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23 abr. 2015

Juan Gelman – Medidas

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Juan Gelman – Medidas


El abuelo me mira desde
la foto de siempre, me mira
desde el fondo de Rusia y otras desgracias.
Desde el ghetto me mira. Dicen que
escribió una carta a Dios para
que inundara las casas de trigo,
de vino y de pan ázimo en Pascua,
y ató la carta a la pata de un pájaro
que voló de país en país buscando el cielo.
Me mira con las ojeras lentas
de quien veló el espanto. Nunca
me levantó en sus brazos. Nunca
lo tuve, nunca
me tuvo, nunca
es la palabra entre los dos. Quiso
que la verdad paseara por la calle
y la cubrió con una máscara
para que la quisieran.
Esa máscara es su rostro en la foto.
Le habrá pedido a Dios que no
borre ni escriba nada porque
todo podía ser peor. La foto
está enferma, levanta
una humareda de brazos que no se encontrarán.
Empoza su linaje y
 me sigue como un perro.

En Valer la pena (1996 – 2000)
Imagen: Ricardo Gutiérrez


15 mar. 2015

Juan Gelman – Rostros

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Juan Gelman – Rostros



Sin ella, los días tardaban en pasar

Carlos Gardel


I

algún sonido de la vida
como la naranja en el niño
¿todos lo escucharían
crepitar en tu voz?

¿y adónde iba a qué raíz
o copa donde los extranjeros labios
veían para sí cerrándose
como cuidando su aventura?

¿y de dónde venía por qué
qué dolor o qué tarde
temblando no terminada

avanzaba esa noche
ardiendo crepitando
invasora final?


II. (ropas)

la toalla donde dejo mi rostro
encontrarse con el tuyo anterior
sudor contra tu aroma
allá habrán de entenderse

como señales o distancias
marcadas en la ropa
para que existas

sea


III

allá en la bella infancia
tu rostro era otro rostro
y su asombro
cuelga de ciertos árboles

¿los pajaritos cantan?
¿soy yo la tierra de esos árboles?
¿aquél que escucha lento
como sus dos maderos?

es oscuro este sol
crece
creces


IV

en la noche importante
orino bebo tengo huesos
manos atadas como perros
labios razas oscuras

como desastres como escombros
¿los arrastran tus pies?

¿o en qué violenta dulce
contracción de tu olvido
paso yo deseado

acariciado
destruido
por tus muslos sin ojos?


V

claro que moriré y me llevarán
en huesos o cenizas
y que dirán palabras y cenizas
y yo habré muerto totalmente

claro que esto se acabará
mis manos alimentadas por tus manos
se pensarán de nuevo
en la humedad de la tierra

yo no quiero cajón
ni ropa

que el barro asuma mi cabeza
que sus orines me devoren
ahora
desnudo de ti


VI. (planetas)

la rama que golpea
o la rama que vuela
lloran cantan
abajo
abro la noche esta ciudad
mudo como un amante

¿o habrás estado en esta noche
o estarás algún día
golpeando volando
ramas que no conozco?


VII

escribo en el olvido
en cada fuego de la noche
cada rostro de ti

hay una piedra entonces
donde te acuesto mía
ninguno la conoce

he fundado pueblos en tu dulzura
he sufrido esas cosas

eres fuera de mí
me perteneces extranjera


VIII. (palabras)

tu voz cuando aparece
cuando cura o abriga
con las bellas piedades siniestras

¿cuántas madres habrá
arriba abajo de tus hijos
haciéndolos
y deshaciéndolos haciéndolos?

¿y cuánta sangre correrá todavía
hasta que esto se pudra
y dé mañana sol

como tu voz
cuando cura o abriga?


IX

el ángel de la tarde
se arrancaba las plumas
y padecía en la cocina

era silencio como
tu voz o como lo que
vuela en tu voz

había dos mitades
imperfectas dulcísimas

devorándose a solas
a espaldas a sollozos

¿qué más nos duele esta hermosura?


