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13 may. 2011

Giorgio Vasari - Donato, escultor florentino

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Retrato de Donatello realizado en el siglo XVI. Museo del Louvre


Donato, a quien los suyos llamaban Donatello y que firmó de ese modo algunas de sus obras, nació en Florencia en el año 1383. Y poniendo en práctica el arte del dibujo, no sólo fue escultor excepcional y estatuario maravilloso, sino práctico en los estucos, notable en la perspectiva y, en la arquitectura, muy estimado. Y tuvieron sus obras tanta gracia, dibujo y bondad, que fueron consideradas más semejantes a las excelentes producciones de los antiguos griegos y romanos que las de cualquier otro artista de época alguna. Y con gran justicia se le da categoría como el primero que hizo buen uso de la imaginación en las escenas realizadas en bajo relieve, las cuales fueron ejecutadas por él de tal manera que por su tino, su facilidad y su maestría se comprende que poseyó la verdadera comprensión de tales obras, haciéndolas de una belleza poco común. Por eso, no sólo lo superó artista alguno en esa especialidad, sino que en nuestra época aún nadie lo ha igualado. Fue criado Donatello desde la infancia en la casa de Ruberto Martelli y por sus cualidades y el desarrollo de su talento no sólo mereció ser querido por él sino por todos los miembros de su noble familia. En su juventud trabajó en muchas cosas de las cuales, precisamente por ser muchas, no se hace gran caso. Pero lo que le dio fama y lo hizo apreciar en lo que valía fue una Anunciación en piedra berroqueña que fue puesta en el altar de la capilla de los Cavalcanti, en la iglesia Santa Croce de Florencia, y para la cual hizo un ornamento a la manera grotesca, con pedestal variado y retorcido y remate en cuarto de círculo, agregándole seis niños que sostienen unas guirnaldas y que se mantienen muy abrazados, aparentemente asustados por la altura a que se encuentran. Pero sobre todo demostró arte e ingenio en la imagen de la Virgen que, atemorizada por la súbita aparición del Ángel, hace con timidez y dulzura una muy cortés reverencia, volviéndose con gracia encantadora hacia quien la saluda, de manera que se nota en su rostro la humildad y la gratitud que se debe por un don inesperado a quien lo hace, y tanto más cuanto mayor sea ese don. Demostró, además, Donato en esa Virgen y en el Ángel su habilidad para hacer flotar y plegar magistralmente los drapeados y, al sugerir la figura desnuda bajo los paños, reveló hasta qué punto intentaba descubrir la belleza de los Antiguos, que había estado oculta durante tantos años. Y evidenció tanta facilidad y tantos recursos en esta obra, que no se puede desear nada mejor de la composición y de la idea, del cincel y de la técnica. En la misma iglesia, al lado de la obra de Taddeo Gaddi, en el tabique central, hizo con extraordinario empeño un Crucifijo de madera. Cuando lo terminó, considerando haber realizado una obra excepcional, lo mostró a Filippo di ser Brunelleschi, muy amigo suyo, para pedirle su opinión. Pero Filippo, que por lo que le había dicho Donato esperaba ver algo muy bueno, cuando examinó el Crucifijo sonrió un poco. Al observar esto, Donato le rogó que por la amistad que los unía le dijese su parecer, y Filippo, que era muy franco, le contestó que, en su opinión, Donato había puesto en la cruz a un campesino, y no a una figura semejante a la de Jesucristo, que era delicadísima y, en todas sus partes, la más perfecta figura de hombre que naciese jamás. Hirió esto a Donato, y más profundamente de lo que suponía, pues esperaba ser alabado, y contestó: «Si fuera tan fácil hacer como criticar, mi Cristo te parecería un Cristo y no un campesino. Pues bien: toma tú un madero y haz la prueba de tallar uno». Filippo, sin decir una palabra, se fue a su casa y sin que nadie se enterara se puso a hacer un Crucifijo, procurando superar a Donato para no condenarse con su propio juicio. Y al cabo de muchos meses dio por terminada la obra, que era de suma perfección. Entonces, cierta mañana, invitó a Donato a ir a almorzar con él, y Donato aceptó la invitación. Yendo juntos a la casa de Filippo, pasaron por el Mercado Viejo. Filippo compró algunas vituallas y, entregándoselas a Donato le dijo: «Vete con estas cosas a casa y espérame allí, que yo llegaré en seguida». Entró, pues, Donato en la planta baja de la casa de su amigo y allí vio el Crucifijo de Filippo, que estaba colocado en buena luz. Detúvose a considerarlo y lo encontró tan perfectamente acabado que, impresionado y atónito, como fuera de sí, abrió las manos con que sostenía el delantal, a consecuencia de lo cual dejó caer los huevos, el queso y lo demás, rompiéndose y desparramándose todo. Pero Donato seguía maravillado y como enloquecido cuando llegó Filippo quien, riendo, le dijo: «¿Qué te propones, Donato? ¿Qué vamos a comer, ahora que has tirado todo por el suelo?». «En cuanto a mí -repuso Donato- ya me ha tocado mi parte por el día de hoy; si quieres la tuya, recógela. Y no hablemos más: a ti te corresponde hacer los Cristos, y a mí, los campesinos».

