Mostrando las entradas con la etiqueta Trakl Georg. Mostrar todas las entradas

10 may. 2014

Georg Trakl - Día de muertos

No hay comentarios. :




a Karl Hauer

Hombres y mujeres, tristes compañeros,
Esparcen hoy flores rojas y azules
Sobre tumbas tenuemente iluminadas.
Van como pobres marionetas antes de morir.

Y cómo se ven llenos de miedo y humildad,
Cual sombras, de pie tras negros arbustos.
Los lamentos del nonato penan en el viento otoñal,
Y las luces van a la deriva, confundidas.

Las quejas de los amantes respiran entre las ramas
Donde los cuerpos de una madre y su hijo se descomponen.
La danza de los vivos parece irreal
Y extrañamente dispersa en el viento vespertino.

Su vida es tan atribulada, llena de plagas desoladoras.
Dios tenga piedad del infierno femenino y su tormento
Y esos lamentos de muerte sin esperanza alguna.
Los solitarios vagan en silencio en el gran salón de las
estrellas.


Traducción: Pura López Colomé
Imagen: Georg Trakl en 1914

15 ago. 2013

Georg Trakl - Canción del solitario

No hay comentarios. :

Georg Trakl - Canción del solitario


A Karl Borromaus Heinrich

Pleno de armonías es el vuelo de las aves. Los verdes bosques.
se han reunido al atardecer en cabañas silenciosas;
las praderas cristalinas del ciervo.
Lo oscuro atenúa el murmullo del arroyo, las húmedas sombras

y las flores del estío, que suenan bellas al viento.
Ya anochece sobre la frente del hombre pensativo.

Y alumbra una lamparilla, lo bueno, en su corazón,
y la paz de la cena; porque benditos son pan y vino
por las manos de Dios, y te contempla desde ojos nocturnos
silencioso el hermano, que pueda descansar del peregrinaje espinoso.
Oh, vivir en el azul animado de la noche.

Amoroso abraza también el silencio en el cuarto las sombras de los antepasados,
los tormentos purpúreos, queja de una magna estirpe,
que piadosamente se extingue ahora en el nieto solitario.
Porque siempre más resplandeciente despierta de los negros minutos de la locura
el paciente en el umbral de piedra;
y lo abrazan poderosamente la frescura azul y el luminoso fin del otoño,

la casa silenciosa y las leyendas del bosque,
medida y norma y las sendas lunares de los solitarios.



Gesang des Abgeschiedenen

Voll Harmonien ist der Flug der Vögel. Es haben die grünen Wälder
Am Abend sich zu stilleren Hütten versammelt;
Die kristallenen Weiden des Rehs.

Dunkles besänftigt das Plätschern des Bachs, die feuchten Schatten
Und die Blumen des Sommers, die schön im Winde läuten.
Schon dämmert die Stirne dem sinnenden Menschen.

Und es leuchtet ein Lämpchen, das Gute, in seinem Herzen
Und der Frieden des Mahls; denn geheiligt ist Brot und Wein
Von Gottes Händen, und es schaut aus nächtigen Augen
Stille dich der Bruder an, daß er ruhe von dorniger Wanderschaft.

O das Wohnen in der beseelten Bläue der Nacht.
Liebend auch umfängt das Schweigen im Zimmer die Schatten der Alten,
Die purpurnen Martern, Klage eines großen Geschlechts,
Das fromm nun hingeht im einsamen Enkel.

Denn strahlender immer erwacht aus schwarzen Minuten des Wahnsinns
Der Duldende an versteinerter Schwelle
Und es umfangt ihn gewaltig die kühle Bläue und die leuchtende Neige des Herbstes,
Das stille Haus und die Sagen des Waldes,
Maß und Gesetz und die mondenen Pfade der Abgeschiedenen.


En Poemas
Traducción de: Rodolfo Modern

7 jul. 2013

Georg Trakl: Salmo (bilingüe)

No hay comentarios. :




para Karl Kraus

Hay una luz que el viento ha extinguido.
Hay una taberna que el borracho abandona al mediodía.
Hay un viñedo, quemado y negro, con hoyos llenos de arañas.
Hay una habitación cuyas paredes con leche se han blanqueado.
El loco ha muerto. Hay una isla en los Mares del Sur
Dispuesta para el Dios Sol. Siguen tocando los tambores.
Los hombres ejecutan danzas de guerra.
Las mujeres mecerán sus caderas en lianas y flores de fuego
Mientras cante el mar. Oh, nuestro paraíso perdido.

