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16 ago. 2013

Rainer María Rilke: "Viraje decisivo" (bilingüe) en la correspondencia con Lou Andreas Salomé

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Carta enviada a Göttingen desde París hacia mediados de junio

París, sábado 20 de junio de 1914

Lou querida, he aquí un extraño poema escrito esta mañana, que te envío ahora mismo, y al que espontáneamente he titulado «Wendung» porque representa el viraje decisivo que se producirá probablemente con toda necesidad si tengo que vivir, y comprenderás en qué sentido lo concebí.

Tu carta en respuesta a mi estudio sobre las «Muñecas» la había presentido, suponiendo que me escribirías una de consuelo, que manifestara una impresión apropiada para ordenarlo. Y, en efecto, comprendo perfectamente lo que reconoces en ella, así como la última frase que las «palabras» son incapaces de expresar, esa última frase con relación a la unidad que la muñeca forma con lo corporal y sus más horribles fatalidades.

Pero, qué espantoso es que uno escriba semejante cosa sin darse cuenta de nada, so pretexto de hablar de un recuerdo de la más original intimidad, y que a continuación deje uno la pluma con ansias de revivir una vez más lo fantasmal, pero de manera ilimitada como nunca antes lo había hecho; hasta que, lleno a rebosar de estopa el cuerpo de títere en que uno mismo se ha convertido, se quede con la boca reseca.

Tu Rainer


Viraje decisivo

                                            El camino que lleva de la intimidad
                                           a la grandeza pasa por el sacrificio
.

                                                                                             Kassner

Lentamente se la ganó con la mirada en reñida lucha.
Los astros doblaban la rodilla
bajo la violencia de sus ojos alzados.
O volvía a contemplar arrodillado,
y el perfume de su insistencia
doblegaba algo divino,
ella le sonreía, adormecida.
Las torres que así contemplaba, se estremecían:
edificadas otra vez, hacia las alturas, de un vistazo.
Mas cuan a menudo, de día
sobrecargado, el paisaje, al anochecer
reposaba, tendido sobre su silencioso percibir.

Los animales entraban confiados
en la abierta mirada, paciendo,
y cautivos los leones
los observaban con sus ojos fijos cual una libertad inconcebible;
unos pájaros lo atravesaban con su vuelo,
a él, el insensible; unas flores
se reflejaban en él
grandes como en un alma infantil.

Y el rumor de que existía un contemplativo tal
conmovía a los menos
improbablemente visibles,
conmovía a las mujeres.

¿Mirando desde hace cuánto tiempo?
¿Desde hace cuánto tiempo privándose ya íntimamente
suplicando en el fondo de la mirada?
Cuando él, que vivía en la espera, un país extranjero,
sentado en la habitación de un albergue,
sentado en la habitación dispersa, alejada de él, que
lo rodeaba de un ambiente taciturno, y en el espejo evitada
de nuevo la habitación,
y más tarde, vista desde el fondo de su torturadora cama, otra vez
la habitación: entonces deliberaba esto al vacío,
imperceptiblemente, deliberaba a propósito de su corazón sensible,
en el fondo de su cuerpo trastornado de dolor,
de su corazón a pesar de todo sensible,
esto deliberaba y juzgaba ese corazón:
no poseía nada del amor.
(Y le eran rechazadas nuevas consagraciones).
Ya está, se ha puesto un límite a la mirada.

Y el universo mirado
quiere alcanzar su plenitud en el amor.
La labor de la vista está hecha,
haz en adelante la labor del corazón
con respecto a tus imágenes, esas imágenes cautivas; pues tú
las habías vencido: pero sigues sin conocerlas.
Mira, hombre interior, tu interior muchachita
conquistada en reñida lucha
contra mil naturalezas,
esta criatura sólo conquistada, todavía no amada.



Wendung

                                   Der Weg von der Innigkeit zur Größe
                                   geht durch das Opfer.
                                                                                     Kassner

Lange errang ers im Anschaun.
Sterne brachen ins Knie
unter dem ringenden Aufblick.
Oder er anschaute es knieend,
und seines Instands Duft
machte ein Göttliches müd,
dass es ihm lächelte schlafend.

Türme schaute er so,
dass sie erschraken:
wieder sie bauend, hinan, plötzlich, in Einem!
Aber wie oft, die vom Tag
überladene Landschaft
ruhete hin in sein stilles Gewahren, abends.

Tiere traten getrost
in den offenen Blick, weidende,
und gefangenen Löwen
starrten hinein wie in unbegreifliche Freiheit;
Vögel durchflogen ihn grad,
den gemütigen; Blumen
wiederschauten in ihn groß wie Kinder.