X. (ese animal precisamente)

¿encenderías tus parientes?
te taparías la nariz
y encenderías tus parientes:
yo te conozco, perro

los harías girar oscuramente
detrás del vidrio apenas
y los apagarías
con tus suaves pies implacables

porque el amor no tiene ojos
se los sacaron hace un tiempo
para que viera en su cantor

perro que come y vuela
al fondo del espejo


En Poesía reunida
Imagen: Jorge Rios Ponce


7 mar. 2015

Juan Gelman - Lamento por George Bentham

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Juan Gelman - Lamento por George Bentham



alas o páramos o peces
traía la mano de george bentham cálida
de mujer que tocara en plena luz
ya húmeda ya clara ya feliz

¡ah george bentham cómplice!
solía irse solito por los corredores
que atando o uniendo lo tenían a la madre central
la célebre de espumas

la que flotaba cuando empezaba a desnocharse
después de haber amado o ardido la piel se le apagaba
en el fulgor que la sacaba de toda oscuridad
y daba miel y daba leche

y daba george bentham sí señor
una invención total para estos días
negros de pésimas negruras
ah madre a la que hijaron/como siempre

por eso:
fue cuando Dios comió bebió
tomó otras medidas populares
que george bentham apareció triste morido
y solo a punto en la mitad del peso
que va de george a bentham y volvía
y quería una llama de oro
brillante y fuerte como el sol

vamos al río a tirar piedras al agua
vamos al río a tirar piedras
vamos a tirar piedras george bentham
nadie te sacará del malagüero

aunque críes caballos de vientre hermoso
hermoso ampáralos del viento
que cae del propio george bentham sí
hoy no te irás te irás mañana

si hoy no te vas te vas mañana
pero no temas a la muerte de ojos de fuego
uno que dice george otro que bentham
y brillan como el sol

quien dice george te habrá cubierto o cubrirá
quien dice bentham también

y nadie sabe cómo hacen
para darte de comer
allá habrás de crecer george bentham para atrás
en dirección al comienzo de todo
habrá rocío para tu herido corazón
y después bailaremos

por eso:
cuando george bentham murió
por fin callaba la su madre dando
o diciendo suave otra vez
“chaparroncito no me mojes/mío”



En Los poemas de Sydney West
Foto: Armando Aguirre

13 nov. 2014

Juan Gelman - Velorio del solo

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Juan Gelman - Velorio del solo


Especialmente anda preocupado
por el tiempo, la vida, otras cositas como ser
morir sin haberse alcanzado a sí mismo.

En esto era tenaz y los días de lluvia
salía a preguntar si lo habían visto
a bordo de unos ojos de mujer
o en las costas del Brasil amando su estampido
o en el entierro de su inocencia (muy particularmente).

Siempre tuvo palabras o pálidos y pobres pedazos
de amores sin usar, de grandes vientos,
trece veces estuvo por entrar a la muerte
pero volvió, de acostumbrado, decía.

Entre otras cosas quiso
que alguno más entendiera este mundo
con lo que horrorizaba a la propia soledad.

Hoy lo velan tan espantosamente aquí mismo,
entre estas paredes por las que resbalan todavía sus
puras maldiciones,
desde su rostro cae el ruido de las barbas aún vivas
y nadie que lo huela
llegará a imaginar cómo deseaba gozar con el misterio
del amor inocente,
darle agua a sus niños.

Mientras devuelve la piel y los huesos prestados al
descuido
mira a lo lejos su figura y se persigue
por lo cual sin duda pronto
va a empezar a llover.


En Velorio del solo
Imagen: Ricardo Gutiérrez

4 sept. 2014

Juan Gelman - Después de haber mirado tu retrato

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Después de haber mirado tu retrato
y haberlo dado vuelta, no, después
de haberte visto el saco solitario,
los bolsillos, el taco taciturno,
después de verte el pelo y la mejilla,
has dicho sí señor por los relojes,
has callado un minuto por ti mismo.

Te has vuelto luego por la espalda, así,
mirándote la nuca, el imposible
que allí arranca hacia el aire, te quedaste
duro de frente y al costado hondo
por si sangraba el viejo corazón,
el viejo compañero, el viejo todo.

Te has quedado, don luis, como te digo,
preguntándote el tiempo en que jugabas
a la escondida con el negro, a la
pelota con los otros en el barrio,
preguntándote el tiempo en que solías
gritar, llorar a pulmón pleno, andar
bajo la lluvia, loco de sonrisas,
como si todo comenzase y nada
fuera a acabar de golpe con la muerte.

Te has quedado un minuto como digo,
menos solo que nunca, entre recuerdos,
entre tu vida y luego entre pañuelos,
voces y frases, tangos, cigarrillos,
esa muchacha y luego entre ti mismo.

