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23 abr. 2014

Descarga: Friedrich Schiller - Narraciones completas

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Aunque su nombre ha quedado ligado a la historia como gran poeta dramático, Friedrich Schiller escribió en la década de 1780 una serie de narraciones que consolidaron su fama y su polifacético talento literario. En este volumen se reúnen todas ellas, en un breve pero riquísimo recorrido que parte de los años del Sturm und Drang y llega al Clasicismo de Weimar.
  
Historias de renuncias y errores, diálogos filosóficos sobre el placer y la desesperación, nouvelle de ardides y conspiraciones, el derecho de una «mujer de honor» a vengarse, la rebeldía y el pathos de los bandidos, encantos, intrigas y espías en Venecia... son algunos de los elementos que desfilan por estas magistrales páginas del escritor alemán, y que dejan patente su magistral ejecución para plasmar los vericuetos más profundos del alma humana.

12 mar. 2007

George Steiner sobre Schiller

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18/2005 DIE ZEIT
Para animar a las musas
Lo clásico ha perdido su credibilidad. Por qué debería haber una celebración de Schiller a pesar de eso en el año 2055
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De George Steiner

¿Dónde se lee a Schiller hoy en día? Ni en el colegio, ni en la universidad, sino por entusiasmo, por impulso propio. ¿Qué corrientes estéticas y filosóficas del presente se ocupan de los escritos abundantes de Schiller sobre arte y ética, sobre historia y educación, escritos con los que jugaba, en su época y aún en el siglo XIX tardío, un papel importante que se puede comparar con el de Kant o Hegel? El reconocimiento oficial sigue siendo grande, los homenajes biográficos y críticos en este año de la conmemoración devoran mucho papel. ¿Pero tiene alguna eficacia la obra de Schiller en la situación cultural muchas veces siniestra y perturbada de Europa? ¿Se piensa en él como se piensa en Hölderlin o Kafka?

Nuestro pobre Schiller es el título de una biografía recién aparecida. Nuestra tarea es hoy averiguar si realmente somos capaces de acercarnos a Schiller, si podemos decir algo sobre su obra que no se adapte más o menos a la "habladuría" (aquella palabra desdeñosa de Heidegger) cultural de los medios. Un gran poeta y pensador nos lee a nosotros. Examina, interroga nuestra capacidad de recepción.

¿Estamos dispuestos a ir hacia el poeta pensante y pensador poeta con la concentración y el placer de lo difícil que merece? Hay, como sabía Walter Benjamin, obras maestras que están como quien dice hibernando, que están enigmáticamente esperando a sus lectores. Nosotros somos los que tenemos prisa, no las obras. Si no nos encontraramos no sería por Schiller. ¿O sí?

Sería un atrevimiento querer decirles algo sobre Schiller. Tal vez fuera lo mejor ofrecerles una antología de alabanzas y críticas del pasado, una pequeña corona de grandes voces. Ya en mayo de 1839 las celebraciones por Schiller toman un carácter nacionalista cuasi religioso. En 1859 hubo tres días de celebración con ocasión del 100 aniversario de su nacimiento. Truenos de cañones, conciertos de campanas. Alemania todavía no estaba unificada, pero Wilhelm Raabe se refería a Schiller como "líder y salvador" de la nación venidera. El día 21 de junio de 1934, miles de jóvenes de las juventudes hitlerianas desfilaron por Marbach. El 10 de noviembre, día de su nacimiento, la radio difundió numerosas conferencias y multiples conciertos. Ya en 1932, Hans Fabricius había convertido al poeta de la trilogía de Wallenstein y delReiterlied, del Graf von Habsburg y de la Deutsche Museen estandarte del nacionalsocialismo en su libro Schiller, compañero de combate de Hitler.

Entre 1933 y 1945 hubo en el Reich 10.600 representaciones de los dramas de Schiller. Esta omnipresencia palidece sin embargo ante el papel de Schiller en la RDA. Ya en 1960 habían llegado tres millones de ejemplares de escritos de Schiller a las librerías de Alemania del Este. Casi todos los dramas fueron escenificados varias veces para la televisión. En 1955 hubo casi 1000 puestas en escena de Schiller en los escenarios germano-orientales, y en el año de conmemoración de 1984, este número fue aún mayor. Kabale und Liebe se editó en la RDA 40 veces. ¿No es verdad que Engels, en su famosa carta a Minna Kautsky, había elogiado precisamente esta obra como "el primer drama alemán de tendencia política"? ¿Y no fue así que Engels, ya en 1839 , se había remitido a la comprensión de Schiller para la Revolución Francesa? En las escuelas de la RDA se le consideraba a Schiller el clásico más distinguido, como encarnación no sólo del genio poético sino también como luchador por el progreso en el sentido marxista: "Deutschlands Majestät und Ehre/Ruhet nicht auf dem Haupt seiner Fürsten/Stürzte auch in Kriegesflammen/Deutschlands Kaiserreich zusammen,/ deutsche Größe bleibt bestehn". Johannes R. Becher, el pope cultural de la RDA, proclamó el lema: "Schiller es nuestro" Millones de escolares y cientos de jefes del partido siguieron esta proclama.

