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23 abr. 2015

Sylvia Plath – La mujer del guardia de zoo

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Sylvia Plath – La mujer del guardia de zoo


Puedo estar despierta toda la noche, si es preciso:
Fría como una anguila, sin párpados.
La oscuridad me envuelve como un lago muerto,
Azul y negra, una ciruela espectacular.
Mi corazón no mana burbujas de aire, no tengo pulmones,
Soy horrenda, mi vientre es una media de seda
En la que las caras y las cruces de mis hermanas se descomponen.
Mira, mira cómo se funden como monedas en los potentes jugos…

Las mandíbulas de araña, las vértebras mondas por un instante
Como las líneas blancas en un cianotipo.
Si me moviese, creo que esta bolsa de plástico púrpura y rosada,
Repleta de vísceras, cascabelearía como el sonajero de un niño,
Las quejas acumuladas durante años, todos los dientes sueltos reteñirían

Al chocar entre sí. Pero ¿qué sabrás tú de todo esto,
Mi cerdo gordito, mi amorcillo meolludo, de cara a la pared?
En este mundo hay cosas intragables.

Tú me cortejaste con murciélagos de la fruta con cabeza de lobo,
Colgados de sus garras chamuscadas en el aire
Húmedo y hediondo de la Casa de los Mamíferos Pequeños.
El armadillo dormitaba en su arenero,
Obsceno y pelado como un puerco, los ratones blancos
Se multiplicaban hasta el infinito, como ángeles en una cabeza de alfiler,
De puro aburrimiento. Enmarañados en las sábanas empapadas de sudor,
Recuerdo los pollos cubiertos de sangre y los conejos descuartizados.

Tú revisabas el régimen de dietas y me llevabas a jugar
Con la boa constrictor en el Fellow’s Garden.
Yo fingía ser el Árbol de la Ciencia.
Me colaba en tu Biblia, me embarcaba en el Arca
Junto con el mandril sagrado, que llevaba una peluca y tenía orejas de cera,
Y la araña comedora de pájaros, cubierta con una piel de oso,
Que reptaba alrededor de su caja de vidrio como una mano de ocho dedos.
No consigo quitármela de la cabeza, no,

La manera en que nuestro noviazgo iluminaba aquellas jaulas de yesca…
Tu rinoceronte de dos cuernos abría la boca
Sucia como la suela de una bota y grande como el lavabo de un hospital
Para que yo le diera mi terrón de azúcar: su aliento apestando a ciénaga
Me cubría el brazo como un guante largo, hasta el codo.
Los caracoles lanzaban besos como manzanas negras.
Ahora, de noche, flagelo a los monos búhos osos ovejas
En su escalerilla de hierro. Y, aún hoy, no consigo dormir.
   
14 de febrero de 1961

Traducción: Xoán Abeleira



Zoo Keeper's Wife

I can stay awake all night, if need be—
Cold as an eel, without eyelids.
Like a dead lake the dark envelops me,
Blueblack, a spectacular plum fruit.
No airbubbles start from my heart, I am lungless
And ugly, my belly a silk stocking
Where the heads and tails of my sisters decompose.
Look, they are melting like coins in the powerful juices-

The spidery jaws, the spine bones bared for a moment
Like the white lines on a blueprint.
Should I stir, I think this pink and purple plastic
Guts bag would clack like a child's rattle,
Old grievances jostling each other, so many loose teeth.

But what do you know about that
My fat pork, my marrowy sweetheart, face-to-the-wall ?
Some things of this world are indigestible.

You wooed me with the wolf-headed fruit bats
Hanging from their scorched hooks in the moist
Fug of the Small Mammal House.
The armadillo dozed in his sandbin
Obscene and bald as a pig, the white mice
Multiplied to infinity like angels on a pinhead
Out of sheer boredom. Tangled in the sweat-wet sheets
I remember the bloodied chicks and the quartered rabbits.

You checked the diet charts and took me to play
With the boa constrictor in the Fellows' Garden.
I pretended I was the Tree of Knowledge.
I entered your bible, I boarded your ark
With the sacred baboon in his wig and wax ears
And the bear-furred, bird-eating spider
Clambering round its glass box like an eight-fingered hand.
I can't get it out of my mind

How our courtship lit the tindery cages —
Your two-horned rhinoceros opened a mouth
Dirty as a bootsole and big as a hospital sink
For my cube of sugar: its bog breath
Gloved my arm to the elbow.
The snails blew kisses like black apples.
Nightly now I flog apes owls bears sheep
Over their iron stile. And still don't sleep.

14 February 1961

29 nov. 2014

Sylvia Plath - Pentecostés

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Sylvia Plath - Pentecostés


Esto no es lo que yo tenía en mente:
Arcos de estuco, montones de roca soleándose en filas,
Ojos sin párpados o huevos petrificados,
Adultos metidos en ataúdes, con medias y chaqueta,
Pálidos como el lardo, sorbiendo el aire
Enrarecido de la nada como un medicamento.

El caballo atado a su estaca de cromo observa
Atravesándonos con la mirada, rumiando la brisa con sus cascos.
Tu camisa de flamante lino
Se infla como una vela. Las alas de los sombreros
Desvían el centelleo del agua; la gente holgazanea
Como en un hospital.

Noto el olor a sal, eso sí.
A nuestros pies, el mar, con sus bigotes de algas,
Exhibe sus glaucas sedas,
Inclinándose sumiso como un oriental de la vieja escuela.
Tampoco a ti te hace gracia nada de esto.
Un policía señala un acantilado vacío,

Verde como un tapete, donde unas mariposas de la col
Rompen su formación mar adentro, igual que las gaviotas,
Mientras nosotros merendamos bajo el hedor a muerto de un espino.
Las olas baten y laten como corazones.
Encallados bajo las flores espumosas, yacemos
Mareados, resecos y febriles.
   
14 de febrero de 1961


En Poesía completa
Traducción: Xoán Abeleira
Imagen: Rollie McKenna



Whitsun


This is not what I meant:
Stucco arches, the banked rocks sunning in rows,
Bald eyes or petrified eggs,
Grownups coffined in stockings and jackets,
Lard-pale, sipping the thin
Air like a medicine. 

The stopped horse on his chromium pole
Stares through us; his hooves chew the breeze.
Your shirt of crisp linen
Bloats like a spinnaker. Hat-brims
Deflect the watery dazzle; the people idle
As if in hospital.

I can smell the salt, all right.
At our feet, the weed-mustachioed sea
Exhibits its glaucous silks,
Bowing and truckling like an old-school Oriental.
You're no happier than I about it.
A policeman points out a vacant cliff

Green as a pool table, where cabbage butterflies
Peel off to sea as gulls do,
And we picnic in the death-stench of a hawthorn.
The waves pulse and pulse like hearts.
Beached under the spumy blooms, we lie
Seasick and fever-dry.

14 February 1961 

15 nov. 2014

Sylvia Plath - Medusa

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Sylvia Plath - Medusa


Lejos de esta lengua de piedras ígneas expulsadas por la boca,
Con los ojos puestos en blanco y cada vez más ciegos,
Siempre prestando oídos a las incoherencias del mar,
Albergas tu espantosa cabeza: bola de Dios,
Lente de piedades,

Tus secuaces
Moldeando sus células salvajes a la sombra de mi quilla,
Presionando de cerca como corazones,
Un estigma rojo en el mismísimo centro,
Navegando contracorriente hasta el lugar más cercano de partida,

Arrastrando su larga cabellera de Cristo.
¿Habré escapado al fin?, me pregunto.
Mi mente serpentea como una espiral hacia ti,
Viejo ombligo cubierto de percebes, cable transatlántico
Que, al parecer, te mantienes en un estado milagroso.

El caso es que siempre estás ahí,
Trémula respiración al otro lado de mi línea,
Curva de agua que manas
Ante mi vara de zahorí, deslumbrante y agradecida,
Afectuosa y absorbente.

Yo no te llamé.
Yo no te llamé de ninguna manera.
Y aun así, aun así viniste
Cruzando el mar como una borrasca,
Gruesa y roja, una placenta

Que paraliza el combate de los amantes,
Luz de cobra
Oprimiendo las campanillas de sangre de la fucsia
Hasta cortarles el aliento. Yo tampoco podía respirar,
Arruinada, muerta como lo estaba,

Sobreexpuesta, igual que una radiografía.
¿Pero quién te crees que eres?
¿La Sagrada Forma? ¿La Virgen Llorona?
No pienso probar ni un solo bocado de tu cuerpo,
Botella en la que vivo,

Siniestro Vaticano.
Estoy harta, asqueada de sal caliente.
Tus deseos, verdes como eunucos,
Silban continuamente recriminándome mis pecados,
¡Fuera, fuera, tentáculo anguila!

