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5 mar. 2010

Diógenes Laercio – Vida de Heráclito

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1. Heráclito, hijo de Blisón, o según algunos, de Heración, fue efesino, y floreció hacia la Olimpíada LXIX. Sentía en las cosas muy elevadamente, como consta de sus escritos, donde dice: «El aprender muchas cosas no instruye la mente.» Y que enseñó a Hesíodo, a Pitágoras y aun a Jenófanes y a Hecateo;[1] pues la verdadera y única sabiduría es conocer la mente,[2] que puede disponer o gobernar todas las cosas por medio de todas las cosas. Decía que Homero era digno de ser echado de los certámenes y de ser abofeteado, y lo mismo Arquíloco. Que los ímpetus de una injuria deben apagarse más que un incendio, y que el pueblo debe defender las leyes lo mismo que los muros.

 

Heraclito - Peter Paul Rubens Heráclito – Peter Paul Rubens

 

2. Reprendió vivamente a los efesinos porque habían echado a su compañero Hermodoro, diciendo: «Todos los efesinos adultos debieran morir, y los impúberes dejar la ciudad, entendido de aquellos que expelieron a Hermodoro, su bienhechor, diciendo: Ninguno de nosotros sobresalga en merecimientos; si hay alguno, váyase a otra parte y esté con otros.» Como le pidiesen que les pusiese leyes, lo omitió por causa de que la ciudad estaba ya depravadísima en las costumbres y mal gobierno, y retirándose al templo de Diana, jugaba a los dados con los muchachos. A los efesinos que estaban a su alrededor les dijo: «¿Qué os admiráis, perversos? ¿No es mejor hacer esto que gobernar la república con vosotros?»

3. Finalmente, fastidiado de los hombres, se retiró a los montes y vivió manteniéndose de hierbas; pero acometiéndole de resultas una hidropesía, regresó a la ciudad, y preguntaba enigmáticamente a los médicos «si podrían de la lluvia hacer sequía». Como ellos no lo entendiesen, se enterró en el estiércol de una boyera, esperando que el calor del estiércol le absorbiera las humedades. No aprovechando nada esto, murió de sesenta años. Mi epigrama a él es como sigue:

 

Me admiré muchas veces

de que viviese Heráclito otro tiempo

sufriendo tantos males y miserias,

para después morirse.

Regando al fin su cuerpo

con enfermas y malas humedades,

extinguió de sus ojos

la luz y los llenó de oscuras sombras.[3]

 

Pero Hermipo asegura que Heráclito dijo a los médicos que «si alguno podía sacar humedad oprimiendo la tripa»; y respondiendo que no, se puso al sol y dijo a los muchachos que lo cubriesen y emplastasen con estiércol; con lo cual se apresuró la vida y murió al día siguiente, y fue enterrado en el Foro. Neantes Ciziceno dice que no pudiendo quitarse el estiércol ni eximirse de él, permaneció allí y se lo comieron los perros, no habiéndolo conocido por causa del disfraz del estiércol.

4. Fue admirado desde niño, y siendo mancebo decía «que no sabía cosa alguna»; pero cuando llegó a la edad perfecta decía que «lo sabía todo». De nadie fue discípulo, sino que él mismo se dio a las investigaciones, y decía haberlo aprendido todo por sí mismo. Sin embargo, dice Soción que algunos lo hacen discípulo de Jenófanes, y que Aristón asegura, en el libro De Heráclito, que curó de su hidropesía y murió de otra enfermedad. Esto mismo dice también Hipoboto.

5. El libro que de él nos queda, por su contenido se intitula De la naturaleza, bien que está dividido en tres discursos, a saber: Del Universo, De política y De Teología. Lo depositó en el templo de Diana; y, según algunos, lo escribió de industria oscuro para que sólo lo entendiesen los eruditos, y por vulgar no fuese desestimado. Píntalo también Timón diciendo:

 

Y entre ellos se me erguía y engreía

el cuclillo importuno,

murmurador del pueblo,

Heráclito, inventor de quisicosas.

 

Teofrasto dice que la melancolía le hizo dejar sus escritos, unos a medio hacer y otros a veces muy ajenos de verdad. La señal de su grandeza de ánimo, dice Antístenes en las Sucesiones, es haber cedido el reino a su hermano.[4] Su libro se hizo tan célebre, que llegó a tener secuaces, llamados heraclitanos.

