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1 nov. 2010

Leonardo Da Vinci - Bestiario

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El león

392. Este animal, con su tonante rugido despierta a sus cachorros el tercer día después de su nacimiento, para enseñarles todo lo que ignoran sus adormecidos sentidos; y las bestias que viven en la selva, huyen.
Se puede comparar a los hijos de la virtud con los cachorros del león que, gracias al grito de la gloria, se despiertan y se elevan, cada vez más, en los honrados estudios, en tanto que todos los viles, al escuchar ese grito, huyen y se apartan de los virtuosos.
El león cubre sus huellas para que sus enemigos no puedan descubrir sus andanzas. Conviene a los capitanes guardar bien los secretos de su alma, a fin de que el adversario no conozca sus estratagemas. (H. 18, r.).


Felinos

393. Leones, leopardos, panteras y tigres llevan las uñas en su vaina y no las sacan sino para agarrar sus presas o para atacar a sus enemigos.
Cuando la leona defiende a sus hijitos contra el ataque de los cazadores, para no espantarse a la vista de los dardos y de las lanzas, baja sus miradas a tierra, y de ese modo ataca. Entonces sus cachorros pueden huir y salvarse. (H. 23, r.).


Oso

394. Se dice que el oso cuando se acerca al panal para apoderarse de la miel es atacado por las abejas que abandonan su miel para correr a la venganza; y todo el enjambre vuela sobre él y lo pica y se venga consiguiendo que todo lo que ha comido se le convierta en furia, hasta que se arroja al suelo y agitando sus cuatro miembros no llega a poder defenderse. (H. 6, r.).


Pantera

395. La pantera tiene la forma de una leona, pero más alta sobre sus patas, más fina y más larga, es blanca y salpicada de manchas negras de forma redonda; todos los animales gozan al verla y se acercarían siempre, si no fuera por lo terrible de su mirada. Pero ella lo sabe y baja los ojos a fin de que los animales se confíen y se acerquen para gozar de su belleza, pero de pronto salta sobre el más próximo y lo devora. (H. 23, r.).


Tigre

396. El tigre nace en Icarnia, se parece a las panteras por las variadas manchas de su piel y es de
una asombrosa velocidad.
El cazador, cuando se encuentra con sus cachorros, los toma y los substituye por espejos que coloca en el mismo lugar, alejándose a todo el galope de su caballo. Viene el tigre, y encontrando los espejos colocados en el suelo, al mirarse en ellos, cree ver a sus hijitos.
Finalmente, arañando con sus patas, acaba por descubrir el engaño y comienza a seguir por el olor el rastro del cazador. Este, descubriendo la proximidad del tigre, abandona uno de los cachorros. Entonces la fiera lo recoge y se lo lleva a su guarida; vuelve hasta el cazador, el que torna a hacer lo mismo, y así sucesivamente hasta que sube a su barca. (H. 24).


Elefante

397. La naturaleza le ha dado al elefante muchas cualidades que los hombres muy raramente poseen, a saber: probidad, prudencia, equidad y observancia en religión.
Cuando la luna nueva, los elefantes se dirigen al río y para purificarse se bañan solemnemente como si saludaran al planeta y luego regresan a la selva.
Cuando están enfermos se echan de espaldas y yacen sobre la hierba mirando el cielo, como si quisieran ofrecerse en sacrificio.
El elefante entierra sus defensas cuando ellas caen por vejez. Se sirve de uno de los colmillos, siempre el mismo, para cavar y escarbar en torno de las raíces de los árboles y para alimentarse; en tanto que al otro lo conserva puntiagudo para poder combatir. Cuando es tomado por los cazadores y el cansancio lo derriba, entonces rompe sus defensas, y, como si cumpliera un tratado, se rescata a sí mismo cuando le vuelven a crecer.
Son clementes y conocen el peligro. Si hallan a un hombre solo y perdido en la selva, lo conducen hasta el camino. Si descubren las huellas del paso del hombre, sospechan una traición y se detienen y soplan por la tropa, hasta obligar a los demás a formarse en grupo y así se van, prudentemente. (H. 19).
398. Marchan siempre por grupos y el más anciano va adelante. Y el que por su edad vendría a ser el segundo, permanece atrás de todos y cierra el grupo.
Son púdicos, y no se acoplan más que de noche y ocultándose. No regresan al rebaño, después de sus amores, hasta haberse bañado en el río. Nunca combaten para disputarse la hembra como lo hacen los otros animales.
Son tan clementes que nunca hacen voluntariamente ningún mal, a pesar de su fuerza. Si encuentran un rebaño de corderos, con su trompa, que les sirve de mano, los apartan a los costados para no pisarlos. Por lo demás, los elefantes no hacen daño jamás si no son provocados.
Cuando algún elefante cae en la fosa preparada por el cazador, los otros llevan ramas, tierra y piedras y la llenan formando una pirámide, a fin de que con facilidad pueda salir.
Temen el gruñido del puerco y cuando lo sienten huyen reculando sin dejar de herir con sus patas a sus enemigos. Como gustan de los ríos, permanecen siempre en sus proximidades vagabundeando, aunque a causa de la forma de sus patas no puedan nadar. Tragan piedras y roen los troncos de los árboles de los que son muy golosos.
Odian a los ratones. Las moscas se deleitan con su olor y se posan sobre su lomo y se incrustan en su piel, pero ésta las aplasta con sus pliegues.
Cuando cruzan los ríos, los elefantes envían a sus cachorros según el calor del agua, y permaneciendo parados en el lecho rompen la corriente del agua de modo que ella no arrastre con su fuerza a los cachorros. (H. 19, 20, r. y v.).


