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11 abr. 2009

Ramón Llull: Del ascenso y descenso del entendimiento (tres fragmentos)

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Distinción II: Qué trata de la piedra el acto de la piedra
1. Hay cinco sentidos (como es notorio); éstos son la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto: a éstos añadimos otro que nuevamente hemos conocido y descubierto, el cual es el afato, y sin el cual no puede haber perfecta ciencia ni tenerse de las cosas.
2. De los seis expresados sentidos, tiene los cuatro su propio acto en la piedra, porque la vista la ve, el oído la oye, el afato la nombra y el tacto la toca, no teniendo el gusto ni el olfato actos semejantes en ella, respecto de no ser ente gustable ni odorable.
3. Luego que los sentidos acaban la operación de sus actos en la piedra, la imaginación abstrae de ellos las semejanzas que han percibido de ella y las hace imaginables en su misma esencia y naturaleza, las que después de imaginadas abstrae el entendimiento de la imaginación, y en su esencia y naturaleza las hace inteligibles o entendidas: en que se manifiesta el modo que tiene el entendimiento para ascender de lo sensible a lo inteligible, sin dudar ni creer, porque la experiencia no se lo permite.

De la pasión de la piedra
1. Es la piedra un ente pasivo, bajo del sentido como queda dicho; pero no generalmente de todos ellos, porque por no ser gustable, ni odorable, no pueden tener en ella sus actos el gusto, ni el olfato.
2. Percibe la vista en la piedra color y figura, y por medio de la misma potencia visiva, comprende el entendimiento el color y la figura de la misma piedra, sin duda ni credulidad, y sin que la imaginación tenga acción, porque la presencia de la piedra y el acto actual de la potencia visiva no lo permiten, como también, porque la imaginación no puede tener acto sin especie: en lo que se manifiesta que el entendimiento con solo el acto de la vista, y sin concurrencia de la imaginación puede entender, como cualquiera puede experimentar en sí mismo.
3. El hombre, cerrados los ojos, no ve la piedra, pero la imaginación la imagina si antes por medio de la vista recibió la especie; y así por medio de ella, y sin la vista en acto actual, el entendimiento entiende que la piedra tiene color y figura, y que la misma piedra tiene pasión bajo los actos de la imaginación y del entendimiento, sin concurrencia de la vista entonces, como cualquiera puede experimentar: de lo que el entendimiento hace ciencia.
4. Tiene la piedra pasiones bajo las potencias activa y auditiva, porque el afato la nombra hacienda de ella unas veces sujeto y otras predicado: v.g.: diciendo, la piedra es coloreada; el zafiro es piedra, y por el acto de oírlo la potencia auditiva tiene también pasión en la piedra, y así la piedra en un mismo instante es dos veces pasiva, cuyas pasiones recoge la imaginación, y de ella el entendimiento, haciéndola por este medio inteligibles; en que se manifiesta que la piedra es paciente bajo el sentido de imaginación y el entendimiento.
