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4 mar. 2012

Ramón Llull: Del orden de caballería y del oficio que pertenece al caballero

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1. El fin y la intención por la cual comenzó el orden de caballería, constituyen el oficio de caballero. De modo que si el caballero no usa del oficio propio de caballería, es contrario al orden y a los principios de Caballería, de que antes hemos hablado. Por contrariedad el caballero no sería verdadero caballero, aun llamado así; y es más vil que el tejedor o trompetero que siguen bien sus propios oficios.

2. Es oficio del caballero mantener y defender la santa Fe católica, por la cual Dios padre envió a su Hijo a tomar carne en la Virgen gloriosa nuestra Dama Santa María; y para honrar a la Fe y multiplicarla, sufrió en este mundo muchos trabajos, muchas injurias y una muerte dolorosa. Así como nuestro Señor Dios ha elegido clérigos para mantener la santa Fe con escrituras y pruebas necesarias, predicándola a los infieles con una gran caridad que aun la muerte les es deseable; de esta suerte el Dios de la Gloria ha elegido caballeros que, por fuerza de armas, venzan y se apoderen de los infieles que cada día se afanan en destruir la Santa Iglesia. Por lo mismo tiene Dios tan honrados a los caballeros en este mundo y en el otro, cuando son mantenedores y defensores del oficio de Dios y de la Fe por la cual nos hemos de salvar.

3. El caballero que tiene fe, y no abra según la fe, y es contrario a los que la mantienen, es como entendimiento de hombre al que Dios ha dado la razón, y usa de la sinrazón y de la ignorancia. De esta suerte quien tiene fe y es contrario a la fe, quisiera ser salvado por lo que está contra fe; y por lo mismo su querer concuerda con el descreimiento, que es contrario a la fe y a la salvación; por cuya falta el hombre será juzgado y condenado a trabajos sin fin.

4. Muchos son los oficios que Dios ha dado en este mundo para ser servido por los hombres; pero los más nobles, los más honrados y los más cercanos de los oficios que hay en este mundo, son el oficio de clérigo y el oficio de caballero. Por esta misma razón la mayor amistad que puede haber en este mundo, debería ser entre clérigo y caballero. Porque así, como el clérigo, siguiendo el orden de clerecía, no es contrario al orden de caballería, el caballero no mantiene este orden suyo, cuando es contrario o desobediente a los clérigos, que vienen obligados a amar y mantener el orden de caballería.

5. El orden no obliga solamente para que se ame la orden en que son; sino también para amar en él a los otros órdenes. De esta suerte, amar un orden, y desamar a otro, no es permanecer en orden ni mantenerlo; porque no hay orden alguno dado por Dios que pueda ser contrario. Por esto, si se da algún religioso que ama tanto a su orden, que se muestra enemigo de otra, en realidad no sigue su orden; y de la misma manera no cumple con oficio de amar a su orden cuando menosprecia otros órdenes. En efecto, si el caballero mantuviese el orden de caballería desamando y destruyendo otro orden, seguiríase que Dios y orden serían contrarios; contrariedad que no puede ser.

6. El oficio de caballero es tan noble cosa que cada uno de los caballeros debiera ser señor y regidor de tierra; mas, por los muchos caballeros que son, bastarían las tierras. Para significar que un solo Dios es señor de todas las cosas, el Emperador debe ser señor de todos los caballeros. Mas como el Emperador no podría por sí mismo regir a tantos caballeros, conviene que tenga debajo a los reyes que sean caballeros, y le ayuden a mantener el orden de caballería. Mas los reyes deben tener bajo sí condes, comodoros, varvesores, y así otros grados de caballería; y debajo estos grados debe haber caballeros de un escudo gobernados y poseídos por los antedichos grados de caballería.

7. Para demostrar la excelente señoría, sabiduría y poder de nuestro Señor Dios, que es uno, y puede y sabe regir y gobernar cuanto es, sería cosa inconveniente que un caballero solo se atreviese y pudiese regir por sí mismo todas las gentes de este mundo; y si lo pretendiera, no quedaría significada bien la señoría, el poder y la sabiduría de Dios; el cual ha querido que -para regir a todas las gentes- haya necesidad de muchos oficiales que sean caballeros. Por esto mismo, el Rey o el Príncipe que hace procuradores, vegueres, bailes, a hombres que no son caballeros, obra contra el oficio de caballería; siendo cosa conveniente, por la dignidad del oficio, sea señor un caballero y no otro hombre; porque por el honor del oficio se ha de buscar al hombre de oficio más honrado. Por el honor de su orden, tiene el caballero nobleza de corazón; y por nobleza de ánimo se inclina más tardíamente a la villanía que otros hombres y a la maldad y engaño.

