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14 jul. 2015

Descargar: Fernando Pessoa - Poemas (antología)

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Fernando Pessoa representa un caso único en la poesía de Occidente. Escribió con su propio nombre e inventó otros poetas a los que atribuyó una biografía y una poética. En él el yo se fragmentaba y pasaba a ser una ficción. A esas figuras las llamó heterónimos, y él mismo se puede considerar como uno de ellos. Repetidas veces a lo largo de su obra, Pessoa afirmó ser nadie. «Siento que soy nadie salvo una sombra...» escribió. Una sombra en plural. Las experiencias estéticas de su juventud lo conducen al definitivo encuentro con el poeta dramático, que creó los heterónimos que siempre habitaron en él. En sus sueños construyó un foro y sobre él se desarrolló un drama no en actos sino en «gentes».

13 jun. 2015

Descarga: Fernando Pessoa - Odas de Ricardo Reis

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Descarga: Fernando Pessoa - Odas de Ricardo Reis

Fernando Pessoa hizo nacer a Ricardo Reis, el autor de las Odas, en Oporto en noviembre de 1897 y sobrevivió a su creador (según José Saramago, Ricardo Reis regresó a Portugal a bordo del barco inglés Highland Brigade, en el que ha viajado desde Brasil). Educado con los jesuitas, llegó a ejercer la medicina en Brasil, a donde se exilió como monárquico. Amigo de Álvaro de Campos y de Alberto Caeiro, heterónimos como él de Fernando Pessoa, no conoció, sin embargo, a éste último, quien nos recuerda la educación latinista del Doctor Reis, así como su afición por el mundo griego: («Debe haber en el poema más pequeño de un poeta algo en lo que se note que existió Homero. La novedad en sí misma nada significa, si no hay en ella una relación con lo que le precedió. Ni siquiera hay novedad si esa relación no existe…»).

12 may. 2015

Descarga: Fernando Pessoa - Escritos sobre ocultismo y masonería

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Descarga: Fernando Pessoa - Escritos sobre ocultismo y masonería

Conocido sobre todo por su monumental Libro del desasosiego, Fernando Pessoa cultivó durante su vida la afición por temas esotéricos y sociedades ocultas, temas en los que empezó a interesarse tras el suicidio en París de su amigo Mario de Sá Carneiro. Si bien reconoce no haber pertenecido nunca a ninguna de ellas, su erudición y su estilo nos legan unos escritos que muestran su gran bagaje e interés en dichos temas. La masonería, a la que defiende públicamente en un escrito de réplica a una ley proscriptiva, es uno de los temas que le obsesionan. La metafísica, los sistemas filosóficos, el paganismo, la verdad, el autoanálisis, etc. son, entre otos, los temas que Pessoa aborda en estos escritos, en los que no abdica de su particular estilo y prosa.

31 ene. 2015

Fernando Pessoa - Diario lúcido

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Fernando Pessoa - Diario lúcido


Mi vida, tragedia fracasada bajo el pateo de los dioses y de la que sólo se ha representado el primer acto.

Amigos, ninguno. Sólo unos conocidos que creen que simpatizan conmigo y que tal vez sentirían pena si un tren me pasase por cima y el entierro fuese un día de lluvia.

El premio natural de mi distanciamiento de la vida ha sido la incapacidad, que he creado en los demás, de sentir conmigo. En torno a mí hay una aureola de frialdad, un halo de hielo que repele a los demás. Todavía no he conseguido no sufrir con mi soledad. Tan difícil es conseguir esa distinción de espíritu que permite al aislamiento ser un reposo sin angustia.

Nunca he concedido crédito a la amistad que me han mostrado, como no lo habría concedido al amor, si me lo hubiesen mostrado, lo que, además, sería imposible. Aunque nunca haya tenido ilusiones respecto a quienes se decían mis amigos, he conseguido siempre sufrir desilusiones con ellos: tan complejo y sutil es mi destino de sufrir.

Nunca he dudado que todos me traicionasen; y me he asombrado siempre que me han traicionado. Cuando llegaba lo que yo esperaba, era siempre inesperado para mí.

Como nunca he descubierto en mí cualidades que atrajesen a nadie, nunca he podido creer que alguien se sintiese atraído por mí. La opinión sería de una modestia estulta, si hechos sobre hechos ―esos inesperados hechos que yo esperaba― no viniesen a confirmarla siempre.

No puedo concebir que me estimen por compasión, porque, aunque sea físicamente desmañado e inaceptable, no tengo ese grado de encogimiento orgánico con que entrar en la órbita de la compasión ajena, ni tampoco esa simpatía que la atrae cuando no es patentemente merecida; y para lo que en mí merece piedad, no puede haberla, porque nunca hay piedad para los lisiados del espíritu. De modo que he caído en ese centro de gravedad del desdén ajeno en el que no me inclino hacia la simpatía de nadie.

Toda mi vida ha sido querer adaptarme a esto sin sentir en exceso su crudeza y su abyección. Es necesario cierto coraje intelectual para que un individuo reconozca valerosamente que no pasa de ser un harapo humano, aborto superviviente, loco todavía fuera de las fronteras de la internabilidad; pero es preciso todavía más valor de espíritu para, reconocido esto, crear una adaptación perfecta a su destino, aceptar sin rebeldía, sin resignación, sin gesto alguno, o esbozo de gesto, la maldición orgánica que me ha impuesto la Naturaleza. Querer que no sufra con esto es querer demasiado, porque no cabe en el ser humano el aceptar el mal, viéndolo bien, y llamarle bien; y, aceptándolo como mal, no es posible no sufrir con él.

Concebir desde fuera ha sido mi desgracia: la desgracia para mi felicidad. Me he visto como me ven los demás, y he pasado a despreciarme, no tanto porque reconociese en mí un orden tal de cualidades que mereciese desprecio por ellas, sino porque he pasado a verme como me ven los demás y he sentido un desprecio cualquiera que ellos sienten por mí. He sufrido la humillación de conocerme. Como este calvario no tiene nobleza, ni resurrección unos días después, no he podido sino sufrir con la innobleza de esto.

He comprendido que le era imposible a nadie amarme, a no ser que le faltase del todo el sentido estético; y, entonces, yo le despreciaría por ello; y que incluso simpatizar conmigo no podía pasar de ser un capricho de la indiferencia ajena.

¡Ver claro en nosotros y en cómo nos ven los demás! ¡Ver esta verdad frente a frente! Y, al final, el grito de Cristo en el Calvario, cuando vio, frente a frente, su verdad: Señor, Señor, ¿por qué me has abandonado?


En Libro del desasosiego
Traducción: Ángel Crespo
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22 dic. 2014

Descarga: Fernando Pessoa - El banquero anarquista

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Descarga: Fernando Pessoa - El banquero anarquista

Esta edición de El banquero anarquista reproduce el texto publicado en vida por Fernando Pessoa, en 1922, en la revista Contemporánea (Nº 1, mayo, pp. 5-21). Se procedió, no obstante, a la actualización de la ortografía, así como a la homologación en el uso de la abreviatura ud. (usted) que, seguramente por desliz tipográfico, aparece escrita, en mitad de la frase, a veces con u minúscula y a veces con u mayúscula.

Se publican también, en el Apéndice, algunos textos existentes en el Legado de la Biblioteca Nacional de Lisboa: la traducción al inglés, hecha por el propio poeta, de las primeras dos páginas del texto de 1922 (dos hojas mecanografiadas con cuatro agregados a mano); los distintos escritos (manuscritos, mecanografiados o mixtos) destinados a una proyectada edición corregida y aumentada de la novela, que no llegaría a concretarse, ni siquiera a ser concluida por el autor.

18 dic. 2014

Fernando Pessoa - En la noche terrible (Álvaro de Campos)

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Fernando Pessoa


En la noche terrible, sustancia natural de todas las noches,
En la noche de insomnio, sustancia natural de todas mis noches,
Recuerdo, velando en modorra incómoda,
Recuerdo lo que hice y lo que podía haber hecho en la vida.
Recuerdo, y una angustia
Se derrama por mí como un frío del cuerpo o un miedo.
Lo irreparable de mi pasado: ¡ése es el cadáver!
Todos los otros cadáveres quizá sean ilusiones.
Todos los muertos quizá estén vivos en otra parte
Todos mis propios momentos pasados quizá existan por ahí,
En la ilusión del espacio y del tiempo,
En la falsedad del devenir.
Pero lo que yo no fui, lo que yo no hice, lo que ni siquiera soñé;
Lo que sólo ahora veo que debería haber hecho,
Lo que sólo ahora claramente veo que debería haber sido...
Es lo que está muerto más allá de todos los Dioses,
Eso –y fue al fin lo mejor de mí– es lo que ni los Dioses hacen vivir...

Si a cierta altura
Hubiese doblado hacia la izquierda en lugar de hacia la derecha;
Si a cierta altura
Hubiese dicho sí en lugar de no, o no en lugar de sí;
Si en cierta conversación
Hubiese tenido las frases que sólo ahora, en el entresueño, elaboro...
Si todo eso hubiese sido así,
Sería otro hoy, y tal vez el universo entero
Sería llevado insensiblemente a ser otro también.

Pero no doblé hacia el lado irreparablemente perdido,
No doblé ni pensé doblar, y sólo ahora lo percibo;
Pero no dije no o no dije sí, y sólo ahora veo lo que no dije;
Pero las frases que faltó decir en ese momento me surgen todas,
Claras, inevitables, naturales,
La conversación cerrada concluyente,
La materia toda resuelta...
Pero sólo ahora lo que nunca fue, ni será hacia atrás, me duele.

Lo que de veras fallé no tiene ninguna esperanza
En ningún sistema metafísico.
Puede ser que para otro mundo pueda llevar lo que soñé,
¿Pero podré llevar para otro mundo lo que me olvidé de soñar?
Esos sí, los sueños por tener, son el cadáver.
Lo entierro en mi corazón para siempre, para todo el tiempo, para todos los universos.

En esta noche donde no duermo, y el sosiego me cerca
Como una verdad de la que no participo,
Y allá fuera la luna, como la esperanza que no tengo, es invisible para mí.



Na Noite Terrivel

Na noite terrível, substância natural de todas as noites, 
Na noite de insônia, substância natural de todas as minhas noites, 
Relembro, velando em modorra incômoda, 
Relembro o que fiz e o que podia ter feito na vida. 
Relembro, e uma angústia 
Espalha-se por mim todo como um frio do corpo ou um medo. 
O irreparável do meu passado — esse é que é o cadáver! 
Todos os outros cadáveres pode ser que sejam ilusão. 
Todos os mortos pode ser que sejam vivos noutra parte. 
Todos os meus próprios momentos passados pode ser que existam algures, 
Na ilusão do espaço e do tempo, 
Na falsidade do decorrer. 
Mas o que eu não fui, o que eu não fiz, o que nem sequer sonhei; 
O que só agora vejo que deveria ter feito, 
O que só agora claramente vejo que deveria ter sido — 
Isso é que é morto para além de todos os Deuses, 
Isso — e foi afinal o melhor de mim — é que nem os Deuses fazem viver ... 

Se em certa altura 
Tivesse voltado para a esquerda em vez de para a direita; 
Se em certo momento 
Tivesse dito sim em vez de não, ou não em vez de sim; 
Se em certa conversa 
Tivesse tido as frases que só agora, no meio-sono, elaboro — 
Se tudo isso tivesse sido assim, 
Seria outro hoje, e talvez o universo inteiro 
Seria insensivelmente levado a ser outro também. 

