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20 nov. 2013

Ezra Pound - Satiemus

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Ezra Pound - Satiemus


¿Y qué si supiera tus discursos palabra por palabra?
Y si tú supieras que los conozco ¿hablarías?
y qué si supiera tus discursos palabra por palabra,
y todo el tiempo los repitieras sobre lo que digo.
“Mira, hubo uno que torció su bella y brillante cabeza,
suspirando mientras tú continuabas tu dorado discurso.”
O, como nuestras risas mezcladas una con otra,
mientras apretados labios dan bocanadas de aire intermitente
qué si mis pensamientos se volvieran en su búsqueda mental
murmurando entre sí “El bello muerto debe conocer
tales momentos, pensando sobre la hierba:
¡cuan blancos cornejos susurraron sobre su cabeza
en los brillantes días de la alegría!”
Cómo si el dulce sonido en el interior de tu garganta
es igual que el tañido de un laúd en su débil acorde
confusas narraciones que me ciegan, repetidas una por una
contadas tantas veces que las conocemos de memoria;
¿Y qué si conozco tu risa palabra por palabra
si no encuentro nada original en tu regocijo?


Traduccion: Rafael Vargas
Imagen: Rollie McKenna


Satiemus

What if I know thy speeches word by word?
And if thou knew'st I knew them wouldst thou speak?
What if I know thy speeches word by word,
And all the time thou sayest them o'er I said,
'Lo, one there was who bent her fair bright head,
Sighing as thou dost through the golden speech.'
Or, as our laughters mingle each with each,
As crushed lips take their respite fitfully,
What if my thoughts were turned in their mid reach
Whispering among them, 'The fair dead
Must know such moments, thinking on the grass;
On how white dogwoods murmured overhead
In the bright glad days!'
How if the low dear sound within thy throat
Hath as faint lute-strings in its dim accord
Dim tales that blind me, running one by one
With times told over as we tell by rote;
What if I know thy laughter word by word
Nor find aught novel in thy merriment ?

8 may. 2013

Ernest Hemingway - Ezra Pound y el Bel Esprit

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Ernest Hemingway @Torre Johnson-Magnum Photos


Ezra Pound se portó siempre como un buen amigo y siempre estaba ocupado en hacer favores a todo el mundo. El estudio donde vivía con su esposa Dorothy, en la rué Notre-Dame-des-Champs, tenía tanto de pobre como tenía de rico el estudio de Gertrude Stein. El de Ezra sólo tenía mucha luz y una estufa para calentarlo, y había pinturas de artistas japoneses amigos suyos. Eran todos nobles en su país de origen, y llevaban el pelo muy largo. Era un pelo de un negro muy brillante, que basculaba adelante cuando hacían sus reverencias, y a mí me impresionaban todos mucho, pero no me gustaban sus pinturas. No las comprendía, pero no encerraban ningún misterio, y en cuanto llegué a comprenderlas me importaron un comino. Lo lamentaba muy sinceramente, pero no pude hacer nada por remediarlo.

Los cuadros de Dorothy sí que me gustaban mucho, y Dorothy me parecía muy hermosa, con un tipo maravilloso. También me gustaba el busto de Ezra que hizo Gaudier-Brzeska, y me gustaron todas las fotos de obras de este escultor que Ezra me enseñó, y que estaban en el libro del propio Ezra sobre él. A Ezra también le gustaba la pintura de Picabia, pero a mí me parecía entonces que no valía nada.

Tampoco me gustaba nada la pintura de Wyndham Lewis, que a Ezra le entusiasmaba. Siempre le gustaban las obras de sus amigos, lo cual está muy bien como prueba de lealtad, pero puede ser un desastre a la hora de dar juicios. Nunca discutíamos sobre cosas de éstas, porque yo guardaba la boca callada cuando algo no me gustaba. Si a una persona le gustaban las pinturas o los escritos de sus amigos, yo lo miraba como algo parecido a lo de la gente que quiere a su familia, y es descortés criticársela. A veces, uno puede pasar mucho tiempo antes de tomar una actitud crítica ante su propia familia, la de sangre o la política, pero todavía es más fácil ir tirando con los malos pintores, porque nunca cometen maldades horribles ni le destrozan a uno en lo más íntimo, como son capaces de hacer las familias. Con los pintores malos, basta con no mirarles. Pero incluso cuando uno ha aprendido a no mirar a las familias ni escucharlas ni contestar a las cartas, la familia encuentra algún modo de hacerse peligrosa. Ezra era más bueno que yo, y miraba más cristianamente a la gente. Lo que él escribía era tan perfecto cuando se le daba bien, y él era tan sincero en sus errores y estaba tan enamorado de sus teorías falsas, y era tan cariñoso con la gente, que yo le consideré siempre como una especie de santo. Claro que también era iracundo, pero acaso lo han sido muchos santos.

