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28 ago. 2009

Alonso de Villegas – Obras de manos

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Alonso de Villegas San Juan Crisóstomo, en la Homilia Catorze del Génesis , dize que puso Dios a Adam en el Paraíso para que trabajasse, porque la ociosidad es maestra de toda malicia. San Hierónimo avisa que trabajemos siempre para que el demonio nos halle ocupados. San Augustín, en el primero libro De la ciudad de Dios, afirma que fue muy dañoso para Roma destruir a Cartago, porque la seguridad que le dio parió la ociosidad, que fue causa de su perdición. San Bernardo pone nombre a la ociosidad de albañar de todos los vicios. Eurípides dize que el trabajo de manos es padre de la buena fama. Séneca tiene por cierto que la ociosidad es muerte y sepultura del hombre vivo. Y assí hazen mal los que, deviendo buscar tiempo para buscar cosas, buscan cosas para passar el tiempo. Del Trabajo y Obras de manos trata el presente Discurso.

 

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] No les ocupó a los Apóstoles el tiempo todo el exercicio espiritual de predicar, orar, leer; alguno davan al trabajar de manos. Y assí, San Lucas, en el capítulo diez y ocho del Libro de los Hechos Apostólicos, dize que estando San Pablo en Corinto aposentado en casa de Aquila y Priscila, los sábados acostumbrava disputar en las sinagogas, y muchas horas de los otros días se exercitava en oficio de manos, que llama schenofatoria arte , que denota cosa en que se labran y | gastan cueros de animales, de que los expositores deste lugar hazen diferentes guisados, dando cada uno en su particular oficio; y sea el que fuere, que San Pablo sabía bien exercitarle, y era cosa que con facilidad le usava o podía usarle dondequiera que se hallava, y bastava a darle de comer cómodamente a él y a otros que andavan con él, como dize en la Segunda, escriviendo a los de Tesalónica , en el capítulo tercero. Haimón, arcediano de Canturia, declarando el capítulo onze de la Segunda Carta a los de Corinto, dize que San Pablo, desde el canto del gallo, por cinco horas trabajava de manos, y desde esta hora hasta la de Vísperas, predicava. Lo demás tiempo le repartía en orar, y en comer y dormir. Déxase bien entender que en todos estos exercicios estava su alma contemplando en Dios, y lo que mandó a otros, primero lo cumplió él, pues dize: «Sin intermissión, orad». Y sería bien imitássemos en esto al Apóstol, que si las manos están ocupadas en algún ministerio y exercicio, el ánimo, en tanto, ore y contemple en las divinas y del Cielo. Advirtiólo Marco Marulo, libro tercero.

[2] San Pedro, Santo Tomé, Santiago y San Juan, aun después de ordenados sacerdotes en la Cena, y siendo Apóstoles, se exercitaron en pescar. Y tal día huvo que se les apareció Cristo estando pescando, y les mandó que desplegassen la red y echassen un lance. Y si Cristo aprobó este exercicio, mandando se usasse, ¿quién se atreverá a reprehenderle o le parecerá mal? Ya les era lícito vivir de las limosnas de los que enseñavan, ya avían oído de- zir /(358v)/ a Cristo que era merecedor el jornalero de su jornal, y con todo esto, más vezes estendían las manos a tender la red y pescar, que a recebir do- nes, | para no ser exemplo de codicia, sino de un honesto trabajo. Son palabras de Marco Marulo.

Lo dicho se coligió de las Divinas Letras. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] De la Sagrada Virgen, que excedió en castidad a todas las vírgines, y en ser madre, a todas las madres, dize el Metafraste, y otros graves autores con él, que siendo presentada de tres años en el templo, y estando en un donzellado donde se criavan hijas de nobles, repartía el día en esta manera: desde la mañana hasta hora de tercia, que son las nueve, se ocupava en oración, y desde esta hora hasta la de nona, que es a las tres de la tarde, trabajava de manos, en texidos de lana y lino, y cosas de aguja. A essa hora tomava una breve comida, y lo demás del día leía la Sagrada Escritura, y gustava sumamente de semejante lección, por entenderla bien. Después, parte de la noche se detenía en meditación de lo que avía leído. Y con este orden vino a tan grande santidad, que fue escogida entre todas las mugeres para que della naciesse el Salvador, y aviéndole parido, permaneciesse virgen. Pues si esta Señora, que fue concebida sin pecado y vivió sin pecado, el tiempo que dexava de orar o meditar le ocupava en trabajar de manos, ¿cómo quiere muger alguna viviendo en ociosidad estar segura, aviendo sido concebida y nacida en pecado, y que interior y exteriormente le haze guerra continua la sensualidad y carne? Tenga por cierto que no se librara de engaños del demonio la que se libra de trabajo de manos. Refiérelo Marulo, libro tercero.

[2] San Lucas Evangelista, el ánimo cansado de negocios espirituales y de | almas, solía deleitarse con la arte de pintura. En Roma se veen dos imágines, una de Jesucristo, Santo de los Santos, y otra de la Virgen Sacratíssima, su Madre, Santa de las Santas; están en Santa María la Mayor, y tiénese por tradición que fueron pintadas por el mismo San Lucas. Y si alguno dedicado a Dios quisiere ocupar algún tiempo en este loable exercicio, ha de procurar que pinte sólo aquello que provoque a devoción y a seguir las virtudes a los que lo vieren, y no sea incitamento de algún vicio, porque esto es obra del demonio, y aquello, de cristiano. Dízelo Nizéforo, libro primero, capítulo treinta y cuatro, y libro segundo, también capítulo treinta y cuatro, y síguenle otros autores.

[3] Nunca nuestro espíritu está guerreado de más varios y vanos pensamientos, que cuando el cuerpo está ocioso. Y pruévase por exemplo de San Antonio Abad, que estando una vez cansado con la vida, y dudoso qué haría, dixo:

-Señor, desseo salvarme, y mis pensamientos me hazen guerra.

Salió del monasterio, y vido un hombre vestido de monge, el cual un poco de tiempo se exercitava en hazer cestas, y otro iva a la oración. Considerando esto Antonio, oyó que le dezía:

-Haz tú lo mismo, Antonio, y salvarte as.

Con esto desapareció, y entendió Antonio que era ángel el que vido, y en adelante hizo lo que le fue mandado, midiendo el tiempo y compassándole con la oración y trabajo de manos. Y con esto creció en tanta santidad, que ninguno /(359r)/ de los abades y monges anacoretas de su tiempo le hizo ventaja. Dízelo en su Vida San Atanasio. Y añade más dél, que inquietándole la frecuencia de gentes que venían a visitarle, dexando el monasterio, se fue a lo más apartado del desierto, aviendo tres días de camino desde el monasterio que dexó hasta el lugar donde reparó. Y por no ser molesto a los monges, llevándole la comida, labró la tierra, hizo su sementera, puso hortaliza, con que los que venían a visitarle pudiessen comer, y si le sobrava algún tiempo, texía espuertas de hojas de palmas, para que con su trabajo, antes que con el sudor ageno, hallasse lo necessario para no morir.

[4] San Hilarión Abad, siendo morador en un monte de Emilia, trabajava de manos, y era de modo que de lo que le sobrava para su sustento, tuvo con qué edificó un oratorio o capilla para hazer oración. Es de la Historia Tripartita , libro nono, capítulo doze.

[5] Acerca desta materia son de considerar las palabras que escrive San Hierónimo a Demetria, de donzella: «Determina -dize- cuántas horas as de emplear en lección de la Divina Escritura, qué tiempo estarás arrodillada en la presencia de Dios, puesta en oración. Y concluido esto, tendrás siempre lana en tus manos, o estambre que hiles con tus dedos; cogerlo as en obillo, y harás tus telas y texidos. Y estando hecho el texido y tela, mira si va bien hecho, y si lleva faltas, reprehéndelo, y en otra, procura que se enmiende. Y si estuvieres ocupada en semejantes obras, nunca se te harán largos los días. Guardando esto, vivirás con seguridad de tu castidad y limpieza. Ni quiero que pienses que puedes dexar de trabajar de manos porque te hizo Dios | rica de bienes de mundo, sino que entiendas que as de trabajar para no dar lugar a pensamientos ociosos e impertinentes, y que ocupes siempre tu pensamiento con lo que toca al servicio de Dios». Y escriviendo el mismo santo a Eustoquio, santa donzella, dize: «Esto es común y usado en toda Egipto, que no recebirán en convento monge alguno si no professa humildad, y que trabajará en lo que él supiere o le impusieren, porque la carne se dome, y no que el ocio dispare en pensamientos vanos y desseos luxuriosos. Y tened por cosa cierta -añade el santo viejo- que la ociosidad es madre de toda concupiscencia, inmundicia y pecado».

[6] Juan, abad en el desierto escitiótico, siendo viejo, vínole a la imaginación que podía vivir sin cuidado de la comida, y por lo mismo no tenía necessidad de trabajar, sino, como ángel, andarse contemplando en Dios. Tenía en su celda otro ermitaño, con quien comunicó éste su pensamiento, el cual, por ser no sólo bueno, sino discreto y de gran juizio, reprehendióselo como cosa vana y fuera de buen sentido. Mas el abad Juan, que le parecía que nadie podía aconsejarle y que bastava él a dar consejo a todos sus vezinos, dexándole en la celda, se fue a contemplar por riscos y despeñaderos. Mas al séptimo día, traspassado de hambre, bolvió a la celda cuando anochecía. Hallóla cerrada, llamó declarando quién era y pidiendo algo que comer, manifestando su necessidad. El que estava dentro respondió con grande flema:

-No es possible que tú seas Juan, porque ya él ha siete días que es ángel, y anda reboletando por essos aires sin necessidad de comida, ni de tratar con gente.