6. Sus opiniones en común son las siguientes: «Todas las cosas provienen del fuego, y en él se resuelven. Todas las cosas se hacen según el hado,[5] y por la conversión de los contrarios se ordenan y adaptan los entes. Todo está lleno de almas y de demonios.» Acerca de las mudanzas que acontecen en el estado de las cosas del mundo, sintió así: «Que el sol es tan grande cuando aparece.» Afírmase también que dijo que «la naturaleza del alma no hay quien la pueda hallar por más camino que ande: ¡tan profunda es esta cuestión!» Al amor propio lo llamaba «mal de corazón,[6] y que la vista y aspecto engañan».

7. En su obra habla algunas veces clara y sabiamente; tanto, que cualquiera, aun duro de entendimiento, lo entiende fácilmente y conoce la elevación de su ánimo. La brevedad y gravedad de sus interpretaciones es incomparable.

8. Sus dogmas en particular son como se sigue: «Que el fuego es elemento, y que todas sus vicisitudes o mutaciones se hacen por raridad y densidad.» Pero nada de esto expone distintamente. «Que todas las cosas se hacen por contrariedad, y todas fluyen a manera de ríos. Que el universo es finito. Que el mundo es único, es producido del fuego y arde de nuevo de tiempo en tiempo alternadamente todo este evo. Que esto se hace por el hado. Que de los contrarios, aquel que conduce las cosas a generación se llama guerra y lucha o contención, y el que al incendio, concordia y paz. Que la mutación es un camino hacia arriba y hacia abajo, y según éste se produce el mundo. Que el fuego adensado se transforma en licor, y adquiriendo más consistencia para en agua. Que el agua condensada se vuelve tierra, y éste es el camino hacia abajo. Liquídase de nuevo la tierra y de ella se hace el agua, de lo cual provienen casi todas las demás cosas», refiriéndolo a la evaporación del mar. «Éste es —dice— el camino de abajo arriba. Que las evaporaciones o exhalaciones se hacen de la tierra y del mar unas perspicuas y puras, otras tenebrosas. De las puras se aumenta el fuego; de las otras, el agua.»

9. Lo que encierra la circunferencia no lo explica; pero dice «hay allá unos como cuencos, vuelta hacia nosotros la parte cóncava, en los cuales, acopiándose las exhalaciones puras y perspicuas, forman las llamas, que son los astros. Que la llama del sol es clarísima y calidísima; los demás astros están muy distantes de la tierra, y por ello lucen y calientan menos. Que la luna, estando más cercana a la tierra, anda por paraje no puro; pero el sol está en lugar resplandeciente y puro, y dista de nosotros conmensuradamente; ésta es la causa de calentar más y dar mayor luz. Que se eclipsan el sol y la luna cuando sus cuencos se vuelven hacia arriba, y que las fases mensuales de la luna se hacen volviéndose poco a poco a su cuenco. Que el día, la noche, los meses, las estaciones anuales y los años, las lluvias, los vientos y cosas semejantes se hacen según la diferencia de exhalaciones, pues la exhalación pura inflamada en el círculo del sol hace el día, y cuando obtiene la parte contraria hace la noche. Que de la luz, aumentándose el calor, se hace el estío, y de sombra crece la humedad y se hace el invierno». Consecuentemente a éstas disputa de las demás causas. Sobre cuál sea la tierra nada dice ni tampoco de los referidos cuencos. Hasta aquí sus dogmas.

10. Cuál fuese el parecer de Sócrates acerca de Heráclito, habiendo visto un libro suministrado por Eurípides, como dice Aristón, lo dijimos en la Vida del mismo Sócrates. Seleuco Gramático dice que un tal Crotón escribe en su Buzo que un cierto Crates fue el primero que trajo este libro a Grecia y que dijo que «necesita uno de un nadador delio para no ahogarse en él». Algunos lo intitulan Musas; otros, De la naturaleza; Diodoto, Exacto gobernalle para el nivel de la vida. Otros, Gnomon de las costumbres, y complemento y ornato de una cierta medida para todas las cosas. Dicen que preguntado por qué callaba, respondió: «Porque vosotros habláis.» Aun Darío deseó su compañía, y le escribió en esta forma:

 

«EL REY DARÍO, HIJO DE HISTASPIS, AL SABIO HERÁCLITO EFESINO: ALEGRARSE.

«Publicaste un libro difícil de comprender y de explicar. En algunos lugares, si se entiende a la letra, parece encierra cierta fuerza de especulación de todo el mundo y de cuanto en él se hace, lo cual está constituido en el movimiento divinísimo; pero muchas cosas tienen asenso;[7] y así, aun los que han leído mucho, quedan dudosos del recto sentido que parece quisiste dar a todo. El rey Darío, hijo de Histaspis, quiere ser uno de tus oyentes y participar de la erudición griega. Ven, pues, en breve a nuestra vista y real palacio, pues los griegos, por lo común, no acostumbrando distinguir los varones sabios, menosprecian las cosas que éstos demostraron dignas de que se oigan y aprendan con estudio y diligencia. Conmigo tendrás el primer lugar, cada día una comunicación grave y honesta, y una vida sujeta a tus exhortaciones.»

