
íbamos a juntar
ciruelas silvestres.
No voy a decir
que viajé a los infiernos por tu amor
y sin embargo
allá fui a parar, buscándote.
No me gustó,
quise estar en el cielo. No dejes de escucharme.
No te alejes.
En mi vida aprendí mucho
de los libros
y, fuera de ellos,
mucho también sobre el amor.
La muerte
no termina con él.
Hay una jerarquía,
creo yo,
que puede recorrerse
a su servicio;
su premio
es una flor mágica;
un gato de veinte vidas.
Si ninguno trata de alcanzarlo
el mundo
va a salir perdiendo.
Para vos y para mí
fue como ver venir una tormenta
volando sobre el agua.
Estuvimos año tras año
tomados de la mano
frente al espectáculo de nuestras vidas.
La tormenta se desató.
Los relámpagos estallaron en los bordes de las nubes.
Hacia el norte
el cielo era plácido,
un resplandor azul
mientras la tormenta se acumulaba.
Una flor
que pronto iba a alcanzar
su punto culminante.
Y vos y yo bailábamos
en nuestras mentes
y juntos leíamos un libro
¿te acordás?
Era un libro importante.
Tantos libros entraron en nuestras vidas.
¡El mar! ¡El mar!
Cada vez que pienso en el mar
me acuerdo
de la Ilíada
y de la falta pública de Helena
que la hizo posible.
Si no hubiera sido por eso
no hubiera habido poema y el mundo
al recordar aquellos pétalos de púrpura
dispersos entre las piedras
lo hubiera llamado simplemente
asesinato.
La orquídea sexual que floreció en aquel entonces
enviando a tantos
valientes a sus tumbas
les legó una memoria
a esa raza de locos
o de héroes,
si el silencio es una virtud,
el mar, solitario
en su multiplicidad,
conserva alguna esperanza.
La tormenta
se probó devastadora,
pero seguimos,
con los pensamientos que ella
suscitó,
reconstruyendo nuestras vidas.
Es la mente,
la mente
la que debe ser curada,
antes de que
intervenga la muerte,
y la voluntad
será un jardín de nuevo. El poema
es complejo y es complejo el lugar que le hacemos
en nuestras vidas al poema.
El silencio también puede ser complejo
pero con el silencio
no vamos a ningún lado.
Empieza de nuevo.
Es como el catálogo
de naves en Homero:
sirve para ocupar el tiempo.
Hablo con figuras,
es necesario,
los vestidos que usás son también figuras,
no podríamos encontrarnos
de otro modo. Si digo
"flores"
es para recordar
que alguna vez fuimos jóvenes.
No todas las mujeres son Helena,
ya lo sé,
pero llevan a Helena en sus corazones.
Querida,
en vos también está,
por eso te amo,
no podría amarte si no.
Imaginate
un campo hecho de mujeres
todas de un blanco plateado.
¿Cómo no amarlas?
La tormenta estalla o
se disipa,
no es el fin del mundo.
El amor es otra cosa,
o eso pensé,
un jardín que se expande
-aunque te conocí como mujer
y nunca te vi de otra forma-
hasta ocupar el mar
con todos sus jardines.
Era el amor del amor,
el amor que devora todo lo demás,
un amor agradecido,
un amor a la naturaleza, a la gente,
a los animales,
un amor que engendra
mansedumbre y bondad,
es el que vi en vos
y el que me conmovió.
Debería haber sabido,
y no lo supe,
que el lirio de los valles
es una flor que enferma a quien la huele.
Tuvimos hijos,
rivales en la batalla común
y, aunque siempre los cuidé,
de acuerdo con mis luces,
tanto como un hombre puede cuidar a sus hijos,
ahora los dejo a un lado
porque,
vos entendés,
tenía que encontrarte después de todo eso.
Todavía estoy por encontrarte.
Amor,
-ante el cual los dos nos inclinamos-
una flor,
la flor más frágil
será nuestro sello,
no porque seamos débiles.
En la plenitud de mi fuerza
hice todo lo que podía hacerse
para probarte que nos amábamos,
mientras mis huesos se rompían
porque no podía gritártelo en el acto.

