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27 jul. 2009

Giorgio Vasari – Masaccio, pintor de San Giovanni di Valdarno

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Acostumbra la naturaleza, cuando crea a una persona muy excelente en alguna profesión, no producirla sola sino hacer en el mismo momento y en un lugar cercano, a otra rival de aquélla, para que puedan ayudarse mediante sus respectivos talentos y su emulación. Y esto, aparte de constituir singular asistencia para los que compiten de tal manera, inflama los ánimos de los que vienen después de esa época y los impulsa a esforzarse con todo empeño e industria para alcanzar la misma distinción y reputación gloriosa que oyen alabar altamente, todos los días, en sus predecesores. Que esto es cierto, lo prueba el hecho de que Florencia produjera en el mismo período a Filippo, Donato, Lorenzo,(1) Paolo Uccello y Masaccio, excelentísimos cada cual en su género. Mediante las bellas obras de los nombrados, Florencia no sólo se deshizo de los toscos y groseros procedimientos usados hasta aquella época, sino que estimuló y encendió tanto los ánimos de quienes nacieron después, que esos oficios han alcanzado la grandeza y la perfección que tienen en nuestros tiempos. Por lo tanto, nosotros le debemos mucho a aquellos precursores que mediante sus esfuerzos mostraron la senda por la cual se llega al nivel supremo. Y, en cuanto se refiere a la buena pintura, es a Masaccio a quien más debemos, pues, deseoso de conquistar la fama, consideró (no siendo la pintura nada más que un remedar todas las cosas de la naturaleza viviente, con el dibujo o con el color, sencillamente, tal como ella las produce) que quien alcanza perfectamente ese fin puede calificarse de excelente. Tal cosa, digo, conocida por Masaccio, fue motivo de que mediante el continuo estudio aprendiera tanto que puede incluirse entre los primeros que se libraron de las durezas, imperfecciones y dificultades del arte, y fue quien dio comienzo a las bellas actitudes, el movimiento, la energía y la vivacidad, así como a cierto relieve verdaderamente apropiado y natural, que ningún pintor había logrado antes que él. Y como su juicio era óptimo, consideró que todas las figuras que no posaban los pies, en escorzo, sobre el suelo, sino que parecían estar en puntillas, carecían de todo valor y estilo en lo esencial, y que quienes las hacían de esa manera demostraban no saber nada del escorzo. Sin embargo, Paolo Uccello se había dedicado a ese problema, logrando en cierta medida superar esa dificultad. Masaccio, por su parte, variando sus métodos, hizo con diversos ángulos visuales, escorzos mucho mejores que los dibujados por cualquiera antes que él. Y pintó sus obras con plausible unidad y dulzura, armonizando las carnaciones de las cabezas y los desnudos con los colores de los paños, que le gustaba hacer simples y con pocos pliegues, como lo son naturalmente. Esto ha sido muy útil para los artistas y Masaccio merece ser alabado por ello como si lo hubiera inventado; porque, a la verdad, las cosas hechas antes de él pueden calificarse de «pintadas», mientras que las suyas son vivas, verídicas y naturales, comparadas con las que ejecutaron los demás.

Nació Masaccio en el Castello San Giovanni di Valdarno, donde, según dicen, aún se ven algunas figuras que ejecutó en su primera infancia. Fue hombre muy retraído y descuidado, como todo aquel que, habiendo puesto su alma y su voluntad enteras en las cosas del arte, cuida poco de sí y menos de los demás. Y porque no quiso jamás pensar en modo alguno en las preocupaciones mundanas, ni especialmente en lo que a ropa se refiere, y no acostumbró reclamar dinero a sus deudores, salvo cuando se encontraba en necesidad extrema, todos lo llamaban Masaccio(2) en vez de Tommaso, que era su nombre: no porque fuese malo -pues era naturalmente bondadoso- sino por ser tan descuidado; a pesar de lo cual era tan gentil, servicial y amable que más no se puede pedir.