No hay nada entre nosotras.

16 de octubre de 1962


En Poesía completa
Traducción: Xoán Abeleira
Imagen: © Bettmann/CORBIS



Medusa


Off that landspit of stony mouth-plugs,
Eyes rolled by white sticks,
Ears cupping the sea’s incoherences,
You house your unnerving head-God-ball,
Lens of mercies,

Your stooges
Plying their wild cells in my keel’s shadow,
Pusshing by like hearts,
Red stigmata at the very center,
Riding the rip tide to the nearest point of departure,

Dragging their Jesus hair.
Did I escape, I wonder?
My mind winds to you
Old barnacled umbilicus, Atlantic cable,
Keeping itself, it seems, in a state of miraculous repair.

In any case, you are always there,
Tremulous breath at the end of my line,
Curve of water upleaping
To my water rod, dazzling and grateful,
Touching and sucking.

I didn’t call you.
I didn’t call you at all.
Nevertheless, nevertheless
You steamed to me over the sea,
Fat and red, a placenta

Paralysing the kicking lovers.
Cobra light
Squeezing the breath from blood bells
Of the fuscia. I could draw no breath,
Dead and moneyless,

Overexposed, like an X-ray.
Who do you think you are?
A Communion wafer? Bluberry Mary?
I shall take no bite of your body,
Bottle in which I live,

Ghastly Vatican.
I am sick to death of hot salt.
Green as eunuchs, your wishes
Hiss at my sins.
Off, off, eely tentacle!

There is nothing between us.

13 sept. 2014

Sylvia Plath: Corneja negra en tiempo lluvioso

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En una rama tiesa allá arriba
Se encorva una corneja negra, mojada
Arreglando y desarreglando sus plumas bajo la lluvia.
No espero un milagro
Ni accidente
Que encienda la visión
En mis ojos, ni busco ya
Designio alguno en lo inconstante del clima,
Pero dejo que las hojas moteadas caigan como caen,
Sin ceremonia ni portento.

Aunque en ocasiones, lo admito,
deseo alguna réplica
Del cielo mudo, la verdad, no me puedo quejar:
Cierta luz menor aun puede
Brillar incandescente

Desde la mesa o la silla de la cocina
Como si de vez en cuando un ardor celestial
Tomara posesión de los objetos más estúpidos ---
Santificando así un intervalo
De otro modo inconsecuente

Confiriéndole grandeza, dignidad,
Podría decirse, amor. De todos modos, ahora ando
Con precaución (porque ésto podría ocurrir
Incluso en este paisaje ruinoso y opaco); escéptica
Pero cauta, ignorando

Si un ángel eligió destellar
De pronto a mi lado. Sólo sé que una corneja
Arreglando sus plumas negras puede brillar tanto
Como para embargar mis sentidos, izar
Mis párpados, y conceder

Una breve tregua al miedo
De la total neutralidad. Con suerte,
Si atravieso empecinada esta estación
De fatiga, podré
Ensamblar un todo

Con las partes. Los milagros ocurren,
Si se tiene el cuidado de llamar milagros a esos
Espasmódicos trucos de la luz. La espera ha vuelto a comenzar
La larga espera del ángel,
De ese inusitado, aleatorio descenso.


Black Rook in Rainy Weather

On the stiff twig up there
Hunches a wet black rook
Arranging and rearranging its feathers in the rain-
I do not expect a miracle
Or an accident

To set the sight on fire
In my eye, nor seek
Any more in the desultory weather some design,
But let spotted leaves fall as they fall
Without ceremony, or portent.

Although, I admit, I desire,
Occasionally, some backtalk
From the mute sky, I can't honestly complain:
A certain minor light may still
Lean incandescent

Out of kitchen table or chair
As if a celestial burning took
Possession of the most obtuse objects now and then --
Thus hallowing an interval
Otherwise inconsequent

By bestowing largesse, honor
One might say love. At any rate, I now walk
Wary (for it could happen
Even in this dull, ruinous landscape); sceptical
Yet politic, ignorant

Of whatever angel any choose to flare
Suddenly at my elbow. I only know that a rook
Ordering its black feathers can so shine
As to seize my senses, haul
My eyelids up, and grant

A brief respite from fear
Of total neutrality. With luck,
Trekking stubborn through this season
Of fatigue, I shall
Patch together a content

Of sorts. Miracles occur.
If you care to call those spasmodic
Tricks of radiance
Miracles. The wait's begun again,
The long wait for the angel,

For that rare, random descent.


Versión Sandra Toro
En Collected Poems, Faber and Faber 1981
Fuente: El Placard
Foto Faber Books: SP Taken at Smith College, Northampton, Mass in 1952/1953

23 jun. 2014

Sylvia Plath: El coloso / The Colossus (1960) [dos versiones]

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Traducción María Julia de Ruschi

Nunca podré reunirte íntegramente,
Juntar, pegar, articular como corresponde.
Rebuznos de mula, gruñidos de cerdo, obscenos graznidos
Provienen de tus grandes labios.
Peor que en un corral.

Quizá te consideres un oráculo,
Portavoz de los muertos o de algún dios.
Yo llevo treinta años esforzándome
Por limpiar de fango tu garganta
Y no he aprendido nada.

Trepando escaleritas con frascos de engrudo y baldes de lisol
Me arrastro como una hormiga enlutada
Por los campos cubiertos de maleza de tus cejas
Para reparar tu inmenso cráneo y desbrozar
Los descarnados, blancos túmulos de tus ojos.

Un firmamento azul de otra Orestíada
Se cierne sobre nosotros. Oh padre, tú solo
Eres una referencia histórica tan importante como el Foro Romano.
Aquí merendando, en una colina de seres siniestros.
Las columnas de tus huesos y el acanto de tus cabellos vuelven
A su antigua anarquía esparciéndose hasta el horizonte.
Se necesita más que un rayo
Para crear tanta ruina.
Algunas noches me acurruco en la cornucopia
De tu oreja, a salvo del viento,

Y cuento estrellas rojas y estrellas color ciruela.
Sale el sol bajo el pilar de tu lengua.
Mis horas se desposan con la sombra.
Ya no escucho más el roce de la quilla
Contra las sordas piedras del desembarcadero.

Tulipanes y otros poemas
Buenos Aires, CEAL, 1988


Traducción de Jesús Pardo

Nunca conseguiré recomponerte,
repegarte, reunirte, rejuntarte.
Mular rebuzno, cacareo obsceno,
gruñidos salen de tus vastos labios.
Peor que en un corral.

Quizás es que concebiste profeta,
portavoz de los muertos o los dioses.
Treinta años llevo trabajando
Por limpiar tu garganta de cieno.
Más todo sigue igual.

Escala arriba, con lisol, con goma
de pegar, como hormiga matutina
por los campos herbosos de tu frente
tu inmenso cráneo componiendo, el túmulo
calvo y blanco de tu ojo despejado.

Un cielo azul, como de la Orestíada
nacido, cómbase sobre nosotros.
Oh padre, solo, eres hondo y denso
como foro romano. Entre cipreses
me siento y el acanto de tu pelo

y tus huesos estriados se penetran
de su antigua anarquía hasta el borde
del horizonte. Crear tanta ruina
requiere más que un rayo. Por la noche
me agazapo en tu oreja, contra el viento,

contando estrellas rojas y ciruela.
El sol sale del fondo de tu lengua
y mis horas copulan con tu tumba.
Ya no busco el raer de quillas sobre
las piedras negras de la playa.

Sylvia Plath, Antología
Madrid, Visor Libros, s.f.


The Colossus

I shall never get you put together entirely,
Pieced, glued, and properly jointed.
Mule-bray, pig-grunt and bawdy cackles
Proceed from your great lips.
It's worse than a barnyard.

Perhaps you consider yourself an oracle,
Mouthpiece of the dead, or of some god or other.
Thirty years now I have labored
To dredge the silt from your throat.
I am none the wiser.

Scaling little ladders with gluepots and pails of Lysol
I crawl like an ant in mourning
Over the weedy acres of your brow
To mend the immense skull-plates and clear
The bald, white tumuli of your eyes.

A blue sky out of the Oresteia
Arches above us. O father, all by yourself
You are pithy and historical as the Roman Forum.
I open my lunch on a hill of black cypress.
Your fluted bones and acanthine hair are littered

In their old anarchy to the horizon-line.
It would take more than a lightning-stroke
To create such a ruin.
Nights, I squat in the cornucopia
Of your left ear, out of the wind,

Counting the red stars and those of plum-color.
The sun rises under the pillar of your tongue.
My hours are married to shadow.
No longer do I listen for the scrape of a keel
On the blank stones of the landing.



