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19 may. 2015

Descarga: Luis Cernuda - Ocnos

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Ayer, el recuerdo, Sevilla; hoy, el inmenso dolor por una España despedazada; mañana… todas las preguntas «suspensas en el aire, tal la nube que oculta un dios». Nostalgia y esperanza componen la poesía en prosa de esta significativa obra —autobiografía lírica que refleja una experiencia existencial— escrita desde el exilio.

18 may. 2015

Descarga: Rainer María Rilke - Las elegías de Duino

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Descarga: Rainer María Rilke - Las elegías de Duino

Las Elegías de Duino es la obra más importante de Rilke. Suma poética articulada y completa, constituye su itinerario poético concluido, la aventura de la interiorización de la realidad entera. 

14 may. 2015

Descarga: Federico García Lorca - Poesía completa

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Descarga Federico García Lorca - Poesía completa

Esta edición recoge la producción esencial de Federico García Lorca, aquella que fue el centro de su actividad creadora y contó con su autorización o con su visto bueno, salvadas algunas y accidentales excepciones. En esa confianza ponemos al alcance del lector la poesía completa del gran poeta español.

Alejandra Pizarnik - No espero nada salvo sufrir menos

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Alejandra Pizarnik - No espero nada salvo sufrir menos


Martes, 21

  Soñé con M. L. Yo estaba encinta y ella me consolaba. Yo lloraba como un niño recién nacido. Al despertar pensé que de alguna manera yo he muerto el 28 de septiembre del año pasado. Ese día representé mi nacimiento para anularlo. También pensé en el daño que me hizo M. L. Pero ¿quién no me hizo daño? Quisiera terminar hoy el artículo de C. C. S.

  Me queda muy poco tiempo de vivir. No espero nada salvo sufrir menos, cobrar algo de indiferencia. Extraña relación con C. C. No es extraña, es simplemente una reiteración más. Deseo que no me escriba para sufrir por su silencio. Mejor dicho: para que sepa que sufro por su silencio.

  Días pasados pensé: estoy sola pero soy libre. Luego me olvidé de seguir consolándome con este prejuicio. Nada mejor que la resignación, la aceptación. Pero estoy muy mal. No sé en qué descansar. Todo me es razón de espanto. Y cuando no es de espanto es de rechazo. Todo me rechaza. No deseo estar viva ni deseo suicidarme. Hace poco tiempo que la muerte está en mí. Me horroriza. Antes no, antes yo era candorosa. ¿Cuándo es antes? Antes del retorno a Buenos Aires. Mi descubrimiento más siniestro fue saber que aún puedo sufrir por causas nimias. En París no era así. Comparada con la de aquí, mi manera de vivir, en París, era magnífica. Y yo que le atribuía tantos términos infernales. Curioso: todo puede ser peor, con un poco de tiempo todo puede llegar a ser peor.

  ¿Qué necesidad tengo de saber rimar como Pound? ¿Para qué querrá danzar la paralítica? Ante todo: caminar. Esto es: decir. (¿A quién?) Pero no. Ante todo el verso de Artaud: Il fallait d’abord avoir envie de vivre.


Cuaderno de Buenos Aires de 1964 a 1968
En Diarios

23 abr. 2015

Juan Gelman – Medidas

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Juan Gelman – Medidas


El abuelo me mira desde
la foto de siempre, me mira
desde el fondo de Rusia y otras desgracias.
Desde el ghetto me mira. Dicen que
escribió una carta a Dios para
que inundara las casas de trigo,
de vino y de pan ázimo en Pascua,
y ató la carta a la pata de un pájaro
que voló de país en país buscando el cielo.
Me mira con las ojeras lentas
de quien veló el espanto. Nunca
me levantó en sus brazos. Nunca
lo tuve, nunca
me tuvo, nunca
es la palabra entre los dos. Quiso
que la verdad paseara por la calle
y la cubrió con una máscara
para que la quisieran.
Esa máscara es su rostro en la foto.
Le habrá pedido a Dios que no
borre ni escriba nada porque
todo podía ser peor. La foto
está enferma, levanta
una humareda de brazos que no se encontrarán.
Empoza su linaje y
 me sigue como un perro.

En Valer la pena (1996 – 2000)
Imagen: Ricardo Gutiérrez


Dylan Thomas – Sobre todo cuando el viento de octubre

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Dylan Thomas – Sobre todo cuando el viento de octubre


Sobre todo cuando el viento de octubre
el pelo me castiga con sus dedos de escarcha,
preso en el sol exasperante, marcho ardiendo
y tiro hacia la tierra un cangrejo de sombra,
a la orilla del mar, cuando oigo el alboroto de los pájaros
y oigo la tos del cuervo en los bastones del invierno,
mi atareado corazón que mientras habla tiembla
vierte el silabeo de su sangre y agota sus palabras.