Para Schiller el arte es religión. El arte da trascendencia. Sólo a través del arte hay para nuestra especie un acercamiento a lo divino. En el arte, el ser humano mortal descubre la única auténtica libertad. En la novena carta Sobre la educación estética del hombre enuncia Schiller su credo: Si la humanidad ha perdido su dignidad el arte la ha salvado. Ontológicamente puede que el arte sea engaño e ilusión, un "imperio de los sueños", pero precisamente en este engaño sigue viva la verdad, y de la mimesis, de la imagen estética se reconstruye la imagen original: "Antes de que la verdad envíe su luz victoriosa a las profundidades del corazón, la fuerza poética recoge sus rayos, y las cumbres de la humanidad brillarán mientras yace la noche húmeda en lan hondanadas."

El arte es pedagógico en un sentido absoluto. Lo estético es la praxis ideal de la pedagogía. A través del arte el ser humano se convierte en criatura ética. Suena atrevido esta paradoja casi antikantiana de Schiller: En su libertad el arte es un juego, pero el ser humano sólo es verdaderamente humano en el juego (homo ludens).

Pero para nosotros en la actualidad, la inocencia orguallosa de esta visión ya no es convincente. Sabemos de la clarividencia de Walter Benjamin cuando dijo que las más elevadas obras de la cultura se basan en unos cimientos de barbarie e injusticia. Sabemos que incluso pueden servir de adorno a lo inhumano. El segundo impedimento de su recepción es la lengua de Schiller: estas diosas con sus mejillas rosadas, estas copas, estos apoteosis continuos tan semejantes a los frescos mitológicos de un Tiepolo. Estos "alas elevadas" y el "vibrar" en medio del "velo rosado". Durante casi 2000 años la retórica antigua dominó el arte de hablar de occidente. Y el dominio de Schiller de todos los trucos retóricos es insuperable: "¿Sehr ihr den Regenbogen in der Luft? / Der Himmel öffnet seine goldenen Tore. / Im Chor der Engel steht sie glänzend da / Sie hált den ewgen Sohn an ihrer Brust, / Die Arme streckt sie láchelnd mir entgegen. / Wie wird mir. Leichte Wolken heben mich / Der schwere Panzer wird zum Flügelkleid."

En esta exuberante celebración de la lengua resplandecen Homero y Virgilio, también la versión luterana de los salmos. El problema es que hoy vivimos en un clima radicalmente antiretórico, de manera que "las plumas" de la lengua nos ponen escépticos. Es Woyzeck, el tartamudo, a quien creemos. Nuestra confianza es para las voces que hablan en frases cortas, desnudas como Kafka, Beckett, o que nos recomiendan que callemos como lo hace Wittgenstein. Pienso que sólo hay dos vías para mantener viva la retórica enfática de Schiller. Al contrario de Goethe, Schiller hace poesía para el oido. A menudo el significado está en el ritmo. A Schiller hay que leerlo en voz alta, tal como lo hacían los rapsodas de la Grecia antigua. Y después de leerlo hay que aprenderselo de memoria. Lo que se ama se aprende de memoria. Mi padre levantaba la vista cuando me leía Die Kraniche des Ibykus o Die Bürgschaft, un regalo para toda la vida. Aún oigo su voz. ¿Y ahora? Sólo excepcionalmente los padres leen los clásicos a sus hijos. Y en la escuela la amnesia, el olvido se ha hecho programático. Profetizando esto, Schiller declamó: "La musa calla". Sin embargo, es lo oral en nuestra cultura, son los discursos públicos de los poetas y de los poetas musicales los que deberían dar una oportunidad a Schiller. Pues también para él un poema era, en el sentido más hondo, un happening.

A pesar de amplios comentarios, el concepto de la condition humaine de Schiller queda enigmático. "Era un gran ser humano estraño" opinaba Goethe. "Cada semana era otro, y un ser completo." En el temperamento de Schiller así como en su concepto del destino ético e histórico se halla el principio de la esperanza. En una carta a Körner escribe el 7 de enero de 1788: "Si no pongo esperanza en mi existencia estoy perdido." En el vocabulario de Schiller las palabras esperanza y alegría son decisivas. Su programa de ilustración es una visión del progreso sicológico y social. Haber nacido para algo mejor. Tener un contrato con el futuro. Este el Schiller que el marxismo y, a su manera retorcida también el fascismo, se apropiaron (acordémonos de la nota terrorífica de Adorno en el margen de las "multitudes abrazadas" en el coro jubiloso "A la alegría"- sólo una palabra: "Hitler").