Und das Gerücht, dass ein Schauender sei,
rührte die minder,
fraglicher Sichtbaren,
rührte die Frauen.

Schauend wie lang?
Seit wie lange schon innig entbehrend,
flehend im Grunde des Blicks?

Wenn er, ein Wartender, saß in der Fremde; des Gasthofs
zerstreutes, abgewendetes Zimmer
mürrisch um sich, und im vermiedenen Spiegel
wieder das Zimmer
und später vom quälenden Bett aus
wieder:
da beriets in der Luft,
unfassbar beriet es
über sein fühlbares Herz,
über sein durch den schmerzhaft verschütteten Körper
dennoch fühlbares Herz
beriet es und richtete:
dass es der Liebe nicht habe.

(Und verwehrte ihm weitere Weihen.)

Denn des Anschauns, siehe, ist eine Grenze.
Und die geschaute Welt
will in der Liebe gedeihn.

Werk des Gesichts ist getan,
tue nun Herz-Werk
an den Bildern in dir, jenen gefangenen; denn du
überwältigtest sie: aber nun kennst du sie nicht.
Siehe, innerer Mann, dein inneres Mädchen,
dieses errungene aus
tausend Naturen, dieses
erst nur errungene, nie
noch geliebte Geschöpf.


Correspondencia Rainer Maria Rilke- Lou Andreas Salomé
a partir de la establecida y publicada por Ernst Pfeiffer 
(Max Niehans Verlag Zurich u. Insel Verlag Wiesbaden 1952) 
Prólogo de Pierre Klossowski
Postfacio de Miguel Morey
Traducción de José María Fouce
Barcelona, Hesperus, 1981 y 1997
Fuente del texto original en alemán
Foto: Rainer Maria Rilke, 1906, por George Bernard Shaw

26 ene. 2012

Ernesto Schoo: Encuentro de Virginia Woolf y George Bernard Shaw

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Hace años que vengo leyendo los "Diarios" de Virginia Woolf. Me lleva tanto tiempo porque son cinco tupidos tomos, en la edición de bolsillo de Penguin, 1982-87, editados por su sobrino, Quentin, y la mujer de éste, Anne Olivier Bell. En el tercer volumen, que abarca de 1925 a 1930, Virginia se ve obligada por cortesía y contra su voluntad , a asistir a un garden-party ofrecido por el célebre economista John Maynard Keynes (1883-1946) y su mujer, que había pertenecido a los Ballets Rusos de Diaghileff, Lydia Lopokova, en su casa en Londres, 46 Gordon Square. La fecha es el 19 de diciembre de 1929.

Allí, Virginia se encuentra con George Bernard Shaw. Ella cumpliría, el 25 de enero de 1930, 48 años; él tiene en ese momento 63 años y es, sin duda, el más famoso de los dos, aunque Virginia ya ha publicado "Al faro", "La señora Dalloway", "Orlando", y su ensayo "Un cuarto propio". La anotación en el "Diario" comienza con esta frase de Shaw : "En toda mi vida no he escrito otra cosa que poesía". La Woolf no dice nada y él continúa (hablar de sí mismo le fascinaba, como a casi todo el mundo): "Alguien ha escrito un libro demostrando cómo, con la simple alteración de una palabra o dos, todo un acto de mi obra «El dilema del doctor» es rimado. En verdad, mi gusto por rimar es tan fuerte que el otro día, cuando tuve que copiar una página de Wells, en la mitad mi pluma se detuvo. Yo estaba deseando escribir con mi propio ritmo, pero hasta ese momento ignoraba cuán fuerte es esa tendencia en mí. La mejor de mis obras es «Heartbreak House». La escribí después de encontrarme con usted y su marido en casa de los Webb, en Sussex. Acaso usted la inspiró".

Virginia, que solía alarmar a sus amigos por su franqueza, le dice a su interlocutor: "Pero usted escribe en irlandés, señor Shaw" (GBS había nacido en Irlanda). "Sí - le contesta él, sin molestarse - y lo mismo pasaba con George Moore, de quien Emile Zola me dijo un día que era el mayor novelista inglés" (Moore, 1852-1933, es considerado un escritor menor, más conocido como personaje pintoresco de la bohemia de París, donde pasó casi toda su vida y alternó en los cafés con los impresionistas y con Oscar Wilde). Prosigue Shaw: "Estoy recopilando mis trabajos. Descubrí que he escrito millones de palabras sobre el teatro, como crítico. No sé qué hacer con todo eso. Mi mujer quiere que no lo incluya en las obras completas, pero a mí me parece que es una curiosa visión de aquellos tiempos. ¡Me avergüenza pensar que alguna vez pude escribir tan mal! La colección se limitará a veintiún tomos. Se van a vender en los Estados Unidos con diferentes encuadernaciones. Algunas en cuero, carísimas; otras, mucho más baratas. No soy modesto, pero yo mismo me sonrojé ante lo que tuve que escribir como publicidad, para mis editores. Cosas como «esencial para cada hogar» y otras por el estilo".