Encerrado también en una torre de palabras
trazo en el horizonte que anda como los árboles
las siluetas verbales de mujeres, y las filas de niños
con sus gestos de estrella sobre el parque.
Algunas me permiten crearte de las hayas colmadas de vocales,
otras de las voces del roble, o desde las raíces
de múltiples comarcas espinosas te cuentan sus memorias,
otras me permiten crearte con los sermones de las aguas.

Tras un tiesto de helechos, el reloj oscilante
pronuncia la palabra de la hora, el sentido del nervio,
vuela sobre el disco imantado, declama la mañana
y cuenta al huracán en la veleta.
Algunas me permiten crearte con los signos del prado;
la hierba señalera que me relata todo lo que sé
traspasa el ojo con el invierno lleno de gusanos.
Algunas me permiten contarte los pecados del cuervo.

Sobre todo cuando el viento de octubre
(algunas me permiten crearte de hechizos otoñales
la de lenguas de araña y la colina resonante de Gales)
castiga a la tierra con puños como nabos
algunas me permiten hacerte de las palabras sin corazón.
El corazón quedó agotado, balbuceando en los remolinos
de la química sangre, advertido de la furia que avanza.
A la orilla del mar oye a los pájaros sombreados de vocales.

Traducción: Elizabeth Azcona Cranwell



Especially when the October wind

Especially when the October wind
With frosty fingers punishes my hair,
Caught by the crabbing sun I walk on fire
And cast a shadow crab upon the land,
By the sea's side, hearing the noise of birds,
Hearing the raven cough in winter sticks,
My busy heart who shudders as she talks
Sheds the syllabic blood and drains her words.

Shut, too, in a tower of words, I mark
On the horizon walking like the trees
The wordy shapes of women, and the rows
Of the star-gestured children in the park.
Some let me make you of the vowelled beeches,
Some of the oaken voices, from the roots
Of many a thorny shire tell you notes,
Some let me make you of the water's speeches.

Behind a pot of ferns the wagging clock
Tells me the hour's word, the neural meaning
Flies on the shafted disk, declaims the morning
And tells the windy weather in the cock.
Some let me make you of the meadow's signs;
The signal grass that tells me all I know
Breaks with the wormy winter through the eye.
Some let me tell you of the raven's sins.

Especially when the October wind
(Some let me make you of autumnal spells,
The spider-tongued, and the loud hill of Wales)
With fists of turnips punishes the land,
Some let me make of you the heartless words.
The heart is drained that, spelling in the scurry
Of chemic blood, warned of the coming fury.
By the sea's side hear the dark-vowelled birds.

Descarga: Jean Cocteau - El libro blanco

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Descarga: Jean Cocteau - El libro blanco

El libro blanco es el retrato psicológico de un hombre atormentado a quien cada una de sus aventuras sentimentales abre una dolorosa herida en su alma, pues su drama procede no sólo de su extremada sensibilidad, sino también, y debido a ello, del no poder satisfacer su deseo sin que se vea afectado también el corazón. Como añade en su prólogo, «El corazón es una cosa. El sexo es otra diferente. Ciertos objetos turban al primero, otros despiertan al segundo, sin la intervención del intelecto».

En definitiva, «Un vicio de la sociedad convierte en vicio mi rectitud», así resume el protagonista la narración desde su infancia hasta su madurez en un mundo de convenciones e injusticias sociales que lo llevan a cuestionarse su identidad por medio de un conflicto entre moral y sentidos, razón y sexualidad.

Sylvia Plath – La mujer del guardia de zoo

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Sylvia Plath – La mujer del guardia de zoo


Puedo estar despierta toda la noche, si es preciso:
Fría como una anguila, sin párpados.
La oscuridad me envuelve como un lago muerto,
Azul y negra, una ciruela espectacular.
Mi corazón no mana burbujas de aire, no tengo pulmones,
Soy horrenda, mi vientre es una media de seda
En la que las caras y las cruces de mis hermanas se descomponen.
Mira, mira cómo se funden como monedas en los potentes jugos…

Las mandíbulas de araña, las vértebras mondas por un instante
Como las líneas blancas en un cianotipo.
Si me moviese, creo que esta bolsa de plástico púrpura y rosada,
Repleta de vísceras, cascabelearía como el sonajero de un niño,
Las quejas acumuladas durante años, todos los dientes sueltos reteñirían

Al chocar entre sí. Pero ¿qué sabrás tú de todo esto,
Mi cerdo gordito, mi amorcillo meolludo, de cara a la pared?
En este mundo hay cosas intragables.