Del asfódelo, esa flor verdosa,
vengo, querida, a cantarte.
Mi corazón revive pensando
que te traigo noticias
de algo que te concierne,
y que concierne también a todos.
Mirá lo que se hace pasar por novedad,
no vas a encontrar nada allí,
pero sí en los poemas despreciados.
Es difícil encontrar noticias en los poemas,
y, sin embargo, todos los días, la gente muere miserablemente
por no alcanzar lo que se encuentra en ellos.
Y te digo:
también a mí me concierne,
y a todo el que quiera
morir en paz sobre su cama.


Versión: Isaías Garde
Imagen: © Pach Brothers/CORBIS



Asphodel, That Greeny Flower


Of asphodel, that greeny flower,
like a buttercup
upon its branching stem-
save that it's green and wooden-
I come, my sweet,
to sing to you.
We lived long together
a life filled,
if you will,
with flowers. So that
I was cheered
when I came first to know
that there were flowers also
in hell.
Today
I'm filled with the fading memory of those flowers
that we both loved,
even to this poor
colorless thing-
I saw it
when I was a child-
little prized among the living
but the dead see,
asking among themselves:
What do I remember
that was shaped
as this thing is shaped?
while our eyes fill
with tears.
Of love, abiding love
it will be telling
though too weak a wash of crimson
colors it
to make it wholly credible.
There is something
something urgent
I have to say to you
and you alone
but it must wait
while I drink in
the joy of your approach,
perhaps for the last time.
And so
with fear in my heart
I drag it out
and keep on talking
for I dare not stop.
Listen while I talk on
against time.
It will not be
for long.
I have forgot
and yet I see clearly enough
something
central to the sky
which ranges round it.
An odor
springs from it!
A sweetest odor!
Honeysuckle! And now
there comes the buzzing of a bee!
and a whole flood
of sister memories!
Only give me time,
time to recall them
before I shall speak out.
Give me time,
time.
When I was a boy
I kept a book
to which, from time
to time,
I added pressed flowers
until, after a time,
I had a good collection.
The asphodel,
forebodingly,
among them.
I bring you,
reawakened,
a memory of those flowers.
They were sweet
when I pressed them
and retained
something of their sweetness
a long time.
It is a curious odor,
a moral odor,
that brings me
near to you.
The color
was the first to go.
There had come to me
a challenge,
your dear self,
mortal as I was,
the lily's throat
to the hummingbird!
Endless wealth,
I thought,
held out its arms to me.
A thousand tropics
in an apple blossom.
The generous earth itself
gave us lief.
The whole world
became my garden!
But the sea
which no one tends
is also a garden
when the sun strikes it
and the waves
are wakened.
I have seen it
and so have you
when it puts all flowers
to shame.
Too, there are the starfish
stiffened by the sun
and other sea wrack
and weeds. We knew that
along with the rest of it
for we were born by the sea,
knew its rose hedges
to the very water's brink.
There the pink mallow grows
and in their season
strawberries
and there, later,
we went to gather
the wild plum.
I cannot say
that I have gone to hell
for your love
but often
found myself there
in your pursuit.
I do not like it
and wanted to be
in heaven. Hear me out.
Do not turn away.
I have learned much in my life
from books
and out of them
about love.
Death
is not the end of it.
There is a hierarchy
which can be attained,
I think,
in its service.
Its guerdon
is a fairy flower;
a cat of twenty lives.
If no one came to try it
the world
would be the loser.
It has been
for you and me
as one who watches a storm
come in over the water.
We have stood
from year to year
before the spectacle of our lives
with joined hands.
The storm unfolds.
Lightning
plays about the edges of the clouds.
The sky to the north
is placid,
blue in the afterglow
as the storm piles up.
It is a flower
that will soon reach
the apex of its bloom.
We danced,
in our minds,
and read a book together.
You remember?
It was a serious book.
And so books
entered our lives.
The sea! The sea!
Always
when I think of the sea
there comes to mind
the Iliad
and Helen's public fault
that bred it.
Were it not for that
there would have been
no poem but the world
if we had remembered,
those crimson petals
spilled among the stones,
would have called it simply
murder.
The sexual orchid that bloomed then
sending so many
disinterested
men to their graves
has left its memory
to a race of fools
or heroes
if silence is a virtue.
The sea alone
with its multiplicity
holds any hope.
The storm
has proven abortive
but we remain
after the thoughts it roused
to
re-cement our lives.
It is the mind
the mind
that must be cured
short of death's
intervention,
and the will becomes again
a garden. The poem
is complex and the place made
in our lives
for the poem.
Silence can be complex too,
but you do not get far
with silence.
Begin again.
It is like Homer's
catalogue of ships:
it fills up the time.
I speak in figures,
well enough, the dresses
you wear are figures also,
we could not meet
otherwise. When I speak
of flowers
it is to recall
that at one time
we were young.
All women are not Helen,
I know that,
but have Helen in their hearts.
My sweet,
you have it also, therefore
I love you
and could not love you otherwise.
Imagine you saw
a field made up of women
all silver-white.
What should you do
but love them?
The storm bursts
or fades! it is not
the end of the world.
Love is something else,
or so I thought it,
a garden which expands,
though I knew you as a woman
and never thought otherwise,
until the whole sea
has been taken up
and all its gardens.
It was the love of love,
the love that swallows up all else,
a grateful love,
a love of nature, of people,
of animals,
a love engendering
gentleness and goodness
that moved me
and that I saw in you.
I should have known,
though I did not,
that the lily-of-the-valley
is a flower makes many ill
who whiff it.
We had our children,
rivals in the general onslaught.
I put them aside
though I cared for them.
as well as any man
could care for his children
according to my lights.
You understand
I had to meet you
after the event
and have still to meet you.
Love
to which you too shall bow
along with me-
a flower
a weakest flower
shall be our trust
and not because
we are too feeble
to do otherwise
but because
at the height of my power
I risked what I had to do,
therefore to prove
that we love each other
while my very bones sweated
that I could not cry to you
in the act.
Of asphodel, that greeny flower,
I come, my sweet,
to sing to you!
My heart rouses
thinking to bring you news
of something
that concerns you
and concerns many men. Look at
what passes for the new.
You will not find it there but in
despised poems.
It is difficult
to get the news from poems
yet men die miserably every day
for lack
of what is found there.
Hear me out
for I too am concerned
and every man
who wants to die at peace in his bed
besides.