No le aprovechó re- plicar /(359v)/ al pobre Juan, que toda la noche estuvo a la puerta de la celda sin ser admitido, hasta que se dexó caer allí desmayado. Venida la mañana, salió el otro monge, y viéndole casi traspassado, diole una buena corrección fraterna, diziéndole que devía pensar que era hombre y sujeto a las necessidades de hombre, y por lo mismo le convenía trabajar de manos para tener con qué sustentar su cuerpo; y que con el trabajo corporal, no sólo se remediava aquella falta, sino que el ánimo se recreava, para bolver como nuevo hombre al exercicio de la oración; y que assí como el estar siempre trabajando de manos era cosa intolerable y que no podía llevarse, assí, el estar siempre orando, teniendo el espíritu ocupado, al cuerpo en semejante exercicio era cosa que no podía conservarse ni llevarse, sino que de lo uno se passasse a lo otro, de la oración al trabajo, y del trabajo a la oración, que para monge solitario esto era muy acertado, y con lo que a otros sus vezinos les iva bien. Corregido Juan y enseñado del que pudiera ser su discípulo, quitó de su cabeça aquella vana imaginación de ser ángel, y reconocióse por hombre, trabajando a tiempos, con que ganava la comida, y orando a tiempos, con que refocilava su espíritu. Y assí, la caída que dio por su presumpción, reparóla con el consejo ageno. Refiérelo Marulo, libro tercero. Y a se de advertir que ni de este exemplo ni de otros semejantes pueden los herejes tomar ocasión para dezir que clérigos y frailes están obligados a trabajar para que merezcan la comida, pues assí como sería indecencia que el rey obligasse a sus grandes y a los que residen en su casa y corte que trabajassen para comer, pues a la | magestad y grandeza de la persona real se le deve tener criados y continuos, con otra gente ilustre que le acompañe y sirva, deviéndoseles por solo este respeto la comida, teniéndoselo ya el rey merecido y ganado, assí los eclesiásticos y religiosos, que son continuos y criados de la casa de Dios, lícita y muy justamente se les deve la comida y sustento, por el assistir en su presencia, y residir en su casa y palacio. Y ya Jesucristo, con el precio de su sangre, les ganó en la Cruz los diezmos y primicias, y como patrimonio suyo se les reparte para su sustento. Cuánto más que los religiosos y ecle siásticos que se exercitan en predicar y confessar (y hablo de experiencia), no sé yo qué jornalero, con el açadón en la mano, y que está cabando de sol a sol, trabaje más que ellos trabajan. Y los que no se ocupan en esto, por lo menos rezan sus horas y estudian, y todo esto merece la comida, y lícitamente la llevan, por más que el herege ladre. Y lo que del exemplo propuesto, y de otros semejantes, se infiere, es que los monges que residían en el desierto o en celdas y ermitas, por sí o en congregación de monasterio, que también de ordinario estavan en los desiertos fuera de poblado, siendo gente por la mayor parte lega, sin tener órdenes eclesiásticos ni entretenerse más que en estar solos, teniendo horas señaladas para la oración, que otro tiempo y las demás horas era bien que no estuviessen ociosos, sino se exercitassen en trabajar de manos, y en esto hazían dos bienes: uno, huir el vicio de ociosidad, que es dañosíssimo, y otro, tener de qué sustentarse, sin obligar a los pueblos y cargarlos para que les diessen la comida. Lo dicho, con todo lo demás, que es sentimiento /(360r)/ proprio mío, le sujeto al parecer de la Iglesia Católica Romana.

[7] En este monasterio escitiótico, siendo abad Silvano, vino un monge estrangero, y viendo cómo trabajavan todos de sus manos, murmuró de aquella obra, diziendo que María escogió la mejor parte assentada a los pies del Señor, oyendo sus palabras, y que assí era mejor que los religiosos siempre estuviessen orando. Y con esto, él se recogió a una celda que le dieron, a orar. Vino la hora de comer, y el abad, de industria, mandó que no le llamassen. Y cuando él vido que era ya tarde, sin ser llamado salió, y fue al abad y dixo:

-¿Qué es esto, padre abad? ¿Comen o no en este monasterio?

-Sí comen -dixo el abad-, que a su hora se juntó el convento y cumplieron essa necessidad.

-Pues y a mí -replicó el estrangero- fuera razón me llamaran. ¿Qué descuido ha sido éste? Que también me parió a mí madre como a los demás.

El abad respondió:

-Sin duda, hermano, que como te hiziste tan espiritual cuando oy aquí llegaste, entendimos que no tenías necessidad de comida y bevida.

Confessó él su ignorancia, y diose por vencido con que le diessen algo que comiesse. El abad dixo:

-Dénselo, y entienda que María tiene necessidad de Marta, y que se favorece della.

Es del De Vitis Patrum.

[8] Juan Abad, en el desierto de la Tebaida, trabajava todos los días feriados en hazer cestas, y su trabajo venía al justo de lo que tenía necessidad aquel día para su sustento, y el domingo, que no trabajava, traíale un ángel pan, con que se sustentava. Evidente señal era ésta de ser la voluntad de Dios que comiesse de su trabajo, porque si algún otro día sin los domingos quería que se ocupasse en oración o en | otro espiritual exercicio, luego por la mañana venía el ángel con la provisión, y faltando, era señal que devía trabajar. Es del De Vitis Patrum.

[9] En el monasterio del abad Serapión avía semejante costumbre, que trabajavan los monges mucha parte del día, con que compravan lo necessario a su sustento. Y cuando venía el tiempo de la siega, alquilávanse, y del precio remediavan pobres encarcelados. Y con esto nunca estavan ociosos, y siempre que les sobrava alguna cosa, la davan en limosna a gente necessitada, y con una misma obra ganavan el fruto de tres virtudes, que eran el exericio corporal, la piedad y la humildad. Es de Paladio en su Lausiaca.

[10] Bando, abad en el monasterio de Fontanela en Francia, aviéndole él edificado con Guidón, su sobrino, acabándoseles el dinero y teniendo necessidad, proveyóles la reina Matilde, amonestada del Cielo que assí lo hiziesse, embiándoles un carro de provisión. Mas después procuró trabajar él y los que con él estavan, y con el fruto de su trabajo se sustentavan, y hazían esto porque no pareciesse que tentavan a Dios pidiéndole por milagro lo que ellos por sí podían alcançar. De donde se infiere que hazen mal los que, pudiendo socorrer a su necessidad trabajando, les parece que son dignos y merecedores de ser sustentados por ángeles, y por lo mismo deven ser notados de presumptuosos, y aun culpados por ociosos. Es de Marulo, libro tercero.

[11] Venerio Abad, haziendo vida solitaria en la isla Palmaria, que dista ocho millas de la ciudad Lunense, sustentávase con hierbas y frutas silvestres. Quiso un día hazerse agricultor. /(360v)/ Tenía una medida de cebada, y en el proprio día cabó la tierra, sembró la cebada y cogió sementera. Y en este milagro se remedió la necessidad de aquel hombre, y se infirió dél que semejante exercicio era grato a Dios, porque si no le agradara, nunca con tanta brevedad se sembrara y cogiera. Es de Marulo, libro tercero.

[12] Estéfano, anacoreta en Marcotilde, claro en santidad de vida y en milagros, aunque era mal sano, ciertas horas del día trabajava de manos, haziendo cestas de palmas, teniendo por mayor enfermedad la ociosidad. Es de la Historia Tripartita, libro octavo, capítulo primero.

[13] Daniel Egipcio, abad y sacerdote en el monasterio escitiótico, assí como no tenía por inconveniente después de los exercicios espirituales el trabajar de manos, assí no le era vergonçoso llevar a vender a la ciudad las cestas que hazía, y del precio, dexando lo necessario para su sustento, lo demás distribuía a pobres, y con esto evitava el estar ocioso, y era piadoso con el próximo, y dava exemplo a otros del modo como avían de vivir, acreditando lo que él hazía con milagros. Es del De Vitis Patrum.

[14] Arsenio Abad fue visto diversas vezes, estando trabajando de manos, derramar lágrimas, y es indicio que pensava en otra cosa de lo que hazía; las manos estavan atentas al trabajo, y el espíritu meditava en Dios, y con su desseo derramava lágrimas. ¡Oh varón celestial, que entre el trabajo gustava de la dulçura del Cielo! Es del Metafraste.

[15] Filoronio Sacerdote, haziendo vida de ermitaño en un monte de Galicia en España, parte del tiempo gastava en la oración, y parte en tra- bajar | de manos, y con esto tuvo espensas para hazer largas peregrinaciones. Fue a Roma y a Jerusalem, y porque nunca dexó de trabajar con ayunos y vigilias, mereció gozar de la quietud del Cielo. Es de Marulo, libro tercero.

[16] Arquebio Monge, trabajando de manos con los otros monges de su monasterio, él doblava el trabajo para pagar deudas que tenía su madre, a la cual no conocía cuando entró en religión, mas certificado allí que la tenía, y que la molestavan por deudas, con su trabajo las iva pagando. De modo que Arquebio guardó el precepto de Dios, remediando a su madre puesta en necessidad, y evitó la ociosidad, añadiendo al dolor trabajo. No faltó en el monasterio a la obligación de monge acerca del culto divino, y acrecentó la obra de caridad, teniendo compassión de la miseria agena. Es de Cassiano, capítulo treinta y ocho. El mismo Arquebio, viviendo en soledad en una isla del Nilo, llegando allí Cassiano y queriendo residir algún tiempo en la misma isla, Arquebio le dio su celda, con todo lo que en ella tenía, diziendo que le convenía ir a otra parte. Passando algún tiempo, bolvió a la propria isla, y con grande trabajo labró otra celda, y con el mismo color y dissimulación la dio a otros solitarios que llegaron allí. Edificó otra tercera celda, como dize también Cassiano en el capítulo treinta y siete, y la diera si viniera huésped que la desseara. Con esta liberalidad invitava al servicio de Dios a los estrangeros, y con esta fingida ocasión les hazía aceptassen su ofrecimiento, y con el trabajo guerreava a la ociosidad, y no sentía la pena del trabajo en tanto que se exercitava en obras de piedad. Refiérelo Marulo, libro tercero. /(361r)/

[17] Siendo Pacomio Abad en el monasterio de la Tebaida, donde avía mil y quinientos monges, todos trabajavan de manos, y no sólo tenían para el sustento, sino que les sobrava para embiar a pobres fuera del convento. Trabajavan su carne para sujetarla al espíritu. Es del De Vitis Patrum.

[18] Paulo, abad en el desierto de Egipto, llamado Porfirión, como para su sustento le fuesse bastante un huerto que tenía, con el fruto de las palmas, de que avía grande abundancia en aquella parte, gastava algunas horas cada día en hazer cestas de las hojas de las mismas palmas, y al cabo del año quemava las cestas, porque su celda estava apartada de poblado muchos días de camino, y ni podía cómodamente venderlas, ni darlas de gracia. Y assí el cotidiano trabajo no le servía sino de huir la ociosidad, y si se dexara llevar del ocio y pereza, ni viviera solo en el desierto, ni llegara a la cumbre de perfeción donde llegó, porque la ociosidad enseña mucha malicia. Es de Cassiano, libro décimo, capítulo veinte y cuatro.