Tú me cortejaste con murciélagos de la fruta con cabeza de lobo,
Colgados de sus garras chamuscadas en el aire
Húmedo y hediondo de la Casa de los Mamíferos Pequeños.
El armadillo dormitaba en su arenero,
Obsceno y pelado como un puerco, los ratones blancos
Se multiplicaban hasta el infinito, como ángeles en una cabeza de alfiler,
De puro aburrimiento. Enmarañados en las sábanas empapadas de sudor,
Recuerdo los pollos cubiertos de sangre y los conejos descuartizados.

Tú revisabas el régimen de dietas y me llevabas a jugar
Con la boa constrictor en el Fellow’s Garden.
Yo fingía ser el Árbol de la Ciencia.
Me colaba en tu Biblia, me embarcaba en el Arca
Junto con el mandril sagrado, que llevaba una peluca y tenía orejas de cera,
Y la araña comedora de pájaros, cubierta con una piel de oso,
Que reptaba alrededor de su caja de vidrio como una mano de ocho dedos.
No consigo quitármela de la cabeza, no,

La manera en que nuestro noviazgo iluminaba aquellas jaulas de yesca…
Tu rinoceronte de dos cuernos abría la boca
Sucia como la suela de una bota y grande como el lavabo de un hospital
Para que yo le diera mi terrón de azúcar: su aliento apestando a ciénaga
Me cubría el brazo como un guante largo, hasta el codo.
Los caracoles lanzaban besos como manzanas negras.
Ahora, de noche, flagelo a los monos búhos osos ovejas
En su escalerilla de hierro. Y, aún hoy, no consigo dormir.
   
14 de febrero de 1961

Traducción: Xoán Abeleira



Zoo Keeper's Wife

I can stay awake all night, if need be—
Cold as an eel, without eyelids.
Like a dead lake the dark envelops me,
Blueblack, a spectacular plum fruit.
No airbubbles start from my heart, I am lungless
And ugly, my belly a silk stocking
Where the heads and tails of my sisters decompose.
Look, they are melting like coins in the powerful juices-

The spidery jaws, the spine bones bared for a moment
Like the white lines on a blueprint.
Should I stir, I think this pink and purple plastic
Guts bag would clack like a child's rattle,
Old grievances jostling each other, so many loose teeth.

But what do you know about that
My fat pork, my marrowy sweetheart, face-to-the-wall ?
Some things of this world are indigestible.

You wooed me with the wolf-headed fruit bats
Hanging from their scorched hooks in the moist
Fug of the Small Mammal House.
The armadillo dozed in his sandbin
Obscene and bald as a pig, the white mice
Multiplied to infinity like angels on a pinhead
Out of sheer boredom. Tangled in the sweat-wet sheets
I remember the bloodied chicks and the quartered rabbits.

You checked the diet charts and took me to play
With the boa constrictor in the Fellows' Garden.
I pretended I was the Tree of Knowledge.
I entered your bible, I boarded your ark
With the sacred baboon in his wig and wax ears
And the bear-furred, bird-eating spider
Clambering round its glass box like an eight-fingered hand.
I can't get it out of my mind

How our courtship lit the tindery cages —
Your two-horned rhinoceros opened a mouth
Dirty as a bootsole and big as a hospital sink
For my cube of sugar: its bog breath
Gloved my arm to the elbow.
The snails blew kisses like black apples.
Nightly now I flog apes owls bears sheep
Over their iron stile. And still don't sleep.

14 February 1961

Alejandra Pizarnik – Piedra fundamental

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Alejandra Pizarnik – Piedra fundamental


No puedo hablar con mi voz sino con mis voces.

Sus ojos eran la entrada del templo, para mí, que soy errante, que amo y muero. Y hubiese cantado hasta hacerme una con la noche, hasta deshacerme desnuda en la entrada del tiempo.

Un canto que atravieso como un túnel.

Presencias inquietantes,

gestos de figuras que se aparecen vivientes por obra de un lenguaje activo que las alude,

signos que insinúan terrores insolubles.

Una vibración de los cimientos, un trepidar de los fundamentos, drenan y barrenan,

y he sabido dónde se aposenta aquello tan otro que es yo, que espera que me calle para tomar posesión de mí y drenar y barrenar los cimientos, los fundamentos,

aquello que me es adverso desde mí, conspira, toma posesión de mi terreno baldío,

no,

he de hacer algo,

no,

no he de hacer nada,

algo en mí no se abandona a la cascada de cenizas que me arrasa dentro de mí con ella que es yo, conmigo que soy ella y que soy yo, indeciblemente distinta de ella.

