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8 oct. 2012

Jacobo Fijman - Feria

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Jacobo Fijman



Organillos de misa; hacinamientos;
sacos de gritos de la mañana.

En lentitud confusa
sorda algazara de las obsesiones.

¡Las máscaras estúpidas
de los atormentados!

Rasguños en el quicio de la puerta
por la luz más intensa.

Bosque de soledades.
¡Esta es la pausa
más nueva de mi vida!
Mantas de fuego
sobre los agrios soplos
de mi locura.
Feria maligna de rostros tostados;
un estanque de tiempos.

¡Máscaras en la luz más Intensa y más sorda!
Agrios soplos de la locura.


En Molino Rojo, 1926

8 may. 2011

Jacobo Fijman - Máscaras

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Sangró mi corazón como una estrella
crucificada.
Dolor;
del sándalo purísimo del sueño
trabajaron la balsa de mi vida.


Amor
hízome calles de esperanza
que oprimieron tus manos de alegría.


Sus máscaras de aromas pusiéronme los astros
en las músicas negras que miran lentamente
mi soledad de túnel olvidado.


Y todavía el muelle
de mi ser bosteza;


yerra mi angustia
dando vueltas y medias-vueltas
como barricas.


Hasta que al fin, se romperá algún día
mi corazón, como un ladrillo.


¡Sus máscaras de aromas me prenderán los astros!




En Molino rojo

23 ene. 2011

Jacobo Fijman - Poema V

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Yo estaba muerto bajo los grandes soles, bajo
los grandes soles fríos. 
A través de mi llanto
oigo el agrio sudor de la precocidad. 
Yo vuelvo sobre un musgo
y las ciudades crecen a la aventura hasta la noche
del estupor. 
Miseria. 
Dios pesa. 
Me llaman vientos de mar. 
Van y vienen en grandes cambios; se alargan en
saltos irritados
que apagan mi temblor, que exasperan los sueños. 
Jamás podré seguir. 
Yo me veo colgado como un cristo amarillo sobre
los vidrios pálidos del mundo




En Hecho de estampas



5 ago. 2010

Jacobo Fijman - Política beata del sentido y la gloriosa mente en la pobreza

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I


Para el amor la rosa y la pobreza
y en el corazón el uno de la espada
sobre casta piedad y don de ciencia
gloria de ver el uno de la gloria
y en el amor pobreza de la rosa.
Está el amor en muerte y occidente,
sea la rosa y sea la pobreza;
sea el amor la rosa y la pobreza.
La tierra es seca y clama con la rosa;
para el amor la tierra de la rosa;
amor, amor de sor pobreza y rosa;
ya la unidad del uno amor de rosa.


II


Para el amor lugar de siete espadas.
Hubo el amor, la rosa y la pobreza;
hubo el impar y par de toda rosa
La rosa del amor en lumbre y tarde,
y en el amor la tarde de la rosa.
Más han sido el amor y los gemidos;
más han sido la sangre y las espadas.


III


Está la longitud pobre de gloria,
gloria de sor, de esposa y de amiga.
Que diga el uno en unidad de gloria
y el uno de su ver vea la gloria,
gloria de ver el uno de la gloria
por numerosa equinoccial pobreza
piedad en el impar y par de rosa.
Para el amor de casto entendimiento
cante el amor por lumbre en la pobreza,
gusto de serafín, sabor de vino
y occidente de nombres y de muerte.


IV


Para el amor lugar de siete espadas
uno del cual de rosa y de pobreza,
cual del fuego y amor de la pobreza.
y al cual la cualidad de la pobreza.
y al cual la cualidad de la pobreza,
cual del uno del seco y de la rosa.
la sequedad seráfica del mundo.
Está el amor en muerte y occidente,
y en séptimo lugar de las espadas.


V


Sea el sabor del número en la rosa.
sea la rosa en número y medida,
y el peso de la rosa en la pobreza.
Gloria de longitud en la pobreza,
gloria de latitud en la pobreza,
profundidad de gloria y de pobreza,
y altura de la gloria y la pobreza
Con par de rosa y el impar de rosa
por el impar de rosa par de rosa
gemido del gemir de la pobreza.


VI


Está el amor en muerte y occidente,
y en la amorosa lumbre de la espada:
pasión del uno en la unidad de rosa.
La tierra es seca y clama con la rosa:
rosa de rosa, clama la pobreza;
rosa de sor y longitud de rosa
clama la longitud de la pobreza;
rosa de esposa y latitud de rosa,
rosa de latitud, rosa de rosa;
clama la rosa en latitud de rosa
rosa de esposa, amiga de la esposa,
profundidad amiga de la rosa
clama la rosa altura de la rosa.


VII


Uno en verdad y bueno dio pobreza,
para el amor el uno de la rosa,
y el uno del amor para la rosa.
Para el amor la tierra de la rosa
y el humilde cordón de la pobreza;
donde de amor para el amor divino.
Para el amor el agua de la rosa,
donde de sor y cual de la pobreza;
para el amor el aire de la rosa,
para el amor el fuego de la rosa,




VIII


Trino es el uno, y el amor, la rosa,
uno de sor, y el uno de la esposa,
por el amor del uno de la amiga.
Tres rosas del amor para el amado,
la terrosa llanura de la tarde
de casta sequedad y luz rompida;*
tres rosas de amor para la amada,
casta piedad y don de la pobreza.


IX


Quiero tocar tocando pan y vino
pobreza en uno del amor de rosa;
cuyo pan es el cuerpo de la gloria,
cuyo vino es la sangre de la gloria.
Vea la gloria el vino y la pobreza;
vea el amor la rosa y la pobreza.
En el seso amoroso la pobreza
cuando de amor en cuando de la rosa
cuando de tierra de pobreza y rosa
uno beato y trino de la gloria;
cuando de son y amor en el oído,
cuando de son y trío de la rosa
para el amor lugar de siete espadas;
para el amor la rosa y la pobreza.


*(sic)


Poemas dispersos

12 oct. 2007

Más de Jacobo Fijman

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Eclogario


Acá dentro conmigo, tú sabes justamente
de montes y de cabras
Y de dar en el nombre
los concejos y los trigos,
las albas y deuterias.
Ahora, ahora con el sueño
tanto y cuanto de flor,
y más y más de almendras y manzanas,
acuérdate, pretexta, de ser eternidad,
tú tan amiga de la flor,
y tan amiga de la estrella,
tanto o cuanto de flor,
tanto o cuanto de estrella.
Ahora, ahora con el sueño
de albas y deuterias,
acuérdate, pretexta, de ser eternidad.


Sin titulo

Arrancaron el sol de la frente celeste,
la clave de las palmas
y las niñas ardientes
que duermen en los cuerpos más negros de la tierra,
y aquí el siguiente mar
trae las islas mudas o sin viento.
Algunas han verdes, algunas han rojas,
tú, compuesta de sueños
que toman en el cuerpo más negro de la tierra
a los sueños más integros y quietos,
perpetuos concluyentes,
tú, que vienes del mar y las islas,
tú la breve del fuego
sin más luz que la muerte.