29 abr. 2013

William Carlos Williams - El descenso

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William Carlos Williams © Eve Arnold-Magnum Photos 1957


El descenso nos llama
                como nos llamó el ascenso
                                La memoria es como
un logro,
             una especie de renovación
                          casi
una iniciación, nuevos espacios abiertos
                    habitados por hordas
                   y por tanto, no implica
nuevas especies –
              pues su movimiento
                          se dirige hacia destinos nuevos
(aunque hayan sido abandonados)

Ninguna derrota se compone sólo de derrota – pues
el mundo que abre siempre es un lugar
                   hasta entonces
                                        insospechado. Un
mundo perdido,
                       un mundo insospechado,
                                          nos llama a nuevos lugares
y ninguna blancura (perdida) es tan blanca como
el recuerdo de la blancura

Con la tarde, el amor despierta
                     aunque sus sombras
                       vivas por el brillo
del sol –
              somnolientas ahora se abandonen
                              al deseo
El amor sin sombras surge ahora
             comienza a despertar
                 conforme la noche
avanza.


El descenso
                  hecho de desesperanza
                              sin logros
cae en la cuenta
           del nuevo despertar:
                                       que es el revés
de la desesperanza.
             Así, lo que no logramos,
lo negado al amor,
                     lo que hemos perdido antes –
                              se hace descenso
sin fin, indestructible.