Ezra quiso que yo le enseñara a boxear, y un día que le daba una lección en su estudio, a última hora de la tarde, conocí allí a Wyndham Lcwis. Ezra boxeaba desde muy poco tiempo, y me avergonzaba que se mostrara torpe ante un amigo suyo, y procuré que diera la mejor impresión posible. Pero no podía darla muy buena, porque la práctica de la esgrima le había resabiado, y yo estaba todavía intentando lograr que concentrara su boxeo en la mano izquierda y guardara el pie izquierdo adelantado, y que cuando tuviera que adelantar el pie derecho lo hiciera paralelamente al izquierdo. O sea que estábamos todavía en lo básico. No llegaba nunca a enseñarle cómo se dispara un gancho de izquierda, y en cuanto a enseñarle el hábito de retirar su derecha, eso lo reservaba para el futuro.

Wyndham Lewis llevaba un sombrero negro de alas anchas, como un personaje del barrio, y se vestía como un cantante en La Bohème. Su cara me recordaba la de una rana, y ni siquiera de una rana toro sino de una rana cualquiera, y París era una charca que le venía ancha. Por aquellos tiempos, pensábamos que un escritor o un pintor puede llevar cualquier vestimenta de la que sea poseedor, y que no hay uniforme oficial para el artista; pero Lewis llevaba el uniforme de un artista de antes de la guerra. Daba grima mirarle, pero él nos observaba muy engreído, mientras yo; esquivaba las izquierdas de Ezra o las bloqueaba en la palma de mi guante derecho.

Quise dejarlo, pero Lewis insistió para que continuáramos, y me di cuenta de que, como no comprendía nada de lo que hacíamos, estaba al acecho, en la esperanza de que Ezra recibiera daño. Nada ocurrió. No contraataqué nunca, y mantuve a Ezra persiguiéndome, con su izquierda adelantada, pero lanzando de vez en cuando una derecha, y al fin dije que ya estaba bien por aquel día, y me lavé en una palangana, me sequé con una toalla y me puse mi chandail.

Nos servimos algo de beber, y yo escuché mientras Ezra y Lewis hablaban, haciendo comentarios sobre gentes que vivían en Londres o en París. Observé a Lewis con cuidado, pero fingiendo no mirarle, como hace uno cuando boxea, y creo que nunca he conocido a un hombre tan repelente. Ciertas personas traslucen el mal, como un gran caballo de carreras trasluce su nobleza de sangre. Tienen la dignidad de un chancro canceroso. Pero Lewis no traslucía el mal; sólo resultaba repelente.

Caminando de vuelta a casa, intenté enumerar las cosas en que Lewis me hacía pensar, y encontré varias cosas. Pero eran todas de orden médico, excepto el sudor de pies. Quise descomponer su cara en sus distintas facciones e írmelas describiendo, pero sólo recordé los ojos. Debajo del sombrero negro, en el primer instante en que le vi, me parecieron los ojos de un violador fracasado.

—Hoy he conocido al hombre más repelente con quien me he encontrado nunca — dije a mi mujer.

—Por favor, Tatie, no me hables de él —contestó—. No me digas nada. Estamos a punto de comer.

Cosa de una semana más tarde, hablé con Miss Stein y le dije que había conocido a Wyndham Lewis, y le pregunté si ella le conocía.