Las ninfas han abandonado los bosques de oro.
Han enterrado al desconocido. Una lluvia delgada comienza a caer.
El hijo de Pan surge bajo la forma de un campesino
Que duerme al mediodía sobre el asfalto incandescente.
Los vestiditos de las pequeñas de aquella granja son de una
           pobreza desgarradora.
Hay habitaciones llenas de cuerdas y sonatas.
Hay sombras que se abrazan ante un espejo enceguecido.
En las ventanas del hospital se calientan los convalecientes.
Un barco de vapor lleva epidemias sangrientas por el canal.
Una extraña hermana vuelve a aparecer en algún sueño maligno.
Descansando en el follaje de avellana, ella juega con su destino.
El estudiante, o tal vez un doble, la sigue,
         espiando desde la ventana.

Tras él se yergue su hermano muerto, o bien él desciende
por la vieja y tortuosa escalera.
La figura de una joven novicia palidece en la oscuridad de los castaños.
Cae la tarde en el jardín. Los murciélagos revolotean en torno al claustro.
Los hijos del portero dejan de jugar y van en pos del oro del cielo.
Los acordes finales de un cuarteto. Una pequeña ciega
        corre temblando por el boulevard.
Y más tarde, su sombra trepa por los muros fríos, oculta
entre cuentos y santas leyendas.

Hay una barca vacía, abriéndose paso por la tarde en el oscuro canal.
En la lobreguez del viejo asilo se desmoronan ruinas humanas.
Unos huérfanos muertos yacen junto al muro del jardín.
Ángeles con las alas manchadas de fango salen de grises habitaciones.
Caen gusanos desde sus párpados amarillentos.
El atrio de la iglesia, oscuro y en silencio, como en los
        días de la infancia.
Vidas anteriores se deslizan por ahí con pies de plata,
Y las sombras de los malditos descienden a las aguas quejumbrosas.
Dentro de su tumba, el mago blanco juega con unas serpientes.

En silencio, se abren los dorados ojos de Dios sobre la
        morada de las calaveras.



Psalm

            Karl Kraus zugeeignet

Es ist ein Licht, das der Wind ausgelöscht hat.
Es ist ein Heidekrug, den am Nachmittag ein Betrunkener verläßt.
Es ist ein Weinberg, verbrannt und schwarz mit Löchern voll Spinnen.
Es ist ein Raum, den sie mit Milch getüncht haben.
Der Wahnsinnige ist gestorben. Es ist eine Insel der Südsee,
Den Sonnengott zu empfangen. Man rührt die Trommeln.
Die Männer führen kriegerische Tänze auf.
Die Frauen wiegen die Hüften in Schlinggewächsen und Feuerblumen,
Wenn das Meer singt. O unser verlorenes Paradies.

Die Nymphen haben die goldenen Wälder verlassen.
Man begräbt den Fremden. Dann hebt ein Flimmerregen an.
Der Sohn des Pan erscheint in Gestalt eines Erdarbeiters,
Der den Mittag am glühenden Asphalt verschläft.
Es sind kleine Mädchen in einem Hof in Kleidchen voll herzzerreißender Armut!
Es sind Zimmer, erfüllt von Akkorden und Sonaten.
Es sind Schatten, die sich vor einem erblindeten Spiegel umarmen.
An den Fenstern des Spitals wärmen sich Genesende.
Ein weißer Dampfer am Kanal trägt blutige Seuchen herauf.

Die fremde Schwester erscheint wieder in jemands bösen Träumen.
Ruhend im Haselgebüsch spielt sie mit seinen Sternen.
Der Student, vielleicht ein Doppelgänger, schaut ihr lange vom Fenster nach.
Hinter ihm steht sein toter Bruder, oder er geht die alte Wendeltreppe herab.
Im Dunkel brauner Kastanien verblaßt die Gestalt des jungen Novizen.
Der Garten ist im Abend. Im Kreuzgang flattern die Fledermäuse umher.
Die Kinder des Hausmeisters hören zu spielen auf und suchen das Gold des Himmels.
Endakkorde eines Quartetts. Die kleine Blinde läuft zitternd durch die Allee,
Und später tastet ihr Schatten an kalten Mauern hin, umgeben von
Märchen und heiligen Legenden.