8. Es oficio de caballero mantener y defender a su señor terrenal. Porque ni el Rey, ni el Príncipe o alto Barón podrían mantener en derechura a sus gentes, si no se les ayudase. Por donde, si el pueblo o algún hombre va contra el mandamiento del Rey o del Príncipe, conviene que los caballeros ayuden a su señor; porque en realidad, siendo el Rey un hombre solo, vale solamente como cualquier otro hombre solo. Por esto también el caballero malvado, que ayuda antes al pueblo que a su señor, o que quiere hacerse señor del pueblo, desposeyendo al señor legítimo, no sigue el oficio por el cual es llamado caballero.

9. La justicia debe ser mantenida por los caballeros. Así como los jueces tienen el oficio de juzgar; así los caballeros tienen el oficio de mantener la justicia. Si ser caballero y hombre de letras se conviniesen tan hondamente en un caballero; que su ciencia bastase para ser juez, el caballero debería serlo; porque es más conveniente que lo sea un caballero por quien la justicia ha de ser mantenida, que por quien la justicia no puede ser mantenida.

10. Es oficio de caballero, cabalgar y moderarse; correr lanzas; concurrir con armas a torneos y justas; hacer tablas redondas; esgrimir; cazar ciervos, osos, leones. Estas y otras cosas semejantes son del oficio de caballero; porque por estas cosas los caballeros se acostumbran a los hechos de armas y a mantener el orden de caballería. Despreciar los usos y costumbres en estas y otras semejantes cosas, que habitúan al caballero a usar bien de su oficio, fuera menospreciar el orden de caballería.

11. Todas las cosas que hemos referido pertenecen al oficio de caballero en cuanto al cuerpo. Del mismo modo pertenecen al oficio de caballero, en cuanto al alma, justicia, sabiduría, caridad, lealtad, verdad, humildad, fortaleza, esperanza, experiencia, y otras virtudes semejantes a éstas. En tanto grado esto es verdad, que el caballero que usa de las cosas que pertenecen a su oficio en cuanto al cuerpo, y no usa en cuanto al alma de aquellas virtudes que son propias de la caballería, no es amigo del orden de caballería. En efecto, si lo fuese, seguiríase que cuerpo y caballería serían contrarios al alma y a sus virtudes; mas esto no es cierto.

12. Es oficio de caballero mantener la tierra; porque por el miedo que causan los caballeros, los malos no se atreven a destruir las tierras; y también los reyes y los príncipes, por temor de los caballeros, no se combaten los unos a los otros. El malvado caballero que no ayuda a su señor terrenal y natural contra otro príncipe, es caballero sin oficio; de la manera que fe sin obras es así como incredulidad, que es contra la Fe. Y si un tal caballero siguiere en el orden de caballería, ésta y aquello constituirían una injuria para con el caballero que combate hasta la muerte por la justicia, o manteniendo y defendiendo a su señor.

13. Todo oficio que ha sido hecho, puede ser desecho; porque si lo que ha sido hecho, no pudiese ser deshecho y destruido, sería algo semejante a Dios, que no ha sido hecho y no puede ser destruido. Por lo mismo, como el oficio de caballería ha sido hecho y ordenado por Dios, y es mantenido por aquellos que aman y son y permanecen en orden de caballería; por lo mismo destruye el caballero en sí mismo la caballería cuando desama el oficio de caballero, o se sale del orden de caballería.

14. El Rey o el Príncipe que destruyen en sí mismos el orden de caballería, no solamente destruyen al caballero que está en ellos, sino aun a los caballeros que le están sometidos; los cuales, por el mal ejemplo de su señor y con el fin de adularle, siguen sus malvadas enseñanzas, haciendo lo que es contrario a la caballería y al orden de caballero Por lo mismo, los príncipes malvados, no sólo son contrarios personalmente al orden de caballería, sino que aun deshacen el sentido caballeresco en sus sometidos. Por lo cual, si expulsar a un caballero del orden de caballería constituye una gran protervidad y gran vileza de ánimo, ¡con cuanta más razón la comete quien eche a muchos caballeros del orden de caballería!

15. ¡Oh, qué gran fuerza tiene el ánimo del buen caballero que vence y se apodera de muchos caballeros malvados! ¡El cual caballero es aquel príncipe o alto barón que aman tanto al orden de caballería, oyendo de continuo a tantos y tan malvados caballeros, o llamados así, que cada día le aconsejan que haga maldades, cometa errores y engaños para destruir con ello el orden de caballería en sí mismos; y no obstante, estos bienaventurados príncipes, por la sola nobleza de su ánimo y con la ayuda que les presta caballería y su orden, destruyen y vencen a todos los enemigos del orden caballeresco!