—Yo le llamo «la Tenia Métrica» —me dijo—. Llega de Londres y ve un buen cuadro, y se saca un lápiz del bolsillo y se pone a medir los detalles del cuadro, y dale de tomar medidas con el pulgar en el lápiz. Y toma sus vistas y sus medidas y apunta exactamente cómo está hecho. Luego se vuelve a Londres y rehace el cuadro, y no le sale. No se ha dado ni cuenta de por dónde va la cosa.

De modo que me acostumbré a pensar en él como la Tenia Métrica. Un término más amable y más provisto de piedad cristiana que cualquiera de los que yo mismo había inventado para designarle. Más tarde, hice lo posible por apreciarle y mostrarme amistoso con él, como hice con todos los amigos de Ezra cuando él me los explicaba. Pero aquella impresión tuve, el día que le conocí en el estudio de Ezra.

Ezra era el escritor más generoso y más desinteresado que nunca he conocido. Corría en auxilio de los poetas, pintores, escultores y prosistas en los que tenía fe, y si alguien estaba verdaderamente apurado, corría en su auxilio tanto si tenía fe como si no. Se preocupaba por todo el mundo, y en los primeros tiempos de nuestra amistad la persona que más le preocupaba era T. S. Eliot, quien, según me dijo Ezra, tenía que estar empleado en un banco en Londres, y, por consiguiente, no disponía de tiempo ni seguía un horario apropiado para dar un buen rendimiento poético.

Ezra fundó una institución llamada Bel Esprit, asociándose con Miss Natalie Barney, que era una americana rica, protectora de las artes. Miss Barney había sido amiga de Rémy de Gourmont (eso fue antes de mis tiempos), y tenía en su casa un salón donde recibía en cierto día de la semana, y en su jardín un templete griego. Muchas mujeres, americanas y francesas, provistas de dinero suficiente, tenían sus salones, y comprendí pronto que eran unos lugares excelentes para que yo me guardara de poner en ellos los pies. Pero creo que Miss Barney era la única con un templete griego en su jardín.

Ezra me mostró el folleto anunciador del Bel Esprit, y Miss Barney le había permitido usar una viñeta del templete griego para la portada. La concepción encarnada en el Bel Esprit era la de que cada cual aportaría una parte de sus ingresos, y entre todos constituiríamos un fondo con el que sacaríamos a Mr. Eliot de su banco, y él tendría dinero para escribir poesía. A mí me pareció una buena idea, y una vez que tuviéramos a Mr. Eliot fuera de su banco, Ezra calculó que la cosa progresaría en línea recta y labraríamos un porvenir para todo el mundo.

Yo metí un poco de claroscuro en la cosa al referirme siempre a Eliot bajo el titulo de Comandante Eliot, fingiendo le confundía con el Comandante Douglas, un economista cuyas ideas entusiasmaron grandemente a Ezra. Pero Ezra comprendió que a pesar de todo mi corazón latía como los buenos y que yo estaba imbuido de Bel Esprit, por mucho que a Ezra le irritara oírme solicitar de mis amigos fondos para sacar al Comandante Eliot del banco, y oír a alguien replicar que qué diablos estaba haciendo un comandante en un banco, y que si le habían dado el retiro, no se comprendía que no tuviera una pensión, o que por lo menos no hubiera recibido una indemnización al retirarse.

En casos tales, yo explicaba a mis amigos que todo aquello no venía a cuento. Uno estaba dotado de Bel Esprit o no lo estaba. Si tienes Bel Esprit, contribuirás para que el Comandante salga del banco. Si no lo tienes peor para ti. ¿Comprendes por lo menos el significado del templete griego? ¿No? Ya me parecía a mi. Adiós, muy buenas. Te metes tu dinero donde te convenga. No lo aceptamos aunque nos lo implores de rodillas.

