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9 nov. 2008

Antonin Dvorak – Konzert für Violoncello und Orchester h-moll Op. 104 (Rostropovich – von Karajan)

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dvorak

Mstislav Rostropovich, violoncello

Berliner Philharmoniker

Herbert von Karajan

1969

29 abr. 2007

Envuelto en gloria, en la patria que lo expulsó, murió Rostropovich

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Moscú, 27 de abril. Grande entre los grandes de la música clásica contemporánea y, a partir de este viernes, de todos los tiempos, Mstislav Rostropovich, virtuoso del violonchelo y uno de los directores de orquesta más aclamados del mundo, murió hoy aquí a consecuencia de un cáncer hepático, justo un mes después de haber recibido en el Kremlin el homenaje de las autoridades y de sus seres queridos en ocasión de su 80 aniversario.


Convaleciente todavía de una delicada intervención quirúrgica en el Centro Oncológico de Moscú, donde se le extirpó un tumor maligno del hígado, el genial Slava (diminutivo de Mstislav), como se conocía al maestro más allá del círculo íntimo desde que el compositor polaco Krysztof Penderecki le dedicó, en 1986, uno de sus solos para violonchelo con un lacónico y a la vez definidor de su bonhomía Per Slava, aceptó la invitación de Vladimir Putin de celebrar su 80 cumpleaños en la residencia oficial del presidente ruso.

El 27 de marzo pasado, arropado por el cariño de Galina Vishnievskaya, su esposa y diva de la ópera, y sus dos hijas, así como medio millar de amigos llegados a Rusia desde todos los confines, Rostropovich se declaró ''el hombre más feliz del mundo".

Pero en las imágenes de Rostropovich aquella memorable cena, que se pudieron ver por la televisión local, apareció ya un hombre herido de muerte, que fue capaz de sobreponerse al dolor para sonreír y abrazar como despedida a su gente.

Irrestricto compromiso político

Más allá de los momentos inolvidables con que hizo vibrar con su música, en el recuerdo de muchos quedarán para siempre los desafíos a las autoridades en turno que protagonizó el Rostropovich comprometido con sus ideas políticas, sin pensar nunca en las consecuencias negativas que ello podría acarrearle.


Así se comportó, sin sombra de duda, al brindar su apoyo irrestricto al escritor Alexandr Solyenitzin, y por encima de todo su amigo, cuando nadie se atrevía a saludar siquiera al autor de Archipiélago Gulag, caído en desgracia en la Unión Soviética de finales de los años 60 del siglo pasado.

Rostropovich y Vishnievskaya, en 1969, en los momentos más difíciles para el futuro Premio Nobel de Literatura y su familia, les permitieron vivir en su dacha (casa de campo) y difundieron una carta abierta a Leonid Brezhnev, el entonces dirigente soviético, en defensa del escritor, lo cual desató una campaña de acoso en contra de los anfitriones -la suspensión inmediata de todas sus actuaciones y giras, fue el primer castigo- que los llevó al exilio forzado en 1974.

''La pérdida de Mstislav Rostropovich es un duro golpe para toda nuestra cultura, de la cual intentaron desvincularlo hace 30 años, cuando le quitaron la ciudadanía (soviética), pero él supo vencer todas las adversidades y cubrió de gloria a la cultura rusa en todo el mundo", resumió Solyenitzin.

En los 17 años que Rostropovich estuvo al frente de la afamada Orquesta Sinfónica Nacional de Washington, entre 1977 y 1994, y a pesar de la intensa actividad propia de esa responsabilidad, siempre se dio tiempo para estar ahí donde él consideraba indispensable su presencia.


Por eso, improvisó un concierto de Bach junto a los restos del Muro de Berlín, en 1989, y no dudó en empuñar una Kalashnikov para defender la sede del gobierno de Rusia durante los días del fallido golpe de Estado en 1991.

Pocas veces se vio a un Rostropovich tan triunfal y eufórico como durante su participación en el concierto de homenaje a Dmitri Shostakovich, su maestro y entrañable amigo mayor, en ocasión del centenario del compositor, el año pasado.

Artista multipremiado

Para Yuri Bashmet, uno de los intérpretes de viola más reconocidos de la actualidad, Rostropovich era ''el emperador de las cuerdas y el arco".


Destaca Bashmet: ''Poco después de morir José Stalin, murió Serguei Prokofiev; acaba de fallecer Boris Yeltsin, hoy nos deja Mstislav Rostropovich. Con Yeltsin terminó una época política, con Rostropovich, una época musical".

Rostropovich obtuvo los máximo galardones soviéticos, como son dos veces el premio Stalin y una vez el Lenin, y también fue reconocido con prestigiosos premios internacionales, entre ellos el Polar Music Prize, otorgado por la Real Academia de Música de Suecia, el premio de la Fundación Wolf de las Artes de Jerusalén y el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, compartido con el violinista británico Yehudi Menuhin.

Todo este sábado estará abierta la capilla ardiente en el Conservatorio de Moscú, y tras una misa de cuerpo presente en la Catedral de Cristo el Salvador, el genial Slava será enterrado el domingo en el cementerio de Novodievichi, donde el miércoles anterior fue inhumado Yeltsin.