En el templo de San Giovanni, de la misma ciudad, hizo Donato la sepultura del Papa Giovanni Coscia, depuesto por el Concilio de Constanza. Esa obra le fue encargada por Cosme de Médicis, que era muy amigo de dicho Coscia, y en ella hizo Donato con su propia mano al muerto, de bronce dorado, y, en mármol, la Esperanza y la Caridad. Michelozzo, su discípulo, hizo la figura de la Fe. Frente a este sepulcro está, en el mismo templo y también de mano de Donato, una Santa María Magdalena de madera, en penitencia, muy bella y muy bien hecha; aparece consumida por el ayuno y la abstinencia, y en todas sus partes se admira la perfección de la anatomía, muy bien entendida. En el Mercado Viejo, sobre una columna de granito está colocada una Abundancia que talló Donato en piedra berroqueña dura, completamente aislada. Está tan bien hecha, que la alaban muchísimo los artistas y todos los entendidos. La columna sobre la cual está esa figura se encontraba antes en San Giovanni, donde se hallan las otras de granito que sostienen el cornisamento interior. Fue sacada de allí y en su lugar se puso otra columna, acanalada, sobre la cual estaba antes, en el medio del templo, la estatua de Marte que fue retirada cuando los florentinos se convirtieron a la fe de Cristo.1 Cuando era aún muy joven, el escultor hizo en la fachada de Santa Maria del Fiore a un Daniel Profeta, de mármol, y luego un San Juan Evangelista de cuatro braccia de alto, sentado, con sencillo ropaje, que ha sido muy elogiado. En el mismo sitio, en el ángulo que hace frente a la Via del Cocomero, se ve una figura de anciano, más parecida al estilo antiguo que cualquier otra obra de Donato. En su rostro se pintan los pensamientos que los años inspiran a las personas agotadas por los años y la fatiga.

Hizo también, en aquella iglesia, el ornamento del órgano que se encuentra sobre la puerta de la sacristía vieja, con aquellas figuras esbozadas que parecen verdaderamente vivas y dotadas de movimiento. Por lo tanto, puede decirse de este artista que trabajaba tanto con la mente como con las manos, considerando que muchas cosas que se hacen y parecen hermosas en el taller donde se ejecutan, trasladadas de allí a otro lugar, con luz distinta, o a mayor altura, tienen otro aspecto y resultan ser lo contrario de lo que aparentaban. Pero Donato hacía sus figuras de tal modo, que en el sitio donde se colocaban eran dos veces mejores que lo que parecían en el obrador donde las ejecutaba.

En la sacristía nueva de aquella iglesia proyectó aquellos niños que están en el friso, llevando guirnaldas, y también las figuras de la vidriera del tragaluz situado debajo de la cúpula, que representa la Coronación de la Virgen. Esta composición, como manifiestamente se ve, es mucho mejor que las de las otras vidrieras redondas.

En San Michele in Orto, en la misma ciudad, labró en mármol, por encargo del gremio de los carniceros, la estatua de San Pedro que allí se ve. Es una figura muy sabia y admirable. Y para el gremio de los lenceros ejecutó el San Marcos Evangelista, que empezó a ejecutar en colaboración con Filippo di ser Brunelleschi pero luego concluyó solo, de conformidad con su amigo. Esta figura fue hecha por Donato con suma prudencia, pero cuando vieron el boceto en barro, los consejeros gremiales, que no eran entendidos en arte, no advirtieron su excelencia y estuvieron a punto de impedir la ejecución definitiva. Entonces, Donato les pidió que le permitieran seguir trabajando en ella, pues quería demostrarles que, con algunos retoques, parecería muy distinta. Ellos accedieron, y Donato dejó el barro tapado durante quince días. Luego, sin haberlo tocado, lo descubrió y entonces todos se maravillaron.

Para el gremio de los fabricantes de corazas hizo una figura de San Jorge armado, llena de vida, en cuya cabeza puso la belleza de la juventud, el espíritu y la valentía, una impetuosidad impresionante. Esa piedra da una maravillosa sensación de movimiento. Ciertamente, en las figuras modernas no se ha visto aún tanta vivacidad, ni tanto espíritu en el mármol, como lo que la naturaleza y el arte produjeron, por mano de Donato, en esta obra. En el pedestal que soporta el tabernáculo de este San Jorge, hizo un bajo relieve de mármol con la escena en que el Santo mata al dragón, y en que se ve un caballo muy apreciable y muy alabado. En el frontispicio talló en bajo relieve un Dios Padre. Frente a la iglesia de dicho oratorio hizo en mármol, en el orden antiguo llamado corintio, sin seguir de ningún modo el estilo tudesco, un tabernáculo para la Mercanzia , donde debía colocar dos estatuas que no quiso ejecutar porque no hubo acuerdo sobre el precio. Después de su muerte, Andrea del Verrocchio hizo esas dos figuras en bronce. Talló en mármol, en la fachada de Santa Maria del Fiore que está frente al Campanile , cuatro figuras de cinco braccia de alto, de las cuales dos, que están en el medio, son retratos del natural: una representa a Francesco Soderini joven, y la otra a Giovanni di Barduccio Cherichini, hoy apodado Zuccone.2 Como la consideraba notabilísima, y la más hermosa de todas las obras que hiciera jamás, cuando quería jurar para que le creyeran solía decir Donato: «¡Por la fe que le tengo a mi Zuccone!». Y mientras estaba haciendo esa estatua, la contemplaba y le decía: «¡Habla, habla! ¡Que te dé un cólico!»3

