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24 feb. 2011

Barón de Holbach - Sobre los misterios de la religión cristiana

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Descubrir cualquier cosa a alguna persona es revelarle secretos que ignoraba antes (1). Si preguntamos a los cristianos cuales son los secretos mas importantes que exigían que el mismo Dios se tomase la molestia de revelar nos dirán que el mas grande los secretos y el mas necesario para el género humano es el de la unidad de la divinidad, secreto que según ellos los hombres habrían sido incapaces de descubrir por sí mismos.

Pero ¿No tenemos el derecho de preguntar si este aserto es verdadero? No podemos dudar que Moisés haya anunciado un Dios único a los hebreos y que hizo todos los esfuerzos para hacerlos enemigos de la idolatría y del politeísmo de las otras naciones, el culto y la creencia de las cuales él presenta como abominables a los ojos del monarca celestial que los había sacado de Egipto. Pero ¿un gran número de sabios del paganismo no ha descubierto, sin ayuda de la revelación judía, un Dios supremo, señor de los otros dioses?. Por otro lado, ¿el destino al cual estaban subordinados todos los grandes dioses del paganismo, no era un Dios único, del cual la naturaleza entera sufría la ley soberana? Por lo que hace a los trazos con los que Moisés pintó su divinidad, ni los judíos ni los cristianos tienen derecho de glorificarse. No lo vemos sino como un extraño déspota, colérico, lleno de crueldad, de injusticia, de parcialidad, de malignidad, la conducta del cual ha de precipitar a cualquier hombre que lo medite a la perplejidad más espantosa. ¿Qué resultará si nos atrevemos a suponerle los atributos inconcebibles que la teología cristiana se esfuerza en adjudicarle? Es conocer la divinidad decir que es un “espíritu”, un ser “inmaterial”, que no se parece a nada de lo que los sentidos nos hacen conocer? ¿El espíritu humano no resulta confuso por los atributos negativos se infinidad, de eternidad, de omnipotencia, de omnisciencia, etc. con los cuales han adornado este Dios para hacerlo mas inconcebible? ¿Cómo se puede conciliar la sabiduría, la bondad, la justicia y las otras cualidades morales que se dan a este Dios con la conducta extraña y siempre atroz que los libros de los cristianos y hebreos le atribuyen a cada página? ¿No habría valido mas dejar al hombre en la ignorancia total de la divinidad antes que revelarle un Dios lleno de contradicciones, que se presta continuamente a la disputa y que le sirve de pretexto para turbar su reposo? Revelar un Dios así no es descubrir nada a los hombres sino lanzarlos a la más grande de las angustias y excitarlos a querellarse, a perjudicarse y a hacerse desgraciados. Sea como sea,¿ es cierto realmente que el cristianismo admite solamente un Dios, el mismo que el de Moisés? ¿No vemos a los cristianos adorando una divinidad triple, bajo el nombre de “trinidad”? El Dios supremo genera durante toda la eternidad un hijo igual a él, de uno y otro procede un tercero igual a los dos primeros, estos tres dioses, iguales en divinidad, en perfección y en poder, no forman sino un solo dios ¿No hay bastante con exponer este sistema para mostrar su absurdo? ¿Es, pues, para revelar unos misterios semejantes, para lo que la divinidad se ha tomado la molestia de instruir al género humano? ¿Las naciones más ignorantes y más salvajes han parido opiniones mas monstruosas para confundir la razón?(2) Pero los escritos de Moisés no contienen nada que haya podido dar lugar a este sistema tan extraño; solo a través de explicaciones forzadas se pretende probar el misterio de la trinidad en la Biblia. Por lo que hace a los judíos, contentos con el Dios único que el legislador les había anunciado, nunca han pensado en triplicarlo.