The Collected Poems
Edición de Ted Hughes
Poems copyright © 1960, 1965, 1971, 1981 by the Estate of Sylvia Plath
Editorial material copyright © 1981 by Ted Hughes

Foto: Sylvia Plath, c. April 1954, taken on the Smith College campus by a classmate, Judy Denison, 
who lived in Lawrence House, a residence for scholarship students
Courtesy Mortimer Rare Book Room, Smith College. HuffingtonPost

7 ago. 2013

Sylvia Plath: Tres mujeres (Poema para tres voces - bilingüe)

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Decorado: un hospital de maternidad y sus alrededores

Primera voz

Soy lenta como la Tierra. Soy muy paciente,
Cumplo mi ciclo, soles y estrellas
Me miran con atención.
El celo de la luna es más personal:
Pasa y vuelve a pasar, luminosa como una enfermera.
¿Lamenta ella lo que me va a suceder?
No lo sé. Está simplemente asombrada
ante la fecundidad.

Cuando salgo, soy un gran suceso.
No tengo necesidad de pensar o de prepararme.
Lo que sucede en mí tendrá lugar
de todos modos.
El faisán se yergue sobre la colina:
Se alisa las plumas pardas.
Sonrío a mi pesar a todo lo que conozco.
Hojas y pétalos me acompañan.
Estoy lista.


Segunda voz

Cuando la vi por vez primera,
esta pequeña hemorragia, no lo creí.
Veía a los hombres andar a mi alrededor, en la oficina.
¡Estaban tan tranquilos!
Algo había de cartón en ellos, después comprendí
Esta banalidad tan vacía, la que engendra las ideas, las destrucciones,
Los buldozers, las guillotinas, las habitaciones blancas llenas
De aullidos. Y las abstracciones. Estos arcángeles fríos.
Yo estaba sentada ante mi máquina de escribir,
en sastre y tacones altos.

Cuando el hombre para el que trabajo me dijo
sonriente: “¿Vio un fantasma?
De pronto está usted tan pálida”. No dije nada.
No alcanzaba a creer. ¿Es que es tan difícil
Para el espíritu concebir una cara, una boca?
Los pedidos salen de las teclas negras y las teclas negras salen
De mis dedos alfabéticos, ellas ordenan las piezas.

Y aún las piezas, los pabilos, los engranajes,
toda una multiplicidad brillante.
Muero sentada. Pierdo una dimensión.
En mis oídos hay trenes que rugen, salen, salen.
La huella plateada del tiempo se devana en la distancia.
El cielo blanco se vacía de sus promesas como un tazón.
Esta resonancia mecánica producida por mis pies.
Tap, tap, tap, tobillos de acero. Siento una insuficiencia.

Es una enfermedad que llevo conmigo, es una muerte.
Una vez más, es una muerte.
¿Es el aire, Las partículas mortales que aspiro? ¿Soy un pulso
Que se debilita cada vez más ante el arcángel frío?
¿Es él mi amante? ¿Esta muerte, es ella otra muerte?
Cuando fui niña, amé un nombre corroído por el liquen.
¿Sería entonces el único pecado, este viejo amor
muerto de la muerte?


Tercera voz

Recuerdo el instante en que realmente lo supe.
Los sauces perdían su calor,
El rostro en el estanque era bello, pero
no era el mío, Tenía un aire importante, como todo el resto,
Y no veía más que peligros:
palomas, palabras,
Estrellas y lluvias de oro — ¡concepciones,
inseminaciones! —
Recuerdo un ala blanca y fría.

Y el gran cisne, con su mirada terrible,
viniendo a mí, como un castillo, de río crecido.
Hay una serpiente en los cisnes.
Ella resbaló cerca de mí; su ojo contenía un mensaje sombrío,
Vi el mundo en ella —pequeño, mezquino y sombrío.
Cada pequeña palabra enganchada a otra, los actos a los actos.
Algo había brotado de ese día cálido y azul.

No estaba lista. Las nubes blancas
se precipitaron.
A los cuatro sentidos.
Ellas me descuartizaron.
No estaba lista.
Carecía de respeto.
Creía poder negar las consecuencias.
Pero ya era demasiado tarde.
Era demasiado tarde,
y el rostro se tornó más nítido,
amoroso, como si yo estuviera lista.


Segunda voz

El mundo ahora es de nieve. No estoy en casa.
Qué blancas son estas sábanas. Los rostros no tienen rasgos.
Son lisos e imposibles, como la cara de mis hijos,
Estos pequeños enfermos que escapan a mi abrazo.
Los otros niños no me tocan: Más bien me tienen miedo.
Tienen buen color, mucha vida. No se están quietos,
Sosegados como el pequeño vacío que llevo en mí.

Tuve oportunidades. Probé y traté.
Cosí la vida a mi vida como una voz rara.
Caminé con cuidado, con precaución, como un objeto extraño.
Intenté no pensar demasiado. Traté de ser natural.
Traté ciegamente de ser amorosa como las demás mujeres,
Ciega en mi lecho, con mi querido ciego.
No buscaré otro rostro en la densa oscuridad.

No busqué. Pero el rostro aún estaba ahí.
La cara del que ya se amaba en su perfección.
La cara del muerto que no podía ser perfecto.
Más que en su fácil calma y que así no podía ser santo.
Y luego hubo otras caras. Los rostros de naciones,
gobiernos, parlamentos, sociedades.
Rostro sin rostro de hombres importantes.

Son estos los hombres que me molestan:
¡Son tan celosos de todo lo que no sea plano! Dioses celosos.
Ellos quieren que el mundo entero sea plano porque ellos lo son.
Veo al Padre que habla con el Hijo.
Una serenidad tal no puede ser más que santa.
Se dicen: "debemos crear un paraíso.
Lavemos y aplanemos el relieve de estas almas"


Primera voz

Estoy tranquila. Estoy tranquila. Es la calma que antecede a lo terrible:
El instante amarillo, anterior al viento caminante cuando las hojas
Voltean sus manos y muestran su palidez. Aquí realmente hay calma.
Las voces retroceden y se ensordecen.
Las sábanas y los rostros blancos se han detenido
Como esferas de péndulo. Sus jeroglíficos visibles
Devienen en cortinas de pergamino que me protegen del viento.
¡Esconden secretos tales en árabe, en chino!

Estoy muda y parda, soy una semilla a punto de reventar.
Lo que en mí es negro está muerto, es decepcionante:
No desea ser más, nada.
El crepúsculo me cubre de azul como una María.
¡Color de distancia y olvido!
¿Cuándo vendrá la suplente, dónde se romperá el tiempo?
¿Será devorada por la eternidad, y dónde me oscureceré?

Hablo conmigo misma, sólo conmigo, yo desvarío-
Estoy llena de desinfectantes rojos, presta al sacrificio.
La espera pasa torpe en mis párpados, pesa como el sueño,
Como el peso del mar. Muy lejos, siento el primer vago
E inevitable mareo que carga sobre mí su pesadez de agonía
Y yo, concha resonante en esta playa blanca,
Afronto estas voces aciagas, este elemento terrible.


Tercera voz

He aquí que soy montaña entre mujeres-montañas.
Los médicos van entre nosotras como si nuestra gordura
Espantara el alma. Sonríen como imbéciles.
Son culpables porque yo lo soy, y lo saben.
Cargan su vacuidad como un modo de salud.
Y si los hubiera sorprendido, como a mí.
Se habrían vuelto locos.

¿Y si dos vidas fluyeran de mis muslos?
Vi la sala blanca y limpia con sus instrumentos.
Es un lugar de gritos sin gozo.
"Aquí vendrá usted cuando esté lista".
Los vigilantes son lunas vacías y rojas, empañadas de sangre.
No estoy lista para lo que pueda suceder.
Tendría que matar lo que me mata.


Primera voz

No hay milagro más cruel que éste.
Soy arrastrada por caballos con cascos de acero.
Resisto. Tengo una herida. Desempeño un trabajo.
Este túnel negro por el que pasan en fogonazos las pruebas,
Las pruebas, los síntomas, los rostros perturbados.
Soy el centro de una atrocidad.
¿Qué sufrimientos, qué tristezas habré de parir y amar?

¿Una inocencia tal, puede matar aún?
Ella se cría de mi vida. Los árboles mueren en la calle.
La lluvia es corrosiva.
La siento en mi lengua, y los dolores del trabajo,
Los horrores que se ensañan, se aflojan, las indiferentes parteras
Con su corazón prendido que golpea y sus estuches de instrumentos.
Seré una pared y un techo que ampara.
Seré un cielo, un monte de bondad: ¡Déjenme vivir!

