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28 nov. 2014

Descarga: Enrique Lihn - Poesía de paso

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Descarga: Enrique Lihn - Poesía de paso

En su libro Poesía de paso (Premio Casa de las Américas 1966, Cuba), Enrique Lihn se instaló a mirar los ‘extremos de lo real’. Se trata de un gran cuaderno de prodigios en donde las líneas y las entrelíneas dialogan. Sílabas, íconos, figuras geométricas, recelos y desamores se ponen las máscaras que imaginó en la pintura James Ensor. Todo está en los extramuros de la memoria, como un gran teatro de títeres en donde la muerte mueve sus hilos.

17 may. 2013

Descarga: Enrique Lihn - Poesía de paso

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Descarga: Enrique Lihn - Poesía de paso

Poesía de Paso es sin duda el libro más importante del año. A través de un lenguaje densamente expresivo, trenzado en una modulación rítmica y sintáctica de primer orden, Enrique Lihn confirma en este libro su condición visionaria y su aptitud excepcional para trascender, universalizar, comunicar contagiosamente al lector sus más íntimas y personales experiencias.

12 may. 2013

Enrique Lihn: [Nada tiene que ver el dolor con el dolor]

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Nada tiene que ver el dolor con el dolor
nada tiene que ver la desesperación con la desesperación
Las palabras que usamos para designar esas cosas están viciadas
No hay nombres en la zona muda
Allí, según una imagen de uso, viciada espera la muerte a sus nuevos amantes
acicalada hasta la repugnancia, y los médicos
son sus peluqueros, sus manicuros, sus usurarios usuarios
la mezquinan, la dosifican, la domestican, la encarecen
porque esa bestia tufosa es una tremenda devoradora
Nada tiene que ver la muerte con esta imagen de la que me retracto
todas nuestras maneras de referirnos a las cosas están viciadas
y éste no es más que otro modo de viciarlas
Quizá los médicos no sean más que sabios y la muerte -la niña
de sus ojos- un querido problema
la ciencia lo resuelve con soluciones parciales, esto es, difiere
su nódulo insoluble sellando una pleura, para empezar
Puede que sea yo de esos que pagan cualquier cosa por esa tramitación
Me hundiré en el duelo de mí mismo, pero cuidando de mantener
ciertas formas como ahora en esta consulta
Quiero morir (de tal o cual manera) ese es ya un verbo descompuesto
y absurdo, y qué va, diré algo, pero razonable
mente, evidentemente fuera del lenguaje en esa
zona muda donde unos nombres que no alcanzan a ser
cuando ya uno, qué alivio, está muerto,
olvidado ojalá previamente de sí mismo
esa cosa muerta que existe en el lenguaje y que es
su presupuesto
Invoco en la consulta al Dios
de la no mismidad, pero sabiendo que se trata
de otra ficción más
sobre la unión de Oriente y Occidente
de acápites, comentarios y prólogos
Un muerto al que le quedan algunos meses de vida tendría que aprender
para dolerse, desesperarse y morir, un lenguaje limpio
que sólo fuera accesible más allá de las matemáticas a especialistas
de una ciencia imposible e igualmente válida
un lenguaje como un cuerpo operado de todos sus órganos
que viviera una fracción de segundo a la manera del resplandor
y que hablara lo mismo de la felicidad que de la desgracia
del dolor que del placer, con una sonriente
desesperación, pero esto es ya decir
una mera obviedad con el apoyo
de una figura retórica
mis palabras no pueden obviamente atravesar la barrera de ese lenguaje desconocido
ante el cual soy como un babuino llamado por extraterrestres a interpretar
el lenguaje humano
Ay dios habría que hablar de la felicidad de morir en alguna inasible forma
de eso que acompañó a la inocencia al orgasmo a todos y a cada uno
de los momentos que improntaron la memoria
con impresiones desaforadas
Cuando en la primera polución
-mucho más mística que la primera comunión- pensabas en Isabel
ella no era una persona sino su imagen el resplandor orgástico de esa creatura
que si vivió lo hizo para otros diluyéndose para ti carnalmente
                                                                         /en el tiempo de los demás
sin dejar más que el rastro de su resplandor en tu memoria
eso era la muerte y la muerte advino y devino
el click de la máquina de memorizar esa repugnante devoradora
acicalada en palabras como éstas tu poesía, en suma es la muerte
el sueño de la letra donde toda incomodidad tiene su asiento
la cárcel de tu ser que te privaba del otro nombre de amor
                                                               /escrito silenciosamente en el muro
o figuras obscenas untadas de vómito
tu vida que -otra palabra- se deslizó, sin haberse podido
engrupir en lo existente detenerse en lo pasajero hundir el hocico
feliz en el comedero, golpear por un asilo nocturno
con el amor como con una piedra
la muerte fue la que se disfrazó de mujer en el altillo
de una casa de piedra y para ti de sombra y humo y nada
porque ya no podías enamorar a su dueña, temblando
del placer de perderla bajo una claraboya con telarañas
tienes que reconstituir ese momento ahora que la dueña de la casa es la muerte
y no la otra, esa nada ese humo esa sombra
darte el placer de ser ella y de unirte a ella como los labios de Freud
que se besan a sí mismos