Mi actividad como agente del Bel Esprit fue muy enérgica, y por entonces mis sueños más felices eran aquellos en que veía al Comandante salir a grandes zancadas por la puerta del banco, transformado en hombre libre. No logro acordarme de cómo se cascó por fin el Bel Esprit, pero me parece que tiene alguna relación con el hecho de que el Comandante publicó The Waste Land y el poema ganó el premio del Dial, y poco después una dama con título financió para Eliot una revista llamada The Criterion, y ni Ezra ni yo tuvimos que preocuparnos más por él. Creo que el templete se encuentra todavía en su jardín. Para mí fue una decepción eso de que no hubiéramos logrado sacar al Comandante de su banco mediante la operación única del Bel Esprit, según yo lo visualizaba en mis sueños, con lo que tal vez se hubiera venido a vivir en el templete griego, por donde podríamos dejarnos caer de vez en cuando, Ezra y yo, a coronarle de laurel. Yo conocía un lugar donde había laureles muy hermosos, y yo hubiera podido ir a cortar unas ramas y traerlas en bicicleta, y hubiéramos podido coronarle cada vez que se sintiera solo, o cada vez que a Ezra le fuera dable revisar los manuscritos o las pruebas de otro poema tan grande como The Waste Land. Para mí, la empresa aquella resultó moralmenle perniciosa, como han resultado tantas otras cosas, porque me metí en el bolsillo el dinero que había destinado a sacar al Comandante del banco, y me lo llevé a Enghien y lo aposté en caballos que saltaban bajo la influencia de estimulantes. En dos reuniones hípicas, los estimulados caballos por los que yo apostaba dejaron atrás a los animales sin estimulo o con estímulo insuficiente, salvo en una carrera en la que nuestro angelito querido se estimuló hasta tal punto que antes de la salida arrojó a su jockey al suelo y se escapó, y dio una vuelta entera al circuito del steeplechase, saltando hermosamente en su soledad, tal como uno salta a veces en sueños. Cuando lo cazaron y lo volvieron a montar, arrancó en cabeza y, como dicen los franceses, hizo una carrera honrosa, pero el dinero fue para otro.

Me hubiera sentido más dichoso si el dinero de la apuesta hubiera ido a parar al Bel Esprit, que había dejado de existir. Pero me consolé pensando que, con las apuestas acertadas, hubiera podido contribuir al Bel Esprit con una suma mucho mayor que mi primera intención.


En París era una fiesta
Traducción: Gabriel Ferrater
Imagen: Torre Johnson-Magnum Photos

22 mar. 2012

Ezra Pound - La mujer del mercader del río: una carta

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Cuando yo todavía llevaba el pelo cortado sobre la frente
jugaba en el portal delantero, recogiendo flores.
Tú viniste con zancos de madera jugando a los caballos,
caminaste junto a mi asiento, jugando con ciruelas azules
y seguimos viviendo en el pueblo de Chokan:
dos niños, sin aversión ni sospecha.

Con catorce años me casé con vos, mi señor.
Nunca me reía porque era tímida.
Bajaba la cabeza y miraba a la pared.
Aunque me llamaran mil veces, nunca volvía la cabeza.

Con quince años dejé de fruncir el ceño,
deseaba que mi polvo se mezclara con el tuyo
para siempre y para siempre y para siempre.
¿Para qué seguir vigilando?

Te fuiste cuando yo tenía dieciseis años,
te fuiste a la lejana Ku-to-yen, junto al río de los remolinos,
y has estado fuera cinco meses.
Los monos hacen un ruido muy triste por ahí arriba.
Cuando te fuiste arrastrabas los pies.
En el portal ahora ha crecido el musgo, musgos
distintos,
¡demasiado profundos para limpiarlos!
Los hojas caen pronto este otoño, por culpa del viento.
Las mariposas emparejadas ya amarillean en el agosto
sobre la hierba del jardín del oeste;
me duelen. Me hago vieja.
Si has de venir por los vados del río Kiang,
por favor, házmelo saber de antemano
y yo saldré a recibirte,
iré hasta Cho-fu-sa.

Versión de Javier Calvo


The River-Merchant's Wife: A Letter


While my hair was still cut straight across my forehead
I played about the front gate, pulling flowers.
You came by on bamboo stilts, playing horse,
You walked about my seat, playing with blue plums.
And we went on living in the village of Chokan:
Two small people, without dislike or suspicion.


At fourteen I married My Lord you.
I never laughed, being bashful.
Lowering my head, I looked at the wall.
Called to, a thousand times, I never looked back.


At fifteen I stopped scowling,
I desired my dust to be mingled with yours
Forever and forever and forever.
Why should I climb the look out?