Una fuerza rota en mí, una antigua tenacidad.
Me agrieto como el mundo. Esta obscuridad,
Esta ráfaga de obscuridad. Cruzo mis manos sobre una montaña.
El aire es denso. Pesado por mi trabajo.
Me usan. Me manipulan. A mis ojos los atormenta la noche.
No veo nada.


Segunda voz

Soy acusada. Sueño matanzas.
Soy un jardín de agonías negras y rojas. Las bebo,
Me odian, rencorosa y espantada. Y ahora el mundo concibe
Su fin y se abalanza hacia ella, los brazos tendidos, llenos de amor.
Es un amor de la muerte, que todo envenena.
Un sol muerto destiñe el periódico. Se torna rojo.
Pierdo vida tras vida. La tierra negra las bebe.

Ella es el vampiro de todas nosotras. Nos mantiene.
Nos ceba, es buena. Su boca es roja.
La conozco, la conozco íntimamente.
Vieja mendiga, escarchada y estéril, vieja bomba de tiempo.
Los hombres la engañaron. Ella se los tragará
Los tragará, los tragará, sí, los tragará.
El sol ya se tendió. Yo muero. Forjo una muerte.


Primera voz

¿Quién es este terrible muchacho azul, extraño y
brillante, como caído de una estrella?
¡Mira con tanta cólera! Atracó
en el cuarto, con un grito en el talón.
El azul se vuelve más pálido. Después de todo es humano.
Un loto rojo se abre en un tazón de sangre;
Me vuelven a coser con seda, como si fuera una tela.

¿Qué hacían mis dedos antes de tenerle?
¿Qué hacía mi corazón antes de amarle?
Nunca vi nada tan límpido
Sus párpados son flores de lilas
Y su aliento es dulce como una mariposa nocturna.
No le abandonaré.
No hay artificio ni defecto en él. Que así se conserve.


Segunda voz

La luna se ve en el alto cristal. Se acabó
¡El invierno me hinchó el alma! Y esta luz caliza
Que pinta escamas en los cristales de oficinas vacías,
De escuelas vacías, de iglesias vacías.¡Cuánto vacío!
Después viene esta suspensión. Esta terrible suspensión de todo.
Estos cuerpos amontonados a mi alrededor, Estos durmientes polares.
¿Qué rayo azul y hielo lunar son sus sueños?

Siento que entra en mí, frío, desconocido, como un instrumento.
En el otro extremo esa silueta dura y loca, esa boca redonda
Siempre abierta en señal de lamento.
Es ella la que, mes tras mes, arrastra tras de sí
sus mareas de sangre negra que anuncian el fracaso.
Suspendido de sus recursos, soy también impotente como el mar.
Me siento inquieta. Inquieta e inútil. Yo también, doy a luz cadáveres.

Iré hacia el norte. Iré a la noche polar.
Me veo como una sombra, ni hombre ni mujer.
Ni como una mujer dichosa de ser un hombre, ni como un hombre
Bastante brutal y lo suficientemente tranquilo para no sentir
una insuficiencia. Siento una carencia.
Tengo mis dedos levantados, diez estacas blancas.
Miro, la oscuridad se filtra y atraviesa los nudillos.
No puedo retenerla. No puedo contener mi vida.

Seré una heroína periférica.
No me dejaré acusar por los botones caídos
Por los agujeros en los talones de calcetines, los rostros blancos y mudos
De cartas sin respuesta, encerrados en estuches.
No se me delatará, no se me acusará.
El reloj no me hallará en la espera, ni esas estrellas
Que clavan un abismo en otro abismo.


Tercera voz

La miro en mi sueño, mi terrible y pequeña niña roja.
Llora a través del vidrio que nos separa.
Llora, está muy molesta.
Sus chillidos son uñas que agarran y rasguñan como gatos.
Por sus uñas afiladas es que roba mi atención.
Llora con la noche, con las estrellas
Que brillan y giran tan lejos de nosotros.

Su cabecita parece esculpida en madera,
De madera roja y dura, los ojos cerrados y la boca grande, abierta,
de la boca abierta salen gritos agudos
Que arañan mis sueños como flechas.
Rasguñan mi sueño, y penetran mis flancos.
Mi hija no tiene dientes. Su boca es larga.
Emite sonidos tan siniestros que no puede ser buena.


Primera voz

¿Quién nos lanza esas criaturas inocentes?
Mira, ellas están extenuadas, todas flácidas
En su cuna de tela, con su nombre anudado en la muñeca,
Esta medallita de plata que ellas vinieron a buscar de tan lejos.
Algunas tienen los cabellos negros y densos, otras están calvas.
El color de su piel es rosa, pálido, moreno o rojo,
Ellas comienzan a recordar sus diferencias.

Parecen hechas de agua; no tienen expresión.
Sus facciones duermen, como la luz en el agua quieta.
Son verdaderos frailes y monjas con hábitos idénticos.
Las veo como cuerpos celestes que llueven sobre la tierra
Estas pequeñas maravillas, estos ídolos puros llueven.
En la India, en el África, las Américas. Huelen a leche.
Sus talones no fueron tocados caminar en el aire.

¿Cómo puede ser tan pródiga la nada?
Ese es mi hijo.
Su ojo desorbitado es por esta vaga, terrible banalidad.
Se vuelve hacia mí como una plantita, ciega y alegre.
Un grito. Es el tejido del que cuelgo.
Me vuelvo un río de leche.
Soy una montaña caliente.


Segunda voz

No soy fea. Yo misma soy bonita.
El espejo me devuelve la imagen de una mujer proporcionada.
Las enfermeras me regresan mis ropas y una identidad.
Es normal, dicen, que esto suceda.
Es común en mi vida, y en la vida de las otras.
Una de cada cinco, más o menos. No perdí la esperanza.
Soy bella como una estadística. Ese es el lápiz rojo para mis labios.

Dibujo la antigua boca
que había patentado con mi identidad.
Hace uno, dos, tres días. Era un viernes.
No tengo necesidad de licencia; puedo trabajar desde hoy.
Puedo querer a mi marido, que comprenderá.
Que me querrá a través de las penas de mi dolencia.
Como si yo hubiera perdido un ojo, una pierna o la lengua.

Heme aquí de pie, un poco ciega. Me alejo
Sobre ruedas, a modo de piernas, esto marcha muy bien.
Y aprendo a hablar con los dedos, no con la lengua.
El cuerpo está pleno de recursos.
El cuerpo de una estrella de mar puede empujar sus brazos
Y las salamandras son ricas en piernas. Que yo sea
Pródiga en lo que me falta.


Tercera voz

Es una pequeña isla, dormida y apacible,
Y yo soy un blanco navío mugiente: Adiós, adiós.
El sol está caliente. Muy lúgubre.
Las flores de esta sala son rojas y tropicales.
Vivieron toda su vida detrás del vaso, cuidadas con ternura.
Todavía enfrentan un invierno de sábanas y rostros blancos.
Tengo muy pocas cosas en mi valija.

Los vestidos de una mujer gorda que no conozco.
Allí está mi peine y mi cepillo. Hay un vacío.
Soy tan vulnerable de repente.
Soy una herida que abandona el hospital.
Soy una herida que dejan partir.
Atrás dejo mi salud. Dejo a alguien
Que querría adherirse a mí: desato su dedos como vendajes: Me voy.


Segunda voz

Soy mía de nuevo. Todo está en su lugar.
Estoy desangrada, blanca como la cera, no tengo ataduras.
Soy plana y virginal, esto quiere decir que nada ha sucedido.
Nada que no pudiera estar borrado, arrancado raspado o recomenzado.
Estas pequeñas ramas negras ya no piensan en florecer,
Y estos cauces tan secos, ya no sueñan con la lluvia
Y esta mujer que me encuentra en los escaparates— está impecable.

Estuvo a punto de ser transparente como un espíritu.
Tímidamente es como ella sobrepone su cuidada persona
Al infierno de naranjas de África, y de cerdos colgados de las patas.
Más tarde ella vuelve a la realidad.
Soy soy. Soy yo—
Quien saborea la amargura entre los dientes.
La incalculable maldad cotidiana.


Primera voz

¿Cuánto tiempo podré ser un muro, protegido del viento?
¿Cuánto tiempo podría yo
Atenuar al sol con la sombra de mi mano,
Interpretar los rayos azules de la luna fría?
Las voces de la soledad, las voces del dolor
Golpean mi espalda incansablemente.
¿Podrá esta pequeña mecedora calmarlas?

¿Cuánto tiempo podré ser pared alrededor de mi propiedad verde?
¿Cuánto tiempo podrán ser mis manos
Una venda para su mal, y mis palabras,
Colibríes deslumbrantes, podrán seguir consolándola?
Es una cosa terrible Que esté tan abierta: como si mi corazón
Elaborara un rostro e hiciera su entrada en el mundo.