16. Si caballería fuese más cosa de fuerza corporal que fuerza de ánimo, seguiríase que el orden de caballería concordaría mejor y más fuertemente con el cuerpo que con el alma. Ahora bien, la nobleza del ánimo no puede ser vencida, ni puede ser raptada por un hombre ni por todos los hombres que son; y el cuerpo puede ser vencido por otro, y tomado preso; por lo cual el malvado caballero que más ama la fuerza del cuerpo, decae en fuerza de ánimo, y huye de la batalla, y desampara a su señor, según la bajeza y flaqueza de su coraje; y así no usa del oficio de caballero, ni es servidor y obediente al honrado orden de caballería cuyo principio es la nobleza del coraje.

17. Si una nobleza menor de coraje conviniere mejor con el orden de caballería que la mayor nobleza, concordarían flaqueza y cobardía, contra ardimiento y fortaleza de ánimo; y si fuere así, la flaqueza y la cobardía fueran oficio de caballero; y ardimiento y fuerza desordenarían el orden de caballería. Pero como es verdad todo lo contrario, por lo mismo si tú, caballero, quieres y amas mucho caballería, te conviene esforzarte a fin de que, cuantos más veas compañeros de armas y mesnada en cobardía, tengas mayor ardimiento de coraje y esperanza contra aquellos que son contra al orden de caballería. Si mueres por mantener caballería, ya no puedes amarla más, ni mejor sostenerla y servirla; porque caballería en ninguna parte se halla más agradablemente que en la nobleza de coraje. Ningún hombre puede amar más ni honrar mejor, ni tener mayor caballería que quien muere por su honor y su orden.

18. Mas caballería y ardimiento no concuerdan sin sabiduría y entendimiento; si no fuese así, convendrían con el orden de caballería la insensatez y la ignorancia. Si tal cosa ocurriese, la sabiduría y entendimiento, que son contrarios a la insensatez y a la ignorancia, serían contrarios al orden de caballería; y esto es imposible; imposibilidad que te significa a ti, caballero, que sientes tanto amor al orden de caballería, que así como caballería por nobleza de coraje te hace tener ardimiento y menospreciar los peligros, a fin de poder honrarla, así su orden te hace amor sabiduría y entendimiento, para honrar el orden contra el desorden que existe en los que pretenden seguir el honor de caballería por insensatez y falta de entendimiento.

19. Es oficio de caballero mantener viudas, huérfanos y pobres; porque es razón y costumbre que los mayores ayuden y defiendan a los menores, y los menores hayan refugio en los mayores; y es ésta la costumbre en el orden de caballería, por la cual es tan grande, honrada y poderosa en dar socorro y ayuda a los que le están debajo en honramiento como en fuerza. Por lo cual, forzar viudas, que han menester ayuda; desheredar huérfanos, que tienen necesidad de tutela; y robar y destruir a hombres mezquinos y pobres, a los que debe socorrer, equivale a concordar la maldad, el engaño, la crueldad y la culpa con la nobleza y el honor propios del orden de caballería. Si de aquella suerte obra un caballero, es que su orden es contrario a los principios del orden de caballería.

20. Si Dios ha dado ojos al menestral para que vea y pueda obrar; y al hombre pecador ha dado ojos para que pueda llorar sus pecados; ha dado también al caballero un corazón que sea cámara donde resida la nobleza del coraje; y al caballero que se halla en la plenitud de su fuerza y de su honor, ha dado un corazón para que en él estén la piedad y la merced, para ayudar, salvar y guardar a los que levantan sus ojos con llantos, y sus corazones con esperanza; a los caballeros para que les ayuden y defiendan y asistan en sus necesidades. Por lo cual, si el caballero no tiene ojos para ver a los desapoderados de la fortuna; ni tiene corazón con que piense en sus necesidades, no es verdadero caballero, ni permanece realmente en orden de caballería; porque caballería es una cosa tan alta y tan noble, que echa de su orden y de sus beneficios a los obcecados y de vil coraje.

21. Si oficio de caballería fuese el de robar y destruir a pobres y humildes; de engañar; de forzar viudas y otras hembras; muy grande y noble oficio fuera el de ayudar y mantener huérfanos, viudas y pobres. ¡Porque si lo que es maldad y engaño fuere en orden de caballería, que es tan honrado; y caballería tuviere su honra en la maldad, la traición y la crueldad, ¡cuanto más fuertemente sería honrado por sobre el orden de caballería el que tuviere por honor la lealtad, la cortesía, la liberalidad y la piedad!

