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11 nov. 2011

Odysseus Elytis: Tres poemas

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Helena

Con la primera gota de la lluvia murió el verano
Se empaparon las palabras que habían engendrado la claridad nocturna
Todas las palabras que estaban solamente destinadas ¡a Ti!
Hacia dónde extenderemos nuestras manos ahora que el tiempo
ya no nos tiene en cuenta
Hacia dónde abandonaremos nuestra mirada ahora que las líneas
lejanas naufragaron en las nubes
Ahora que tus párpados se cerraron sobre nuestros paisajes
Y estamos —como si la niebla hubiera penetrado en nosotros—
Solos totalmente solos rodeados de tus muertas imágenes.
Con la frente en la ventana velamos el nuevo dolor
No es la muerte quien nos derribará puesto que Tú existes
Puesto que existe en otra parte un viento para vivirte plenamente
Para vestirte de cerca como te viste de lejos nuestra esperanza
Puesto que existe en otra parte
Una verde llanura más allá de tu sonrisa hasta el sol
Diciéndole confidencialmente que nos encontraremos otra vez
No no es a la muerte a quien enfrentaremos
Sino a esta gota de lluvia otoñal
Un confuso sentimiento
La fragancia de la tierra húmeda en nuestras almas que se alejan de todo
Y si no está tu mano en nuestra mano
Y si no está tu sangre en las venas de tus sueños
La luz en el inmaculado cielo
Y la música invisible dentro de nosotros oh melancólica
Pasajera de todo cuanto nos retiene todavía en el mundo
Es el viento fresco la hora del otoño la separación
El amargo instante de apoyar el codo en el recuerdo
Que surge cuando la noche viene a separarnos de la luz
Detrás de la ventana rectangular que mira hacia la tristeza
Que nada ve
Porque se hizo ya música invisible llama en la chimenea
tañido del gran reloj de pared
Porque se hizo ya
Poema verso tras verso sonido paralelo a la lluvia lágrimas
y palabras
Palabras no como las otras pero también ellas solamente destinadas:
¡a Ti!



Versión Horacio Castillo
En Poesía griega moderna
Buenos Aires, Vinciguerra, 1997




Sinuosidad

En las franjas moradas del dolor
En las estatuas de la agonía
En los húmedos silencios
Hay un rostro
Tan a fondo extraído de las lágrimas
Tan incomprensible
Tan caliente en la mano que le hace señas
Otro rostro
Una visión con antorchas que rasga la desolación
A horcajadas la noche en sus cordilleras
Con estrellas como señales que se lanzaron con honda
Antaño desde la edad de su infancia
Y dan el buen viaje de la vida
Sobre las pendientes de la compasión.

Hay
Una tierna curva que al dolor adeuda
La aventura de su torrente de luz
Una lupa que une los errores
Como entrañas supinas que arrojó la suerte
Allí

Un buen -por la sombra que lo hechiza- muro
Forma un ángulo antes del llanto
Después llegan las tallas del desastre
Árboles con los únicos muebles de sus dedos
Con la única fe de su hablar desarraigado
Es bueno que no hablen aquellos que vivieron
Los demás sostienen lamentos en las manos
Corriendo más allá como alas imbautizables

Vivieron
Un pozo abre miedos tras cada una de sus esperanzas
Por qué ha de temblar este alambre
Este pájaro qué mirada ha de alimentar
Qué queremos
Hay

Un rostro apagado en cada telón de olvido.



Eva

Te abandonas con ola en el silencio
Que asola mi habitada esperanza

Una antorcha al lado de la hoguera
Apuesta de los vientos nocturnos
Una marcha de sombra a la orilla de la Quimera
Una habitación
Habitación de hombres sencillos
Un misterio
Lavado y tendido en la mirada que deleita

En tu mirada o en la altura de su sol
Toda mi vida se vuelve una palabra
Todo el mundo tierra y agua
Y todas las llamas de mis dedos
Violan los labios del día
Cortan en los labios del día
Tu cabeza

Enfrentada a la soledad del sueño.




De Orientaciones 
Ediciones del oriente y del mediterráneo 1996
Versión de Ramón Irigoyen