En el silencio mismo (no el mismo silencio) tragar noche, una noche inmensa inmersa en el sigilo de los pasos perdidos.

No puedo hablar para nada decir. Por eso nos perdemos, yo y el poema, en la tentativa inútil de transcribir relaciones ardientes.

¿A dónde la conduce esta escritura? A lo negro, a lo estéril, a lo fragmentado.

Las muñecas desventradas por mis antiguas manos de muñeca, la desilusión al encontrar pura estopa (pura estepa tu memoria): el padre, que tuvo que ser Tiresias, flota en el río. Pero tú, ¿por qué te dejaste asesinar escuchando cuentos de álamos nevados?

Yo quería que mis dedos de muñeca penetraran en las teclas. Yo no quería rozar, como una araña, el teclado. Yo quería hundirme, clavarme, fijarme, petrificarme. Yo quería entrar en el teclado para entrar adentro de la música para tener una patria. Pero la música se movía, se apresuraba. Sólo cuando un refrán reincidía, alentaba en mí la esperanza de que se estableciera algo parecido a una estación de trenes, quiero decir: un punto de partida firme y seguro; un lugar desde el cual partir, desde el lugar, hacia el lugar, en unión y fusión con el lugar. Pero el refrán era demasiado breve, de modo que yo no podía fundar una estación pues no contaba más que con un tren salido de los rieles que se contorsionaba y se distorsionaba. Entonces abandoné la música y sus traiciones porque la música estaba más arriba o más abajo, pero no en el centro, en el lugar de la fusión y del encuentro. (Tú que fuiste mi única patria ¿en dónde buscarte? Tal vez en este poema que voy escribiendo.)

Una noche en el circo recobré un lenguaje perdido en el momento que los jinetes con antorchas en la mano galopaban en ronda feroz sobre corceles negros. Ni en mis sueños de dicha existirá un coro de ángeles que suministre algo semejante a los sonidos calientes para mi corazón de los cascos contra las arenas.

(Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.)

(Es un hombre o una piedra o un árbol el que va a comenzar el canto…)

Y era un estremecimiento suavemente trepidante (lo digo para aleccionar a la que extravió en mí su musicalidad y trepida con más disonancia que un caballo azuzado por una antorcha en las arenas de un país extranjero).

Estaba abrazada al suelo, diciendo un nombre. Creí que me había muerto y que la muerte era decir un nombre sin cesar.

No es esto, tal vez, lo que quiero decir. Este decir y decirse no es grato. No puedo hablar con mi voz sino con mis voces. También este poema es posible que sea una trampa, un escenario más.

Cuando el baco alternó su ritmo y vaciló en el agua violenta, me erguí como la amazona que domina solamente con sus ojos azules al caballo que se encabrita (¿o fue con sus ojos azules?). El agua verde en mi cara, he de beber de ti hasta que la noche se abra. Nadie puede salvarme pues soy invisible aun para mí que me llamo con tu voz. ¿En dónde estoy? Estoy en un jardín.

Hay un jardín.


En El infierno musical (1971)
Foto de Alicia D'Amico

21 abr. 2015

Jorge Teillier – Huerto

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Jorge Teillier – Huerto


Las manos del viento
remecen los árboles de la huerta,
y caen sobre el pasto
pequeñas frutas descarnadas,
picoteadas por los pájaros.

Dónde están, dónde van a parar,
caídos de árboles de otra época,
remecidos por un viento extranjero,
la harina tostada en las mañanas,
el pozo que no le contaba a nadie
la historia de los primeros besos,
el croar campesino de ranas a medianoche.

Dónde han caído,
frutas descarnadas,
olvidadas, picoteadas por los pájaros,
la charla de la niña con el gato,
su vestido celeste y el columpio,
y el tren que se la llevó a una aldea
muerta como un reflejo de la luna
en el vidrio roto del granero.


En Para ángeles y gorriones

Federico García Lorca – Lamentación de la muerte

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Federico García Lorca – Lamentación de la muerte


a Miguel Benítez


Sobre el cielo negro,
culebrinas amarillas.
Vine a este mundo con ojos
y me voy sin ellos.
¡Señor del mayor dolor!
Y luego,
un velón una manta
en el suelo.

Quise llegar adonde
llegaron los buenos.
¡Y he llegado, Dios mío!…
Pero luego,
un velón y una manta
en el suelo.

Limoncito amarillo,
limonero.
Echad los limoncitos
 al viento.
¡Ya lo sabéis!… Porque luego,
luego,
un velón y una manta
en el suelo.

