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7 ago. 2010

Marianne Moore - Los trabajos de Hércules

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W.H. Auden and Marianne Moore por Diane Arbus (1964)


Popularizar la mula, cuyo neto exterior
expresa el principio de adaptación reducido a un mínimo:
persuadir al señor de gusto austero, orgulloso de su hogar y músico
de que el piano es campo libre para incisiones, de que sus "encantadoras notas de /renacuajo"
pertenecen al pasado cuando había tiempo para tocarlas:
persuadir a esos autoforjados Midas de la inteligencia
cuya ignorancia de catorce quilates aspira a llegar hasta el cielo
de que la conducta excesiva augura desengaño,
de que uno no debe colgarse una barba blanca prestada
y amenazar al curioso casual con la guadaña del tiempo:
enseñar al bardo de selectividad demasiado elástica
que el poder creativo se detecta por su capacidad de conquistar el desapego,
que mientras tenga más elasticidad que lógica,
sabe adónde va,
y vuela en línea recta como la electricidad
despoblando áreas que se jactan de remotas
para probar a los altos sacerdotes de la casta
que el esnobismo es estupidez,
la mejor cara exterior de la vieja adulonería,
que besa los pies del que está arriba
y patea la cara del que está abajo;
enseñar a los santos-patrones-para-ateos, al trovador
sensiblero del Coliseo (encontrémonos-a-solas-a-la-luz-de-la-luna)
que el gusto por los remiendos rápidos no es la vida
aunque tampoco son apropiados para la muerte -que estamos hartos de la tierra,
hartos de los chiqueros, de los gansos salvajes y de los hombres salvajes;
convencer a los controversistas encantadores de serpientes
de que una cosa es cambiar de opinión
y otra cosa erradicarla -que uno sigue sabiendo
"que el negro no es brutal,
que el judío no es codicioso,
que el oriental no es inmoral,
que el alemán no es un huno".



Versión de Mirta Rosemberg y Hugo Padeleti
En El reparador de agujas de campanario y otros poemas
Buenos Aires, CEAL, 1988

 

6 abr. 2007

MARIANNE MOORE- Crìticos y conocedores

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Hay una gran cantidad de poesía en las inconscientes
afectaciones. Algunos objetos
Ming, las imperiales alfombras de coches
de ruedas amarillas, están muy bien donde están, pero yo
he visto algo
que me gusta más – un
simple y pueril intento de hacer que un imperfectamente
estable animal estuviera de pie,
un similar propósito al hacer que un cachorro
comiera en un plato.

Yo recuerdo un cisne bajo los sauces en Oxford,
con patas como hojas de arce
y color flamingo. Se desplazaba como un barco
de guerra. Incredulidad y consciente melindre eran
el ingrediente
fundamental de sus pocas ganas de moverse. Por último, su osadía
no era una prueba en contra
de su propensión a estimar enteramente los pedazos
de alimento que la corriente
le allegaba; se fue con lo que le di
para comer. He visto este cisne y
los he visto a ustedes; he visto la ambición
sin sutileza en una variedad de formas. Sucede que estando
cerca de un hormiguero, he visto
una escrupulosa hormiga llevar un tallo hacia el norte, al sur,
al este, al oeste, hasta que giró
sobre sí misma, caminar desde el lecho de flores
hacia el césped,
y volver al punto
desde el que había partido. Luego abandonó el tallo
como algo inútil y esforzando sus mandíbulas
con un pedazo de cal – diminuto
pero pesado, comenzó de nuevo el mismo camino.
¿Qué hay
en ser capaz
de decir que uno ha dominado la corriente
en una actitud de defensa propia;
en probar que uno ha tenido la experiencia
de cargar un tallo?


Traducción: Douglas Palma

FACTOR SERPIENTE

ISAÍAS GARDE, textos en transición