Es ist ein leeres Boot, das am Abend den schwarzen Kanal heruntertreibt.
In der Düsternis des alten Asyls verfallen menschliche Ruinen.
Die toten Waisen liegen an der Gartenmauer.
Aus grauen Zimmern treten Engel mit kotgefleckten Flügeln.
Würmer tropfen von ihren vergilbten Lidern.
Der Platz vor der Kirche ist finster und schweigsam, wie in den Tagen der Kindheit.
Auf silbernen Sohlen gleiten frühere Leben vorbei
Und die Schatten der Verdammten steigen zu den seufzenden Wassern nieder.
In seinem Grab spielt der weiße Magier mit seinen Schlangen.

Schweigsam über der Schädelstätte öffnen sich Gottes goldene Augen.


En Material de lectura
Traducción: Pura López Colomé
Mexico, UNAM, 2013
Fuente texto original en alemán
Imagen: Georg Trakl, Autorretrato, 1913 (1887-1914)

6 dic. 2012

Georg Trakl - Cantar de Kaspar Hauser

No hay comentarios. :


Georg Trakl


Para Bessie Loos

El amaba sin duda el sol que por la colina bajaba purpúreo,
los caminos del bosque, el negro pájaro cantor
y el verdor alegre del follaje.

Gravemente moraba a la sombra del árbol
y era puro su rostro.
Dios habló, dulce llama, a su corazón:
¡Oh criatura!

Al caer de la tarde encontraron en calma sus pasos la ciudad;
el oscuro reclamo de su boca:
Quiero ser un jinete.

Lo seguían empero el árbol y la bestia,
la casa, el jardín vespertino de hombres blancos
y su asesino iba en su busca.

Primavera y verano y hermoso el otoño
del justo, su leve paso
al lado de las oscuras alcobas de los hombres que sueñan.
De noche se quedaba solo con su estrella;

vio que caía la nieve en la rama desnuda
y en la sombra vespertina del zaguán la sombra del asesino.

Plateada cayó la cabeza del que no nació.



Kaspar Hauser Lied          

Für Bessie Loos

Er wahrlich liebte die Sonne, die purpurn den Hügel hinabstieg,
Die Wege des Walds, den singenden Schwarzvogel
Und die Freude des Grüns.

Ernsthaft war sein Wohnen im Schatten des Baums
Und rein sein Antlitz.
Gott sprach eine sanfte Flamme zu seinem Herzen:
O Mensch!

Stille fand sein Schritt die Stadt am Abend;
Die dunkle Klage seines Munds:
Ich will ein Reiter werden.

Ihm aber folgte Busch und Tier,
Haus und Dämmergarten weißer Menschen
Und sein Mörder suchte nach ihm.

Frühling und Sommer und schön der Herbst 
Des Gerechten, sein leiser Schritt
An den dunklen Zimmern Träumender hin.
Nachts blieb er mit seinem Stern allein;

Sah, daß Schnee fiel in kahles Gezweig
Und im dämmernden Hausflur den Schatten des Mörders.

Silbern sank des Ungebornen Haupt hin.


Versión de Américo Ferrari


9 oct. 2012

Georg Trakl (1887-1914) - Transmutación de lo malo (bilingüe)

No hay comentarios. :