Sobre el cielo negro,
culebrinas amarillas.

CONJURO

La mano crispada
como una Medusa
ciega el ojo doliente
del candil.

As de bastos.
Tijeras en cruz.

Sobre el humo blanco
del incienso, tiene
algo de topo y
mariposa indecisa.

As de bastos.
Tijeras en cruz.
Aprieta un corazón
invisible, ¿la veis?
Un corazón
reflejado en el viento.

As de bastos.
Tijeras en cruz.

MEMENTO

Cuando yo me muera,
enterradme con mi guitarra
bajo la arena.

Cuando yo me muera,
entre los naranjos
y la hierbabuena.

Cuando yo me muera,
enterradme, si queréis,
en una veleta.

¡Cuando yo me muera!


En Poema del cante jondo

17 abr. 2015

Charles Baudelaire - El cuarto doble

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Charles Baudelaire - El cuarto doble


   Un cuarto que parece un desvarío, un cuarto verdaderamente espiritual, donde la atmósfera estancada está ligeramente teñida de rosa y de azul.

  El alma allí toma un baño de pereza, aromatizado por el remordimiento y el deseo. Hay algo de crepuscular, de azulado y de rosado, un delirio de deleite durante un eclipse.

  Los muebles tienen formas alargadas, postradas, lánguidas. Los muebles tienen aire de soñar; se dirá dotados de una vida sonámbula, como lo vegetal y lo mineral. Las materias hablan una lengua muerta como las flores, como los cielos, como los soles ponientes.

  Sobre los muros ninguna abominación artística. Relativamente al sueño puro, a la impresión sin analizar, el arte definido, el arte positivo es una blasfemia. Así, todo tiene la suficiente claridad y la deliciosa obscuridad de la armonía.

  Un aroma infinitesimal de la elección más exquisita, a la que se mezcla una muy ligera humedad, nace en esta atmósfera donde el espíritu durmiente es mecido por sensaciones de sofocación.

  La muselina cae abundantemente delante de las ventanas y delante de la cama; se expande en cascadas nevosas. Sobre esa cama está acostado el Ídolo, la soberana de los sueños. ¿Pero cómo está ella ahí? ¿Quién la ha traído? ¿Qué poder mágico la ha instalado sobre ese trono de desvarío y deleite? ¡Qué importa! ¡Allá está! Yo la reconozco.

  ¡Vean bien esos ojos cuya llama atraviesa el crepúsculo; esos sutiles y terribles mirones, que reconozco por su tremenda malicia! Atraen, subyugan, devoran la mirada del imprudente que los contempla. Frecuentemente los he estudiado, esas estrellas negras que comandan la curiosidad y la admiración.

  ¿A qué demonio benevolente debo el estar así rodeado de misterio, de silencio, de paz y de perfumes? ¡Oh Beatitud! Eso que nombramos generalmente la vida, aún en su expansión más feliz, no tiene nada en común con esa vida suprema de la que ahora tengo conocimiento y que saboreo minuto por minuto, segundo por segundo.

  ¡No! ¡No hay más minutos! ¡No hay más segundos! El tiempo ha desaparecido: es la Eternidad que reina, una eternidad de delicias.

  Pero un golpe terrible, torpe, resuena en la puerta, y, como en los sueños infernales, me ha parecido que recibía un golpe de azadón en el estómago.

  Y luego un Espectro ha entrado. Es un oficial que viene a torturarme en nombre de la ley; una infame concubina que viene a gritar miseria y a agregar las trivialidades de su vida a los dolores de la mía; o bien el testaferro de un director de diario que reclama el término de un manuscrito.

El cuarto paradisíaco, el ídolo, la soberana de los sueños, la Sílfida, como decía el gran René, toda esa magia ha desaparecido al golpe brutal asestado por el Espectro.

  ¡Horror! ¡Me acuerdo! ¡Me acuerdo! ¡Sí! Esa choza, esa estancia del eterno tedio, es bien la mía.

  ¡He aquí los muebles fatuos, polvorientos, descornados; la chimenea sin llama y sin brasa, manchada de escupidas; las ventanas tristes donde la lluvia ha trazado surcos en la polvareda; los manuscritos, tachados o incompletos; el almanaque donde el crayón ha marcado las fechas siniestras!

  Y ese perfume de otro mundo, en el que me embriago con una sensibilidad perfeccionada, ¡ay! Ha sido reemplazado por un fétido olor a tabaco mezclado con no sé qué nauseabundo moho.

  Se respira aquí ahora lo rancio de la desolación.

