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1 ago. 2014

Alberto Girri: Preguntarse, cada tanto

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Qué hacer
del viejo yo lírico, errático estímulo,
al ir avecinándonos a la fase
de los silencios, la de no desear
ya doblegarnos animosamente
ante cada impresión que hierve,
y en fuerza de su hervir reclama
exaltación, su canto.

Cómo, para entonces,
persuadirlo a que reconozca
nuestra apatía, convertidas
en reminiscencias de oficios inútiles
sus constantes más íntimas, sustitutivas
de la acción, sentimiento, la fe;
su desafío
a que conjuremos nuestras nadas
con signos sonoros que por los oídos andan
sin dueños, como rodando, disponibles
y expectantes,
ignorantes
de sus pautas de significados,
de dónde obtenerlas:
y su persistencia, insaciable,
para adherírsenos, un yo
instalado en otro yo, vigilando
por encima de nuestro hombro
qué garabateamos;

y su prédica
de que mediante él hagamos
florecer tanto melodía cuanto gozosa
emulación de la única escritura
nunca rehecha por nadie,
la de Aquel
que escribió en la arena, ganada
por el viento, embrujante poesía
de lo eternamente indescifrable.

Preguntárnoslo, toda vez
que nos encerremos en la expresión
idiota del que no atina a consolarse
de la infructuosidad de la poesía
como vehículo de seducción, corrupción,
y cada vez
que se nos recuerde que el verdadero
hacedor de poemas execra la poesía,
que el auténtico realizador
de cualquier cosa detesta esa cosa.


Cortesía Faro vacío
En Quien habla no está muerto
Buenos Aires, 1975
Foto: Susana Mulé

3 mar. 2014

Robert Lowell: Navegando hacia casa desde Rapallo (versión Alberto Girri)

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Tu enfermera sólo sabía hablar italiano,
pero luego de veinte minutos pude imaginarme tu semana final,
y las lágrimas corrieron por mis mejillas...

Cuando me embarqué en Italia con el cuerpo de mi madre
toda la costa del Golfo di Genova
estallaba en una vehemente flor.
Los locos amarillos y azulados trineos acuáticos
barrenando como martinetes
en la estela de burbujeante espumante de nuestro barco,
recordaban los estrepitosos colores de mi Ford.
Mi madre viajaba en primera clase en la bodega;
su ataúd Risorgimento, negro y oro,
era como el de Napoleón en los Inválidos...

Mientras los pasajeros se tostaban
en el Mediterráneo, en las sillas de cubierta,
nuestro cementerio familiar en Dunbarton.
se extendía debajo de las Montañas Blancas
con un tiempo bajo cero.
El suelo del cementerio se estaba convirtiendo en piedra,
tantas de sus muertes habían ocurrido en pleno invierno.
Sombríos y hoscos entre las cegadoras ventiscas,
su negro arroyo y los troncos de sus abetos estaban lisos como mástiles.
Una cerca de medias lanzas de hierro
bordeaba de negro sus lápidas de pizarra, casi todas coloniales.

La única alma "antihistórica" que vino a parar allí
era mi padre, ahora enterrado debajo de su reciente
lonja de mármol de vetas negras sin desgastar.
Aun el latín de su divisa de Lowell:
Occasionem cognosce,
parecía demasiado práctico y agresivo allí,
donde el quemante frío iluminaba
las inscripciones labradas de los parientes de mi madre;
veinte o treinta Winslows y Starks.
La escarcha les había otorgado a sus nombres un borde de diamante...
En el grandilocuente rótulo sobre el féretro de mi madre,
Lowell había sido erróneamente escrito LOVEL.
El cadáver
estaba envuelto como un panetone en papel de estaño italiano.


Sailing Home From Rapallo [February 1954]

Your nurse could only speak Italian,
but after twenty minutes I could imagine your final week,
and tears ran down my cheeks....

When I embarked from Italy with my Mother’s body,
the whole shoreline of the Golfo di Genova
was breaking into fiery flower.
The crazy yellow and azure sea-sleds
blasting like jack-hammers across
the spumante-bubbling wake of our liner,
recalled the clashing colors of my Ford.
Mother traveled first-class in the hold;
her Risorgimento black and gold casket
was like Napoleon’s at the Invalides....