Mas não virei para o lado irreparavelmente perdido, 
Não virei nem pensei em virar, e só agora o percebo; 
Mas não disse não ou não disse sim, e só agora vejo o que não disse;
Mas as frases que faltou dizer nesse momento surgem-me todas, 
Claras, inevitáveis, naturais, 
A conversa fechada concludentemente, 
A matéria toda resolvida... 
Mas só agora o que nunca foi, nem será para trás, me dói. 

O que falhei deveras não tem sperança nenhuma 
Em sistema metafísico nenhum. 
Pode ser que para outro mundo eu possa levar o que sonhei, 
Mas poderei eu levar para outro mundo o que me esqueci de sonhar? 
Esses sim, os sonhos por haver, é que são o cadáver. 
Enterro-o no meu coração para sempre, para todo o tempo, para todos os universos, 

Nesta noite em que não durmo, e o sossego me cerca 
Como uma verdade de que não partilho, 
E lá fora o luar, como a esperança que não tenho, é invisível p'ra mim.


Traducción de Rodolfo Alonso


6 dic. 2014

Fernando Pessoa - Me moriré como he vivido...

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Fernando Pessoa - Me moriré como he vivido...


El personaje individual e imponente, que los románticos imaginaban en sí mismos, varias veces, en sueños, he intentado vivirlo y tantas veces como he intentado vivirlo, me he encontrado riendome a carcajadas de mi idea de vivirlo. El hombre fatal, al final, existe en los sueños propios de todos los hombres vulgares, y el romanticismo no es sino el volver del revés del dominio cotidiano de nosotros mismos. Casi todos los hombres sueñan, en los secretos de su ser, un gran imperialismo propio, la sujeción de todos los hombres, la entrega de todas las mujeres, la adoración de los pueblos y, en los más nobles, de todas las eras... Pocos habituados, como yo, al sueño, son por eso lo bastante lúcidos para reírse de la posibilidad estética de soñarse así.

La mayor acusación contra el romanticismo no se ha formulado todavía: es la de que representa la verdad interior de la naturaleza humana. Sus exageraciones, sus ridiculeces, sus poderes varios de conmover y seducir, residen en que es la figuración exterior de lo que hay más dentro en el alma, más concreto, visualizado, hasta imposible, si el ser posible dependiese de otra cosa que no fuese el Destino.

¡Cuántas veces yo mismo, que me río de semejantes seducciones de la distracción, me encuentro suponiéndome que sería bueno ser célebre, que sería agradable ser halagado, que sería brillante ser triunfal! Pero no consigo visualizarme en esos papeles de cima sino con una carcajada del otro yo que tengo siempre cerca como una calle de la Baja. ¿Me veo célebre? Pero me veo célebre como contable. ¿Me siento exaltado a los tronos del ser conocido? Pero la cosa sucede en la oficina de la Calle de los Doradores y los muchachos son un obstáculo. ¿Me oigo aplaudido por multitudes variadas? El aplauso llega al cuarto piso en el que vivo y tropieza con el mobiliario basto de mi cuarto barato, con lo que me rodea, y me humilla desde la cocina [...] al sueño. Ni siquiera he tenido despreciables castillos en España, como los grandes españoles de todas las ilusiones. Los míos han sido los naipes, viejos, sucios, de una baraja incompleta con la que no se podría jugar más; no se me han caído, hubo que destruirlos, con un gesto de la mano, bajo el impulso impaciente de la criada vieja, que quería extender en toda la mesa el mantel echado en la mitad de allá, porque había sonado la hora del té como una maldición del Destino. Pero incluso esto es una visión inútil, pues no tengo la casa provinciana, con las tías viejas, a cuya mesa se tome, al final de una velada familiar, un té que me sepa a reposo. Mi sueño ha fracasado hasta en las metáforas y en las figuraciones. Mi imperio no ha llegado ni a las cartas viejas de jugar. Mi victoria ha fracasado sin una tetera ni un gato antiquísimo. Me moriré como he vivido, entre el baratillo de los alrededores, tasado al peso entre los proscritos de lo perdido.


En Libro del desasosiego
Traducción: Ángel Crespo

23 nov. 2014

Fernando Pessoa (Álvaro de Campos) - Oda triunfal

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Fernando Pessoa (Álvaro de Campos) - Oda triunfal


A la dolorosa luz de las grandes lámparas eléctricas de la fábrica
tengo fiebre y escribo.
Escribo rechinando los dientes, una fiera ante esta belleza,
ante esta belleza totalmente desconocida por los antiguos.

¡Oh ruedas, oh engranajes, r-r-r-r-r-r-r-r eterno!
¡Fuerte espasmo retenido de los maquinismos furiosos!
¡Furiosos fuera y dentro de mí
por todos mis nervios disecados,
por todas las papilas de todo aquello con que siento!
Tengo secos los labios, ¡oh grandes ruidos modernos!
De oíros demasiado cerca,
y me arde la cabeza de querer cantaros con el exceso
de expresión de todas mis sensaciones,
con un exceso contemporáneo de vosotras, ¡oh máquinas!

Febril y mirando los motores como a una Naturaleza tropical
-¡grandes trópicos humanos de hierro y fuego y fuerza!-
canto, y canto al presente, y también al pasado y al futuro,
porque el presente es todo el pasado y todo el futuro
y están Platón y Virgilio dentro de las máquinas y de las luces eléctricas
sólo porque hubo antaño y fueron humanos Virgilio y Platón,
y pedazos de Alejandro Magno tal vez del siglo cincuenta,
átomos que han de tener fiebre en el cerebro del Esquilo del siglo cien,
andan por estas correas de transmisión y por esos émbolos y por estos volantes
rugiendo, rechinando, rumoreando, atronando, ferrando,
haciéndome un exceso de caricias en el cuerpo con una sola caricia en el alma.

¡Ah, poder expresarse todo como un motor se expresa!
¡Ser completo como una máquina!
¡Poder ir por la vida triunfante como un automóvil último modelo!
¡Poder, al menos, penetrarme físicamente de todo esto,
rasgarme todo, abrirme completamente, volverme poroso
a todos los perfumes de aceites y calores y carbones
de esta flora estupenda, negra, artificial e insaciable!

¡Fraternidad con todas las dinámicas!
¡Promiscua furia de ser parte-agente
del rodar férreo y cosmopolita
de los trenes estrenuos*,
de la tarea de transportar cargas de navíos,
del giro lento y lúbrico de los guindastes,
del tumulto disciplinado de las fábricas,
y del casi-silencio susurrante y monótono de las correas de transmisión!

¡Horas europeas, productoras, entablilladas
entre maquinismos y quehaceres útiles!
¡Grandes ciudades paradas en los cafés,
en los cafés -oasis de inutilidades ruidosas-
donde se cristalizan y precipitan
los rumores y los gestos de lo Útil
y las ruedas dentadas y los coginetes de lo Progresivo!
¡Nueva Minerva sin alma de los muelles y estaciones!
¡Nuevos entusiasmos con la estatura del Momento!
¡Quillas de placas de hierro sonriendo arrimadas a las dársenas
o en seco, erguidas, en los planos inclinados de los puertos!
¡Actividad internacional, transatlántica, Canadian-Pacific!
¡Luces y febriles pérdidas de tiempo en los bares, en los hoteles,
en los Longchamps y en los Derbies y en los Ascots,
y Picadillies y Avenues de l'Opera que entran
por dentro de mi alma!

¡Hola, calles, hola, plazas, hola, la foule!
¡Todo lo que pasa, todo lo que se para ente los escaparates!
¡Comerciantes; vagabundos; escrocs exageradamente bien vestidos;
miembros evidentes de clubes aristocráticos;
escuálidas figuras ambiguas; padres de familia vagamente felices
y paternales hasta en la cadena de oro que atraviesa el chaleco
de bolsillo a bolsillo!
¡Todo lo que pasa, todo lo que pasa y nunca pasa!
¡Presencia excesivamente acentuada de las cocottes,
banalidad interesante (¡y quién sabe qué otra cosa por dentro!)
de las burguesitas, madre e hija, por lo general,
que andan por la calle con cualquier motivo;
la gracia femenina y falsa de los pederastas que pasan, lentos;
y toda la gente sencillamente elegante que pasea y se exhibe
y luego resulta que tienen un alma dentro!

(¡Ah, cómo desearía ser el souteneur de todo esto!)
¡La maravillosa belleza de las corrupciones políticas,
deliciosos escándalos financieros y diplomáticos,
agresiones políticas en las calles,
y de vez en cuando el cometa de algún regicidio
que ilumina de Prodigio y Fanfarria los cielos
usuales y lúcidos de la Civilización cotidiana!

¡Noticias desmentidas de los periódicos,
artículos políticos insinceramente sinceros,
noticias passez à-la-caisse, grandes crímenes-
de los que dos columnas pasan a la segunda página!
¡El olor fresco a tinta tipográfica!
¡Los carteles pegados hace poco, mojados!
¡Vients-de-paraître amarillos con una cinta blanca!
¡Cuánto os amo a todos, a todos, a todos,
cuánto os amo de todas las maneras,
con los ojos y con el oído y con el olfato
y con el tacto (¡lo que representaría para mí tocaros!)
y con la inteligencia como una antena a la que hacéis vibrar!
¡Ah, de qué manera todos mis sentidos se encelan por vosotros!

¡Abonos, trilladoras a vapor, progresos de la agricultura!
¡Química agrícola, y el comercio casi una ciencia!
¡Oh muestrarios de los viajantes-de-comercio,
de los viajantes-de-comercio, caballeros-andantes de la Industria,
prolongaciones humanas de las fábricas y de las oficinas tranquilas!

¡Oh telas en los escaparates, oh maniquíes, oh últimos figurines!
¡Oh artículos inútiles que todos quieren comprar!
¡Hola, grandes almacenes con varias secciones!
¡Hola, anuncios luminosos que se ven, parpadean y desaparecen!
¡Hola, todo aquello con lo que hoy se construye, con lo que hoy se es diferente de ayer!
¡Eh, cemento armado, hormigón, técnicas nuevas!
¡Progresos de los armamentos gloriosamente mortíferos!
¡Blindajes, cañones, ametralladoras, submarinos, aeroplanos!

Os amo a todos, a todo, como una fiera.
Os amo carnívoramente,
perversamente y enroscando mi mirada
en vosotras, ¡oh cosas grandes, banales, útiles, inútiles,
oh cosas modernísimas,
oh mis contemporáneas, forma actual y próxima
del sistema inmediato del Universo!
¡Nueva Revelación metálica y dinámica de Dios!
 ¡Oh fábricas, oh laboratorios, oh music-halls, oh Luna Parks,
oh acorazados, oh puentes, oh muelles flotantes,
en mi mente turbulenta y encandecida
os poseo como a una mujer hermosa,
os poseo totalmente como a una mujer hermosa a la que no se ama,
a la que se encuentra por casualidad y nos parece interesantísima!

¡Eh-ah-ho, fachadas de los grandes almacenes!
¡Eh-ah-ho, ascensores de los grandes edificios!
¡Eh-ah-ho, reorganizaciones ministeriales!
¡Parlamentos, políticas, secretarios de presupuestos,
presupuestos falsificados!
(Un presupuesto es tan natural como un árbol
y un parlamento tan bello como una mariposa.)

¡Hola, interés por todo en la vida,
porque todo es la vida, desde los brillantes en los escaparates
hasta la noche, puente misterioso entre los astros
y el mar antiguo y solemne, bañando las costas
y siendo misericordiosamente el mismo
que era cuando Platón era verdaderamente Platón
en su presencia verdadera y en su carne con el alma adentro,
y hablaba con Aristóteles, que no había de ser su discípulo!

Yo podría morir triturado por un motor
con el sentimiento de deliciosa entrega de una mujer poseída.
¡Arrójenme dentro de los altos hornos!
¡Tírenme debajo de los trenes!
¡Azótenme a bordo de los barcos!
¡Masoquismo a través de los maquinismos!
¡Sadismo de no sé qué moderno y yo y barullo!
 ¡Aupa, jockey que has ganado el Derby,
morder tu cap de dos colores!