22. Es oficio de caballero tener castillo y caballo para guardar caminos y defender a los labradores. Es oficio de caballero tener villas y ciudades, con el fin de regir a las gentes, y congregar y ajustar en un lugar a los herreros, carpinteros, zapateros, tejedores, mercaderes y otros oficios que pertenecen al ordenamiento de este mundo, y que son necesarios para conservar el cuerpo y atender a sus necesidades. Según esto y a fin de que los caballeros puedan mantener su oficio, están bien alojados, como lo están los señores de villas, castillos y ciudades. Si destruir villas, castillos y ciudades, quemar y devastar arboledas y plantaciones, matar los rebaños, y robar a los viandantes, fuese oficio de caballero, el obrar y edificar castillos, fortalezas, villas y ciudades, defender a los labradores y sostener atalayas para seguridad de los caminos, y otras cosas parecidas a éstas, serían desordenamiento de caballería. Y si fuese esto cierto, la caballería según fue creada como orden, sería una misma cosa con el orden y el desorden.

23. Así como el hacha ha sido hecha para cortar los árboles, así el caballero tiene el oficio de destruir a los malvados; y por lo mismo los caballeros deben perseguir a los traidores, ladrones y salteadores. Si, al contrario, el caballero es ladrón, salteador y traidor; y los salteadores, ladrones y traidores deben ser perseguidos y muertos por los caballeros; si el caballero traidor o ladrón quiere usar de su oficio, debe matarse a sí mismo; y sin hacerse justicia a sí mismo, quiere hacerla en los otros, entonces el orden de caballería mejor tiene cumplimiento en los otros que en sí mismo. Y como no es cosa debida que el hombre se mate a sí mismo, por esto el caballero traidor, salteador y ladrón debe ser eliminado y muerto por otro caballero. Y si el otro caballero sufre y mantiene al caballero salteador, ladrón o traidor, va contra su oficio, cuando mata y destruye a los demás.

24. Si a ti, caballero, te duele una mano, o la tienes herida, el mal está más cercano a la otra mano que a mí ni otro hombre. De la misma manera, si existe un caballero traidor, ladrón o salteador, su vicio y sus faltas están más cerca de ti, que eres caballero, que de quien no lo es. Por lo tanto, si tu propio mal te da trabajo a ti, antes que a mí, ¿por qué excusas o mantienes al caballero enemigo del honor de caballería y por qué hablas mal de los que no son caballeros porque hacen precisamente lo que aquel hace?

25. Un caballero ladrón, mayor latrocinio comete contra el alto honor de caballería robándose a sí mismo y robándole el honor, que cuando roba dineros u otras cosas a los demás. Porque robar honra, es robar lo que vale más que dineros, que oro y plata; por lo cual es mayor pecado envilecer caballería, que robar dinero y otras cosas que no son caballería. Porque de no ser así, seguiríase que, o bien los dineros y las cosas que hurta son mejores que el mismo hombre, o que es mayor latrocinio robar un dinero que muchos dineros.

26. Si es caballero el traidor que mata a su señor, o que yace con su mujer, o traiciona su castillo, ¿qué será el hombre que sabe morir para defender y honrar a su señor? Y si el caballero traidor es bien habido por el señor, ¿qué falta será preciso que cometa para ser reprendido y castigado? Si el señor no mantiene el honor de caballería contra su caballero traidor ¿en quién mantendrá el honor? Y si no destruye al traidor, ¿qué cosa destruirá? ¿Por qué es señor, por qué es hombre, o cosa alguna?

27. Si es oficio del caballero raptar o combatir traidoramente; y si es oficio de caballero traidor esconderse, y combatir a traición al leal caballero, ¿cuál de estos dos es el verdadero caballero? Si el ánimo malvado del caballero traidor sólo cuida de dominar el coraje del caballero leal, el alto coraje que combate lealmente ¿qué cuida vencer y dominar? Si el caballero amigo de caballería y de lealtad es vencido, ¿qué pecado ha cometido, y dónde ha ido a parar el honor de caballería?

28. Si robar fuese propio del orden de caballería, el dar sería contrario al orden; y si el dar conviniese con algún oficio, ¿qué valor no tendría el hombre que tuviese el oficio de dar? Y si dar las cosas robadas conviniese con el honor de caballería, el restituir ¿a qué oficio pertenecería? Si quitar y poseer un caballero las cosas que Dios, ha dado a otros, es cosa posible, ¿qué es lo que el caballero honorablemente no puede poseer?