  En ese mundo estrecho, más sí pleno de disgusto, un solo objeto conocido me sonríe: el frasco del láudano; un viejo y terrible amigo; como todos los amigos, ¡ay! fecundo en caricias y en traiciones.

  ¡Oh! ¡Sí! El Tiempo ha reparado; el Tiempo reina soberano ahora; y con el horroroso viejo ha vuelto todo su demoníaco cortejo de Recuerdos, de Remordimientos, de Espasmos, de Pavor, de Angustias, de Pesadilla, de Cóleras y de Neurosis.

  Yo les aseguro que los segundos ahora están fuertemente y solemnemente acentuados, y cada uno, saltando del péndulo, dice: «¡Yo soy la Vida, la insoportable, la implacable Vida!».

  No hay más que un Segundo en la vida humana que tenga la misión de anunciar una buena nueva, la buena nueva que causa a cada uno un inexplicable pavor.

  ¡Sí! El Tiempo reina: ha retomado su brutal dictadura. Y me empuja con su doble aguijón. «¡Y arre así! ¡borrico! ¡Suda así, esclavo!, ¡Vive así, maldito!».


En La Fanfarlo y otras narraciones
Traducción: Aurora Bernárdez
Imagen: Nadar


30 mar. 2015

Descarga: Ochenta poemas de la Generación del 27

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Descarga: Ochenta poemas de la Generación del 27

Ochenta poemas de la Generación del 27 es una antología dirigida al alumnado de Primaria que ve la luz gracias a la colaboración entre la Consejería de Educación y la Diputación de Málaga. 

Las dos instituciones unen sus esfuerzos con ocasión de la celebración del ochenta aniversario de la constitución del grupo poético del 27, en recuerdo del acto de homenaje a Góngora que estos poetas llevaron a cabo en el Ateneo de Sevilla en aquel año de 1927.

26 mar. 2015

Jean Cocteau - Situación de Mallarmé

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Jean Cocteau - Situación de Mallarmé


Una juventud apasionada de lo maravilloso y del cinismo prefiere cualquier medium de feria, cualquier estafador, a este tipo de hombre honrado, de burgués íntegro, de aristócrata exquisito, de obrero piadoso, de orfebre: Mallarmé. Humano, demasiado humano. Confieso, por mí parte, una vez desaparecida la sombra que lo aureolaba, que ya no veo más que el modern-style de la orfebrería.

Si Mallarmé talla piedras, es, más bien que un diamante, una amatista, un ópalo, una gema sobre la tiara de Herodías, en el museo Gustave Moreau.

Rimbaud ha robado sus diamantes; ¿pero dónde? He aquí el enigma.

Mallarmé, el sabio, no os cansa. Merece esa dedicatoria sospechosa de Las flores del mal, que Gautier no merece. Rimbaud conserva el prestigio del encubrimiento, de la sangre; en él, el diamante está tallado con vistas a un robo con fractura, con el único fin de cortar un cristal, una luna de escaparate.

Los verdaderos maestros de la juventud, entre 1912 y 1930, fueron Rimbaud, Ducasse, Nerval, Sade.

Mallarmé influye más bien sobre el estilo del periodismo.

Baudelaire presenta arrugas, pero conserva una juventud asombrosa.

Cada verso de Mallarmé fue, desde su origen, una bella arruga, fina, estudiosa, noble, profunda. Este aspecto, más viejo que eterno, impide que su obra envejezca a trozos y la da toda una apariencia arrugada, análoga a la de las líneas de la mano, líneas que serían decorativas en vez de ser proféticas.

Nada más triste que el diario de Jules Renard; nada demuestra mejor el horror a las Letras. Él ha debido decirse: «Todos son bajos, pequeños, arribistas. Nadie se atreve a confesarlo; yo lo confesaré y seré único». Y ello provoca en el lector impío y a quien le gustaba Renard, una opresión insuperable.

Abandona uno ese breviario del hombre de letras, del arrivismo íntegro, con la seguridad de que las ranas han encontrado rey. (Entiendo por ranas lo que se atrapa con un trozo de cinta roja).

Unos pocos polvos insecticidas aniquilarían esos volúmenes que nos escuecen, que nos impiden releer Pelo de zanahoria.

Supongo que muchos periodistas no quieren mentir, pero que mienten por ese mecanismo de la poesía y de la Historia que deforman lentamente para lograr el estilo. Esta deformación aplicada de manera inmediata, produce la mentira. Ahora bien; no sé si esa mentira, gracias a la cual los hechos deben a la larga su relieve, es útil sin la perspectiva. Creo que los hechos relatados con fidelidad, en caliente, al día siguiente tendrían mil veces más fuerza.