(¡Ser tan alto que no pudiese entrar por ninguna puerta!
¡Ah, mirar es para mí una perversión sexual!)

¡Eh, eh, eh, catedrales!
¡Dejad que me parta la cabeza contra vuestras esquinas,
y que sea levantado de la calle lleno de sangre
sin que nadie sepa quién soy!

¡Oh tranvías, funiculares, metropolitanos,
restregaos conmigo hasta el espasmo!
¡Huy, huy, ay, ay, ay!
¡Soltadme carcajadas en plena cara,
oh automóviles atestados de parranderos y de putas,
oh multitudes cotidianas ni alegres ni tristes de las calles,
río multicolor anónimo donde no puedo bañarme como querría!
¡Ah, qué vidas tan complejas, qué de cosas por todas las casas de todo esto!
¡Ah, saberse la vida de todos, los apuros de dinero,
los disgustos domésticos, los vicios que no se sospechan,
los pensamientos que cada uno tiene a solas en su cuarto
y los gestos que hace cuando nadie lo puede ver!
¡No saber todo esto es ignorarlo todo, oh rabia!,
oh rabia que como una fiebre y un celo y un hambre
me consume el rostro y me agita a veces las manos
en crispaciones absurdas justo en medio de las turbas
en las calles llenas de encontronazos!

¡Ah, y la gente ordinaria y sucia, que parece siempre la misma,
que dice palabrotas como palabras corrientes,
cuyos hijos roban a las puertas de los ultramarinos,
y cuyas hijas a los ocho años -¡y esto me parece hermoso y me gusta!-
masturban a hombres de aspecto decente en el hueco de la escalera!
¡Ah, la gentuza que anda por los andamios y se va a casa
por callejas casi irreales de estrechez y podredumbre!
¡Maravillosa ralea humana que vive como los perros,
que está por debajo de todos los sistemas morales,
para quien no ha sido hecha ninguna religión,
creado ningún arte,
destinada ninguna política!
¡Cuánto os amo a todos, porque sois así,
ni inmorales de tan bajos que sois, ni buenos ni malos,
inalcanzables por todos los progresos,
fauna maravillosa del fondo del mar de la vida!

(En la noria del huerto de mi casa
el burro anda dando vueltas, dando vueltas,
y el misterio del mundo es de este tamaño).
Límpiate el sudor con el brazo, trabajador descontento.
La luz del sol sofoca el silencio de las esferas
y todos hemos de morir,
¡oh pinares sombríos del crepúsculo,
pinares en los que mi infancia era otra cosa
de lo que ahora soy...!

Pero, ¡ah, otra vez la rabia mecánica constante!
Otra vez la obsesión agitada de los autobuses.
Y otra vez la furia de estar yendo al mismo tiempo dentro de todos los trenes
de todas las partes del mundo,
de estar diciendo adiós desde la borda de todos los navíos,
que a estas horas están levando anclas o alejándose de los muelles.
¡Oh hierro, oh acero, oh aluminio, oh chapas de hierro curvado!
¡Oh muelles, oh puertos, oh convoyes, oh guindastes, oh remolcadores!

¡Eh-ah grandes desastres de trenes!
¡Eh-ah hundimientos de galerías de minas!
¡Eh-ah naufragios deliciosos de los grandes trasatlánticos!
¡Eh-ah revoluciones aquí, allá, acullá,
alteraciones de constituciones, guerras, tratados, invasiones,
ruido, injusticias, violencias, y tal vez en breve el fin,
la gran invasión de los bárbaros amarillos por Europa,
y otro Sol en el nuevo Horizonte!

¡Qué importa todo esto, pero qué importa todo esto
al fúlgido y rubro ruido contemporáneo,
al ruido cruel y delicioso de la civilización de hoy!
Todo esto apaga todo, salvo el Momento,
el Momento de tronco desnudo y caliente como un fogonero,
el Momento estridentemente ruidoso y mecánico,
el Momento, dinámico pasaje de todas las bacantes
del hierro y del bronce y de la borrachera de los metales.

¡Ea trenes, ea puentes, ea hoteles a la hora de cenar,
ea aparatos de todas las clases, férreos, brutos, mínimos,
instrumentos de precisión, aparatos de triturar, de cavar,
industrias, brocas, rotativas!
¡Ea! ¡ea! ¡ea!
¡Ea electricidad, nervios enfermos de la Materia!
¡Ea telegrafía sin hilos, simpatía metálica de lo Inconsciente!
¡Ea túneles, ea canales, Panamá, Kiel, Suez!
¡Ea todo el pasado dentro del presente!
¡Ea todo el futuro ya dentro de nosotros! ¡Ea!
¡Ea, ea, ea!
¡Frutos de hierro y útiles del árbol-fábrica cosmopolita!
¡Ea, ea, ea! ¡ea-ho-ho-ho!
No sé que existo para dentro. Giro, doy vueltas, me ingenio.
Me enganchan en todos los trenes.
Me izan en todos los muelles.
Giro dentro de las hélices de todos los barcos.
¡Ea! ¡Hurra! ¡Ea!
¡Ea! ¡Soy el calor mecánico y la electricidad!
¡Ea! ¡Y los rails y las casas de máquinas y Europa!
¡Ea y hurra por mi-todo y en todo, máquinas trabajando, ea!

¡Saltar con todo por encima de todo! ¡Aúpa!

¡Aúpa, aúpa, aúpa, aúpa!
¡Hala! ¡Hola! ¡Ho-o-o-o-o!
¡Z-z-z-z-z-z-z-z-z-z-z-z!

¡Ah, no ser yo todo el mundo y todos los sitios!


En Poemas
Traducción: Miguel Ángel Flores


Ode Triunfal


À dolorosa luz das grandes lâmpadas eléctricas da fábrica 
Tenho febre e escrevo. 
Escrevo rangendo os dentes, fera para a beleza disto, 
Para a beleza disto totalmente desconhecida dos antigos.

Ó rodas, ó engrenagens, r-r-r-r-r-r eterno! 
Forte espasmo retido dos maquinismos em fúria! 
Em fúria fora e dentro de mim, 
Por todos os meus nervos dissecados fora, 
Por todas as papilas fora de tudo com que eu sinto! 
Tenho os lábios secos, ó grandes ruídos modernos, 
De vos ouvir demasiadamente de perto, 
E arde-me a cabeça de vos querer cantar com um excesso 
De expressão de todas as minhas sensações, 
Com um excesso contemporâneo de vós, ó máquinas!

Em febre e olhando os motores como a uma Natureza tropical -- 
Grandes trópicos humanos de ferro e fogo e força -- 
Canto, e canto o presente, e também o passado e o futuro, 
Porque o presente é todo o passado e todo o futuro 
E há Platão e Virgílio dentro das máquinas e das luzes eléctricas 
Só porque houve outrora e foram humanos Virgílio e Platão, 
E pedaços do Alexandre Magno do século talvez cinquenta, 
Átomos que hão de ir ter febre para o cérebro do Ésquilo do século cem, 
Andam por estas correias de transmissão e por estes êmbolos e por estes volantes, 
Rugindo, rangendo, ciciando, estrugindo, ferreando, 
Fazendo-me um excesso de carícias ao corpo numa só carícia à alma.

Ah, poder exprimir-me todo como um motor se exprime! 
Ser completo como uma máquina! 
Poder ir na vida triunfante como um automóvel último-modelo! 
Poder ao menos penetrar-me fisicamente de tudo isto, 
Rasgar-me todo, abrir-me completamente, tornar-me passento 
A todos os perfumes de óleos e calores e carvões 
Desta flora estupenda, negra, artificial e insaciável!

Fraternidade com todas as dinâmicas! 
Promíscua fúria de ser parte-agente 
Do rodar férreo e cosmopolita 
Dos comboios estrénuos, 
Da faina transportadora-de-cargas dos navios, 
Do giro lúbrico e lento dos guindastes, 
Do tumulto disciplinado das fábricas, 
E do quase-silêncio ciciante e monótono das correias de transmissão!

Horas europeias, produtoras, entaladas 
Entre maquinismos e afazeres úteis! 
Grandes cidades paradas nos cafés, 
Nos cafés -- oásis de inutilidades ruidosas 
Onde se cristalizam e se precipitam 
Os rumores e os gestos do Útil 
E as rodas, e as rodas-dentadas e as chumaceiras do Progressivo! 
Nova Minerva sem-alma dos cais e das gares! 
Novos entusiasmos da estatura do Momento! 
Quilhas de chapas de ferro sorrindo encostadas às docas, 
Ou a seco, erguidas, nos pianos-inclinados dos portos! 
Actividade internacional, transatlântica, Canadian-Pacific! 
Luzes e febris perdas de tempo nos bares, nos hotéis, 
Nos Longchamps e nos Derbies e nos Ascots, 
E Piccadillies e Avenues de l'Opera que entram 
Pela minh'alma dentro!

Hé-lá as ruas, hé-lá as praças, hé-la-hó la foule! 
Tudo o que passa, tudo o que pára às montras! 
Comerciantes; vadios; escrocs exageradamente bem-vestidos; 
Membros evidentes de clubes aristocráticos; 
Esquálidas figuras dúbias; chefes de família vagamente felizes 
E paternais até na corrente de oiro que atravessa o colete 
De algibeira a algibeira! 
Tudo o que passa, tudo o que passa e nunca passa! 
Presença demasiadamente acentuada das cocotes; 
Banalidade interessante (e quem sabe o quê por dentro?) 
Das burguesinhas, mãe e filha geralmente, 
Que andam na rua com um fim qualquer, 
A graça feminil e falsa dos pederastas que passam, lentos; 
E toda a gente simplesmente elegante que passeia e se mostra 
E afinal tem alma lá dentro!

(Ah, como eu desejaria ser o souteneur disto tudo!)

A maravilhosa beleza das corrupções políticas, 
Deliciosos escândalos financeiros e diplomáticos, 
Agressões políticas nas ruas, 
E de vez em quando o cometa dum regicídio 
Que ilumina de Prodígio e Fanfarra os céus 
Usuais e lúcidos da Civilização quotidiana!

Notícias desmentidas dos jornais, 
Artigos políticos insinceramente sinceros, 
Notícias passez à-la-caisse, grandes crimes -- 
Duas colunas deles passando para a segunda página! 
O cheiro fresco a tinta de tipografia! 
Os cartazes postos há pouco, molhados! 
Vients-de-paraitre amarelos com uma cinta branca! 
Como eu vos amo a todos, a todos, a todos, 
Como eu vos amo de todas as maneiras, 
Com os olhos e com os ouvidos e com o olfacto 
E com o tacto (o que palpar-vos representa para mim!) 
E com a inteligência como uma antena que fazeis vibrar! 
Ah, como todos os meus sentidos têm cio de vós!

Adubos, debulhadoras a vapor, progressos da agricultura! 
Química agrícola, e o comércio quase uma ciência! 
Ó mostruários dos caixeiros-viajantes, 
Dos caixeiros-viajantes, cavaleiros-andantes da Indústria, 
Prolongamentos humanos das fábricas e dos calmos escritórios!

Ó fazendas nas montras! ó manequins! ó últimos figurinos! 
Ó artigos inúteis que toda a gente quer comprar! 
Olá grandes armazéns com várias secções! 
Olá anúncios eléctricos que vêm e estão e desaparecem! 
Olá tudo com que hoje se constrói, com que hoje se é diferente de ontem! 
Eh, cimento armado, beton de cimento, novos processos! 
Progressos dos armamentos gloriosamente mortíferos! 
Couraças, canhões, metralhadoras, submarinos, aeroplanos!