The descent

The descent beckons/ as the ascent beckoned./ Memory is a kind/ of accomplishment,/ a sort of renewal/ even/ an initiation, since the spaces it opens are new places/ inhabited by hordes/ heretofore unrealized,/ of new kinds—/ since their movements/ are toward new objectives/ (even though formerly they were abandoned)./ No defeat is made up entirely of defeat—since/ the world it opens is always a place/ formerly/ unsuspected. A/ world lost,/ a world unsuspected,/ beckons to new places/ and no whiteness (lost) is so white as the memory/ of whiteness./ With evening, love wakens/ though its shadows/ which are alive by reason/ of the sun shining—/ grow sleepy now and drop away/ from desire./ Love without shadows stirs now/ beginning to awaken/ as night/ advances./ The descent/ made up of despairs/ and without accomplishment/ realizes a new awakening:/ which is a reversal/ of despair./ For what we cannot accomplish, what/ is denied to love,/ what we have lost in the anticipation—/ a descent follows,/ endless and indestructible.


Versión de Pura López Colomé
Imagen: © Eve Arnold-Magnum Photos 1957



22 ago. 2011

William Carlos Williams - Lamento

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Me llaman y voy.
Es un camino helado
después de medianoche,
una nevisca atrapada
en los tiesos carriles.
Se abre la puerta.
Sonrío, entro y
me sacudo el frío.
Hay una mujer corpulenta
de costado en la cama.
Está enferma,
acaso vomitando,
acaso esforzándose
para dar a luz
su décimo hijo. ¡Alegría! ¡Alegría!
¡La noche es un cuarto
oscurecido para amantes,
a través de las persianas el sol
ha enviado una aguja dorada!
le aparto el pelo de los ojos
y contemplo su dolor
compadeciéndome.

Versión: Alberto Girri



Complaint


They call me and I go.
It is a frozen road
past midnight, a dust
of snow caught
in the rigid wheeltracks.
The door opens.
I smile, enter and
shake off the cold.
Here is a great woman
on her side in the bed.
She is sick,
perhaps vomiting,
perhaps labouring
to give birth to
a tenth child. Joy! Joy!
Night is a room
darkened for lovers,
through the jalousies the sun
has sent one golden needle!
I pick the hair from her eyes
and watch her misery
with compassion.