«HERÁCLITO EFESINO AL REY DARÍO, HIJO DE HISTASPIS: ALEGRARSE.

«Cuantos viven en estos tiempos huyen de la verdad y de practicar lo justo, dándose todos a la insaciabilidad y vanagloria por falta de juicio; mas yo, por cuanto doy al olvido toda injuria y declino de toda familiar envidia; asimismo, porque huyo de vanidad y fasto, no pasaré a Persia, contentándome con mi cortedad, que es lo que me acomoda.» Tal fue este varón para con el rey.

11. Demetrio dice en sus Colombroños que también menospreció a los atenienses por la excesiva opinión que de sí tenía; y aunque desestimado de los efesinos, eligió el vivir con ellos. Hace también memoria de él Demetrio Falereo en la Apología de Sócrates. Hubo muchos que interpretaron su libro, como son Antístenes, Heráclides Póntico y Esfero Estoico, a quienes se añaden Pausanias el llamado Heraclitista, Nicodemes y Dionisio, y de los gramáticos Diodoto, el cual dice que aquel escrito no es de física, sino de política, pues lo que trata de física es allí por modo de ejemplo. Jerónimo dice que Escitino, poeta yámbico, emprendió el poner en verso dicho libro.

12. Corren muchos epigramas escritos a él, de los cuales es uno el que se sigue:

 

Soy Heráclito, sí, necios e ignaros;

¿qué me estáis abatiendo?

No he trabajado, no, para vosotros,

sino para los sabios y peritos.

Váleme por tres mil un hombre solo,

e infinitos, ninguno.

Esto digo también a Proserpina.

 

Y otro:

 

No en breve desenvuelvas hasta el eje[8]

el volumen de Heráclito Efesino;

es para ti camino muy impervio,

lleno de oscuridad densa y opaca;

pero si mente sabia te dirige,

aún más claro que el sol lo verás todo.

 

13. Hubo cinco Heráclitos. El primero, éste. El segundo, un poeta lírico de quien hay un Encomio de los doce dioses.[9] El tercero, un poeta elegiaco natural de Halicarnaso, a quien Calimaco compuso los versos siguientes:

 

Uno tu muerte, Heráclito, me dijo,

y me sacó las lágrimas al punto.

Me acordé de cuantas veces

solíamos pasar soles y soles

en sabias juglerías; pero ahora,

Halicarnasio amigo, eres ceniza.

Moriste, sí, moriste;

pero la melodía de tu canto

vivirá eternamente. Y aunque Pluto

se lo arrebate todo,

no alcanzarán sus manos a tu fama.

 

El cuarto fue lesbio, y escribió la Historia de Macedonia. Y el quinto, un truhán, el cual, de citarista que era, se dio a este modo de vida.

 


[1] Por prolepsis (según entiendo, e indica el aoristo I, que pone Laercio), pues éstos eran ya muertos.

[2] Casaubono interpreta por Dios la palabra Gnomen, Mente. Tengo por legítima esta interpretación, por razón de lo que añade Laercio de nuestro filósofo y lo que de él escriben algunos Santos Padres.

[3] Parece hacen alusión a la oscuridad de los escritos de Heráclito.

[4] Reino, decimos, aunque también esta voz ordinariamente significa cierta magistratura de Éfeso, que presidía a los sacrificios, y allí tenía este nombre, como entre los romanos Rex sacrificulus. o Rex sacrorum. Su mujer se llamaba Regina, y su palacio, Regia.

[5] Porque Heráclito decía que “la esencia del hado, es una razón trascendental a la naturaleza del universo”, según escribe Plutarco, lib. I, cap. XXVIII, De las opiniones de los filósofos.

[6] En latín, sacrum morbum.

[7] Sigo la versión común de los intérpretes; pero no dudo debe traducirse así: pero en muchas cosas se debe suspender el asenso. Éste es el significado filosófico de la correspondiente voz griega.

[8] Los latinos decían: ad umbilicum usque. Eran los cabitos torneados, con su botoncito, del palo en que se arrollaban los que llamaban, volúmenes.