Amo-vos a todos, a tudo, como uma fera. 
Amo-vos carnivoramente, 
Pervertidamente e enroscando a minha vista 
Em vós, ó coisas grandes, banais, úteis, inúteis, 
Ó coisas todas modernas, 
Ó minhas contemporâneas, forma actual e próxima 
Do sistema imediato do Universo! 
Nova Revelação metálica e dinâmica de Deus!

Ó fábricas, ó laboratórios, ó music-halls, ó Luna-Parks, 
Ó couraçados, ó pontes, ó docas flutuantes -- 
Na minha mente turbulenta e incandescida 
Possuo-vos como a uma mulher bela, 
Completamente vos possuo como a uma mulher bela que não se ama, 
Que se encontra casualmente e se acha interessantíssima.

Eh-lá-hô fachadas das grandes lojas! 
Eh-lá-hô elevadores dos grandes edifícios! 
Eh-lá-hô recomposições ministeriais! 
Parlamento, políticas, relatores de orçamentos; 
Orçamentos falsificados! 
(Um orçamento é tão natural como uma árvore 
E um parlamento tão belo como uma borboleta.)

Eh-lá o interesse por tudo na vida, 
Porque tudo é a vida, desde os brilhantes nas montras 
Até à noite ponte misteriosa entre os astros 
E o amor antigo e solene, lavando as costas 
E sendo misericordiosamente o mesmo 
Que era quando Platão era realmente Platão 
Na sua presença real e na sua carne com a alma dentro, 
E falava com Aristóteles, que havia de não ser discípulo dele.

Eu podia morrer triturado por um motor 
Com o sentimento de deliciosa entrega duma mulher possuída. 
Atirem-me para dentro das fornalhas! 
Metam-me debaixo dos comboios! 
Espanquem-me a bordo de navios! 
Masoquismo através de maquinismos! 
Sadismo de não sei quê moderno e eu e barulho!

Up-lá hó jóquei que ganhaste o Derby, 
Morder entre dentes o teu cap de duas cores!

(Ser tão alto que não pudesse entrar por nenhuma porta! 
Ah, olhar é em mim uma perversão sexual!)

Eh-lá, eh-lá, eh-lá, catedrais! 
Deixai-me partir a cabeça de encontro às vossas esquinas, 
E ser levantado da rua cheio de sangue 
Sem ninguém saber quem eu sou!

Ó tramways, funiculares, metropolitanos, 
Roçai-vos por mim até ao espasmo! 
Hilla! hilla! hilla-hô! 
Dai-me gargalhadas em plena cara, 
Ó automóveis apinhados de pândegos e de putas, 
Ó multidões quotidianas nem alegres nem tristes das ruas, 
Rio multicolor anónimo e onde eu me posso banhar como quereria! 
Ah, que vidas complexas, que coisas lá pelas casas de tudo isto! 
Ah, saber-lhes as vidas a todos, as dificuldades de dinheiro, 
As dissensões domésticas, os deboches que não se suspeitam, 
Os pensamentos que cada um tem a sós consigo no seu quarto 
E os gestos que faz quando ninguém pode ver! 
Não saber tudo isto é ignorar tudo, ó raiva, 
Ó raiva que como uma febre e um cio e uma fome 
Me põe a magro o rosto e me agita às vezes as mãos 
Em crispações absurdas em pleno meio das turbas 
Nas ruas cheias de encontrões!

Ah, e a gente ordinária e suja, que parece sempre a mesma, 
Que emprega palavrões como palavras usuais, 
Cujos filhos roubam às portas das mercearias 
E cujas filhas aos oito anos -- e eu acho isto belo e amo-o! -- 
Masturbam homens de aspecto decente nos vãos de escada. 
A gentalha que anda pelos andaimes e que vai para casa 
Por vielas quase irreais de estreiteza e podridão. 
Maravilhosa gente humana que vive como os cães, 
Que está abaixo de todos os sistemas morais, 
Para quem nenhuma religião foi feita, 
Nenhuma arte criada, 
Nenhuma política destinada para eles! 
Como eu vos amo a todos, porque sois assim, 
Nem imorais de tão baixos que sois, nem bons nem maus, 
Inatingíveis por todos os progressos, 
Fauna maravilhosa do fundo do mar da vida!

(Na nora do quintal da minha casa 
O burro anda à roda, anda à roda, 
E o mistério do mundo é do tamanho disto. 
Limpa o suor com o braço, trabalhador descontente. 
A luz do sol abafa o silêncio das esferas 
E havemos todos de morrer, 
Ó pinheirais sombrios ao crepúsculo, 
Pinheirais onde a minha infância era outra coisa 
Do que eu sou hoje. . . )

Mas, ah outra vez a raiva mecânica constante! 
Outra vez a obsessão movimentada dos ónibus. 
E outra vez a fúria de estar indo ao mesmo tempo dentro de todos os comboios 
De todas as partes do mundo, 
De estar dizendo adeus de bordo de todos os navios, 
Que a estas horas estão levantando ferro ou afastando-se das docas. 
Ó ferro, ó aço, ó alumínio, ó chapas de ferro ondulado! 
Ó cais, ó portos, ó comboios, ó guindastes, ó rebocadores!

Eh-lá grandes desastres de comboios! 
Eh-lá desabamentos de galerias de minas! 
Eh-lá naufrágios deliciosos dos grandes transatlânticos! 
Eh-lá-hô revoluções aqui, ali, acolá, 
Alterações de constituições, guerras, tratados, invasões, 
Ruído, injustiças, violências, e talvez para breve o fim, 
A grande invasão dos bárbaros amarelos pela Europa, 
E outro Sol no novo Horizonte!

Que importa tudo isto, mas que importa tudo isto 
Ao fúlgido e rubro ruído contemporâneo, 
Ao ruído cruel e delicioso da civilização de hoje? 
Tudo isso apaga tudo, salvo o Momento, 
O Momento de tronco nu e quente como um fogueiro, 
O Momento estridentemente ruidoso e mecânico, 
O Momento dinâmico passagem de todas as bacantes 
Do ferro e do bronze e da bebedeira dos metais.

Eia comboios, eia pontes, eia hotéis à hora do jantar, 
Eia aparelhos de todas as espécies, férreos, brutos, mínimos, 
Instrumentos de precisão, aparelhos de triturar, de cavar, 
Engenhos, brocas, máquinas rotativas!

Eia! eia! eia! 
Eia eletricidade, nervos doentes da Matéria! 
Eia telegrafia-sem-fios, simpatia metálica do inconsciente! 
Eia túneis, eia canais, Panamá, Kiel, Suez! 
Eia todo o passado dentro do presente! 
Eia todo o futuro já dentro de nós! eia! 
Eia! eia! eia! 
Frutos de ferro e útil da árvore-fábrica cosmopolita! 
Eia! eia! eia, eia-hô-ô-ô! 
Nem sei que existo para dentro. Giro, rodeio, engenho-me. 
Engatam-me em todos os comboios. 
Içam-me em todos os cais. 
Giro dentro das hélices de todos os navios. 
Eia! eia-hô eia! 
Eia! sou o calor mecânico e a electricidade!

Eia! e os rails e as casas de máquinas e a Europa! 
Eia e hurrah por mim-tudo e tudo, máquinas a trabalhar, eia!

Galgar com tudo por cima de tudo! Hup-lá!

Hup-lá, hup-lá, hup-lá-hô, hup-lá! 
Hé-lá! He-hô Ho-o-o-o-o! 
Z-z-z-z-z-z-z-z-z-z-z-z!

Ah não ser eu toda a gente e toda a parte! 

16 oct. 2014

Descarga: Fernando Pessoa - Libro del desasosiego

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Descarga: Fernando Pessoa - Libro del desasosiego

El Libro del desasosiego, nació en 1913 y Pessoa trabajó en él durante toda su vida. Esta es una obra inacabada e inacabable: un universo entero en expansión cuya pluralidad literaria y vital es infinita.

Bernardo Soares, ayudante de tenedor de libros de contabilidad en la ciudad de Lisboa, autor ficticio de este libro, es, según Pessoa, «un semi-heterónimo, porque, no siendo mía la personalidad, es, no diferente de la mía, sino una simple mutilación de ella». Prosador que poetiza, soñador que razona y místico descreído, este es el más pessoano de todos los heterónimos, y la riqueza inagotable de sus páginas, representación de todo un mundo, contiene el genio de Pessoa en toda su extensión

28 jun. 2014

Fernando Pessoa - Aplazamiento (Álvaro de Campos)

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Después de mañana, sí, sólo después de mañana...
Llevaré el día de mañana pensando en después de mañana,
Y sí será posible; pero hoy no...
No, hoy nada; hoy no puedo.
La persistencia confusa de mi subjetividad objetiva,
El sueño de mi vida real, intercalado,
El cansancio anticipado e infinito,
Un cansancio de mundos para tomar un tranvía...
Esta especie de alma...
Sólo después de mañana...
Hoy quiero prepararme,
Quiero prepararme para pensar mañana en el día siguiente...
Es él que es decisivo.
Tengo ya el plano trazado; pero no, hoy no dibujo planos...
Mañana es el día de los planos.
Mañana me sentaré en el escritorio para conquistar el mundo;
Pero sólo conquistaré el mundo después de mañana...
Tengo ganas de llorar,
De repente tengo ganas de llorar mucho, desde dentro...

No, no quieran saber nada más, es secreto, no lo digo.
Sólo después de mañana...
Cuando era niño, el circo del domingo me divertía por toda la semana.
Hoy sólo me divierte el circo del domingo de toda la semana de mi infancia...
Después de mañana seré otro,
Mi vida ha de triunfar,
Todas mis cualidades reales de inteligente, leído y práctico

Serán convocadas por un bando...
Pero por un bando de mañana...
Hoy quiero dormir, redactaré mañana...
Por hoy, ¿cuál es el espectáculo que me repetiría la infancia?
Para comprar incluso los boletos de mañana,
Pues para pasado mañana estará bien el espectáculo...
Antes, no...
Pasado mañana tendré la pose pública que mañana estudiaré.
Pasado mañana seré finalmente el que hoy no puedo nunca ser.

Sólo después de mañana...
Tengo sueño como el frío de un perro vagabundo.
Tengo mucho sueño.
Mañana te diré las palabras, o pasado mañana...
Sí, tal vez sólo después de pasado mañana...

El porvenir...
Sí, el porvenir...

14-4-1928


Adiamento

Depois de amanhã, sim, só depois de amanhã...
Levarei amanhã a pensar em depois de amanhã,
E assim será possível; mas hoje não... 
Não, hoje nada; hoje não posso. 
A persistência confusa da minha subjetividade objetiva, 
O sono da minha vida real, intercalado, 
O cansaço antecipado e infinito, 
Um cansaço de mundos para apanhar um elétrico... 
Esta espécie de alma... 
Só depois de amanhã... 
Hoje quero preparar-me, 
Quero preparar-rne para pensar amanhã no dia seguinte... 
Ele é que é decisivo. 
Tenho já o plano traçado; mas não, hoje não traço planos... 
Amanhã é o dia dos planos. 
Amanhã sentar-me-ei à secretária para conquistar o mundo; 
Mas só conquistarei o mundo depois de amanhã... 
Tenho vontade de chorar,
Tenho vontade de chorar muito de repente, de dentro...