Y del lado que da al presbiterio, sobre la puerta del Campanile hizo un Sacrificio de Isaac por Abraham y otro profeta. Tales obras fueron colocadas entre otras dos estatuas. Para la Señoría de Florencia fundió en metal una Judit cortándole la cabeza a Holofernes, que fue colocada en la plaza, bajo uno de los arcos de la Loggia.4  Es una obra de suma excelencia y maestría; quien considera la sencillez exterior en el vestido y el aspecto de la Judit, no deja de descubrir la interior grandeza de alma de esa dama auxiliada por Dios; en cuanto al Holofernes, en su expresión se pintan los efectos del vino y el sueño, mientras la muerte se ve en sus miembros; que por haber perdido la vida están fríos y caídos. Esta obra fue realizada por Donato de tal manera, que el vaciado en bronce resultó delicado y bellísimo; luego fue repulido tan sabiamente que maravilla verlo. El basamento, que es una balaustrada de granito, de orden sencillo, tiene gracia suma y es muy agradable a la vista. Y la obra satisfizo tanto al artista que (contrariamente a lo que hizo con las anteriores) quiso ponerle su firma, como se ve por la inscripción Donatelli opus.

Encuéntrase en el patio del palacio de la Señoría un David en bronce, desnudo y de tamaño natural, que ha decapitado a Goliat y pone el pie sobre la cabeza del gigante, mientras tiene la espada en la mano derecha. Esta figura es tan natural por su vivacidad y su morbidez, que a los artistas les parece imposible que no haya sido formada en un cuerpo vivo. Esa estatua estuvo en el patio de la casa de los Médicis, pero fue cambiada de lugar cuando desterraron a Cosme.5 En la actualidad, el duque Cosme ha hecho construir una fuente en el lugar donde estaba esta estatua, que hizo retirar y reservar para ponerla en otro patio muy espléndido que proyecta hacer en la parte posterior del palacio, allí donde estaban los leones.

En la sala donde se encuentra el reloj de Lorenzo della Volpaia, a mano izquierda, está un bellísimo David de mármol, que tiene la cabeza de Goliat muerto entre las piernas y bajo los pies,6 y lleva en la mano la honda con que lo hirió. En la Casa de los Médicis, en el primer patio, hay ocho medallones de mármol con copias de camafeos antiguos, reversos de medallas y algunas escenas muy hermosas hechas por Donato. Se hallan cimentados en el friso, entre las ventanas y el arquitrabe, sobre los arcos de la galería. También se ve allí un Marsias antiguo, restaurado, en mármol blanco, puesto a la entrada del jardín, y gran número de cabezas, igualmente antiguas, puestas sobre las puertas que Donato restauró y embelleció con adornos de alas y de diamantes (iniciativa de Cosme), en estucos muy bien ejecutados. De granito hizo un bellísimo jarrón que vierte agua, y en el jardín de los Pazzi, en Florencia, ejecutó otro similar, que también vierte agua. En dicho palacio de los Médicis hay Vírgenes de mármol y bronce, en bajo relieve, y otras figuras bellísimas, maravillosamente labradas apenas en relieve. Era tanto el amor que Cosme abrigaba por el talento de Donato, que lo hacía trabajar constantemente, y, viceversa, Donato le tenía tanto cariño a Cosme, que a la menor seña adivinaba lo que quería y le daba inmediata satisfacción.

Dicen que un mercader genovés encargó a Donato una cabeza de bronce, de tamaño natural, que resultó bellísima y era muy liviana, porque estaba destinada a ser llevada muy lejos. La obra había sido encargada por intermedio de Cosme. Y cuando estuvo terminada y el mercader quiso pagarla, le pareció que Donato pedía demasiado; por lo tanto, se sometió la cuestión a Cosme, quien hizo llevar la cabeza al patio superior de su palacio, y colocarla entre las almenas que dan a la calle, para que se viese mejor. Al considerar el pleito, Cosme juzgó que había mucha diferencia entre lo que ofrecía el mercader y lo que Donato pedía, y que, además, el precio era demasiado bajo. El mercader, opinando que era demasiada exigencia, dijo que Donato había trabajado apenas un mes o poco más, y que le salía a más de medio florín por día. Volvióse entonces Donato con cólera hacia él, sintiéndose demasiado ofendido, y le dijo al genovés que en la centésima parte de una hora él era capaz de destruir los esfuerzos y el beneficio de un año. Y dando un empujón a la cabeza, la hizo caer a la calle, donde se hizo mil pedazos, mientras agregaba dirigiéndose a su cliente, que bien se veía que estaba más acostumbrado a comprar alubias que esculturas. Se arrepintió el otro y le ofreció el doble por que rehiciera la cabeza, mas Donato no quiso oír sus ofrecimientos ni los ruegos de Cosme, y nunca rehízo la obra.

