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17 ago. 2014

Stéphane Mallarmé: La Pipa (1864) [bilingüe]

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Ayer volví a encontrar mi pipa, mientras soñaba en una larga tarde de trabajo, de hermoso trabajo invernal. Desechados los cigarrillos, con todas sus alegrías infantiles veraniegas,  en un pasado que alumbraban las hojas azules a causa del sol, las muselinas... y mi pipa, seria, es usada, de nuevo, por un hombre austero que quiere fumar largo y tendido, sin entretenerse, con el fin de trabajar mejor: pero no me esperaba la sorpresa que la pobre abandonada me había preparado; en cuanto di la primera chupada, olvidé los importantes libros que tenía que escribir, maravillado, enternecido, mientras respiraba, así, el invierno pasado que me era devuelto.

No había tocado a mi fiel amiga desde mi vuelta a Francia, y todo Londres, Londres, tal como lo había vivido, plenamente, en soledad, hace un año, se me ha aparecido; primero, las queridas brumas que arropan cálidamente nuestros cerebros y que tienen, allí, un olor que les es propio, cuando atraviesan los ventanales de las casas. Mi tabaco olía a cuarto oscuro con muebles de cuero cubiertos por el polvo de los carbones sobre los que el gato negro delgado se revolcaba; ¡hermosos fuegos! y la criada, con sus brazos rojizos, que vertía el carbón con el cubo de hojalata en la cesta de hierro, todas las mañanas —¡mientras, el cartero golpeaba su doble aldabonazo, solemne, que me llenaba de vida!—. He vuelto a ver, desde la ventana, los árboles enfermizos de la plazuela desierta —he visto el horizonte marino, atravesado tantas veces aquel invierno, temblando, en el puente del steamer, empapado de orvallo y negro de humo — con mi bienamada errante, vestida de viajera: un largo traje apagado, color polvo del camino, un gabán que se pegaba, chorreando, a sus hombros helados, uno de esos sombreros de paja, sin pluma y, casi, sin cintas, como los que las damas ricas tiran al llegar, pues el viento del mar los ha destrozado, pero que nuestras pobres bienamadas vuelven a adornar para que sirvan aún durante algunas estaciones. Alrededor de su cuello se enroscaba el terrible pañuelo que agitamos al decir adiós, para siempre.


En Prosas de creación 
Trad Javier del Prado y José Antonio Millán 
Madrid, 1987 


La Pipe

Hier, j'ai trouvé ma pipe en rêvant une longue soirée de travail, de beau travail d'hiver. Jetées les cigarettes avec toutes les joies enfantines de l'été dans le passé qu'illuminent les feuilles bleues de soleil, les mousselines et reprise ma grave pipe par un homme sérieux qui veut fumer longtemps sans se déranger, afin de mieux travailler: mais je ne m'attendais pas à la surprise que préparait cette délaissée, à peine eus-je tiré la première bouffée, j'oubliai mes grands livres à faire, émerveillé, attendri, je respirai l'hiver dernier qui revenait. Je n'avais pas touché à la fidèle amie depuis ma rentrée en France, et tout Londres, Londres tel que je le vécus en entier à moi seul, il y a un an, est apparu; d'abord les chers brouillards qui emmitouflent nos cervelles et ont, là-bas, une odeur à eux, quand ils pénètrent sous la croisée. Mon tabac sentait une chambre sombre aux meubles de cuir saupoudrés par la poussière du charbon sur lesquels se roulait le maigre chat noir; les grands feux ! et la bonne aux bras rouges versant les charbons, et le bruit de ces charbons tombant du seau de tôle dans la corbeille de fer, le matin - alors que le facteur frappait le double coup solennel, qui me faisait vivre ! J'ai revu par les fenêtres ces arbres malades du square désert - j'ai vu le large, si souvent traversé cet hiver-là, grelottant sur le pont du steamer mouillé de bruine et noirci de fumée - avec ma pauvre bien-aimée errante, en habits de voyageuse, une longue robe terne couleur de la poussière des routes, un manteau qui collait humide à ses épaules froides, un de ces chapeaux de paille sans plume et presque sans rubans, que les riches dames jettent en arrivant, tant ils sont déchiquetés par l'air de la mer et que les pauvres bien-aimées regarnissent pour bien des saisons encore. Autour de son cou s'enroulait le terrible mouchoir qu'on agite en se disant adieu pour toujours. 



19 ago. 2009

Auguste Renoir (1841-1919) por otros

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Renoir en 1893 en su casa-castillo de Brouillards  Renoir en 1893 en su casa-castillo de Brouillards

 

 

renoir_auguste Ultima fotografía de Renoir

 

 

auguste Renoir Renoir en 1916

 

 

Degas - Retrato de Renoir y Mallarmé Degas:  Stephan Mallarme y Auguste Renoir

 

 

VUILLARD AugusteRenoir1916 Vuillard: Renoir en 1916

 

 

Auguste Renoir, 1.880. Retrato de Paul Cezanne. Pastel, 55 x 43. Acquavella Galleries, Inc. Nueva York.

Auguste Renoir, 1880 – Retrato al pastel de Paul Cezanne

 

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