Não, não queiram saber mais nada, é segredo, não digo. 
Só depois de amanhã... 
Quando era criança o circo de domingo divertia-rne toda a semana. 
Hoje só me diverte o circo de domingo de toda a semana da minha infância... 
Depois de amanhã serei outro, 
A minha vida triunfar-se-á, 
Todas as minhas qualidades reais de inteligente, lido e prático 
Serão convocadas por um edital... 
Mas por um edital de amanhã... 
Hoje quero dormir, redigirei amanhã... 
Por hoje, qual é o espetáculo que me repetiria a infância? 
Mesmo para eu comprar os bilhetes amanhã, 
Que depois de amanhã é que está bem o espetáculo... 
Antes, não... 
Depois de amanhã terei a pose pública que amanhã estudarei. Depois de amanhã serei finalmente o que hoje não posso nunca ser. 
Só depois de amanhã... 
Tenho sono como o frio de um cão vadio. 
Tenho muito sono. 
Amanhã te direi as palavras, ou depois de amanhã... 
Sim, talvez só depois de amanhã...

O porvir...
Sim, o porvir...


En Fernando Pessoa, Poemas (antología)
Traducción: Miguel Ángel Flores
Imagen: Fernando Pessoa por Adolfo Rodríguez Castañé

31 may. 2014

Fernando Pessoa - Un tedio de asco

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Hay días en que cada persona que encuentro y, aún más, las personas con las que convivo cotidianamente y a la fuerza, asumen aspecto de símbolos y, o aislados o juntándose, forman una escritura profética u oculta, descriptiva en sombras de mi vida. La oficina se me vuelve una página con palabras de gente; la calle es un libro; las palabras cambiadas con los habituales, los desacostumbrados que encuentro, son decires para los que me falta el diccionario pero no del todo el entendimiento. Hablan, expresan, sin embargo no es de ellos de quien hablan, ni es a ellos a quienes expresan; son palabras, lo he dicho, y no muestran, dejan transparecer. Pero, en mi visión crepuscular, sólo vagamente distingo lo que esas vidrieras súbitas, reveladas en la superficie de las cosas, admiten del interior que velan y revelan. Entiendo sin conocimiento, como un ciego al que hablasen en colores.

Pasando a veces por la calle, oigo trozos de conversaciones íntimas, y casi todas son de la otra mujer, del otro hombre, del muchacho de la alcahueta o de la amante de aquel...

Llevo, sólo por haber oído estas sombras de discurso humano que es, a fin de cuentas, todo aquello en que se ocupan la mayoría de las vidas conscientes, un tedio de asco, una angustia de exilio entre arañas y la conciencia súbita de mi encogimiento entre gente real; la condenación de ser vecino igual, ante el señorío y el sitio, de los otros inquilinos de la aglomeración mirando con asco, por entre las verjas traseras del almacén del entresuelo, la basura ajena que se amontona con la lluvia en el zaguán que es mi vida.


En El libro del desasosiego
Traducción: Ángel Crespo
Imagen: s/d


12 nov. 2013

Fernando Pessoa - Lluvia oblicua

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8-3-1914

I
ATRAVIESA este paisaje mi sueño de un puerto infinito
Y el color de las flores se transparenta en las velas de grandes navíos
Que zarpan del muelle arrastrando sobre las aguas cual sombra
Los rostros al sol de aquellos árboles antiguos...

El puerto que sueño es sombrío y pálido
Y el paisaje está lleno de sol de este lado...
Mas en mi espíritu el sol de este día es puerto sombrío
Y los navíos que salen del puerto son estos árboles al sol...

Liberado dos veces, me abandono al paisaje de abajo...
El rostro del muelle es el camino nítido y en calma
Que al elevarse se yergue como un muro,
Y los navíos pasan por dentro de los troncos de los árboles
Con una horizontalidad vertical,

Y dejan caer en el agua las amarras dentro de las hojas una a una..

No sé quien me sueño...
De súbito toda el agua del mar del puerto es transparente
Y veo en el fondo, como una estampa enorme que allí estuviese desdoblada,
Todo este paisaje, hilera de árboles, camino que arde en aquel puerto,
Y la sombra de una nao más antigua que el puerto pasa
Entre mi sueño del puerto y mi mirar de este paisaje
Y llega al pie de mí, y en mí se adentra,
Y pasa al otro lado de mi alma...

II
Se ilumina la iglesia dentro de la lluvia de este día,
Y cada vela que se enciende es más lluvia que golpea en el vitral...
Me alegra oír la lluvia porque ella es el templo encendido,
Y los vitrales de la iglesia vistos por fuera son el sonido de la lluvia oído por dentro...

El esplendor del altar mayor es que casi no pueda ver los montes
A través de la lluvia que es oro tan solemne en el mantel del altar...

Suena el canto del coro, en mí latín y viento sacuden el vitral
Y el chirriar del agua en el hecho de haber coro...

La misa es un automóvil que pasa
A través de los fieles que se arrodillan hoy que es un día triste...
De repente el viento sacude un esplendor mayor
La fiesta de la catedral y el ruido de la lluvia todo lo absorbe
Hasta sólo oírse la voz del padre agua perdiéndose a lo lejos
Con el ruido de las llantas del automóvil...

Y se apagan las luces de la iglesia
En la lluvia que cesa...

III
La Gran Esfinge de Egipto sueña por este papel adentro...
Escribo —y ella se me aparece a través de mi mano transparente
Y en la orilla del papel se yerguen las pirámides...

Escribo —y me perturba ver que el punto de mi pluma
Es el perfil del rey Keops...

De repente me detengo...
Oscureció todo... Caigo en un abismo hecho de tiempo...

Enterrado bajo las pirámides escribo versos a la luz clara de este candelero
Y todo Egipto me aplasta desde lo alto a través de los trazos que hago con la pluma...

Oigo a la Esfinge reír por dentro
El sonido de mi pluma corre sobre el papel...
Una mano enorme atraviesa el que yo no puedo verla,

Barre todo hacia el borde del techo que está detrás de mí,
Y sobre el papel donde escribo, entre él y la pluma que escribe,
Yace el cadáver del rey Keops, mirándome con los ojos muy abiertos,

Y entre nuestras miradas que se cruzan corre el Nilo
Y una alegría de barcos abanderados errando va
En una diagonal difusa
Entre mí y lo que yo pienso...

¡Funerales del rey Keops en oro viejo y Mí!...

IV
¡Qué panderetas el silencio de este cuarto!...
Las paredes están en Andalucía...
Hay danzas sensuales en el brillo fijo de la luz...
De repente todo el espacio se detiene...,
Se detiene, se desliza, se enreda...,
Y en un rincón del techo, mucho más lejos de donde él está,
Abren manos blancas ventanas secretas
Y hay ramos de violetas cayendo
Por haber una noche de Primavera allá afuera
Sobre el yo estar de ojos cerrados...

V
Allá afuera van en remolino de sol los caballos del carrusel...
Árboles, piedras, montes bailan inmóviles dentro de mí...
Noche absoluta en la feria iluminada, luar en el día de sol allá afuera,
Y todas las luces de la feria hacen ruidos de los muros del quintal...
Rondas de muchachas con cántaros en la cabeza
Que pasan allá fuera, plenas de estar bajo el sol,
Se cruzan con grandes grupos pegajosos de gente que anda en la feria,
Gente mezclada con las luces de las barracas, con la noche y con el luar,

Y los dos grupos se encuentran y se penetran
Hasta formar sólo uno que es los dos...
La feria y las luces de la feria y la gente que anda en la feria,
Y la noche que toma a la feria y la levanta en el aire,
Andan por encima de las copas de los árboles llenos de sol,
Andan visiblemente por abajo de los peñascos que lucen al sol,
Aparecen del otro lado de los cántaros que las muchachas llevan sobre la cabeza,

Y todo este paisaje de primavera es la luna sobre la feria,
Y toda la feria con ruidos y luces es el suelo de este día de sol...

De repente alguien sacude como un tamiz esta hora doble
Y, mezclado, el polvo de las dos realidades cae
Sobre mis manos llenas de dibujos de puertos
Con grandes veleros que zarpan y no piensan regresar...

Polvo de oro blanco y negro sobre mis dedos...
Mis manos son los pasos de aquella muchacha que abandona la feria,

Sola y contenta como el día de hoy...

VI
El maestro sacude la batuta,
Lánguida y triste irrumpe la música...

Me recuerda mi infancia, aquel día
En que jugaba al pie del muro de un patio
Lanzándole una pelota que tenía de un lado
El deslizar de un perro verde, y del otro lado
Un caballo azul que corría con jockey amarillo...
Prosigue la música, y he aquí en mi infancia
De repente entre mí y el maestro, muro blanco,
Va y viene la pelota, ora un perro verde,
Ora un caballo azul con un jockey amarillo...

Todo el teatro es mi patio, mi infancia
Está en todos los lugares, y la pelota viene a tocar música,
Una música triste y vaga que pasea en mi patio
Vestida de perro verde tornándose jockey amarillo...

(Tan rápida gira la pelota entre yo y los músicos...)

La lanzo contra mi infancia y ella
Atraviesa todo el teatro que está a mis pies
juega con un jockey amarillo y con un perro verde
Y un caballo azul que asoma por encima del muro
De mi patio... Y la música lanza pelotas
A mi infancia... Y el muro del patio está hecho de gestos
De batuta y de rotaciones confusas de unos perros verdes
Y caballos azules y jockeys amarillos...

Todo el teatro es un muro blanco de música
Por donde un perro verde corre tras de mi saudade
De mi infancia, caballo azul con un jockey amarillo...

Y de un lado a otro, de derecha a izquierda,
Donde hay árboles y entre las ramas al pie de la copa
Con orquestas para tocar música,
Para donde hay filas de pelotas en la tienda donde la compré
Y el hombre de la tienda sonríe entre las memorias de mi infancia..

Y la música cesa como un muro que se derrumba
La pelota rueda por el despeñadero de mis sueños interrumpidos,
y desde lo alto de un caballo azul, el maestro, jockey amarillo se
torna negro,
Agradece, colocando la batuta encima de la fuga de un muro,
Y se inclina, sonriendo, con una pelota blanca sobre la cabeza.
Pelota blanca que le desaparece por las cuestas...

En Poemas (antología)
Traducción: Miguel Ángel Flores


Chuva Oblíqua

[8-3-1914]

I

ATRAVESSA esta paisagem o meu sonho dum porto infinito 
E a cor das flores é transparente de as velas de grandes navios 
Que largam do cais arrastando nas águas por sombra 
Os vultos ao sol daquelas árvores antigas...

O porto que sonho é sombrio e pálido 
E esta paisagem é cheia de sol deste lado... 
Mas no meu espírito o sol deste dia é porto sombrio 
E os navios que saem do porto são estas árvores ao sol...

Liberto em duplo, abandonei-me da paisagem abaixo... 
O vulto do cais é a estrada nítida e calma 
Que se levanta e se ergue como um muro, 
E os navios passam por dentro dos troncos das árvores 
Com uma horizontalidade vertical, 
E deixam cair amarras na água pelas folhas uma a uma dentro...

Não sei quem me sonho... 
Súbito toda a água do mar do porto é transparente 
e vejo no fundo, como uma estampa enorme que lá estivesse desdobrada, 
Esta paisagem toda, renque de árvore, estrada a arder em aquele porto, 
E a sombra duma nau mais antiga que o porto que passa 
Entre o meu sonho do porto e o meu ver esta paisagem 
E chega ao pé de mim, e entra por mim dentro, 
E passa para o outro lado da minha alma...

II

Ilumina-se a igreja por dentro da chuva deste dia, 
E cada vela que se acende é mais chuva a bater na vidraça...

Alegra-me ouvir a chuva porque ela é o templo estar aceso, 
E as vidraças da igreja vistas de fora são o som da chuva ouvido por dentro...

O esplendor do altar-mor é o eu não poder quase ver os montes 
Através da chuva que é ouro tão solene na toalha do altar... 
Soa o canto do coro, latino e vento a sacudir-me a vidraça 
E sente-se chiar a água no fato de haver coro...