En Diario de muerte
Textos reunidos y transcriptos por Pedro Lastra y Adriana Valdés
Buenos Aires, Editorial Universitaria, 1989
Fuente foto

9 dic. 2011

Enrique Lihn: Si se ha de escribir correctamente poesía

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Si se ha de escribir correctamente poesía
no basta con sentirse desfallecer en el jardín
bajo el peso concertado del alma o lo que fuere
y del célebre crepúsculo o lo que fuere.
El corazón es pobre de vocabulario.
Su laberinto: un juego para atrasados mentales
en que da risa verlo moverse como un buey
un lector integral de novelas por entrega.
Desde el momento en que coge el violín
ni siquiera el Vals triste de Sibelius,
permanece en la sala que se llena de tango.

Salvo honrosas excepciones las poetisas uruguayas
todavía confunden la poesía con el baile
en una mórbida quinta de recreo,
o la confunden con el sexo o la confunden con la muerte.

Si se ha de escribir correctamente poesía
en cualquier caso hay que tomarlo con calma.
Lo primero de todo: sentarse y madurar.
El odio prematuro a la literatura
puede ser de utilidad para no pasar en el ejército
por maricón, pero el mismo Rimbaud
que probó que la odiaba fue un ratón de biblioteca,
y esa náusea gloriosa le vino de roerla.

Se juega al ajedrez
con las palabras hasta para aullar.
Equilibrio inestable de la tinta y la sangre
que debes mantener de un verso a otro
so pena de romperte los papeles del alma.
Muerte, locura y sueño son otras tantas piezas
de marfil y de cuerno o lo que fuere;
lo importante es moverlas en el jardín a cuadros
de manera que el peón que baila con la reina

no le perdone el menor paso en falso.

Quienes insisten en llamar a las cosas por sus nombres
como si fueran claras y sencillas
las llenan simplemente de nuevos ornamentos.
No las expresan, giran en torno al diccionario,
inutilizan más y más el lenguaje,
las llaman por sus nombres y ellas responden por sus nombres
pero se nos desnudan en los parajes oscuros.
Discursos, oraciones, juegos de sobremesa,
todas estas cositas por ·las que vamos tirando.

Si se ha de escribir correctamente poesía
no estaría de más bajar un poco el tono
sin adoptar por ello un silencio monolítico
ni decidirse por la murmuración.
Es un pez o algo así lo que esperamos pescar,
algo de vida, rápido, que se confunde con la sombra
y no la sombra misma ni el Leviatán entero.
Es algo que merezca recordarse
por alguna razón parecida a la nada
pero que no es la nada ni el Leviatán entero
ni exactamente un zapato ni una dentadura postiza.



En Antología de la poesía hispanoamericana
Selección de Juan Gustavo Cobo Borda
México, FCE, 1985
Fuente foto



25 sept. 2011

Enrique Lihn: Sólo historias como éstas

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Aquí habríamos llegado, después de esa breve
      estadía en Flandes el oscuro, sin que
      fuera necesario decir:
«Para mí solo», a la dueña de Zürich
como un viejo estudiante extraviado de ciudad.
      A este pequeño hotel primeramente
pues contra la barrera del idioma nada mejor
      que cerrar una puerta,
y en la tarde el tren vuela, lento, junto a los lagos
cuando ya no se lee la guía de turismo
en homenaje a las transfiguraciones.

