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6 dic. 2013

Rodolfo Modern: Dos poemas

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Instantánea

Terriblemente cierto, terriblemente
fugaz es el transcurso.
seres y cosas partieron y llegaron
y no lo habían advertido
como si un orden superior arrebatara
de su sitio con las abiertas fauces
los movimientos habituales atravesando cortinados.
Todo ocurrió antes del parpadeo más antiguo,
un cero apenas.

Dos palomas tiritan en un rincón del patio
en una libertad sin vuelo ni consumación.



Ronda del cosmos

Y lo que quedará
tras el estallido del Tiempo
después de la explosión de los Cielos
de la explosión de los Volcanes en cadena
serán los yacimientos inconmensurables
de Piedra Pómez y una Espada corroída
por el orín al final.

Y luego todo volverá
a las Llamas implacables del desierto
al Agua que gestó los nacimientos
a la mordiente superficie de una Tierra helada
al Polen flotando en un Espacio sin eternidad
a la Venganza cantada y prevista por los Dioses.

Un pañuelo desgarrado y sucio
en un rincón de por ahí
como final.


Fuente de los textos (sin data bibliográfica) [+]
Imagen: Homenaje de la Academia Argentina de Letras junio 2013


9 oct. 2012

Georg Trakl (1887-1914) - Transmutación de lo malo (bilingüe)

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Otoño: negro caminar por el linde del bosque; minutos
de muda confusión; escucha con atención la frente del
leproso bajo el árbol desnudo. Atardecer ha mucho
transcurrido, que ahora desciende por las gradas del musgo;
noviembre. Una campana toca y el pasto
conduce una tropa de caballeros negros y alazanes a la
aldea. Bajo el avellanar el verde cazador destripa a un venado.
Sus manos humean con sangre y la sombra del
animal gime en el follaje sobre los ojos del hombre, parda y
silenciosa; en el bosque. Cornejas, que se dispersan; tres.
Su vuelo semeja una sonata, llena de acordes
desvanecientes y de viril tristeza; suave se disuelve una
áurea nube. Junto al molino muchachos encienden un fuego.
La llama es hermana del más pálido, que ríe
sepultado bajo su cabello purpúreo; o bien es un sitio para
el asesinato, al que un sendero pedregoso lleva. Las bayas
han desaparecido, y años seguido sueña en un aire
plomizo bajo los pinos; miedo, verde oscuridad, el
gorgoteo de un ahogado: del estanque estrellado un
pescador extrae un gran pez negro, la cabeza llena
de crueldad y locura. Las voces del junco, hombres riñendo
a sus espaldas, balanceándose aquél en roja barca sobre
las aguas heladas del otoño, viviendo en las oscuras
leyendas de su estirpe, y se petrifican los ojos abiertos a
las noches y a los terrores virginales. Mal
¿Qué te obliga a permanecer inmóvil sobre la escalera
ruinosa, en la casa de tus mayores? Plomiza negrura,
¿Qué sostienes con mano plateada ante los ojos, y por qué
los párpados caen como ebrios por la amapola? Pero a
través del muro de piedra contemplas el cielo estrellado,
la Vía Láctea, a Saturno: rojo. Furiosamente golpea
contra el muro de piedra el árbol desnudo. Tú, sobre
peldaños ruinosos: árbol, astro piedra. Tú, un animal
azul que tirita en silencio; tú, el pálido sacerdote que lo
sacrificas en el negro altar. Oh, tu risa en la tiniebla,
triste y maligna, que hace palidecer a un niño dormido.
Una roja llama brotó de su mano y una mariposa
nocturna se quemó en ella. Oh, la flauta de la luz; oh, la
flauta de la muerte. ¿Qué te obligó a permanecer inmóvil
sobre la escalera ruinosa en la casa de tus mayores? Abajo
en el portal un ángel golpea con dedos cristalinos.
Oh, el infierno del sueño; oscura callejuela, pardo
jardincillo. Suave tañe en el atardecer azul la efigie de los
muertos. Verdes florecillas se enlazan a su alrededor y su
rostro lo han abandonado. O bien se inclina pálido sobre la
fría frente del asesino en la oscuridad del zaguán.
Adoración, llama purpúrea de la voluptuosidad,
agonizando se precipitó el durmiente por negros peldaños
en la tiniebla.
Alguien te abandonó en la encrucijada y miras
largamente atrás. Pasos argénteos a la sombra de
pequeños manzanos raquíticos. Purpúreo brilla el fruto
en negro ramaje y en la hierba muda la serpiente su piel.
¡Oh, lo oscuro!, el sudor que corre por la helada frente y
los tristes sueños dentro del vino, en la taberna de la
aldea bajo las vigas ennegrecidas por el humo. Tú, tierra
aún desierta, rosadas islas surgen encantadas de las
pálidas nubes de tabaco, y desde el interior recoge el grito
salvaje de un grifo, cuando caza entre negros acantilados
en el mar, la tormenta y el hielo. Tú, un metal verde, y
dentro un rostro ardiente que quiere desaparecer y
cantar los tiempos tenebrosos de la ósea colina y la caída
llameante de un ángel. ¡Oh, desesperación, que con grito
sordo cae de rodillas!
Un muerto te visita. Del corazón fluye la sangre
derramada por uno mismo y en la oscura ceja anida un
instante inexpresable; oscuro encuentro. Tu, una luna
purpúrea, cuando aquel aparece en la verde sombra del
olivo. A esto sigue noche imperecedera.