Tercera voz

Hoy los sentidos están ebrios de primavera.
Mi capa negra es un pequeño sepelio:
Esto testimonia mi formalidad.
Llevo mis libros especializados a mi costado.
Hace poco tuve una vieja herida, pero
ya está en vías de sanar.
Yo soñaba una isla, roja de gritos.
Fue un sueño sin importancia.


Primera voz

El alba abre sus pétalos en el gran olmo al lado de la casa.
Los vencejos regresaron. Silban como cohetes de papel.
Oigo el sonido de las horas
Que se amplifica y se desvanece en los caminos huecos. Oigo las vacas
que mugen.
Los colores recobran su resplandor, y el heno mojado
humea al sol.
Los narcisos entreabren su rostro blanco en el huerto.

Estoy tranquila. Estoy tranquila.
Estos son los colores claros de la habitación del niño,
Esos son los canarios que picotean y los alegres corderos.
De nuevo soy sencilla. Creo en los milagros.
No creo en esos niños aterradores
Cuyos ojos blancos y manos sin dedos dislocan mi sueño.
Esos no son míos. No me pertenecen.

Voy a meditar en el orden de las cosas.
Voy a meditar en mi muchachito.
No camina. No me dice ni una palabra.
Aún está en pañales, en mantillas blancas.
Sin embargo él es rosa y perfecto. Sonríe tan seguido.
Tapicé su habitación de rosas gigantes.
Por todas partes pinté corazoncitos.

No lo quiero talentoso.
Es la excepción lo que le interesa al diablo.
Es la excepción la que trepa la colina dolorosa.
Que se sienta en el desierto y hace sufrir al corazón de su madre.
Lo quiero superficial,
Y que me ame como lo amo,
y que se case con quien quiera y donde quiera.


Tercera voz

El calor del medio día en los alrededores.
Los botones de oro
Se doblan y funden, y los amantes
No dejan de pasar.
Son oscuros y vacíos como sombras.
¡Es de tal suerte sano que no haya apegos!
Soy solitaria como la hierba.¿Qué es esto que me falta?
¿Jamás le encontraré, sea lo que sea?

Los cisnes se han ido. El río
Aún recuerda su blancura.
Él busca sus fulgores.
Encuentra sus formas en una nube
¿Qué es este pájaro que llama
con tal dolor en la voz?
Dice que estoy más joven que nunca.
¿Qué es esto que me falta?


Segunda voz

Estoy en casa a la luz de la lámpara. Los atardeceres se prolongan,
Remiendo una falda de seda:mi marido lee.
Con qué belleza la luz abarca todo esto.
Hay una suerte de vaho en el aire primaveral.
Un vaho que impregna de rosa los parques
y las pequeñas estatuas como si una ternura se despertara,
Una ternura que no extenúa, que cura.

Espero y estoy mal. Creo que estoy sanando.
Quedan demasiadas cosas por hacer. Mis manos
Pueden coser con cuidado este encaje a esta tela. Mi marido
Puede voltear y volver las páginas de un libro.
Y así estamos juntos en casa, —durante horas.
Sólo el tiempo pesa en nuestras manos.
Sólo el tiempo, que tampoco es material.

De golpe las calles pueden volverse papel, pero me repongo
De mi larga caída, y me recupero en mi cama,
Al amparo del colchón, las manos
atadas como para una caída.
Me recupero. Ya no soy una sombra
Aunque haya una sombra que sale de mis pies. Soy una esposa.
La ciudad espera y tiene un mal. Las hierbitas
Crujen a través de las piedras, y están verdes de vida.


First voice

I am slow as the world. I am very patient,
Turning through my time, the suns and stars
Regarding me with attention.
The moon's concern is more personal:
She passes and repasses, luminous as a nurse.
Is she sorry for what will happen? I do not think so.
She is simply astonished at fertility.

When I walk out, I am a great event.
I do not have to think, or even rehearse.
What happens in me will happen without attention.
The pheasant stands on the hill;
He is arranging his brown feathers.
I cannot help smiling at what it is I know.
Leaves and petals attend me. I am ready.


Second voice

When I first saw it, the small red seep, I did not believe it.
I watched the men walk about me in the office. They were so flat!
There was something about them like cardboard, and now I had caught it,
That flat, flat, flatness from which ideas, destructions,
Bulldozers, guillotines, white chambers of shrieks proceed,
Endlessly proceed--and the cold angels, the abstractions.
I sat at my desk in my stockings, my high heels,

And the man I work for laughed: 'Have you seen something awful?
You are so white, suddenly.' And I said nothing.
I saw death in the bare trees, a deprivation.
I could not believe it. Is it so difficult
For the spirit to conceive a face, a mouth?
The letters proceed from these black keys,
and these black keys proceed
From my alphabetical fingers, ordering parts,

Parts, bits, cogs, the shining multiples
. I am dying as I sit. I lose a dimension.
Trains roar in my ears, departures, departures!
The silver track of time empties into the distance,
The white sky empties of its promise, like a cup.
These are my feet, these mechanical echoes.
Tap, tap, tap, steel pegs. I am found wanting.

This is a disease I carry home, this is a death.
Again, this is a death. Is it the air,
The particles of destruction I suck up? Am I a pulse
That wanes and wanes, facing the cold angel?
Is this my lover then? This death, this death?
As a child I loved a lichen-bitten name.
Is this the one sin then, this old dead love of death?


Third voice

I remember the minute when I knew for sure.
The willows were chilling,
The face in the pool was beautiful, but not mine--
It had a consequential look, like everything else,
And all I could see was dangers: doves and words,
Stars and showers of gold--conceptions, conceptions!
I remember a white, cold wing

And the great swan, with its terrible look,
Coming at me, like a castle, from the top of the river.
There is a snake in swans.
He glided by; his eye had a black meaning.
I saw the world in it--small, mean and black,
Every little word hooked to every little word, and act to act.
A hot blue day had budded into something.

I wasn't ready. The white clouds rearing
Aside were dragging me in four directions.
I wasn't ready.
I had no reverence.
I thought I could deny the consequence--
But it was too late for that. It was too late, and the face
Went on shaping itself with love, as if I was ready.


Second voice

It is a world of snow now. I am not at home.
How white these sheets are. The faces have no features.
They are bald and impossible, like the faces of my children,
Those little sick ones that elude my arms.
Other children do not touch me: they are terrible.
They have too many colors, too much life. They are not quiet,
Quiet, like the little emptinesses I carry.

I have had my chances. I have tried and tried.
I have stitched life into me like a rare organ,
And walked carefully, precariously, like something rare.
I have tried not to think too hard. I have tried to be natural.
I have tried to be blind in love, like other women,
Blind in my bed, with my dear blind sweet one,
Not looking, through the thick dark, for the face of another.

I did not look. But still the face was there,
The face of the unborn one that loved its perfections,
The face of the dead one that could only be perfect
In its easy peace, could only keep holy so.
And then there were other faces. The faces of nations,
Governments, parliaments, societies,
The faceless faces of important men.

It is these men I mind:
They are so jealous of anything that is not flat! They are jealous gods
That would have the whole world flat because they are.
I see the Father conversing with the Son.
Such flatness cannot but be holy.
'Let us make a heaven,' they say.
'Let us flatten and launder the grossness from these souls.'


First voice

I am calm. I am calm. It is the calm before something awful:
The yellow minute before the wind walks, when the leaves
Turn up their hands, their pallors. It is so quiet here.
The sheets, the faces, are white and stopped, like clocks.
Voices stand back and flatten. Their visible hieroglyphs
Flatten to parchment screens to keep the wind off.
They paint such secrets in Arabic, Chinese!

I am dumb and brown. I am a seed about to break.
The brownness is my dead self, and it is sullen:
It does not wish to be more, or different.
Dusk hoods me in blue now, like a Mary.
O color of distnace and forgetfulness!--
When will it be, the second when Time breaks
And eternity engulfs it, and I drown utterly?

I talk to myself, myself only, set apart--
Swabbed and lurid with disinfectants, sacrificial.
Waiting lies heavy on my lids. It lies like sleep,
Like a big sea. Far off, far off, I feel the first wave tug
Its cargo of agony toward me, inescapable, tidal.
And I, a shell, echoing on this white beach
Face the voices that overwhelm, the terrible element.


Third voice

I am a mountain now, among mountainy women.
The doctors move among us as if our bigness
Frightened the mind. They smile like fools.
They are to blame for what I am, and they know it.
They hug their flatness like a kind of health.
And what if they found themselves surprised, as I did?
They would go mad with it.