5. El hombre que tiene en la mano una piedra siente en ella pasiones por medio del tacto, que siente su dureza, frialdad, peso, ligereza y aspereza sin sucesión. Estas pasiones recoge del tacto la imaginación, pero no lo puede hacer sin sucesión de tiempo, y lo mismo es del entendimiento, quien sucesivamente las saca y recoge de la imaginación, por lo que éste se admira de que siendo la imaginativa más noble potencia que la sensitiva, y siendo él más que la sensitiva e imaginativa, el tacto perciba sin sucesión muchas pasiones en la piedra, y el mismo entendimiento y la imaginación no puedan percibirlas, sino con ella y una después de otra. Pero descendiendo a la potencia tactiva, considera que así como ella a un mismo tiempo es general para percibir muchas pasiones, así él y la imaginativa son generales para comprenderlas juntas, cuando las tiene en hábito por medio del afato y el oído: pero que por causa de que por ellos las perciben sucesivamente ni pueden usar de ellas sin sucesión, si antecedentemente no las tienen recogidas y habituadas; mas la potencia tactiva sin sucesión las percibe, por no percibirlas mediante el afato, oído y vista; y en este caso se manifiesta de qué modo el entendimiento es práctico y general: práctico por la sucesión; teórico y general por el hábito.
6. Vuelve a descender el entendimiento a la piedra, y por medio del tacto e imaginación, considera que su frialdad es una cualidad y su dureza otra, y que no siendo éstas propias pasiones suyas, sino es apropiadas (por ser inseparables del sujeto que las sustenta), conoce que en la piedra hay agua y tierra, porque la frialdad es propia e inseparable cualidad del agua, y la dureza de la tierra, y conoce también que en la piedra están los elementos: pero la potencia sensitiva no puede percibirlos si no es mediante el afato y el oído, pues aunque por el tacto perciba frialdad, y dureza en la piedra, éstas no son los elementos, sino es sus cualidades.
7. En tanto que el entendimiento por este medio conoce que en la piedra están los elementos de agua y tierra, se admira cómo no percibe el aire y el fuego, siendo así que la piedra es un compuesto de los cuatro elementos, y entonces vuelve a descender y por medio de la potencia visiva, que ve salir fuego del pedernal herido con el hierro, alcanza que en la piedra hay fuego y se mueve a inquirir de nuevo si en ella está el aire, y percibiendo diafanidad por medio de la misma potencia en el zafiro, esmeralda y rubí, y que cuando son intensos en el color, colorean el aire, del cual es propio color, la diafanidad alcanza que el aire está en la piedra y conoce también que lo que no puede percibir por medio de un sentido particular, lo percibe por medio de otro.
8. Es la piedra movible con movimiento violento y natural: violento cuando se arroja con impulso al aire, y natural cuando desciendo, pues entonces se mueve con su gravedad, cuyos movimientos son sensible por la vista, imaginables por la imaginación e inteligibles por el entendimiento, sin duda ni credulidad, por causa de las sensuales experiencias.
9. En tanto que el entendimiento así las conoce, considera dónde se coligen y caracterizan y halla que en el sensible, que es propia pasión del sentido común, y extrínseca de la esencia de al piedra, respecto de que ella por sí no siente, sino que es sentida por otro, que no es de su esencia, y distinguiéndose el sentido común esencialmente de la piedra, de la imaginación y del entendimiento; y estando en él la potencia sensitiva activa, con la cual como eficiente, obra y colige las pasiones de la piedra, haciéndolas sensibles, se manifiesta que lo sensible, lo sensitivo y el sentir son partes esenciales y connaturales del sentido común, de las cuales consta está constituida.