[19] Simeón, monge natural de Italia, fue a Egipto, y en una isla que haze el río Nilo, de que se ha hecho mención, donde habitavan solitarios, quiso hazer vida, y porque no sabía oficio alguno, sino sólo escrivir letra latina, lo que allí, por no aver quién la leyesse, era impertinente, temíase de los otros monges que no perseveraría, faltándole el modo como ganar el sustento. Lo cual advertido de un santo viejo, concertóse con él que le trasladasse las Epístolas de San Pablo, dándole a entender que las quería para un hermano suyo, el cual residía en Italia, y desta manera le proveía de lo necessario a la vida. Y asseguróse | que ni por la falta del sustento, o sobra de ociosidad, dexaría el estrangero la vida de solitario que avía escogido. Es de Cassiano, libro quinto, capítulo treinta y nueve.

[20] Doroteo, abad en los desiertos de Egipto, dormía poco de noche, y dexando algún tiempo a la oración, lo demás gastava en hazer espuertas de palma. Otras vezes buscava piedra, que traía en sus ombros, y juntava tanta, con que edificava celdas, las cuales ofrecía a los que las querían. Y el precio de las espuertas dava a pobres. Y assí, siempre trabajando y repartiendo el precio y fruto de sus trabajos con próximos, evitó la ociosidad y exercitó la caridad. Es de la Historia Tripartita, libro octavo, capítulo primero.

[21] Eufrasia, monja en la Tebaida, sin los trabajos en que se ocupava del orden, comunes a todas las religiosas, añadía ella otros, como el que se ha dicho en otro Discurso, de mudar un montón de piedras de un lugar a otro y bolverlas donde primero estavan, no obstante que domava su cuerpo con ayunos y vigilias, temiendo que si procedía algo remisamente con él, alguna centella del ardor juvenil no levantasse incendio en su coraçón, y para prevenir este daño usava de remedio semejante. Y no se engañó, pues con esta diligencia vivió santamente y murió en el Señor. Es del De Vitis Patrum.

[22] Santa Isabel de Hungría, y assí ella como las que tenía a su cargo, antes y después de biuda, procurava se exercitassen en obras de manos, hilando lana y lino, texiendo y cosiendo, con lo cual conservó su honestidad y adelantó su humildad. Y es cierto que para ir a la quiete /(361v)/ y descanso de la gloria es proprio y muy acertado camino el del trabajo en esta vida. Dízelo Marulo, libro tercero.

[23] San Antonio, arçobispo de Florencia, yendo camino y entrando en cierto pueblo, vido sobre una pobre casa assentados muchos ángeles en figura humana. Supo que estava allí una viuda con tres hijas muy pobres, y casi desnudas, entendiendo en obras de manos. Mandólas probeer largamente, y passando por allí otra vez, don- de | avía visto los ángeles, vido muchos demonios. Mandó entrar dentro y que visitassen aquellas mugeres, y halláronlas que con la limosna que les avían dado, por ser tan abundante, se avían vestido profanamente, y estavan mano sobre mano, sin querer trabajar. Propuso de aquí hazer limosna limitada a semejantes personas, por no darles ocasión a ser floxas y pereçosas. Es de Vicencio Mainardo en su Vida, y refiérelo Laurencio Surio, tomo tercero. |

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Gorgo, hija de Cleomenes, viendo a Aristágoras que le calçava un paje el calçado, preguntó a su padre si tenía aquél manos. Dízelo Plutarco en sus Morales.

[2] Escipión Africano, preguntado qué hazía cuando estava solo, respondió que nunca estava más ocupado que cuando estava solo. Dio a entender en esta respuesta que si estava desocupado de oficios de la República, no se dava a la ociosidad, sino que se entretenía, a lo menos con el pensamiento, en imaginar grandes cosas. Es de Sabélico, libro segundo.

[3] Domiciano, emperador de Roma, tenía inclinación a no estar ocioso, y empleávase en cosas de poco momento. Con una ballestilla andava a caça de las moscas de su aposento, y matávalas. Y de aquí vino a dezir cierto criado suyo un donaire, que, preguntado quién estava con el emperador, respondió:

-Ni una mosca.

Refiérelo Sabélico, libro segundo.

[4] Plinio, en el libro diez y ocho de Natural Historia, capítulo sexto, dize que Cayo Furio Cresino tenía una he- redad | pequeña, y cogía mucho fruto. No faltó quién le calumniasse que hurtava de los vezinos. Fue acusado delante de Espurio Albino Edilcurul. Diole plaço para responder. Temió la sentencia, aviendo de passar por botos de las tribus, que eran las colaciones o parroquias de Roma. Determinó sacar a la plaça los instrumentos con que labrava su campo, y una hija robusta y varonil. Los instrumentos eran escogidos todos, de buena madera, de hierros y azeros cumplidos; las açadas, grandes, las rexas, pesadas, los bueyes, hartos. Puesto todo en la plaça, y mirado y alabado de los presentes, estando los juezes delante, propuso:

-Dezísme, señores, que como en pequeña heredad es el fruto grande, que lo hurto o soy hechizero. Los hechizos son éstos, los que me ayudan a hurtar son éstos, y pésame que no puedo mostrar aquí las velas, los sudores, los cuidados, las fatigas, que yo y esta mi hija passamos de noche y de día, tarde y mañana, para hazer mi campo fértil.

Oído esto, fue dado por libre.

 

Fin del Discurso de Obras de manos. /(362r)/

Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594), de Alonso de Villegas
Ed. de José Aragüés Aldaz

 

 

 

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25 jun. 2009

Alonso de Villegas – De mugeres

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El Padre Maestro Fray Luis de León, en el libro que hizo de La Perfecta Casada, que anda junto con el de los Nombres de Cristo, en que mostró su | alto ingenio, dulce y sabroso estilo, dize estas palabras entre otras: «Algunas mugeres ay que como si sus casas fuessen de sus vezinas, assí se descuidan dellas, y toda su vida es el oratorio /(341r)/ y el devocionario, y el calentar el suelo de la iglesia mañana y tarde; lo cual todo, aunque de suyo es bueno y santo, mas hase de procurar que entretanto no se pierda la moça, y cobre malos siniestros la hija, se hunda la hazienda y se buelva demonio el marido, porque si esto sucede, deve moderarse, y tomar dello y dexar dello, templando sus desseos, aunque sean buenos, con lo que a Dios más agrada». Dize más, que si las mugeres, imitando a Eva, su madre, dan en golosas, nunca tratan de otro en toda la vida, sino en el almuerço y en la merienda, en la huerta y en el cigarral. Si dan en galas, passa el negocio de passión y llega a tentación, porque oy un vestido, y mañana, otro, y cada día, el suyo. Y lo que oy hazen, mañana lo deshazen. Y ay más, que se tornan maestras e inventoras muchas de nuevas invenciones y trages, y tienen por honra sacar invenciones nunca vistas. Y aunque sea verdad que todos los maestros dessean tener discípulos que los imiten, es al contrario en las mugeres, que en viendo en otras sus nuevos trajes, los aborrecen, y estudian y se desvelan por hazer otros. Y crece el humor de suerte que no les agrada tanto lo galano y hermoso, como lo preciado y costoso. Y ha de venir la tela de Flandes, y el ámbar del cabo del Mundo, que bañe el guante y la cuera. Y aun el calçado ha de ser oloroso y vistoso, porque en él tiene de reluzir el oro tan bien como en el tocado. El manteo ha de ser más bordado que la basquiña. Todo nuevo, todo hecho ayer, para vestir oy y arrojarlo mañana. El gasto de los hombres suele ser en cosa de provecho, en possessiones y preseas, mas el de mugeres es todo en aire, porque ni vale, ni luze: en guantes y en volantes, | en pebetes y caçoletas, en azabaches, vidrios y musarañas. Y muchas vezes no gasta tanto un letrado en libros, como alguna dama en enrubiar sus cabellos. Y no sólo ay daño en vestirse y componerse con tanta costa, sino que, estando vestidas y compuestas, quieren ser vistas, y siendo vistas, si las hablan quieren responder. No digo esto de todas, que muchas ay que dan exemplo aun a los varones de barba, y son freno con su modestia y silencio a los que se les atreven con palabras descompuestas, sino de algunas que les parece ser caso de menos valer, y que serán condenadas por necias, si no responden por los términos que les hablan, y si malos, peores. Siendo verdad que, assí como se llama romero el que comiença a ir a Roma o a Santiago de Galicia, aunque nunca llegue allá, assí parecer devérsele nombre de ramera a la muger que en palabras da muestra de liviandad, aunque no llegue a los hechos. Lo dicho es del Padre Maestro Fray Luis de León; él passa adelante con su cuento, yo le acompañé este poco de camino y déxole aquí por entrar en mi Discurso, que es de Mugeres, donde se verán exemplos de virtudes de algunas, y de otras, de vicios.

 

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Eva, la muger primera, vido el árbol vedado, parecióle bien la fruta, llegó el demonio y terceó de mala, comió della y persuadió a Adam que hiziese lo mismo, de donde resultó daño grandíssimo en ellos y en sus descendientes. Es del Génesis, capítulo tercero.

[2] Dina, hija de Jacob, imitando a su primera madre, Eva, que el ir a ver la fruta del árbol vedado le fue dañoso, assí a ella querer ver las mugeres de la ciudad de Siquem, estando cerca della su padre y hermanos aposentados. /(341v)/ Viéndola el príncipe, hijo del rey Emor, llevóla contra su voluntad a su casa, y hízole fuerça. De donde resultó que él fue muerto de los hermanos de Dina, y la ciudad destruida. Refiérese en el capítulo treinta y cuatro del Génesis.

[3] La ama de Josef no se contentó con mostrarse deshonesta, solicitándole a mal, sino que, viéndose desechada y que no correspondía con su voluntad, le levantó testimonio y hizo poner en la cárcel, como parece en el capítulo treinta y nueve del Génesis.

[4] Dalila fue molesta a Sansón por muchos días, no dándole reposo, porque le declarasse en qué consistía su fortaleza. Mostróse indignada, y parecía salírsele la alma hasta que le descubrió el secreto, que era en los cabellos de su cabeça. Y como ella lo entendió, procuró de cortárselos, teniéndole dormido, por donde vino a que le cegaron los filisteos, y al cabo perdió la vida. Es del capítulo diez y seis de los Juezes.

[5] Jezabel, muger del rey Acab, viendo a su marido triste por desseo de la viña de Nabot, y sabiendo que él no quería vendérsela ni trocársela, dio traça como se levantasse contra él un testimonio, por donde fue apedreado y su viña confiscada. Refiérese en el Tercero Libro de los Reyes, capítulo veinte y uno.