Pero acaso estaríamos aún en Neuchatel. Créeme
      que dejé sin tocar esa ciudad
pues tampoco allí estabas, bien que el domingo
      la deshabitara,
y un buen fantasma de principios de siglo
no habría dado un paso más sin reencarnarse
—en un abrir y cerrar de sus ojos distintos—
me parece que junto a las casetas de baño:
miniaturas de viejos palacios de recreo.
Eras más bien allí ese momento justo
en que la soledad se vuelve peligrosa,
y no por las visiones, justamente, sino por un
      exceso de la propia presencia:
esa rara extrañeza de sí mismo que por sí misma se
      hace a todo extensible.

Junto al Léman, el reloj-jardín: «se prohibe a
      los niños jugar entre las horas». Para la
      primavera de los recién llegados,
una curiosidad, sencillamente; distraídas consultas
      a las tarjetas postales y ese limpio
      espaciarse del tiempo sobre el lago:
      volar de muchos cielos que se ajustan
como los accidentes de una misma sustancia:
¡El Tiempo! El cielo, al pie de sus grandes
      vertientes: Desembarcadero de las
      Aguas Vivas,
y el surtidor al centro como en un paraíso
de navidad en que el sol mismo prueba
el secreto inefable y oscuro de la nieve.
Parecía tan fácil encontrarte en Ginebra
al menos esa tarde en que me reconozco,
puente del Monte Blanco, camino de la noche;
adolescente a los treinta y cinco años, un raro
      privilegio
que la tierra concede al viejo fruto inmaduro:
      sentirse prometido a una nueva estación
que, ciertamente, no volverá por él: isla Rousseau,
      ¿responderían los cisnes
al silbido de Tristán—canciones de otra época—
      e Isolda escucharía ese llamado entre dos
      sorbos de cerveza,
pretextando una carta que escribir a sus padres?

La fantasía teje historias como éstas, pero la
      imaginación
se cumple en el silencio del poema que nace.
      Sólo historias como éstas, ya me lo parecía:
restos de hilos de todos los colores, modestos
      ejercicios escolares.
Y entre las hermosas estudiantas alemanas ninguna
      dio señales de leyenda,
ocupadas en mirar, desde otro ángulo, el lago.

Nombres distintos del amor, palabras que
      destruyen el idioma que forman
como una lengua en todas partes extranjera,
la del ebrio que todo lo abomina por igual,
      abandonado en el Puerto del Hambre,
en el Puerto de la Sed, en el Puerto de la Cólera.
El fetichismo es todavía posible; la oscilación entre
      los ritos de la inocencia y la danza frenética
      a que se entregan las máscaras.
Los rostros han perdido su valencia, lo supieron
las terribles tribus en los infiernos húmedos. Es necesario
      el exorcismo:
«Las máscaras protegen la familia, la vida conyugal,
      los diferentes oficios».



En Poesía de paso
Premio Casa de las Américas 1996
Fuente foto s-d



3 ago. 2011

Enrique Lihn: Para Mauricio Wacquez

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Quizá sea yo homosexual
Incestuoso soy de todas maneras
Amo a mi madre y a mi hija.
A aquélla en el lugar que no hay
Y que desapareció –atópico– bajo la presión de todos los lugares
Y que cedió desde el primer momento, el de mi vagido primero,
A la voracidad del tiempo.
A mi hija la he amado oficiosamente bajo la Ley del Incesto
No como un vulgar creyente sino como un envarado monaguillo.
De los fantasmas de ellas dos se han alimentado mis amores
Vagamente culpables terriblemente celosos.
Mis amores hasta ahora se han visto entristecidos
Por el reflejo culposo de sombras inexistentes.
Hasta ahora en que ha estallado Filis
Como un rayo de primavera devorando con su llama
El árbol negro de la Ley tristemente fálico
Reseco a fuerza de imprimir su sombra con tinta indeleble
Y de ramificarla, a su alrededor, con nuevas tenacillas.
Qué vela –dirás tú– tengo en este entierro
En esta quizá ilusoria resurrección
De una momia viviente.
Ninguna, en cierto modo, salvo el frágil puente reconstituido
Verdaderamente de una vieja amistad liberada, Mauricio,
Que eventualmente debe provocar en el monaguillo
Esa contradictoria ambigüedad declarada
Un oxímoron pero algo más que un tropo:
Una figura viviente
De la que haces ostentación como en esos juegos pánicos
El Ello en letra viva
La escritura que prolonga tu gestualidad bajo el signo (pongámonos
cómodos con los emblemas de mierda)
De una estrella andrógina
Que alumbra gracias a la oscuridad que irradia.
La Ley y la Anti Ley:
Eres en esta frase la conjunción copulativa.
Una figura emblemática: Tiresias, la Afrodita Barbuda.
Una exclamación exultante: Conchudo.
Una declaración a la prensa: Yo ingresaría a la Women’s Lib
sino me rechazaran
Algunas mujeres demasiado machistas.
Una obra: Frente a un Hombre Armado.
Un animal imaginario: La serpiente uterina
Que me sonríe en el fondo de su caparazón
El huevo filosofal
Del que entras y sales cuantas veces quieres.