3 oct. 2007

Jacobo Fijman - Acerca de Lautreamont

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1

Lo imagino rubio. De ojos celestes. Alto varios metros. La piel azul y las manos huesudas. Dotado de una gran imaginación. Pero satánico.
Atormentado por las cosas reales y vulgares y por las ideas que se hacía del más allá de la muerte y de la muerte misma.
Era lo que diríamos hoy, un introvertido. Se lo supone fino, elegante, de una dentadura tremenda; con colmillos.
Debe estar ahora no en el infierno sino en el hades, que es el reino de la muerte.
Él está como dormido; insomnis mortis.
Durante su vida debe haber abusado de las drogas que llevan a los otros paraísos, los paraísos del mal.
Eso, es lo que se deduce de sus escritos. Donde se hace sentir su soledad y su desesperanza.
No tenía nada de religioso. Era un muerto, como diría un teólogo moralista.
No supo nunca más que de penas y no dio nunca con la contricción, ese dolor perfecto, ni con la tricción, ese dolor imperfecto al que se entregan los pecadores arrepentidos para que se les restituya a la primera gracia y continuar su vida penitencial hasta arraigarse en un estado de paz y esperar la buena muerte.
Pero él no da señales de haber tenido ninguna instrucción religiosa -aunque nombre mucho a Dios-que lo pudiera llevar a la salud espiritual.
Sin embargo, a pesar de todo lo quiero y lo voy a ayudar.
Este hombre atormentado, buscó con avidez; pero por sí mismo no dio con nada más que con el sufrimiento y la demencia de gran poeta.
Nació en el Uruguay, y se supone que haya muerto. Aunque nadie lo sabe.
Es como si no hubiera existido como ser físico.
Era de agua. Era flemático de temperamento y lo concibo como existiendo en un mar agitado y oscuro.
Dios no quiso que lo conociera, no quiso concederle la gracia que concede al resto de los mortales, a los fieles que componen el cuerpo místico de Cristo.
Lautréamont era soberbio; se negó a rebajarse a ser un niño.
No amó las cosas de la tierra como las aman algunos privilegiados de complexión melancólica. Él amaba lo que no sabía; buscaba a Dios pero no dio con Él. Se supone que Dios no quiso darle los beneficios que entrega a criaturas más inferiores que su naturaleza.
Lautréamont me conocía y me conoce. Como Juez he tenido que verlo. Me pidió que no lo olvidara. Que intercediera por él ante Dios que es mi amigo.

2

Hace un tiempo nos encontramos en otra región. Cuando lo vi, estaba como despejándose del sueño. Estaba con aguas, con algas, pero no con peces. Los peces se habían ido. Estaba acostado en el mar. Yo caminaba sobre las aguas y lo llamé: Lautréamont, Lautréamont, le dije, soy Fijman.
Y él me contestó que me quería. Que seríamos amigos ahora en el mar, porque los dos habíamos sufrido en la tierra. Pero no lloramos.
Nos abrazamos. Después quedamos en silencio.

Textos compilados por Carlos Artusa


3 sept. 2007

Jacobo Fijman - Cena

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Cenas de mi soledad en hosco abatimiento;
eterna como Dios, profunda de universo,
¡He sido el más ausente: el juntador de formas!
Cenas de mi soledad. . .
El sudario más frío es uno mismo.
¡Buscar y qué buscar!
¿Encrucijadas puras donde zapatean los truenos
en un constante mediodía?
Cenas de mi soledad en hosco abatimiento.
Pan y sal. Lamentos.
Piernas que saltan; salidas del cortejo;
vacilación de luz que viene abajo.
¡Extremaunción de un armonioso herrero!
Ir; pero no ir nunca;
en algodón de olvido sumir todos mis días.
Anuncios que se deslizan;
canción de gallos en la mañana azul de mi esperanza
continuación de tiempos fundamentados en dolor.
Fui un desaparecido, el más ausente:
el juntador de formas.
Amanecer desentonado.


En Molino rojo

30 ago. 2007

Jacobo Fijman - El "otro"

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Tarde de invierno.

Se desperezan mis angustias
como los gatos;
se despiertan, se acuestan;
abren sus dedos turbios
y grises;
abren sus dedos finos
de humedad y silencios detallados.
Bien dormía mi ser como los niños
y encendieron sus velas los absurdos!
Ahora el Otro está despierto;
se pasea a lo largo de mi gris corredor,
y suspira en mis agujeros,
y toca mis paredes viejas
un sucio desaliento frío.

La esperanza juega a las cartas
con los absurdos!
Terminan la partida
tirándose pantuflas.
Es muy larga la noche del corazón.

29 ago. 2007

Reportaje a Jacobo Fijman: contribución a un intento de conocimiento

1 comentario :



La siguiente entrevista a Jacobo Fijman fue realizada y publicada por V. Z. L. -principal difusor de la obra de J. F. -en la revista Talismán , número 1, Bs. As. , mayo de 1969. Posteriormente, apareció en versión extendida en forma de libro: El pensamiento de Jacobo Fijman o el viaje hacia la otra realidad , Rodolfo Alonso Editor, Bs. As. , 1970. Véase versión publicada en 1998 en Zoopat.




En la medida que un ser humano puede ser objeto de conocimiento, y ese conocimiento compartido, señalamos luego de más de un año de entrevistas, lo que más nos ha impresionado de Jacobo Fijman. Su humor corrosivo. En el estricto sentido de humor surrealista. Su autenticidad de poeta: que trasciende hasta en sus menores gestos. Que le ha determinado estas formas de vida. Estos castigos sobre su persona. Y su bondad, más allá del olvido de quienes fueron sus amigos y compañeros de generación; más allá de los policías que lo castigaron; más allá de los jueces que lo privaron de su libertad, más allá de los psiquiatras que le descargaron sus odios y su propia enfermedad; más allá de los que supieron de su situación y nada hicieron, la enorme bondad de Jacobo Fijman, equilibrando tantas de nuestras maldades, perdonándonos.



Vicente Zito Lema




¿Cuáles son sus relaciones con los colores; y en especial con el blanco, el negro y el rojo?

Los colores centrales son el violeta y el verde. Y los periféricos son el rojo, el amarillo, el anaranjado y el azul.
Yo siento preferencia por el blanco y el negro. Me gustaba ir vestido todo de negro y con guantes blancos. Estos son los dos primeros colores nombrados en el Génesis. Separó Dios la luz de las tinieblas. . . Amo el blanco. En el palacio los reos iban vestidos de blanco. . .
El negro es melancolía. Yo vestía de negro porque no tenía por quien enlutarme. En cuanto al rojo. Ah. El accidente del aire fácilmente conjuga con el fuego. Pero el secreto es saber cuál es el accidente.

¿Cómo siente la poesía?

Es un estado de ánimo, antes de la reflexión. En cuanto a lo demás, me remito a la obra poética de Aristóteles.
Esto es un secreto de estado. Yo he tenido una infancia poética. Desde niño me llamaban el poeta.

¿Qué autores han tenido mayor influencia en su formación literaria?

En mi infancia toda la obra de Sherlock Holmes, que me sirvió después para hacerle una crítica a Dostoievsky, quien alardeaba de sus novelas psicológicas. Este trabajo se publicó en el diario Crítica, en 1927; también Lamartine, con su novela Graziella. Después de leerla, me declaré a una muchacha que tenía 20 años. Era muy hermosa. Yo un niño. También Pushkin, un negro comprado por un embajador de Pedro el Grande; de él leí La Hija del Capitán; y Victor Hugo, que me fue recomendado por un espiritista. Recuerdo también los cuentos de Callejas.
Ya de grande, ningún escritor ha tenido en mí una influencia decisiva. Aunque he leído muchísimo; especialmente a Santo Tomás de Aquino, y a todos los maestros de la patrística latina y de la patrística griega.