5 mar. 2011

William Carlos Williams - Asfódelo

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Del asfódelo, esa flor algo verde, 
igual que un botón de oro
sobre su tallo bifurcado 
—si no fuera porque es verde y leñoso—
yo vengo, querida,
a cantarte.
Vivimos mucho tiempo juntos 
una vida llena,
si quieres, 
de flores- Así que 
me alegré
apenas supe
que también había flores 
en el infierno.
Hoy
estoy lleno de la memoria borrosa de aquellas flores 
que a los dos nos gustaban
incluso esta pobre 
cosa descolorida 
—la vi
cuando era un niño— 
poco apreciada entre los vivos
aunque los muertos la ven,
preguntándose entre ellos: 
¿ Recuerdo algo
que estuviera modelado 
como esta cosa? 
mientras nuestros ojos se llenan 
de lágrimas.
De amor, constante amor 
contarán que
aunque demasiado débil un baño de carmesí
le da color
para hacerla totalmente creíble. 
Hay algo,
algo urgente 
que debo decirte a ti 
y sólo a ti
pero que debe esperar 
mientras bebo en
el goce de tu cercanía
quizá por última vez. 
Y así,
con el miedo en el corazón,
dejo que pase el tiempo 
y sigo hablando
porque no me atrevo a detenerme.
Óyeme mientras hablo 
contra el tiempo. 
No durará
mucho
He olvidado
y veo sin embargo con bastante claridad
algo
central en el cielo 
que
¡Un olor 
emana de él!
¡Un olor dulcísimo!
¡Madreselva! Y ahora 
llega el zumbar de una abeja 
y toda una marea 
de memorias hermanas. 
Sólo dame tiempo,
tiempo para recordarlas
antes de que deba hablar.
Dame tiempo, 
tiempo
Cuando era muchacho 
tenía un libro
al que, de tanto en tanto,
agregaba flores prensadas;
luego, tras cierto tiempo, 
tuve una buena colección. 
El asfódelo,
agorero, 
entre ellas.
Te traigo
resucitada,
la memoria de esas flores. 
Eran dulces
al prensarlas 
y retenían
algo de su dulzura
por largo tiempo. 
Es un curioso olor, 
un olor moral,
éste que me trae 
cerca de ti.
El color
fue lo primero en irse. 
Tuvo que llegarme 
un desafío,
tu querido ser 
mortal como yo lo era,
¡la garganta del lirio 
ante el colibrí! 
La riqueza sin fin 
pensé,
me tiende sus brazos.
Mil tópicos
en un florecer del manzano.
A sí misma
se dio de buena gana la tierra generosa 
¡El mundo entero
llegó a ser mi jardín! 
Pero el mar
que nadie cultiva
también es jardín 
cuando el sol lo hiere 
y las olas
despiertan. 
Lo vi
lo mismo que tú
cuando hace avergonzar 
a todas las flores.
Además, allí está la estrella de mar
endurecida por el sol 
y las otras hierbas
y algas marinas. Sabíamos esto
y lo demás acerca suyo 
porque nacimos junto al mar, 
conocimos sus setos rosa
al mismo borde del agua. 
Allí crece la malva coral, 
y cuando es época 
las frutillas 
y allí, más tarde,
fuimos a recoger
la ciruela silvestre. 
No puedo decir
que llegué al infierno
por tu amor 
pero muchas veces
me descubrí allí
al ir en tu búsqueda.
No me gustó
y quise estar
en el Cielo. Óyeme. 
No te alejes.
Aprendí mucho durante mi vida, 
en los libros
y fuera de ellos 
acerca del amor. 
La muerte
no marca su fin. 
Hay una jerarquía
que puede ser recorrida,
creo, 
en su servicio.
Su galardón:
es una flor mágica; 
un gato de veinte vidas.
Si nadie viene a ponerlo a prueba
el mundo 
saldrá perdiendo. 
Ha sido
para ti y para mí 
como el que vigila una tormenta 
viniendo sobre el agua.
Estuvimos 
año tras año
frente al espectáculo de nuestras vidas
con las manos juntas. 
La tormenta desenvuelta. 
El relámpago
juega sobre el filo de las nubes. 
Hacia el norte el cielo 
es plácido,
azul en los arreboles 
mientras la tormenta crece. 
