Mostrando las entradas con la etiqueta Koestler Arthur. Mostrar todas las entradas

17 may. 2015

Descarga: Arthur Koestler - Memorias

No hay comentarios. :

Descarga: Arthur Koestler - Memorias

Las memorias de Arthur Koestler, una de las figuras intelectuales más representativas y sobresalientes del siglo XX, constituyen uno de los testimonios más lúcidos y apasionantes del pasado siglo. El presente volumen reúne, por primera vez, los dos títulos de su autobiografía, una obra indispensable.

La primera parte, titulada Flecha en el azul, abarca un periodo comprendido entre 1905, año de su nacimiento en Hungría, hasta 1931, fecha en que ingresa en el Partido Comunista. En un impresionante recorrido por la Europa de principios de siglo, asistimos a la infancia y la vida familiar de Koestler, sus años juveniles en Viena, el comienzo de su carrera como periodista, su iniciación sentimental y su vida en Berlín durante el ascenso del nazismo. Koestler lleva a cabo un profundo análisis de una época de convulsiones políticas en las que a las ilusiones por la revolución rusa de 1917 se contraponía el horror del régimen de Hitler, que prosperaba ante la pasividad de la burguesía liberal alemana.

La escritura invisible narra los años que van de 1931 a 1940, caracterizados por el desengaño del comunismo, a partir, sobre todo, del viaje que hizo por entonces a la Unión Soviética, donde conoció de primera mano las atrocidades de Stalin, algo que años después dio lugar a una inversión total de sus principios ideológicos. Koestler cuenta también su participación como corresponsal en la guerra civil española, donde fue condenado a muerte por Franco, aunque finalmente fue canjeado. Su encarcelamiento en un campo de concentración y su llegada a Inglaterra en 1940 cierran este monumento a la memoria del siglo XX.

14 abr. 2007

Arthur Koestler - Oscuridad a mediodía

1 comentario :
-Vade retro, Satanás –repitió Ivanov, sirviéndose otro vaso de coñac-. Antiguamente, las tentaciones eran de naturaleza carnal. Hoy toman la forma de razonamientos puros. Los valores cambian. Me gustaría escribir una “Pasión” en la que Dios y el Diablo disputaran por el alma de San Rubashov. Después de una vida pecadora él ha vuelto a Dios, un Dios con la doble papada de un liberalismo industrial y de una caridad de sopas del Ejército de Salvación. Satanás, por el contrario, es delgado, ascético y un fanático devoto de la lógica. Ha leído a Maquiavelo, a Ignacio de Loyola, a Marx y a Hegel; aparece frío y despiadado a los ojos del género humano, como consecuencia de una especie de misericordia. Su castigo es verse obligado a hacer siempre aquello que más le repugna; así, tiene que matar para que desaparezcan los asesinos; tiene que sacrificar corderos para evitar futuros sacrificios; que apalear a la gente para que aprendan a no dejarse apalear; tiene que desprenderse de toda clase de escrúpulos en nombre de una escrupulosa moral; y tiene que arrostrar el odio de la humanidad a causa de su amor por ella, un amor abstracto y geométrico. ¡Vade retro, Satanás! El camarada Rubashov prefiere convertirse en un mártir. Los redactores de la prensa liberal, que lo odiaban durante su vida, lo santificarán después de muerto. Ha descubierto que posee una conciencia, y una conciencia lo hace a uno tan inadecuado para la revolución como una doble papada. La conciencia se come al cerebro como si fuera un cáncer, hasta que desaparecen los últimos restos de materia gris. Satanás es vencido y se retira, pero no imagines que se va rechinando los dientes y escupiendo fuego en su furia, sino que se limita a encogerse de hombros. Ya te he dicho que es flaco y ascético, y ha visto a muchos perder la moral y escurrirse fuera de las filas con pretextos pomposos.

En Literatura satánica, Selección de Tulio Stilman
Buenos Aires, Corregidor, 1973


9 abr. 2007

ARTHUR KOETSLER - El verdugo

No hay comentarios. :
Cuenta la historia que había una vez un verdugo llamado Wang Lun, que vivía en el reino del segundo emperador de la dinastía Ming. Era famoso por su habilidad y rapidez al decapitar a sus víctimas, pero toda su vida había tenido una secreta aspiración jamás realizada todavía: cortar tan rápidamente el cuello de una persona que la cabeza quedara sobre el cuello, posada sobre él. Practicó y practicó y finalmente, en su año sesenta y seis, realizó su ambición.
Era un atareado día de ejecuciones y él despachaba cada hombre con graciosa velocidad; las cabezas rodaban en el polvo. Llegó el duodécimo hombre, empezó a subir el patíbulo y Wang Lun, con un golpe de su espada, lo decapitó con tal celeridad que la víctima continuó subiendo. Cuando llegó arriba, se dirigió airadamente al verdugo:

-¿Por qué prolongas mi agonía? -le preguntó-. ¡Habías sido tan misericordiosamente rápido con los otros!

Fue el gran momento de Wang Lun; había coronado el trabajo de toda su vida. En su rostro apareció una serena sonrisa; se volvió hacia su víctima y le dijo:

-Tenga la bondad de inclinar la cabeza, por favor.