* * *


Según el diario de Virginia, a continuación GBS hace una declaración inesperada, aunque evidentemente dirigida a ella, conocida por su lucha a favor de la emancipación de la mujer ("Un cuarto propio"): "Yo pienso que, digamos, entre doce personas siempre habrá tres mujeres tan inteligentes como los hombres. Lo que siempre les he dicho a las mujeres es que se dirijan a las instituciones del gobierno. No insistan en el voto, busquen representantes. Las mujeres son mucho más entusiastas en el trabajo que los hombres. Hacen cosas. Los hombres se la pasan chismorreando en el club".

Virginia lo halaga: "Pero usted ha hecho más que nadie por nosotras. Gracias a usted, mi generación es diferente".

Virginia se suicidó el 28 de marzo de 1941, ahogándose en el río Ouse. GBS murió en su cama el 2 de noviembre de 1950.







En La Nación, 18 de marzo de 2006



16 ago. 2011

George Bernard Shaw - Por qué Darwin contentó a los socialistas

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No fueron los humanitarios los únicos, entre los agitadores, en acoger bien a Darwin. Darwin tuvo la suerte de complacer a todo el que quería ventilar algunas opiniones. Los militaristas fueron tan entusiastas como los humanitarios, los socialistas y los capitalistas. A los socialistas los animaba especialmente la insistencia de Darwin en la influencia del ambiente, Quizá el baluarte moral más firme del capitalismo sea la creencia en la eficacia del sentido individual de lo justo, Robert Owen hizo desesperados esfuerzos para convencer a los ingleses de que sus masas de criminales, borrachos, ignorantes y estúpidos eran víctimas de las circunstancias; de que si estableciéramos un nuevo mundo moral veríamos que las masas nacidas en una colectividad ilustrada y moral serían también ilustradas y morales. La respuesta natural a esto se encuentra en la Vida de Goethe, por Lewes. Lewes se burló de la idea de que al carácter lo gobiernan las circunstancias, La semejanza de las circunstancias difícilmente se puede llevar a un nivel más desoladamente muerto que en el caso de los individuos que nacen en casas de campo inglesas y luego los mandan primero a Eton o Harrow y después a Oxford o Cambridge para que les formen la mente y los hábitos. Si algo pudiera destruir la individualidad, sería eso. Sin embargo, de una educación como ésa salen individuos tan distintos como Pitt y Fox, Lord Russell y Lord Curzon, Winston Churchill y Lord Robert Cecil. Si la jirafa puede desarrollar su cuello a fuerza de intentarlo, un hombre puede desarrollar su carácter de la misma manera. La vieja frase de que "querer es poder" condensa en un proverbio la teoría lamarckiana de la adaptación funcional. Esto les pareció a los espíritus fuertes alentadoramente moral, y tranquilizadoramente piadoso a los espíritus débiles. Entonces la réplica más eficaz a un socialista era decirle que se reformara a sí mismo antes de pretender reformar la sociedad, Al rico le era muy agradable pensar que su superioridad la debía a su propio carácter, La revolución industrial había hecho monstruosamente ricos a numerosos codiciosos sin ningún talento. Nada podía ser para ellos más humillante y amenazador que la opinión de que la lluvia de oro que les había entrado en sus bolsillos era tan meramente accidental, en nuestro sistema industrial, como la lluvia de agua que caía sobre sus paraguas, Nada, tampoco, más halagador y fortificante que la suposición de que eran ricos porque eran virtuosos.