El segundo de estos dioses, o siguiendo el lenguaje de los cristianos, la segunda persona de la trinidad, se ha revestido de naturaleza humana, se ha encarnado en el seno de una virgen y renunciando a su propia divinidad, se ha sometido a las debilidades ligadas a nuestra especie e incluso a sufrido una muerte ignominiosa para expiar los pecados de la Tierra, He aquí lo que el cristianismo llama misterio de la encarnación. ¿No ven que estas nociones absurdas están sacadas de de los egipcios, indios y griegos, cuyas ridículas mitologías suponían dioses revestidos de forma humana y sujetos como los hombres a debilidades? (3)

Así, el cristianismo nos ordena creer que un Dios hecho hombre, sin perjudicar su divinidad, ha podido padecer, morir, ha podido él mismo ofrecerse en sacrificio, no ha podido ahorrarse mantener una conducta tan extraña para apaciguar su propia cólera. Es eso lo que los cristianos llaman el misterio de la redención del género humano.

Es cierto que este Dios muerto ha resucitado como el Adonis fenicio, el Osiris egipcio el Atis frigio, que fueron otrora los emblemas de la naturaleza que periódicamente muere y renace, el Dios de los cristianos renace de sus propias cenizas y sale triunfante de su tumba. Estos son los misterios sublimes que la religión cristiana descubre a sus seguidores, estas son las ideas a veces grandes, a veces abyectas, pero siempre inconcebibles que se nos da de la divinidad; ¡He aquí las brillantes ideas que la revelación da a nuestro espíritu! Parece que la que adoptan los cristianos no se hay propuesto sino redoblar las nubes que velan la esencia de la divinidad a los hombres, Dios –se nos ha dicho- ha querido volverse ridículo para confundir la curiosidad de aquellos de los cuales se asegura por otra parte quería iluminar por una gracia especial. ¿Qué idea podemos formarnos de una revelación que, lejos de enseñar, se complace en confundir las nociones mas claras?

Así, a pesar de la revelación tan elogiada por los cristianos el espíritu de estos no tiene idea sobre el ser que sirve de base a toda la religión; al contrario, esta famosa revelación no sirve sino para oscurecer todas las ideas que el hombre podría hacerse. La escritura santa lo llama un “Dios oculto”. David nos dice que “pone su abrigo en las tinieblas, que las aguas turbias forman el pabellón que lo cubre”. En definitiva, los cristianos, iluminados por Dios mismo, solo tienen ideas contradictorias, nociones incompatibles que hacen dudosa su existencia e incluso imposible a los ojos de cualquier persona que consulte su propia razón. (4)

En efecto, ¿Cómo se puede concebir un Dios que habiendo creado el mundo solo para la felicidad del hombre, permite que la mayor parte de la raza humana sea desgraciada en este mundo y en el otro? ¿Cómo un Dios que goza de la suprema felicidad podría ofenderse de las acciones de sus criaturas? Este Dios es pues, sensible al dolor, su ser puede entonces perturbarse, mantiene por lo tanto dependencia hacia el hombre que puede a voluntad alegrarlo o afligirlo. ¿Cómo un Dios poderoso cede a sus criaturas una libertad funesta de la cual puede abusar para ofenderlo y perderse ellas mismas? ¿Cómo un Dios se puede hacer hombre y, siendo autor de la vida y de la naturaleza, morir él mismo? ¿Cómo un Dios único puede convertirse en triple sin perjudicar su misma unidad? Se nos contesta que todas esas cosas son misterios, pero esos misterios destruyen la esencia misma de Dios. ¿No sería mas razonable admitir en la naturaleza, como Zoroastro o Manes, dos principios o dos potencias opuestas, antes que admitir que con el cristianismo, un Dios omnipotente que no tiene poder para impedir el mal, un Dios justo pero parcial, un Dios clemente pero implacable que castigará durante la eternidad los crímenes de un momento; un Dios simple que se triplica; un Dios principio de todos los seres, que puede consentir morir, incapaz de satisfacer de otra forma su justicia divina?