A missa é um automóvel que passa 
Através dos fiéis que se ajoelham em hoje ser um dia triste... 
Súbito vento sacode em esplendor maior 
A festa da catedral e o ruído da chuva absorve tudo 
Até só se ouvir a voz do padre água perder-se ao longe 
Com o som de rodas de automóvel...

E apagam-se as luzes da igreja 
Na chuva que cessa...

III

A Grande Esfinge do Egito sonha pôr este papel dentro... 
Escrevo - e ela aparece-me através da minha mão transparente 
E ao canto do papel erguem-se as pirâmides...

Escrevo - perturbo-me de ver o bico da minha pena 
Ser o perfil do rei Quéops... 
De repente paro... 
Escureceu tudo...

Caio por um abismo feito de tempo... 
Estou soterrado sob as pirâmides a escrever versos à luz clara deste candeeiro 
E todo o Egito me esmaga de alto através dos traços que faço com a pena...

Ouço a Esfinge rir por dentro 
O som da minha pena a correr no papel... 
Atravessa o eu não poder vê-la uma mão enorme, 
Varre tudo para o canto do teto que fica por detrás de mim, 
E sobre o papel onde escrevo, entre ele e a pena que escreve 
Jaz o cadáver do rei Queóps, olhando-me com olhos muito abertos, 
E entre os nossos olhares que se cruzam corre o Nilo 
E uma alegria de barcos embandeirados erra 
Numa diagonal difusa 
Entre mim e o que eu penso...

Funerais do rei Queóps em ouro velho e Mim!...

IV

Que pandeiretas o silêncio deste quarto!... 
As paredes estão na Andaluzia... 
Há danças sensuais no brilho fixo da luz...

De repente todo o espaço pára..., 
Pára, escorrega, desembrulha-se..., 
E num canto do teto, muito mais longe do que ele está, 
Abrem mãos brancas janelas secretas 
E há ramos de violetas caindo 
De haver uma noite de Primavera lá fora 
Sobre o eu estar de olhos fechados...

V

Lá fora vai um redemoinho de sol os cavalos do carroussel... 
Árvores, pedras, montes, bailam parados dentro de mim... 
Noite absoluta na feira iluminada, luar no dia de sol lá fora, 
E as luzes todas da feira fazem ruídos dos muros do quintal... 
Ranchos de raparigas de bilha à cabeça 
Que passam lá fora, cheias de estar sob o sol, 
Cruzam-se com grandes grupos peganhentos de gente que anda na feira, 
Gente toda misturada com as luzes das barracas, com a noite e com o luar,

E os dois grupos encontram-se e penetram-se 
Até formarem só um que é os dois... 
A feira e as luzes das feiras e a gente que anda na feira, 
E a noite que pega na feira e a levanta no ar, 
Andam por cima das copas das árvores cheias de sol, 
Andam visivelmente por baixo dos penedos que luzem ao sol, 
Aparecem do outro lado das bilhas que as raparigas levam à cabeça, 
E toda esta paisagem de primavera é a lua sobre a feira, 
E toda a feira com ruídos e luzes é o chão deste dia de sol...

De repente alguém sacode esta hora dupla como numa peneira 
E, misturado, o pó das duas realidades cai 
Sobre as minhas mãos cheias de desenhos de portos 
Com grandes naus que se vão e não pensam em voltar... 
Pó de oiro branco e negro sobre os meus dedos... 
As minhas mãos são os passos daquela rapariga que abandona a feira, 
Sozinha e contente como o dia de hoje..

VI

O maestro sacode a batuta, 
E lânguida e triste a música rompe... Lembra-me a minha infância, aquele dia 
Em que eu brincava ao pé de um muro de quintal 
Atirando-lhe com uma bola que tinha dum lado 
O deslizar dum cão verde, e do outro lado 
Um cavalo azul a correr com um jockey amarelo...

Prossegue a música, e eis na minha infância 
De repente entre mim e o maestro, muro branco, 
Vai e vem a bola, ora um cão verde, 
Ora um cavalo azul com um jockey amarelo...

Todo o teatro é o meu quintal, a minha infância 
Está em todos os lugares, e a bola vem a tocar música, 
Uma música triste e vaga que passeia no meu quintal 
Vestida de cão tornando-se jockey amarelo... 
(Tão rápida gira a bola entre mim e os músicos...)

Atiro-a de encontro à minha infância e ela 
Atravessa o teatro todo que está aos meus pés 
A brincar com um jockey amarelo e um cão verde 
E um cavalo azul que aparece por cima do muro 
Do meu quintal... E a música atira com bolas 
À minha infância... E o muro do quintal é feito de gestos 
De batuta e rotações confusas de cães verdes 
E cavalos azuis e jockeys amarelos...

Todo o teatro é um muro branco de música 
Por onde um cão verde corre atrás de minha saudade 
Da minha infância, cavalo azul com um jockey amarelo...

E dum lado para o outro, da direita para a esquerda, 
Donde há arvores e entre os ramos ao pé da copa 
Com orquestras a tocar música, 
Para onde há filas de bolas na loja onde comprei 
E o homem da loja sorri entre as memórias da minha infância...

E a música cessa como um muro que desaba, 
A bola rola pelo despenhadeiro dos meus sonhos interrompidos, 
E do alto dum cavalo azul, o maestro, jockey amarelo tornando-se preto, 
Agradece, pousando a batuta em cima da fuga dum muro, 
E curva-se, sorrindo, com uma bola branca em cima da cabeça, 
Bola branca que lhe desaparece pelas costas abaixo...

15 jun. 2012

José Saramago: De la imposibilidad de este retrato (Fernando Pessoa)

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I (Día 22 de abril de 2009)

Este texto fue prólogo del catálogo de una exposición de retratos de Fernando Pessoa en la Fundación Calouste Gulbenkian a principios de los años ochenta, creo que en 1985.

¿Qué retrato de sí mismo pintaría Fernando Pessoa si, en vez de poeta, hubiera sido pintor, y de retratos? Colocado de frente ante el espejo, o de medio perfil, oblicuando la mirada tres cuartos, como quien, de sí mismo escondido, se espía, ¿qué rostro elegiría y por cuánto tiempo? ¿El suyo, diferente según las edades, semejante a cada una de las fotografías que de él conocemos, o también el de las imágenes no fijadas, sucesivas entre el nacimiento y la muerte, todas las tardes, noches y mañanas, comenzando por la plaza de San Carlos y acabando en el hospital de San Luís? ¿El de un Álvaro de Campos, ingeniero naval formado en Glasgow? ¿El de Alberto Caeiro, sin profesión ni educación, muerto de tuberculosis en la flor de la edad? ¿El de Ricardo Reis, médico expatriado de quien se perdió el rastro, a pesar de algunas noticias recientes obviamente apócrifas? ¿El de Bernardo Soares, ayudante de contable en la Baixa lisboeta? ¿O de otro cualquiera, fuera Guedes o Mora, ésos tantas veces invocados, innumerables, ciertos, probables y posibles? ¿Se representaría con sombrero en la cabeza? ¿Con la pierna cruzada? ¿Con un cigarro entre los dedos? ¿Con gafas? ¿Con la gabardina puesta o sobre los hombros? ¿Usaría un disfraz, por ejemplo quitándose el bigote y descubriendo la piel subyacente, de súbito desnuda, de súbito fría? ¿Se rodearía de símbolos, de cifras de la cábala, de signos del Zodiaco, de gaviotas en el Tajo, de muelles de piedra, de cuervos traducidos del inglés, de caballos azules y jockeys amarillos, de premonitorios túmulos? ¿O, al contrario de estas elocuencias, se quedaría sentado delante del caballete, de la tela blanca, incapaz de levantar un brazo para atacarla o defenderse de ella, a la espera de otro pintor que viniera a intentar el imposible retrato? ¿De quién? ¿De cuál?

De una persona que se llamó Fernando Pessoa comienza a tener justificación lo que de Camões ya se sabe. Diez mil figuraciones, dibujadas, pintadas, modeladas, esculpidas, acabaron haciendo invisible a Luís Vaz, lo que todavía permanece de él es lo que sobra: un párpado caído, una barba, una corona de laurel. Es fácil de ver que Fernando Pessoa también va camino de la invisibilidad, y, teniendo en cuenta la ocurrente multiplicación de imágenes, provocada por apetitos sobreexcitados de representación y facilitada por un dominio generalizado de las técnicas, el hombre de los heterónimos, ya voluntariamente confundido en las criaturas que produjo, entrará en el negro absoluto en mucho menos tiempo que el otro de una cara sola, aunque de voces no pocas. Acaso será ése, quién sabe, el perfecto destino de los poetas, perder la substancia de un contorno, de una mirada gastada, de un pliegue en la piel, y disolverse en el espacio, en el tiempo, sumidos entre las líneas de lo que consiguieron escribir, si del rostro sin facciones ni límites todavía alguna cosa llega a entrometerse, está garantizado el día en que incluso ese poco será definitivamente arrojado fuera. El poeta no será más que memoria fundida en las memorias, para que un adolescente pueda decirnos que tiene en sí todos los sueños del mundo, como si tener sueños y declararlo fuese primera invención suya. Hay razones para pensar que la lengua es, toda ella, obra de poesía.


II (Día 23 de abril de 2009)

Entretanto, el pintor va pintando el retrato de Fernando Pessoa. Está en el comienzo, no se sabe todavía qué rostro elegirá, lo que se puede ver es una levísima pincelada de verde, quizá salga de aquí un perro de ese color para conjuntarlo con un jockey amarillo y un caballo azul, salvo si el verde es sólo el resultado físico y químico por estar el jockey sobre el caballo, como es su profesión y gusto. Pero la gran duda del pintor no tiene nada que ver con los colores que tendrá que emplear, esa dificultad la resolvieron los impresionistas de una vez para siempre, sólo los hombres antiguos, los de antes, no sabían que en cada color están todos los colores: la gran duda del pintor es si hay que tener una actitud reverente o irreverente, si pintará esta virgen como San Lucas pintó la otra, de rodillas, o si tratará a este hombre como el triste desgraciado que fue realmente ridículo para todas las camareras de hotel y escribió cartas de amor ridículas, y si, así autorizado por él mismo, de él podrá reírse pintándolo. La pincelada verde, por ahora, es solamente la pierna del jockey amarillo colocada a este lado de acá del caballo azul. Mientras el maestro no agite la batuta, la música no romperá lánguida y triste, ni el hombre de la tienda comenzará a sonreír entre las memorias de la infancia del pintor. Hay una especie de ambigüedad inocente en esta pierna verde, capaz de transformarse en verde perro. El pintor se deja conducir por la asociación de ideas; para él, pierna y perro se convertirán en meros heterónimos de verde: cosas mucho más increíbles que ésta han sido posibles, no es de extrañar. Nadie sabe lo que pasa en la cabeza del pintor mientras pinta. El retrato está hecho, se unirá a las diez mil representaciones que lo precedieron. Es una genuflexión devota, es una carcajada de burla, da lo mismo, cada uno de estos colores, cada uno de estos trazos, sobreponiéndose unos a otros, acercan el momento de la invisibilidad, ese negro absoluto que no reflejará ninguna luz, ni siquiera la luz fulgurante del sol, que haría entonces al breve brillo de una mirada, apagándose tan pronto. Entre la reverencia y la irreverencia, en un punto indeterminable, estará, tal vez, el hombre que Fernando Pessoa fue. Tal vez, porque tampoco eso es cierto. Albert Camus no lo pensó dos veces cuando escribió: «Si alguien quiere que lo reconozcamos, basta que diga quién es». En la mayoría de los casos, a lo más lejos que llega quien a tal aventura ose sujetarse es a decir qué nombre le pusieron en el registro civil.

