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9 abr. 2011

José Emilio Pacheco - El pulpo

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Oscuro dios de las profundidades,
helecho, hongo, jacinto,
entre rocas que nadie ha visto, allí, en el abismo,
donde al amanecer, contra la lumbre del sol,
baja la noche al fondo del mar y el pulpo le sorbe
con las ventosas de sus tentáculos tinta sombría.
Qué belleza nocturna su esplendor si navega
en lo más penumbrosamente salobre del agua madre,
para él cristalina y dulce.
Pero en la playa que infestó la basura plástica
esa joya carnal del viscoso vértigo
parece un monstruo; y están matando
/ a garrotazos / al indefenso encallado.
Alguien lanzó un arpón y el pulpo respira muerte
por la segunda asfixia que constituye su herida.
De sus labios no mana sangre: brota la noche
y enluta el mar y desvanece la tierra,
muy lentamente, mientras el pulpo se muere.

6 abr. 2007

T.S. Eliot - Cuarteto 3: The dry salvages

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[The Dry Salvages -acaso originalmente les trois sauvages- ­es un pequeño conjunto de rocas en las que se levanta un faro. Se encuentran en la costa noreste de Cape Ann, Mas­sachusetts. Salvages se pronuncia de modo que rime con assuages. Groaner es una boya silbante.]


No sé mucho de dioses, mas supongo que el río
Es un dios pardo y fuerte -hosco, indómito, intratable,
Paciente hasta cierto punto, al principio reconocido como frontera;
Útil, poco de fiar, como transportador del comercio,
Luego sólo un problema para los constructores de puentes.
Ya resuelto el problema queda casi olvidado el gran dios pardo
Por quienes viven en ciudades -sin embargo, es implacable siempre,
Fiel a sus sus estaciones y sus cóleras, destructor que recuerda
Cuanto prefieren olvidar los humanos. No es objeto de de honras
Ni actos propiciatorios por parte de los veneradores de las máquinas;
Está siempre esperando, acechando, esperando.
En la cuna del niño su ritmo estuvo presente,
En el frondoso ailanto del jardín en abril,
El olor de las uvas en la mesa otoñal
Y el círculo nocturno ante la luz de gas del invierno.

El río está dentro de nosotros, el mar en torno nuestro;
El mar es también el borde de la tierra,
El granito en que se adentran las olas,
Las playas donde arroja
Sugerencias de una creación anterior y distinta:
La estrella de mar, el límulo, el espinazo de la ballena;
Las pozas donde ofrece a nuestra curiosidad
La anémona de mar y las algas más delicadas.
Arroja nuestras pérdidas: la jábega rota, la nasa de langostas maltrecha, el remo quebrado
Y los arreos de extranjeros muertos.
El mar tiene muchas voces,
Muchos dioses y muchas voces.

La sal está en la rosa silvestre.

La niebla en los abetos.

El aullido del mar

Y su bramido son voces diferentes
Que a menudo se escuchan juntas: el gemir en los aparejos,
La amenaza y caricia de la ola que estalla mar adentro,
La rompiente lejana contra la dentadura de granito
Y el lamento que avisa del promontorio que se acerca
Todas son voces del mar, y la boya silbante
AI girar hacia tierra, y la gaviota.
Y bajo la opresión de la niebla silenciosa
El redoble de la campana, tañida sin prisa
Por la ola que se hincha allá en el fondo,
Mide el tiempo, no nuestro tiempo
Sino un tiempo más antiguo
Que el tiempo de los cronómetros, más antiguo
Que el tiempo medido por las mujeres que en su angustia y su insomnio
Calculan el porvenir, tratan de destejer, devanar, desenredar
Y remendar pasado y futuro,
Entre la medianoche y el amanecer,
Cuando es engaño ya todo el pasado,
El futuro no tiene porvenir,
Antes de que amanezca y cambien la guardia,
Cuando el tiempo se detiene,
Y el tiempo no acaba nunca,
Y la ola que se hincha en el fondo
Y es y era desde el principio
Hace sonar la campana.



Traducción: José Emilio Pacheco