At sixteen you departed,
You went into far Ku-to-yen, by the river of swirling eddies,
And you have been gone five months.
The monkeys make sorrowful noise overhead.


You dragged your feet when you went out.
By the gate now, the moss is grown, the different mosses,
Too deep to clear them away!
The leaves fall early this autumn, in wind.
The paired butterflies are already yellow with August
Over the grass in the West garden;
They hurt me.  I grow older.
If you are coming down through the narrows of the river Kiang,
Please let me know beforehand,
And I will come out to meet you
   As far as Cho-fu-Sa.




1 ago. 2011

Ezra Pound - Universalidad

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Esta es la voz de Europa. Habla Pound.

La antimoral bolchevique procede del Talmud, que representa la más obscena doctrina de las codificadas por aquella raza.

El Talmud es el único y exclusivo generador del Bolchevismo y si en los Estados Unidos existen algunos cristianos, harían bien en tomar en cuenta esta advertencia, harían bien en considerar la diferencia entre la parte griega y la parte judía de la Biblia.

Y también harían bien en considerar objetivamente los testimonios de la barbarie judía y la naturaleza de la revolución de Cristo, tal como es transmitida por los Evangelios.

No queremos entrar en polémicas de teología y arqueología.

Los teólogos y los estudiosos de religión han hablado, a propósito y despropósito de las fechas de composición y de las fuentes del Viejo Testamento. No voy a entrar en esas cuestiones que pueden ser dejadas al cuidado de los arqueólogos profesionales.

Habiendo leído cotidianamente la Biblia cuando era niño, estoy predispuesto a tener de ella una visión más objetiva de la que puede tener, por ejemplo, el obispo Temple.

Propongo que partamos de la versión del Rey Jaime y de aceptar sus afirmaciones en su sentido literal.

Os pido que observéis qué cosas se dicen en vuestra querida Biblia.

Limitémonos, por ahora, a las dos partes principales, y precisamente al Viejo Testamento y al Evangelio, dejando a un lado los atormentados interrogantes que se refieren a San Pablo.

Pues bien: el Viejo Testamento es un conjunto de Crónicas, Salmos, Profecías y Eclesiásticos: sus crónicas registran los hechos de una raza de bárbaros profundamente desagradable.

Y los profetas nunca han criticado la conducta de sus correligionarios.

Pero existió también un hombre llamado Pericles. Y existió un hombre llamado Aristóteles; existieron numerosos escritores, como Homero y Platón, los cuales dieron vida al modo de ser europeo; en suma, a la civilización europea; y todo ello logró infiltrarse en la isla que se encuentra a lo largo de la costa noroccidental europea y de allí se trasplantó al continente americano; todo ello tiene un origen mediterráneo.

Las gentes que atravesaron el Mississippi y se internaron en los bosques del Michigan acarreaban con ellos grandes pianos y pequeños bustos de Mozart.

La civilización surgió en la cuenca del Mediterráneo.

Y esta civilización tuvo enemigos: internos y externos. Tribus bárbaras se presentaban en sus confines; elementos de corrupción se infiltraban en ella, de la misma manera como se han infiltrado en los Estados Unidos, en el curso de los últimos 100 o 160 años.

Bien: ¿qué os dice vuestra Biblia sobre la organización social? Os dice que los judíos habían caído en cautividad y que en tal condición carecían de responsabilidad civil; se hallaban, en gran parte, en la condición de esclavos.

Por lo que se refiere a su organización, consistía en lo que aún sobrevive en el sistema farisaico: había una ley, pero no un sistema ético. Esa ley estaba formada por un conjunto de meticulosas prohibiciones y no habían muchas distinciones entre la transgresión del uno y la del otro. Su contenido se refería sobre todo a la regla principal de la misma ley: y precisamente en lo de hacer pagar multas, cobradas por una banda o un grupo de presuntos dirigentes religiosos, que no parecía tener particulares principios éticos.

Tasación irresponsable. Tasación para el beneficio de una pandilla de aprovechados.