 

Masaccio - Madonna, Niño y Santa Ana Masaccio - Madonna, Niño y Santa Ana

Comenzó a practicar su arte en la época en que Masolino da Panicale trabajaba en el Carmine de Florencia, en la capilla Brancacci, siguiendo en lo posible los pasos a Filippo y Donato, aunque su arte era distinto, y tratando siempre de hacer las figuras muy vivientes y bellamente animadas, a semejanza de la naturaleza. Y tan modernamente se apartó de los demás en su dibujo y su pintura, que sus obras pueden equipararse sin duda alguna a los diseños y al colorido modernos. Fue muy diligente en su oficio e ingenioso y admirable en la solución de dificultades de perspectiva, como se ve en una de sus composiciones de figuras pequeñas que se conserva en la casa de Ridolfo del Ghirlandaio y en la cual, además del Cristo que cura al poseso, hay edificios bellísimos en perspectiva, trazados de tal modo que se ve al mismo tiempo el interior y el exterior, porque, para mayor dificultad, no los representó vistos de frente sino desde arriba y de costado. Se empeñó más que los otros maestros en pintar desnudos y figuras en escorzo, que se hacían rara vez antes de él. Tenía mucha facilidad y, como ya se dijo, hacía los paños muy sencillos. Es de su mano una tabla al temple en que se ve a Nuestra Señora sentada en las faldas de Santa Ana y con el Niño en brazos, tabla que hoy está en Sant'Ambrogio de Florencia, en la capilla que está al lado de la puerta que conduce al locutorio de las monjas. En el tabique central de la iglesia de San Niccolò di là d'Arno también hay una tabla pintada al temple por Masaccio, en que además de una Anunciación se ve un edificio lleno de columnas trazadas en perspectiva, muy bello. Porque, además de ser perfecto el dibujo lineal, graduó los colores de tal manera que poco a poco se pierde de vista: por lo tanto, demostró suficientemente que entendía la perspectiva.

 

Masaccio - Trinidad, Santa María Novella Masaccio - Trinidad, Santa María Novella

 

En la Badia de Florencia pintó al fresco -en un pilar, frente a uno de los que soportan el arco del altar mayor-, un San Yvo de Bretaña, como si estuviera dentro de un nicho, con los pies en escorzo, como vistos desde abajo. Como los demás no habían sabido hacerlo tan bien como él, esto le mereció muchos elogios. Y debajo de dicho Santo, en otra cornisa, pintó a viudas, huérfanos y pobres que en su necesidad reciben ayuda del santo. En Santa Maria Novella pintó, también al fresco, una Trinidad que está sobre el altar de San Ignacio, y en que Nuestra Señora y San Juan Evangelista, a ambos lados, contemplan a Cristo crucificado. En los costados hay dos figuras arrodilladas que, por cuanto se puede juzgar, son retratos de los donantes; pero no se ven bien porque están cubiertas por adornos de oro. Lo que es bellísimo, aparte de las figuras, es una bóveda de media caña representada en perspectiva y dividida en cuarteles llenos de rosetas, que disminuyen y se acortan tan bien que esa pared parece abierta. En Santa Maria Maggiore, al lado de la puerta lateral que conduce a San Giovanni, hizo para una capilla una tabla en que están Nuestra Señora, Santa Catalina y San Julián. Y en la predella hizo algunas figuras pequeñas de la vida de Santa Catalina, así como a un San Julián matando al padre y a la madre; y en el centro hizo la Natividad de Jesucristo con esa sencillez y esa vida que caracterizaban sus trabajos. En la iglesia del Carmine, de Pisa, en una tabla para una capilla central, pintó una Virgen con el Niño, a los pies de la cual están algunos angelitos que tocan la música: uno de éstos, tocando el laúd, tiende atentamente el oído a la armonía sonora. Rodean a Nuestra Señora los Santos Pedro, Juan Bautista, Julián y Nicolás, figuras todas ellas muy reales y vivas. Debajo, en la predella , hay episodios de la vida de esos Santos, con figuras pequeñas, y en el medio están los tres Magos ofreciendo obsequios a Jesús. En esa parte hay algunos jinetes tomados del natural, tan hermosos que no se puede desear nada mejor; y los miembros de la corte de esos tres reyes llevan diversos trajes que se usaban en aquella época. Para completar la pintura, arriba hay una serie de Santos dispuestos en paneles en torno de un Crucifijo. Créese que una figura al fresco de un Santo en traje de obispo, que está en esa iglesia, al lado de la puerta que lleva al convento, es de la mano de Masaccio; pero yo tengo por seguro que es de Fray Filippo su discípulo. Al regresar de Pisa, pintó en Florencia una tabla en que representó a un hombre y una mujer desnudos, que parecen vivos; se encuentra hoy en la casa Palla Rucellai.

