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2 nov. 2008

Thomas Bernhard – Los maestros antiguos (dos fragmentos)

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[…]

Si contemplamos un cuadro bastante tiempo, aunque sea el más serio, tenemos que caricaturizarlo, dijo, para soportarlo, y así tenemos también que convertir a nuestros padres en caricaturas, a nuestros superiores, si los tenemos, en caricaturas, al mundo entero en caricatura, dijo. Mire usted bastante tiempo un autorretrato de Rembrandt, cualquiera, y se le convertirá a la larga, con toda seguridad, en caricatura, y se apartará de él. Mire usted bastante tiempo el rostro de su padre, y se le convertirá en caricatura y se apartará de él. Lea a Kant con insistencia y con más insistencia aún y de pronto le dará un ataque de risa, dijo. Al fin y al cabo, todo original es ya en realidad, en sí, una falsificación, dijo, ya comprende lo que quiero decir. Naturalmente, hay fenómenos en el mundo, en la naturaleza, como usted quiera, que no podemos ridiculizar, pero en el arte se puede ridiculizar todo, todo hombre puede ser ridiculizado y convertido en caricatura si queremos, si lo necesitamos, dijo. Eso, si estamos en condiciones de ridiculizar, no siempre estamos en condiciones, y entonces se nos lleva la desesperación y luego el diablo, dijo. Da igual qué obra de arte, puede ser ridiculizada, dijo, que se le presenta a uno como grande y, en un instante, uno la ridiculiza, lo mismo que también a un ser humano, al que hay que ridiculizar porque no se puede hacer otra cosa. Pero la mayoría de los seres humanos son realmente ridículos, dijo Reger, y uno se ahorra el ridiculizarlos y la caricatura. La mayoría de los seres humanos, sin embargo, son incapaces de caricaturizar, lo contemplan todo hasta el final con una terrible seriedad, dijo, y no se les ocurre la idea de hacer una caricatura, dijo."

 

[…]

 

tintoretto

El mundo no es más que algo intranquilizador en donde nadie encuentra ya protección, ni uno sólo, así Reger en el Ambassador. Entonces Reger miró El hombre de la barba blanca y dijo, la verdad es que la muerte de mi mujer no es sólo mi mayor desgracia, también me liberó. Con la muerte de mi mujer me volví libre, dijo, y cuando digo libre, quiero decir totalmente libre, libre en mi totalidad, completamente libre, si sabe usted o sospecha al menos lo que eso quiere decir.  Ya no espero la muerte, vendrá por sí misma sin que piense en ella, si viene, me resulta totalmente indiferente cuándo. La muerte del ser querido es también la monstruosa liberación de todo nuestro sistema, dijo Reger entonces. Con esa sensación, la de que soy completamente libre, existe desde hace ya bastante tiempo. Ahora puedo dejar que todo me llegue, realmente todo, sin tenerme que defender de ello, ya no me defiendo, así son las cosas, así Reger entonces. Mirando El hombre de la barba blanca dijo, realmente me ha gustado siempre El hombre de la barba blanca, Tintoretto no me ha gustado pero sí El hombre de la barba blanca de Tintoretto. Desde hace más de treinta años miro ese cuadro y todavía puedo seguir mirándolo, no hubiera podido mirar ningún otro cuadro más de treinta años. Los Maestros Antiguos cansan rápidamente, si los miramos sin escrúpulos, y decepcionan siempre si los sometemos a una contemplación detallada, si, por decirlo así, los convertimos en objeto brutal de nuestro entendimiento crítico. La verdad es que esa forma de contemplación realmente crítica no la resiste ninguno de los llamados Maestros Antiguos, así Reger ahora. Leonardo, Miguel, Tiziano, se nos deshacen ante los ojos increíblemente de prisa y al final un arte de supervivencia, aunque sea genial e indigente, se revela como un indigente intento de supervivencia. […]

 

Transcripción de Los Maestros Antiguos

Versión española de Miguel Sáenz

Madrid, Alianza Tres, 1991

23 dic. 2007

Tintoretto - Galería

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Tintoretto en el Museo del Prado