Unicornio

399. El unicornio, debido a su intemperancia, no sabe resistir al placer que le causan las muchachas, perdiendo toda su ferocidad y su selvática condición. Dejando toda precaución, va hacia la muchacha y se acuesta en su regazo y de esta manera los cazadores se apoderan de él. (H.10, r.).


Cordero

400. El cordero expresa el más alto ejemplo de humildad, se somete a todos los demás animales, y cuando se lo entrega como alimento a los leones enjaulados, se somete a ellos como lo haría con su propia madre, de manera que a menudo se han visto leones que se resistían a matarlo. (H. 11, r.).


Asno

401. El asno salvaje, cuando va al arroyo a beber y encuentra turbia el agua, por mucha que sea su sed, se abstiene de beber y espera a que el agua se torne clara. (H. 11, r.).


Sirena

402. La sirena canta con tanta dulzura que duerme a los marinos y luego sube a los navíos y los mata durante su sueño. (H. 8, r.).


Lobo

403. Cuando el lobo se desliza hasta el establo de los animales domésticos y por casualidad asienta mal sus patas y da un paso en falso, lanza un grito y se muerde la pata para castigarse con su error. (H. 7, r.).


Toro
404. El toro detesta el color rojo. Los cazadores cubren con paños rojos el tronco de un árbol y el toro corre hacia él y con gran furia lo ataca con sus cuernos. Entonces los cazadores lo matan. (H. 8, r.).


Camello

405. El camello es el más rijoso de todos los animales. Es capaz de recorrer un millar de millas para reunirse con la hembra; y sin embargo puede vivir con su madre y su hermana sin tocarlas jamás, tan grande es su temperancia. (H. 10, r.).


Topo

406. El topo tiene los ojos muy pequeños y habita bajo tierra y durante toda su vida permanece oculto. Si saliera de repente a luz, moriría, lo mismo que todas las cosas mentirosas. (H. 9, r.).


Delfín

407. La naturaleza ha dado a los animales además del sentido de su propia comodidad, el sentido de la incomodidad de sus enemigos. El delfín, cuando saca las púas de sus aletas, nada de espaldas y cuando puede aproximarse al vientre del cocodrilo, entonces, durante la lucha, se coloca debajo de él, le abre el vientre y de este modo lo mata.
El cocodrilo es terrible con el que huye, y muy cobarde con el que lo ataca. (H. 26, r.).


Hipopótamo

408. Cuando el hipopótamo se siente enfermo, busca una espina o en su defecto un pedazo de caña y frota tanto una de sus venas contra él que al fin la abre.
Habiendo salido la sangre que le sobraba, cierra y tapa con barro su herida. (H. 26, r.).


Reno

409. El reno nace en las islas de Escandinavia, tiene la forma de un caballo grande, salvo que su cuello y sus orejas son mayores. Pace la hierba sin inclinarse, sus labios son tan largos que la alcanza con facilidad.
Tiene las patas de una sola pieza y cuando quiere dormir se apoya contra un árbol. Los cazadores, que conocen el lugar en que duerme, serruchan todos los árboles, y de este modo cuando se arrima a alguno de ellos para apoyarse y dormir, se cae. Los cazadores se apoderan entonces de él. Y éste es el único medio de cazarlo, porque el reno es de una increíble velocidad en la carrera. (H. 21, r.).