And what if two lives leaked between my thighs?
I have seen the white clean chamber with its instruments.
It is a place of shrieks. It is not happy.
'This is where you will come when you are ready.'
The night lights are flat red moons. They are dull with blood.
I am not ready for anything to happen.
I should have murdered this, that murders me.


First voice

There is no miracle more cruel than this.
I am dragged by the horses, the iron hooves.
I last. I last it out. I accomplish a work.
Dark tunnel, through which hurtle the visitations,
The visitations, the manifestations, the startled faces.
I am the center of an atrocity.
What pains, what sorrows must I be mothering?

Can such innocence kill and kill? It milks my life.
The trees wither in the street. The rain is corrosive.
I taste it on my tongue, and the workable horrors,
The horrors that stand and idle, the slighted godmothers
With their hearts that tick and tick, with their satchels of instruments.
I shall be a wall and a roof, protecting.
I shall be a sky and a hill of good: O let me be!

A power is growing on me, an old tenacity.
I am breaking apart like the world. There is this blackness,
This ram of blackness. I fold my hands on a mountain.
The air is thick. It is thick with this working.
I am used. I am drummed into use.
My eyes are squeezed by this blackness.
I see nothing.


Second voice

I am accused. I dream of massacres.
I am a garden of black and red agonies. I drink them,
Hating myself, hating and fearing. And now the world conceives
Its end and runs toward it, arms held out in love.
It is a love of death that sickens everything.
A dead sun stains the newsprint. It is red.
I lose life after life. The dark earth drinks them.

She is the vampire of us all. So she supports us,
Fattens us, is kind. Her mouth is red.
I know her. I know her intimately--
Old winter-face, old barren one, old time bomb.
Men have used her meanly. She will eat them.
Eat them, eat them, eat them in the end.
The sun is down. I die. I make a death.


First voice

Who is he, this blue, furious boy,
Shiny and strange, as if he had hurtled from a star?
He is looking so angrily!
He flew into the room, a shriek at his heel.
The blue color pales. He is human after all.
A red lotus opens in its bowl of blood;
They are stitching me up with silk, as if I were a material.

What did my fingers do before they held him?
What did my heart do, with its love?
I have never seen a thing so clear.
His lids are like the lilac-flower
And soft as a moth, his breath.
I shall not let go.
There is no guile or warp in him. May he keep so.


Second voice

There is the moon in the high window. It is over.
How winter fills my soul! And that chalk light
Laying its scales on the windows, the windows of empty offices,
Empty schoolrooms, empty churches. O so much emptiness!
There is this cessation. This terrible cessation of everything.
These bodies mounded around me now, these polar sleepers--
What blue, moony ray ices their dreams?

I feel it enter me, cold, alien, like an instrument.
And that mad, hard face at the end of it, that O-mouth
Open in its gape of perpetual grieving.
It is she that drags the blood-black sea around
Month after month, with its voices of failure.
I am helpless as the sea at the end of her string.
I am restless. Restless and useless. I, too, create corpses.

I shall move north. I shall move into a long blackness.
I see myself as a shadow, neither man nor woman,
Neither a woman, happy to be like a man, nor a man
Blunt and flat enough to feel no lack. I feel a lack.
I hold my fingers up, ten white pickets.
See, the darkness is leaking from the cracks.
I cannot contain it. I cannot contain my life.

I shall be a heroine of the peripheral.
I shall not be accused by isolate buttons,
Holes in the heels of socks, the white mute faces
Of unanswered letters, coffined in a letter case.
I shall not be accused, I shall not be accused.
The clock shall not find me wanting, nor these stars
That rivet in place abyss after abyss.


Third voice

I see her in my sleep, my red, terrible girl.
She is crying through the glass that separates us.
She is crying, and she is furious.
Her cries are hooks that catch and grate like cats.
It is by these hooks she climbs to my notice.
She is crying at the dark, or at the stars
That at such a distance from us shine and whirl.

I think her little head is carved in wood,
A red, hard wood, eyes shut and mouth wide open.
And from the open mouth issue sharp cries
Scratching at my sleep like arrows,
Scratching at my sleep, and entering my side.
My daughter has no teeth. Her mouth is wide.
It utters such dark sounds it cannot be good.


First voice

What is it that flings these innocent souls at us?
Look, they are so exhausted, they are all flat out
In their canvas-sided cots, names tied to their wrists,
The little silver trophies they've come so far for.
There are some with thick black hair, there are some bald.
Their skin tints are pink or sallow, brown or red;
They are beginning to remember their differences.

I think they are made of water; they have no expression.
Their features are sleeping, like light on quiet water.
They are the real monks and nuns in their identical garments.
I see them showering like stars on to the world--
On India, Africa, America, these miraculous ones,
These pure, small images. They smell of milk.
Their footsoles are untouched. They are walkers of air.

Can nothingness be so prodigal?
Here is my son.
His wide eye is that general, flat blue.
He is turning to me like a little, blind, bright plant.
One cry. It is the hook I hang on.
And I am a river of milk.
I am a warm hill.


Second voice

I am not ugly. I am even beautiful.
The mirror gives back a woman without deformity.
The nurses give back my clothes, and an identity.
It is usual, they say, for such a thing to happen.
It is usual in my life, and the lives of others.
I am one in five, something like that. I am not hopeless.
I am beautiful as a statistic. Here is my lipstick.

I draw on the old mouth.
The red mouth I put by with my identity
A day ago, two days, three days ago. It was a Friday.
I do not even need a holiday; I can go to work today.
I can love my husband, who will understand.
Who will love me through the blur of my deformity
As if I had lost an eye, a leg, a tongue.

And so I stand, a little sightless. So I walk
Away on wheels, instead of legs, they serve as well.
And learn to speak with fingers, not a tongue.
The body is resourceful.
The body of a starfish can grow back its arms
And newts are prodigal in legs. And may I be
As prodigal in what lacks me.


Third voice

She is a small island, asleep and peaceful,
And I am a white ship hooting: Goodbye, goodbye.
The day is blazing. It is very mournful.
The flowers in this room are red and tropical.
They have lived behind glass all their lives, they have been cared for tenderly. 
Now they face a winter of white sheets, white faces.
There is very little to go into my suitcase.

There are the clothes of a fat woman I do not know.
There is my comb and brush. There is an emptiness.
I am so vulnerable suddenly.
I am a wound walking out of hospital.
I am a wound that they are letting go.
I leave my health behind. I leave someone
Who would adhere to me: I undo her fingers like bandages: I go.


Second voice

I am myself again. There are no loose ends.
I am bled white as wax, I have no attachments.
I am flat and virginal, which means nothing has happened,
Nothing that cannot be erased, ripped up and scrapped, begun again.
There little black twigs do not think to bud,
Nor do these dry, dry gutters dream of rain.
This woman who meets me in windows--she is neat.

So neat she is transparent, like a spirit.
how shyly she superimposes her neat self
On the inferno of African oranges, the heel-hung pigs.
She is deferring to reality.
It is I. It is I--
Tasting the bitterness between my teeth.
The incalculable malice of the everyday.


First voice

How long can I be a wall, keeping the wind off?
How long can I be
Gentling the sun with the shade of my hand,
Intercepting the blue bolts of a cold moon?
The voices of loneliness, the voices of sorrow
Lap at my back ineluctably.
How shall it soften them, this little lullaby?

How long can I be a wall around my green property?
How long can my hands
Be a bandage to his hurt, and my words
Bright birds in the sky, consoling, consoling?
It is a terrible thing
To be so open: it is as if my heart
Put on a face and walked into the world.


Third voice

Today the colleges are drunk with spring.
My black gown is a litle funeral:
It shows I am serious.
The books I carry wedge into my side.
I had an old wound once, but it is healing.
I had a dream of an island, red with cries.
It was a dream, and did not mean a thing.


First voice

Dawn flowers in the great elm outside the house.
The swifts are back. They are shrieking like paper rockets.
I hear the sound of the hours
Widen and die in the hedgerows. I hear the moo of cows.
The colors replenish themselves, and the wet
Thatch smokes in the sun.
The narcissi open white faces in the orchard.

I am reassured. I am reassured.
These are the clear bright colors of the nursery,
The talking ducks, the happy lambs.
I am simple again. I believe in miracles.
I do not believe in those terrible children
Who injure my sleep with their white eyes, their fingerless hands.
They are not mine. They do not belong to me.

I shall meditate upon normality.
I shall meditate upon my little son.
He does not walk. He does not speak a word.
He is still swaddled in white bands.
But he is pink and perfect. He smiles so frequently.
I have papered his room with big roses,
I have painted little hearts on everything.

I do not will him to be exceptional.
It is the exception that interests the devil.
It is the exception that climbs the sorrowful hill
Or sits in the desert and hurts his mother's heart.
I will him to be common,
To love me as I love him,
And to marry what he wants and where he will.