[6] Herodías procurava la muerte del Gran Baptista, porque reprehendía a Herodes el cometer con ella adulterio, y de aquí vino que aconsejó a su hija que pidiesse antes su cabeça, que la mitad del reino de Herodes. Y escrívelo San Marcos, capítulo sexto.

[7] Exemplos notables ay en las Divinas Letras de mugeres que se señalaron en particulares virtudes. Entre las cuales pone San Pablo, escriviendo a los | Hebreos, en el capítulo onze, a Raab, que oyendo dezir de los exploradores de Josué, que los buscavan por mandado del rey de Jericó para matarlos, esondiólos en su casa, librándolos de aquel peligro. Y loa su fe el Apóstol en este hecho, y refiérese en el capítulo segundo del Libro de Josué.

[8] Rut Moabitide hizo compañía a su suegra Noemí, siendo muerto su marido, y le dixo:

-Al Dios que adoras, adoro; el pueblo que tuvieres por tuyo, tendré yo por mío.

Y con esto dexó su tierra y fuese a la estraña con ella, siendo ambas la mejor semilla de suegra y nuera de aquel tiempo, y fuera bien que se estendiera por todo el Mundo. Y por lo que Rut hizo, le dio las gracias Booz, que después fue su marido, diziéndole cuando la vido andar espigando en su campo, conociendo quién era:

-Dios te dé entero premio, a quien ocurriste, y cuyo fabor procuraste, por lo que con tu suegra Noemí has hecho.

Es del capítulo primero y segundo.

[9] Michol, hija de Saúl y muger de David, se mostró fuerte y valerosa en que, sabiendo que buscavan al marido por parte del padre para darle la muerte, hizo una figura de hombre que puso en su cama para entretener a los mensajeros, viéndole de lexos, y diziéndoles que se detuviessen, que se avía sentido mal dispuesto, y entretanto le descolgó por una ventana, y se libró de la muerte. Como parece en el Primero de los Reyes, capítulo diez y nueve.

[10] Abigail, muger prudentíssima, estando cierta de que su marido Nabal avía dado mala respuesta a los mensajeros de David, que venían a que los proveyessen con algún refresco de comida, estando en grave necessidad de /(342r)/ hambre, tomando una buena provisión, fue a buscar a David, y hallóle que venía con ánimo de matar a Nabal y destruir su casa. Mas ella fue valerosa, que le aplacó y estorvó aquel daño. Y refiérese en el Primero de los Reyes, capítulo veinte y cinco.

[11] La viuda Saretana, en diversas cosas mostró su valor y virtud. Creyó al profeta Elías en lo que parecía aver grande dificultad, por lo cual no le faltó harina ni óleo en todo el tiempo de la hambre en Israel, que fueron tres años y medio. Es del Tercero de los Reyes, capítulo diez y siete.

[12] La renovación del Mundo y resurrección de los cuerpos confessava y creía firmemente, con mostrarse fuerte y valerosa, aquella admirable muger hebrea, madre de siete hijos, a los cuales vido atormentar cruelmente en un día, y los animava a padecer la muerte por la Ley de Dios. Y refiérese en el Segundo Libro de los Macabeos, capítulo siete.

[13] También son alabadas de piadosas las mugeres en la Sagrada Escritura, como pareció en las parteras de Egipto. Y una hija del mismo Faraón, viendo a Moisés que le avían echado sus padres en una cesta en el río, por temor del rey, compadeciéndose dél, dixo:

-Éste deve ser hijo de algún hebreo;

y adoptóle por suyo. Refiérese en el capítulo segundo del Éxodo.

[14] Una muger sumnamítide, mostrándose piadosa con el profeta Eliseo, le adereçó un aposento en su casa, donde le hospedava, passando por allí diversas vezes, y desta piedad suya llevó el premio con darle Dios un hijo por oración del profeta, y después, aviéndosele muerto, resucitándole. Es del Cuarto de los Reyes, capítulo cuarto.

[15] Atalia, muger crudelíssima, qui- tó | la vida a todos los descendientes de la sangre real, y Josabet, hija del rey Joram, guardó a Joás uno dellos, mostrándose con él piadosa, y vino después a ser rey. Dízese en el Cuarto de los Reyes, capítulo onze.

[16] Compadeciéndose de los hebreos la reina Esther, púsose a grande peligro con el rey Asuero, entrándole a hablar, no obstante que iva contra un mandato suyo, en que ponía pena de la vida a quien entrasse donde él estava no siendo llamado. Entró la reina, y fue su total remedio. Como parece en su Libro, capítulo cuarto y quinto.

[17] Acerca del misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, fueron más prontas a creerle mugeres que hombres. Porque Zacarías, padre del Gran Baptista, fue notado de incrédulo del Angel San Gabriel, anunciándole la Concepción de su hijo, y a bueltas, la Encarnación del Salvador del Mundo, y su muger Isabel, al contrario, creyó este misterio, pues luego que la Sagrada Madre de Dios la visitó, exclamó diziendo:

-Bendita tú, Señora, porque creíste.

Y la misma Virgen fue alabada porque creyó al mismo Angel San Gabriel cuando le dixo que concebiría del Espíritu Santo. Y refiérelo San Lucas, capítulo primero. La piedad también desta Señora fue grandíssima, como se vido en querer hallarse en las Bodas de Caná, siendo gente pobre, y faltando el vino, sin ser rogada de alguno, sino de su voluntad, por remediar aquella falta, dixo a su Soberano Hijo:

-Faltado ha el vino.

Y fue parte para que se remediasse. Y puede assí mismo verse su largueza en que, aviendo recebido de los Magos oro, encienso y mirra, que le ofrecieron, después, en su Purificación, a los cuarenta días /(342v)/ de su parto ofreció ofrenda de pobre, por donde se presume que avía ya repartido largamente a pobres la mayor parte dello. Es de San Juan, capítulo segundo, y de San Lucas, también capítulo segundo. Fuerte y valerosa se mostró assí mismo la Madre de Dios, sufriendo el gozo que recibió en la Encarnación de su Soberano Hijo, en su Nacimiento, en la Adoración de los Magos, en su criança, predicación y milagros, y en su Resurrección, y lo mismo en llevar pacientemente el dolor intentíssimo que sufrió en su Passión y Muerte. Refiérelo San Lucas, desde el principio hasta el fin de su Evangelio.

[18] También se mostró valerosa y fuerte María Magdalena, estando presente a la Muerte y Passión de su dulce Maestro Jesucristo, y en ir por dos vezes al sepulcro el día tercero. Y aunque se fueron de allí San Pedro y San Juan, aviendo ido a ver lo que ella les dixo, de que no estava el cuerpo en el sepulcro, ella permanecía en aquel sitio, haziéndola atrevida y osada el amor. Llorava no viendo a su Maestro, y al mismo, que se le apareció en | traje de hortelano, dixo:

-Si tú me le llevaste, dime adónde.

Y hasta que le vido y conoció, no sossegó punto. Es de San Juan, capítulo diez y nueve, y veinte.

[19] Blasfemavan de los milagros que hazía Jesucristo los escribas y fariseos, y una devota muger levantó la boz en alabança suya, y dixo:

-Bendito el vientre donde estuviste y la leche que mamaste.

Es de San Lucas, capítulo onze.

[20] Estimó en más el Hijo de Dios dos monedas baxas que ofreció una pobre biuda en el Templo, que otros grandes dones que ofrecían ricos, porque ella, de lo poco que tenía dio, y en más estima Dios la voluntad de la buena obra, que la cuantidad. Es de San Lucas, capítulo veinte y uno.

[21] Por las muchas limosnas y obras de piedad que hazía Tabita, una piadosa muger, especialmente a biudas, siendo muerta, rogaron éstas a San Pedro llorando que fuesse a donde estava su cuerpo. Y movido de sus lágrimas, fue allá, púsose de rodillas, hizo oración a Dios, y resuscitó. Es del Libro de los Hechos Apostólicos, capítulo nono.

Hasta aquí es de la Divina Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] San Hierónimo, escriviendo a Leta, dize: «Una señora muy noble, llamada Pretexta, por mandado de su marido Hiemecio, que era tío de la santa virgen Eustoquio, procurava mucho de vestir y ataviar profanamente a la misma Eustoquio, de peinarle y enrubiarle los cabellos, queriendo por este medio mudar el santo propósito de la virgen, y el desseo de Paula, su madre. Y cierta noche le apareció una persona terrible, y con rostro feroz y airado, le dixo:

-¿Cómo as tenido atrevimiento con essas manos sacrílegas | tocar los cabellos de la virgen? Las cuales, por este pecado, se te secarán si perseverares en tal maldad, y dentro de cinco meses morirás y te condenarás, perdiendo marido, hijos, y tu alma.

Todo ello se cumplió assí, y la muerte acelerada descubrió la falta de penitencia. Y desta manera toma Dios vengança de los profanadores de su templo, y assí defiende las perlas preciosas de las donzellas castas». Lo dicho es de San Hierónimo.

[2] En la Vida de Pedro Ermitaño escrive San Teodoreto que fue a verle /(343r)/ su propria madre del Teodoreto, siendo donzella. Iva galana y afeitado su rostro, aunque tenía un ojo malo, y pretendía que la sanasse, haziendo oración por ella. El santo ermitaño quiso sanarla primero la alma que el cuerpo, y assí la començó a hablar:

-Dime, señora, si un famoso pintor huviesse hecho una imagen muy prima y perfeta, en la cual otro aprendiz pusiesse falta y quisiesse enmendarla echándole borrones, ¿no se enojaría y tendría por agraviado el tal pintor? Claro está que sí. Pues esto hazes tú, que no te contenta la figura que puso Dios en ti, siendo tan buen artífice, sino que la quieres enmendar poniendo sobre ella matizes y afeites, que no son sino borrones con que afeas tu imagen.

Estas razones hizieron tanta impressión en aquella muger, dize el mismo San Teodoreto, que se enmendó en aquel particular y quedó muy prendada en el amor de Dios, y con esto, haziendo la Cruz el ermitaño sobre el ojo enfermo, la dexó sana.