Bisonte

410. El bisonte nace en Peonia. Se parece al toro, salvo en los cuernos que se proyectan hacia atrás y que por esta razón no puede clavar en su enemigo. Su única salvación está en la huida, durante la cual arroja excrementos cada cuatrocientas brazas, y si se tocan estos excrementos se comprueban que queman corno el fuego. (H. 21, r.).


Jabalí

411. El jabalí se cura de sus enfermedades comiendo hiedra. (H. 22, r.).


Castor

412. Se dice que el castor cuando se ve perseguido, sabiendo que se lo persigue por la virtud medicinal de sus testículos, viendo que no puede escapar, se detiene, y por hacer la paz con los cazadores, con sus afilados dientes se corta los testículos y se los deja a sus enemigos. (H. 6, r.).


Tórtola

413. La tórtola es tan casta que jamás engaña a su compañero; y si uno de los dos muere, el otro observa una perpetua castidad y no se posa nunca sobre una rama verde, ni bebe jamás en una fuente clara. (H. 12, r.).


Basilisco

414. Nace el basilisco en la provincia de Arenaica, no anide más de doce dedos. Tiene sobre su cabeza una mancha blanca parecida a una diadema. Se cuenta de un basilisco, muerto por el lanzazo de un caballero, que habiendo corrido su veneno por la lanza, no solamente el caballero, sino también el caballo murió. Echa a perder los trigos y los sembrados, pero no solamente a los que toca: en todo lo que alcance su aliento seca las hierbas y parte las piedras. (H. 24).


Boa

415. Esta serpiente, animal de gran tamaño, cuando descubre un pájaro en el aire le arroja un aliento tan nauseabundo, que el pájaro le cae en la boca.
Marcus Régulus, cónsul del ejército romano, fue atacado junto con su ejército por un animal semejante y casi se perdió con todos sus hombres. La mataron con una máquina mural. Tenía 125 pies, es decir sesenta y cuatro brazas y media, y sobrepasaba con su cabeza todos los árboles del bosque. (H. 21, r.).
416. Este gran animal se enrosca en las patas de las vacas y les succiona las mamas hasta secarlas. En los tiempos de Claudio, emperador, murió un animal de esta especie sobre el monte Vaticano. Tenía en el cuerpo un niño entero, que había tragado poco antes. (H. 21).


Dragón

417. Este se prende de las patas del elefante, caen los dos y juntos mueren. El dragón se venga al expirar. (H. 14, v.).
418. El dragón se arroja sobre el elefante, con su cola le anuda las patas y con sus alas y sus patas le rodea el cuerpo, y con sus dientes lo degüella. El elefante cae sobre el lomo, aplasta al dragón, y así, al morir, se venga de su enemigo. (H. 24).
419. Los dragones marchan juntos y se complementan lo mismo que las hidras. Con la cabeza afuera atraviesan los pantanos y nadan hacia donde puedan encontrar mejor alimento, y aunque se trate de varios dragones juntos, todos ellos no parecen más que un solo animal. (H. 20, r.).


Tarántula

420. La tarántula mantiene al hombre en el estado de espíritu en que se encontraba cuando fue picado. (H. 18, r.).


Cigarra

421. El canto de la cigarra hace callar al búho. Muere en el aceite y resucita en el vinagre. Canta en la época de los grandes calores. (H. 14, r.).


Camaleón

422. El camaleón vive de aire y es amigo de todos los pájaros; para sentirse más seguro vuela por encima de las nubes hasta una zona de aire tan sutil que los pájaros que lo han seguido no se
pueden sostener en ella.
A tales alturas sólo llegan aquellos a quienes el cielo se lo ha permitido, como lo hace el camaleón.
El camaleón toma siempre el color de la cosa sobre la cual se posa. A veces se confunde con el follaje y entonces lo devoran los elefantes. (H. 27, r.).


Aguila

423. Cuando el águila es vieja, vuela tan alto que se le queman las plumas, y entonces la naturaleza consiente que ella reconquiste su juventud cayendo en aguas poco profundas.
Si sus crías no pueden sostener la vista del sol, no les da de comer. Ningún pájaro que ame la vida se atreve a acercarse a su nido; todos los animales la temen pero ella no les hace daño, por el contrario, siempre les deja algunos restos de sus presas. (H. 12, r.).