El darwinismo barrió ese concepto individual de lo justo, e hizo más que justificar a Robert Owen: descubrió que el ambiente ejerce en un organismo una influencia más patente que la que decía Owen, Esa influencia implica que los haraposos callejeros son producto de tugurios y no del pecado original; que las prostitutas son producto de salarios de hambre y no de la concupiscencia femenina. Volcó también la autoridad de la ciencia sobre el socialista que dijo que quien quiera reformarse a sí mismo debe empezar por reformar la sociedad. Sugirió que para que haya ciudadanos sanos y ricos se necesitan ciudades sanas y ricas, y que éstas no pueden existir sino en países sanos y ricos, Así se podía llegar a la conclusión de que el tipo de persona indiferente al bienestar de sus vecinos mientras su propio apetito quede satisfecho es un tipo desastroso, y que el tipo de persona que se preocupa hondamente de su ambiente es el único posible para una colectividad permanentemente próspera, Mostró que los sorprendentes cambios que Robert Owen produjo en niños que trabajaban en fábricas, cambios que ahora no nos parecen demasiado generosos, no eran nada en comparación con los cambios -no sólo de hábitos sino de especies, no sólo de especies sino de órdenes- concebibles por la actuación del ambiente sobre los individuos sin carácter y sin que intelectualmente se den cuenta de que ocurren. No es de extrañar que los socialistas recibieran a Darwin con los brazos abiertos.


En Vuelta a Matusalen (Pentateuco metabiológico)
Imagen: E.O. Hoppe, 1923



29 nov. 2010

León Tolstoi - Carta a Bernard Shaw

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León Tolstoi © Bettmann/CORBIS






Yásnaía Poliana, 17 de agosto de 1908


Querido Señor Shaw:

Dispénseme si hasta hoy no le he dado las gracias por el libro remitido a través del Sr. Mood. Hoy, releyéndolo y prestando singular atención a los pasajes que usted indica, he apreciado de modo singular las palabras de Don Juan en el intermedio (aunque pienso que el tema podría ganar mucho si se tratase con más seriedad, y no como inserción casual en la comedia) y The Revolutionist's Handbook.

Antes que nada, sin ningún esfuerzo he coincidido por entero con las palabras de Don Juan, en cuanto a que héroe es aquel "canto no al arma ni al héroe, sino al filósofo: a quien merced a la contemplación alcanza la voluntad interior del mundo, merced a los inventos halla los medios para el cumplimiento de esa voluntad y merced a la acción crea esa voluntad con ayuda de los medíos hallados por él"; lo propio que en mi lengua se expresa con los términos: conocer en uno mismo la voluntad de Dios y seguirla.

Después de esto, me ha gustado especialmente vuestra actitud con respecto a la civilización y el progreso, esa idea en absoluto justa de que por mucho que sigan una y otro no pueden mejorar el estado de la humanidad, si los hombres no cambian.

Lo que distingue nuestros pareceres estriba en que -cree usted- la mejora de la humanidad tendrá lugar cuando los hombres llanos se hagan superhombres o nazcan nuevos superhombres; y -como creo yo- eso mismo pasará cuando los hombres desechen de las religiones verdaderas, incluyendo el cristianismo, las impurezas que las desfiguran, y uniéndose todos en una sola comprensión de la vida, que yace en el fondo de todas las religiones, establezcan su racional actitud ante el infinito principio del mundo y sigan la norma de vida que de aquél se deriva.

Lo que tiene mi método de ventaja sobre el suyo para librar del mal a los hombres consiste -como es fácil de imaginar- en que masas ingentes del pueblo, incluso poco instruidas o completamente ignorantes, pueden aceptar una religión auténtica y seguirla; mientras que para la formación del superhombre a base de los seres que ahora existen, así como para el nacimiento de nuevos, hacen falta condiciones tan excepcionales y tan poco realizables de por sí como la enmienda del género humano por medio del progreso y la civilización.

Querido Mr. Shaw; la vida es una seria y gran cosa, y en el breve intervalo de tiempo que se nos ha dado, todos en general tenemos que procurar encontrar nuestro destino y cumplirlo en cuanto sea posible. Eso concierne a cada hombre y, en particular, a usted, con sus enormes dotes, original pensamiento y penetración en lo sustancial de cualquier problema.

Es ésa la razón, confiando animoso en no agraviarle, por la que le diré las deficiencias que me ha parecido encontrar en su libro.

Como primer defecto del mismo coloco vuestra falta de seriedad. No se puede hablar en son de broma de un tema como el destino de la vida humana o de las causas de su aberración y del mal que llena la existencia de nuestra humanidad. Me habría gustado que las expresiones de Don Juan no fueran visionarias, sino las expresiones de Shaw; y al igual que The Revolutionist's Handbook no se atribuyese al inexistente Tanner, sino a Bernard Shaw, viviente y responsable de sus palabras.