Si en un mismo sujeto los contrarios no pueden subsistir, la existencia del Dios de los judíos y cristianos es imposible, cosa a partir de la cual nos veremos forzados a concluir que los doctores del cristianismo, por los atributos de que se han servido para adornar, o mejor para desfigurar la divinidad en cuenta de darla a conocer no han hecho sino anularla o al menos tornarla irreconocible. Es así como a partir de fábulas y misterios, la revelación no ha hecho sino perturbar la razón de los hombres y volver inciertas las nociones mas simples que pueden hacerse del ser necesario que gobierna la naturaleza mediante leyes inmutables. Si no se puede negarla existencia de un Dios, al menos es cierto que no se puede admitir el que los cristianos adoran y del cual su religión pretende revelarnos la conducta, las órdenes y las cualidades. Si es propio de ser ateo el hecho de no tener ninguna idea de la divinidad, la teología cristiana solo puede ser contemplada como un proyecto para anular la existencia del ser supremo. (5)


Notas

[1] En las religiones paganas los misterios se revelaban a iniciados; se les enseñaba alguna cosa que desconocían. En la religión cristiana se les revela que han de creer en trinidades, encarnaciones, resurrecciones, etc. Es decir, cosas que comprenden igual que si no se les hubiera revelado, o que los sumergen en una ignorancia mas grande que antes.

[2] El dogma de la Trinidad está sacado de las fantasías de Platón, o quizás de las alegorías bajo las cuales este filósofo novelesco intentaba ocultar su doctrina. Parece que a él debe el cristianismo la mayor parte de sus dogmas. Platón admitía tres “hipóstasis” o maneras de existir la divinidad. La primera constituye el “Dios Supremo”, la segunda el “Logos”, el Verbo o inteligencia divina engendrada por el primer Dios; la tercera es el “Espíritu” o ánima del mundo. Los primeros doctores del cristianismo parecen haber sido platónicos, su exaltación encontraba en Platón, sin duda, una doctrina análoga a su religión: si hubiesen sido personas agradecidas deberían haberlo convertido en profeta o en Padre de la Iglesia. Los misioneros jesuitas han encontrado en el Tibet una divinidad parecida a la de nuestros países; entre los tártaros Dios se llama Kon-cio-cik, “Dios único” y Kon-cio-sum, “Dios triple”. En sus capillas recitan om, ha, hum (inteligencia, bazo poder, o palabra,corazón, amor) estas tres palabras son nombres de la divinidad. Véase Lettres Edif.. tomo.15 El número de tres siempre fue reverenciado por los antiguos porque en las lenguas orientales salom, que significa trés también quiere decir “salud”

[3] Los egipcios parecen ser los primeros que han pretendido que sus dioses estaban dotados de cuerpos. Hoang-Ty , el dios del pueblo chino, nació de la virgen Ching-Mu fecundada por un rayo de sol. Nadie duda en Indostán de las encarnaciones de Visnú, Parece que los teólogos de todos los pueblos, desesperados de no poder elevarse hasta Dios, lo han obligado a bajarse hasta ellos.

[4] Un padre de la Iglesia ha dicho: Tunc Deum maxime cognoscimus, cum ignorare eum cognoscimos

[5] Los teólogos cristianos nunca han estado de acuerdo entre ellos sobre las pruebas de la existencia de Dios. Se tratan entre ellos de ateos, porque sus demostraciones jamás son las mismas. Muy pocas personas hay entre los cristianos que han escrito sobre la existencia de Dios que no hayan sido atacadas de ateismo. Descartés, Clarke, Pascal, Arnauld o Nicole han sido tenidos por ateos; la razón es simple: es totalmente imposible probar la existencia de un ser tan extraño como es el Dios de los cristianos.


Paul Henry Dietrich (Thiry) barón d’Holbach (1723-1789)
El Cristianismo desvelado
Trad. Eliseo R. Pérez