Palomas

424. Las palomas son inclinadas a la ingratitud. Desde que se hallan en estado de alimentarse por sí mismas, combaten con su padre y este combate no termina hasta que lo han matado; y en cuanto a la madre, los machos la convierten en su esposa. (H. 6, v.).


Avestruz

425. El avestruz se alimenta de hierro, y empolla sus huevos con la mirada. Para los soldados estos huevos son un alimento digno de capitanes. (H. 13, r.).


Pelícano

426. Tiene un profundo amor por sus crías y si las halla muertas en el nido de la serpiente, se hiere a sí mismo hasta el corazón y termina su vida bañado en su propia sangre. (H. 12, r.).


Perdiz

427. La perdiz se transforma de hembra en macho desmintiendo su primer sexo; roba por envidia los huevos de las otras perdices, pero luego, las crías, van hacia su verdadera madre. (H. 14, r.).


Golondrina

428. La golondrina, mediante la piedra celedonia, devuelve la vista a sus crías que han nacido ciegas. (H. 48, r.).


Grulla

429. Las grullas, temiendo que su rey pueda perecer por falta de vigilancia, se mantienen cerca de
él por la noche con una piedra en la pata.
Amor, temor y reverencia: he aquí lo que está escrito sobre el guijarro de las grullas. (H. 26).


Gallo

430. El gallo no canta nunca antes de haber batido tres veces sus alas; el loro no cambia de rama y no pone nunca la pata allí donde no haya puesto antes el pico. (H. 98, r.).


Halcón

431. El halcón no ataca más que a los pájaros de gran tamaño, y prefiere morir antes que comer carne que no esté en buen estado. (H. 17, v.).


Cocodrilo

432. Este hijo del Nilo tiene cuatro patas. Es peligroso en el agua tanto como en la tierra, es el único animal que no tiene lengua y que muerde moviendo la mandíbula superior. Alcanza hasta cuarenta pies, tiene garras y está protegido por un cuero tan grueso que lo torna invulnerable, vive sobre la tierra pero pasa las noches dentro del agua. Se alimenta de peces. Cuando duerme en las orillas del Nilo, abre la boca y un pequeño pájaro llamado troncilo, penetra en su boca y picotea los restos de alimento que quedaron entre sus dientes. A veces el pajarito se lanza en las fauces del cocodrilo, perfora su estómago y su vientre y finalmente mata así a su adversario. (H.25 y 17, r.).


Aspid

433. No hay remedio contra su mordedura si no se corta la parte mordida. Este pestífero animal tiene tal afección por su compañera que la acompaña siempre, y si por desgracia uno de ellos muere, el otro, con increíble velocidad, sigue al asesino. Es tan implacable y tenaz para la venganza que vence todas las dificultades. Trata de alcanzar a su enemigo y para ello recorre las más inverosímiles distancias; es imposible cansarlo.
Tiene los ojos muy sumidos en la cabeza, grandes orejas, y se guía más por el oído que por la
vista. (H. 24, r.).


José de España, Breviario de Leonardo de Vinci, Cap. XIII
Preparado por Patricio Barros



31 oct. 2010

Testamento de Leonardo Da Vinci

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Sea manifiesto a todas y cada una de las personas presentes y por venir que en la corte de nuestro Rey y Señor, en Amboise, ante nosotros personalmente constituido, meser Leonardo de Vinci, pintor del rey, residente en la actualidad en el dicho lugar de Cloux, cerca de Amboise, el cual, considerando la certeza de la muerte y la incertidumbre de su hora, ha conocido y confesado en la dicha corte ante nosotros, en la cual se ha sometido y se somete a propósito de lo que habrá hecho por el tenor del presente, su testamento, y manda de su última voluntad, tal como sigue:

Primeramente, recomienda su alma a nuestro soberano dueño y señor Dios, y a la gloriosa Virgen María, a monseñor San Miguel y a todos los bienaventurados ángeles, santos y santas del paraíso.

Item: el dicho testador quiere ser enterrado en la iglesia de San Florentino de Amboise y que su cuerpo sea llevado allí por los capellanes de la misma.

Item: que su cuerpo sea acompañado desde el dicho lugar hasta la dicha iglesia de San Florentino por el colegio de la dicha iglesia y también por el rector y el pintor, o por los vicarios y capellanes de la iglesia de San Dionisio de Amboise, así también corno por los hermanos menores de dicho lugar. Y, antes de que su cuerpo sea llevado a la dicha iglesia, el testador quiere que sean celebradas en la dicha iglesia de San Florentino tres grandes misas con diácono y subdiácono; y en el día se dirán todavía treinta misas gregorianas.