[9] Los doce dioses principales de los gentiles, llamados dioses consentes, seis machos y seis hembras. Ennio los incluye en estos versos:

 

Juno, Vesta, Minerva, Ceresque, Diana, Venus, Mars,

Mercurius, Jovis, Neptunus, Vulcanus, Apollo

Vidas de los filósofos más ilustres

Traducción del griego: José Ortiz y Sanz
Buenos Aires, Espasa Calpe, 1950

 

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7 mar. 2007

Heráclito de Éfeso - Fragmentos probablemente auténticos

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712 (22 B 1) S. E. Adv. Math. VII 132: «Aunque esta razón existe siempre, los hombres se tornan incapaces de comprenderla, tanto antes de oírla como una vez que la han oído. En efecto, aun cuando todo sucede según esta razón, parecen inexpertos al experimentar con palabras y acciones tales como las que yo describo, cuando distingo cada una según la naturaleza y muestro cómo es; pero a los demás hombres les pasan inadvertidas cuantas cosas hacen despiertos, del mismo modo que les pasan inadvertidas cuantas hacen mientras duermen',


713 (22 B 2) S. E.Adv. Math VII 133: «Por lo cual es necesario seguir a lo común; pero aunque la razón es común, la mayoría viven como si tuvieran una inteligencia particular».


714 (22 B 3) AECIO, II 21: «Heráclito dice que el tamaño del sol es «del ancho de un pie humano».


715 (22 B 4) ALB. MAG., De Veget. VI 401: Heráclito dijo que, si la felicidad estuviera en los placeres del cuerpo, diríamos «felices los bueyes cuando hallan arvejas amargas.»


716 (22 B 5) ARISTÓCR., Teos. 68: «En vano se purifican manchándose con sangre, como si alguien, tras sumergirse en el fango, con fango se limpiara: parecería haber enloquecido, si alguno de los hombres advirtiera de qué modo obra. Y hacen sus plegarias a ídolos, tal como si alguien se pusiera a conversar con casas, sin saber qué pueden ser dioses ni héroes».


717 (22 B 6) ARIST., Meteor, II 2, 355a: «El sol es nuevo cada día».


718 (22 B 7) ARIST., De Sent. V 443a: «Si todas las cosas se convirtieran en humo, las narices discernirían».


719 (22 B 8) ARIST., Ét. Nicóm, VIII 2, 1155b: «Todo sucede según discordia».


720 (22 B 9) ARIST., Ét, Nicóm. X 5, 1176a: «Los asnos preferirían desperdicios antes que oro».


721 (22 B 10) Ps.-ARIST., De Mundo 5, 396b: «Acoplamientos: cosas íntegras y no íntegras, convergente divergente, consonante disonante, de todas las cosas Uno y Uno de todas las cosas».


722 (22 B 11) PS.-ARITST., De Mundo 6, 401a: «Todo animal es llevado a pastar con un golpe».


723 (22 B 12) ARIO DÍD. en EUS., Prep. Ev. XV 20: «Sobre quienes se bañan en los mismos ríos afluyen aguas distintas y otras distintas».


724 (22 B 13) CLEM., Protr. 92, 4: .Los cerdos se regocijan más en el cieno que en agua limpia».


725 (22 B 14) CLEM., Protr. 22, 2: «A los Bacantes que danzan de noche, magos y celebrantes de Dioniso., iniciados en los misterios» a unos los amenaza con lo que les sucederá tras la muerte, a otros les profetiza el fuego: «pues sacrílega es la iniciación en lo que pasa por misterios entre los hombres».


726 (22 B 15) CLEM. Protr. 34, 5: «Si no hicieran la procesión a Dioniso y cantaran el himno a las partes impúdicas, procederían del modo más irreverente, «pero son lo mismo Hades y Dioniso; por ello enloquecen y celebran Bacanales',


727 (22 B 16) CLEM., Pedag, II 99, 5: .«¿Cómo podría alguien ocultarse de lo que no se pone?».


728 (22 B 17) CLEM., Strom. II 8, 1: «La mayoría no comprende cosas tales como aquellas con que se encuentran, ni las conocen aunque se las hayan enseñado, sino que creen haberlas entendido por sí mismos».


729 (22 B 18) CLEM., Strom. II 17. «Si no se espera lo inesperado, no se lo hallará, dado lo inhallable y difícil de acceder que es».


730 (22 B 19) CLEM., Strom. II 24. «No saben escuchar ni hablar. .


731 (22 B 20) CLEM., Strom. III 14: «Una vez que nacen quieren vivir y tener su muerte», o más bien reposar, «y dejar tras sí hijos que generen muertes».


732 (22 B 21) CLEM., Strom. III 21 : «Muerte es cuantas cosas vemos al despertar, sueño cuantas vemos al dormir».


733 (22 B 22) CLEM, Strom. IV 4: «Los que buscan oro excavan mucha tierra y encuentran poco».


734 (22 B 23) CLEM., Strom, IV 9: «No conocerían el nombre de Dike, si tales cosas no existieran».


735 (22 B 24) CLEM., Strom. IV 16: «A los caídos en la guerra», «los honran los dioses y los hombres».