En las casas de los Martelli hay muchas obras de mármol y de bronce, inclusive un David de tres braccia y muchas otras cosas que Donato les obsequió generosamente, en testimonio de la obediencia y el cariño que sentía por esa familia. Es particularmente notable un San Juan de mármol, en bulto, de tres braccia de alto, concluido por él y que es algo excepcional, pues se encuentra hoy en la casa de los herederos de Ruberto Martelli, en calidad de fideicomiso, para que no se pueda empeñar, ni vender ni donar sin grave perjuicio, como testimonio y fe de las atenciones que los Martelli prodigaron a Donato y que éste les prodigó, y en reconocimiento del talento del escultor, que progresó en su arte gracias a la protección y las comodidades que la familia le brindara.

También hizo, enviándola a Nápoles, la sepultura de un arzobispo que está en Sant'Angelo di Seggio di Nido y en la cual hay tres figuras de bulto entero que sostienen con la cabeza el féretro del muerto. En el cuerpo del sarcófago hay una escena tan bella, en bajo relieve, que merece infinitas alabanzas. Y en la casa del conde de Matalone, en la misma ciudad, hay una cabeza de caballo, de la mano de Donato; es tan hermosa que muchos la creen antigua. Ejecutó en la ciudad de Prato el púlpito de mármol en que se muestra la Cintola y representó en los paneles una danza de niños, tan bellos y admirables, que puede decirse que en esto mostró la perfección de su arte, no menos que en las demás cosas que realizó. Además, como soportes de esa obra, hizo dos capiteles de bronce, uno de los cuales existe aún, mientras que el otro fue robado por los españoles cuando saquearon esa comarca.

Ocurrió que en aquella época la Señoría de Venecia, enterada de su fama, mandó por él para que hiciera el monumento a Gattamelata en la ciudad de Padua; fue allá Donato, muy satisfecho, e hizo el caballo de bronce que se encuentra en la plaza de San Antonio y que parece relinchar y estremecerse; en cuanto a la figura montada en él, expresa en forma vivísima y artística la grandeza de alma y la energía. Y se mostró Donato tan admirable en ese vaciado, que no sólo es grande por el tamaño sino por la calidad, que verdaderamente igualó a cualquier artista antiguo en cuanto a expresión del movimiento, dibujo, oficio, proporciones y acabado. Por eso, aquella obra causó asombro, no sólo a quienes entonces la vieron, sino a los que la han visto después y hasta nuestros días. Los paduanos trataron de todos modos de hacerle adoptar la ciudadanía de Padua y con toda clase de halagos quisieron retenerlo. Para que se quedara, le confiaron la ejecución de la predella del altar mayor de la iglesia de los Frati Minori, en que hizo en bajo relieve episodios de la vida de San Antonio de Padua, ejecutados con tanta inteligencia que los escultores más excelentes quedaron maravillados ante las bellas y variadas composiciones, la abundancia de figuras singulares y las reducciones perspectivas. Asimismo hizo en el frontal del altar a las Marías que lloran al Cristo muerto. Y en la casa de uno de los condes de Capodilista hizo en madera el esqueleto de un caballo, que aún puede verse hoy, aunque sin el cuello, y en que las junturas están ejecutadas con tal orden, que quien considera esa obra puede apreciar el ingenio del cerebro de Donato y la grandeza de su espíritu.