Otoño: negro caminar por el linde del bosque; minutos
de muda confusión; escucha con atención la frente del
leproso bajo el árbol desnudo. Atardecer ha mucho
transcurrido, que ahora desciende por las gradas del musgo;
noviembre. Una campana toca y el pasto
conduce una tropa de caballeros negros y alazanes a la
aldea. Bajo el avellanar el verde cazador destripa a un venado.
Sus manos humean con sangre y la sombra del
animal gime en el follaje sobre los ojos del hombre, parda y
silenciosa; en el bosque. Cornejas, que se dispersan; tres.
Su vuelo semeja una sonata, llena de acordes
desvanecientes y de viril tristeza; suave se disuelve una
áurea nube. Junto al molino muchachos encienden un fuego.
La llama es hermana del más pálido, que ríe
sepultado bajo su cabello purpúreo; o bien es un sitio para
el asesinato, al que un sendero pedregoso lleva. Las bayas
han desaparecido, y años seguido sueña en un aire
plomizo bajo los pinos; miedo, verde oscuridad, el
gorgoteo de un ahogado: del estanque estrellado un
pescador extrae un gran pez negro, la cabeza llena
de crueldad y locura. Las voces del junco, hombres riñendo
a sus espaldas, balanceándose aquél en roja barca sobre
las aguas heladas del otoño, viviendo en las oscuras
leyendas de su estirpe, y se petrifican los ojos abiertos a
las noches y a los terrores virginales. Mal
¿Qué te obliga a permanecer inmóvil sobre la escalera
ruinosa, en la casa de tus mayores? Plomiza negrura,
¿Qué sostienes con mano plateada ante los ojos, y por qué
los párpados caen como ebrios por la amapola? Pero a
través del muro de piedra contemplas el cielo estrellado,
la Vía Láctea, a Saturno: rojo. Furiosamente golpea
contra el muro de piedra el árbol desnudo. Tú, sobre
peldaños ruinosos: árbol, astro piedra. Tú, un animal
azul que tirita en silencio; tú, el pálido sacerdote que lo
sacrificas en el negro altar. Oh, tu risa en la tiniebla,
triste y maligna, que hace palidecer a un niño dormido.
Una roja llama brotó de su mano y una mariposa
nocturna se quemó en ella. Oh, la flauta de la luz; oh, la
flauta de la muerte. ¿Qué te obligó a permanecer inmóvil
sobre la escalera ruinosa en la casa de tus mayores? Abajo
en el portal un ángel golpea con dedos cristalinos.
Oh, el infierno del sueño; oscura callejuela, pardo
jardincillo. Suave tañe en el atardecer azul la efigie de los
muertos. Verdes florecillas se enlazan a su alrededor y su
rostro lo han abandonado. O bien se inclina pálido sobre la
fría frente del asesino en la oscuridad del zaguán.
Adoración, llama purpúrea de la voluptuosidad,
agonizando se precipitó el durmiente por negros peldaños
en la tiniebla.
Alguien te abandonó en la encrucijada y miras
largamente atrás. Pasos argénteos a la sombra de
pequeños manzanos raquíticos. Purpúreo brilla el fruto
en negro ramaje y en la hierba muda la serpiente su piel.
¡Oh, lo oscuro!, el sudor que corre por la helada frente y
los tristes sueños dentro del vino, en la taberna de la
aldea bajo las vigas ennegrecidas por el humo. Tú, tierra
aún desierta, rosadas islas surgen encantadas de las
pálidas nubes de tabaco, y desde el interior recoge el grito
salvaje de un grifo, cuando caza entre negros acantilados
en el mar, la tormenta y el hielo. Tú, un metal verde, y
dentro un rostro ardiente que quiere desaparecer y
cantar los tiempos tenebrosos de la ósea colina y la caída
llameante de un ángel. ¡Oh, desesperación, que con grito
sordo cae de rodillas!
Un muerto te visita. Del corazón fluye la sangre
derramada por uno mismo y en la oscura ceja anida un
instante inexpresable; oscuro encuentro. Tu, una luna
purpúrea, cuando aquel aparece en la verde sombra del
olivo. A esto sigue noche imperecedera.