[3] Andrés, obispo de Fundi, en Italia, era varón de inculpables costumbres; en especial, resplandecía en él la virtud de la castidad. Tenía en su casa una monja, de cuya vida inculpable estava bien enterado, siendo esto la causa por que, sin género de escrúpulo, la tuviesse donde él residía y habitava. Mas el antiguo enemigo del linaje humano, el demonio, halló por aquí entrada para hazerle guerra y tentarle, porque la hermosura de su rostro se le iva imprimiendo en la alma, de que resultavan algunos pensamientos lascivos. Sucedió que, viniendo un judío de la provincia de Campania a Roma, y llegando cerca de la ciudad de Fundi, sobrevino la noche, y no hallando dónde recogerse en poblado, viendo | cerca un templo de Apolo, ídolo de gentiles, entróse en él, con determinación de passar allí la noche. Mas, sintiendo desde a poco que estuvo dentro algunos temores ocasionados de aquel sacrílego lugar, aunque no creía el misterio de la Santíssima Cruz, signóse con ella, como avía visto signar a los cristianos. Y a la media noche, estando despierto, haziéndole el temor huir el sueño, vido entrar un acompañamiento y escuadrón de demonios, delante de un príncipe dellos, a quien todos respetavan. El cual, assentándose en un lugar eminente, començó a tomar cuenta de los hechos que cada uno de aquellos infernales espíritus avían hecho. Todos davan de sí razón, refiriendo males y daños gravíssimos que avían perpetrado, especialmente tentando a personas de buen crédito y reputación, que es lo que ellos en más estiman, si alcançan de alguno victoria. Llegó entre otros uno, y declaró que avía tomado muy a cargo de hazer caer en culpa carnal a Andrés, obispo de Fundi, con ocasión de la monja que tenía en su casa, y que ya andava ocupado en imaginaciones sensuales, y cerca de caer en tentación culpable. Oyendo esto el demonio presidente, y viendo la grande ganancia que se hazía en la caída de hombre tan eminente y principal, mostró señales de contento, y acarició aquel demonio, el cual añadió y dixo:

-El negocio ha llegado a este punto, que el día passado a hora de Vísperas, con grande gusto y contento del obispo, dio una palmada blandamente a la monja en las espaldas.

Oído esto por el príncipe infernal, muy más agradado de lo que aquel demonio avía hecho, encareciendo su obra y levantándola sumamente, le encargó que persistiesse /(343v)/ en lo començado, y que si alcançava victoria del obispo, le concedería palma y corona entre todos los demás tentadores. Con esto, mandó que se advirtiesse si alguno avía oído lo tratado en aquella junta. El judío, que muy despierto y alerto lo avía oído y visto, estava como muerto de miedo, y su temor creció más, oyendo dezir que se buscasse si estava allí presente. Y siendo visto por los demonios exploradores, muy admirándose, dixeron:

-¡Oh! ¡Oh! ¿Qué es esto? ¿Echáis de ver que está el vaso vacío y signado?

Con esto desapareció aquella caterva de demonios, y el judío, cobrando aliento, siendo de día fue al obispo, y hallándole en su iglesia, apartóle a un cabo y preguntóle si sentía en sí alguna tentación. Negava el obispo con vergüença tenerla. Añadió el judío:

-¿No as puesto los ojos lascivamente en una monja?

Todavía el obispo lo negava, y el judío prosiguió diziendo:

-¿Por qué lo niegas? Ayer tarde, ¿no le diste blandamente una palmada en las espaldas?

No pudo negar la verdad el obispo, y assí, muy confuso y avergonçado, confessó lo que antes negava. El judío le descubrió todo lo que avía visto y oído en la junta de demonios, por lo cual el obispo Andrés, muy confuso, se derribó en tierra y hizo oración con lágrimas y contrición grande, y levantado della despidió de su servicio y echó de su casa, no sólo a la monja, sino a otras mugeres que estavan con ella, y en el templo de Apolo edificó una Iglesia de San Andrés Apóstol. Y al judío que le avía sido ocasión de todo esto, le reduxo a la Fe y baptizó, y assí, este infiel, que procuró la salud espiritual agena, halló la propria, y Dios Omnipotente concedió Vida Eterna al que procuró que otro viviesse buena vida. | Lo dicho es de San Gregorio, libro tercero de sus Diálogos, capítulo séptimo.

[4] Cerca de la ciudad de Cesarea de Palestina, en un monte habitavan algunos monges solitarios, y entre ellos Martiniano, el cual de diez y ocho años dexó la ciudad, y avía permanecido en soledad veinte y cinco, viviendo angelical vida, por donde vino a ser favorecido de Dios, dándole gracia de lançar demonios de cuerpos de hombres, y sanarlos de diversas enfermedades, y su fama bolava por todas partes. Sucedió que, estando hablando de su santidad unos hombres en la ciudad de Cesarea, passó acaso una muger mundana, y conociendo al de que hablavan, instigada por el demonio, llegóse a ellos, y díxoles:

-¿Qué es lo que os admira en esse hombre, que como bestia salvaje se ha ido al desierto y encerrado en una cueva? Cierto es que si no ay fuego, que no arderá el heno. En el desierto no vee mugeres, y no viéndolas, possible es que sea casto. Dexadme que yo me vea con él y le hable, y si no mudare propósito, yo quedaré por de mal juizio.

Esto dixo aquella muger. Fuese a su casa y vistióse un vestido de saco, ciñóse una soga, tomó un bordón, y con unos vestidos ricos y preciosos encubiertos se fue a la ermita de Martiniano, llegando a ella al tiempo que anochecía. Llamó, hizo algunos fingimientos, recelándose de ser comida de fieras, de modo que Martiniano, muy confuso y lleno de temor, aviendo primero hecho oración a Dios, abrió la puerta y diole lugar a que entrasse. Hizo lumbre, por ser tiempo de frío, en que se calentasse, púsole allí algunos dátiles que comiesse, diziéndole que mirasse por sí, y que como viniesse el día fuese /(344r)/ en paz su camino. Y hecho esto, entróse en un apartado que tenía la celda, donde dixo algunos salmos, y recostóse en la tierra, como era su costumbre, a dormir. Mas el demonio le atormentó con imaginaciones carnales malíssimas, teniéndole desvelado toda la noche con grande tormento suyo. Venida la mañana, levantóse para echar de su celda la muger. Ella se avía adornado con los adereços que truxo encubiertos, y viéndola él, no conociéndola, preguntóle:

-¿Quién eres tú? ¿Cómo entraste aquí?

Ella respondió:

-Yo soy, señor mío, la muger que acogiste ayer tarde aquí.

-¿Pues por qué mudaste -dixo el santo- el vestido despreciado con que ayer te vi, en el sobervio con que oy te veo?

Ella replicó:

-Yo, señor mío, soy de Cesarea, y por aver oído dezir de ti que eres de linda presencia y de hermoso parecer, mi coraçón se abrasava en desseo de verte. A esto fue mi venida, y he padecido mucho trabajo, lo cual doy por bien empleado, pues te he visto. Quiero aora, señor mío, que me digas qué pretendes en hazer vida de tanta aspereza. ¿A qué propósito ayuno tan largo? ¿Por ventura la Ley de Dios veda el comer y bever, veda el matrimonio? El Apóstol San Pablo, escriviendo a los Hebreos, ¿no dize que son honorables las bodas, y sin mácula el lecho de los casados? ¿Cuál de los Patriarcas, si bien se considera, no fue casado? Enoch, que vive oy, casado fue; Abraham, tan amado de Dios, tres mugeres tuvo, Isaac, una, y Jacob, dos hermanas y dos concubinas, con quien también se casó; Moisés y David, casados fueron. A ninguno déstos le fue estorvo el matrimonio para entrar en el Cielo.

Esto dixo aquella muger instigada del demonio, junto con asirle las manos, con que pu- do | vencerle, de manera que vino a dezir:

-Si me casasse contigo, ¿con qué tengo de sustentarte, que soy pobre?

La engañosa muger respondió:

-Señor mío, de esso ningún cuidado tengas, goze yo de ti, que casa tengo, y oro y plata en grande abundancia, possessiones con esclavos y esclavas, de lo cual todo te haré señor, y no es mucho que dé esto todo a quien he dado mi coraçón.

Este golpe fue tan poderoso que Martiniano se rindió, y tratava cómo se haría el pecado. Dixo a la muger:

-Espera un poco, veré si viene alguna persona, y ya que el pecado no se puede encubrir a Dios, deve encubrirse a las gentes, para que no se escandalizen y se les dé mal exemplo.

Salió de su celda Martiniano, y púsose a mirar si subía gente al monte, y miróle Dios con ojos piadosos. Diole un impulso vehemente, para que advirtiesse por qué y a quién ofendía. Bolvió a la ermita, y tomando un haz de sarmientos, púsole fuego, y levantándose la llama, descalços los pies, se puso en medio della, adonde no sólo los pies, sino parte de su cuerpo se començó a quemar, y muy llagado salió de allí. Y habló consigo, diziendo:

-¿Qué es esto, Martiniano? Bueno te ha parado este fuego con ser breve el tiempo que as estado en él. Si piensas sufrir el del Infierno, que es eterno y comparado éste con él es como pintado, huélgate con aquella muger, que el proprio camino es para ir allá.

Esto dixo, y de nuevo tornó a entrar en el fuego, quedando tan abrasado, que saliendo dél, sin poderse tener en los pies, cayó en el suelo, començando a gemir y llorar, pidiendo a Dios perdón por el pecado que en su coraçón avía ya cometido, pues a Él ninguna cosa se le encubría. Todo esto vido la muger, y tocándole Dios el coraçón, /(344v)/ desnudándose los vestidos profanos, los echó en el fuego, y vestida del sayal que allí truxo, se derribó en presencia de Martiniano derramando arroyos de lágrimas, diziendo:

-Perdóname, siervo de Dios, que soy una miserable pecadora. Ruega a Dios por mí, y entiende que no tengo de bolver a la ciudad. El demonio procuró que yo te hiziesse guerra, yo procuraré hazérsela a él con el favor de Jesucristo, mi Señor.

Derramava de nuevo lágrimas, pidiendo a Martiniano que le dixesse adónde iría que pudiesse hazer penitencia de sus pecados. Él le dixo que se fuesse a la ciudad santa de Jerusalem y que preguntasse por una donzella llamada Paulina, que avía fundado un monasterio, que la hablasse y de su parte, para que la recibiesse en él. Y assí lo hizo, y por doze años vivió santamente. Llamávase Zoe, y acabó bien. Martiniano estuvo siete meses en sana de las llagas que le hizo el fuego, púsose a considerar el peligro en que le avía puesto aquella muger, parecióle que le convenía irse a parte donde otra alguna no pudiesse llegar. Hizo oración a Dios, y al tiempo que se iva de la celda, dávale grita el diablo, llamándole «pies quemados», y que iva corriendo. Añadía:

-Huyes, Martiniano. Pues a dondequiera que vayas iré contigo y te perseguiré.