Ochenta años en la vida de un disidente

PABLO ESPINOSA


Murió un grande, el violonchelista y director de orquesta Mstislav Rostropovich, llamado cariñosamente Slava o Rostro. El gran disidente. Hasta hace pocos días solía decir: ''Abrazo el violonchelo, que me acompaña siempre, como si fuera una mujer hermosa. Lo primero que hago todos los días al levantarme es salir a la calle, contemplar, como si fuera la primera vez, el cielo, los árboles todo lo que Dios hace por nosotros. Si me cruzo con una mujer hermosa hago esfuerzos por no arrodillarme ante ella".

Numerología: nació el día 27 del mes tres del año 1927 y se fue ayer, día 27 del mes cuatro de 2007. Hace 30 días festejó su cumpleaños 80. Sus hazañas fueron incontables.

El repertorio del violonchelo le pertenece. Si hubiera de elegir solamente dos de sus innúmeras grabaciones, la respuesta es inmediata: Su versión del Concierto de Dvorak, con la Filarmónica de Londres en la batuta de otro músico entrañable: Carlo Maria Giulini. La otra: su versión en dvd de las Seis Suites para Violonchelo Solo de Bach, grabadas en la acústica estremecedora de una antigua iglesia francesa.

El primero de estos documentos del espíritu es una joya de la infancia de varias generaciones de melómanos. Prácticamente todas las grabaciones que hizo Rostro del Concierto del checo Dvorak tienen detalles de filatelista: su respiración en el momento del arqueo rebota en las bocinas, errores de dedo con la mano izquierda, toses del chelista, gemidos, guturaciones. Todas erizan la piel.

El segundo de estos tesoros para llevar a la isla desierta es una cátedra de humanismo. Antes de entonar en su hermoso violonchelo el aria inicial de la Primera Suite de Bach, que es uno de los pasajes más conmovedores y hermosos de toda la historia de la cultura de Occidente, el maestro Rostro dialoga con nosotros frente a la cámara y nos da sus puntos de vista y nos alumbra el camino con sus conocimientos acerca de estas partituras portentosas. El elemento central es la pasión.

Paradigma cultural

Rostropovich es una figura pivote en la historia cultural del mundo. Su imagen gigantesca proyecta una sombra en la derrota que sufrió la humanidad cuando una piara de ambiciosos se apoderó del proyecto de construir una sociedad mejor. Con Stalin al frente y como representante del dogmatismo imperante de las peores izquierdas, ese proyecto fracasó rotundamente y hoy el poder está en manos de los fascistas, de la derecha, del otro lado del péndulo.


Esto resulta pertinente en el paradigma que constituye la recia personalidad artística, humanística y política de Slava, convertido en emblema de la resistencia. Helo allí en los momentos clave: dando refugio a Alexander Solyenitzin, premio Nobel de literatura 1970 y autor de Archipiélago Gulag; tocando su violonchelo al pie del muro de Berlín antes de ser derrumbado, despojado de su nacionalidad y luego rechazando la oferta del Soviet supremo de devolvérsela, hasta que la acepta de manos de Mijail Gorbachov en su perestroika y luego Boris Yeltsin y desde entonces amamantado por los nuevos gobernantes de la debacle.

En México tenemos también un momento determinante de su historia: a finales de la década de los 70 visitó nuestro país como director de la Orquesta Sinfónica Nacional de Washington, emblemática del imperio.

Fue un concierto inolvidable, profundo, magistral, que culminó en el éxtasis con la Sinfonía Sexta de Chaikovski. Al final todos levitamos.

Frente a la salva de aplausos y ovaciones y vítores a todo pulmón, Rostro suelta tres piezas de regalo: las típicas danzas eslavas de Brahms.

Pero la última pieza de obsequio es una auténtica molotov: la marcha Barras y estrellas, del ultra Philip de Souza. El acabóse.

Desde las alturas del butaquerío del tercer piso, los boletos más baratos, se escuchan abucheos, gritos de desaprobación, silbidos, consignas: ''¡yanqui go home!", le gritan mientras Rostro sonríe triunfante.

Los de primer piso, cual huestes panistas, intentan acallar el alboroto con modos modosos. A uno de los ricos se le escapó el sambenito de la época: ''¡cochinos comunistas!"

Fue como la puesta en vida again del episodio cuando la reina de Inglaterra condecoró a los Beatles y John Lennon gritó divertido desde el proscenio del teatro: ''los de los boletos baratos, allá arriba, aplaudan; los de los boletos caros, acá abajo, solamente hagan sonar sus joyas".

Discípulo de Shostakovich

El emblema Rostropovich no sólo da cuerpo al más grande violonchelista de la historia después de Pablo Casals y arribita de Paul Tortelier, Janos Starker, Pierre Fournier y Leonard Rose.

También incorpora al líder de la disidencia, el genio arropador de genios. Alumno de su coterráneo Dimitri Shostakovich, quien padeció como nadie la estupidez y los ataques de los ultras lidereados por el tonto de José Stalin, Mstislav Rostropovich encabeza una generación de genios exiliados donde fungen el también recientemente desaparecido Alfred Schnittke y por poner sólo dos ejemplos macro, Sofia Gubaidulina y el más grande compositor vivo: Arvo Pärt.

Rostropovich, el gran disidente, ya hizo historia. Es uno de esos personajes con la capacidad de modificar el curso de los acontecimientos sociales. Hoy reposa en una dimensión distinta.

¡Salve, Slava!




Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2007/04/28/index.php?section=cultura&article=a05n1cul

27 abr. 2007

Rostropovich - Haydn's Cello Concerto in C

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