Como segundo reproche le digo que tratándose de cuestiones de suma importancia -y así lo son las que usted aborda- y de personas con una comprensión tan honda de los males de nuestra vida y una capacidad de exposición tan brillante como la suya, hacer de aquéllas simple objeto de sátira puede más bien perjudicar que contribuir a la solución de las mismas.

Pretende con su libro sorprender y asombrar al lector con su gran erudición, ingenio y talento. Todo eso, además de no hacer falta para la solución de las cuestiones a que usted se refiere, frecuentemente desvía la atención del lector de la esencia del tema atrayéndolo con el brillo de la exposición.

Sea como sea, creo que el libro expresa vuestras opiniones no en pleno y claro desarrollo, sino sólo en estado embrionario. Creo que, en su posterior desarrollo, tales opiniones le llevarán a la verdad única que todos buscamos y a la que nos vamos acercando poco a poco.

Sé que sabrá perdonarme si en lo expuesto hay algo que no sea de su agrado. Lo hice así porque reconozco sus altísimas dotes y guardo hacia usted personalmente los más amistosos sentimientos, con los que quedo suyo.

León Tolstoi


25 jun. 2010

George Bernard Shaw - Qué soy y qué pienso

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Este catecismo apareció en una revista de corta vida, llamada "El Amigo Sincero", en dos números, el 11 y el 18 de mayo de 1901.


Me pide usted que le diga algo acerca de mis padres y de la influencia que éstos han tenido en mi vida.

Es imposible proporcionarle una visión a lo RougonMacquart de mí mismo, en menos de veinte volúmenes. Permítame que le cuente algo acerca de mi padre. Cuando yo era niño me dio mi primer chapuzón en la bahía de Killiney. Precedió el acto de una exhortación sumamente seria en cuanto a la importancia de aprender a nadar, que culminó con estas palabras: "Cuando yo tenía apenas catorce años mi conocimiento de la natación me permitió salvar la vida de tu tío Robert." Luego, viendo que yo estaba profundamente impresionado, se inclinó y me dijo al oído con tono confidencial: "Y, para decirte la verdad, nunca en mi vida lamenté nada tanto como eso." Y a renglón seguido se zambulló en el océano, gozó de una sesión sumamente refrescante de natación y rió durante todo el camino de regreso.

Nunca he tratado conscientemente de conseguir un anticlímax; ellos se dan naturalmente en mis escritos. Pero no cabe duda de que existe alguna relación entre la risa de mi padre y el placer producido en el teatro por mis métodos de autor de comedias.

¿Cuándo sintió por primera vez inclinaciones a escribir?

Nunca sentí inclinaciones a escribir, como nunca me sentí inclinado a respirar. Jamás se me ocurrió que mi sentido literario fuese excepcional. Alababa, en cambio, a todos los que lo poseían, porque, para el hombre que la posee, no existe nada de milagroso en una facultad natural. En arte, el aficionado, el coleccionista, el entusiasta son los que carecen de la facultad de producirlo. El veneciano quiere ser soldado de caballería, el gaucho querría ser marinero, el pez quiere volar y el pájaro nadar. Yo nunca quise escribir. Ahora conozco, naturalmente, lo raro de la facultad literaria, pero ni aun así la deseo. No se puede desear una cosa y tenerla al mismo tiempo.

¿Qué forma asumió al principio su obra literaria?

Recuerdo que cuando era un muchacho elaboré un cuento corto y lo envié a cierto periódico juvenil. Trataba de un hombre con una escopeta, que atacaba a otro hombre en el Valle de las Tierras Bajas. La escopeta era mi centro de interés. Mi correspondencia con Edward McNulty anuló mi incipiente energía literaria.

Llevé otra larga correspondencia, esta vez con una dama inglesa (Elinor Huddart), cuyas novelas férvidamente imaginativas la habrían hecho conocida si yo hubiera podido convencerla de que hiciera público su nombre, o al menos de que retuviera su seudónimo literario en lugar de cambiarlo en cada libro. Mis primeras obras fueron, virtualmente, las cinco novelas que escribí de 1879 a 1883 y que nadie quiso publicar. Comencé una obra profana sobre la Pasión, en la que la madre del protagonista era una arpía, pero no logré terminarla. Afortunadamente para mí siempre fui un fracasado para las cosas superficiales. Mis tentativas de hacer Arte por el Arte mismo no tuvieron ningún éxito. Era como querer clavar clavos a martillazos en hojas de papel de escribir.

Pregunta usted cuándo comencé a interesarme por las cuestiones políticas y en qué forma afectaron éstas mi trabajo.