Exactamente como hace la Banca de Inglaterra o el grupo Morgenthau-Warburg en los Estados Unidos, que perciben un impuesto de dos dólares por cada dólar gastado por el Gobierno La base es ésta. Todos los beneficios ilícitos particulares y las estafas sobre el comercio de armas en tiempo de paz son algo extra, por fuera y por encima de la estafa fundamental.

Omitiré todas las cuestiones de detalle: ¿qué había, por ejemplo, aprendido Moisés en Egipto? ¿qué habían aprendido los fariseos en Babilonia?

Pregunto yo ¿por qué fue crucificado Cristo?

¿Por qué Cristo fue crucificado?

Fue crucificado porque trató de combatir contra una mafia.

En Palestina, antes del año cero de la era cristiana, existían otras sectas místicas. Se dice que muchas de ellas tenían una existencia que superaba los doscientos años.

No tomo en cuenta las cuestiones místicas y religiosas.

Pregunto por qué los sacerdotes y los Levitas fueron tan inflexibles en el asunto de la crucifixión.

Poncio Pilatos no podía resolver la cuestión. No tenía ningún interés en encontrarse con una revuelta en sus manos, y por eso se las lavó.

Pero, ¿qué era lo que preocupaba a los notables del país? Observareis que en el Evangelio cristiano no existe ninguna cláusula referente a los impuestos al pueblo.

No existe ninguna institución de una autoridad central de gobierno autorizada a multar a la población por la infracción de normas incomprensibles, emanadas de un meticuloso código de leyes.

El Talmud, en cambio, tiene algo que es mucho más mezquino. Es un código de venganza, de medios sagrados que permiten la venganza, encaminada específicamente a la destrucción de todos los órdenes no farisaicos.

Se trata de un libro obsceno, cuya lectura debería ser permitida únicamente a los estudiosos, maduros y responsables, de psicopatología.

Del Talmud proceden los bolcheviques. Del Talmud se deriva la voluntad de destruir a Europa, de arrasar a la Cristiandad, de institucionalizar el ateismo, y es irónico o trágico el hecho de que los cristianos ingleses y americanos se encuentren doblemente ligados en una colaboración con la cruenta Rusia.

Personalmente soy muy escéptico en cuanto a la profundidad de los sentimientos cristianos de ingleses y americanos. Mi tío abuelo Alberto decía que prefería la Iglesia Episcopal, porque no interfería ni con las convicciones políticas de una persona, ni con las religiosas. Presumo que deben existir americanos cristianos, pero nunca los he encontrado muy convincentes.

No es asunto mío separar el grano de la cizaña.

He visto en Rapallo al padre Immiliani trabajar duramente, día tras día, para alimentar a un grupo de huérfanos y transformarlos en buenos artesanos.

Desde las ventanas de mi cuarto veo una pequeña iglesia construida sobre la base de un sano sistema económico: quiero decir que los aldeanos de este lado del monte tenían la piedra al alcance de la mano y querían una pequeña iglesia: por eso extrajeron la piedra de la montaña y construyeron la iglesia. Opino que creen en algo y es cierto que el régimen fascista aprueba esta gran fuente de actividad.

Yo también tengo mi propio tipo de religión. Y nadie, aquí, me ha dado un bastonazo en la cabeza por creer lo que creo. No digo que mis creencias sean aptas para todos los tipos y todas las condiciones de hombres. Me van bien a mí, y yo las sigo.

Nadie, ni siquiera el Arzobispo, con el que converso de vez en cuando, animadamente, y sin pelos en la lengua, me ha dicho nunca que las arroje al cubo de la basura. Normalmente, intercambiamos ideas sobre el Evangelio, el verdadero Evangelio. Es más viejo que yo, pero no chochea del todo.

Observo y apruebo la barca que, en la mañana del día de Pascua, enfila el canal hacia el mar, y no son muchos los que tal hacen.

Miro a los aldeanos que, en el período pascual, llevan a la iglesia varas con capullos de seda, en sus ondeantes delantales, para hacerlas bendecir.

Todo esto denota un respeto por la Divinidad.

Pero nadie les grava con impuestos por hacerlo, o por no hacerlo.