Es una flor
que pronto alcanzará 
el máximo de su florecer. 
Bailábamos,
en nuestras mentes, 
y leíamos un libro juntos. 
¿Recuerdas?
Era un libro serio. 
Y así los libros
entraron en nuestras vidas. 
¡El mar! ¡El mar! 
Siempre
cuando pienso en el mar 
me viene a la mente la Ilíada
y el yerro público de Helena 
que engendró el poema.
De no haber sido por él
no hubiera habido poema y el mundo,
si hubiésemos recordado
esos pétalos carmesí 
desparramados sobre las piedras,
lo hubiera llamado simplemente
asesinato.
La orquídea sexual que floreció entonces 
enviando a tantos 
hombres
desinteresados a sus tumbas 
les dejó su memoria
a una raza de locos 
o de héroes
si el silencio es una virtud.
El mar solo 
en su multiplicidad
guarda alguna esperanza. 
La tormenta
resultó abortada
pero nosotros seguimos
tras los pensamientos que ella despertó 
para
cimentar de nuevo nuestras vidas.
Es la mente 
la mente
que debe ser curada
antes de la intervención 
de la muerte
y se volverá otra vez
un jardín. El poema
es complejo y también el lugar que hay hecho 
en nuestras vidas
para el poema.
El silencio puede asimismo ser complejo también 
pero no se llega lejos 
con el silencio. 
Empieza otra vez.
Es como el catálogo
de naves en Homero: 
ocupa el tiempo.
Hablo con figuras
lo suficiente, los vestidos 
que llevas puestos también son figuras, 
no podríamos encontrarnos
de otro modo. Cuando hablo 
de flores
es para recordar
que en un tiempo 
fuimos jóvenes.
No todas las mujeres son Helena,
ya lo sé,
pero tienen a Helena en sus corazones. 
Querida mía:
lo tienes en el tuyo, por eso 
te amo
y no podría amarte si no fuera así, de otro modo.
Imagina que ves 
un campo hecho de mujeres
todas de un blanco-plata.
¿Qué habrías de hacer 
sino amarlas?
¡La tormenta estalla
o se disipa! y no es 
el fin del mundo.
El amor es algo más,
o al menos así lo pensé, 
un jardín que se expande,
aunque te conocí como mujer
y nunca pensé de otra forma, 
hasta que el mar entero 
haya sido tomado 
y todos sus jardines. 
Era el amor del amor
el amor que devora todo el resto,
un amor agradecido, 
un amor a la naturaleza, la gente, 
los animales,
un amor que engendra 
la gentileza y bondad
que me movieron
y eso fue lo que en ti yo vi. 
Debí haber sabido
aunque no lo supe,
que el lirio del valle 
es una flor que causa mucho mal 
al que la sopla.
Tuvimos nuestros hijos 
rivales en la furiosa arremetida general. 
Los dejé a un lado
a pesar de cuidarlos
tanto como un hombre
puede cuidar a sus hijos
en la medida de mis luces. 
Tú lo entiendes
tenía que encontrarte
después de lo que pasó 
y tengo todavía que encontrarte. 
Amor
al que también tú reverenciarás 
conmigo;
una flor
una flor muy frágil 
será nuestra alianza 
y no porque
seamos demasiado débiles 
para actuar de otro modo 
sino porque
en la cumbre de mi potencia 
arriesgué lo que debía hacer,
para probar que no obstante
nos amamos 
mientras mis huesos sudaban
porque no podía gritártelo
en el acto.
Del asfódelo, esa flor algo verde, 
yo vengo, mi amor,
a cantarte!
Mi corazón revive
cuando piensa que te trae noticias
de algo 
que te concierne
y concierne a muchos hombres. Mira
lo que se hace pasar por nuevo. 
No lo encontrarás allí sino
en los poemas despreciados.
Es difícil 
obtener noticias de los poemas
aun cuando los hombres mueren miserablemente todos los días
por carecer
de lo que se encuentra allí. 
Oyeme
que también a mí me conciernen 
y a cada hombre
que quiere morir en su cama pacíficamente 
reconciliado.