Bien, ya sabe que a principios de la década del 1880 escuché una conferencia de Henry George y que ella me abrió los ojos en cuanto a la importancia de la economía. Leí a Marx. Pues el verdadero secreto de la fascinación de Marx es el atractivo que ofrece a una pasión innominada y no reconocida: el odio que las personas más generosas del sector respetable y educado sienten hacía las instituciones de la clase media que las hambrearon, frustraron, mal encaminaron y corrompieron desde la cuna. "El Capital" de Marx no es un tratado sobre el socialismo; es una jeremiada contra la burguesía, respaldada por una masa de pruebas oficiales y un implacable talento judío para la acusación. Fue dirigido a las masas obreras. Pero los obreros respetan a la burguesía y quieren ser burgueses. Fueron los hijos rebeldes de la propia burguesía, Lassalle, Marx, Liebknecht, Morris, Hyndman (agréguese a Lenin, Trotsky y Stalin), todos ellos burgueses, como yo, quienes dieron su color rojo a la bandera. Bakunin y Kropotkin, pertenecientes a la nobleza y a la casta militar, fueron nuestra extrema izquierda anarquista. Las clases de los segundones profesionales y empobrecidos constituyen el elemento revolucionario de la sociedad, como bien lo sabía Disraeli, el tory demócrata. Marx me hizo socialista y me salvó de convertirme en un literato.

¿Cuál fue su primer éxito verdadero? Dígame qué sintió en esa oportunidad. ¿Alguna vez desesperó de poder triunfar?

Nunca tuve éxito alguno. En ese sentido, el éxito es una cosa que le asalta a uno y le quita la respiración, como asaltó a Byron, a Dickens y a Kipling. Lo que me asaltó a mí fue un repetido fracaso. Cuando las derrotas fueron disminuyendo yo estaba demasiado enterado como para asignar gran importancia al éxito o a los fracasos.

La pobreza, ¿es un obstáculo en el camino del éxito u obra como incentivo para lograrlo?

La pobreza y la falta de comodidad -comodidad que sólo el socialismo puede dar- esterilizan desastrosamente a ese pequeño porcentaje de la población que ha sido dotado por la naturaleza de la capacidad de pensar y dirigir, sin el cual el socialismo es imposible.

Pero si usted se refiere a la pobreza vergonzante, entonces lo único que puedo decirle es que nuestro sistema social está tan irreflexivamente organizado que resulta imposible saber cuál es el mayor obstáculo para un escritor: si el dinero o la falta de él. No podría comprometerme a volver a escribir The Pilgrim's Progress y Fors Clavígera como si Ruskin hubiera sido un hojalatero y Bunyan un caballero de recursos independientes. Pero si bien no estoy seguro de que la falta de dinero estropee a un hombre pobre más de lo que su posesión estropea a un rico, estoy completamente cierto de que la clase que tiene las pretensiones, los prejuicios y las costumbres de los ricos sin su dinero y la pobreza de los pobres sin la franqueza necesaria para confesarla -la clase que no concurre al teatro porque no puede pagarse una butaca y se avergüenza de ser vista en cazuela-, es la que está en peor situación de todas. Estar en la cuesta abajo, desde el cenit de la haute bourgeoisie y la clase media terrateniente hasta el nadir en que el biznieto de los segundones abandona la lucha por guardar las apariencias, en la imposibilidad de hacer que trescientas libras esterlinas anuales parezcan ochocientas en Irlanda y Escocia, o que quinientas parezcan cinco mil en Londres; no ser educado en la escuela proletaria ni en la politécnica, sino en alguna barata academia privada, elegida al azar, para los hijos de los caballeros; excluir a los pobres de la lista de personas visitables y descubrir después que el resto del mundo lo excluye a uno, todo eso es la pobreza en su aspecto más detestable. Y, sin embargo, buena parte de nuestra literatura y periodismo ha surgido de ella. Piénsese en la humillación de Dickens niño en el almacén de betún y en su constante resentimiento por el hecho de que su madre quiso mantenerle allí. Piénsese en Trollope estudiando en una escuela para las clases superiores, con agujeros en los pantalones porque su padre no se resignaba a desprenderse de un criado. ¡Puf! Importa poco que uno sea un vagabundo o un millonario; lo que sí importa es ser pariente pobre de un rico, y eso es lo peor.