Fuente: http://poetaenriquelihn.blogspot.com/

27 jun. 2011

Enrique Lihn - Muchachas

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    Altas voces perdidas de un coro de muchachas;
ellas siempre ignoraron las reglas del diálogo, pero
            lo que se escucha, a nuestra edad, es el canto,
y suena a Mozart esa pajarería, el triunfo bizantino
             de una ciudad de jaulas
donde todas las lenguas se confunden en un
cotorreo ritual transfundido en la luz. Risa en que
             el cielo abunda, todo lo que reluce es
             alegría del sol,
y la alegría irrecuperable, en todo instante, para
              siempre,
para esos fantasmas, compañeros de Ulises.


   Jóvenes de otra edad, los años se cumplieron por
            sí mismos, diríase
que el mar se allanó, sin duda, a devolverle.
              Primavera distinta a cada una de sus partes:
              siete otoños por cabeza
a la comparsa fiel, ducha en murmuraciones.
El ocio abstraído en calcular otras islas, y, para él,
             un nido de sirenas
en cada noche de amor: el tiempo de un Zenón feliz,
             uno e inmóvil;
a nosotros el remo, y luego el báculo.


En el jardín, la música de la sangre y el mundo:
             secreto a voces de la primavera
que enguirnalda una fiesta que no es para nosotros
los pobres invitados de honor, esta comparsa.
Y en el salón, junto a la gente seria, nuestros años
             perdidos, murmurando
su gastada ansiedad para siempre incalmable:
               fórmulas bizantinas
de encantamiento en Mozart y feos pensamientos.






En Poesía de paso

30 mar. 2011

Roberto Bolaño - Unas pocas palabras para Enrique Lihn

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En mi adolescencia era lugar común hablar de Lihn y de Teillier como de dos opciones enfrentadas. Los muchachos sensibles, los que no querían envejecer (o los que querían envejecer de inmediato), preferían a Teillier. Los que estaban dispuestos a discutir la cuestión preferían a Lihn. No era esta la única de sus virtudes. Frecuentar su poesía es enfrentarse con una voz que lo cuestiona todo. Esa voz, sin embargo, no sale del infierno, ni de las profecías milenaristas, ni siquiera de un ego profético, sino que es la voz del ciudadano ilustrado, un ciudadano que espera llegar a la modernidad o que es resignadamente moderno. Un ciudadano que ha aprendido la lección de Parra, su maestro y compañero de travesuras, y que en ocasiones nos ofrece una visión latinoamericana refulgente y original. Todo el fulgor, sin embargo, en Lihn está tamizado por un ejercicio constante de la inteligencia.

¿Merecimos los chilenos tener a Lihn? Esta es una pregunta inútil que él jamás se hubiera permitido. Yo creo que lo merecimos. No mucho, no tanto, pero lo merecimos.

Esa lucidez, en los años setenta, le costará el estigma y el anatema de la izquierda dogmática y neostalinista que incluso llegará a acusarlo de connivencia con el pinochetismo. Esos mismos que entonces no levantaron la voz para defender a Reinaldo Arenas y que hoy se acomodan como putines* en la nueva situación, intentaron borrarlo del mapa, deslegitimar una voz que por lo demás siempre se consideró a sí misma como voz bastarda, hija del imperioso azar y de la necesidad, que tiene cara de perro.

¿Merecimos los chilenos tener a Lihn? Esta es una pregunta inútil que él jamás se hubiera permitido. Yo creo que lo merecimos. No mucho, no tanto, pero lo merecimos, aunque sólo sea por las almas puras, por los príncipes idiotas y por los alegres analfabetos que el país produjo con extraña generosidad y que aún hoy, según cuentan los viajeros, sigue produciendo, aunque en cantidades más limitadas. Bajo cierta luz, Lihn también podría ser un príncipe idiota y un alegre analfabeto.