Third voice

Hot noon in the meadows. The buttercups
Swelter and melt, and the lovers
Pass by, pass by.
They are black and flat as shadows.
It is so beautiful to have no attachments!
I am solitary as grass. What is it I miss?
Shall I ever find it, whatever it is?

The swans are gone. Still the river
Remembers how white they were.
It strives after them with its lights.
It finds their shapes in a cloud.
What is that bird that cries
With such sorrow in its voice?
I am young as ever, it says. What is it I miss?


Second voice

I am at home in the lamplight. The evenings are lengthening.
I am mending a silk slip: my husband is reading.
How beautifully the light includes these things.
There is a kind of smoke in the spring air,
A smoke that takes the parks, the little statues
With pinkness, as if a tenderness awoke,
A tenderness that did not tire, something healing.

I wait and ache. I think I have been healing.
There is a great deal else to do. My hands
Can stitch lace neatly on to this material. My husband
Can turn and turn the pages of a book.
And so we are at home together, after hours.
It is only time that weighs upon our hands.
It is only time, and that is not material.

The streets may turn to paper suddenly, but I recover
From the long fall, and find myself in bed,
Safe on the mattress, hands braced, as for a fall.
I find myself again. I am no shadow
Though there is a shadow starting from my feet. I am a wife.
The city waits and aches. The little grasses
Crack through stone, and they are green with life.


Three women, 1962
Traducción: Uriel Martínez
Mexico, UNAM, 1987
Foto: Sylvia Plath in New York, Summer 1953

2 ago. 2010

Sylvia Plath - Poemas, patatas

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Ted Hughes y Sylvia Plath



Poemas, patatas

La palabra, definiendo, amordaza; el verso trazado
Destierra a sus iguales más vaporosos, y medra, asesino,
En organizaciones que los versos imaginados

Tan solo pueden rondar como fantasmas. Recios como las patatas,
Como las piedras, sin conciencia, la palabra y el verso se resisten,
Ceden bien poco. No es que sean burdos (aunque

Con frecuencia luego haya que modificarlos
Por delicadeza o equilibrio) sino que continuamente
Me dan menos de lo que deben: por una razón

O por otra, continúan decepcionándome.
Antipoética, antipictórica, la patata, en cambio,
Apiña sus nudosos marrones en una página
Inmensamente superior; y también la piedra roma.


Poems, potatoes

The word, defining, muzzles; the drawn line
Ousts mistier peers and thrives, murderous,
In establishments which imagined lines

Can only haunt. Sturdy as potatoes,
Stones, without conscience, word and line endure,
Given an inch. Not that they’re gross (although

Afterthought often would have them alter
To delicacy, to poise) but that they
Shortchange me continuously: whether

More or other, they still dissatisfy.
Unpoemed, unpictured, the potato
Bunches its knobby browns on a vastly
Superior page; the blunt stone also.




Collected Poems
, 1981
Traducción de Xoán Abeleira
Cortesía: Poéticas

Foto vía Tom Sutpen blog

22 jun. 2007

Sylvia Plath reads Lady Lazarus

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16 jun. 2007

Sylvia Plath reads Fever 103

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13 jun. 2007

Sylvia Plath lee Daddy

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7 may. 2007

Sylvia Plath (USA 1932 - 1963 ) - Dos poemas

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Espejo

Soy plateado y exacto. No tengo preconceptos.
Cuanto veo, lo trago inmediatamente
Tal cual es, sin empañar por amor o desagrado.
No soy cruel, sólo veraz:
Ojo de un pequeño dios, cuadrangular.
Casi todo el tiempo medito en la pared de enfrente.
Es rosada, con lunares. La he mirado tanto tiempo
Que creo que es parte de mi corazón. Pero fluctúa.
Las caras y la oscuridad nos separan una y otra vez.

Ahora soy un lago. Una mujer se inclina sobre mí,
Buscando en mi extensión lo que ella es en realidad.
Luego se vuelve hacia esas mentirosas, las bujías o la luna
Veo su espada y la reflejo fielmente.
Me recompesa para ella. Que viene y se va.
Todas las mañanas su cara reemplaza la oscuridad.
En mí ella ahogó a una muchachita y en ní una vieja
Se alza hacia ella día tras día, como un pez feroz.



Cruzando el Agua

Lago negro, barco negro, dos personas negras recortadas en papel.
¿Adónde van los árboles negros que beben aquí?
Sus sombras deben cubrir Canadá.

Un poco de luz se filtra de las flores acuáticas.
Sus hojas no desean que nos apresuremos:
Son redondas, chatas y cargadas de secretos consejos.

Mundos fríos se sacuden del remo.

El espíritu de la negrura está en nosotros, está en los peces.
Un tronco levanta ahora una pálida mano, como despedida;

Las estrellas se abren entre los lirios.
¿No te enceguecen estas sirenas sin expresíon?
He aquí el silencio de almas confundidas.


Zoopat, blog


14 abr. 2007

Sylvia Plath - Tedio (poema inédito)

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Leer hojas de té desbarata al que se expone a la catástrofe,
diseñando futuros donde nada ocurrirá:
pon una moneda en palma gitana y bostezando
pronosticará aun que no quedan peligros por conquistar.
El riesgo hoy es improductivo: el ingenuo caballero
halla que los ogros son obsoletos y los dragones
desconocidos, mientras hastiadas doncellas cuestionan
lances contra lo terrorífico por llanamente absurdos.

La bestia en el bosquecillo jamesiano nunca acosará,
condenando a crisis la opaca carrera de héroe;
y cuando ángeles indiferentes apuestan la baraja de Dios,
ya las aburridas plateas se muestran impacientes por fin,
ansiosas por ver estragos, ni súplicas ni premios
engatusarán dama o tigre de la puerta ciega de la perdición.


(Versión libre de Andrew Graham-Yooll)


Este poema inédito de Sylvia Plath fue encontrado por Anna Journey, una estudiante de la Universidad de Virginia, y estaría inspirado en El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald. Plath lo habría escrito durante su último año como estudiante universitaria, en 1955, mientras trabajaba sobre el tema del aburrimiento en Gatsby para un trabajo práctico.

Fue publicado en inglés a fines de la semana pasada por la revista literaria digital black bird

http://miarroba.com/foros/visitar.php?http://www.blackbird.vcu.edu/
En Página 12 - Radar

Sylvia Plath - La luna y el tejo

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Esta es la luz de la mente, fría y planetaria.
Los árboles de la mente son negros. La luz es azul.
Las hierbas se lamentan a mis pies, como si yo fuera Dios,
Hiriendo mis tobillos murmuran su humildad.
Espirituosas brumas humeantes habitan este lugar
separado de mi casa por una hilera de lápidas.
Simplemente no puedo ver si hay un sitio adónde ir.

La luna no es una puerta. Es una cara por derecho propio,
Blanca como un nudillo y terriblemente turbada.
Arrastra al mar detrás de sí, como un crimen oscuro; y está en calma
Con el bostezo en O del total desencanto. Yo vivo aquí.
Dos veces cada domingo las campanas sobresaltan el cielo-
Ocho grandes lenguas afirmando la Resurrección.
Finalmente, ellas proclaman con sobriedad sus nombres.

El tejo apunta hacia arriba. Su forma es gótica.
Sus ojos se elevan por sobre él, y encuentran a la luna.
La luna es mi madre. Ella no es dulce como María.
Sus vestiduras azules sueltan pequeños murciélagos y lechuzas.
Cómo desearía creer en la ternura-
El rostro de la efigie, dulcificado por las velas,
Inclinándose, sobre mí en particular, con ojos indulgentes.

¡He caído tanto! Las nubes están floreciendo,
Azules y místicas sobre el rostro de las estrellas.
Dentro de la iglesia, los santos serán todos azules,
Flotando con sus pies delicados sobre los bancos fríos,
Sus cabezas y sus caras rígidas de santidad.
La luna no ve nada de esto. Ella es calva y salvaje.
Y el mensaje del tejo es negrura -negrura y silencio.




Traducción de María Julia de Ruschi Crespo
Sylvia Plath, Tulipanes y otros poemas
Buenos Aires, CEAL, 1988

11 abr. 2007

Sylvia Plath - Fiebre 39,5º

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¿Pura? ¿Qué significa eso?
Las lenguas del infierno
Son torpes, torpes como las triples

Lenguas del torpe y obeso Cancerbero
Que jadea en la entrada. Incapaz
De eliminar de un lengüetazo

La crisis febril, el pecado, el pecado.
La yesca clama.
¡El olor indeleble

De una vela que se apaga!
Amor, amor, el humo a baja altura ondula
A mi alrededor como las bufandas de Isadora, y temo

Que una de ellas se enganche y ancle la rueda.
Esos taciturnos humos amarillos
Crean su propia atmósfera. No se elevan,

Se arrastran en torno del globo
Sofocando a los ancianos y a los mansos,
Al débil

Bebé del invernadero en su cuna,
A la lúgubre orquídea
Que cuelga en el aire su jardín colgante,

Demoníaco leopardo.
La calefacción la tornó blanca
y la mató en una hora.