736 (22 B 25) CLEM., Strom. IV 49: «Muertes más grandes obtienen suertes más grandes».


737 (22 B 26) CLEm., Strom. IV 141: «El hombre en la noche enciende para sí una luz, cuando», al morir, «se han apagado sus ojos; viviendo toca al muerto», al dormir, cuando se han apagado sus ojos, despierto toca al que duerme».


738 (22 B 27) CLEM., Strom, IV 144: «A los hombres que mueren les aguardan cosas que no esperan ni se imaginan».


739 (22 B 28) CLEM., Strom. V 9: «El más digno de fe conoce y custodia las cosas que le parece. Y no obstante, Dike condenará también a los procreadores y testigos de cosas falsas».


740 (22 B 29) CLEM., Strom. V 59: «Los mejores escogen una cosa en lugar de todas: gloria perpetua en lugar de cosas mortales; pero la mayoría es saciada como el ganado».


741 (22 B 30) CLEM., Strom. V 104-SIMPL., Del Cielo 294, 4: «Este mundo, el mismo para todos, ninguno de los dioses ni de los hombres lo ha hecho, sino que existió siempre, existe y existirá en tanto fuego siempre vivo, encendiéndose con medida y con medida apagándose».


742 (22 B 31) CLEM., Strom, V l05: «Fases del fuego: en primer lugar mar; del mar, la mitad tierra y la mitad torbellino ígneo». «El mar se dispersa y es medido con la misma razón que había antes de que se generase la tierra».


743 (22 B 32) CLEM., Strom. V 115: «Uno, lo único sabio, quiere y no quiere ser llamado con el nombre de Zeus».


744 (22 B 33) CLEM., Strom. V 115: «Es ley, también, obedecer la voluntad de lo Uno».


745 (22 B 34) CLEM., Strom. V 115: «Incapaces de comprender tras escuchar, se asemejan a sordos; de ellos da testimonio el proverbio: aunque estén presentes, están ausentes».


746 (22 B 36) CLEM., Strom, VI 17: «Para las almas es muerte convertirse en agua; para el agua es muerte convertirse en tierra; pero de la tierra nace el agua y del agua el alma».


747 (22 B 37) COLUM., VIII 4: «Los cerdos se lavan en el cieno, las aves de corral en el polvo o cenizas».


748 (22 B 39) D. L., I 88: «En Priena nació Bías de Teutameo, cuya valía era mayor que la de los demás».


749 (22 B 40) D. L., IX 1: «Mucha erudición no enseña comprensión; si no, se la habría enseñado a Hesíodo y a Pitágoras y, a su turno, tanto a Jenófanes como a Hecateo».


750 (22 B 41) D. L, IX 1: «Una sola cosa es lo sabio: conocer la Inteligencia que guía todas las cosas a través de todas».


751 (22 B 42) D. L., IX 1: «Homero es digno de ser expulsado de las competiciones y azotado; y Arquíloco, de modo similar».


752 (22 B 43) D. L., IX 2: «La desmesura debe ser apagada más que un incendio.»


753 (22 B 44) D. L., IX 2: «El pueblo debe combatir más por la ley que por los muros de su ciudad».


754 (22 B 45) D, L., IX 7: «Los límites del alma no los hallarás andando, cualquiera sea el camino que recorras; tan profundo es su fundamento».


755 (22 B 47) D. L., IX 73: «No hagamos conjeturas al azar acerca de las cosas supremas».


756 (22 B 48) Etym. Magn. 198, 23: «Nombre del arco es vida; su función es muerte».


757 (22 B 49) GAL., De dign. puls. VIII 773: «Uno solo es para mí como miles, si es el mejor».


758 (22 B 50) HIPÓL., IX 9, 1: «Cuando se escucha, no a mí, sino a la Razón, es sabio convenir en que todas las cosas son una».


759 (22 B 51) HIPÓL., IX 9, 2: «No entienden cómo, al diverger, se converge consigo mismo: armonía propia del tender en direcciones opuestas, como la del arco y de la lira».


760 (22 B 52) HIPÓL., IX 9, 4: «El tiempo es un niño que juega, buscando dificultar los movimientos del otro: reinado de un niño».


761 (22 B 53) HIPÓL., IX 9, 4: «Guerra es padre de todos, rey de todos: a unos ha acreditado como dioses, a otros como hombres; a unos ha hecho esclavos, a otros libres».


762 (22 B 54) HIPÓL., IX 9, 5: «La armonía invisible vale más que la visible».


763 (22 B 55) HIPÓL., IX 9, 5: «De cuantas cosas hay vista, audición, aprendizaje, a ellas prefiero».