En Opio  
Traducción: Julio Gómez de la Serna
Imagen: © Man Ray Trust ARS-ADAGP

Descarga: Dylan Thomas - Manifiesto poético

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Descarga: Dylan Thomas - Manifiesto poético

En el verano de 1951 un joven de veintiún años que estaba trabajando en una tesis sobre Dylan Thomas le formuló cinco preguntas, que el poeta le pidió le redactase por escrito para poder estudiarlas antes de contestar. Las preguntas eran las siguientes: 1. ¿Por qué empezó a escribir poesía? ¿Cómo empezó y qué poetas o poemas influyeron sobre usted? 2. Se ha dicho que tres influencias dominantes se destacan en su obra: Joyce, la Biblia y Freud. ¿Es cierto? 3. ¿Usa deliberadamente todos los recursos poéticos en sus trabajos? ¿o simplemente "surgen"? 4. ¿Usa usted las combinaciones de palabras de manera surrealista? 5. ¿Cuál es su definición de la poesía. Estas fueron sus respuestas.

18 mar. 2015

Guillaume Apollinaire – En el jardín de Ana

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Guillaume Apollinaire – En el jardín de Ana



Cierto si hubiésemos vivido en el año mil setecientos sesenta

Es la fecha que descifras Ana en este banco de piedra

Y si por desgracia yo hubiese sido alemán
Pero que felizmente hubiese estado cerca de ti
Habríamos hablado de amor de una forma imprecisa
Casi siempre en francés
Y perdidamente colgada de mi brazo
Me habrías escuchado hablarte de Pitágoras
Sin dejar de pensar también en el café que tomaríamos
Media hora más tarde.

Y el otoño habría sido parecido a este otoño
Que el agracejo y los pámpanos coronan
Y bruscamente a veces habría saludado con mucha reverencia
A nobles damas gordas y lánguidas
Lentamente hubiese bebido solo
En las largas veladas
El tokai espeso o la malvasía
Me habría puesto mi traje español
Para ir a la ruta por la cual
Llega en su vieja carroza
Mi abuela que se niega a comprender el alemán

Habría escrito versos llenos de mitología
Sobre tus senos la vida campestre y las damas
De los alrededores
Habría roto a menudo mi bastón
Sobre la espalda de un campesino

Me habría gustado oír música mientras comía
Jamón

Habría jurado en alemán, te lo juro
Cuando me sorprendieras besando en plena boca
A esta criada pelirroja

Me habrías perdonado en el bosque de los arándanos

Yo canturrearía un poco
Y luego habríamos escuchado largo rato los ruidos del crepúsculo.


En Antología poética
Traducción: José Manuel López

Descarga: Pablo Neruda - El libro de las preguntas

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Descarga: Pablo Neruda - El libro de las preguntas

El Libro de las preguntas, es una obra póstuma del poeta chileno Pablo Neruda. Está integrado por un conjunto de preguntas, escritas en estilo poético, que Neruda escribió a lo largo de su vida. En ellas, con sus habituales maestría y sensibilidad, el poeta lo cuestiona todo: la naturaleza, la vida, a sí mismo o a la humanidad. Estos textos permanecieron inéditos hasta su muerte. Posteriormente se compilaron y publicaron por primera vez en 1974.

17 mar. 2015

Leopoldo María Panero – El que acecha en el umbral

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Leopoldo María Panero – El que acecha en el umbral


A Inés Alcoba.

Si la beauté n’etait la mort

 
Toda belleza por el cadáver pasa
y se limpia en el río de la muerte, el Ganges
que a los inmortales conduce
toda mujer
se transfigura en la tumba y adorna
en el eterno peligro de la nada
así, querida
sabrás muriendo lo que es el Adorno
y te adorarán los pulgones y aplaudirán las ranas
de ellas compuesto el canto eterno de la nada
oh, tú, hermana
llena con tu cántico mi noche
de tu susurro delgada hermana
de tu sollozo
que la nada devora

Sabiendo así lo que es el Adorno
las chotacabras avisan Su Llegada.


En Poemas del manicomio de Mondragón
Imagen: José Ramón Vega

16 mar. 2015

Thomas Bernhard – Quiero rezar en la piedra ardiente

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Thomas Bernhard – Quiero rezar en la piedra ardiente


Quiero rezar en la piedra ardiente
y contar las estrellas que nadan
en mi sangre
Señor
Dios mío
quiero ser olvidado
ya no temo el día
que vendrá mañana
ya no temo la noche
que me tolera
Señor
Dios mío
ya no temo
lo que pueda venir aún
mi hambre se ha aplacado ya
y el tormento negro
ha sido apurado.