¿Cuál es su símbolo?

La palabra; que es símbolo. Y la cruz, el símbolo de San Atanasio.

¿Hay soberbia en el ejercicio del poder?

Sería una soberbia notable. Pero habría que juntar el poder temporal y el poder espiritual. Yo me considero un aristócrata en el concepto de virtud.

¿Hay equilibrio entre su poesía y al que le cortan la lengua por no mentir?

Sí. En primer lugar, por aquello «de que al principio fue el verbo ». Y quise dar con ello.

¿Qué valor le asiste a un asesinato?

Los asesinatos tienen el valor de que el asesino va al infierno. Es pecado de segundo modo. Primer modo es pensarlo. Segundo, el clavarle la cuchillada. En general, la decapitación es el más fácil de los métodos de matar. Y el más espantoso el estrangulamiento. Pero yo deploro los asesinatos. Ni aun justifico la muerte en las cruzadas. A los herejes simple mente habría que tenerlos encerrados.

¿Qué significan los títulos de cada uno de sus libros?

Molino Rojo recuerda la demencia, el vértigo. Yo buscaba un título para esa obra que significara mis estados. Y reparé en un molinito viejo que tenía en la cocina. De color rojo. Para moler pimienta. Y vi en ese objeto todo lo que mi poesía quería expresar.
Estrella de la Mañana, en cambio, se refiere a los estados místicos que yo había adquirido en esos años. Ya había sido bautizado, convirtiéndome a la religión católica, y quise expresar con ese título la encarnación del verbo.
En cuanto a Hecho de Estampas, yo trataba de volver a la filosofía escolástica. Y volver fundamentalmente a Aristóteles. Y en una visita al Museo del Louvre quedé impresionado por los maestros clásicos, por su pintura religiosa. Cuando luego vi unas estampas de esos cuadros religiosos, las asocié a mis poemas. De ahí Hecho de Estampas.

¿En qué medida la enfermedad mental puede influir en una obra artística?

Corelli, el músico, escribió una sonata, La Locura, después de estudiar esas enfermedades. Después de tocar la sonata, él salía a la calle a conocer a la gente. Y veía que todos estaban locos. Yo he estudiado psiquiatría. Y sé que los ciegos y sordomudos son dementes. En cuanto a mi obra, los médicos dicen que no hay en ella signos de enfermedad. Y yo lo creo, ya que no hay en mi poesía nada en contra de la gramática. En Artaud, la enfermedad influyó en contra de su obra. Pero él no podía alejarse de la locura. Porque era la locura de Satán. Si Artaud hubiera estado sano, estudiaría la escolástica. Hay que estudiar. El Conde de Lautréamont era un loco. Yo leía su obra y supe de su vida estando en Uruguay. Era un hombre pésimo. Se dedicaba a los vicios. Y hacía poesía con ello. Era un monstruo. Sólo en él había locura. Nerval en cambio era bueno. Pero se ahorcó de un farol. Le gustaban las manzanas. Lautréamont y Artaud me angustian. Su psicología es la de los vagos. Yo estaba atraído a ser como ellos, pero me salvé con la misa y los libros santos.
El sufrimiento de los viciosos no es noble. Es muy alejado al de los mártires.

¿Cómo se relaciona el hecho de ser usted violinista con su poesía?

En la medida. Mi poesía es toda medida. De una manera que la acerca a lo musical. En Molino Rojo hay una gran influencia de la sonata de Corelli La Locura. Esta sonata tiene dos formas de ejecución. «El Loco» y «La Loca»; según sea un hombre o una mujer el ejecutante. En Hecho de Estampas hay influencia de los cantos gregorianos. Y en Estrella de la Mañana la medición sigue la del latín eclesiástico.

¿Cuál es su visión de la realidad?

La realidad es el ente. Y el ideal de realidad Dios. Ente increado. No hay nada más real y más evidente que Dios.

¿Cuáles son las cosas a las que tiene mayor afecto?

No es muy fuerte mi afecto con los objetos. Además, prácticamente no tengo nada. Alguna ropa, unos libros, una pipa. . . Pero hay casas hasta donde un cuadro de Modigliani está fuera de lugar. Y amo entonces la mesa y el mantel.

¿Piensa que su obra se identifica con alguna corriente poética?

No. Está fuera de cualquier escuela literaria. Nunca seguí a nadie. Aunque espontáneamente me considero un surrealista. Los surrealistas son auténticos poetas; pero blasfeman y son satánicos. En Francia conocí a varios de ellos. Aunque ya sus caras no las recuerdo bien. Una noche nos presentamos; estaban Breton, Eluard, Desnos, venían a darme una recepción. Pero alguien o algo hizo que se apagara la luz. Y no nos pudimos dar ni las manos.
A Artaud lo conocí en un café, La Coupole, donde tomamos un vaso de vino blanco. Estuvimos a punto de pelearnos. Yo me identificaba con Dios y Artaud con el Diablo. Sin embargo le tengo aprecio. Un poeta tiene que estar al servicio de Dios. Y sino que esté al servicio del demonio.

¿Por qué dejó de publicar su poesía?

En primer lugar porque la publicación de mis obras me la tenía que pagar yo. Y apenas tenía para comer. . . Además me propuse cambiar de vida. Y me dediqué exclusivamente a la filosofía escolástica y a todos los poetas que aparecen en la patrística. Pero fundamentalmente, por miedo a perderme en la literatura y alejarme de (…)

¿Se considera un santo?

No sólo me considero, lo soy. Pero mejor no decirlo porque no lo entenderían. Para los médicos eso es enfermedad. Y ellos no saben lo que es un santo. Sólo tratan a los demás como enfermos. Se guían por los síntomas. Y otras obligaciones no tienen. En esta sociedad está prohibido ser santo. Aun por la Iglesia.

¿Cuál es el significado de esa imagen que tanto reitera en sus poemas: «la noche de los corderos»?

Hay tres noches. La primera noche corresponde a los sentidos. La segunda noche a los sentidos internos. Y la tercera noche es la del intelecto. Hay algo esencial para quien se presenta ante estas noches: la sinceridad.

Yo soy un muerto. Pero vivo en Cristo.
Los corderos significan la unidad divina. Cuando eran sacrificados en el Templo Judío, debían tener un año, para representar la unidad.
Los corderos significan la unidad divina. Cuando eran sacrificados en el Templo judío, debían tener siempre un año, para representar la unidad.
¿Quién te enseñó la física? Los egipcios. ¿Quién te enseñó la magia? Los caldeos. ¿Pero quién te enseñó el misterio de la unidad divina? El pueblo de Israel.

¿Tiene miedo de la muerte?

Ningún miedo. El que hace la vía ya no tiene miedo. Además ya lo he dicho; me considero un muerto. Un muerto en vida. Vivo en Cristo. Todas las enfermedades ya están en potencia. Simplemente se hacen visibles en el momento de morir.

¿La Biblia es un texto poético?

La Biblia es un libro de Dios. Y no tiene fondo. Aunque realmente el Apocalipsis es un poema terrible.

¿Para qué escribe?