764 (22 B 56) HIPÓL., IX 9, 5: .Se equivocan los hombres respecto del conocimiento de las cosas manifiestas, como Homero, quien pasó por ser el más sabio de todos los griegos. A éste, en efecto, lo engañaron unos niños que mataban piojos y le decían: cuantos vimos y cogimos, a ésos los dejamos; cuantos no vimos ni cogimos, a ésos los llevamos».


765 (22 B 57) HIPÓL., IX 10, 2: «Maestro de muchos es Hesíodo: consideran que sabe muchas cosas éste, quien no conoció el día y la noche, ya que son una sola cosa».


766 (22 B 58) HIPÓL., IX 10, 2-3: «Los médicos, que cortan y queman», reclaman por no recibir salario digno», pero producen lo mismo «que las enfennedades».


767 (22 B 59) HIPÓL., IX 10, 4: «El camino recto y curvo del rodillo de cardar es uno y el mismo».


768 (22 B 60) HIPÓL., IX 10, 4: «El camino hacia arriba y hacia abajo es uno y el mismo».


769 (22 B 61) HIPÓL., IX 10, 5: «El mar es el agua más pura y más contaminada: para los peces es potable y saludable; para los hombres, impotable y mortífera».


770 (22 B 62) HIPÓL., IX 10, 6: «Inmortales mortales, mortales inmortales, viviendo la muerte de aquéllos, muriendo la vida de éstos».


771 (22 B 63) HIPÓL., IX 10, 6: «Se levantan y se convierten en guardianes despiertos de vivos y de muertos».


772 (22 B 64) HIPÓL., IX 10, 7: «Todas las cosas las gobierna el Rayo».


773 (22 B 65) HIPÓL., IX 10, 7: «Indigencia y saciedad» .


774 (22 B 66) HIPÓL., IX 10, 7: «A todas las cosas, al llegar el fuego, las juzga y condena».


775 (22 B 67) HIPÓL., IX 10, 8: «El dios: día noche, verano invierno, guerra paz, saciedad hambre; se transforma como fuego que, cuando se mezcla con especias, es denominado según el aroma de cada una».


776 (22 B 72) MARCO ANTON., IV 46: «De aquello con lo cual más continuamente están juntos divergen ».


777 (22 B 73) MARCO ANTON., IV 46: «No se debe hacer ni decir como los que duermen».


778 (22 B 75) MARCO ANTON., IV 46: «Los que duermen son hacedores y colaboradores de lo que sucede en el mundo».


779 (22 B 78) ORÍG., C. Celso VI 12: «El carácter humano no cuenta con pensamientos inteligentes, el divino sí».


780 (22 B 79) ORÍG., C. Celso VI 12: «El hombre puede ser llamado niño frente a la divinidad, tal como el niño frente al hombre».


781 (22 B 80) ORÍG., C. Celso VI 42: «Es necesario saber que la Guerra es común, y la justicia discordia, y que todo.sucede según discordia y necesidad».


782 (22 B 81) FILód., Ret, I, cols. 57 y 62: (Pitágoras) «iniciador de fraudes».


783 (22 B 82-83) PLATÓN, H. Mayor 289a-b: «El más bello de los monos, al compararlo con la especie de los hombres, es feo», pero también «el más sabio de los hombres en relación con Dios parece un mono tanto en sabiduría como en belleza y en todo lo demás».


784 (22 B 84a) PLOT., IV 8, 1: «Cambiando se descansa».


785 (22 B 84b) PLOT., IV 8, 1: «Es fatiga esforzarse para otros y ser mandado».


786 (22 B 85) PLUT., Coriol. 22: «Difícil es combatir con el corazón: pues lo que desea se compra al precio de la vida».


787 (22 B 86) PLUT., Coriol, 38: La mayoría de las cosas divinas «escapan al conocimiento por falta de fe».


788 (22 B 87) PLUT., De aud., 41a: «Un hombre estúpido suele excitarse con cualquier palabra».


789 (22 B 88) PLUT., Consol. ad Apoll. 106e: «Como una misma cosa está en nosotros lo viviente y lo muerto, así como lo despierto y lo dormido, lo joven y lo viejo; pues éstos, al cambiar, son aquéllos, y aquéllos, al cambiar, son éstos».


790 (22 B 89) PLUT., De superst. 166c: «Para los despiertos hay un mundo único y común, mientras que cada uno de los que duermen se vuelve hacia uno particular».


791 (22 B 90) PLUT., De E 388e: «Con el fuego tienen intercambio todas las cosas y con todas las cosas el fuego, tal como con el oro las mercancías y con las mercancías el oro».