En un convento de monjas hizo un San Sebastián de madera, a pedido de un capellán amigo de ellas y pariente suyo, que era florentino. Éste le llevó un Santo antiguo y tosco que tenían, rogándole que hiciera otro igual. Para contentar al capellán y a las monjas, Donato trató de imitar ese modelo, pero no pudo menos que introducir en la copia de esa grosera escultura su capacidad y su arte acostumbrados. Además de esta obra hizo muchas otras, de barro y de estuco, y en un pedazo de mármol viejo que dichas monjas tenían en su huerta, talló una Virgen muy hermosa. En toda esa ciudad hay, por otra parte, una infinidad de producciones suyas, y aunque todos los paduanos lo consideraban como un milagro, y todas las personas inteligentes lo elogiaban, resolvió regresar a Florencia, diciendo que si permanecía en Padua, olvidaría todo lo aprendido a fuerza de recibir alabanzas, y que prefería volver a su tierra, donde lo criticarían continuamente, dándole las críticas incentivo para el estudio y, por consiguiente, para la conquista de mayor gloria. Salió, pues, de Padua y, al pasar por Venecia, allí dejó como obsequio a la colectividad florentina -en recuerdo de sus atenciones y para su capilla de los Frati Minori- un San Juan Bautista de madera, labrado con diligencia y esfuerzo grandísimos. En la ciudad de Faenza hizo, también de madera, un San Juan y un San Jerónimo, no menos estimables que sus demás obras. Luego, regresando a Toscana, ejecutó en la Pieve 7 di Montepulciano una sepultura de mármol con bellísimos motivos. Y en Florencia, en la sacristía de San Lorenzo, hizo un lavamanos de mármol en que también trabajó Andrea Verrocchio. Y en la casa de Lorenzo della Stufa hizo cabezas y figuras muy animadas y vivientes. Luego se trasladó de Florencia a Roma para tratar de imitar lo más posible las obras clásicas. Y mientras las estudiaba talló en piedra un tabernáculo del Sacramento que hoy se encuentra en la basílica de San Pedro. Volviendo a Florencia pasó por Siena, donde empezó a hacer una puerta de bronce para el baptisterio de San Giovanni. Había terminado el modelo de madera y los moldes de cera se hallaban casi concluidos cuando llegó a Siena Bernardetto di Mona Papera, orfebre florentino, su amigo y pariente, quien, regresando de Roma, tanto dijo e hizo, que Donato -sea por su influencia o por otra razón- se volvió con él a Florencia, de modo que aquella obra quedó inconclusa o, mejor dicho, sin comenzar. Sólo quedó de su mano, en la Ópera del Duomo de esa ciudad, un San Juan Bautista de metal, al que le falta el brazo derecho, desde el codo. Y se dice que Donato lo hizo así porque no le pagaron todo lo convenido.

Vuelto, pues, a Florencia, hizo para Cosme de Médicis, en San Lorenzo, los estucos de la sacristía, o sea, en los modillones de la bóveda, cuatro medallones de escenas de la vida de los Evangelistas, con perspectivas que en parte son pintadas y en parte, en bajo relieve. También hizo en ese lugar dos portillos de bronce, en bellísimos bajo relieves que representan a los Apóstoles con los Mártires y los Confesores. Sobre las puertecillas, en unos nichos llanos, puso imágenes de San Lorenzo, San Esteban, San Cosme y San Damián. En el crucero de la iglesia ejecutó en estuco cuatro Santos de cinco braccia de alto cada uno, muy hábilmente trabajados. También proyectó los púlpitos de bronce, con la Pasión de Cristo, en que se admira el dibujo, la fuerza, la invención y la abundancia de figuras y arquitecturas. A causa de su gran edad, no pudo terminarlos y los concluyó Bertoldo, su alumno, llevándolos a la última perfección.

En Santa Maria del Fiore hizo dos colosos de ladrillo y estuco, que adornan el exterior de la iglesia, en los ángulos de las capillas. Sobre la puerta de Santa Croce se ve aún hoy, ejecutado por él, un San Luis de bronce, de cinco braccia de alto: criticáronle esa estatua, diciendo que era torpe y, probablemente, la peor cosa que había hecho jamás, y contestó que así la hizo adrede, porque San Luis no fue menos torpe al renunciar a su reino para hacerse fraile.

Hizo también, en bronce, la cabeza de dicho Cosme de Médicis; esa obra se conserva en los depósitos del duque Cosme, donde hay muchas otras producciones de Donato, en mármol y bronce, inclusive una Virgen con el Hijo en brazos, en plano relieve de mármol: no es posible ver cosa más bella, tanto más cuanto que está encuadrada en un ornamento de miniaturas de Fray Bartolomeo, que son admirables, como se dirá oportunamente. Dicho Señor Duque tiene, de la mano de Donato, un bellísimo y milagroso Crucifijo de bronce, que está en su estudio, allí donde conserva una cantidad de antigüedades muy raras y medallas bellísimas. En los depósitos mencionados hay un bajo relieve en bronce de la Pasión de Nuestro Señor, con gran número de figuras, y otro cuadro, también de metal, con otra Crucifixión. También en la casa de los herederos de Iacopo Capponi, que fue óptimo ciudadano y caballero de verdad, hay una imagen de Nuestra Señora, en medio relieve de mármol, que se considera notabilísimo. Messer Antonio de' Nobili, que fue tesorero de Su Excelencia, tenía en su casa un bajo relieve de mármol, hecho por Donato, con una media figura de Nuestra Señora, tan hermoso que dicho Messer Antonio la apreciaba tanto como todos sus demás bienes reunidos: del mismo modo la valora su hijo Giulio, joven de singular bondad y juicio, admirador de los artistas y todos los hombres sobresalientes. En la casa de Giovan Battista di Agmol Doni, gentilhombre florentino, hay un Mercurio de metal, obra de Donato, de un braccio y medio de alto, de bulto entero y vestido de un modo bastante singular; es verdaderamente muy hermoso y no menos excepcional que las demás cosas que adornan su bellísima casa. Bartolommeo Gondi, mencionado en la Vida de Giotto, posee una Nuestra Señora en medio relieve, hecha por Donato con tanto amor y diligencia, que no es posible ver cosa mejor ni imaginar cómo el escultor pudo jugar de tal modo con el aderezo de la cabeza y la gracia del vestido que le puso.