Lo hago para que mis actos se ordenen a Dios. Buscando la verdad y no la oscuridad. Y escribo para Dios y para mi perfección. Y Dios sencillamente lo aprueba. Y esto dicho en lengua baja. Para que todos me entiendan.

¿Para qué pinta?

Entre mi pintura y mi poesía hay una misma mano. Las mismas concepciones. De niño me dijeron que sería un gran pintor. Y entonces quemé todo. Ahora lo hago para perfeccionar mis sentidos, externos e interiores. Sólo de esa forma es válido pintar y escribir. Y hasta que los que se dicen pintores y escritores no lo entiendan, deberían dejar esas cosas. Porque están mintiendo. El arte tiene que volver a ser un acto de sinceridad.

¿Cómo ve esta ciudad?

Esta es una ciudad que no es buena. Es realmente mala. Corrupta. Llena de gente depravada. Hay una falta absoluta de moralidad. Es una ciudad hipócrita. Hasta parece que fuera la hipocresía su estado natural.

¿Qué motivó su conversión de judío a católico?

No es conversión de judío a católico. Es simplemente la aceptación de la religión católica, apostólica y romana.
Porque lo de judío no se pierde. Esta conversión es una concepción de la gracia. Porque Dios seguramente ha encontrado méritos para convertirme. Para concederme ese conocimiento y esa fe.

¿Ha sufrido castigos?

Sí. Pero no me quejo. ¿Quién se podría quejar luego de la pasión de Cristo? Hace ya de esto muchos años. Yo era joven. Una tarde estaba como extasiado, y un Apolonio, entrerriano, me llamó y me dijo: vamos a caminar. Nos pusimos a caminar, y cuando llegamos a una esquina de la Comisaría 4°, no recuerdo cuál era, o cuál es ahora, mi amigo me empujó contra el vigilante. Vaya a saberse si era por una broma o qué sería. . . Y entonces el vigilante me dio un golpe con esa vara que llevan. En la sien izquierda y otro en la sien derecha. Luego me llevaron al interior de la Comisaría, me estiraron en el suelo, y me golpearon con las varas. Me golpearon en las rodillas, en las manos, en la cabeza. Es completamente milagroso el estado mío, de que aún esté vivo. Después me desnudaron, me pusieron en un calabozo. Por la mañana, ellos deben haber avisado a mis padres, que todavía vivían. Y me sacaron de la Comisaría. Eso fue todo. Eso, y que les dije que era el Cristo Rojo. Lo sentía como una cosa cierta. Acaso no enseña San Pablo «ser como otro Cristo». Y mi intención era presentarme como un Cristo revolucionario. Por eso lo de Rojo. Mi grito «yo soy el Cristo Rojo» fue mi única respuesta a los golpes. Y me quedé quieto contra la pared .

¿Por qué está internado en este sitio?


Según los médicos debido a que estoy enfermo. Trastornos mentales. Yo creo sin embargo que la mayoría de la gente padece de trastornos mentales, incluso los propios médicos. ¿O acaso la mayoría de los que están en los almacenes y en las tiendas es gente de razón? ¡Ninguna! Y los médicos por ejemplo, el que más o el que menos padece de psicosis. ¿Y es que alguien sabe lo que es el alma, lo que es el intelecto? Pero así como hay muchos delincuentes que han cometido delitos, y trabajan y no los tocan para nada, también una persona por más loca que fuera, si trabaja no la internan. Cuando a mí me internaron, hacía más de una semana que estaba en la calle, sin comer, sin dormir. Me llevaron en ese estado desfalleciente a Villa Devoto, me tuvieron dos días, y luego me trajeron aquí. Eso fue en el año 1942. Me aplicaron el electroshock. Se ve que querían sacarme la enfermedad del cuerpo. Pero yo no me quejo. De qué tendría que quejarme. Los médicos son buenos. Hacen lo que pueden. Recetan, dan consejos. . . Y además, si me fuera de acá, ¿adónde iría? No tengo nada. No tengo a nadie.

¿Cómo ubica su obra en relación al momento social y cultural en que fue escrita?

Molino Rojo aparece en el momento en que se está preparando la revolución contra Yrigoyen. Las hijas de Ortiz fueron mis discípulas, en las clases que yo tenía como profesor de francés. Culturalmente no existía nada. Sólo el movimiento Martín Fierro. Era una época de pobreza atroz. Yo vivía simplemente por casualidad. Mi casa estaba cerca de la de Gardel, quien me quiso sobornar para que hablara bien de él. Una vez me balearon desde la Escuela Militar, Pienso si mi internación no habrá sido una medida divina para que no me mataran. Amaba el ruido de las balas más que la novena sinfonía. Molino Rojo tenía un título que atrapaba a los anarquistas y socialistas. Reaccionaban instantáneos ante el color rojo. Se notaba en la ciudad un estado de demencia general. Y en Molino Rojo desde luego hay una intención que empieza por la demencia; uno de esos poemas dice: «Demencia, el camino más alto y más desierto. . . »
Cuando escribí Hecho de Estampas estaba en París. Allí había guerra entre los monárquicos y los otros partidos. En el fondo todos eran unos vagos. Y creo que por entonces y en esa ciudad, estaba prácticamente prohibido ser católico.
Estrella de la Mañana corresponde a la época más oscura que yo he conocido en este país. La gente era perseguida de la manera que ha sido establecida en el Apocalipsis.

¿Cuál es esa demencia que se invoca en su poesía?

Es la demencia en sentido total. Hay formas que obedecen a los nervios centrales. Y otras a los nervios periféricos.
Y puede ser también un castigo. El que va a nacer elige ser bueno o malo. Eso también pasa hasta con las vacas. Ahora bien, la mayoría de los dementes tiene la médula desviada. Cualquier enfermedad, aun el cáncer, es estado de locura. Los médicos tendrían que seguir realmente las enseñanzas de Hipócrates, que hasta curaba con el fuego. Y hay incluso gente que se alegra de estar loca. La demencia debe ser vista desde un punto de referencia moral. Y a esa pobre gente que está en este hospicio, habría que darle buena comida; la comida es mala. Enseñarles a sentarse en la mesa, a no robar, a no blasfemar. Y cambiar fundamentalmente la higiene. En mi poesía invocaba la locura. Aquí se conoce la locura. Ya estaban anunciados mis sufrimientos. Yo soy el Jacobo Fijman que aparece en los textos de Notredamus. Y ese día vi como un puñal. Y me dije: «quién sabe lo que van a creer de mí; quién sabe lo que van a hacer de mí ». Pero yo nunca he querido ser dictador. Ni matar a nadie. Soy un santo.

¿Se siente un enfermo mental?

No. Rotundamente. No. En primer lugar porque tengo intelecto agente y paciente. Y mis obras prueban que no sólo soy hombre de razón, sino de razón de gracia.
A pesar de este sitio, que como cualquiera se dará cuenta, no es el más adecuado para trabajar, he continuado en mi tarea, escribir poesía. Y es mi razón la que hace que entienda fácilmente las cosas sobrenaturales.
Los médicos no entienden esas cosas. Se portan fácilmente bien. Pero no pueden ser lo que no son. Simplemente toman la temperatura de la piel. Dan pastillas, inyecciones, como si se tratara de un almacén. Y olvidan que en el fondo es una cuestión moral. Y es que no conozco a nadie que pueda entender la mente. Sin embargo no los odio. Hacen lo que pueden. Lo terrible es que nos traen para que uno no se muera por la calle. Y luego todos nos morimos aquí.


