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8 oct. 2007

Antonio de Nebrija - Prólogo a la Gramática

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A LA MUI ALTA ASSÍ ESCLARECIDA PRINCESA DOÑA ISABEL, LA
TERCERA DESTE NOMBRE, REINA I SEÑORA NATURAL DE ESPAÑA
LAS ISLAS DE NUESTRO MAR. COMIENÇA LA GRAMÁTICA QUE
NUEVA MENTE HIZO EL MAESTRO ANTONIO DE LEBRIXA SOBRE LA
LENGUA CASTELLANA. PONE PRIMERO EL PRÓLOGO.
LEE LO EN BUEN ORA



Cuando bien comigo pienso, mui esclarecida Reina, i pongo delante los ojos el antigüedad de todas las cosas que para nuestra recordación memoria quedaron escriptas, una cosa hállo sáco por conclusión mui cierta: que siempre la lengua fue compañera del imperio; de tal manera lo siguió, que junta mente començaron, crecieron florecieron, después junta fue la caida de entrambos. I deadas agora las cosas mui antiguas de que a penas tenemos una imagen sombra de la verdad, cuales son las de los assirios, indos, sicionios egipcios, en los cuales se podría muy bien provar lo que digo, vengo a las más frescas, aquellas especial mente de que tenemos maior certidumbre, primero a las de los judíos. Cosa es que mui ligera mente se puede averiguar que la lengua ebraica tuvo su niñez en la cual a penas pudo hablar. I llámo io agora su primera niñez todo aquel tiempo que los judíos estuvieron en tierra de Egipto. Por que es cosa verdadera o mui cerca de la verdad, que los patriarcas hablarían en aquella lengua que trao Abraham de tierra de los caldeos, hasta que decendieron en Egipto, que allí perderían algo de aquélla mezclarían algo de la egipcia. Mas después que salieron de Egipto començaron a hazer por sí mesmos cuerpo de gente, poco a poco apartarían su lengua, cogida, cuanto io pienso, de la caldea de la egipcia, de la que ellos començó a caducar la lengua latina, hasta que vino al estado en que la recebimos de nuestros padres, cierto tal que cotejada con la de aquellos tiempos, poco más tiene que hazer con ella que con la aráviga. Lo que diimos de la lengua ebraica, griega latina, podemos mui más claramente mostrar en la castellana: que tuvo su niñez en el tiempo de los juezes reies de Castilla de León, començó a mostrar sus fuerças en tiempo del mui esclarecido digno de toda la eternidad el Rei don Alonso el Sabio, por cuio mandado se escrivieron las Siete Partidas, la General Istoria, fueron trasladados muos libros de latín arávigo en nuestra lengua castellana; la cual se estendió después hasta Aragón Navarra, de allí a Italia, siguiendo la compañía de los infantes que embiamos a imperar en aquellos reinos. I assí creció hasta la monaría paz de que gozamos, primera mente por la bondad providencia divina; después, por la industria, trabajo diligencia de vuestra real Majestad; en la fortuna buena dia de la cual, los miembros pedaços de España, que estavan por muas partes derramados, se redueron aiuntaron en un cuerpo unidad de Reino, la forma travazón del cual, assí está ordenada, que muos siglos, injuria tiempos no la podrán romper ni desatar. Assí que, después de repurgada la cristiana religión, por la cual somos amigos de Dios, o reconciliados con Él; después de los enemigos de nuestra fe vencidos por guerra fuerça de armas, de donde los nuestros recebían tantos daños temían muo maiores; después de la justicia essecución de las leies que nos aiuntan hazen bivir igual mente en esta gran compañía, que llamamos reino república de Castilla; no queda ia otra cosa sino que florezcan las artes de la paz. Entre las primeras, es aquélla que nos enseña la lengua, la cual nos aparta de todos los otros animales es propria del ombre, en orden, la primera después de la contemplación, que es oficio proprio del entendimiento. Ésta hasta nuestra edad anduvo suelta fuera de regla, a esta causa a recebido en pocos siglos muas mudanças; por que si la queremos cotejar con la de oi a quinientos años, hallaremos tanta diferencia diversidad cuanta puede ser maior entre dos lenguas. I por que mi pensamiento gana siempre fue engrandecer las cosas de nuestra nación, dar a los ombres de mi lengua obras en que mejor puedan emplear su ocio, que agora lo gastan leiendo novelas o istorias embueltas en mil mentiras errores, acordé ante todas las otras cosas reduzir en artificio este nuestro lenguaje castellano, para que lo que agora de aquí adelante en él se escriviere pueda quedar en un tenor, estender se en toda la duración de los tiempos que están por venir, como vemos que se ha heo en la lengua griega latina, las cuales por aver estado debao de arte, aun que sobre ellas an pasado muos siglos, toda vía quedan en una uniformidad.