Fernando Pessoa, probablemente, ni a tanto. No le bastaba ser al mismo tiempo Caeiro y Reis, conjuntamente Campos y Soares. Ahora que ya no es poeta, sino pintor, y va haciendo su autorretrato, qué rostro pintará, con qué nombre firmará el cuadro, en el ángulo izquierdo, o derecho, porque toda la pintura es espejo, ¿de qué, de quién, para qué? El brazo se levanta, por fin, la mano sostiene una pequeña astilla de madera, desde lejos diríamos que es un pincel, pero hay motivos para sospechar: en él no se transporta un color verde, o azul, o amarillo, no se ve ningún color, ninguna pintura. Este es el negro absoluto con que Fernando Pessoa, con sus propias manos, se hará invisible.

Pero los pintores seguirán pintando.


En El último cuaderno (Textos escritos para su blog Marzo 2009-Junio 2010)
Traducción de Pilar del Río
Editorial Alfaguara, 2011
Foto: Daniel Mordzinski



27 abr. 2012

Fernando Pessoa: Cuatro poemas inéditos

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10-2-1917

El mundo cae a mi alrededor, escombro a escombro.

Mis sentidos oscilan, bandera rota al viento.

¿Qué sombra de qué sol llena de frío y asombro
El camino vacío de la consecución?

Busca un puerto lejano una nave desconocida
Ese es todo el sentido de mi vida.

Por un mar azul nocturno, estrellado en el fondo,
Sigue su ruta la nave exterior al mundo.

Pero el sentido de todo está cerrado en el asombro
Que exhala la llama negra que enciende en mi entusiasmo

Súbitas confesiones de otro que yo fui en otros tiempos
Antes de la vida y que vio a Dios y que no soy ahora.


O mundo rui a meu redor, escombro a escombro./Os meus sentidos oscilam, bandeira rota ao vento./Que sombra de que o sol enche de frio e de assombro/A estrada vazia do conseguimento?/ Busca un porto longe uma nau desconhecida/E esse é todo o sentido de minha vida./ Por un mal azul nocturno, estrelado no fundo,/Segue a sua rota a nau exterior ao mundo./ Mas o sentido de tudo está fechado no pasmo/Que exala a chama negra que acende em meu entusiasmo/Subitas confissões de outro que eu fui outrora/Antes da vida e viu Deus e eu não o sou agora.



5-3-1919 (?)

¿Por qué vivo, quién soy, o qué soy, quién me lleva?
¿Qué seré para la muerte? Para la vida ¿qué soy?
La muerte en el mundo es la oscuridad en la tierra.
Nada puedo. Lloro, gimo, cierro los ojos y voy.
Me cercan el misterio, la ilusión y la descreencia
En las posibilidades que todo sea verdadero.
¡Oh, mi terror de ser, nada hay que te venza!
La vida como la muerte es el mismo mal.


Porque vivo, quem sou, o que sou, quem me leva?/Que serei para a morte? Para a vida o que sou?/ A morte no mundo é a treva na terra./ Nada posso. Choro, gemo, cerro os olhos e vou./ Cerca-me o mistério, a ilusão e a descrença/ Da possibilidade de ser tudo real./ O meu pavor de ser, nada há que te vença!/ A vida como a morte é o mesmo Mal!



12-12-1919

Mi ser vive en la Noche y en el Deseo.
Mi alma es un recuerdo que hay en mí.

Meu ser vive na Noite e no Desejo./ Minha alma é uma lembrança que há en mim.



27-5-1922

Los dioses, no los reyes, son los tiranos.
Es la ley del Fado la única que oprime.
¿Pobre niño de maduros años,
Que piensas que hay revuelta que redime!
Mientras pesa, y siempre pesará,
Sobre el hombre la sierva condición
De súbdito del Fado.

Os deuses, não os reis, são os tiranos./ É a ley do Fado a única que oprime./ Pobre crianza de maduros anos, / Que pensas que há revolta que redime! / Enquanto pese, e sempre pesará, / Sobre o homen a serva condição/ De súbdito do Fado.


Teódulo López Meléndez: Traducciones (Pessoa, Montale, Ungaretti, Quasimodo)
Foto s-d

14 abr. 2008

Fernando Pessoa - Encogimiento de hombros

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Damos comúnmente a nuestras ideas de lo desconocido el color de nuestras nociones de lo conocido: si llamamos a la muerte un sueño, es porque parece un sueño por fuera; si llamamos a la muerte una nueva vida, es porque parece una cosa diferente de la vida. Con pequeños malentendidos con la realidad construimos las creencias y las esperanzas, y vivimos de las cortezas a las que llamamos panes, como los niños pobres que juegan a ser felices.

Pero así es toda la vida; así, por lo menos, es ese sistema de vida particular al que, en general, se llama civilización. La civilización consiste en dar a algo un nombre que no le compete, y después soñar sobre el resultado. Y, realmente, el nombre falso y el sueño verdadero crean una nueva realidad. El objeto se vuelve realmente otro. Manufacturamos ideales. La materia prima sigue siendo la misma, pero la forma, que el arte le ha dado, la aleja de continuar siendo efectivamente la misma. Una mesa de pino es pino pero también es mesa. Nos sentamos a la mesa y no al pino. Un amor es un instinto sexual, pero no amamos con el instinto sexual, sino con la presuposición de otro sentimiento. Y esa presuposición es ya, en efecto, otro sentimiento.

No sé qué efecto sutil de luz, o ruido vago, o memoria de perfume o música, tañida por no sé qué influencia externa, me ha traído de repente, en pleno ir por la calle, estas divagaciones que anoto sin prisa, al sentarme, en el café, distraídamente. No sé a dónde iba a conducir los pensamientos, o dónde preferiría conducirlos. El día es de una leve niebla húmeda y caliente, triste sin amenazas, monótono sin razón. Me duele un sentimiento que desconozco; me falta un argumento no sé sobre qué; no tengo deseo en los nervios. Estoy triste por debajo de la conciencia. Y escribo estas líneas, realmente mal-anotadas, no para decir esto, ni para decir nada, sino para dar un trabajo a mi distracción. Voy llenando lentamente, a trazos flojos de lápiz —que no tengo sentimentalismo para afilar— el papel blanco de envolver los bocadillos que me han dado en el café, porque no necesitaba uno mejor y cualquiera servía, siempre que fuese blanco. Y me doy por satisfecho. Me reclino. La tarde cae monótona y sin lluvia, con un tono de luz desalentado e inseguro... Y dejo de escribir porque dejo de escribir.

En Libro del desasosiego

5 dic. 2007

Fernando Pessoa - Es tal vez el último día de mi vida

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Es tal vez el último día de mi vida.
He saludado al sol levantando la mano derecha,
mas no lo he saludado diciendo adiós.
Hice la seña de que me gustaba verlo antes: nada más.

(Traducción: José Antonio Llardent)


É talvez o último dia da minha vida.
Saudei o sol, levantando a mão direita,
Mas não o saudei, dizendo-lhe adeus,
Fiz sinal de gostar de o ver antes: mais nada.

15 oct. 2007

Fernando Pessoa - La espantosa realidad de las cosas

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La espantosa realidad de las cosas
es mi diario descubrimiento.
Cada cosa es lo que es,
y es difícil explicarle a nadie cómo me alegra esto,
y cuánto me basta.

Basta existir para sentirse completo.

He escrito muchos poemas.
He de escribir muchos más, naturalmente.
Cada poema mío lo dice,
y todos mis poemas son distintos,
porque cada cosa es una manera de decir esto mismo.

A veces me pongo a mirar una piedra.
No me pongo a pensar si siente.
No me extravío llamándole hermana mía.
Pero me gusta por ser una piedra,
me gusta porque no siente nada,
me gusta porque no tiene ningún parentesco conmigo.
Otras veces oigo pasar el viento,
y me parece que sólo para oír pasar el viento vale la pena haber nacido.

No sé qué pensarán los demás cuando lean esto;
pero me parece que esto debe estar bien porque lo pienso sin esforzarme,
ni idea de que nadie vaya a oírme pensar;
porque lo pienso sin pensamientos,
porque lo digo como lo dicen mis palabras.

Una vez me llamaron poeta materialista.
Y me extrañó, porque yo no pensaba
que se me pudiese llamar nada.
Yo ni siquiera soy poeta: veo.
Si lo que escribo tiene algún valor, no soy yo quien lo tiene:
el valor está allí, en sus versos.
Todo esto es absolutamente independiente de mi voluntad.

ALBERTO CAEIRO: Poemas inconjuntos, 1913-1930. Traducción de Ángel Crespo.


A espantosa realidade das cousas
É a minha descoberta de todos os dias.
Cada cousa é o que é,
E é difícil explicar a alguém quanto isso me alegra,
E quanto isso me basta.

Basta existir para se ser completo.

Tenho escrito bastantes poemas.
Hei de escrever muitos mais. naturalmente.
Cada poema meu diz isto,
E todos os meus poemas são diferentes,
Porque cada cousa que há é uma maneira de dizer isto.

Às vezes ponho-me a olhar para uma pedra.
Não me ponho a pensar se ela sente.
Não me perco a chamar-lhe minha irmã.
Mas gosto dela por ela ser uma pedra,
Gosto dela porque ela não sente nada.
Gosto dela porque ela não tem parentesco nenhum comigo.
Outras vezes oiço passar o vento,
E acho que só para ouvir passar o vento vale a pena ter nascido.

Eu não sei o que é que os outros pensarão lendo isto;
Mas acho que isto deve estar bem porque o penso sem estorvo,
Nem idéia de outras pessoas a ouvir-me pensar;
Porque o penso sem pensamentos
Porque o digo como as minhas palavras o dizem.

Uma vez chamaram-me poeta materialista,
E eu admirei-me, porque não julgava
Que se me pudesse chamar qualquer cousa.
Eu nem sequer sou poeta: vejo.
Se o que escrevo tem valor, não sou eu que o tenho:
O valor está ali, nos meus versos.
Tudo isso é absolutamente independente da minha vontade.

ALBERTO CAEIRO: Poemas inconjuntos, 1913-1930.

25 may. 2007

Voces en el jardín

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Todos los años, los miembros de una logia triste y amable se reúnen para compartir sus descubrimientos sobre la obra de ese poeta que exploró la tristeza como pocos y que hoy, setenta años después de su muerte, les permite sobrellevar la propia. Este verano, los seis pessoanos eligieron Villa Gesell para celebrar su ceremonia.

Por Juan Forn

Fui un fanático de Pessoa cuando el enigma en torno a su vida y obra era menos público y menos complejo que hoy. Hablo de los 70, cuando lo que se conocía de él en castellano eran los fenomenales poemas que había firmado con su nombre o con tres de sus heterónimos: Alberto Caeiro, Ricardo Reis y Alvaro de Campos. En esos tiempos nada se sabía de Bernardo Soares, el otro gran heterónimo, la voz del Libro del desasosiego (revelado al mundo en 1982 y traducido al castellano en 1984), ni de la multitud de sub-heterónimos (serios y jocosos) a los que Pessoa había apelado a lo largo de su vida, y tampoco de la verdadera naturaleza de los múltiples textos que habían quedado en ese famoso baúl cuando el poeta murió en 1935. Seguí desde cierta distancia el fenómeno que inició el Libro del desasosiego, ese desdoblamiento que revelaba no sólo un nuevo heterónimo sino un nuevo Pessoa: un Pessoa en prosa tan considerable como el Pessoa poeta. La magnitud del Libro del desasosiego (y la precisión con que ensambló al andamiaje de la obra ya conocida, en el contenido y en el plano de los heterónimos) ocultó un poco el anuncio de que quedaban por lo menos cuatro mil páginas más escritas por Pessoa, la mayoría de ellas en prosa y tanto o más diferentes de lo ya conocido como Soares se diferenciaba de Caeiro/Reis/Campos. Habían hecho falta más de dos décadas de trabajo (y dos editores diferentes) para “armar” el Libro de Soares a partir de la multitud de papeles sueltos que lo conformaban. Quienes conocían el contenido restante del baúl confiaban en ganar por lo menos otras dos décadas para seguir trabajando en lo que seguía inédito, mientras el mundo literario asimilaba el nuevo dibujo que adquiría la figura de Pessoa con la irrupción de Soares. Y lo necesitaban en serio, porque si lo que queda quizá no alcance la altura y la potencia que significó aquel descubrimiento (como obra literaria en sí), muestra en cambio que todavía estamos a mitad de camino en el conocimiento de la cabal pluralidad de Pessoa y que nos esperan unas cuantas sorpresas todavía.