El santo le dixo:

-Miserable, calla, que desta vez no tienes que alabarte, pues te quité las armas con que pensaste vencerme. La muger que truxiste para mi destruición será tu confusión.

Llegó al mar y vídose con un marinero temeroso de Dios, y concertándose con él, le puso en una roca bien dentro del mar, proveyéndole de hojas de palma para que allí hiziesse espuertas, y por ellas le traía a tiempos provisión de comida y agua. Quiso | el marinero traerle madera con que fabricasse una choça en que se defendiesse del sol y de la pluvia, y no lo consintió; antes, sin defensa alguna passava allí su vida, abrasándole el Sol del verano y consumiéndole el frío del invierno. Todo lo sufría Martiniano de buena gana por parecerle que estava allí seguro de tentaciones de mugeres, que las temía más que al demonio. Sucedió que un día vido venir un navío, y llegando cerca de la roca, levantóse un viento grande que le hundió. Y de los que venían en él, una hermosa donzella asida de una tabla llegó a la roca, y viendo en ella a Martiniano, pidióle por el Señor a quien servía en aquella aspereza, se doliesse della, y la ayudasse a salir del mar. Martiniano, visto que no tenía remedio de otra parte, diole la mano y subióla en la peña, sonriéndose por ver que era éste trato del demonio. Cuando la tuvo consigo, viéndola que era muy hermosa, díxole:

-El heno y el fuego no pueden tener buena compañía. Quédate aquí, muger. Pan y agua tienes hasta que venga un marinero que suele visitarme y proveerme. Como él sea venido, en su barca puedes salir a tierra.

Hizo una devota oración pidiendo a Dios le favoreciesse en lo que pretendía hazer, y con moción suya, signándose con la Señal de la Cruz, se lançó en el mar. La muger quedó en la roca hasta que el marinero vino, con el cual se concertó que le truxesse lo que a Martiniano traía, y ella trabajaría de manos. Llamávase Fotina, estuvo allí seis años y murió en el Señor. Luego pues, que Martiniano se echó en el mar, proveyó Dios de dos delfines que le sacaron a tierra, y allí dio gracias a Dios por el peligro de que le avía librado, y dixo:

-¿Qué es esto? ¿Ni en /(345r)/ el desierto me ha de dexar Satanás? ¿Ni en el mar tengo de estar seguro? Bien será hazer lo que Cristo aconseja en su Evangelio: «Si os persiguieren en una ciudad, huid a otra». Ea, pues, Martiniano, huye la tentación porque no se apodere de ti, y te derrible y atropelle.

Determinóse de andar siempre peregrino. No llevava consigo cosa alguna de lo necessario para la vida humana. Donde le tomava la noche, allí parava. Si era en poblado buscava algún varón pío que le diesse un breve sustento; si en los campos, raízes de árboles o yervas silvestres eran su comida. No faltava en su oración, como cuando estava en el desierto o en la roca. Desta manera anduvo dos años, y al cabo se halló en Atenas, aviendo visto ciento y sesenta y cuatro ciudades. Y sabiendo por revelación que se le llegava su muerte, entró en una iglesia, habló con cierto obispo a quien Dios avía descubierto quién Martiniano era, comunicó con él su vida, confessándose, y recibió el Divino Sacramento, y en presencia del obispo, haziendo la Señal de la Cruz y diziendo: «En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu», dio su alma a Dios. Su cuerpo fue sepultado como de santo. Dízelo Simeón Metafraste en su Vida, la cual está más copiosa en la Primera Parte del Flos Sanctorum, entre los Santos extravagantes.

[5] Hugón, obispo de Grenoble, en Francia, en confessiones de mugeres tenía grande cautela, no oyéndolas en rincones ni lugares escuros, sino donde pudiesse ser visto de muchos, y aunque ponía diligencia en oír sus culpas y entenderlas, mas apartava dellas su vista. Y en esto de no mirar a mugeres fue siempre recatado, que | viniendo a tratar con él negocios de importancia algunas señoras de mucho lustre, nunca las miró a los rostros. Y assí, no avía en todo su obispado muger a quien conociesse de vista, excepto una vieja que servía en su casa, porque dezía que con dificultad dexaría de tener malos pensamientos quien no fuesse diligente en refrenar los ojos, pues entra, como dize Jeremías, por ellos la muerte diversas vezes. Y que no sólo de mugeres se ha de apartar la vista, sino también de hombres deshonestos, porque assí como el que pone los ojos en un hombre airado parece que toma ira, y el que mira al que está triste, se entristece, assí, de mirar a un deshonesto, parece que se pega su deshonestidad. Y tiene harto quehazer un hombre en vencer sus proprias passiones, sin encargarse de las agenas, y querer guerrear con ellas. El mismo que escrivió su Vida, que fue Guidón Quinto, prior de la Cartuxa, por mandado del Papa Inocencio Segundo, dize que hablando con él su madre, y preguntándole si avía podido quitarle algunas vejezes que tenía, respondió:

-Ni aun miré si era vieja o moça.

También vino una señora principal a tratar con él cierto negocio importante, y aviendo estado algunas hora hablándole, cuando fue ida, dixéronle sus familiares, siendo personas de mucha virtud las que traía siempre consigo, si avía reprehendido a aquella muger el afeitarse el rostro con grande excesso, dando que murmurar a todos los que la miravan. Él respondió:

-Verdaderamente que no la miré el rostro, ni vi si venía afeitada.

Por exemplo maravilloso puede escrivirse que fuesse obispo Hugón sobre cincuenta años, y que por ser hombre /(345v)/ de muchas letras y santo, ocurrían a él a tratar negocios de sus consciencias diversas mugeres, y que a ninguna conociesse el rostro, sino a la que servía en su casa. Refiérelo Surio, tomo segundo.

[6] Marcio, solitario en Campania, avía determinado de no mirar a muger alguna. Y no lo hazía por tener en poco y menospreciar su estado, sino por escusar la tentación y vicio que resulta a las vezes de su vista. Oyó esto cierta muger, y con atrevimiento y osadía loca fue a su celda y púsose a una ventana della. El santo monge, que de lexos avía visto el vestido de la muger, derribóse en tierra, juntando sus ojos y boca con ella, y assí estuvo orando todo el tiempo que la muger se detuvo en su ventanilla, hasta que, cansándose ella, tuvo por bien de irse y dexarle. Mas deste atrevimiento llevó castigo del Cielo, porque el mismo día murió repentina y subitánea muerte, y fue indicio de la ofensa que hizo a Dios en afligir su siervo con aquel su loco atrevimiento. Es de San Gregorio, en el tercero libro de sus Diálogos, capítulo diez y seis.

[7] Crióse en el desierto y en religión desde que se apartó de los pechos de su ama, un moço, y siendo de quinze años, llevóle una vez su abad a la ciudad. Donde, viendo en una calle que estavan bailando ciertas mugeres, preguntó al abad qué era aquello. Respondióle que ánades. Buelto al monasterio, estava triste. El abad le preguntó la causa de su tristeza, y con qué se alegraría. Respondió él, con toda la sinceridad possible, que con las ánades que vido en la ciudad. El abad habló con los monges, y díxoles:

-Considerando, hijos míos, atentamente cuán peligrosa sea la vista de las mugeres, | pues este moço, que nunca vido algunas dellas, criado en el desierto entre religiosos, de averlas una vez visto se estava abrasando en concupiscencia; David, que puso libremente los ojos en una muger, y cometió adulterio y homicidio; ¿quién habrá que presuma de sí que puede verlas y comunicarlas frecuentemente sin daño?

Bien parecido es a lo que se dize de cierto rey, que le nació un hijo, y echando juizio algunos astrólogos en su nacimiento (aunque con vanidad y falsamente, por ser negocio reprovado), dixéronle que si en diez años veía la luz del Sol, moriría. Él, por les dar crédito, hízole criar dentro de una cueva. Y passado este tiempo, salió el moço, y admirávase de todo lo que veía. Vido mugeres galanas y preguntó qué cosa eran. Y con malicia respondieron que eran demonios, que llevavan almas al Infierno para ser atormentadas con fuego. Estando después en la presencia del rey, su padre, y preguntándole que de lo que avía visto, qué era lo que mejor le parecía y agradava más, él respondió que los demonios que llevavan almas al Infierno. Véase la fuerça que haze la vista de mugeres. Lo dicho se refiere en el Promptuario de exemplos.

[8] Puso los ojos una muger en cierto clérigo gentilhombre y dispuesto, y con ellos le entregó su coraçón; era de linaje y muy rica. Buscó medios como tratarle, y al cabo le ofreció su persona, con el señorío y mando de toda su hazienda, y todo lo menospreció el buen clérigo. Y porque diversas vezes la despidió de sí con mucha afrenta, buscó testigos falsos y acusó al inocente sacerdote delante de juez competente, el cual le puso en una torre alta por prisión. Y no contenta con esto, buscó la infernal /(346r)/ muger modo como secretamente verse con él, y allí menos el nuevo Josef consintió con su desseo, sino que resistió valerosamente a sus pretensiones torpes. Ella, más indignada y ya determinada de le hazer morir, no quiso salir de allí del modo que entró, sino aguardó el día para ser vista del proprio juez, a quien dixo que por ser aquel hombre hechizero y encantador, la avía traído allí desde su casa por arte del diablo. La aparencia del hecho hizo que se creyesse, y assí el santo y ya mártir en la voluntad, para serlo en el hecho y obra, fue entregado al braço seglar, para que como hechizero fuesse quemado. Estando en el palo y començando a arder la leña, oyeron que en boz alta rezava la oración de la Ave María. Llegó un pariente de la mala muger, indignado contra él, y tomó un palo ardiendo, diziendo:

-Yo le quitaré de la boca las oraciones.

Y púsosele dentro della, con que espiró. Quedaron allí sus huessos sin ser quemados, y sepultándolos, hazía Dios muchos milagros en el lugar donde estavan. Es del Promptuario de exemplos.

[9] Una muger que avía vivido deshonestamente cayó enferma, y estando cercana a la muerte, fue arrebatada en espíritu y puesta delante de un juez riguroso. Donde, siendo acusada de graves delitos, ella levantó las manos pidiendo misericordia. El juez, compadeciéndose della, díxole:

-¿Qué me pides? Dame un dedo, que yo te daré la mano (Fue dezirle: «Dame palabra de la enmienda, que yo te daré mi gracia»).