Item: en la iglesia de San Dionisio será celebrado el mismo servicio y también en la iglesia de los
dichos hermanos y religiosos menores.

Item: el mencionado testador da y concede a meser Francisco de Melzi, gentilhombre de Milán, en agradecimiento de servicios que le prestó en el pasado, todos y cada uno de los libros que el dicho testador posee ahora y otros instrumentos y dibujos concernientes a su arte y a su profesión de pintor.

Item: el testador da y concede para siempre y a perpetuidad a Bautista de Villanis, su sirviente, la mitad del jardín que posee fuera de los muros de Milán, y la otra mitad de ese jardín a Salay, su sirviente, en cuyo jardín el mencionado Salay ha construido y hecho construir una casa, la que está y quedará igualmente a perpetuidad propiedad del dicho Salay, o de sus herederos y sucesores, y esto en recompensa de los buenos y agradables servicios que los dichos Villanis y Salay, sus dichos servidores, le hicieron antes de este día.

Item: el mismo testador le da a Mathurina, su sirvienta, un vestido de buen paño negro adornado de piel, un manto de paño y diez ducados pagados por una vez solamente, y esto, igualmente, en recompensa de los buenos servicios de la dicha Mathurina hasta este día.

Item: quiere él que en sus funerales haya sesenta antorchas que serán llevadas por sesenta pobres que serán pagados a discreción del mencionado Melzi, cuyas antorchas se repartirán entre las cuarto iglesias susodichas.

Item: el dicho testador da a cada una de las dichas iglesias diez libras de cera en gruesos cirios que serán mandados a dichas iglesias para servir el día en que se celebrarán los mencionados servicios.

Item: que sea hecha limosna a los pobres del asilo y a los pobres de San Lázaro de Amboise, y para ello que sea dado y pagado a los tesoreros de cada cofradía la suma de setenta sueldos.

Item: el testador da y concede al dicho Francisco de Melzi, presente y aceptante, el resto de su pensión y la suma de dinero que le es debida en el presente y hasta el día de su muerte por el tesorero general, Juan Sapin, y todas y cada una de las sumas de dinero que ya ha recibido del dicho Juan Sapin, sobre la dicha pensión, y en caso de que fallezca antes del dicho Melzi y no de otra manera, los cuales dineros se hallan en posesión del dicho testador en el dicho lugar de Cloux, como se ha mencionado.

Y del mismo modo da y confiere al dicho Melzi todos y cada uno de sus vestidos que en el presente posee en el mencionado lugar de Cloux, tanto por reconocimiento de los buenos y agradables servicios que le ha tributado hasta este día, como por los salarios, ocupaciones y molestias que pueda causarle la ejecución de este testamento, bien que todo sea a cargo del dicho testador.

Quiere y ordena que la suma de cuatrocientos escudos "al sol" que puso en depósito en manos del camarlengo de Santa María de Nove, en la villa de Florencia, sean dados a sus hermanos carnales residentes en Florencia, con el provecho y emolumento que por ellos se puedan deber hasta el presente por el dicho camarlengo al dicho testador, por causa de los dichos cuatrocientos escudos desde el día en que fueron consignados por el dicho testador al dicho camarlengo.

Item: quiere y ordena el dicho testador que el susodicho meser Francisco de Melzi esté y permanezca único en todo y para toda, ejecutor del presente testamento, y que el dicho testamento, tenga su entero y pleno efecto y, como se ha dicho, debe tener, retener, guardar y observar. El dicho meser Leonardo de Vinci, testador constituido, ha obligado y obliga por el presente a sus herederos y sucesores con todos sus bienes muebles e inmuebles presentes y por venir, y ha renunciado y renuncia, expresamente, a todas y cada una de las cosas a esto contrarias.

Dado en el dicho lugar de Cloux en presencia de M. Esprit Fleuri vicario de la iglesia de San Dionisio de Amboise, M. Guillermo Croysant, cura y capellán, M. Cipriano Fulchin, fray Francisco de Corton y Francisco de Milán, religioso del convento de hermanos menores de Amboise, testigos a esto solicitados y llamados a presentarse para el juicio de la dicha corte. En presencia del susodicho Francisco de Melzi, aceptante y comerciante, el cual ha prometido por la fe y juramento de su cuerpo, dados por él corporalmente, entre nuestras manos, de no hacer jamás, venir, decir c ir en nada contrario a esto.

