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27 abr. 2008

Derek Walcott - Mapa del Nuevo Mundo, I, II y III

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(I) Archipiélagos

Al final de esta frase, va a empezar a llover.
Al filo de la lluvia, una vela.

La vela
perderá de vista despacio las islas;
se hundirá en la neblina la fe en los puertos
de toda una raza.

La guerra de diez años es pasado.
El cabello de Helena, una nube gris.
Troya, un blanco montón de ceniza
junto a la garúa del mar.

La garúa se tensa como cuerdas de un arpa.
Un hombre con los ojos nublados descubre la luvia
y desgrana la línea inicial de la Odisea.


(II) La cala

Haz que resuene, oleaje: la leyenda de Isolda.
en lánguidas detonaciones de tu rompiente.
He contrabandeado en esta proa desteñida, que cruje rumbo a la costa
de arena blanca vigilada por feroces manzanillas,
un secreto
leído a la sombra de un halcón fragata.

Esta caleta es un horno.
Las hojas lanzan a las olas instantáneas señales de plata.
Lejos de la maldición del gobierno de una raza
doy vuelta estas hojas -el delito sedicioso de este libro-
para sentir sus ovillos de niebla marina cruzar mi rostro
y atrapar en la boca del viento un gusto a sal.


(III) Grullas marinas

"Sólo en un mundo donde hay grullas y caballos",
escribió Robert Graves, "puedes sobrevivir a la poesía".
O cabras expertas en riscos. La épica
sigue al arado, la métrica al resonar del yunque;
la profecía adivina las formaciones de cigüeñas, y el temor
el arco del pescuezo del padrillo.

La llama ha abandonado el pábilo calcinado del ciprés;
la luz alcanzará a estas islas, cuando llegue su turno.

Magníficas fragatas inauguran la penumbra
que destella a través de las nerviosas colas de los caballos,
de los pedregosos campos donde pastan.
Desde el golpeado yunque del promontorio
el rocío sedimenta las estrellas.

Generoso océano
devuelve al vagabundo
desde sus sábanas de sal, atrae al pródigo
a los canales profundos de la marsopa negra.

Tuerce la rueda de su corazón y fija aquí su frente.


Trad. Mirta Rosemberg y Daniel Saimolovich
Diario de Poesía, 26
Buenos Aires, otoño de 1993



Derek Walcott - Sea Grapes

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Sea Grapes



That sail which leans on light,

Tired of islands

A schooner beating up the Caribbean



For home, could be Odysseus,

Home bound on the Aegean;

That father and husband’s



Longing, under gnarled sour grapes, is

like the adulterer hearing Nausicaa’s name

In every gull’s outcry.



This brings nobody peace. The ancient war

Between obsession and responsibility

Will never finish and has been the same



For the sea wanderer or the one on shore

Now wriggling on his sandals to walk home,

Since Try sighed its last flame,



And the blind giant’s boulder heaved the trough

From whose groundswell the great hexameters come

To the conclusions of exhausted surf.



The classics can console. But not enough.