Bolvió en su sentido y refirió lo que avía visto a una noble matrona, la cual le dixo:

-Harto as sido amonestada. Enmienda tu vida.

Quedó sana, y el temor la dexó, dexándola la enfermedad, de modo que bolvió a lo passa- do. | Y assí, a la amenaza se siguió el açote, porque cayó de nuevo enferma, y padeció graves tormentos. Vino a morir, y estando su cuerpo amortajado, començaron a su puerta dos grandes perros a morderse, y juntándose allí otros muchos perros, entraron de tropel donde estava el cuerpo, y començaron a despedazarle, y fue necessario llegarse mucha gente a defenderle y echarlos de allí, para que no se le comiessen. Sepultaron el cuerpo, bolvieron los perros y desenterráronle, y acabáronsele de comer. Lo que su miserable alma padecía entretanto, también se dexa entender que sería mucho, pues el cuerpo era assí tratado. Lo dicho se refiere en el Promptuario de exemplos.

[10] Vivían dos casados nobles y ricos sin hijos; pidieron a Dios les diesse uno, ofreciéndosele con voto de servicio. Tuvieron uno, y de pequeño le pusieron en un monasterio, donde se crió y hizo professión a su tiempo y vivía santamente. Los padres se exercitavan en dar largas limosnas. Y aunque después que tuvieron el hijo propusieron de vivir castamente, la muger quebrantó este propósito, y la ley del matrimonio, de modo que por dos vezes concibió y parió dos hijos, a los cuales luego que nacían quitava la vida, por encubrir sus adulterios con las gentes, creyendo que con Dios los tenía perdonados por las limosnas que hazía solamente, sin tener dolor dellos ni confessarlos, en lo cual murió impenitente y se condenó. Hazía por ella oración su hijo, y dezía Missas. Al cual ella se apareció ardiendo su cuerpo en vivas llamas, y rodeada de dos dragones que le ceñían el cuerpo, y tenían las bocas aferradas a sus pechos. Preguntóle el /(346v)/ hijo, harto afligido de verla assí, por su estado, y respondióle que era condenada para siempre, porque confiada solamente en sus limosnas, sin confessión ni dolor de sus pecados salió desta vida. Preguntóle qué dragones eran los que tenía ceñidos a su cuerpo, y dixo ser pena de aver muerto dos hijos, a los cuales devía criança y dar sustento de sus pechos. Es del Promptuario.

[11] Concibió una muger que tenía buena fama, y por encubrir su pecado procuró matar al niño que estava animado en sus entrañas, y añadiendo a un mal otro, cayó enferma. No quiso confessar este pecado, condenóse y aparecióse después a una parienta suya, sierva de Dios, y traía en sus manos un niño ardiendo. Preguntada la ocasión, dixo:

-Por el infante animado que maté en mi vientre, se me ha dado por parte de castigo que traya una figura suya siempre ardiendo en mis manos. Y si deste pecado yo me confessara, aunque gravíssimo, alcançara dél perdón.

Y colígese deste exemplo, y es verdad | católica, que los pecados que no se descubren en este Mundo por la Confessión Sacramental, en el otro se pagan con confessión penal. Es del Promptuario de exemplos.

[12] Un usurero, casado con cierta muger de linaje, estando enfermo, confessóle un fraile de Menores y mandóle restituir grande parte de su hazienda. Y por dezir que lo haría, y creer que lo cumpliría, estando cercano a la muerte, absolvióse. Sabido por la muger, lamentóse en su presencia, y díxole tales razones, que le hizo revocar el testamento. Tornó el fraile a visitarle, y sabiendo lo que passava, y viendo que no le podía traer a lo bueno, díxole:

-Pues tú revocaste lo que tenías bien ordenado, yo también, de parte de Dios, reboco la absolución que te di de tus pecados.

Y dicho esto, entró un cuerbo donde estava el miserable usurero, y aserrando con él, le quitó la vida. Refiérese en la Segunda Parte de las Crónicas de los Menores, libro cuarto, capítulo segundo. |

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Salieron los escitas a una guerra en tierra distante, donde se detuvieron veinte y ocho años, y volviendo a sus casas, hallaron que las mugeres, cansadas de esperarlos, se avían casado con los esclavos que dexaron para guarda y servicio dellas; los cuales se pusieron en armas contra sus señores, y se defendían bien. No faltó quien dixo a los demás:

-Éstos no temen nuestras armas. Tome cada uno de nosotros un açote, y viéndolos, y acordándose que los solíamos açotar, temernos han.

Házenlo assí, y viendo los açotes los esclavos, con grande miedo huye- ron, | por donde los escitas cobraron mugeres y ropa. Dízelo Heródoto, libro 4.

[2] Cleobulo, referido por Diógenes Laercio, dize que es cosa dañosa dezir palabras de loa y amorosas a mugeres estando solas, porque se entonan oyéndolas, y lo mismo reprehenderlas en público y oyéndolo otros, porque lo sienten mucho.

Pudiéranse poner en este Discurso exemplos notables de mugeres valerosas, assí en virtudes, como en hechos hazañosos, y remítense a otros Discursos proprios de tales hechos y virtudes.

 

Fin del Discurso de Mugeres. /(347r)/

Fructus Sanctorum , discurso XLV

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17 jun. 2009

Alonso de Villegas – Del Juego

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Fructus Santorum

 

Cinco maneras ay de juegos: Una es que principalmente se govierna de ingenio, como el axedrez, de quien se dize que fue su inventor Xerxes, hombre ingenioso, en Africa, de donde passó en España, y de aí fue a Roma. Tuvo intento su inventor de entretener con él a un tirano para estorvarle algunas crueldades que hazía, gastando el tiempo en este exercicio, y secretamente y con cautela darle a entender que, aunque era rey, podía venir a ser preso y muerto por un peón; que se refrenasse de hazer agravios y injusticias. Otra segunda manera ay de juego, y consta de ingenio y destreza, como la pelota, que inventó Pito. La tercera manera de juego es ingenio, destreza y fuerças, como la lucha, que inventó Lacaón en Arcadia, y otros juegos que se hazían en el Olimpo. La cuarta manera tiene parte de ingenio y parte de suerte, como los naipes. La quinta manera que ay de juego consta sólo de suerte, como los dados. En este Discurso se verá por exemplos  diversos acaescimientos de jugadores.

 

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] En el capítulo veinte y uno del Génesis se dize que vido un día Sara a Ismael, hijo de Agar, que jugava con Isaac, su hijo, y causóle tanto enojo que pidió a Abraham, su marido, que echasse de su casa al hijo y a la madre. Qué juego fuesse éste, que causó en Sara tanto enojo, no es fácil de averiguar. San- to | Tomás sobre este lugar pone diversos pareceres. Unos dizen que Ismael, por ser mayor, pretendía en el juego la dignidad de primogénito, y por el consiguiente ser heredero de su padre, y assí jugarían a los señores, como hazen los niños, haziéndose señor Ismael y queriendo mandar a Isaac, y parece que quiso dar a entender esto Sara, cuando, pidiendo que saliesse de casa, dio por razón que no avía de ser heredero el hijo de la esclava con su hijo Isaac. Otros dizen que hazía Ismael idolillos y persuadía a Isaac que los adorasse. Y otros, que el jugar Ismael con Isaac, era perseguirle de palabra y de obra, dándole una bofetada y otra. Y a este parecer se allega San Hierónimo declarando este passo, porque conforma con lo que dize San Pablo escriviendo a los de Galacia, en el capítulo cuarto, que Ismael perseguía a Isaac, y no aver donde esto pueda mejor verificarse que a esta sazón. Como quiera que sea ello, era juego, que este nombre le da la Escritura Sagrada, y causó tal ojeriza en la santa muger Sara, que se indignó de muerte y hizo echar de casa al rapaz Ismael.

[2] También antes desto haze mención de juego la Escritura Divina, en el capítulo dézimo nono del Génesis, donde se dize que, dándole prissa a Lot dos ángeles, que saliesse de Sodoma y que avisasse a dos hiernos con quien tenía tratado de casar sus hijas, él fue a ellos y les dixo que la ciudad y tierra se avían de destruir presto por mandado de Dios, /(204r)/ y que estavan ya allí dos ángeles que venían a ponerlo en execución, que luego saliessen en su compañía del lugar si querían quedar con las vidas. Oyeron a Lot sus hiernos, y señala la Escritura que les pareció que jugava con ellos y quería passar tiempo, y holgarse viéndolos llenos de temor sin causa, y assí no hizieron caso dél, y sólo el nombre de juego, que tomaron en sus bocas, les costó perder las vidas quedando allí abrasados.

[3] En el Libro de los Juezes, capítulo 16, se escrive que teniendo los filisteos ciego a Sansón, lleváronle a un templo de sus falsos dioses, estando muchos millares dellos juntos, y pretendían entretenerse con él haziéndole allí jugar en su presencia cualquier juego, y sería por ventura como el que en España juegan mochachos, que llaman «gallinilla ciega», | que vendan a uno los ojos y danle todos, y él procura asir uno. Sansón, que no era amigo de juegos, armóles uno y malo, assiendo de dos colunas en que se sustentava el edificio del templo y derribándolas, cayendo sobre él y sobre todos la máquina, quedando allí muertos.

[4] Con el profeta Eliseo quisieron también jugar unos rapazes, subiendo a la ciudad de Bétel, dándole bozes y grita, diziendo: «Sube, viejo calvo, sube, viejo calvo, sube». Venía triste y melancólico por averse ido de su presencia en un carro de fuego el profeta Elías, su maestro.

-¿Cómo? ¿Y jugáis comigo?

Dixo luego cierta razón por donde vinieron dos ossos del monte, y comiençan un mal juego con ellos, despedaçando a cuarenta y dos dellos, como se dize en el Cuarto Libro de los Reyes, capítulo segundo.

Lo dicho se coligió de la Escritura Sagrada. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] El Evangelista San Juan, siendo muy viejo, estava un día jugando y entreteniéndose con una perdiz que tenía en sus manos viva. Viéronlo unos caçadores y riéronse de ver tan venerable viejo jugar con una avecilla. El santo llamó a uno dellos que llevava un arco, y preguntóle:

-¿Dónde vas con esse arco?

Respondió que a caça.

-Pues, ¿por qué le llevas desarmado?

-Para que, yendo descansado -añadió elmoço-, le halle después más fuerte y viguroso cuando quisiere tirar con él.

-Pues yo -replicó el santo Evangelista- y otros nos entretenemos con algún honesto exercicio, para con mayores fuerças ir después a la oración, al ayuno y a la predicación.

