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20 feb. 2015

Descarga: Jack Kerouac - En el camino

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Con el paso del tiempo, "En el camino", un libro que fue la biblia y el manifiesto de la generación beat, se ha convertido en una «novela de culto» y en un clásico de la literatura norteamericana. Con un inconfundible estilo bop, que consiguió para Kerouac el título de «heredero de Charlie Parker», en esta novela se narran los viajes enloquecidos, a bordo de Cadillacs prestados y Dodges desvencijados, de Dean Moriarty el mítico hipster, el héroe de todos los beatniks, «un demente, un ángel, un pordiosero» y el narrador Sal Paradise, recorriendo el continente, de Nueva York a Nueva Orleans, Ciudad de México, San Francisco, Chicago y regreso a Nueva York. Alcohol, orgías, marihuana, éxtasis, angustia y desolación, el retrato de una América subterránea, auténtica y desinhibida, ajena a todo establishment. Una crónica cuyos protagonistas, en la vida real y en el libro, fueron Jack Kerouac (Sal Paradise), Neal Cassady (Dean Moriarty), Allen Ginsberg, William Burroughs.

18 nov. 2014

Descarga: Jack Kerouac - Poemas dispersos

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Jack Kerouac (1922 – 1969), con sus novelas En la carretera, Los subterráneos, Los vagabundos del Dharma y más de otra docena de libros, creó, a partir de los materiales en bruto de su inquieta vida, un nuevo antihéroe norteamericano, un vagabundo, un borracho, un drogado, un iluminado, un pionero romántico, que se convertiría en símbolo de la generación beat. Aunque sus poemas no tuvieran la difusión de sus libros en prosa y siempre fueron publicados en revistas de poca circulación, contienen muchas de las claves de su obra y expresan de un modo conciso, nervioso e inmediato la aventura literaria y vital de su autor. Una aventura que compartiría íntimamente con sus amigos, y hoy ya escritores clásicos norteamericanos, Allen Ginsberg, William Burroughs, Gregory Corso y Lawrence Ferlinghetti.

14 nov. 2014

Jack Kerouac - Es tu amigo, déjalo soñar…

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Jack Kerouac - Es tu amigo, déjalo soñar…



Es tu amigo, déjalo soñar;
No es tu hermano, no es tu padre,
No es San Miguel, es un chico.

Está casado, trabaja, va a dormir
Al otro extremo del mundo,
Va a pensar en la Gran Noche Europea.

Le explico a él, a ti, mi camino no es el vuestro,
Niño, Perro —escucha: vete a buscar tu alma,
Vete a oler el viento, vete lejos.

La vida es una pena. Acerca el libro, vamos,
No escribas más en las paredes, en la luna,
La del Perro, en el mar, en el fondo nevado.

Vete a buscar a Dios en la noche, también en las nubes.
Cuándo se detendrá este gran círculo en el cráneo
¡oh Neal!; hay hombres, cosas, afuera que hacer.

Enormes tumbas tremendas de Actividad
En el desierto de África del corazón,
Los ángeles negros, las mujeres en la cama

con sus hermosos brazos abiertos para ti
en su juventud, suplicando algo de
Ternura en el mismo sudario.

Las grandes nubes de nuevos continentes,
Pies cansados en climas tan misteriosos,
No bajes hasta la otra parte para nada.


En Poemas dispersos
Traducción: Mariano Antolín Rato
Imagen: © Allen Ginsberg/CORBIS



He is your friend, let him dream


He is your friend, let him dream;
He’s not your brother, he’s not yr. father,
He’s not St. Michael he’s a guy.

He’s married, he works, go on sleeping
On the other side of the world,
Go thinking in the Great European Night

I’m explaining him to you my way not yours,
Child, Dog — listen: go find your soul,
Go smell the wind, go far.

Life is a pity.  Close the book, go on,
Write no more on the wall, on the moon,
At the Dog’s, in the sea in the snowing bottom.

Go find God in the nights, the clouds too.
When can it stop this big circle at the skull
oh Neal; there are men, things outside to do.

Great huge tombs of Activity
in the desert of Africa of the heart,
The black angels, the women in bed

with their beautiful arms open for you
in their your, some tenderness
Beginning in the same shroud.

The big clouds of new continents,
O foot tired in climes so mysterious,
Don’t go down the outside for nothing.

9 may. 2014

Descarga Jack Kerouac - Los vagabundos del Dharma

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Una de las obras capitales del gran escritor beat, en la que relata su descubrimiento del budismo y de su primera ley, «la vida es sufrimiento», durante los años en que se sentía fracasado por no encontrar editor. Ambientada en California, en la novela aparecen retratados, con otros nombres pero muy reconocibles, desde el propio Kerouac hasta Allen Ginsberg, Laurence Ferlinghetti o Gary Snyder.