Aporte de Carlos Artusa




22 ago. 2007

Jacobo Fijman - Mortaja

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Por dentro;
atrás el rostro.
¡El pasado aniquila!

¡Es en vano que encuentre una herradura
en el estanque turbio de mi imaginación!

El árbol ha cubierto de palomas
mi soledad; pero es en vano.

Desnudo
siempre estoy como una llanura.

Para buscar un cerro
miro las multitudes.

Estoy siempre desnudo y blanco;
Lázaro vestido
de novio;
una mortaja viva
entre el ayer eterno
y el eterno mañana;
una mortaja viva
que llora en mi garganta.


de Molino Rojo
Jacobo Fijman, Obra poètica
Ediciones La torre abolida
Buenos Aires, 1983

11 abr. 2007

Jacobo Fijman - Hecho de estampas, poema VI

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Ha caído mi voz, mi última voz, que aún guarda mi nombre.
Mi voz:
pequeña línea, pequeña canción que nos separa de las cosas.

Estamos lejos de mi voz y el mundo, vestidos de humedades blancas.

Estamos en el mundo y con los ojos en la noche.
Mi voz es fría y sucia como la voz de los muertos.



En Obra poética, Buenos Aires, Ediciones La torre abolida, 1983

6 abr. 2007

JACOBO FIJMAN - Hecho de estampas - Poema XII

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Yo quería jugar.
Estaba el signo de mi naturaleza plena de llanto y
protección severa.

Bajo a mi obscuridad, y avanzo entre mis brazos
con una estrella niña.
Soplan olores de banderas frías
y resuenan tambores de infancia
en el mismo silencio, bajo la misma estrella.

Viene mi carne allende las transparencias.
Rodeo la luz fresca.
Ánimos de pavor yacen en mis profundas soledades.
No es el mismo silencio, no es la misma estrella.

Arranco vísperas de muros inclinados,
y más allá de todo se mueve el brillo opaco
de la agonía.


Jacobo Fijman, Obra Poética. Ediciones La torre abolida. Buenos Aires, 1983

Diamantes gratis
ISAÍAS GARDE, textos en transición

4 abr. 2007

JACOBO FIJMAN - Molino Rojo, 1926 (completo)

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CANTO DEL CISNE

Demencia:
el camino más alto y más desierto.
Oficios de las máscaras absurdas; pero tan humanas.
Roncan los extravíos;
tosen las muecas
y descargan sus golpes
afónicas lamentaciones.
Semblantes inflamados;
dilatación vidriosa de los ojos
en el camino más alto y más desierto.
Se erizan los cabellos del espanto.
La mucha luz alaba su inocencia.
El patio del hospicio es como un banco
a lo largo del muro.
Cuerdas de los silencios más eternos.
Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.
A quién llamar?
a quién llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?
Se acerca Dios en pilchas de loquero,
y ahorca mi gañote
con sus enormes manos sarmentosas;
y mi canto se enrosca en el desierto.
Piedad!


ALDEA


Mi blanca soledad-
aldea abandonada.
Revuelo de perezas
sobre la torre de un anhelo
que tañe sus horizontes.
Pintadas negras de la desolación.
Yunques abandonados y puentes solariegos.
Se ha sentado el dolor como un cacique
en el banquillo de mi corazón.
Las lluvias estancadas de mis sueños
se han cubierto de musgo.
En el horno apagado del silencio
mis frutos maduraron
estérilmente.
Perdí mi itinerario en el desierto.
Hospedería triste de mi vida
en donde sólo se aposentó el azar!
En una pradería de cansancios
balan estrellas mis ovejas grises.
Lugarón sin destino;
las calles andariegas
beatas de mi ser
son manos
contemplativas
que van perdiendo soles...


BARRIO

Barrio apartado;
bandada de colores
de las ventanas de las casas.
Silencio cruzado de brazos
ante la luna.
Sobre los árboles
embalsamados de cordialidad,
aromadas de estrellas
se trepan las callejas.
Dulzura!
Nada interrogaa.
Se está y no se está en sí mismo
muy limpio y ancho.
Y todo es tan lejano y puro
que una nueva inocencia nos consuela!
He salido a buscar
juguetes
para los niños?
Barrio apartado:
paisaje de estampas y estrellas.


VÍSPERAS

Toque de vísperas de fiestas.
Presentimientos.
Mi corazón es blanco de ternura.
Solemnidad!
Hablamos en voz baja.
Un árbol canta como un niño
piadoso
todo blanco de estrellas.
Mi corazón es blanco de ternura.


MAÑANA DE SOL

Tañía el sol sus llamas
en los cántaros húmedos del viento
de rocío y paisaje
que alargaba el elástico sendero.
Desentumecimientos.
Carnes del trigo;
espigas de mis manos.
Jadean los aromas;
temblequean cual besos los caminos.
Silencios verdes de los bosques rojos
apretados de gozo y alegría.
Enloquece en mis ojos la mañana!


OCASOS

Ocasos turbios de violeta.
Reliquias. Devociones.
Caras amortiguadas.
Nostalgias
descoloridas.
El mar se acoge en mis matices;
ciera su boca atardecida y fría!
El timbre de mis ojos
esparce intimidad.
Mi piedad de rodillas
se aroba en los suspiros del ocaso
(palomas de violeta)
Mis manos palpan el color de misa!


CREPUSCULO

Ponderan los ocasos gustos violetas.
Un árbol negro, un árbol blanco, un árbol verde
cuelgan sus blusas
en la inmovilidad.
Ha cerrado los párpados el viento.
Luces deshechas;
pétalos estrujados
en superposiciones.
Ponderan los ocasos gustos violetas.



CIUDAD SANTA

Tres gritos me clavaron sus puñales.
Paisaje de tres gritos
largos de asombro.
Bromearon los sudarios del misterio!
Fuga de embotamientos;
suspiros
en la niebla inmovilizada.
Cipreses.
Bronce de los terrores
informes, fragmentados.
Mueren caminos
y se levantan puentes.
Un árbol se transforma
cerrando sus pupilas.
Caen medrosamente las palomas
angélicas del sueño
en las uñas heladas del espanto.
Un infinito horror
manaba en mis entrañas
en un himno de muerte.


TOQUE DE REBATO

Agua de trinos
manó de las gargantas estelares;
nos lavaba la angustia
el silencio concéntrico de los cielos lejanos.
En un andar de media-luz volvían los caminos
y un gran bosque de aromas
tañía las campanas de la aurora
un himno de la vida.


CÓPULA

Nos unió la mañana con sus risas!
En las rondas del sol
canciones de naranjas.
Danzas de nuestros cuerpos
desnudos -rojo y bronce.
El olor de la luz era sagrado:
música de horizontes,
espacio de paisajes-
rojo y bronce-
ruido de melodías,
himno de soles,
eternidad
y abismo de la dicha
en la alegría loca de los vientos.
Canciones de naranjos
en la piedad de los caminos.
Todas las aguas del silencio
rompimos en la danza!
Dicha de los abrazos y los besos;
toda la gloria de la vida
en nuestros pechos
jadeantes y ligeros;
nuestros cuerpos: au roras y ponientes
en la alegría loca de los vientos.
El corazón del mundo en nuestra boca!