 

Masaccio - Adoración de los Reyes Magos Masaccio - Adoración de los Reyes Magos

 

Después, no encontrándose a gusto en Florencia, y estimulado por el amor al arte, decidió, para estudiar y superar a los demás, irse a Roma. Y así lo hizo. Allí, habiendo conquistado fama grandísima, hizo para el cardenal de San Clemente, en la iglesia de San Clemente, una capilla en que representó al fresco la Pasión de Cristo, con los ladrones en la cruz, y la historia de Santa Catalina Mártir. También pintó al temple muchas tablas que se perdieron o fueron destruidas durante los disturbios de Roma. Hizo una para Santa Maria Maggiore, en una capillita vecina a la sacristía, en que están cuatro Santos tan bien ejecutados que parecen de relieve y, en medio de ellos, Santa María de las Nieves; además, se ve el retrato del natural del Papa Martín, que con una pala marca la planta de esa iglesia, teniendo a su lado al emperador Segismundo II. Un día, Miguel Ángel estaba examinando esa obra conmigo, y la alabó mucho, agregando que aquellos personajes vivían en la época de Masaccio.

 

Masaccio - San Pablo Masaccio - San Pablo

Mientras éste se encontraba en Roma, Pisanello y Gentile da Fabriano trabajaban en la iglesia Santo Ianni para el Papa Martín, y habían destinado una parte de las paredes a Masaccio; pero él regresó a Florencia cuando se enteró de que Cosme de Médicis, quien lo había ayudado y favorecido, regresaba del destierro. Habiendo muerto Masolino da Panicale, le confiaron la tarea de terminar la capilla de los Brancacci, en la iglesia del Carmine, que aquél había comenzado. Y antes de empezar esa obra hizo, como ensayo, el San Pablo que está cerca de las cuerdas de las campanas, mostrando así los progresos que había realizado en el arte. Y, a la verdad, demostró infinito mérito en esa pintura, pues la cabeza del Santo -que es el retrato del natural de Bartolo di Angiolino Angiolini(3) tiene tal energía, que sólo le falta la palabra. Y quien no conociera a San Pablo, viendo esa figura, reconocería al hombre de bien, al ciudadano romano dotado de la invicta fortaleza de su espíritu devotísimo, completamente entregado al servicio de la Fe. En esta misma pintura mostró su capacidad en materia de escorzos, al hacer la figura vista desde abajo, de una manera realmente maravillosa; en los pies del apóstol se advierte cómo superó enteramente una dificultad con que tropezaban quienes practicaban el antiguo y tosco método según el cual, como ya lo dije, todas las figuras parecían estar en puntas de pies, y que subsistió, sin que nadie lo corrigiera, hasta los días de Masaccio. Él solo, antes que ningún otro, dio a ese recurso la perfección que tiene hoy. Ocurrió que mientras trabajaba en esa obra fue consagrada dicha iglesia del Carmine. Y Masaccio, en recuerdo de ese acontecimiento, pintó en claroscuro y con tierra verde, sobre la puerta que del claustro va al convento, toda la ceremonia sagrada. Allí retrató a infinito número de ciudadanos con capa y capuchón, que siguen la procesión. Entre ellos representó a Filippo di ser Brunelleschi, con zuecos, a Donatello, Masolino da Panicale -que fuera su maestro-, Antonio Brancacci -que le encargó la capilla-, Niccolò da Uzzano, Giovanni di Bicci de' Medici y Bartolomeo Valori, los cuales también están retratados por su mano en la casa de Simón Corsi, gentilhombre florentino. Retrató, asimismo, a Lorenzo Ridolfi, que en aquella época era embajador de la República florentina