Verwandlung des Bösen

Herbst: schwarzes Schreiten am Waldsaum; Minute
stummer Zerstörung; auflauscht die Stirne des Aussätzigen
unter dem kahlen Baum. Langvergangener
Abend, der nun über die Stufen von Moos sinkt; November.
Eine Glocke läutet und der Hirt führt eine
Herde von schwarzen und roten Pferden ins Dorf.
Unter dem Haselgebüsch weidet der grüne Jäger ein
Wild aus. Seine Hände rauchen von Blut und der
Schatten des Tiers seufzt im Laub über den Augen
des Mannes, braun und schweigsam; der Wald. Krähen,
die sich zerstreuen; drei. Ihr Flug gleicht einer Sonate,
voll verblichener Akkorde und männlicher Schwermut;
leise löst sich eine goldene Wolke auf. Bei der Mühle
zünden Knaben ein Feuer an. Flamme ist des Bleichsten
Bruder und jener lacht vergraben in sein purpurnes Haar;
oder es ist ein Ort des Mordes, an dem ein steiniger Weg
vorbeiführt. Die Berberitzen sind verschwunden, jahrlang
träumt es in bleierner Luft unter den Föhren;
Angst, grünes Dunkel, das Gurgeln eines Ertrinkenden:
aus dem Sternenweiher zieht der Fischer einen großen,
schwarzen Fisch, Antlitz voll Grausamkeit und Irrsinn.
Die Stimmen des Rohrs, hadernder Männer im Rücken
schaukelt jener auf rotem Kahn über frierende Herbstwasser,
lebend in dunklen Sagen seines Geschlechts
und die Augen steinern über Nächte und jungfräuliche
Schrecken aufgetan. Böse.
Was zwingt dich still zu stehen auf der verfallenen
Stiege, im Haus deiner Väter? Bleierne Schwärze. Was
hebst du mit silberner Hand an die Augen; und die
Lider sinken wie trunken von Mohn? Aber durch die
Mauer von Stein siehst du den Sternenhimmel, die
Milchstraße, den Saturn; rot. Rasend an die Mauer
von Stein klopft der kahle Baum. Du auf verfallenen
Stufen: Baum, Stern, Stein! Du, ein blaues Tier,
das leise zittert; du, der bleiche Priester, der es hinschlachtet
am schwarzen Altar. O dein Lächeln im
Dunkel, traurig und böse, daß ein Kind im Schlaf
erbleicht. Eine rote Flamme sprang aus deiner Hand
und ein Nachtfalter verbrannte daran. O die Flöte des
Lichts; o die Flöte des Tods. Was zwang dich still
zu stehen auf verfallener Stiege, im Haus deiner Väter?
Drunten ans Tor klopft ein Engel mit kristallnem
Finger.
O die Hölle des Schlafs; dunkle Gasse, braunes
Gärtchen. Leise läutet im blauen Abend der Toten
Gestalt. Grüne Blümchen umgaukeln sie und ihr Antlitz
hat sie verlassen. Oder es neigt sich verblichen über die
kalte Stirne des Mörders im Dunkel des Hausflurs;
Anbetung, purpurne Flamme der Wollust; hinsterbend
stürzte über schwarze Stufen der Schläfer ins Dunkel.
Jemand verließ dich am Kreuzweg und du schaust
lange zurück. Silberner Schritt im Schatten verkrüppelter
Apfelbäumchen. Purpurn leuchtet die Frucht im
schwarzen Geäst und im Gras häutet sich die Schlange.
O! das Dunkel; der Schweiß, der auf die eisige Stirne
tritt und die traurigen Träume im Wein, in der Dorfschenke
unter schwarzverrauchtem Gebälk. Du, noch
Wildnis, die rosige Inseln zaubert aus dem braunen
Tabaksgewölk und aus dem Innern den wilden Schrei
eines Greifen holt, wenn er um schwarze Klippen jagt
in Meer, Sturm und Eis. Du, ein grünes Metall und
innen ein feuriges Gesicht, das hingehen will und singen
vom Beinerhügel finstere Zeiten und den flammenden
Sturz des Engels. O! Verzweiflung, die mit stummem
Schrei ins Knie bricht.
Ein Toter besucht dich. Aus dem Herzen rinnt
das selbstvergossene Blut und in schwarzer Braue nistet
unsäglicher Augenblick; dunkle Begegnung. Du - ein
purpurner Mond, da jener im grünen Schatten des
Ölbaums erscheint. Dem folgt unvergängliche Nacht.