VELADA


Rumor de carreteras aflautadas
en los alientos turbios de las miradas grises.
Portazos;
temblor de las vidrieras; cóleras destempladas.
Aúlla el frío blanco;
el suelo se ha caído de mis manos.
Crucifijos en somnolencia.
Marcha de retrocesos
Qué ruedas empujamos?
Acordeones desafinados
de mi sabrosa angustia.
Aúlla el frío blanco
cual los gitos helados de un espejo.
Silencios enjugados de la nada;
marchas muy bien envueltas, casi fijas.
Almohadas que lloran desesperadamente;
júbilos disonantes
de huellas desgarradas;
pasos atrás, deshechos
en la inconciencia.
Mi corazón es una estrella en sorna;
canción de mis fogatas.
Almohadas burlescas que sollozan
desesperadamente.
Aúlla el frío blanco
cual los gritos helados de un espejo.


TARDE VIOLETA

Cae de bruces un silencio frío
en el ocio violeta de la tarde.
Perplejas añoranzas!
Se tuercen las paredes de mi estancia.
Ronronean las luces como gatos.
El caserío soñoliento
engrisa las campanas.
El viento tiene los pies desnudos.
Se ensordece la tarde
arrastrándose, lentamente.
Perplejas añoranzas!
De reojo me miran los sarcasmos.


EL VIAJERO AMARGADO


Gris andurrial de la mañana.
El mar descorcha sus botellas
de vinos espumosos.
Bailan como muñecos
mis anhelos, creados por los vientos;
y vanse a pique , sollozando,
con las manos abiertas, distendidas.
El mar embriaga mis sarcasmos-
aguja de relojes negros,
trasnochadores;
conciencia amarga de la vida.
Hastío.
Zozobras.
Gargantas temblorosas.
De día en día
preparo mis maletas;
cambio los aires y las horas!
Las grises estaciones me han dejado
el silencio de sus faroles
enfermos, de velorios;
y los puertos sus guinches y sus barcos
afiebrados de esclavos y bocinas.
Se alargan las agujas de los relojes negros.
Sarcasmos.
Bailan mis muñecos, oreados por los vientos
en el gris andurrial de la mañana.


MORTAJA


Por dentro:
atrás el rostro.
El pasado aniquila!
Es en vano que encuentre una herradura
en el estanque turbio de mi imaginación!
El árbol ha cubierto de palomas
mi soledad; pero es en vano.
Desnudo
siempre estoy como una llanura.
Para buscar un cerro
miro las multitudes.
Estoy siempre desnudo y blanco;
Lázaro vestido
de novio;
Una mortaja viva
entre el ayer eterno
y el eterno mañana;
una mortaja vi va
que llora en mi garganta.


MÁSCARAS


Sangró mi corazón como una estrella
crucificada.
Dolor;
del sándalo purísimo del sueño
trabajaron la balsa de mi vida.
Amor
hízome calles de esperanza
que oprimieron tus manos de alegría.
Sus máscaras de aromas pusiéronme los astros
en las músicas negras que miran lentamente
mi soledad de túnel olvidado.
Y todavía el muelle
de mi ser bosteza;
yerra mi angustia
dando vueltas y medias-vueltas
como barricas.
Hasta que al fin, se romperá algún día
mi corazón, como un ladrillo.
Sus máscaras de aromas me prenderán los astros!


HAMBRE



Vigilancia nocturna de arboledas
constantes
en una interminable perspectiva
rasada de canciones
desmesuradas.
Se engancha hondamente a mi ternura
la sangre de los astros;
se llenan mis bodegas con el vino
de la expansión;
se cubren mis graneros con los granos
de Dios.
Es muy ancho el sombrero de la noche
puesto sobre el paisaje.
Hacen alegre ruedo
taifa de vientos peleardores
de dientes amarillos.
Perpetuo insomnio
mis pasos olfatean como perros
un lobo imaginario
guardando los apriscos.
Cenas del hambre.
Recogimiento bufonesco
salado de idiotismo:
voz de falsete
en francachela corpulenta.


REQUIEM


Olores de amarillo.
Aliso de silencios
cual colgaduras tiesas
en la flor negra de mi estancia.
Sonrisa azul y blanca.
Gritos desesperados de los trenes
que doblan imprevistos horizontes
de lluvias y de fríos.
Otoño-
taburete desolado;
tabaquera de días rubios,
lánguidos y descalzos
y oscuras tardes de Rosario.
Un rebullir de sillas me despierta;
sabor de infancia; olores de amarillo.


SUBCRISTAL


Zarpas monótonas
amarillentas de las horas
de Otoño,
en las cifras muy lentas de mi hastío.
Tonalidades;
respuestas y llamadas de motivos
en una discordancia de apariencias.
Brilla el cristal de mi locura.
Efervescencias bruscas;
ojos endemoniados de un molino
junto al enorme zueco
de una carreta que relincha.
Cascan mis dientes piedras de blasfemia.


EL" OTRO"


Tarde de invierno.
Se desperezan mis angustias
como los gatos;
se despiertan, se acuestan;
abren sus dedos turbios
y grises;
abren sus dedos finos
de humedad y silencios detallados.
Bien dormía mi ser como los niños
y encendieron sus velas los absurdos!
Ahora el Otro está despierto;
se pasea a lo largo de mi g ris corredor,
y suspira en mis agujeros,
y toca mis paredes viejas
un sucio desaliento frío.

La esperanza juega a las cartas
con los absurdos!
Terminan la partida
tirándose pantuflas.
Es muy larga la noche del corazón.


FERIA


Organillos de misa; hacinamientos;
sacos de gritos de la mañana.
En lentitud confusa
sorda algazara de las obsesiones.
Las máscaras estúpidas
de los atormentados!
Rasguños en el quicio de la puerta
por la luz más intensa.
Bosque de soledades.
Esta es la pausa
más nueva de mi vida!
Mantas de fuego
sobre los agrios soplos
de mi locura.
Feria maligna de rostros tostados;
un estanque de tiempos.


VISPERAS DE ANGUSTIA

Atmósferas de marasmo despedazan mis ademanes.
Pasos furtivos
en los malditos huecos de mi ser;
desolaciones alteradas.
Azar; ideas fijas.
Revolotear de músicas celestes.
Vísperas de una nueva angustia?
Sospechas.
Soy de los que no vuelven, hermanos míos.
Atmósferas de marasmo
en torno del más fragante pino.
Amor, alégrame el camino.
Los fuegos fatuos!
Quebrantaré la vida por mi vida
por el imposible contancto de la eternidad!
Pasos furtivos
en el hueco de mi ser;
yo soy el prometido, el anunciado.
Revolotear de músicas celestes.


MOLINO

Los molinos de imágenes;
caminos sin puntos de vista.
Ahora vivo detrás de mi mismo.
Ventanas sobre los astros.
Duermen los pastores?
Semblantes contraídos en cera derretida
sobre los muros.
Fogatas.
En pasos de alta voz riñe un humor de perros.
Aquí no hay un solo corazón alegre!
Leña húmeda de los crepúsculos erernos.
El dolor es un agua que no se pierde;
pero nosotros nos hemos perdido
como en un gran tonel
de contratiempos sordos, fijos, duros.
Rincones que se enfrían
como un cadáver, en la estancia.
Aurora
en que escupe la rabia más absurda.
Se ha torcido el puente, como una mueca.
Alcohol; salario de estrellas.
Murmuradores a granel.
Silencio entorpecido;
ah, si ladrara un perro.
Se encaminan las quejas de los Nadie.
Duermen los pastores?
Señales; imágenes y muros.
Ruidos de establo;
y se abren más ventanas, pero blancas.
Inopinadamente...