Llevan a los recién nacidos ante el templo, envueltos en panes húmedos, y los colocan ante el altar.
Bien, todo esto es verdaderamente simpático; puede formar parte, o no, de una teoría. Pienso que es un síntoma de gentileza. Como forma parte de la vida civil, forma parte del arte de vivir. Cualquier señor chino, por lo menos uno de los Wen Wang de la última época, lo respetaría; cualquier samurai japonés lo respetaría igualmente.

También yo lo respeto. Lo considero parte de una civilización, ante la cual encontramos una horda de bárbaros cruentos, financiada por una piara de los más selectos bribones.

Escuchad a unos cuantos comunistas, mongoles o tártaros.

... los intereses comerciales de los Baruch y los Warburg.

Escuchad a los estratos inferiores a los que se han impartido las directrices.

Escuchad a esos sucios puercos, dispuestos a destruir la música de Bach; basta de Bach, basta de Shakespeare. Es preciso destruir todo lo que lleva a la civilización.

El fariseo ha salido al campo abierto para conquistar todo el poder.

El fariseo es el mal absoluto que eligió domicilio en Londres desde que el gobierno inglés indujo a los indios de América a matar a los pioneros y desencadenó a los mongoles y a los tártaros abiertamente contra Alemania, Polonia y Finlandia y, secretamente, contra todo lo que hay de honrado en América. Contra toda la herencia americana.

Esta es mi guerra.

La he hecho durante veinte años; y nadie la ha hecho antes que yo.

Os habla Ezra Pound.

4 de mayo de 1942


En Aquí la voz de Europa
Alocuciones desde Radio Roma durante la Segunda Guerra Mundial
Imagen: Carl-Heinz Bast en 1971






14 nov. 2010

Ezra Pound - Cinco poemas (versión de Sandra Toro)

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Una chica


El árbol ha entrado por mis manos,
la savia ha subido por mis brazos,
el árbol ha crecido en mi pecho –
hacia abajo,
las ramas salen de mí, como brazos.

Árbol eres,
musgo eres,
y las violetas en el viento.
Un niña – tan alta- eres,
Y para el mundo todo esto es un delirio.




Δώρια

Sé en mí como el ánimo eterno
del viento frío, y no
como las cosas efímeras—
regocijo de flores.
Tenme en la intensa soledad
de los riscos sin sol
y de las aguas grises.
Deja que los dioses hablen de nosotros en voz baja
de ahora en más,
y que las flores sombrías de Orco
te recuerden.


*



Y los días no son tan plenos
Y las noches no son tan plenas
Y la vida se desliza como un ratón de campo
Sin agitar la hierba.





Meditación

Cuando considero detenidamente las costumbres curiosas de los perros
me veo obligado a concluir
que el hombre es el animal superior

Cuando considero las costumbres curiosas de los hombres
te confieso, amigo, que estoy desconcertado.




El encuentro

Mientras estuvieron hablando de la nueva moral
Sus ojos me exploraban.
Y cuando me levanté para irme
Sus dedos fueron como el tissue
de una servilleta de papel japonés.




A Girl
The tree has entered my hands,/The sap has ascended my arms,/The tree has grown in my breast -/Downward,/The branches grow out of me, like arms.//Tree you are,/Moss you are,/You are violets with wind above them./A child - so high - you are,/And all this is folly to the world.


Δώρια
Be in me as the eternal moods /of the bleak wind, and not/ As transient things are --/gaiety of flowers. /Have me in the strong loneliness/ of sunless cliffs /And of gray waters./ Let the gods speak softly of us /In days hereafter,/the shadowy flowers of Orcus /Remember thee.

*

And the days are not full enough
/And the nights are not full enough/And life slips by like a field mouse/Not shaking the grass

Meditatio
When I carefully consider the curious habits of dogs/I am compelled to conclude/That man is the superior animal.// When I consider the curious habits of man/I confess, my friend, I am puzzled.


The Encounter
All the while they were talking the new morality/ Her eyes explored me./And when I rose to go/Her fingers were like the tissue/Of a Japanese paper napkin.


Fuente: El Placard

Foto: Ezra Pound por David Lees (Corbis) Venecia, 1964


23 jul. 2010

Ezra Pound - Francesca

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Saliste de la noche
y había flores en tus manos;
ahora surgirás de una confusa muchedumbre,
de un tumulto de rumores en torno a ti.