Y sellado a su requisición con el sello real establecido para los contratos legales de Amboise, y ello, en signo de verdad.

Dado al 23 día de abril de 1518 (antes de Pascua) 1519.

Y en el mismo 23 del mes de abril de 1518, en presencia de Al. Guillermo Borcau, notario real, en la corte de la alcaldía de Amboise, el susodicho M. Leonardo de Vinci ha dado y concedido por su testamento y expresión de última voluntad, como más abajo se dice, al dicho Bautista de Villanis, presente y aceptante, el derecho de agua que el rey, de buena memoria, Luis XII, último difunto, dio antaño al dicho de Vinci, sobre el curso del canal de San Cristóbal, en el ducado de Milán, para gozar de ello el dicho Villanis, pero de tal manera y forma como el dicho señor le ha hecho don de él en presencia de Al. Francisco Melzi y la mía.

Y en el mismo día del dicho mes de abril, en el dicho año de 1518, el mismo Leonardo de Vinci, por su mismo testamento y expresión de última voluntad, ha dado al susodicho Francisco de Villanis, presente y aceptante, todos los muebles y utensilios que le pertenezcan en el dicho lugar de Cloux. Siempre en el caso de que el dicho de Villanis sobreviva al susodicho M. Leonardo de Vinci.

En presencia del dicho M. Francisco de Melzi y de mí, notario.

Firmado: Boreau


José de España, Breviarios (Preparado por Patricio Barrios), Capítulo XIX


29 sept. 2010

De España José - Breviario de Leonardo de Vinci (Cap. X)

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A manera de prólogo

1. En vista de que no podría encontrar una materia de gran utilidad o de gran novedad, puesto que los hombres nacidos antes tomaron para sí todos los temas ágiles y necesarios, haré como aquel que por pobreza llega último al mercado y no pudiendo comprar otra cosa mejor, adquiere los artículos vistos ya por los demás y rechazados a causa de su poco valor. Sobre esta mercadería rechazada, despreciada, y que ha rodado por todos los mostradores, pondré mi escaso caudal y de este modo iré, no por las grandes ciudades, sino por las pobres aldeas, distribuyendo y recibiendo el precio que merecen las cosas que yo ofrezco. (C. A. 119, r.).

2. Empezado en Florencia, en casa de Bracceo Martelli, el 22 de marzo de 1508. Este trabajo constituye un conjunto de muchos pliegos sin ordenar que he copiado, esperando poder clasificarlos en el momento oportuno, según la materia de que tratan. Creo que antes de llegar al final, habré repetido muchas veces los mismos temas. Si ello acontece, no me lo reproches lector: los puntos de que trato son muy numerosos y la memoria no los puede retener en su totalidad. Si yo no quisiera escribir algo por haberlo hecho antes, y tener la seguridad de evitar este error, sería necesario que cada vez que me dispusiera a escribir, a fin de evitar la repetición, releyera todo el pasaje y esto me llevaría mucho tiempo, puesto que yo escribo con largos intervalos y fragmento por fragmento. (R.4).


3. Que nadie me lea si no es matemático, porque yo siempre lo soy en todos mis principios. (R. 3).



Cap. X: Anatomía, fisiología y óptica


Láminas anatómicas - El arte de disecar - Microcosmos - Movimientos reflejos - Angiología - Anatomía comparada - La visión - Acomodación del iris - Fisiología del cristalino - Fisiología del corazón - Permanencia de imágenes en la retina

328. A ti, que supones preferible ver hacer la anatomía que mirar los dibujos, tengo que decirte que tendrías razón si en realidad fuera posible ver todo lo que los dibujos te enseñan en una solafigura, en la cual, con todo tu genio, no verás ni distinguirás nada si no son algunas venas; en tanto que yo, para tener de ello verdadero y pleno conocimiento, he tenido que disecar más de diez cuerpos humanos, disecando todos sus miembros, separando en pequeñas partes toda la carne que se encuentra alrededor de cada vena, sin derramar sangre, sino aquella casi imperceptible de los vasos capilares.





Músculos de tórax
Anatomía, folios A, folio 2 verso



Un solo cuerpo no dura el tiempo necesario; hay que proceder, paso a paso, sobre varios cuerpos, para llegar al completo conocimiento; y a menudo volver a comenzar dos veces para encontrar las diferencias.