De la naturaleza de la piedra
1. En viendo el hombre la piedra conoce que el color y la figura son sus accidentes, y viendo también que el jaspe tiene virtud de restriñir la sangre, el zafiro de curar los ojos, el imán de atraer el hierro; por medio de la imaginación y el entendimiento, conoce que la piedra en general tiene naturaleza, porque si no, al vista no pudiera percibir en las antecedentes tan distintas acciones: mas,. No obstante, se admira por no alcanzar en qué puede consistir que las expresadas u otras piedras preciosas tenga mejores virtudes que las vulgares o campestres, hasta que ayudado de su mismo entendimiento que es potencia que usa de razón y reflecta sobre si, conoce que así como el sentido común tiene naturaleza de juzgar de los objetos de los sentidos particulares y de sus diferencias, así la piedra tiene naturaleza en la cual y con la cual tiene muchas formas específicas por medio de las cuales tiene su modo de obrar, y así obra u opera por medio del jaspe con la forma específica de restriñir la sangre; con la del zafiro, con la de sanar los ojos; y con la del imán, con la de atraer el hierro y así de las demás.
2. En tanto que el entendimiento así elevado discurre sobre la naturaleza de las piedras y sus virtudes y de dónde dimanan, considera que los cuerpos celestes son principalmente las causas naturales de ellas, como Saturno, que siendo seco y frío, efectivamente causa en el jaspe la misma sequedad y frialdad, con las cuales tiene naturaleza de restriñir la sangre, y así de las otras cosas semejantes a éstas.
3. Vuelve a dudar el entendimiento cuál sea el medio que entre el jaspe y Saturno esté separado del género de sequedad y frialdad, y cree que este medio es natural bondad, natural grandeza, y natural virtud, etc., de Saturno y del jaspe, mediante las cuales Saturno influye en él la natural bondad, natural grandeza y natural virtud de restriñir la sangre que dejo expresada; y al causa de creer y no entenderlo bien es porque de ello no tiene experiencia por los sentidos.
4. Teniendo el hombre en la mano una piedra siente el tacto su frialdad, dureza y gravedad, y esto lo percibe en instante el sentido común, pero la imaginación no puede percibirlo sino sucesivamente y cada cosa de por sí, no el entendimiento con ser potencia más perfecta, de lo que admirado considera la naturaleza del tacto y de la piedra, y halla que la piedra y el tacto tienen en un instante muchas acciones como muchos actos él, la imaginación, el afato y el oído, aunque todos sucesivos, y sin poder tenerlos en instante como e  tacto. De que admirando vuelve a bajar a lo sensible y conoce que la piedra por el contacto está contigua con la mano, y que entre la piedra y la mano hay un medio común, aunque confuso, el cual ni es de la esencia de la piedra, ni de la mano, pero se comunican por él, y por su contacto; en cuyo acto de parte del tacto no hay sino un tocar o sentir indeterminado (confuso) y compuesto de la frialdad, dureza y gravedad; por cuya composición e indeterminación no puede la imaginación percibir juntamente todas aquellas cosas (y lo mismo le sucede al entendimiento), pues así como el punto es indivisible, lo es también para el tacto aquel indeterminado medio, y por eso percibe las cosas juntas; pero siendo éstas divisible a la imaginación, ésta las distingue y percibe sucesiva y distintamente, como también lo hace el entendimiento, afato y oído, y en este lugar se manifiesta cómo para adquirir perfecto conocimiento de las cosas confusas e indeterminadas se han de distinguir y separar sus accidentes o cualidades.
5. Queda explicado cómo la piedra tiene actos, pasiones y acciones naturales. En lo que el entendimiento conoce que la piedra tiene naturaleza, sin la cual no podría tenerlas, y por consecuencia conoce también que en la naturaleza de la piedra hay movimiento, sin el cual no podría tener actos, pasiones, ni acciones naturales. Pero no obstante, inquiere dónde percibe aquel movimiento, si intrínseca o extrínsecamente en la piedra o en otra cosa: y descendiendo al tacto, halla que el agua tiene acción, pues enfría la mano, y también la tierra, pues con su gravedad y peso la ofende, y así de los demás elementos; y asimismo halla que el jaspe mueve la sangre para que huya y se retire de él, y que el imán mueve al hierro atrayéndole, y la gravedad a la piedra para que descienda: en todo lo cual conoce que en la piedra hay propio natural movimiento por el cual tiene en sí natural moviente, natural movible y natural mover; esto es una simple naturaleza, natural virtud activa, natural virtud pasiva y natural virtud conexiva, sin los cuales no pudiera moverse a los referidos actos, pasiones y acciones.

ramon llull
El Libro del Ascenso y Descenso del Entendimiento, de Ramón Llul (1232?-1315; también conocido como Raimundo Lulio en español, como Raimundus o Raymundus Lullus o como Raymond Lully) va destinado, como él mismo dice, a los "...seglares, que desando adquirir las ciencias, no pueden conseguirlo; porque desde su juventud no las estudiaron, ni aprendieron sus propios términos y principios...". Adoctrina sobre cómo se ha de usar el entendimiento en el conocimiento de la naturaleza, ascendiendo primero a lo superior y descendiendo luego a lo inferior (recordar la Tabla....). La obra está dividida en diez Distinciones, a saber: escalas del entendimiento, de la piedra, de la llama, de la planta, del bruto, del hombre, del cielo, del ángel, de Dios, y en la última de "las cuestiones que se tratan...", explicitando que en ellas se cierra "...cuanto tiene ser". Se reproduce a continuación la Distinción II, que trata de la piedra, recomendando la lectura de toda la obra. Hay una edición de Orbis del año 85
El Libro del Ascenso y Descenso del Entendimiento fue escrito en Montpellier en 1304
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