en Venecia, y no sólo puso a los gentileshombres mencionados, tomados del natural, sino que pintó, a la puerta del convento, al portero con las llaves en la mano. Esta obra contiene, a la verdad, muchas perfecciones. Masaccio supo poner tan bien en el plano de aquella plaza, de a cinco y seis en fondo, a toda esa columna de gente que va disminuyendo en proporción y lógicamente, de acuerdo con la visual, que es una verdadera maravilla, destacándose la circunstancia de que -para que se los reconozca, como si estuvieran vivos- no hizo a todos esos hombres de una misma estatura, sino con bien observada distinción entre los pequeños y gruesos y los altos y delgados. Y todos están bien plantados en el suelo y forman una fila completamente ajustada a lo natural por el acortamiento de las figuras. Después de esto volvió al trabajo en la capilla Brancacci y, continuando las escenas de la vida de San Pedro comenzadas por Masolino, concluyó una parte que incluye la historia de las llaves, la curación de los lisiados, la resurrección de los muertos y el restablecimiento de los enfermos con su sombra, al dirigirse al templo con San Juan.

 

Masaccio - El tributo Masaccio – El tributo

 

Pero entre las demás, notabilísimas, se destaca aquella escena en que San Pedro, para pagar el tributo, saca los dineros del vientre del pescado, de acuerdo con las instrucciones de Cristo. Masaccio se pintó a sí mismo, con la ayuda de un espejo, como uno de los apóstoles, el último del grupo, y esa figura es tan buena que parece viva. También son dignos de encomio el ardor de San Pedro en su demanda y la atención de los apóstoles que en diversas actitudes rodean a Cristo, aguardando su decisión con gestos tan animados, que verdaderamente parecen estar dotados de vida. Y lo sobresaliente es el San Pedro que, al esforzarse por sacar los dineros del vientre del pescado, tiene la cara arrebatada como consecuencia de permanecer inclinado, y mucho más cuando paga el tributo, donde se ve el ademán de contar el dinero y la avidez del que lo recibe y mira con gran placer las monedas que tiene en la mano. Pintó también Masaccio la resurrección del hijo del rey por San Pedro y San Pablo, aunque, a causa de la muerte del pintor, esa obra quedó inconclusa y la terminó más tarde Filippino(4) En la escena en que San Pedro bautiza, se aprecia mucho un desnudo que, entre los demás bautizados, tiembla de frío: está ejecutado con bellísimo relieve y suave oficio, cosa que los artistas antiguos y modernos siempre han reverenciado y admirado. Por consiguiente, innumerables dibujantes y maestros han frecuentado continuamente hasta hoy esa capilla, en que hay, además, algunas cabezas tan vivientes y bellas, que bien puede decirse que ningún maestro de aquella época se acercó tanto como Masaccio a los modernos. Sus esfuerzos merecieron infinitas alabanzas, sobre todo porque mediante su enseñanza abrió el camino al buen estilo de nuestros tiempos. La verdad de lo que digo se demuestra porque todos los más celebrados escultores y pintores que actuaron después de él ejercitándose y estudiando en esa capilla, alcanzaron la excelencia y la fama: son ellos Fra Giovanni da Fiesole, Fra Filippo, Filippino -que la terminó-, Alesso Baldovinetti, Andrea del Castagno, Andrea del Verroccio, Domenico del Grillandaio, Sandro de Botticello, Lionardo da Vinci, Pietro Perugino, Fra Bartolommeo di San Marco, Mariotto Albertinelli y el divinísimo Miguel Ángel Buonarroti.