792 (22 B 91) PLUT., De E. 392b: «Se desparrama y se recoge», «confluye y abandona», «se acerca y se aleja».


793 (22 B 92) PLUT., De Pyth. Or. 397a: «La Sibila, con su boca delirante, profiere palabras lúgubres».


794 (22 B 93) PLUT., De Pyth. Or. 400d-e: «El Señor, cuyo oráculo está en Delfos, no dice ni oculta, sino indica por medio de signos».


795 (22 B 94) PLUT., De Exil. 604a: «El sol no traspasará sus medidas; si no, las Erinias, asistentes de Dike, lo descubrirán».


796 (22 B 95) PLUT., De aud., 43d: «La ignorancia es mejor disimularla».


797 (22 B 96) PLUT., Quaest. Conviv., 1V 668f: «Los cadáveres deberían ser arrojados al estiércol».


798 (22 B 97) PLUT., An seni, resp., 787c: «Los perros ladran al que no conocen».


799 (22 B 98) PLUT., De fac. in orbe lun. 943d: «Las almas tienen olfato bajo el Hades».


800 (22 B 99) PLUT., Aq. an ign. util., 957a: «Si no hubiera sol, sería de noche».


801 (22 B 100) PLUT., Plat. Quaest. 1007d: «las estaciones llevan todas las cosas».


802 (22 B 101) PLUT., Adv. Colot., 1118c: «Me investigué a mí mismo».


803 (22 B 101a) POLIB., XII 27. «Los ojos son testigos más exactos que los oídos».


804 (22 B 102) PORF., Cuest. Hom. a Il., 1V 4: «Para el dios todas las cosas son bellas y justas, mientras los hombres han supuesto que unas son injustas y otras justas».


805 (22 B 103) PORF., Cuest. Hom. a Il., XVIII 200: «Común es el comienzo y el fin en la circunferencia de un círculo».


806 (22 B 104) PROCLO, Alc. May., pág, 255: «¿Qué es lo que comprenden o se proponen? ¿Hacen caso a los aedos del pueblo y toman como maestro a la masa, ignorando que muchos son los malos, pocos los buenos?».


807 (22 B l05) Esc. a Il. XVIII 251: «Homero, astrólogo»,


808 (22 B 106) PLUT., Cam. 19: «La naturaleza de cada día es única».


809 (22 B 107) S. E., Adv, Math. VII 126: «Malos testigos son para los hombres los ojos y los oídos cuando se tienen almas bárbaras».


810 (22 B 108) ESTOB., Flor., III 1, 174: «De cuantos he escuchado discursos, ninguno llega hasta el punto de comprender que lo Sabio es distinto de todas las cosas».


811 (22 B 110) ESTOB., Flor. III 1, 176: «Para los hombres no sería mejor que sucedieran cuantas cosas quieren».


812 (22 B 111) ESTOB., Flor. III 1, 177. «La enfermedad hace a la salud agradable y buena; el hambre, a la saciedad; la fatiga, al reposo».


813 (22 B 112) ESTOB., Flor. III 1, 178: «El comprender es la suprema perfección, y la verdadera sabiduría hablar y obrar según la naturaleza, estando atentos».


814 (22 B 114) ESTOB., Flor. III 1, 179: «Es necesario que los que hablan con inteligencia confíen en lo común a todos, tal como un Estado en su ley, y con mucha mayor confianza aún; en efecto, todas las leyes se nutren de una sola, la divina».


815 (22 B 117) ESTOB., Flor. III 5, 7: «Cuando el hombre se embriaga, se tambalea y es conducido por un niño impúber, sin atender por dónde va, al tener su alma húmeda».


816 (22 B 118) ESTOB., Flor. III 5, 8: «El alma seca es la más sabia y la mejor».


817 (22 B 119) ESTOB., Flor. IV 40, 23: «El carácter es para el hombre su demonio».


818 (22 B 120) ESTR., 1 6: «Los límites del amanecer y del atardecer, la Osa y, opuesto a la Osa, el término del brillante Zeus».


819 (22 B 121) ESTR., XIV 25: «Merecerían los efesios ser ahorcados todos los que ya no son niños, y abandonar en la ciudad a los que aún son niños, porque desterraron a Hermodoro, el varón más útil entre ellos, diciendo: 'Que ninguno de nosotros sea el único más útil; si no, que lo sea en otro lado junto a otros'».


820 (22 B 122) Suda: (Ponerse aparte) «Ponerse al lado».


821 (22 B 123) TEM., Discursos V 69: «A la naturaleza le place ocultarse».


822 (22 B 124) TEOFR., Met. 7a: «El más bello omamento es como un montón de desperdicios echados al voleo».


823 (22 B 125) TEOFR., De vertig., 9: «También la bebida de cebada se descompone si no se mueve».