While the passengers were tanning
on the Mediterranean in deck-chairs,
our family cemetery in Dunbarton
lay under the White Mountains
in the sub-zero weather.
The graveyard’s soil was changing to stone—
so many of its deaths had been midwinter.
Dour and dark against the blinding snowdrifts,
its black brook and fir trunks were as smooth as masts.
A fence of iron spear-hafts
black-bordered its mostly Colonial grave-slates.
The only “unhistoric” soul to come here
was Father, now buried beneath his recent
unweathered pink-veined slice of marble.
Even the Latin of his Lowell motto:
Occasionem cognosce,
seemed too businesslike and pushing here,
where the burning cold illuminated
the hewn inscriptions of Mother’s relatives:
twenty or thirty Winslows and Starks.
Frost had given their names a diamond edge....

In the grandiloquent lettering on Mother’s coffin,
Lowell had been misspelled LOVEL.
The corpse
was wrapped like panettone in Italian tinfoil.


Foto: Robert Lowell por Oscar White, 1960 / Bettmann-Corbis (Vía)

14 dic. 2013

Alberto Girri: Los monos (en torno a Darwin)

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Sea como fuere,
la provocativa fuerza,
la libertad
que manejábamos a nuestro antojo
para chillar, formar parejas,
y aun para dejarnos crucificar
como víctimas expiatorias,
ya carece de objeto,
y sobre las demás especies,
sobre nuestras narices aplastadas,
las duras garras,
los pies prensiles,
con gran honor elevamos
al que nos destrona y sucede,
amo comprensivo, guardián astuto
ayudado con fuego, insultos, grilletes,
a que nuestra naturaleza de bestias
relativamente salvajes y crueles
relativamente adaptables y sensibles,
pierda la desconfianza, perciba
cómo podemos mejorar y evitar
que las diferencias se agranden
si pese a no construir nidos,
no ser industriosos,
no poseer un vocabulario que nombre
las furias celestiales
y las variedades terrenas,
captamos
la apasionada vocación humana
por intercambios y ofrendas,
y algo
de su arte revelador de armonías,
algo de lo que en sus mitos
signifique afecto.
Y qué más promisorio
que esta jaula, este ensayo
de imitación y acercamiento
sepultando la mascarada de la selva;
lo aceptamos
tras haber venido de tan lejos
a esperar la fatal vejez del hombre
y que de sus grandes sueños caigan
las generosidades y arrogancias,
ay, todo nuestro tiempo
destinado
a que antes de extinguirse
ese refinamiento moribundo
nos reconozca,
nos mire como en un espejo.




13 dic. 2012

Gerald Manley Hopkins - El hábito de la perfección

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Gerald Manley Hopkins



Predestinado Silencio, canta para mí
y golpea mi acaracolada oreja,
condúceme en tu flauta a calmos pastizales,
sé la música que ansío escuchar.

No plasméis nada, labios; sed suavemente mudos:
es el cierre, el toque de queda
lanzado desde donde llega toda renuncia,
lo que te hace elocuente.

Permaneced velados, ojos, por doble tiniebla,
y hallad la luz increada:
esa masa y carrete que adviertes,
envuelve, detiene, molesta la simple vista.

¡Paladar, cofre del concupiscente gusto,
no quieras ser lavado con vino:
más dulce será el ánfora, más fresca
la corteza que trae el ayuno divino!

¡Nasales formas, el indiferente hálito que arrojáis
sobre la agitación y el obstáculo del orgullo,
qué sabor derramarán los incensarios
a lo largo del santuario!

Oh manos como prímulas, oh pies
que quieren lo blando del afelpado césped,
hollaréis la calle dorada
y expondréis y alojaréis al Señor.

Y tu, Pobreza, sé la esposa,
y comienza ahora la fiesta de bodas,
y ropas blancas como lirios brinda
a tu esposo, no trabajes ni hiles.




The Habit of Perfection

ELECTED Silence, sing to me
And beat upon my whorled ear,
Pipe me to pastures still and be
The music that I care to hear.

Shape nothing, lips; be lovely-dumb:        
It is the shut, the curfew sent
From there where all surrenders come
Which only makes you eloquent.

