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15 jul. 2011

Novalis - Revelaciones

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El prejuicio más arbitrario es que al hombre le esté negada la facultad de ser fuera de sí, de ser con conciencia más allá de los sentidos. El hombre puede ser a cada instante un ser suprasensorial. Sin esto no sería un ciudadano del Mundo, sería un animal. En verdad, el discernimiento en este estado, el encuentro de sí mismo, es muy difícil, ya que está unido tan incesante, tan necesariamente con el intercambio de nuestros restantes estados. Cuánto más conscientes, empero, podemos ser de este estado, tanto más vivaz, poderosa, satisfactoria es la convicción que surge de ello; la fe en genuinas revelaciones del espíritu. No es un contemplar, oír, sentir, está compuesto por los tres en su totalidad, es más que la totalidad de los tres, una sensación de inmediata certeza, una visión de mi vida más propia y más verdadera, los pensamientos se transforman en leyes, los deseos en realizaciones. Para el débil es el factum de este momento un artículo de fe.

Sorprendente se torna la visión, especialmente al observar algunas figuras y rostros humanos, sobre todo al divisar algunos ojos, algunos gestos, algunos movimientos, al oír ciertas palabras, al leer ciertos lugares, en ciertos respectos de la vida, el Mundo y el destino. Muchas casualidades, algunos sucesos naturales, particulares estaciones del año y horas del día nos ofrendan experiencias semejantes. Ciertos estados de ánimo son especialmente propicios a tales revelaciones. La mayoría son instantáneos, pocos se detienen, los menos permanecen. Aquí hay mucha diferencia entre los hombres. Uno tiene más capacidad para la revelación que el otro. Uno más sentido, el otro más entendimiento para la misma. Éste último permanecerá siempre en su luz tenue, mientras que el primero sólo tiene iluminaciones esporádicas, pero más claras y diversas. Esta facultad es también capaz de enfermar, enfermedad que denota o bien profusión de sentido y carencia de entendimiento, o bien profusión de entendimiento y carencia de sentido.


En Selección de Analectas
Traducción de Helena Quinteros
Imagen: © Bettmann/CORBIS



8 mar. 2011

Novalis - Humor e Ironía (Analectas, 30 y 36)

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30


Humor es un estilo arbitrariamente adoptado. Lo arbitrario es lo picante en él. Humor es resultado de una libre mezcla de lo condicionado e incondicionado. Por el humor, lo condicionado en particular se vuelve interesante en general y adquiere valor objetivo. Donde fantasía y juicio se rozan surge el ingenio. Donde razón y arbitrariedad se juntan, el humor. La parodia pertenece al humor, pero es un grado más pequeña. Ya no es más puramente artística (y es mucho más restringida). En almas serenas no hay ingenio. El ingenio indica un equilibrio trastornado. Es la consecuencia del trastorno, y a la vez el medio del restablecimiento. El ingenio más agudo lo tiene la pasión. El ingenio genuinamente social es sin estruendo. Existe un tipo de éste que es sólo mágica iridiscencia en esferas superiores. El estado de disolución de todas las relaciones, la desesperación, o la muerte espiritual es lo más terriblemente ingenioso.

Lo insignificante, lo ordinario, lo tosco, lo feo, lo inculto, sólo por medio del ingenio se transforma en apto para la sociedad. Es, por así decirlo, tan sólo por amor del ingenio: su finalidad es el ingenio.


36

Lo que Schlegel tan agudamente caracteriza como ironía, no es sino –a mi parecer– otra cosa que la consecuencia, el carácter de la genuina sensatez, de la verdadera presencia del espíritu. El espíritu aparece siempre tan sólo en una figura extraña, aérea. La ironía de Schlegel me parece ser humor genuino. Varios nombres son ventajosos para una idea.


Selección de Analectas (1797-1798) Traducción de Helena G. Quinteros
Imagen: Novalis. Freidrich Leopold Von Hardenberg, (1772-1801)
ca. 1800s
Foto Bettmann Corbis



9 nov. 2010

Novalis - Traducciones

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Una traducción es o bien gramatical, o transformadora, o mítica. Traducciones míticas son traducciones en estilo supremo. Representan el carácter puro, consumado de la obra de arte individual. No nos dan la obra de arte real, sino el ideal de la misma. Aún no existe, según creo, una muestra total de ellas. En el espíritu de algunas críticas y descripciones de obras de arte se encuentran sin embargo huellas nítidas. Se necesita una cabeza en la que el espíritu poético y el espíritu filosófico se hayan compenetrado en toda su plenitud. La mitología griega es en parte una traducción semejante de una religión nacional. También la moderna madona es un mito semejante.

Traducciones gramaticales son las traducciones en el sentido acostumbrado. Requieren mucha erudición, pero sólo habilidades discursivas.

A las traducciones transformadoras, si han de ser genuinas, les corresponde el espíritu supremo, el espíritu poético. Rozan ligeramente el travestismo, como el Homero de Bürger en yambos, el Homero de Pope, las traducciones francesas en su totalidad. El verdadero traductor de esta clase debe ser en efecto el artista mismo y poder ofrecer a voluntad, de una u otra manera, la idea del todo. Debe ser el poeta del poeta y poder por tanto hacerlo hablar simultáneamente según su idea y la propia de aquel. En una relación semejante se encuentra el genio de la humanidad con cada hombre en particular.

No meramente libros, todo puede traducirse de estas tres maneras.


Selección de Analectas (1797-1798)
Traducción de Helena G. Quinteros