Refiérelo Fulgoso, libro 8, capítulo 8. Otra cosa semejante dize Rafael Volaterrano, libro veinte y uno, de San Antonio Abad, que estando con sus monges una vez en el campo entreteniéndose en palabras de buena conversación, | vistos por otro caçador, mostró semblante desdeñoso, porque estavan ociosos. El santo le dixo que flechasse el arco. Hízolo él; pidió que le flechasse más. El caçador dixo:

-Ay temor que quiebre si más le flecho.

-Pues assí -replicó el venerable viejo- pueden los varones espirituales tomar algún ocio y exercicio honesto, porque no quiebre el arco y se acabe la vida con mayor trabajo del que pueden llevar las fuerças humanas.

[2] San Cirilo, obispo de Jerusalem, tenía en su casa un moço, sobrino suyo, que le servía y con toda solicitud le procurava agradar, mas era viciosíssimo en el juego. Al tiempo que San Cirilo dezía missa, predicava o escrivía, él se iva por las tavernas y jugava, y si perdía blasfemava el nombre de Dios Nuestro Señor. Vino este moço a enfermar, y el santo perlado pidió en sus sermones /(204v)/ al pueblo que hiziessen oración por él, y tuvo mucho cuidado de lo que tocava a su alma. Mas al cabo murió, y el padre santíssimo dixo por él missa, y púsose en oración, y permaneciendo en ella, vido a su sobrino hecho un vivo fuego. Preguntóle quién era, y declaró que su sobrino, y que en vano rogava por él estando condenado para siempre. Admiróse desto el santo, y díxole:

-¿Cómo te condenaste, aviendo vivido bien a mi parecer? Yo creí de ti que conservabas la inocencia baptismal, y que eras virgen.

Respondió:

-Assí es verdad que soy virgen, mas condenéme porque fui dado al juego con todo excesso, y perdí y gané mal mucho dinero, y blasfemé el nombre de Dios diversas vezes, y de todo esto ni me pesó ni quise enmendarme, ni hize penitencia. Refiérese, como ya se ha tocado, en una carta que escrivió el mismo San Cirilo a San Augustín, y anda en sus obras.

[3] En el monasterio de Claravalle, donde era abad San Bernardo, recibió el hábito un hombre que siendo seglar era muy dado a juegos, el cual a pocos días, por tentación de jugar determinó dexar el hábito. El santo, sabido su intento, le dixo:

-Porque no te vayas, yo quiero armarte juego, dándote que juegues, con condición que partas comigo las ganancias.

Díxole esto teniendo atención a lo que después sucedió, y fue que con el dinero que le dio el santo començó a jugar y perdiólo todo. Bolvió al monasterio y púsose a la puerta muy confuso. Salió a él San Bernardo con alegre rostro, y levantando el hábito, díxole que echasse allí su parte. Respondió el jugador con mucha vergüença:

-Padre, nada se ha ganado, antes perdí lo que me distes. Suplícoos que por paga dello me reci- báis | por esclavo deste monasterio.

A esto le respondió el santo con mucha benignidad:

-Si assí es como dizes, más vale, y no que se pierda todo.

Recibióle, no por esclavo, como él dezía, sino por religioso, y fuelo en adelante de muy buen exemplo. Refiérelo Surio, tomo cuarto.

[4] Iva por una calle a la iglesia para oír maitines en la noche de una solemnidad grande cierto siervo de Dios, y vido a la puerta de una taverna jugando dados algunos hombres perdidos, los cuales perjuravan y aun blasfemavan el nombre de Dios. Passó adelante, y estava un hombre tendido en la calle y malamente llagado, y bañado en su sangre. Quexávase dolorosamente, y preguntándole quién le avía herido, respondió:

-Essos hombres que están jugando dados en la taverna.

Bolvió a ellos y reprehendióles por aquel hecho, y pidióles que fuessen a ayudársele a llevar donde fuesse curado. Admiráronse de oír esto y negaron aver herido persona alguna. Fueron todos a ver el herido y no le hallaron, mas cayeron en la cuenta que con los perjurios y blasfemias lastimavan a Jesucristo, y que sería el que dellos se quexava. Es del Promptuario de exemplos.

[5] Aviendo perdido gran dinero un jugador, tomó con desesperación un arco y tiró en alto una saeta, como queriendo herir al Cielo, la cual, cayendo delante del que la tiró, vídose venir bañada en sangre. Desto quedó tan compungido aquel hombre, que confessó su culpa y en adelante vivió virtuosamente. Es del Promptuario.

[6] Perdió al juego todo el dinero que llevava un jugador, quedándose con una moneda sola en la mano. Dixo grandes blasfemias y ofreció su cuerpo /(205r)/ y alma a los demonios, y en señal que se les entregava, arrojó la moneda que le quedava. Passó aquella noche, y a la mañana, estando en la calle, llegaron a él dos demonios en forma humana, declarándole lo que eran y que venían por él como por su esclavo, aviéndoseles obligado, y por señal mostraron el dinero que les ofreció. Rogóles que le dexassen bolver a su casa y estar en ella dos días. Concediéronselos, porque la comissión que traían devía de venir con esta limitación. El primero día estuvo muy triste y como desesperado, sin comer ni bever, y sin dar cuenta a persona alguna de lo susodicho. Y como el día siguiente entrasse en su casa una muger pobre con un hijuelo suyo en los braços y le pidiesse limosna, él le dixo que se la daría si se la pidiesse en nombre de los diablos, sus amos, con los cuales esperava presto verse. La muger, sin hazer lo que él dixo, habló con amigos de aquel hombre para que se informassen dél en lo que dezía y le guardassen. Fueron a él y contóles la verdad de aquel caso, y començó a dar bozes:

-Ya vienen para llevarme, dexadme ir, no me lleven por fuerça.

Los que estavan allí le dezían que se encomendasse a Dios y propusiesse hazer penitencia. Los demonios llegaron y le quitaron la vida. Refiérese en el mismo libro de exemplos.

[7] Un jugador tenía por costumbre de jurar por los ojos de Jesucristo, aunque dixesse mentira, y un día se le cayeron los suyos del rostro. Es también del Promptuario.

[8] Avía un jugador que mantenía campo a cuantos con él jugavan, y todos se apartavan perdidosos. Vino el demonio en forma humana y jugó con él. Ganávale todo el dinero que | sacava. Començó a dar bozes y dezir:

-Nadie me ganó, sino tú, que creo que eres demonio.

-Si soy -dixo él-, y vengo por ti.

Con esto, assió dél y le llevó arrastrando por el tejado, donde vieron otro día derramadas sus entrañas, y el cuerpo no pareció. Todo es del mismo libro.

[9] En Buda, ciudad de Hungría, hizieron concierto dos jugadores de jugar, el uno en nombre de Dios, y el otro en nombre del diablo, que era dezir que fuese como que jugavan Dios y el diablo. Y sucedió, prosiguiéndose el juego, que perdió todo el dinero que llevava el que jugava en nombre de Dios, y no sólo el dinero, sino también parte de sus vestidos, por lo cual, siendo bien noche, salió desesperado y furioso para irse a su casa. Y passando por un cemiterio, vido un Crucifixo, al cual con atrevimiento diabólico le tiró una pedrada. Acertóle en la frente y della le corrió mucha sangre. Vivía cerca de allí un carnicero viejo, y estava enfermo de gota sin poderse levantar de la cama. Oyó una boz que le dixo:

-Levántate y sal a la calle, y al primero que vieres, mátale.

No hizo caso desto el carnicero, pareciéndole ilusión del demonio, mas la boz repitió por tres vezes aquella razón, y añadiendo en la última grandes amenazas si no obedecía, acordó de hazerlo. No se podía antes levantar por su enfermedad de gota, y hallóse sano. Tomó un cuchillo y salió fuera de su casa. Vido al sacrílego y blasfemo jugador, que acabava de herir al Crucifixo, llegó a él y hirióle de suerte que cayó muerto allí. De donde vino a que la justicia, por hallarle cerca de la casa del carnicero, le prendieron, y él declaró la verdad, que le hablaron por tres vezes, que le ame- nazaron /(205v)/ y se halló sano. Era ya de día, y avíase llegado gente alrededor del cuerpo muerto, el cual, a vista de todos fue levantado en alto por demonios y llevado de allí. Vídose el Crucifixo herido y sangriento, y túvose relación del que jugó con él, por donde se descubrió todo el caso, y el car- nicero | fue dado por libre visto que le tomó Dios por instrumento para dar la muerte a aquel pérfido sacrílego y blasfemo jugador. El libro llamado Teatro de la Vida Humana, expurgado, refiere este hecho, y señala que es su autor Marco Fritsechio. |

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Reprehendía Platón a un moço porque jugava. Él se escusava que era poco el juego.

-No es poco -replicó Platón-, sino mucho el acostumbrarte a jugar.

Dízelo Laercio, libro tercero.

[2] Siendo embiado Chillón de Lacedemonia, su patria, a Corinto, sobre hazer amistades y perpetua paz una ciudad con otra, halló a los príncipes della jugando a los dados, y sin les hablar palabra se bolvió, diziendo que no quería que la gloria de los lacedemonios, que a la sazón florecía, se maculasse e infamasse haziendo amistad con jugadores. Dízelo Platina en el libro primero del Buen Ciudadano.

[3] Tolomeo, rey de Egipto, estando jugando a los dados, traíanle diversos processos de delincuentes para que los condenasse a muerte. Ivanselos leyendo, y él no dexava el juego. Mas, hallándose presente Berenice, su muger, quitóle de las manos al es- crivano | los processos, diziendo:

-No se han de oír causas de personas que se han de sentenciar a muerte estando jugando. Negocio es que pide todo un hombre, y libre de otras preocupaciones.

Holgó el rey de oír esto, y esta vez y otras muchas procuró estar todo él en lo que hazía cuando se ofrecían negocios capitales y de muerte. Dízelo Eliano, libro catorze, capítulo cuarenta y tres.

[4] El emperador Domiciano, por vía de juego y passatiempo tirava saetas, con tanta industria que por muchos passos, si ponía un muchacho abierta la mano, por entre los dedos colava la saeta. Tirava a las aves que bolavan y cortava la cabeça a la que quería, y iva sin ella un poco bolando con el ímpetu que llevava. Pintava en una pared con golpes de su arco una cabeça de fiera. Dízelo Brusón.

 

Fin del Discurso del Juego. |

Fructus Sanctorum, Discurso XXXIX

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