Be shelled, eyes, with double dark
And find the uncreated light:        
This ruck and reel which you remark
Coils, keeps, and teases simple sight.

Palate, the hutch of tasty lust,
Desire not to be rinsed with wine:
The can must be so sweet, the crust        
So fresh that come in fasts divine!

Nostrils, your careless breath that spend
Upon the stir and keep of pride,
What relish shall the censers send
Along the sanctuary side!        

O feel-of-primrose hands, O feet
That want the yield of plushy sward,
But you shall walk the golden street
And you unhouse and house the Lord.

And, Poverty, be thou the bride        
And now the marriage feast begun,
And lily-coloured clothes provide
Your spouse not laboured-at nor spun.



Versión de Alberto Girri

22 ago. 2011

William Carlos Williams - Lamento

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Me llaman y voy.
Es un camino helado
después de medianoche,
una nevisca atrapada
en los tiesos carriles.
Se abre la puerta.
Sonrío, entro y
me sacudo el frío.
Hay una mujer corpulenta
de costado en la cama.
Está enferma,
acaso vomitando,
acaso esforzándose
para dar a luz
su décimo hijo. ¡Alegría! ¡Alegría!
¡La noche es un cuarto
oscurecido para amantes,
a través de las persianas el sol
ha enviado una aguja dorada!
le aparto el pelo de los ojos
y contemplo su dolor
compadeciéndome.

Versión: Alberto Girri



Complaint


They call me and I go.
It is a frozen road
past midnight, a dust
of snow caught
in the rigid wheeltracks.
The door opens.
I smile, enter and
shake off the cold.
Here is a great woman
on her side in the bed.
She is sick,
perhaps vomiting,
perhaps labouring
to give birth to
a tenth child. Joy! Joy!
Night is a room
darkened for lovers,
through the jalousies the sun
has sent one golden needle!
I pick the hair from her eyes
and watch her misery
with compassion.



1 may. 2011

William Buttler Yeats - Moscas de largas zancas (versión de Alberto Girri)

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Para que la civilización no se hunda,
perdida su gran batalla,
haz callar al perro, ata el potrillo
a un poste distante.
César, nuestro amo, se halla en la tienda
donde los mapas está desplegados,
sus ojos fijos en el vacío
y una mano bajo el mentón.
Como una mosca de largas zancas sobre el río
su mente se mueve en el silencio.


Para que las insuperables torres sean quemadas
y los hombres memoren el rostro,
muévete lo más suavemente posible, si debes hacerlo
en este solitario lugar.


Ella piensa, en parte mujer, tres parte niña,
que nadie la mira; sus pies
ensayan un paso de baile
aprendido en la calle.
Como una mosca de largas zancas sobre el río
su mente se mueve en el silencio.


Para que las muchachas púberes puedan encontrar
el primer Adán en su pensamiento,
cierra la puerta de la capilla papal,
mantén fuera esas niñas.
Ahí en el andamio está acostado Miguel Angel.
Sin más ruido que el que hacen los ratones
mueve su mano de un lado a otro.
Como una mosca de largas zancas sobre el río
su mente se mueve en el silencio.






Long-Legged Fly


That civilisation may not sink,
Its great battle lost,
Quiet the dog, tehter the pony
To a distant post;
Our master Caesar is in the tent
Where the maps are spread,
His eyes fixed upon nothing,
A hand upon his head.
Like a long-legged fly upon the stream
His mind moves upon silence.


That the topless towers be burnt
And men recall that face,
Move most gently if move you must
In this lonely place.
She thinks, part woman, three parts a child,
That nobody looks; her feet
Practise a tinker shuffle
Picked up on a street.
Like a long-legged fly upon the stream
Her mind moves upon silence.


That girls at puberty may find
The first Adam in their thought,
Shut the door of the Pope's chapel,
Keep those children out.
There on that scaffolding reclines
Michael Angelo.
With no more sound than the mice make
His hand moves to and fro.
Like a long-legged fly upon the stream
His mind moves upon silence.