Messer Lelio Torelli, auditor principal y secretario del Señor Duque, excelentísimo jurisconsulto y no menos aficionado a todas las ciencias, los talentos y las profesiones respetadas, posee igualmente un cuadro de mármol que representa a Nuestra Señora y fue hecho por el mismo Donatello. Si quisiéramos contar en detalle la vida de este escultor y mencionar las obras que realizó, haríamos una historia demasiado larga, lo cual no responde a nuestro propósito al escribir las Vidas de nuestros artistas. Porque puso mano no sólo a las cosas grandes de que ya dijimos bastante, sino también a producciones menores, tales como escudos de familia en chimeneas y fachadas de las casas de los ciudadanos, de lo cual puede verse un ejemplo bellísimo en el palacio de los Sommai, frente a la panadería Della Vacca. También hizo para la familia Martelli una caja que parece una cuna de mimbre, destinada a una sepultura. Pero está debajo de la iglesia San Lorenzo, porque arriba no se ve sepultura alguna, salvo el epitafio de la de Cosme de Médicis que, de todos modos, tiene su abertura debajo, como las demás.

Dicen que Simone, hermano de Donato,8 una vez terminado el modelo de la sepultura del Papa Martín V, pidió a Donato que fuera a verlo, antes de fundir el bronce, por lo cual el escultor se trasladó a Roma, encontrándose con que estaba allí el emperador Segismundo, llegado para recibir la corona de manos del Papa Eugenio IV. Entonces se vio obligado a trabajar con Simone en las magníficas decoraciones para esa fiesta, con las cuales conquistó fama y grandes honores.

En los depósitos del Señor Guidobaldo, duque de Urbino, se conserva una cabeza de mármol bellísima, de la mano de Donato, y se estima que fue regalada a los predecesores de dicho duque por el magnífico Julián de Médicis, cuando éste residía en aquella corte, llena de talentosos señores.

En suma, Donatello fue tal y tan admirable en todas sus obras, que puede decirse que en cuanto a oficio, juicio y saber fue uno de los primeros que ilustraron el arte de la escultura y de la buena composición entre los modernos. Merece tanta mayor alabanza cuanto que en su época, excepto las columnas, los pilares y los arcos triunfales, no existía ninguna antigüedad en la superficie de la tierra. Y también fue Donato poderoso factor de que despertase en Cosme de Médicis el deseo de introducir en Florencia las antigüedades que reunió en la Casa Médicis, las cuales fueron restauradas todas por Donato y aún se encuentran allí.

Era liberalísimo, amable y cortés, y mejor para sus amigos que para sí mismo; nunca estimó el dinero, al extremo de que lo dejaba en una espuerta atada a una cuerda y colgada del andamio, de donde cualquier colaborador o amigo sacaba lo que necesitaba, sin decirle nada. Pasó la vejez muy alegremente y, llegado a la decrepitud, tuvo que ser socorrido por Cosme y otros amigos suyos, pues ya no podía trabajar más. Dicen que Cosme, al morir, lo recomendó a su hijo Pedro, quien, ejecutor diligentísimo de la voluntad de su padre, regaló a Donato una hacienda en Caffagiuolo, de renta tan abundante que Donato pudo vivir cómodamente. El escultor se alegró muchísimo, pareciéndole que con esto estaba más que seguro de no tener que morirse de hambre, pero no había tenido la propiedad más de un año cuando la devolvió a Pedro, renunciando a ella por contrato público. Dijo que no quería perder su tranquilidad preocupándose por los asuntos de familia y las desgracias del colono, que cada tres días iba a quejársele de que el viento había arrancado el techo del palomar, de que el municipio le quitaba los animales para cobrarse impuestos, o porque el temporal lo había privado de vino y de fruta. Estaba tan harto y fastidiado por todo eso, que prefería morirse de hambre que tener que pensar en tantas cosas. Se rió Pedro de la simplicidad de Donato y para librarlo de esas inquietudes, aceptó la devolución de la propiedad, puesto que el escultor se empeñaba, y le asignó en su Banco una pensión equivalente a la renta que antes cobraba, o acaso mayor, pero en dinero contante que le era pagado en cuotas semanales. Se regocijó en extremo Donato con esta solución y, servidor y amigo de la Casa de los Médicis, vivió contento y sin preocupaciones todo el resto de su existencia. Empero, cuando llegó a los ochenta y tres años quedó tan paralítico, que no podía trabajar en absoluto y tuvo que resignarse a permanecer continuamente en cama en la pobre casita que tenía en la Via del Cocomero, cerca del convento de monjas de San Nicolás. Allí, empeorando día tras día y consumiéndose poco a poco, murió el 13 de diciembre de 1466. Fue sepultado en la iglesia de San Lorenzo, junto a la sepultura de Cosme, como lo había dispuesto para que sus restos inanimados estuvieran cerca de él, tal como en vida siempre lo había acompañado su espíritu.