Yo que te vi entre las cosas primordiales,
me enfurecía al oír que te nombraban
en sitios ordinarios.
Hubiera querido que las olas frías inundaran mi espíritu
y el mundo se secara como una hoja muerta
o una vaina de amargón, y lo barrieran lejos,
para hallarte de nuevo
sola.




En Ezra Pound, Cantares y otros poema
Buenos Aires, CEAL, 1988


Selección y traducción: Gerardo Gambolini
Prólogo de Jorge Frondebider

10 jul. 2008

Pier Paolo Pasolini y Ezra Pound (entrevista)

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28 jul. 2007

Ezra Pound por Henri Cartier Bresson

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22 abr. 2007

Ezra Pound

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10 abr. 2007

EZRA POUND - Erat hora

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"Gracias, pase lo que pase." Y se volvió
y como un rayo de sol sobre flores colgantes
palidece cuando el viento las aparta,
se alejó de mí rápidamente. Más aún, pase lo
que pase,
fue una hora iluminada por el sol, y los
dioses más altos
de nada mejor pueden jactarse
que de haber visto esa hora transcurrir.


Ezra Pound, Cantares y otros poemas, selección y traducción Gerardo Gambolini. Buenos Aires, CEAL 1988
ISAÍAS GARDE, textos en transición

Ezra Pound - El árbol

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Me detuve y fui un árbol en medio del bosque
y supe la verdad de cosas nunca vistas;
de Daphne y la rama de laurel
y de esa vieja pareja que adoraba a los dioses
convertida en olmo -roble en la campiña-.
No fue sino hasta que los dioses
fueron invocados con aprecio, y llamados
al calor del hogar en su corazón,
que pudieron hacer este prodigio;
con todo, he sido un árbol en medio del bosque
y muchas cosas comprendí
que antes a mi cabeza le parecían locuras.



Ezra Pound, Cantares y otros poemas
Buenos Aires, CEAL, 1988
Selección y traducción: Gerardo Gambolini
Prólogo Jorge Fondebrider

4 abr. 2007

Ezra Pound - Cantar XLV - Con usura

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Con usura no tiene el hombre casa de buena piedra
Con bien cortados bloques y dispuestos
de modo que el diseño lo cobije,
con usura no hay paraíso pintado para el hombre en los muros de su iglesia
harpes et lutz (arpas y laúdes)
o lugar donde la virgen reciba el mensaje
y su halo se proyecte por la grieta,
con usura
no se ve el hombre Gonzaga,
ni a su gente ni a sus concubinas
no se pinta un cuadro para que perdure ni para tenerlo en casa
sino para venderlo y pronto
con usura,
pecado contra la naturaleza,
es tu pan para siempre harapiento,
seco como papel, sin trigo de montaña,
sin la fuerte harina.
Con usura se hincha la línea
con usura nada está en su sitio (no hay límites precisos)
y nadie encuentra un lugar para su casa.
El picapedrero es apartado de la piedra
el tejedor es apartado del telar
con usura
no llega lana al mercado
no vale nada la oveja con usura.
Usura es un parásito
mella la aguja en manos de la doncella
y paraliza el talento del que hila. Pietro Lombardo
no vino por usura
Duccio no vino por usura
ni Pier della Francesca; no por usura Zuan Bellini
ni se pintó "La Calunnia”
No vino por usura Angélico; no vino Ambrogio Praedis,
no hubo iglesia de piedra con la firma: Adamo me fecit.
No por usura St. Trophime
no por usura St. Hilaire.
Usura oxida el cincel
Oxida la obra y al artesano
Corroe el hilo en el telar
Nadie hubiese aprendido a poner oro en su diseño;
Y el azur tiene una llaga con usura;
se queda sin bordar la tela.
No encuentra el esmeralda un Memling
Usura mata al niño en el útero
No deja que el joven corteje
Ha llevado la sequedad hasta la cama, y yace
entre la joven novia y su marido
Contra naturam
Ellos trajeron putas a Eleusis
Sientan cadáveres a su banquete
por mandato de usura.



Ezra Pound, Cantares


ISAÍAS GARDE, textos en transición