¡Qué de sueños, don luis y qué de cosas!

Con el revólver fuiste hasta el espejo,
duro de frente y al costado hondo,
y así sangró tu viejo compañero,
tu viejo corazón, tu viejo todo.

Eran las diez de la mañana. Afuera,
bajo el sol, copulaban los gorriones.


En Violín y otras cuestiones
Foto: Madrid 1991, por Ricardo Gutiérrez

3 jun. 2014

Juan Gelman - Ovidio

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La luz cae sobre la mesa del hombrecito
que repasa algunos fuegos y
descose las espaldas de la unidad.
La luz avisa que se va a ir
con una especie de apagación que
sobreviene y entra el desierto, la incierta
boda del hombre con su furia. Un perro
conversa con los astros y la casa
se llena de compañías oblicuas
y chillonas. El mal está ahí, sentado.

El hombrecito moja la pluma
en sangres que no existen, enredadas
en monstruos mismísimos y
países visibles que crujen.
Pide bueyes que le arranquen el corazón
mientras revuelve los infiernos.


En Valer la pena
Imagen: EFE/Archivo

11 ene. 2014

Juan Gelman - Lamento por la cucharita de Sammy McCoy

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“en qué consiste el juego de la muerte” preguntó
sammy mccoy parado en sus dos niños
el que fue el que sería
“en qué consiste el juego de la muerte” preguntó sin embargo

antes había bebido toda la leche de la mañana
jugos del cielo o de la vaca madre según
untándola con los sueños que
se le cían de la noche anterior

sammy mccoy era odiado frecuentemente por una mujer
que no le daba hijos sino palos
en la cabeza en el costado
en la mitad del desayuno esa fiebre

de cada palo que le dieron
brotó una flor de leche o fiebre que le comía el corazón
pero todo se come el corazón
y sammy nunca se rendía sammy mccoy no se rendía defendiéndose con nada:

con la memoria del calor
con la cucharita que perdió una vez revolviendo la infancia
con todo lo que iba rezando o padeciendo
con su pelela mesmamente

así
del pecho le fue saliendo
una dragona con pañuelo y la luz
como muchacha envuelta en aire

como dos niños sobre los que niño
sammy mccoy se paraba y
“en qué consiste el juego de la muerte” preguntaba
ya cara a cara con la gran dolora

cuando murió sammy mccoy
los dos niños se le despegaron
el que fue se le pudrió y el que iba a ser también
y de todos modos fueron juntos

lo que la lluvia o sol o gran planeta o la sistema de vivir separan
la muerte lo junta otra vez
pero sammy mccoy habló todavía
“en qué consiste el juego de la muerte” preguntó

y ya más nada preguntó
de sus falanges ángeles con mudos
salían con la boca tapada
a cucharita a memoria a calor

“güeya güeya” gritaban sus dos niños
ninguna mujer salvo la sombra los juntó
qué vergüenzas animales
y las caritas les brillaban calientes

así ha de ser caritas de oro
señoras presidentas o almas cuyas acabaran
a los pieses de sammy el que camina
sammy mccoy pisó el sol y partió


En Los poemas de Sidney West
Imagen: © Jorge Rios Ponce/dpa/Corbis

22 jul. 2013

Juan Gelman: Algunos textos de "Dibaxu" (bilingüe)

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IV

agáchate/ si quieres/ mira/
si quieres/ el pájaro
que vuela en mi voz/
tan chico/
por el pájaro pasa un camino
que va a tus ojos/
espera tu mano/
hay hierba donde no estás/
todo duerme/
el pájaro/ la voz/
el camino/ la hierba
que mañana vino/

abáxati/ si queris/ veyi/
si queris/ il páxaru
qui vola in mi boz
atan chitiu/
por il páxaru pasa un caminu
qui va a tus ojus/
aspira tu manu/
ay yerva ondi no stas/
durmi todu/
il páxaru/ la boz/
il caminu/ la yerva
qui amaniana viniera


VIII

en la mañana abierta
lentamente por tus ojos pasan
los animales que te quemaron
adentro del sueño/
nunca dicen nada/
me dejan cenizas/ y
solo
con el sol/

nil ’amaniana aviarta
in tus ojus abagan
lus animalis qui ti quimaran
adientru dil sueniu/
nunca dizin nada/
mi dexan sinizas/ y
solu
cun il sol/