Su muerte apenó infinitamente a los ciudadanos, los artistas y cuantos lo conocieron en vida. Para honrarlo más en la muerte de lo que habían hecho cuando vivía, le tributaron grandes honras fúnebres en la mencionada iglesia, con participación de todos los pintores, los arquitectos, los escultores, los orfebres y la mayoría del pueblo de aquella ciudad, la cual durante mucho tiempo siguió componiendo versos en su alabanza, en diversos estilos e idiomas. Bastará transcribir aquellos que más adelante se leerán.

Pero antes de referirme a los epitafios, será bueno que aún refiera lo siguiente acerca de él. Estando enfermo, poco antes de morir, fueron a visitarlo unos parientes suyos y luego de saludarlo y confortarlo como es costumbre, le dijeron que era su deber legarles una propiedad que tenía en Prato, aunque era pequeña y de escasa renta. Se lo rogaron empeñosamente. Al oír esto, Donato, que en todas sus cosas era acertado, les contestó: No puedo complacerlos, parientes míos, porque quiero -y me parece razonable- dejar la propiedad al colono que siempre ha trabajado en ella y le ha dedicado tenaz esfuerzo; y no he de dejárosla a vosotros, que sin haber hecho jamás por aquella tierra otra cosa que pensar en poseerla, pretendéis que por esta sola visita os la deje. ¡Id, benditos seáis!

Y en verdad, conviene tratar así a parientes de ese género, que sólo tienen amor en la medida en que da utilidad, o la esperanza de alguna ventaja. Donato hizo llamar, pues, al notario y dejó aquella hacienda al labrador que siempre la había trabajado y que quizá se había portado mejor con él, en su indigencia, que aquellos parientes.

Las cosas de arte las dejó a sus discípulos, que fueron Bertoldo -escultor florentino, que lo imitó mucho, como puede verse por una batalla de caballería, en bronce, muy hermosa, que hoy está en los depósitos del Señor duque Cosme-, Nanni d'Antonio di Banco, que murió antes que él, Rossellino, Desiderio y Vellano de Padua. En suma, después de su muerte puede decirse que discípulos suyos fueron todos los que quisieron hacer bien el relieve. Fue enérgico dibujante y realizó sus dibujos con tal habilidad y fuerza, que no tienen rival; como puede verse en nuestro Libro, en el cual tengo de su mano figuras desnudas y vestidas, animales que dejan atónito a quien los ve y otros dibujos bellísimos. Su retrato fue pintado por Paolo Uccello, como se ha dicho en la Vida de éste. Los epitafios son los siguientes:

Sculptura h. m. a Florentinis fieri voluit Donatello utpote homini qui ei, quod jamdiu optimis artificibus, multisque sæculis, tum nobilitatis tum nominis acquissitum fuerat, injuriave temporis, perdiderat ipsa, ipse unus, una vita, infinitisque operibus cumulatis, resti- tuerit: et patriæ benemerenti hujus restitutæ virtutis palmam reportarit .9

Excudit nemo spirantia mollius æra: 
Vera cano: cernes marmora viva loqui, 
Græcorum sileat prisca admirabilis ætas 
Compedibus statuas continuisse Rhodon.
Nectere namque magis fuerant hæc vincula digna 
Istius egregias artificis statuas .10
Quanto con dotta mano alla scultura Già 
fecer molti, or sol Donato ha fatto: 
Renduto ha vita a' marmi, affetto ed atto: 
Che più, se non parlar, può dar natura? 11

Tan lleno quedó el mundo con sus obras que bien puede afirmarse, en verdad, que ningún artista trabajó nunca más que él. Porque, gozando de todo, en todo puso manos, sin considerar si era cosa vil o de precio. La enorme producción de Donato en toda clase de figuras de bulto entero y en relieves medianos, bajos y llanos fue utilísima para la escultura, porque tal como en los buenos tiempos de los antiguos griegos y romanos los numerosos artistas le dieron la perfección, Donato solo, por la multitud de sus obras, le devolvió la calidad perfecta y maravillosa en nuestro tiempo. Por lo cual los artistas deben más reconocer la grandeza del arte en él que en cualquier otro que haya nacido en la época moderna, porque Donato, además de facilitar los problemas del arte con la copia de sus obras, tuvo simultáneamente la invención, el dibujo, la técnica, el juicio y todas las demás cualidades que deben o pueden esperarse de un talento divino. Fue Donato muy resuelto y rápido, y con suma facilidad ejecutó todas sus obras, haciendo siempre bastante más de lo que prometía.