Untando los cuerpos de los adúlteros
Como una ceniza de Hiroshima, y consumiéndolos.
El pecado. El pecado.

Querido mío, toda la noche
Estuve fluctuando, encendiéndome, apagándome.
Las sábanas llegan a pesar como el beso del libertino.

Tres días. Tres noches.
Agua con limón, agua
de pollo, el agua me da arcadas.

Soy demasiado pura para ti y para cualquiera
Tu cuerpo
Me lastima como el mundo a Dios. Soy un fanal-

Mi cabeza una luna
De papel japonés, mi piel de oro batido
Infinitamente delicado y valioso.

¿No te asombra mi calor? ¿Y mi luz?
Soy una camelia enorme
Resplandeciente, encendiéndome y apagándome.

Creo que me estoy elevando,
Creo que puedo ascender-
Los abalorios de metal caliente vuelan, y yo, mi amor, yo

Soy una virgen
De acetileno puro
Acompañada por rosas,

Besos, querubines,
O lo que signifiquen esas cosas rosadas.
No por ti, no por él.

No por él, no por él
(mis egos se disuelven, viejas enaguas de puta)
En mi camino al Paraíso.




Traducción de María Julia de Ruschi Crespo
En Tulipanes y otros poemas, Buenos Aires, CEAL, 1988



Sylvia Plath - Papi (bilingüe)

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Ya no, ya no,
ya no me sirves, zapato negro,
en el cual he vivido como un pie
durante treinta años, pobre y blanca,
sin atreverme apenas a respirar o hacer achís.

Papi: he tenido que matarte.
Te moriste antes de que me diera tiempo…
Pesado como el mármol, bolsa llena de Dios,
lívida estatua con un dedo del pie gris,
del tamaño de una foca de San Francisco.

Y la cabeza en el Atlántico extravagante
en que se vierte el verde legumbre sobre el azul
en aguas del hermoso Nauset.
Solía rezar para recuperarte.
Ach, du.

En la lengua alemana, en la localidad polaca
apisonada por el rodillo
de guerras y más guerras.
Pero el nombre del pueblo es corriente.
Mi amigo polaco

dice que hay una o dos docenas.
De modo que nunca supe distinguir dónde
pusiste tu pie, tus raíces:
nunca me pude dirigir a ti.
La lengua se me pegaba a la mandíbula.

Se me pegaba a un cepo de alambre de púas.
Ich, ich, ich, ich,
apenas lograba hablar:
Creía verte en todos los alemanes.
Y el lenguaje obsceno,

una locomotora, una locomotora
que me apartaba con desdén, como a un judío.
Judío que va hacia Dachau, Auschwitz, Belsen.
Empecé a hablar como los judíos.
Creo que podría ser judía yo misma.

Las nieves del Tirol, la clara cerveza de Viena,
no son ni muy puras ni muy auténticas.
Con mi abuela gitana y mi suerte rara
y mis naipes de Tarot, y mis naipes de Tarot,
podría ser algo judía.

Siempre te tuve miedo,
con tu Luftwaffe, tu jerga pomposa
y tu recortado bigote
y tus ojos arios, azul brillante.
Hombre-panzer, hombre-panzer: oh Tú...

No Dios, sino un esvástica
tan negra, que por ella no hay cielo que se abra paso.
Cada mujer adora a un fascista,
con la bota en la cara; el bruto,
el bruto corazón de un bruto como tú.

Estás de pie junto a la pizarra, papi,
en el retrato tuyo que tengo,
un hoyo en la barbilla en lugar de en el pie,
pero no por ello menos diablo, no menos
el hombre negro que

me partió de un mordisco el bonito corazón en dos.
Tenía yo diez años cuando te enterraron.
A los veinte traté de morir
para volver, volver, volver a ti.
Supuse que con los huesos bastaría.

Pero me sacaron de la tumba,
y me recompusieron con pegamento.
Y entonces supe lo que había que hacer.

Saqué de ti un modelo,
un hombre de negro con aire de Meinkampf,

e inclinación al potro y al garrote.
Y dije sí quiero, sí quiero.
De modo, papi, que por fin he terminado.
El teléfono negro está desconectado de raíz,
las voces no logran que críe lombrices.

Si ya he matado a un hombre, que sean dos:
el vampiro que dijo ser tú
y me estuvo bebiendo la sangre durante un año,
siete años, si quieres saberlo.
Ya puedes descansar, papi.

Hay una estaca en tu negro y grasiento corazón,
y a la gente del pueblo nunca le gustaste.
Bailan y patalean encima de ti.
Siempre supieron que eras tú.
Papi, papi, hijo de puta, estoy acabada.



Daddy

You do not do, you do not do
Any more, black shoe
In which I have lived like a foot
For thirty years, poor and white,
Barely daring to breathe or Achoo.

Daddy, I have had to kill you.
You died before I had time---
Marble-heavy, a bag full of God,
Ghastly statue with one grey toe
Big as a Frisco seal

And a head in the freakish Atlantic
Where it pours bean green over blue
In the waters off beautiful Nauset.
I used to pray to recover you.
Ach, du.

In the German tongue, in the Polish town
Scraped flat by the roller
Of wars, wars, wars.
But the name of the town is common.
My Polack friend

Says there are a dozen or two.
So I never could tell where you
Put your foot, your root,
I never could talk to you.
The tongue stuck in my jaw.

It stuck in a barb wire snare.
Ich, ich, ich, ich,
I could hardly speak.
I thought every German was you.
And the language obscene

An engine, an engine
Chuffing me off like a Jew.
A Jew to Dachau, Auschwitz, Belsen.
I began to talk like a Jew.
I think I may well be a Jew.

The snows of the Tyrol, the clear beer of Vienna
Are not very pure or true.
With my gypsy ancestress and my weird luck
And my Tarot pack and my Tarot pack
I may be a bit of a Jew.

I have always been scared of *you*,
With your Luftwaffe, your gobbledygoo.
And your neat mustache
And your Aryan eye, bright blue.
Panzer-man, panzer-man, O You---

Not God but a swastika
So black no sky could squeak through.
Every woman adores a Fascist,
The boot in the face, the brute
Brute heart of a brute like you.

You stand at the blackboard, daddy,
In the picture I have of you,
A cleft in your chin instead of your foot
But no less a devil for that, no not
Any less the black man who

Bit my pretty red heart in two.
I was ten when they buried you.
At twenty I tried to die
And get back, back, back to you.
I thought even the bones would do.

But they pulled me out of the sack,
And they stuck me together with glue.
And then I knew what to do.
I made a model of you,
A man in black with a Meinkampf look

And a love of the rack and the screw.
And I said I do, I do.
So daddy, I'm finally through.
The black telephone's off at the root,
The voices just can't worm through.

If I've killed one man, I've killed two---
The vampire who said he was you
and drank my blood for a year,
Seven years, if you want to know.
Daddy, you can lie back now.

There's a stake in your fat, black heart
And the villagers never liked you.
They are dancing and stamping on you.
They always *knew* it was you.
Daddy, daddy, you bastard, I'm through.

9 abr. 2007

Sylvia Plath: Danzas nocturnas

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Una sonrisa tuya cae en la hierba
Y se pierde para siempre.


¿Y dónde se extraviarán
Tus danzas nocturnas? ¿En las matemáticas?


Saltos y espirales tan puros-
Sin duda recorren


Eternamente el mundo, y no me quedaré
Despojada de belleza: el don


De tu pequeña vida, tu olor
A pasto mojado cuando duermes, azucenas, azucenas


Que no pueden compararse con tu carne.
La cala, los fríos pliegues de su ego,


Y el lirio, embelleciéndose a sí mismo-
Manchas, y un despliegue de pétalos ardientes.


Los cometas
Tienen que atravesar tanto espacio,


Tanta frialdad, tanto olvido.
Así se desvanecen sus gestos-


Cálidos y humanos, y luego su luz rosada
Sangrando y desollándose


A través de las amnesias negras del cielo.
Por qué me son otorgadas


Estas lámparas, estos planetas
Que caen como bendiciones, como copos de nieve


Hexagonales, blancos
Sobre mis ojos, mis labios, mis cabellos


Rozándome y fundiéndose.
En ninguna parte.




Traducción: María Julia de Ruschi Crespo