IX

tu pie
pisa la noche/ leve/
abre la lluvia/
abre el día/
la muerte nada sabe de vos/
tu pie tiene hierba debajo
y una sombra donde escribe
el mar del vacío/

tu piede
pisa la nochi/ suavi/
avri la yuvia/
avri il dia/
la mierte no savi nada di vos/
tu puede teni yerva dibaxu
y una solombra ondi scrivi
il mar del vazío/


XIV

lo que hablas
deja caer
un pájaro
y le soy nido/
el pájaro calla
en mí/
mira
lo que hace de mí/

lu qui avlas
dexa cayer
un páxaru
qui li soy nidu/
il páxaru caya
adientru di mí
veyi
tu qui fase di mí/


XVIII

todo lo que llaman tierra
es tiempo/
es espera de vos/

todu lu qui terra yaman
es tiempu/
es aspira di vos/


XXIII

en tu candor
sale el mundo del mundo/
esta dicha es ciega/
me pisa como un buey/

in tu candor
sali il mundu dil mundu/
ista dicha es siega/
mi pisa com’un buey/




Título original: Dibaxu (Debajo)
Juan Gelman, 1994
Traducción: Juan Gelman
Buenos Aires, Seix Barral, 2011


Debajo, dibaxu en sefaradí. Una sola palabra, apenas un adverbio, que designa el doble lugar de origen de la lírica: el amor y la lengua. Porque debajo del canto, se halla la voz y, debajo de la voz, esa palabra que está siempre por decirse, esa promesa que arde calladamente como el sol. Juan Gelman ha escrito los veintinueve poemas que integran este libro en dialecto judeoespañol y los ha traducido luego al castellano moderno.

Foto: Juan Gelman, Museo de Bellas Artes de Mexico, 2011 © Susana Gonzalez/Corbis

10 oct. 2010

Juan Gelman: lamento por el arbolito de philip

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philip se sacó la camisa servil
llena de tardes de oficina y sonrisas al jefe
y asesinatos de su niño románticamente hablando
su niño operado cortado transplantado injertado
de bucólicas primaveras y Ginger Street volando alto verdadera
en la tarde de agosto gris

se quedó en pecho philip y cuando
se quedó en pecho hizo el recuento feliz de cuando:
le sacó la lengua al maestro (a espaldas del maestro)
le hizo la higa a la patria potestad (a espaldas de la patria potestad)
formó cuernitos con la mano contra toda invasión maternal (a espaldas
de toda invasión maternal)
se burló del ejército la iglesia (a espaldas del ejército la iglesia)
en general de cuando
ejerció su rebelde corazón (dentro de lo posible)
fortificó sus entretelas acostumbradas al vuelo (siempre que el tiempo lo permita)
engañó a su mujer (con permiso)
philip era glorioso en esas noches de whisky y hasta vino
exóticamente consumido con referencias a la costa del sol
una palabra encantadora lo retenía semanas y semanas a su alrededor
sol por ejemplo
o sol digamos
o la palabra sol
como si philip buscara lejos de la sociedad industrial
fuentes de luz fuentes de sombra fuentes

qué coraje hablar del sol

como suele ocurrir philip murió
una tarde lenta amarilla buena callada en los tejados
no hablaremos de cómo lo lloró su mujer (a sus espaldas)
o el ejército la iglesia ( a sus espaldas
o el mundo en particular y en general súbitamente de espaldas:
su viuda le plantó un arbolito sobre la tumba en Cincinnati
que creció bendecido por los jugos del cielo
y también se curvó

y si alguien piensa que lo triste es la vida de philip
fíjese en el arbolito le ruego
fíjese en el arbolito por favor

hay varias formas de ser mejor dicho
muchas formas de ser:
llamarse Hughes
hablar arameo mojarlo con té
estallar contra la tristeza del mundo
pero a ustedes les pido que se fijen
en el curvado arbolito
tiernamente inclinado sobre philip
su pecho en pena en piel como se dice

ni un pajarito nunca
cantó o lloró sobre ese árbol
verde todo inclinado
inclinado




Los poemas de Sydney West
Traducciones III (1968/1969)
Buenos Aires, Seix Barral, 1994
Foto: Alejandro Cherep (Corbis, Madrid Abril 2010)