ALEGRÍA

Agua de sol,
cencerros de horizontes
enlazaban la intensidad
armónica
de nuestros cuerpos
claros y vigorosos,
en plenitud de luces infinitas.
Sones de llamas
en el aire rosado;
jadear de bosques y expansión de mares.
La danza de la tierra!
La sinfonización del universo!
Y repicaban los paisajes;
agua de sol,
cencerros de horizontes.
La alegría del mundo
en el pecho redondo de la tarde!


DESPERTAR

Revuelo de silencios aromados.
Estrellas-pájaros de fuego
dichosos de infinito.
Música de las nieblas y risas de las selvas.
Se enardecen de llamas y de gritos
los desiertos.
Locos de eternidad!
los pies del viento danzan en el mundo!


SUB-DRAMA

Desolaciones.
Altos silencios
que balancian sus cabezas truncas
escencialmente.
Han caído mis esperanzas
como palomas muertas.
Desbandes.
El canto de mi mismo se alucina.
Cristales rotos.
Murga carnavalesca.
Las risas rojas!
Cifras desafinadas y arbitrarias;
el dolor más eterno!
Me trasvasa el espanto sus caminos.
Pavor de candelabros;
romance de agonía.
Quién soy?
Ha perdido su espacio
completamente el universo.
Se cierran las estrellas en mis ojos.
Nadie y nada.
Terribles apariencias
aplastan el cristal de sus sarcasmos.
Pasa un convoy de brujas caprichosas;
cuelgan mis extensiones deformadas.
Mi corazón es una isla roja
en que destacan sus banderas negras
los días de mi anhelo.
Las miradas ardientes de mis ojos,
en qué se apoyarán mañana?
Canciones de mi ser,
hemisferios de dicha,
volúmenes de aromas
en qué tambor de soles
se agitarán mañana?
Orientes y occidentes.
Se quebrarán mis ejes.
Lo sé
Llueve sin latitud el dolor más eterno!
Han caído mis esperanzas
como palomas muertas.
Pavor de candelabros; romance de agonía.


ANTIGUEDAD

Oh los gozos profundos, los inviolados gozos,
agua de soledad
que guardan los caminos!
Alma, corazón,
danza en los anillos
del día que llega,
danza en sus huertos,
goza de sus vinos.
Las albas nuevas
rompiendo límites mojan la nada;
cantan los puentes en el universo.
En las albas más nuevas humedezco mis ojos;
en los soles más nuevos humedezco mi boca!
Suenan los vientos
las zarabandas
de sus tambores
ásperos, fuertes,
libres, salvajes
y puros.
El alma del mundo es como un pájaro herido
que sangra en el amar.
Antiguedad del mundo, desolación del mundo;
danza en mi corazón la más roja lujuria,
la más roja alegría,
la más roja esperanza!
Danza las danzas
más sueltas y alocadas!
Sálvate, mundo mío,
desatando infinitos.
Apaga tus fríos
y enciende tus arenas
en la primavera
y en el sol.
Pon en mi soledad los pies ligeros
de tus dichas.
Gira tus estaciones
sobre las nuevas eras.
Iniciadas en angustias, en dolor y en espanto
abro mis manos rojas de semillas.
Puedo ser un gran sueño, puedo ser el gran sueño
de una raza!
Oh música sagrada: sobre los nuevos puentes
danzan tus retornos.


GABÁN

Soy una alforja
de lluvias.
Mi corazón regó en las primaveras
sementeras de espacio;
por ello mi cabeza
es una gorra remendada y parda
(genialidad)
o, un gabán raído,
pues he amado.
El pienso de mis días
desparramé en las sendas;
rompí todas las tejas
de los pesebres
humanos.
De mal en peor
tildaron mi locura;
merma mi audacia,
enflaquecen mis manos dadivosas
como las mulas viejas.
El gabán de mi ser se va pudriendo!


LA ÉGLOGA PROFANA

Una granja soleada. Labriegos y cantos.
Las callejas,
banderizadas
de chicuelos reidores,
se enloquecen y disparan
de mercado a la taberna;
de una esquina a otra esquina.
Se prolongan y agachan.
Danzan
hasta el medio día;
luego abren sus bocas,
se tragan el sol;
y estriran sus brazos
tatuados de cosas
y se duermen dulcemente.


LA ALDEHUELA DE VUELTA Y MEDIA

El blusón descolorido
del gran viento
aligera a las campanas
del convento de sus pájaros de bronce,
que se desgañitan en un débil llanto.
Todes desesperadas
y gritos arqueados en las chimeneas.
Está la aldehuela de vuelta y media!
(Puede que el heno se pierda
sacando la lengua de sus chirigotas
a los pobrecitos labriegos).
Gimen los mesones
un Dios mío.

Máscaras en la luz más intensa y más sorda!
Agrios soplos de la locura.


Jacobo Fijman. Obra poética, ediciones La torre abolida
Buenos Aires, 1983


12 mar. 2007

Vida y obra de Jacobo Fijman por Leonardo Iglesias

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Jacobo Fijman, el poeta rumano que, como muchos argentinos, llegó en barco a Buenos Aires, es el autor de Molino rojo, uno de los libros fundamentales del círculo martinfierrista al que perteneció por invitación de Leopoldo Marechal. Su vida dolorosa es tratada, en este ensayo de Leonardo Iglesias, con mesurado dramatismo y poniendo todo el énfasis en la calidad y el aliento original de su obra poética. Con este ensayo recuperamos a un poeta olvidado que al morir “tenía setenta y dos años, tres libros publicados, un cuaderno con dibujos y lo puesto. Nada más”.

El 25 de enero de 1898, bajo los soles fríos de Besarabia (hoy Rumania) nació Jacobo Fijman. En 1902 sus padres deciden emigrar a la Argentina. En 1917 concluye sus estudios secundarios y se radica en Capital Federal. Ingresa en el Profesorado de Lenguas Vivas y comienza una profunda formación cultural. Se especializa en filosofía antigua, griego y latín. Adquiere conocimientos en leyes y matemáticas. Su pasión por el violín y la música clásica lo acerca al compositor y violinista italiano Arcangelo Corelli, y a la espiritualidad de los cantos gregorianos. La vida de Fijman fluctúa pero los diversos nervios convergen en un solo músculo: su compromiso con la palabra.

El final de la década no es del todo próspero. Trabaja como profesor de francés y hundido en una oscura crisis emprende un viaje por todo el país, donde se gana la vida como músico ambulante. Decide irse a donde lo lleve el hambre. Tiene veintiún años. Sus primeros poemas ya tienen forma y estilo. En el Chaco paraguayo se emplea como peón en un aserradero. A su retorno a Buenos Aires en 1920, es ferozmente golpeado tras un confuso episodio en la puerta de la 4ª comisaría. Desde el suelo suplica: "¡Soy el Cristo Rojo...no me peguen, no me peguen!", pero es detenido y llevado a la cárcel de Villa Devoto. Luego de improperios y averiguaciones acerca de su vida privada es trasladado al Hospicio de las Mercedes. Ingresa en enero de 1921 y permanece hasta julio del mismo año. Es sometido a castigos corporales y electroshocks. Al salir enfrenta una cruda realidad. Sin embargo, su fuerza poética puede con el desánimo y logra publicar una serie de notas en el semanario Mundo Argentino y en la revista israelita Vida Nuestra.