Y si tuvieras el amor de estas cosas; todavía te encontrarías inhibido por cl estómago; y si la repugnancia no te lo impidiera, tendrías miedo de pasar las horas nocturnas en compañías de muertos destrozados y abiertos que resultan espantosos de ver; y si superas todos estos inconvenientes, te faltará el buen dibujo necesario para semejante figuración.


Y si tienes el dibujo, ¿sabes la perspectiva? ¿Poseerás también el orden de la demostración geométrica y el cálculo de fuerzas v de la función de los músculos- En fin, te faltará la paciencia: y no serás diligente. Si yo tengo o no todas estas cosas, los ciento veinte volúmenes que he compuesto lo afirman, y para hacerlos no me he dejado detener ni por la avaricia, ni por la prisa, si no únicamente por el tiempo. (R. 796).




Miología. Cuadernos de Anatomía VI, folio 17, recto



329. Así, pues, mediante doce figuras, te será mostrada la cosmografía del mundo menor (microcosmos: el hombre), con el mismo orden que seguía Tolomeo en su "Cosmografía".




Tronco del cuerpo humano femenino

con los órganos internos vistos por transparencia
Cuadernos de Anatomía , volumen I, folio 12, recto


También dividiré yo de inmediato los cuerpos en miembros, como él divide en provincias; diré el oficio de las partes para cada lado poniendo delante de los ojos la noticia de toda la figura y potencia del hombre y el movimiento local que correlaciona sus partes. (R. 798).





Vena gastroepiploica y arteria coronaria del estómago
Anatomía, folios 8, folio 22 recto


330. Esto aparece claramente, si tú miras moverse a los paralíticos, a los afiebrados, o a los que se han helado.




Estudios anatómicos de los ojos y los nervios craneales
Cuadernos de Anatomía V, folio 9 recto


Sus miembros tiemblan, manos y cabeza, sin control de su alma, que, con toda su fuerza, no puede impedir el temblor de los miembros. Lo mismo se observa en el mal senil, en los amputados y en la cola de la lagartija. (R. 839).


331. La naturaleza ha ordenado en el hombre los músculos activos, tensores de los nervios (tendones), que pueden agitar los miembros, según la voluntad y el deseo del sentido común, a semejanza de los oficiales delegados por un señor a través de varias provincias o ciudades y que en esos diversos lugares lo representan y obedecen a su voluntad. Esta administración que responde en más de un caso a la orden dada por la boca del señor, a menudo obra por sí misma en un caso parecido, sin necesidad de que el señor haya tenido que manifestar su voluntad. (C. A.
119, r.).

332. El corazón es el más poderoso de los músculos. He descrito la situación de los músculos que
descienden de la base a la punta del corazón y la situación de los músculos que parten de la punta del corazón y se dirigen a su base. (G. 1, v.).

333. Las orejas del corazón son las antepuertas que reciben la sangre que se escapa del ventrículo, desde el principio hasta el fin de la contracción, porque si la tal sangre no se escapara en parte, el corazón no podría contraerse. (G. 1, v.).


334. La sangre que vuelve atrás, cuando el corazón se reabre, no es la que cierra las puertas del corazón. (R. 850). 335. La sangre de los animales se mueve siempre partiendo del mar del corazón v elevándose hasta la cumbre de la cabeza. (G. 2, r.).

336. Tú harás un estudio de las manos de cada animal para mostrar en qué se diferencian, como en el oso que tiene los ligamentos de los tendones digitales reunidos sobre la garganta del pie. (R. 822).


337. Recuerdo aquí que debo mostrar la diferencia que existe entre el hombre y el caballo y los otros animales. Comenzaré por los músculos que nacen sin tendones y se terminan sobre el hueso, después por aquellos que en sus dos extremidades o en una sola, están provistos de un tendón. (K. 109, v.).


338. Que las figuras, que los colores, que todas las especies de las partes del universo estén reducidas a un punto: ¡qué maravilla es semejante punto! ¡Oh, admirable y suprema necesidad, tú obligas, por tu ley, a todos los efectos a participar en su causa por el camino más breve! ¡Estos son los verdaderos milagros! He escrito en mi "Anatomía", cómo, en un espacio tan pequeño, la imagen visual puede renacer y recomponerse en la dilatación (ampliación). (C. A. 337).