También Rafael de Urbino sacó de allí el principio de su buen estilo; el Granaccio, Lorenzo di Credi, Ridolfo del Grillandaio, Andrea del Sarto, el Rosso, el Franciabigio, Baccio Bandinelli, Alonso el Español, Iacopo da Pontormo, Pierino del Vaga, Toto del Nunziata y, en suma, todos los que trataron de aprender ese arte, siempre fueron a estudiar a esa capilla, para aprender los preceptos y las reglas del buen oficio en las figuras de Masaccio. Y si no he nombrado a muchos forasteros y muchos florentinos que estudiaron en esa capilla, bastará decir que a donde corren las cabezas del arte también concurren los miembros. Pero aunque las obras de Masaccio han gozado siempre de tan alta reputación, es, sin embargo, opinión y creencia firme de muchos que habría hecho dar frutos aún mejores a su arte, si la muerte, que lo arrebató a la edad de veintiséis años, no le hubiese escatimado el tiempo. Pero, sea a causa de la envidia o porque quizá las cosas buenas comúnmente no duran mucho, murió en la flor de la edad, y en forma tan súbita que no faltó quien se preguntase si el veneno, y no otro accidente, era la causa de su desaparición.

 

Masaccio - San Pedro bautizando Masaccio - San Pedro bautizando

 

Dicen que, enterándose de la muerte de Masaccio, Filippo di ser Brunelleschi declaró: «Hemos sufrido una gran pérdida en Masaccio», y que sintió infinito pesar, porque se había esforzado mucho en enseñarle muchas cuestiones de perspectiva y arquitectura. Fue sepultado en la misma iglesia del Carmine, en el año 1443, y si bien no fue puesta en su sepulcro inscripción conmemorativa alguna, por haber sido poco estimado en vida,(5) no ha faltado quien, después de su muerte, lo honrara con los siguientes epitafios:

 

DE ANÍBAL CARO:

Pinsi, e la mia pittura al ver fu pari;

L'atteggiai, l'avvivai, le diedi il moto, Le diedi affetto. Insegni il Bonarroto

A tutti gli altri, e da me solo impari .(6)

 

DE FABIO SEGNI:

INVIDA cur, Lachesis, primo sub flore juventæ

Pollice discindis stamina funereo?

Hoc uno occiso, innumeros occidis Apelles: Picturæ omnis obiit, hoc obeunte, lepos.

Hoc solo extincto, extinguntur sydera cuncta. Heu! decus omne perit, hoce pereunt, simul. (7)

 

Notas

1. Brunelleschi, Donatello, Ghiberti

2. «Maso» sería el diminutivo de Tommaso; «Masaccio» equivale a «Tomasote».

3. Magistrado florentino en los años 1406-1432

4. Filippino Lippi

5. No condice esto con las previas declaraciones acerca del favor de Cosme de Médicis, la admiración de Brunelleschi y demás

6. Pinté, y mi pintura estuvo al par de la naturaleza; le di el ademán, le di la vida, le di el movimiento, le di el sentimiento. Buonarroti enseñe a todos los demás, y tú sólo de mí aprende.

7. ¿Por qué, oh Láquesis, con mano implacable tejes engañoso hilo bajo la flor de la juventud? Cortado, murieron en él muchos Apeles; una vez roto, se extinguieron las estrellas, y, ¡ay!, al mismo tiempo que él la gloria pereció.

 

Giorgio Vasari – Vida de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos

Selección, traducción y estudio preliminar: Julio Payró

Editorial Océano

 

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