En 1926 es invitado por Marechal a unirse a los martinfierristas. En septiembre de ese año publica Molino rojo. Su primer libro de poemas aparece en un momento de gran inestabilidad social y política. El título es asociado a los movimientos anarquistas y socialistas. Por el contrario, Fijman buscaba dos palabras que unidas representaran "esos estados del alma", como le gustaba decir, donde habitaban los fantasmas, el espanto de su internación dentro del hospicio y la abominable postración de un hombre que hallaba en la demencia una instancia poética muy superior a la de cualquier mortal. Impresionado por los maestros clásicos de la pintura religiosa y por la vuelta a la filosofía escolástica, agudiza su crisis con el mundo real.

Del otro lado del Atlántico, el surrealismo está en su apogeo. Fijman desembarca en París y conoce a varios de los precursores del nuevo movimiento. "Nos citamos para leer poemas, estaban Breton, Desnos, Eluard..." Pero su incipiente delirio místico lo distancia de los franceses: "Con Artaud nos conocimos en un café, en la Coupole. Estuvimos a punto de pelearnos. Yo me identificaba con Dios y Artaud con el diablo. Y el Conde de Lautréamont era un loco perverso. Se había entregado a los vicios y hacía con ellos poesía."

Envuelto en una gran confusión teológica cruza nuevamente el océano. Vive en la indigencia. "Sus bolsillos abultados, llevaban un rosario, un catálogo que reproducía las vírgenes del Louvre, y algunas estampas de santos", narra Juan Jacobo Bajarlía. En 1929 es bautizado y convertido al catolicismo. Ese mismo año publica su segundo libro, Hecho de estampas, que es bien recibido. En 1930 realiza un nuevo viaje a Europa, en un frustrado intento para ordenarse como sacerdote y hacer una completa vida penitencial. A su regreso escribe en la revista católica Número. En 1931 edita su tercer y definitivo libro, Estrella de la mañana. Argentina es gobernada por la dictadura de José Felix Uriburu y la presencia militar en las calles es una constante. "El libro corresponde a la época más oscura que he conocido en este país. La gente era perseguida de la manera prevista por el Apocalipsis."

Luego del cierre de Número, su situación económica se agrava. Vive en conventillos y por las noches toca el violín en tugurios. Nadie sabe de él. Se mueve sin saber muy bien a dónde va ni por qué. Sólo atesora entre sus manos lo más importante que mantiene en pie su vida: los poemas y los dibujos que ha bosquejado en el camino.

En la primavera de 1942, la Policía Federal allana el altillo en el que solía pasar sus días. El acta policial sentencia: "afectado de alienación mental". Lo conducen a Villa Devoto y luego al Instituto Neuropsiquiátrico José T. Borda (Buenos Aires), donde permanecerá hasta el día de su muerte. Según los médicos padece de una "psicosis distímica". Vive en la más absoluta miseria y la mayoría de los amigos de su generación lo han abandonado. Dentro del hospicio es ultrajado.Al respecto, Fijman ironiza: "Me aplicaron electroshock. Se ve que querían sacarme la enfermedad del cuerpo."

A pesar de todo despliega su fastuosa inventiva en poemas sacros y dibujos en pastel. Dedica la mayor parte del día al estudio de los teólogos antiguos y a la lectura de otras disciplinas. "He investigado el alma, también la psiquiatría. Y sé que los ciegos y los sordomudos son dementes, que los muy ricos y los que llevan uniformes son dementes y peligrosos. Y que los que visten sotanas y se llaman hijos de Cristo son los más dementes, hipócritas y demoníacos de todos." Escribe y pinta, para echar a todos esos animales que ríen en su cabeza y no lo dejan dormir.

En 1948, Leopoldo Marechal lo incluye junto al pintor Xul Solar y a Macedonio Fernández en su mítico libro, Adan Buenosayres. Aquel extraño habitante de la noche parisina, que volvía de sus largas caminatas con una crónica inusual sobre algún aspecto de la ciudad, era ahora Samuel Tesler, un personaje crecido en la fealdad y la sabiduría. Fijman no tiene amigos, ni refugios. Quienes lo han olvidado saben que está loco. Que vive apasionadamente su amor por la Virgen María y que por las noches conversa con ángeles y demonios.

Aunque es incluido en las enciclopedias y colecciones de literatura argentina, es cruelmente ignorado, y ningún escritor de su generación sabe a ciencia cierta dónde está. A partir de 1968, la vida del viejo poeta quedará marcada por la presencia del escritor y abogado Vicente Zito Lema, a quien Fijman concederá los más lúcidos conceptos sobre el arte y la locura y en quien depositará uno de sus máximos temores: "Sé que dentro de muy poco me voy a morir. Ya soy viejo y he sufrido lo suficiente. Pero tengo miedo de lo que me espera. No de la muerte porque ya estoy muerto en Cristo, sino de que me abran la cabeza como hacen con todos los internos. ¡No quiero presentarme ante Dios cuando resucite con el cerebro dañado y chorreando sangre!"

Luego de una extensa lucha, Zito Lema es nombrado curador de Fijman, cargo que le permite llevarlo a vivir los fines de semana a su propia casa. En 1969 se edita el primer número de la revista Talismán, íntegramente dedicada a Fijman, y a mediados de año aparece en la revista Extra una serie de notas firmadas por el propio Fijman.

La dictadura de Onganía agoniza, la idea de una Argentina más próspera es sólo una ilusión y la violencia se recrudece. Al año siguiente, Fijman es invitado al programa de televisión "La Ciudad Creadora". Sucede algo impensado. Fijman alza la vista, como si hubiera visto la luna que tanto amaba, y dice: "Tengo que contar un secreto que llevo toda la vida conmigo." Las cámaras lo buscan, quieren el mejor plano. Hay expectativa, y como un golpe en pleno rostro, afirma: "Todos los domingos, en misa, los sacerdotes comen mierda." El silencio recorre el estudio y la tensión se hace insoportable. El poeta acaba de hacer la más fulminante declaración escuchada, por aquellos años, en un medio del Estado. Y lo sabe. Como también es consciente de que la muerte está a pasos de hacerle la última zancadilla.

"Poeta", Jacobo Fijman: así lo registran las necrológicas de los diarios del 1 de diciembre de 1970. No dicen nada acerca de su vida dentro del hospicio. De sus huesos comidos por un montón de soledades. Que escribió y pintó infinidad de papeles y sueños. Que amó profundamente a la Virgen María. Y que un día decidió reencontrarse con los ángeles y los pájaros, con los que tanto había hablado. Tenía setenta y dos años, tres libros publicados, un cuaderno con dibujos y lo puesto. Nada más.

Fuente: http://miarroba.com/foros/visitar.php?http://www.jornada.unam.mx/2002/11/17/sem-iglesias.html


ISAÍAS GARDE, textos en transición