Pero al mismo tiempo y a veces muy al contrario de Goethe, Schiller demuestra un sentido indeleble de lo trágico. En el Wallenstein y la Braut von Messina la fatalidad, el determinismo trágico no tienen escapatoria. La "magia de lo pólitico" es también una magia de la condena. Con Esquilo clama Schiller a los humanos: "Cuidado/ Este es el poder de las euménides!". Este conflicto entre esperanza y fatalismo explica la incapacidad de Schiller de pensar la Revolución Francesa . Es verdad que los Bandidos fue una señal y se representó pronto en París. Pero después está este silencio enigmático entre 1789 y la famosa carta a Augustenburg en julio de 1793. Cuando Schiller recibe la notificación de que ha sido nombrado "ciudadano de honor" de los franceses la llama un mensaje "desde el imperio de los muertos". Como para muchos de sus contemporáneos, el Terreur y la invasión de los ejercitos franceses en Alemania fueron para él una decepción amarga. Decisiva fue, sin embargo, la relación cada vez más cercana con Goethe. Este "acontecimiento casi mítico del espíritu alemán" convierte el radicalismo inseguro de Schiller en aversión contra la revolución. De ahí la melancolía complicada y, si se permite la expresión, brutalidad anímica del final del Wilhelm Tell: "Mich fasst ein Grausen, da ich mit dir rede. / Fort! Wandle deine fürchterliche Straße. / Lass rein die Hütte, wo die Unschuld wohnt!" Sólo donde venga "la naturaleza sagrada" se permite todavía violencia política. Ya en el estreno, el público de Weimar estaba disgustado.

Pero Schiller sigue siendo hasta más allá de su muerte un gran incitador. Ya en 1841, Dostoyevski trabajaba en una Maria Stuart. Y el Don Carlos estaba en su mesa cuando creó la más impresionante de sus parábolas, el poema del Gran Inquisidor en los Hermanos Karamasov. Según el testimonio de Freud, su teoría temprana pero paradigmática de los instintos partió del poema de Schiller Die Weltweisen con sus versos finales sobre el poder del hambre y del amor. ¿Existiría el teatro épico de Brecht sin el concepto de Schiller del teatro como institución moral, o la Madre Coraje sin el Wallenstein? Elijo estos ejemplos arbitrariamente, la lista se podría alargar infinitamente. Gracias a Wilhelm Tell, Schiller fue durante mucho tiempo el poeta nacional de Suiza. En la Recherche, Proust menciona irónicamente que en 1914 "Schiller, le grand alemand" se sustituye por "le grand boche". Pero sigue siendo grande.

Pero ¿qué tal nosotros? ¿Habrá en 2055 una celebración en Marbach? O, como mucho, un coloquio con expertos de la universidad? El concepto de "lo clásico" está arraigado en la historia de la cultura occidental. Con el descenso de Europa en la barbarie del siglo XX, este concepto ha perdido su credibilidad en gran parte. Ante lo inhumano el clasicismo humanístico resultó impotente. Weimar se convirtió en extrarradio de Buchenwald. La herencia cultural lucha, casi desesperadamente, contra lo utilitario y lo efímero del presente. ¿Dónde se aprende todavía seriamente a leer y recordar, en el sentido etimológico pleno de estas palabras? Ahora se trata del futuro de la lengua alemana, del regreso a su mejor identidad. ¿ Puede ella, por citar a Karl Kraus, encontrar su camino hacia "la escala indestructible de la lengua de Schiller", o vencerá la jerga de los medios , de lo seudoamericano, también en el país de Goethe y de Hölderlin? Lo clásico, la educación, la lengua- en estos tres pilares descansa la dinámica de la permanencia de Schiller en el presente, los pronósticos no son animadores.

Disculpen, señoras y señores, si termino en una tiniebla insegura. En 1938, cuando los nazis tomaron Viena, el coleccionista Max Berger, 72 años de edad, se presentó en la oficina de emigración judía. Como pago traía una valiosa carta de Schiller. Cogieron la carta de Schiller y después asesinaron a este caballero de edad. La complejidad ontológica y formal de este acontecimiento, no soy capaz de reflexionarla. Sólo sé que lo grande siempre es peligroso, que siempre nos pone a prueba. ¿Pero qué sería la continuidad del espíritu humano sin este peligro?


George Steiner, nacido en 1929 en Paris, emigrado en 1940 con su familia judía de Viena a Nueva York. Impartió Literatura Comparada en Ginebra y Cambridge. Desde 1994 es catedrático en Oxford. Últimamente ha publicado "El maestro y sus estudiantes" en alemán (Der Meister und seine Schüler) en Hanser Verlag


Discurso en ocasión de la inauguración de la exposición especial en Marbach sobre vida y obra de Schiller, pronunciado el 23 de abril de 2005. Versión abreviada
Traducido por Maria Theil Zumwalde para DDOOSS