29. Poco entiende de mando el que confía sus ovejas al lobo hambriento; quien encomienda su mujer a caballero joven y traidor; y quien a caballero desleal, avaro y ladrón confía su fuerte castillo; si tal hombre entiende poco de recomendar, ¿quién será quien sepa encomendar las cosas sabiamente? ¿Quién será quien sepa guardar y entregar sus cosas a quien conviene, si no es el caballero perfecto?

30. ¿Sabes de algún caballero que no desee recobrar su castillo? ¿Sería caballero quien confiase su mujer a caballero traidor; o caballero ladrón que no se escondiera para robar? Y si sabes que ninguno de éstos es verdadero caballero, ni regla ni orden podrán tenerlos por tales.

31. Es un mandamiento de la Ley que el hombre no sea perjuro. Por lo cual, si jurar falsamente no es contrario al orden de caballería, Dios, que hizo el mandamiento, y caballería, serían contrarios; y si lo son, ¿dónde está la honra de la caballería, o cuál oficio es el suyo? Mas si Dios y caballería concuerdan, conviene que los que mantienen caballería no sean perjuros. Si hacer votos y prometer a Dios y jurar en verdad no se halla en el orden de caballería, ¿qué es lo que se halla en el orden de caballería?

32. Tener presto el arnés y bien cuidado el caballo, es propio del oficio de caballería; y si jugarse el arnés o el caballo se halla en orden de caballería el oficio de caballero sería y no sería; y ser y no ser son cosas contrarias; y por esto perder el arnés no es propio del orden de caballero; ni se da caballería sin armas ni caballo, pues por todo esto el que pertenece al orden es llamado caballero.

33. Si concordasen justicia y lujuria, caballería, que concuerda con justicia, concordaría con lujuria; y castidad, que es lo contrario de lujuria, sería contra el honor de caballería. Y si así fuere, sería verdad que los caballeros mantienen su orden para mantener lujuria. Y si justicia y lujuria son contrarios, y caballería es orden de mantener justicia, caballero lujurioso y caballería son contrarios; y siéndolo, el vicio que más debiera abominarse ha ser el de la lujuria. Si el vicio de la lujuria fuese castigado como conviene, de ningún orden serían echados tantos hombres, como pudieran serlo del orden de caballería.

34. Si justicia y humildad fuesen contrarios, caballería, que concuerda con la justicia, sería contra la humildad, y concordaría con el orgullo. Y si el caballero orgulloso mantiene el orden de caballería, fue muy otra aquella caballería que comenzando por la justicia mantenía y defendía a los humildes contra los orgullosos, y por tanto injustos. Si la verdad es ésta, los caballeros de nuestro tiempo no son como los caballeros de entonces. Si los caballeros de ahora, que tienen la regla y el oficio de caballero, usasen de una y de otro, como los primeros caballeros, no habría la maldad que vemos en estos caballeros de hoy tan orgullosos e injuriosos. Si el orgullo y la injuria lo fuesen todo, ¿qué son la humildad y la justicia? ¿Dónde están? ¿Quién tiene el oficio de mantenerlas?

35. Si la justicia y la paz fuesen contrarios, la caballería, que concuerda con la justicia, sería contraria a la paz; y si es así, serían verdaderos caballeros los que son enemigos de la paz y aman la guerra; y los que pacifican a las gentes, y las libran de trabajos, serían injuriosos y contra el orden de caballería. Y yo pregunto: si los caballeros de hoy, usando del oficio propio de la caballería son injuriosos, guerreros, amadores del mal y de las penalidades ajenas, ¿qué fueron los caballeros de antes, que armonizaban la justicia con la paz, y pacificaban a los hombres por medio de la justicia y de las armas? Porque como entonces, hoy debe ser oficio de caballero pacificar a los hombres; y si los caballeros de hoy son guerreros e injuriosos, no siguen en realidad el orden de caballería, ni tienen oficio de caballero. Y en tal caso, ¿dónde está caballería? ¿Cuántos y cuáles son los que permanecen en su orden?

36. Muchas maneras hay según las cuales un caballero puede y debe usar del oficio de caballería; pero como hemos de tratar de otras cosas, por esto mismo, tratamos aquellas cosas tan abreviadamente como podemos, a fin de pasar a lo que nos requiere un escudero cortés, leal y verdadero, que ha seguido largo tiempo la regla del caballero; para el cual hacemos concisamente este libro, porque muy en breve ha de ser armado nuevo caballero.




Libro del Orden de Caballería (Mallorca, 1281) Segunda parte
Imagen: Estatua de Ramon Llull en la Universidad de Barcelona