El comunismo fue mi salvación. Aunque carecía casi de dinero, tenía una magnífica biblioteca en Bloomsbury, una inapreciable galería de cuadros en la plaza Trafalgar y otra en Hampton Court, sin sirvientes a los que cuidar ni alquileres que pagar. Y la naturaleza me había concedido el cerebro necesario para usarlas. En cuanto a la música profesional, más tarde se me llegó a pagar para que me saturara de la mejor que podía encontrarse desde Londres hasta Bayreuth. ¿Amigos? Mi lista de visitas ha sido siempre de un valor incalculable.

Después de todo, ¿qué podía haber comprado con dinero más que suficiente para alimentos, vestidos y alojamiento? ¿Cigarros? No fumo. ¿Champagne? No bebo. ¿Treinta juegos de trajes elegantes? La gente a la que deseo evitar me habría invitado a cenar si hubiese permitido que me convenciesen de que usara esas cosas. Ahora ya puedo permitirme todo eso, pero no compro nada que no comprara antes. Además, tengo imaginación. Desde que poseo memoria no he tenido más que cerrar los ojos para hacer lo que quería. ¿Qué son esos lujos de relumbrón de la calle Bond para mí, George Bernard Sardanápalo? Agoté los ensueños diurnos románticos antes de llegar a los diez años de edad. Los novelistas populares escriben ahora los cuentos que yo me contaba a mí mismo (y a veces a otros) antes de cambiar mi primera dentadura.

Algún día trataré de descubrir una genuina psicología de la novela escribiendo la historia de mi vida imaginada: duelos, batallas, lances amorosos con reinas y todo. La dificultad reside en que gran parte de ello es demasiado crudamente erótico como para poder ser escrito por un escritor que tenga alguna delicadeza. (Cuando escribía esto, en 1901, no creía que un autor tan completamente carente de delicadeza como Sigmund Freud pudiera, no sólo aparecer en figura humana, sino, además, hacerse tan famoso, e incluso instructivo, gracias a su defecto, como podría lograrlo un ciego que escribiera sobre pintura. Y no supuse tampoco que llegara a levantar la excomunión a los graves tratados sobre el sexo de Havelock Ellis. )

¿Qué opina del periodismo como profesión?

El periodismo diario, como que está más allá de las fuerzas y la resistencia mortal, adiestra a los literatos para que hagan una frangolla de su trabajo. Por lo menos un artículo semanal es posible. Yo hice uno durante diez años, preocupándome todo lo que me era posible por llegar al fondo de cada una de las frases que escribía. Hay una indescriptible ligereza ,no trivialidad, nótese bien, sino ligereza o levedad, algo del reino de los duendes, en las conclusiones del escritor que quiere encarar la tarea de bucear en ellas. Las verdades a medias son congruas, pesadas, serias, sugerentes de un filósofo de edad madura o avanzada. Las conclusiones plenamente razonadas son a menudo lo primero que aparece en el cerebro de un tonto o un niño. Y resulta no sólo sorprendente, sino divertido, cuando el razonador se abre paso por la fuerza para llegar a ellas, a través de las varias capas de sus propias falsedades.

Diez años de esa tarea representaron un aprendizaje que me convirtió en maestro en mi profesión. Pero no era periodismo cotidiano. Yo no habría podido alcanzar la calidad que alcancé si hubiera querido hacer algo más que un articulo semanal. Y ni siquiera habría podido hacer eso si durante el resto de la semana no me hubiese hundido hasta el cuello en otras actividades, adquirido otras eficiencias y atiborrádome al mismo tiempo de vida y de experiencia. Mis entradas de periodista comenzaron en 1885 con ciento diecisiete libras, cero chelines, tres peniques. Y terminó con unas quinientas libras, habiendo yo llegado ya en esa época a la edad en que descubrimos que el periodismo es una gran ayuda para un joven y no la subsistencia de un anciano. Por lo tanto -saco en conclusión-, incluso el periodismo semanal es sobrehumano, excepto para los jóvenes. Los de más edad deben hacer un periodismo frangollón y los jóvenes deben vivir sencilla y frugalmente si quieren llevar su autoridad al plano en que se les permite decir lo que piensan. Es claro, no hacen nada de eso. Si lo hicieran, el periodismo les adiestraría en literatura como ninguna otra cosa puede lograrlo. Les adiestraría, pero no lo hace. En cambio, les arruina. Si uno quiere plantear un problema, un periodista práctico puede hacerlo, con un aire que se parece lo más posible al ofrecimiento de una solución. Pero jamás la ofrece. No tiene tiempo para ello. Y no le pagarían mejor por las soluciones, aunque lo tuviera. De modo que esboza el planteo y esquiva la solución.

¿Fué siempre usted vegetariano? ¿Cómo se convirtió al vegetarianismo?