Traducción de Rodolfo Modern
Fuente foto



13 dic. 2010

Georg Trakl (1887-1914) - Tres poemas

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Canción de Occidente


Oh, vuelo nocturno del alma;
como pastores fuimos otrora hacia bosques crepusculares,
y nos seguían el rojo venado, la verde flor y el manantial balbuciente
con humildad. Oh, la melodía antiquísima del grillo,
sangre floreciendo en el altar de los sacrificios,
y el grito del ave solitaria sobre la verde calma del estanque.

Oh, cruzadas y ardientes martirios
de la carne, caída de frutos purpúreos
en el jardín crepuscular, por donde en otros
tiempos pasaron los piadosos discípulos,
guerreros ahora, despertando de heridas y sueños estrellados.
Oh, el dulce manojo de ancianos por la noche.

Oh edades de silencio y áureos otoños,
cuando nosotros, monjes apacibles, prensábamos la uva purpúrea;
y en torno brillaban colina y bosque.

Oh, cacerías y castillos; quietud del atardecer
cuando el hombre meditaba en su aposento acerca de lo justo
o con muda oración combatía por la cabeza viviente de Dios

Oh la amarga hora del ocaso,
cuando contemplamos un rostro pétreo en negras aguas.
Pero resplandecientes abren sus párpados argénteos los amantes:
una estirpe. Incienso mana desde almohadones, rosados,
y el dulce canto de los resucitados.



El sueño

¡Os maldigo, oscuros venenos,
blanco sueño!
Este jardín tan extraño
de árboles crepusculares
llenos de serpientes, mariposas nocturnas,
arañas, murciélagos.
¡Forastero! Tu sombra perdida
en el crepúsculo,
un corsario sombrío
en el salino mar de la tristeza.
Revolotean blancos pájaros al borde de la noche
sobre ciudades de acero
que se desploman



A los que han enmudecido

Oh, la locura de la gran ciudad, cuando al atardecer
junto al negro muro miran absortos árboles raquíticos
tras máscara plateada asoma el espíritu del mal;
la luz expulsa con látigo magnético a la noche petrificada.
Oh, el sumergido doblar de las campanas al crepúsculo

Ramera, que en helado aguacero da a luz una Criatura muerta.
Furiosa azota la cólera del Dios la frente del poseído
peste purpúrea, hambre que destroza unos ojos verdes.

Oh, la risa terrible del oro.
Pero silenciosa se desangra en oscura caverna una humanidad muda,
y forja con duros metales la cabeza redentora.




Versión de Rodolfo Modern
Foto: C. P. Wagner (Innsbruck, 1910) Via



3 abr. 2007

Vigilia de Moctezuma - Rodolfo Modern

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En la noche del lobo
los vientos de hierro agostaron
las cosechas.

En la noche del lobo
algo estruja la garganta
de la rosa.

Los templos vacilan,
y las quebradas columnas
reflejan una luna menguante
que aúlla y se despide

Rodolfo Modern
factor serpiente