Verwandlung des Bösen

Herbst: schwarzes Schreiten am Waldsaum; Minute
stummer Zerstörung; auflauscht die Stirne des Aussätzigen
unter dem kahlen Baum. Langvergangener
Abend, der nun über die Stufen von Moos sinkt; November.
Eine Glocke läutet und der Hirt führt eine
Herde von schwarzen und roten Pferden ins Dorf.
Unter dem Haselgebüsch weidet der grüne Jäger ein
Wild aus. Seine Hände rauchen von Blut und der
Schatten des Tiers seufzt im Laub über den Augen
des Mannes, braun und schweigsam; der Wald. Krähen,
die sich zerstreuen; drei. Ihr Flug gleicht einer Sonate,
voll verblichener Akkorde und männlicher Schwermut;
leise löst sich eine goldene Wolke auf. Bei der Mühle
zünden Knaben ein Feuer an. Flamme ist des Bleichsten
Bruder und jener lacht vergraben in sein purpurnes Haar;
oder es ist ein Ort des Mordes, an dem ein steiniger Weg
vorbeiführt. Die Berberitzen sind verschwunden, jahrlang
träumt es in bleierner Luft unter den Föhren;
Angst, grünes Dunkel, das Gurgeln eines Ertrinkenden:
aus dem Sternenweiher zieht der Fischer einen großen,
schwarzen Fisch, Antlitz voll Grausamkeit und Irrsinn.
Die Stimmen des Rohrs, hadernder Männer im Rücken
schaukelt jener auf rotem Kahn über frierende Herbstwasser,
lebend in dunklen Sagen seines Geschlechts
und die Augen steinern über Nächte und jungfräuliche
Schrecken aufgetan. Böse.
Was zwingt dich still zu stehen auf der verfallenen
Stiege, im Haus deiner Väter? Bleierne Schwärze. Was
hebst du mit silberner Hand an die Augen; und die
Lider sinken wie trunken von Mohn? Aber durch die
Mauer von Stein siehst du den Sternenhimmel, die
Milchstraße, den Saturn; rot. Rasend an die Mauer
von Stein klopft der kahle Baum. Du auf verfallenen
Stufen: Baum, Stern, Stein! Du, ein blaues Tier,
das leise zittert; du, der bleiche Priester, der es hinschlachtet
am schwarzen Altar. O dein Lächeln im
Dunkel, traurig und böse, daß ein Kind im Schlaf
erbleicht. Eine rote Flamme sprang aus deiner Hand
und ein Nachtfalter verbrannte daran. O die Flöte des
Lichts; o die Flöte des Tods. Was zwang dich still
zu stehen auf verfallener Stiege, im Haus deiner Väter?
Drunten ans Tor klopft ein Engel mit kristallnem
Finger.
O die Hölle des Schlafs; dunkle Gasse, braunes
Gärtchen. Leise läutet im blauen Abend der Toten
Gestalt. Grüne Blümchen umgaukeln sie und ihr Antlitz
hat sie verlassen. Oder es neigt sich verblichen über die
kalte Stirne des Mörders im Dunkel des Hausflurs;
Anbetung, purpurne Flamme der Wollust; hinsterbend
stürzte über schwarze Stufen der Schläfer ins Dunkel.
Jemand verließ dich am Kreuzweg und du schaust
lange zurück. Silberner Schritt im Schatten verkrüppelter
Apfelbäumchen. Purpurn leuchtet die Frucht im
schwarzen Geäst und im Gras häutet sich die Schlange.
O! das Dunkel; der Schweiß, der auf die eisige Stirne
tritt und die traurigen Träume im Wein, in der Dorfschenke
unter schwarzverrauchtem Gebälk. Du, noch
Wildnis, die rosige Inseln zaubert aus dem braunen
Tabaksgewölk und aus dem Innern den wilden Schrei
eines Greifen holt, wenn er um schwarze Klippen jagt
in Meer, Sturm und Eis. Du, ein grünes Metall und
innen ein feuriges Gesicht, das hingehen will und singen
vom Beinerhügel finstere Zeiten und den flammenden
Sturz des Engels. O! Verzweiflung, die mit stummem
Schrei ins Knie bricht.
Ein Toter besucht dich. Aus dem Herzen rinnt
das selbstvergossene Blut und in schwarzer Braue nistet
unsäglicher Augenblick; dunkle Begegnung. Du - ein
purpurner Mond, da jener im grünen Schatten des
Ölbaums erscheint. Dem folgt unvergängliche Nacht.


Traducción de Rodolfo Modern
Fuente foto



13 dic. 2010

Georg Trakl (1887-1914) - Tres poemas

No hay comentarios. :






Canción de Occidente


Oh, vuelo nocturno del alma;
como pastores fuimos otrora hacia bosques crepusculares,
y nos seguían el rojo venado, la verde flor y el manantial balbuciente
con humildad. Oh, la melodía antiquísima del grillo,
sangre floreciendo en el altar de los sacrificios,
y el grito del ave solitaria sobre la verde calma del estanque.

Oh, cruzadas y ardientes martirios
de la carne, caída de frutos purpúreos
en el jardín crepuscular, por donde en otros
tiempos pasaron los piadosos discípulos,
guerreros ahora, despertando de heridas y sueños estrellados.
Oh, el dulce manojo de ancianos por la noche.

Oh edades de silencio y áureos otoños,
cuando nosotros, monjes apacibles, prensábamos la uva purpúrea;
y en torno brillaban colina y bosque.