20 jun. 2013

Descarga: Jack Kerouac - Los subterráneos

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Descarga: Jack Kerouac - Los subterráneos

Es posible que nuestra prosa no se recobre jamás de lo que le ha hecho Jack Kerouac. Amante apasionado del lenguaje, sabe cómo utilizarlo. Siendo un virtuoso nato disfruta desafiando las leyes y los convencionalismos de la expresión literaria que estorban la auténtica comunicas, sin trabas entre el lector y el escritor. Tal como él mismo ha dicho en su artículo «Los principios fundamentales de la prosa espontánea», «procura primero satisfacerte a ti mismo, que luego el lector no podrá dejar de recibir la comunicación telepática y la excitación mental, pues en su cerebro actúan las mismas leyes que en el tuyo». Y es tan íntegro que, a veces, parece estar actuando en contra de sus propios principios. Sus conocimientos, en modo alguno superficiales, aparecen en sus escritos como si tal cosa  ¿Importa? Nada importa. Desde un punto de vista auténticamente creativo, todo da lo mismo, todo importa y nada importa.

Pero nadie puede decir de él que sea frío. Es cálido, esta siempre al rojo vivo. Y si está alejado, también está cerca muy próximo, como si se tratara de un hermano,  de un alter ego. Está ahí, está en todas partes, es el señor Todo-el-mundo. Observador y observado a la vez. «Es un amable, inteligente y doliente santo de la prosa», como dice de él Ginsberg.

Henry Miller

6 ene. 2012

Jack Kerouac - Cuatro poemas de "Buda"

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Iluminaciones

Muy bien, me enferman
todas estas iluminaciones
esclarecimientos
enmudezco nuevamente
la mañana delicada, azul,
firmamento a través del árbol.
*
Allen dice: «Cuando las personas
se vuelven religiosas,
comienzan a alimentar
a todo el mundo.»
*
La humildad
es beatitud
La generación beatífica
*
Pensamiento en la bañera:
Una roca es como el espacio
porque ella no se mueve:
el espacio es como una roca
porque está vacío.
Las palabras son Budas.




Soledad mexicana

Y soy un extraño sin felicidad
caminando las calles de México
recordando.
Mis amigos, se me han muerto,
mis amantes desaparecieron,
mis putas fueron proscriptas,
mi cama apedreada y sacudida
por los terremotos y no tengo
hierba santa para volarme a la luz
de las velas y soñar humo de autobuses
solo eso, tormentas de polvo, y las mucamas
que me espían furtivamente a través de un agujero
en la puerta, taladrado secretamente para observar
las almohadas con que hacen el amor los masturbadores.
Yo soy la gárgola
de Nuestra Señora
soñando en el espacio
sueños grises brumosos
mi rostro apunta hacia Napoleón
no tengo forma.
La libreta en la que anota las direcciones postales
está plagada de «Que en paz descanse»
No creo en el valor del vacío,
me siento cómodo sin honor
mi único amigo es un viejo marica
que no posee una máquina de escribir
que, si fuera mi amigo,
intentaría sodomizarme.
queda algo de mayonesa,
una no deseada botella de aceite,
campesinos lavando el tragaluz,
un loco con quien comparto el mismo cielorraso
hace gárgaras en el baño contiguo
unas cien veces por día.
Si me emborracho tengo sed
si camino mi pie se rompe
si sonrió mi máscara es una farsa
si lloro sólo soy un niño
si recuerdo miento
si escribo, ya todo fue escrito
si muero, la muerte llega a su fin
si vivo, la muerte recién comienza
si espero, la espera es más prolongada
si parto, la partida ya no existe
si me duermo la dicha suprema es pesada
la dicha pesa sobre mis párpados
si voy a cines baratos me comen las chinches.
No tengo dinero para cines lujosos
si no hago nada
nada lo hace



Poema de Tánger

Tu padre te expulsó en una perfecta forma fantasmal

Todo lo que tienes que hacer es morir
todo lo que tienes que hacer es volar
¿Si el nombre de tu padre es Dédalo
como puedes ser Ícaro?



Moscas

¿Existió alguna vez un tiempo en el que las moscas
no estuvieran obligadas a buscar el sol
a través del prohibido
cristal de las ventanas?

¿Tiempo en el que los hombres no oraban
para que Dios
los liberara del error,
Gesundheit*?

¿Un tiempo en el que los jugadores de fútbol**
no se amontonaban
para planificar la caída
del otro equipo
con trazos de tiza?

¿A quién le importa?
Dios nos ama a todos, su propio
pensamiento e imágenes en su Sueño,
Gesundheit.

Ningún judío de la Tora, ni el mágico Corán
fueron alguna vez más inteligentes
que Dios.

Dios amado todos aman a Dios, él ellos mismos
¿porqué preocuparnos del marica
en la habitación 3?
Dios te bendiga.

Bebamos whisky sours en el Ritz
a las tres de la tarde del domingo hablemos de Tolstoy,
¿a quién le importa?

Todo lo que deseo de esta Perséfone***
son poemas instruyendo la leche del amor a través
de la anémona.



*     Dios te Bendiga, en alemán en el original.
**   Fútbol norteamericano.