En Last Poems, 1939
William Butler Yeats (Dublín, 1865 - Francia, 1939) 
Foto: Edward Steichen (Corbis)


Véase versión de Jorge Aulicino


18 jul. 2010

Alberto Girri - Pascal

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Casi ninguna verdad,
el vacío
para sentirte seguro
contra la historia,
apóstata
por aconsejar la inconstancia,
la fatiga extrema,
la tempestad,
aunque los hombres no las amen,
por juzgarnos míseros
y tener la alta idea de ti
que no quieres
compartir nuestras debilidades,
por ser tú mismo endeble
y admirar las moscas,
extraña potencias
que ganan todas las batallas,
perturban el alma,
y devoran el resto,
por sustraerte al destino común
asomándote al abismo,
tu abismo, a tu izquierda,
y orar con un largo grito de terror,
por cerrarte a la claridad
mientras velas, implacable,
y exiges
que en esa Agonía
que durará hasta el fin del mundo
nadie se duerma,
por haberte ofrecido a Dios
tras anunciar que en todas partes
la naturaleza señala a un Dios perdido.


Casi ninguna verdad,
el vacío
y el morir solos
debajo de un poco de tierra.
Tuviste razón,
qué necios son estos discursos.

8 jun. 2007

T.S. Eliot - El nombre de los gatos

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El nombre de los gatos es una cuestión delicada,
no es tan sólo uno de esos juegos para un día
feriado;
ustedes pensarán que estoy loco como un
sombrerero*
cuando afirmo: un gato debe tener
TRES NOMBRES DISTINTOS.
Primero, está el nombre que la familia emplea
a diario,
como Pedro, Augusto, Alonso, Jaime,
como Víctor o Jonás, Jorge o Bill Baily,
todos ellos sensatos nombres cotidianos.
Si suponéis que suenan mejor, existen nombres
más fantasiosos,
algunos para los caballeros, otros para las damas,
como Platón, Admeto, Electra, Deméter,
sensatos nombres cotidianos también estos.
Pero yo sostengo que un gato debe tener un
nombre exclusivamente de él,
un nombre especial y más digno,
de otro modo, ¿cómo podría mantener erguida su
cola,
o alardear de sus bigotes, o alimentar su orgullo?
Nombres de esa clase yo puedo sugerirles muchos
Mankustrap, Quaxo, o Coricopat,
Bombalurina, o bien Jellylorum,
nombres que nunca pertenecen a más de un gato.
Pero además de esos nombres todavía queda otro,
el nombre que jamás lograremos adivinar,
el nombre que ninguna búsqueda humana puede
descubrir
pero que EL GATO CONOCE, aunque nunca
habrá de confesarlo.
Cuando sorprendan a un gato en intensa meditación,
la causa, les advierto, es siempre la misma:
su mente está entregada a la contemplación
del pensamiento, del pensamiento, del pensamiento
de su nombre,
su inefable, efable,
efinefable,
profundo e inescrutable Nombre único.

* Alusión al Sombrerero Loco, de Lewis Carroll.

Versión de Alberto Girri

11 abr. 2007

Alberto Girri - El poema como idea de la poesía

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Que la finalidad

sea provocar el sentimiento

de las palabras,


y alcanzar

el desafío de la expresión,

perseguir objetos

que se ajustan al sentimiento,

hundirse en objetos

hasta la emoción adecuada,


está probado,

y tanto, probado y probado,

como no lo está

el que en esos tránsitos

la tendencia madre sea

por dónde va la inspiración,


«si en frío o en caliente»,

y no lo está

que haya que seguir a Homero

entre las Musas, su rogar que lo asistan,

y a Platón


saludando hermosos versos

más en mediocres pero iluminados

que en sagaces y hábiles exclusivamente

al amparo de sus propias fuerzas,

y a Dante, el reclamar

la intervención de dioses


acaso sin creer en ellos:

O buono Apollo, all'ultimo lavoro

fammi del tuo valor...

Pero tampoco ninguna

terminante prueba hacia lo opuesto,

que el poema


se conduzca en la mente como un

experimento en una ciencia natural,

y que la aptitud

combinatoria de la mente sea

la solo inspiración reconocible.


Alberto Girri, El motivo es el poema, Buenos Aires, Sudamericana 1976

ISAÍAS GARDE, textos en transición