Oh, cacerías y castillos; quietud del atardecer
cuando el hombre meditaba en su aposento acerca de lo justo
o con muda oración combatía por la cabeza viviente de Dios

Oh la amarga hora del ocaso,
cuando contemplamos un rostro pétreo en negras aguas.
Pero resplandecientes abren sus párpados argénteos los amantes:
una estirpe. Incienso mana desde almohadones, rosados,
y el dulce canto de los resucitados.



El sueño

¡Os maldigo, oscuros venenos,
blanco sueño!
Este jardín tan extraño
de árboles crepusculares
llenos de serpientes, mariposas nocturnas,
arañas, murciélagos.
¡Forastero! Tu sombra perdida
en el crepúsculo,
un corsario sombrío
en el salino mar de la tristeza.
Revolotean blancos pájaros al borde de la noche
sobre ciudades de acero
que se desploman



A los que han enmudecido

Oh, la locura de la gran ciudad, cuando al atardecer
junto al negro muro miran absortos árboles raquíticos
tras máscara plateada asoma el espíritu del mal;
la luz expulsa con látigo magnético a la noche petrificada.
Oh, el sumergido doblar de las campanas al crepúsculo

Ramera, que en helado aguacero da a luz una Criatura muerta.
Furiosa azota la cólera del Dios la frente del poseído
peste purpúrea, hambre que destroza unos ojos verdes.

Oh, la risa terrible del oro.
Pero silenciosa se desangra en oscura caverna una humanidad muda,
y forja con duros metales la cabeza redentora.




Versión de Rodolfo Modern
Foto: C. P. Wagner (Innsbruck, 1910) Via



10 abr. 2007

Georg Trakl - Klage (Queja) - Bilingüe

No hay comentarios. :




Sueño y muerte, águilas de tiniebla,
rondan rumor de noche esa frente:
a la dorada imagen del hombre
parece engullir la ola helada
de lo eterno. En arrecifes estremecedores
púrpura el cuerpo zozobra.
Y se alza la oscura voz en su queja
de la mar.
Hermana en turbulenta pesadumbre,
mira una barca de angustia sumirse
entre estrellas
en el callado rostro de la noche.



Schlaf und Tod, die düstern Adler
Umrauschen nachtlang dieses Haupt:
Des Menschsen goldnes Bildnis
Berschlänge die eisige Woge
Der Ewigkeit. An schaurigen Riffen
Zerschellt der purpuren Leib.
Und es klagt die dunkle Stimme
Über dem Meer.
Schwester stürmischer Schwermut
sieh ein ängstlicher Kahn versinkt
Unter Sternen,
Dem schweigenden Antlitz der Nacht.


Traducción de José Luis Arántegui


Georg Trakl - Grodek (bilingüe)

No hay comentarios. :




De atardecida suenan los bosques otoñales
de armas mortales, las praderas doradas
y los lagos azulados, el sol sobre todo
se ahonda en sombras: la noche abraza
a guerreros moribundos, el quejido fiero
de sus bocas destrozadas.

Pero callada en el fondo de los prados,
roja nubareda que habita un dios de ira, se congrega
la sangre derramada, frío de luna;
todos los caminos desembocan en negra podredumbre.

Bajo doradas enramadas de la noche y las estrellas
por el soto silencioso va la sombra de la hermana dando tumbos,
saluda a los espectros de los héroes, las cabezas que aún sangran,
y quedas suenan en el juncal las flautas oscuras del otoño.

¡Tristeza orgullosa! ¡Altares de acero!
Alimenta hoy la llama ardiente del espíritu un dolor violento
de nietos no nacidos.
 




Am Abend tönen die herbstlichen Wälder
Von tödlichen Waffen, die goldnen Ebenen Und blauen Seen, darüber die Sonne Drüster hinrollt: umfängt die Nacht Sterbende Krieger, die wilde Klage Ihrer zerbrochenen Münder. Doch stille sammelt im Weidengrund Rotes Gewölk, darin ein zürnender Gott wohnt, Das vergossne Blut sich, mondne Kühle; Alle Straßen münden in schwarze Verwesung. Unter goldnem Gezweig der Nacht und Sternen Es schwankt der Schwester Schatten durch den schweigenden Hain, Zu grüßen die Geister der helden, die blutenden Häupter; Und leise tönen im Rohr die dunklen Flöten des Herbstes. O stolzere trauer! ihr ehernen Altäre, die heiße Flamme des Geistes nährt heute ein gewaltiger Schmerz Die ungebornen Enkel. 


Traducción de José Luis Arántegui