Dejó a Bertoldo, su alumno, todos sus trabajos y especialmente los púlpitos de bronce de San Lorenzo, que Bertoldo pulió en su mayor parte y terminó, tal como se ve en dicha iglesia.

No callaré que habiendo el doctísimo y muy reverendo Dom Vincenzio Borghini -de quien se ha hablado más arriba con referencia a otra cosa- reunido en un gran libro innumerables dibujos de excelentes pintores y escultores, tanto antiguos como modernos, puso dos hojas, una frente a otra, en que se ven dibujos de la mano de Donato y de la de Miguel Ángel Buonarroti, y en la orla, con muy buen juicio, introdujo dos frases griegas:

A Donato: H Dvnatoß Bonarrvti´dei
y a Miguel Ángel: H Bonarrvto´ß Dvnxti´dei

Lo cual reza en latín Aut Donatus Buonnarrotum exprimit et refert, aut Buonarrotus Donatum, y en nuestro idioma: «O el espíritu de Donato obra en el de Buonarroti, o el de Buonarroti obró por anticipado en Donato».


Notas
1. La iglesia de San Giovanni nunca fue templo pagano. Es ésta una de las consejas que suele incluir Vasari en sus Vidas.

2. Zuccone: calabaza, cabezotas. Mereció tal apodo por ser completamente calvo y cabezón.

3. Textualmente: Che ti venga il cacasangue , o sea «¡Que te enfermes de disentería!»

4. La Loggia de' Priori.

5. Cosme el Antiguo.

6. Sic.

7. Pieve : iglesia parroquial.

8. Se considera actualmente que Donatello no tuvo hermano escultor, y que este Simone (probablemente Simone di Nanni Ferrucci, de Fiesole) fue su alumno.

9. Los florentinos dedicaron este magnífico monumento a Donatello como al hombre que devolvió al arte de la escultura tanto lo que había perdido con el correr del tiempo como lo adquirido durante muchos siglos de eximios artistas en cuanto a alteza y fama. Él fue el único que lo logró, acumulando en una sola vida infinitas obras y ofreciendo la palma del arte resucitado a la patria agradecida.

10. Nadie esculpe más suavemente los bronces: pregono la verdad: mira cómo el mármol viviente nos habla; enmudezca la época admirable de los griegos al contemplar cómo Rodon continúa aprisionando estatuas. Porque nunca fueron estos grillos más dignos que cuando ligaron las egregias estatuas de este artista.

11. Cuanto con docta mano antes hicieran muchos en escultura, ahora lo ha hecho Donato solo: Ha dado al mármol vida, sentimiento y acción. ¿Qué más, aparte de la palabra, puede dar la naturaleza?



Nota del traductor Julio Payró

La traducción de esta selección de las Vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos se ha hecho sobre la base de la última edición del libro de Giorgio Vasari, realizada por G. C. Sansoni, de Florencia, en 1906, que contiene en nueve tomos el texto completo de las Vidas, transcripto de la segunda edición de la obra, hecha mientras vivía el autor, en el año 1568, por los Giunti, y que lleva comentarios y acotaciones de Gaetano Milanesi, comprendiendo, en forma de notas y apéndices, todos los aportes sucesivos de Monseñor Giovanni Bottari, G. Montani, G. Masselli, Pini, Carlo Milanesi, P. Marchese y Selvatico al esclarecimiento del escrito original. Se han consultado las versiones francesas de Charles Weiss (Edición Dorbon-Ainé, París, 1926) y de Leclanché (París, 1839), inglesa de A. E. Hinds («Everyman's Library», J. M. Dent and Sons Limited, Londres) y castellana de J. Farrán y Mayoral (Luis Miracle, Barcelona, 1940), así como la edición italiana abreviada de Adriano Salani (Florencia, 1931), esto último para considerar el criterio con que se acorta en Italia el texto de Vasari. En esta versión castellana, algunas Vidas muy extensas (por ejemplo la de Miguel Ángel) se han abreviado, y en otras se ha simplificado un tanto el profuso estilo del autor, pero en las más no sólo se ha traducido fielmente el original a nuestro idioma, sino que se ha tratado de respetar en todo lo posible los giros, las expresiones características, la construcción (a veces viciosa) de la sentencia, el empleo caprichoso de las mayúsculas y hasta la puntuación, con el objeto de conservar el sabor propio del lenguaje literario del aretino, que aún no se ha podido apreciar justamente en castellano, por ser en extremo libres todas las versiones publicadas hasta la fecha.

En Vida de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos italianos (1542-1550)
Segunda edición ampliada en 1568



Pequeña galería de Donatello 


Tortura de San Lorenzo
Iglesia de San Lorenzo, Florencia

David  (detalle) - Palacio Bargello, Florencia

David  (detalle) - Palacio Bargello, Florencia

Crucifijo Iglesia de la Santa Croce, Florencia

María Magdalena penitente (ca.1455), madera policromada. 

 Desde 1972  en el Museo dell’Opera del Duomo


Judith y Holofernes (detalle)

Altar de la Anunciación. Iglesia de la Santa Croce