*** En minúscula en el original




Versión de Esteban Moore
Colombia, www.arquitrave.com
Foto © Allen Ginsberg/Corbis

21 ago. 2011

Jack Kerouac - Pies Inquietos

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Al principio yo dudaba, porque era negra, porque era desordenada (siempre lo dejaba todo para mañana, el cuarto sucio, las sábanas sin lavar, aunque santo Dios qué pueden importarme las sábanas); dudaba porque sabía que había estado seriamente loca y muy bien podía volver a enloquecer, y una de las primeras cosas que ocurrieron durante las primeras noches fue que ella se había ido al cuarto de baño y se paseaba desnuda por el vestíbulo solitario, pero como la puerta de entrada chirriaba de una manera extraña me pareció (en el ensueño de la marihua­na) que de pronto había llegado alguien y estaba en el rellano de la escalera (como por ejemplo González el mexicano, una especie de vago o de parásito, un tipo anémico que tenía la costumbre de ir a su casa, con la excusa de una cierta vieja amistad que ella había tenido con algunos Pachucos de Tracy, a mendigarle moneditas, o dos cigarrillos, y esto todo el tiempo, generalmente cuando peor estaba ella, y a veces hasta se llevaba botellas para venderlas); pensando que debía de ser él, o alguno de los subterráneos, que le pregunta en el vestíbulo «¿Hay al­guien contigo?», y ella absolutamente desnuda, sin impor­tarle, como la vez del callejón, se queda tan tranquila y le dice: «No, viejo, será mejor que vuelvas mañana porque estoy ocupada, tengo visitas», así fue mi ensueño de la marihuana mientras estaba tendido en la cama, a causa del gemido o chirrido de la puerta, que hacía justamente el efecto de una voz gemebunda; de modo que cuando ella volvió del cuarto de baño se lo dije (honestamente razona­ble, de todos modos, y creyendo que en realidad había sido así, casi, y por otra parte siempre convencido de que seguía siendo activamente loca, como cuando trepó a la cerca en el callejón), pero cuando oyó mi confesión me dijo que casi le había dado el ataque nuevamente; se asustó de mí y casi se levantó y se escapó; por motivos como éste, atisbos de locura, repetidas probabilidades de nuevos ataques de locura, yo tenía mis «dudas», mis dudas masculinas y reservadas acerca de ella; razonaba así: «Hoy o mañana, sencillamente, me iré de aquí y me conseguiré alguna otra, blanca, con los muslos blancos, etcétera, y todo esto habrá sido una gran pasión, aunque espero sin embargo no causarle sufrimientos.» ¡Ja!, sentía dudas porque prepara­ba la comida de cualquier modo y no lavaba nunca los platos en seguida, lo que al principio no me gustó nada, aunque luego tuve que reconocer que en realidad no cocinaba tan mal y que después de un tiempo lavaba los platos, y que a la edad de seis años (así me lo contó ella más tarde) se había visto obligada a lavar los platos de la tiránica familia de su tío, y para colmo la obligaban constantemente a salir al callejón en la oscuridad de la noche, con el cubo de la basura, todas las noches a la misma hora, y ella estaba convencida de que el mismo fantasma la acechaba siempre a esa hora; dudas, dudas, que ahora ya no tengo en la opulencia del placer del pasado. ¡Qué placer es ahora saber que la deseo para siempre contra mi pecho, mi premio, mi mujer, la que yo defendería de todos los Yuri y todos los cualesquiera con los puños y lo que fuera! Y ha llegado para ella el momento de declarar su independencia, anunciando, apenas ayer, antes de que yo empezara a escribir este libro de lágrimas, «Quiero ser una mujer independiente, con dinero, y hacer lo que se me ocurra». «Sí, y también conocer y joder a todo el  mundo,  Pies Inquietos»,  pienso,  pies  inquietos  como soplaba un viento frío, había una cantidad de hombres, y en vez de quedarse a mi lado se alejó con su pequeño impermeable rojo que daba risa y sus pantalones negros, y se metió en la entrada de una zapatería (Haz siempre lo que deseas hacer, nada me agrada más que un tipo que hace siempre lo que quiere, decía siempre Leroy); y yo la sigo de mala gana pensando: «No se puede negar que es un caso de pies inquietos, al diablo con ella, me conseguiré otra menos inquieta» (con mucho menos énfasis al final, como el lector podrá deducir del tono); pero resulta que ella sabía que yo no tenía más que la camisa, pues encima había salido sin camiseta, de modo que quería refugiarse donde no soplara el viento, así me lo dijo después; aunque el hecho de comprender que no era cierto que hablara desnuda con un hombre en el vestíbulo, y que tampoco era una prueba de inquietud alejarse unos pasos para conducirme a un lugar menos frío mientras esperaba el autobús, seguía sin causar la menor impresión en mi mente ansiosa e impresionable, siempre dispuesta a crear, a construir, a destruir y a morir; como lo demostrará la gran construcción de celos que más tarde, partiendo solamente de un sueño, y por motivos de autolaceración, fui capaz de re-crear... Toleradme, vosotros todos, lectores amantes que habéis sufrido, toleradme vosotros, hombres que comprendéis que el mar de negrura en los ojos oscuros de una mujer es el mismo mar solitario, ¿y acaso iríais al mar a exigirle explicaciones, o a pregun­tarle a una mujer por qué cruza las manos en el regazo sobre una rosa? No...
En Los subterráneos
© Allen Ginsberg/CORBIS