En el ejercicio de la poesía, a la que siempre le fue fiel, sólo hay un poeta en lengua española que se le pueda comparar, Jaime Gil de Biedma, aunque el abanico de registros de Lihn es mucho más amplio. En el ejercicio del ensayo, de la reseña, del manifiesto e incluso del libelo, no hubo en Chile escritor más certero ni más libre. En la narrativa no alcanzó las cotas de Donoso o de Edwards, aunque siempre quedará la sospecha de que en el fondo, como por los demás todos los grandes poetas de ese país, juzgaba el arte de crear ficciones como algo innecesario, algo que no le iba a salvar la vida. Sus cuentos, sin embargo, siguen vivos, como sigue viva “La orquesta de cristal”, libro mítico por inencontrable y al cual no me atrevo a llamar novela, aun pese a saber que si hay que llamarlo de alguna manera es la palabra novela la que más se acerca a ese libro misterioso. De hecho, hay dos prosistas en la generación del cincuenta que están por descubrir: Lihn y Giaconi.

Es extraño pensar en Lihn ahora, en Giaconi, en Parra, en Teillier, en Rodrigo Lira, en Gonzalo Rojas, en poetas como Maquieira y Bertoni, en narradores como Contreras y Collyer, resulta extraño pensar en ellos y en tantos más. Te queda la extraña sensación de que la literatura ha estado a la altura de la realidad. La famosa rea, la rea, la rea, la rea-li-dad.

*Ay, mi hipócrita, no es argot mexicano, es  Vladimir Putin.



16 feb. 2011

Enrique Lihn - Epílogo

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Vivimos todos en la oscuridad, separados
por franqueables murallas llenas de puertas falsas;
moneda que se gira para los gastos menudos de la
             amistad o el amor nuestras conversaciones
contra lo inagotable no alcanzan a tocarlo
cuando ya se precisa renovarlas, tomar
un camino distinto para llegar a lo mismo.
Es necesario acostumbrarse a saber
vivir al día, cada cual en lo suyo,
como en el mejor de los mundos posibles.
Nuestros sueños lo prueban: estamos divididos.
Podemos simpatizar los unos con los Otros,
y eso es más que bastante: eso es todo, y difícil,
acercar nuestra historia a la de otros
podándola del exceso que somos,
distraer la atención de lo imposible para atraerla
            sobre las coincidencias,
y no insistir, no insistir demasiado:
ser un buen narrador que hace su oficio
entre el bufón y el pontificador.

10 nov. 2010

Enrique Lihn - Ciudades

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Ciudades son imágenes.
Basta con un cuaderno de escolar para hacer
la absurda vida de la poesía
en su primera infancia:
extrañeza elevada al cubo de Durero,*
y un dolor que no alcanza a ser él mismo,
melancólicamente.


Dos ratas blancas giran en un círculo
a la velocidad de la neurosis;
después de darme vueltas sesenta días justos
en el gran mundo como en una jaula,
me concentro en un solo pensamiento:
ratas que giran.


Blanca, velluda, diminuta esfera
partida en dos mitades que brincan por juntarse,
pero donde fue el tajo, la perpleja lisura
y el dolor, ahora están esas patitas,
y en medio de ellas sexos divisorios,
sexos compensatorios.
Nos salen cosas donde fuimos seres
aparte enteramente, enteramente aparte.
Cinco minutos de odio, total.      cinco minutos.


Ciudades son lo mismo que perderse en la calle
de siempre, en esa parte del mundo, nunca en otra.


¿Qué es lo que no podría dar lo mismo
si se le devolviera al todo, en dos palabras,
el ser mezquinamente igual de lo distinto?
Sol del último día; ¡qué gran punto final
para la poesía y su trabajo!


En el gran mundo como en una jaula
afino un instrumento peligroso.




* El poliedro de Durero.

En Poesía de paso

4 sept. 2010

Enrique Lihn - Hay sólo dos países

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Hay sólo dos países: el de los sanos y el de los enfermos
por un tiempo se puede gozar de doble nacionalidad
pero, a la larga, eso no tiene sentido
Duele separarse, poco a poco, de los sanos a quienes
seguiremos unidos, hasta la muerte
separadamente unidos
Con los enfermos cabe una creciente complicidad
que en nada se parece a la amistad o el amor
(esas mitologías que dan sus últimos frutos a unos pasos del hacha)
Empezamos a enviar y recibir mensajes de nuestros verdaderos conciudadanos
una palabra de aliento
un folleto sobre el cáncer