Apshodel, That Greeny Flower, Libro primero
Versión de Jorge Santiago Perednik
Imagen: John D. Schiff
Via

10 ago. 2010

William Carlos Williams - Las tres Gracias

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Tenemos vuestros retratos en el recuerdo
cuando eran jóvenes, posando
(ante un fotógrafo) con bufandas
(si hubieran podido hacerlo) pero ahora,
puesto que ninguna es inmortal noventa y
tres, las tres, noventa y tres
Mary, Ellen y Emily, ¿qué
belleza se aferra a ustedes todavía?
¿Perenne, mágica? Dado que aún no hay
una respuesta al por qué vivimos o al por qué
ustedes no vivirán más que yo
ni tampoco una respuesta al por qué
unos deben vivir y otros
deben morir. Sin embargo ustedes viven, viven
y todo cuanto puede decirse es que
viven –el tiempo no puede alterarlo–
y mientras escribo esto Mary ha muerto.




Traducción: Lamis Feldman y Gabriel Rodríguez





The Three Graces


We have the picture of you in mind,
when you were young, posturing
(for a photographer) in scarves
(if you could have done it) but now,
for none of you is immortal, ninety-
three, the three, ninety and three,
Mary, Ellen and Emily, what
beauty is it clings still about you?
Undying? Magical? For there is still
no answer, why we live or why
you will not live longer than I
or that there should be an answer why
any should live and whatever other
should die. Yet you live. You live
and all that can be said is that
you live, time cannot alter it--
and as I write this Mary has died.

23 mar. 2008

William Carlos Williams - Paisaje con la caída de Ícaro

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Paisaje con la caída de Ícaro

De acuerdo con Brueghel

era primavera

cuando Ícaro cayó

.

Un granjero araba

su terreno

.

Toda la pompa

de la estación

despertaba

estremecida

.

cerca

de la orilla del mar

pendiente

de sí

.

sudando al sol

que derretía

la cera de las alas

.

Insignificante

lejos de la costa

sonó

.

apenas un chapoteo

era

Ícaro ahogándose.




Landscape With the Fall of Icarus


According to Brueghel

when Icarus fell

it was spring



a farmer was ploughing

his field

the whole pageantry



of the year was

awake tingling

near



the edge of the sea

concerned

with itself



sweating in the sun

that melted

the wings' wax



unsignificantly

off the coast

there was



a splash quite unnoticed

this was

Icarus drowning

6 abr. 2007

William CArlos Williams - Sobre un llamativo papel de empapelar

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El fondo verde azul
está rayado con plateadas líneas
para significar que el sol brilla

Y sobre este océano moral
de hierbas o sueños yacen flores
o canastos de deseos

El cielo sabe qué son
entre las cerúleas formas
por lo común redondas

Rosa mate y tridentadas
hojas de oro
tres, tres y tres

Tres rosas y tres vástagos
la canasta flotando
sostenida en los cuernos del azul

Repetido hasta el techo
hasta las ventanas
donde el día

sopla en
las ondeadas cortinas
para el sonido de la lluvia



Versión Alberto Girri

William Carlos Williams - Los pobres

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La anarquía de la pobreza
me seduce, la vieja
casa amarilla de madera carcomida
entre las nuevas viviendas de ladrillo

o un balcón de hierro fundido
con recuadros mostrando ramas de encina
en pleno vigor. Eso se adecua bien
a las ropas de los niños

reflejando cada uno de sus estadios y
hábitos de la indigencia,
a las chimeneas, a los techos, a las cercas
de madera y metal en una época

sin vallas y que no encierran
casi nada, al viejo
de suéter y blando sombrero
negro, que barre la acera,

los tres metros que le pertenecen,
bajo un viento que a intervalos
doblando la esquina
ha arrollado la ciudad entera.



Versión de Alberto Girri

William Carlos Williams - Danse Russe

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Si cuando mi mujer está durmiendo
y el bebé y Kathleen
duermen también
y el sol es un blanco disco de fuego
entre brumas sedosas
arriba de árboles resplandecientes;
si yo en mi cuarto del norte
bailo desnudo, grotescamente
ante mi espejo
haciendo flamear mi camisa alrededor de mi cabeza
mientras me canto en voz baja:
"Estoy solo, solo.
Nací para ser solitario,
¡Estoy mejor así!".
Y admiro mis brazos, mi cara,
mis hombros, flancos, nalgas
contra las cortinas amarillas que han sido bajadas.

¿Quien se atreverá a decir que no soy
El genio feliz de mi casa?



Poemas
Editorial Visor, 1985.
Traducción de José Coronel Urtecho

WIlliams Carlos Williams - El término

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Una hoja arrugada
de papel de envolver
del tamaño

y aparente volumen
de un hombre iba
rodando con

el viento despacio y
rodando en
las calles cuando

un auto le pasó
por encima y
la aplastó

en el suelo. Al contrario
de un hombre se levantó
otra vez rodando

con el viento y
rodando lo mismo
que antes.



Poemas, Editorial Visor, 1985.
Traducción de José Coronel Urtecho