No. Fuí caníbal durante veinticinco años. El resto de mi vida he sido vegetariano. Fué Shelley quien por primera vez me abrió los ojos al hecho de lo salvaje de mi dieta. Pero sólo en 1880, aproximadamente, el cambio de régimen alimenticio me fue facilitado por el establecimiento de restaurantes vegetarianos en Londres.

Mi vegetarianismo produce un extraño efecto en mis críticos. Uno lee un artículo que pretende ser un análisis de mi último libro y descubre que lo que el crítico realmente hace es defender su vida privada contra la mía, y que lo que se lee es la apologia pro sua vita de un hombre profundamente ofendido. El crítico trata de llevar a cabo su habitual e imponente trabajo de pluma, pero le ahoga la sangre del Establo Abastecedor Deptford y los espantosos bosques de esqueletos del mercado Farringdon se yerguen ante él. Toda esta mauvaise honte es el remordimiento del carnívoro en presencia de un hombre que es la prueba viviente de que ninguna carne es indispensable para triunfar en la vida y la literatura. Todas mis otras manías les son familiares y a menudo las comparten. Pero esta es una cuestión de culpabilidad por derramamiento de sangre y das Blut ist ein ganz besondrer Saft*

La vida matrimonial, ¿ha producido alguna diferencia en sus puntos de vista?

¿A qué llama usted vida matrimonial? La verdadera vida de matrimonio es la del joven y la doncella que arrancan una flor y hacen caer un alud sobre sus hombros. Treinta años de trabajos de Atlas y luego descanso de pater y materfamilias. ¿Qué puede decirle del matrimonio la gente sin hijos, con rentas independientes, casada a los cuarenta años como yo? No sé nada de él, como no sea desde el ángulo de enfoque del espectador.

¿Cuál es su honrada opinión acerca de G. B. S.?

Oh, es uno de los más exitosos de mis inventos literarios, pero creo que ya se está haciendo un poco aburridor. G. B. S. sólo deja de aburrirme cuando dice algo que es preciso decir y que únicamente puede ser dicho en el estilo de G. B. S. G. B. S. es una patraña.

¿Cómo define usted el humorismo?

Como cualquier cosa que haga reír. Pero el mejor humorismo es el que arranca una lágrima junto con la carcajada.

Dígame una palabra en punto al significado de la comedia, según usted.

Esta irreflexiva exigencia de un significado es lo que produce la comedia. Me pide que se lo dé en una palabra, aunque todavía nos falta más de un millón de años para ver al mundo tal como es. Intelectualmente seguimos siendo niños de teta. Quizá será por eso que la expresión facial de un bebé sugiere tan intensamente la del filósofo profesional. Toda su energía mental es absorbida por su lucha por adquirir conciencia física. Se encuentra en la etapa de aprender a interpretar las sensaciones de sus ojos, oídos, narices, lengua y yemas de los dedos. Se muestra ridículamente encantado con un juguete tonto y absurdamente aterrorizado por un espantajo inofensivo. Bien, nosotros somos todavía tan niños en el mundo del pensamiento como lo éramos a los dos años de edad en el mundo de los sentidos. Los hombres no son para nosotros verdaderos hombres; son héroes y villanos, personas respetables y criminales. Sus cualidades son virtudes y vicios; las leyes naturales que les gobiernan, dioses y demonios; sus destinos, recompensas y expiaciones; sus razonamientos, una fórmula de causa y efecto en la que generalmente los términos están trastrocados. Vienen a mí con el cerebro lleno de estas ficciones que ellos llaman, nada menos, "el mundo", y me preguntan cuál es el significado de ellas, como si yo o cualquier otra persona fuéramos Dios Omnisciente y pudiéramos decírselo. Sumamente gracioso, ¿eh? Pero cuando condenan al ostracismo, castigan, asesinan y hacen la guerra para imponer por la fuerza sus grotescas religiones y repugnantes códigos penales, entonces la comedia se convierte en tragedia. El Ejército, la Armada, el Foro, los teatros, las galerías pictóricas, las bibliotecas y los sindicatos obreros son obligados a apuntalar sus alucinaciones favoritas. Ya basta de esto. Usted espera que parlotee de lo Absoluto, de la Realidad de la Causa Primera, que conteste el Por Qué universal. Cuando veo todas esas palabras en letras de molde, el libro va al cesto de los papeles. Buenos días.

Londres. 1901.

*“...La sangre es un zumo completamente especial.”

En Dieciséis esbozos de mí mismo