824 (22 B 125a) TZETZES, Com. a Aristóf, Plut. 90a: «Que no os falte la riqueza, oh Efesios, para que se os pueda condenar por ser malvados».


825 (22 B 126) TZETZES, Escolio a Exég., II, 11 : «Las cosas frías se calientan, lo caliente se enfría, lo húmedo se seca, lo reseco se humedece».


826 (22 B 129) D. L., VIII 6: Pitágoras, hijo de Mnesarco, se ejercitó en informarse más que los demás hombres, y con lo que extrajo de esos escritos formó su propia sabiduría: mucha erudición, arte de plagiarios.


II. PRINCIPALES FRAGMENTOS APÓCRIFOS,


827 (22 A 6) PLATÓN, Crát., 402a: Todo se mueve y nada permanece y en el mismo río no nos bañamos dos veces,


828 (22 B 49a) HER. HOM., Cuest. Hom., 24: En los mismos ríos nos bañamos y no nos bañamos, tanto somos como no somos.


829 PLUT., De E 392b: En el mismo río no nos bañamos dos veces.


830 ARIST., Ét. Nicóm. VIII 2, 1155b: Lo opuesto concuerda y de las cosas discordantes surge la más bella armonía.


831 (22 B 35) CLEM., Strom. V 141 : Es necesario que los varones amantes de la sabiduría se informen de muchas cosas.


832 (22 B 38) D, L., I 23: (Tales) el primero en estudiar astronomía.


833 (22 B 46) D. L., IX 7: La opinión es una enfermedad sagrada,


834 (22 B 67a) HISDOSO en CALC., Timeo 34b: Así como la araña, estando en el medio de la tela, siente inmediatamente cuándo una mosca rompe algún hilo suyo y corre rápidamente hacia allí, como si le doliera la rotura del hilo, así también el alma del hombre, si alguna parte del cuerpo es dañada, se apresura hacia allí como si no soportara el daño del cuerpo, al que està unida de modo firme y proporcional.


835 (22 B 68) JÀMBL., De Mist. I, 11: También cuando contemplamos y escuchamos ritos obscenos, nos liberamos del perjuicio producido por ellos sobre nuestros actos. Se emplean tales cosas para el cuidado de nuestra alma y la limitación de los males que han crecido en ella por causa del nacimiento, así como para liberación y desligamiento de tales cadenas. Y probablemente por todo esto los denominó Heràclito «remedios», en la idea de que apaciguarán las calamidades y curarán a las almas enfermas de los males que conllevan desde su nacimiento.


836 (22 B 69) JÀMBL., De Mist. V 15: Considero dos tipos de sacrificios: por un lado, los de los hombres que se han purificado completamente, tal como podría acontecer en un solo caso, raramente, como dice Heráclito, o en el caso de algunos pocos varones, que se pueden contar fácilmente; por otra parte, los sacrificios materiales, corporales, etc.


837 (22 B 70) JÀMBL., Del Alma: Juegos de niños pasan por conjeturas humanas.


838 (22 B 71) MARCO ANTON., IV 46: Recordar al que ha olvidado hacia dónde conduce el camino.


839 (22 B 74) MARCO ANTON., IV 46: No hay que obrar como hijos de sus progenitores.


840 (22 B 76) MÁX. TIRO, XII 4: El fuego vive la muerte de la tierra, y el aire vive de la muerte del fuego, él agua vive la muerte del aire y la tierra la del agua.


841 (22 B 76) MARCO ANTON., IV 46: Muerte de la tierra es convertirse en agua, muerte del agua es convertirse en aire y muerte del aire convertirse en fuego, y a la inversa.


842 (22 B 77; NUMENIO, fr. 35 T) PORF., Gr. Ninf. 10: Para las almas es placer o muerte volverse humedad... y... nosotros vivimos la muerte de aquéllas y aquéllas viven nuestra muerte.


843 (22 B 113) ESTOB., Flor. III 1, 179: Común a todos es el comprender.


844 (22 B 115) ESTOB., Flor. III 1, 180: Propio del alma es un fundamento que se acrecienta a si mismo.


845 (22 B 116) ESTOB., Flor. 111 5, 6: Todos los hombres participan del conocerse a sí mismos y del ser sabios.

Heráclito de Éfeso (nac. ca. 544 [fl. 504 -501])


(Los filósofos presocráticos, vol. I, edición de Conrado Eggers Lan y Victoria E. Juliá, Editoral Gredos, colección Biblioteca Clásica Gredos, Madrid septiembre de 1986, 2ª reimp., págs. 380-397)

FACTOR SERPIENTE

ISAÍAS GARDE, textos en transición