De esto me enteré un poco por casualidad, la primera semana de febrero, acá en Gesell, una tarde que salía a dejar la basura y me crucé con uno de los inquilinos de la casa de al lado. Vinieron por una semana y aunque no tuvieron ni un solo día de sol, la pasaron bomba, instalados en torno de una mesita en su jardín –o en la galería, cuando llovía– vaciando metódicamente una botella tras otra de vinho verde, completamente ajenos a la mala onda general de los demás turistas, que puteaban mañana, tarde y noche por el clima. En un año de vivir en Gesell yo no había visto en ninguno de los supermercados de la zona una sola botella de ese raro vino blanco inventado en Portugal, y al ver la caja con envases vacíos que dejaba mi vecino al lado de mi basura le pregunté dónde las había conseguido, para darle una sorpresa a mi mujer esa noche. El tipo me dijo muy gentil que lo habían traído ellos, pero que igual podría sorprender a mi mujer, y me hizo pasar a su casa para regalarme una botella.

Eran dos mujeres y cuatro hombres, argentinos y de otros países del continente, de edades diversas pero todos arriba de los cuarenta, y todos pessoanos irredimibles. Todos son “solos” y todos salvo uno enseñan o enseñaron en la universidad, pero todos se consideran igual de “aficionados” que ese único “laico”, porque Pessoa no es la actividad rentada de ninguno de ellos –ni de los académicos ni del otro–, sino su pasatiempo excluyente, la razón que los junta todos los años. No en Gesell; ésta era la primera vez para cinco de ellos. Pero el lugar es lo de menos, porque lo que hace esta gente cada vez que se junta es seguir desarrollando, de una manera muy poco ortodoxa y académica, un proyecto conjunto que sospecho que nunca esperan concluir, tal como nunca parece acabarse la provisión de vinho verde que riega generosamente sus encuentros anuales.

Los integrantes de esta logia amable e inofensiva toman con notable naturalidad la cuestión del desdoblamiento, de los heterónimos. El análisis literario o psi se lo dejan a los “profesionales”: ellos sóloquieren ir conociendo, en la medida de lo posible, a todos los que habitaban esa república de voces que fue “O Fegnandu”, como lo nombran los seis, un poco a la chacota (ésa es otra diferencia que tienen con los más bien insufribles pessoanos profesionales: ellos tienen sentido del humor con el objeto de sus desvelos, un sentido del humor que es leve como la llovizna hasta cuando se ríen a carcajadas, siempre silenciosas, entre copa y copa de vinho verde). Los seis descubrieron y abrazaron a Pessoa porque radiografiaba como nadie la tristeza que los aqueja también a ellos: esa combinación de angustia y sinsentido y furia y desdén y parálisis emocional (que, si lo pensamos un poco, es casi el signo secreto de nuestro tiempo). Pero, paradójicamente, gracias a la “tristeza” de Pessoa (a los múltiples frutos verbales de esa tristeza, y no sólo los “canonizados” por la crítica) ellos pueden sobrellevar la suya. Trescientos cincuenta y ocho días al año lo hacen solos, siete días al año lo hacen juntos.

No les envidio esos trescientos y pico de días, pero sí la semana que los reúne. Porque en esas jornadas cada uno de ellos ofrece a los demás los hallazgos que encontró. Y es gente que deja la vida en su búsqueda, no sé con qué medios, con qué contactos, pero con una eficacia notable, al menos para un lego como yo. Porque en las dos tardes que me dejaron sentar entre ellos y escuchar sus charlas interminables descubrí por lo menos a siete Pessoas que no tenía idea de que existieran. Por ejemplo, el autor de un voluminoso (e inconcluso) tratado de prosodia y gramática titulado Defensa e ilustración de la lengua portuguesa, donde sostiene que el portugués es una lengua que no tiene, como otras, “esa abundancia infinita que perjudica, ni esa concisión estéril que limita a la hora de escribir cartas”, y que “no es tan florida que cae en el alarde, ni tan árida que obliga a echar mano de otras lenguas” a la hora de contarle algo a un amigo (en otro momento más monárquico y megalómano de su vida, otro de los Pessoas le sale al cruce a éste y lo corrige: “En el Quinto Imperio, para aprender y para enseñar se usará el inglés, y para sentir y para expresarse se usará el portugués”).

Está también el Pessoa inventor, una cruza de Arlt y Giro Sintornillos que sueña en vano comercializar un nuevo tipo de máquina de escribir “mejor organizada”, un anuario “sintético”, un sistema de papel para cartas con sobre incorporado y un código universal de cinco letras, en momentos en que “necesito sesenta dólares por mes para gastos y sólo gano treinta” (esto escrito en inglés, pero usando no escudos ni libras como metro patrón sino una moneda que en 1913 distaba aún mucho de convertirse en el agobiante esperanto financiero del mundo que encarnaría a partir del fin de la Segunda Guerra). Hay un fugaz Pessoa publicista, que inventa un slogan para la Coca-Cola (“Primeiro estranha-se. Depois entranha-se”) que al parecer tuvo tal efecto que el Ministerio de Salud Pública portugués confiscó todas las existencias de la bebida recién importada de Estados Unidos, alegando que contenía un estupefaciente que producía adicción.

Están también los sucesivos Pessoas políticos, que discuten entre sí con una serie de sesudos tratados (todos inconclusos y casi todos ellos en los antípodas de su único texto político publicado en vida: la tristemente célebre Defensa y justificación de la dictadura militar en Portugal, de la que pronto renegó). Algunos títulos de esos tratados: Diálogos sobre la tiranía, La opinión pública (donde afirma: “Ser liberal es odiar a la patria, la democracia moderna es una orgía de traidores”), Teoría de la república aristocrática, El prejuicio revolucionario, La república portuguesa y El hombre, animal irracional, cuyos puntos de partida suelen ser siempre el mismo (cómo establecer el contrato social si los hombres no se aman los unos a los otros) y que incluyen frases como ésta: “Decir que Teixeira de Sousa fue el responsable de la caída de la monarquía es como concluir que la muerte de un enfermo fue causada por el estado de coma que la precedió”. Hay también un insólito Pessoa teórico empresarial, que desde las páginas de la fugaz Revista de Comercio y Contabilidad que funda con su cuñado ofrece opúsculos para directores de empresa con máximas como ésta: “El comerciante no tiene una personalidad; tiene un comercio”, y fulgurantes reflexiones como la siguiente: “Así como nuestro cuerpo delega una función en un órgano determinado, el dirigente de una organización delega una función precisa en un subalterno. Ahora bien, delegar una función es confiarla a otro, de modo que quien la delega se vuelve voluntariamente inepto para ejercerla. Y éste es el secreto de cualquier organización eficaz: hay una jerarquía de cargos; no hay una jerarquía de funciones”.

Está por supuesto el Pessoa ocultista, que una madrugada de 1930 recibe en los muelles de Lisboa al satanista Aleister Crowley, luego de que éste fuera sucesivamente expulsado de Italia, Francia e Inglaterra (“Qué idea la de enviarme esta niebla para recibirme”, dice el visitante a su anfitrión no más llegar), episodio que culmina con el aparente crimen o suicidio del satanista en un acantilado cerca de Cascais llamado A Boca do Inferno (no sólo la policía portuguesa sino incluso un batallón de Scotland Yard enviado especialmente interrogan sin dar respiro a Pessoa, hasta que Crowley reaparece vivito y coleando en Alemania).

Y, por fin, está mi favorito, o el germen de mi favorito entre todos los Pessoas (el furibundo, inconsolable Alvaro de Campos, autor de ese poema que es mi favorito entre todos los poemas del mundo, “Tabaquería”), un joven temperamental llamado sucesivamente Charles Anon y Alexander Search, “ser vivo, animal, mamífero, bípedo, primate, placentario, antropoide, soltero, megalómano, dipsómano, degenerado de primera línea, poeta con pretensiones de humorista, ciudadano del mundo incurablemente idealista, que en nombre de la verdad, de la ciencia y de la filosofía, sin campana, ni libro, ni cirio, pero con pluma, tinta y papel, pronunció la sentencia de excomunión contra todos los sacerdotes y todos los fieles de todas las religiones de este mundo”. El mismo que, en una predicción satírica titulada Francia en 1950, anuncia una sociedad en la que el incesto será obligatorio y será moda medirse en público el tamaño del pene, pero “caiga la vergüenza sobre quien se divierta con esta sátira y maldito quien la encuentre graciosa”. Aquel que anunció su propio epitafio con estas palabras: “Murió a los veinte años. Su último pensamiento fue: malditos sean la Naturaleza, el Hombre y Dios”, el primero de los Pessoas en lamentar las limitaciones del lenguaje “porque todas las palabras están fatalmente cristianizadas”, el redactor y defensor solitario de la siguiente estética: “El arte es la representación nítida de una impresión falsa (la representación nítida de una impresión exacta se llama ciencia). El proceso artístico consiste en relatar esta falsa impresión de tal suerte que parezca absolutamente natural y verdadera. La sinceridad es el gran obstáculo que el artista debe vencer. Sólo una constante disciplina, un entrenamiento para no sentir las cosas más que literariamente, pueden elevar el espíritu a esa cumbre”.

Mis vecinos estuvieron en Gesell, como dije, los primeros siete días de febrero. Nunca se oyeron gritos ni risotadas en su jardín, pero bastaba asomarse a la ventana para sentir que allí seguían, enfrascados en su tertulia interminable, espantando su tristeza con sus risitas silenciosas (la provisión de vinho verde se les acabó a mitad de semana y siguieron con vino blanco común y corriente). El día en que se iban salí a despedirlos. Seguía estando nublado y frío, pero ya no llovía. Quería agradecerles una vez más la botella para mi mujer y todas las cosas de Pessoa que me habían revelado, pero se pusieron incómodos enseguida, con esa levísima desolación que los hermanaba. Me quedé de mi lado del jardín, viéndolos cargar sus bolsos en los taxis que los llevarían a la terminal y preguntándome si habrían elegido Villa Gesell para reunirse porque sabían que iba a llover toda esa semana. Antes de subir al auto, el que me había regalado la botella me dedicó la sonrisa más triste y transparente que he visto en mucho tiempo, miró al cielo y dijo: “Qué pena, mañana va a salir el sol”.

Agradezco a la Sociedad Orfica la información gentilmente cedida y cumplo la promesa de no dar los nombres de sus integrantes. Los interesados en los textos políticos, estéticos y comerciales de Pessoa pueden encontrarlos en librerías virtuales y algunas pocas librerías porteñas, recientemente publicados por el sello catalán Ediciones El Acantilado. En las biografías de Angel Crespo (La vida plural de Federico Pessoa, Seix Barral) y Robert Bréchon (Extraño extranjero, Alianza) se reproducen breves fragmentos ilustrativos de esos textos, algunos aún inéditos incluso en portugués.

En http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-1237-2004-02-15.html