Por que si otro tanto en nuestra lengua no se haze como en aquéllas, en vano vuestros cronistas estoriadores escriven encomiendan a immortalidad la memoria de vuestros loables heos, nos otros tentamos de passar en castellano las cosas peregrinas estrañas, pues que aqueste no puede ser sino negocio de pocos años. I será necessaria una de dos cosas: o que la memoria de vuestras hazañas perezca con la lengua; o que ande peregrinando por las naciones estrangeras, pues que no tiene propria casa en que pueda morar. En la çanja de la cual io quise ear la primera piedra, hazer en nuestra lengua lo que Zenodoto en la griega Crates en la latina; los cuales aun que fueron vencidos de los que después dellos escrivieron, a lo menos fue aquella su gloria, será nuestra, que fuemos los primeros inventores de obra tan necessaria. Lo cual hezimos en el tiempo más oportuno que nunca fue hasta aquí, por estar ia nuestra lengua tanto en la cumbre, que más se puede temer el decendimiento della que esperar la subida. I seguir se a otro no menor proveo que aqueste a los ombres de nuestra lengua que querrán estudiar la gramática del latín; por que después que sintieren bien el arte del castellano, lo cual no será mui dificile, por que es sobre la lengua que ia ellos sienten, cuando passaren al latín no avrá cosa tan escura que no se les haga mui ligera maior mente entreveniendo aquel Arte de la Gramática que me mandó hazer vuestra Alteza, contraponiendo línea por línea el romance al latín; por la cual forma de enseñar no sería maravilla saber la gramática latina, no digo io en pocos meses, más aún en pocos días, muo mejor que hasta aquí se deprendía en muos años. El tercero proveo deste mi trabajo puede ser aquel que, cuando en Salamanca di la muestra de aquesta obra a vuestra real Majestad, me preguntó que para qué podía aprovear, el mui reverendo padre Obispo de Ávila me arrebató la respuesta; , respondiendo por mí, dio que después que vuestra Alteza metiesse debao de su iugo muos pueblos bárbaros naciones de peregrinas lenguas, con el vencimiento aquellos ternían necessidad de recebir las leies quel vencedor pone al vencido, con ellas nuestra lengua, entonces, por esta mi Arte, podrían venir en el conocimiento della, como agora nos otros deprendemos el arte de la gramática latina para deprender el latín. I cierto assí es que no sola mente los enemigos de nuestra fe, que tienen ia necessidad de saber el lenguaje castellano, mas los vizcainos, navarros, franceses, italianos, todos los otros que tienen algún trato conversación en España necesidad de nuestra lengua, si no vienen desde niños a la deprender por uso, podrán la más aína saber por esta mi obra. La cual, con aquella vergüença, acatamiento temor, quise dedicar a vuestra real Majestad, que Marco Varrón intituló a Marco Tulio sus Orígenes de la Lengua Latina; que Grilo intituló a Publio Virgilio poeta, sus Libros del Acento; que Dámaso papa a Sant Jerónimo; que Paulo Orosio a Sant Augustín sus Libros de Istorias; que otros muos autores, los cuales endereçaron sus trabajos velas a personas mui más enseñadas en aquello de que escrivían, no para enseñar les alguna cosa que ellos no supiessen, mas por testificar el ánimo voluntad que cerca dellos tenían, por que del autoridad de aquéllos se consiguiesse algún favor a sus obras. I assí, después que io deliberé, con gran peligro de aquella opinión que muos de mí tienen, sacar la novedad desta mi obra de la sombra tinieblas escolásticas a la luz de vuestra corte, a ninguno más justa mente pude consagrar este mi trabajo que a aquella en cuia mano poder, no menos está el momento de la lengua que el arbitrio de todas nuestras cosas.

ISAÍAS GARDE, textos en transición