Quiero alabarte Dios mío
en el abandono
y todo miedo se borra
y toda muerte me regala la luz de mis ojos
Dios mío te alabo
por mucho que el tiempo dure
no estaré ya solo
estaré contigo
y alegre
las aves han revoloteado en vano
negras
y otra vez
negras
la cifra revienta
la luna grita
pero yo
ya no soy.

Señor haz que olvide
mi alma
y el tormento de mis ojos
y el puñal de los labios cansados
y el fuego verde de cabañas lejanas
el hocico de cada charca
que olvide
Señor
Dios mío
el día
que me divide el grito
que di y el paso de muchas aves
mi cólera está en pedazos
y libre mi sangre
en torrentes.

trinchado
ay
ay
ay
mi
ay.

Las aves ay las aves
negra la noche
mi sangre
oh Señor
han sido trinchadas
todas las aves
grito que amarillo
quema la lengua
trinchadas
ay en sangre
los cuchillos Dios
bebo mi carne
los cuchillos
hace tiempo están muertos
mi rojo
mi verde
mi aguijón pincha
trinchado
ay
trinchado
ay


En In hora mortis
Traducción: Miguel Sáenz
Imagen: © Josef Dreissinger


15 mar. 2015

Juan Gelman – Rostros

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Juan Gelman – Rostros



Sin ella, los días tardaban en pasar

Carlos Gardel


I

algún sonido de la vida
como la naranja en el niño
¿todos lo escucharían
crepitar en tu voz?

¿y adónde iba a qué raíz
o copa donde los extranjeros labios
veían para sí cerrándose
como cuidando su aventura?

¿y de dónde venía por qué
qué dolor o qué tarde
temblando no terminada

avanzaba esa noche
ardiendo crepitando
invasora final?


II. (ropas)

la toalla donde dejo mi rostro
encontrarse con el tuyo anterior
sudor contra tu aroma
allá habrán de entenderse

como señales o distancias
marcadas en la ropa
para que existas

sea


III

allá en la bella infancia
tu rostro era otro rostro
y su asombro
cuelga de ciertos árboles

¿los pajaritos cantan?
¿soy yo la tierra de esos árboles?
¿aquél que escucha lento
como sus dos maderos?

es oscuro este sol
crece
creces


IV

en la noche importante
orino bebo tengo huesos
manos atadas como perros
labios razas oscuras

como desastres como escombros
¿los arrastran tus pies?

¿o en qué violenta dulce
contracción de tu olvido
paso yo deseado

acariciado
destruido
por tus muslos sin ojos?


V

claro que moriré y me llevarán
en huesos o cenizas
y que dirán palabras y cenizas
y yo habré muerto totalmente

claro que esto se acabará
mis manos alimentadas por tus manos
se pensarán de nuevo
en la humedad de la tierra

yo no quiero cajón
ni ropa

que el barro asuma mi cabeza
que sus orines me devoren
ahora
desnudo de ti


VI. (planetas)

la rama que golpea
o la rama que vuela
lloran cantan
abajo
abro la noche esta ciudad
mudo como un amante

¿o habrás estado en esta noche
o estarás algún día
golpeando volando
ramas que no conozco?


VII

escribo en el olvido
en cada fuego de la noche
cada rostro de ti

hay una piedra entonces
donde te acuesto mía
ninguno la conoce

he fundado pueblos en tu dulzura
he sufrido esas cosas

eres fuera de mí
me perteneces extranjera


VIII. (palabras)

tu voz cuando aparece
cuando cura o abriga
con las bellas piedades siniestras

¿cuántas madres habrá
arriba abajo de tus hijos
haciéndolos
y deshaciéndolos haciéndolos?

¿y cuánta sangre correrá todavía
hasta que esto se pudra
y dé mañana sol

como tu voz
cuando cura o abriga?


IX

el ángel de la tarde
se arrancaba las plumas
y padecía en la cocina

era silencio como
tu voz o como lo que
vuela en tu voz

había dos mitades
imperfectas dulcísimas

devorándose a solas
a espaldas a sollozos

¿qué más nos duele esta hermosura?


X. (ese animal precisamente)

¿encenderías tus parientes?
te taparías la nariz
y encenderías tus parientes:
yo te conozco, perro

los harías girar oscuramente
detrás del vidrio apenas
y los apagarías
con tus suaves pies implacables

porque el amor no tiene ojos
se los sacaron hace un tiempo
para que viera en su cantor

perro que come y vuela
al fondo del espejo


En Poesía reunida
Imagen: Jorge Rios Ponce