339. Porque el ojo es la ventana del aliña, ésta siente siempre miedo de perderlo, de manera que viéndose en presencia de algo imprevisto o que asusta, el hombre no se lleva las manos al corazón, fuente de la vida, ni a la cabeza habitáculo del señor de los sentidos, ni a las orejas, ni a la nariz, ni a la boca, sino delante del sentido amenazado; cierra los ojos, cerrando fuertemente los párpados que de repente los tornan del revés; no encontrándose suficientemente seguro, pone la una y la otra mano, convertidas en defensas de lo que lo inquieta.
Además, la Naturaleza ha dispuesto que el ojo del hombre se cubra por sí mismo mediante los párpados, a fin de que, cuando duerme, esté al abrigo de todo accidente. (C. A. 116, v.).

340. La pupila del ojo cambia de tamaño según la claridad o la oscuridad de los objetos que se presentan delante de ella.





Ojo esquemático, modelo de ojo y esquema de la cámara obscura
Códice Atlántico, folio 337, recto a y Ms. D. Folio 3 verso c


La Naturaleza ha velado en esto por la facultad visual, cuando es afectada por una luz superabundante, restringiendo la pupila y cuando es molestada por la oscuridad en aumentar su luz, tal como se hace con la abertura de una bolsa. La Naturaleza obra como un hombre que teniendo demasiada luz en su casa cierra a medias la ventana, más o menos, según la necesidad; y que la abre por completo cuando llega la noche, para ver mejor dentro de su casa. La Naturaleza procede por una continua ecuación, temperando y reglando el crecimiento y la disminución de la pupila, en proporción de la luz o de la oscuridad que se manifiesta al ojo. (D. 52).


341. El ojo, del cual la experiencia demuestra bien la función, ha sido definido hasta nuestros días por un número infinito de autores de una manera que yo juzgo equivocada. (C. A. 117, V.).


342. El ojo no podría enviar en un mes su potencia visual a la altura del sol. (A. S. H. 2, 1, v.).


343. El aire está lleno de pirámides de rectas divergentes que parten de todos los puntos de los cuerpos luminosos y que forman ángulos tanto irás agudos cuanto más se alejan de su punto de origen. (R. 1. 63).


344. La esfera cristalina sirve en el medio del ojo para enderezar las imágenes que se entrecortan en la abertura de la pupila, a fin de que la derecha torne a ser derecha, y que la izquierda torne a ser izquierda, por la segunda intersección que se hace en el centro de la esfera cristalina. (D.3, v.).


345. La pupila del ojo disminuye en la proporción que aumenta la luz que la acciona; recíprocamente, la pupila aumenta en la proporción en que disminuye la claridad del dia o de cualquier otra luz que la accione. (E. 17, v.).


346. La pupila del ojo, al aire libre, cambia de dimensión a cada grado del movimiento solar y también con las variaciones de la pupila se produce una variación en la percepción visual de un mismo objeto, bien que a menudo la comparación con los objetos circundantes, no nos permite descubrir esos cambios en el objeto que se mira. (1. 10, r.).


347. Todo cuerpo que se mueve con velocidad parece teñir su recorrido con su propio color. El relámpago que desgarra las sombrías nubes por la rapidez de su curso se parece a una culebra luminosa. Esto proviene de que la impresión es más rápida que el juicio. Y pasando de la claridad a la sombra ésta parece más oscura hasta que el ojo ha perdido la impresión de la claridad. (A. 26,v.).


348. Contempla la luz y admira su belleza. Cierra los ojos y mira. Lo que viste primero ya no existe, y lo que verás en seguida no existe todavía. ¿Quién es el que la rehace, si el hacedor está en continuo movimiento? (F. 49, v.)


349. El estudio ejercido sobre una materia, realizado a largos intervalos de tiempo, consiente más perfección de juicio y uno juzga mejor sus errores. Así obra la vista del pintor para criticar su obra. (C. A. 122, v.)

350. ¿Por qué los ojos ven más nítidos el objeto de sus sueños de lo que lo ve la imaginación cuando se está despierto? (R. 1114)


Preparado por Patricio Barros

Anotaciones de los manuscritos Las letras mayúsculas y las cifras que van al final de cada extracto de los manuscritos corresponden a las fuentes que se detallan a continuación, según las características de procedencia. La letra minúscula final, indica si se trata del "recto" o del "verso" de la hoja.

A. Manuscrito A del Instituto de Francia, según la versión de Ravaisson.
ASH. I. Manuscrito H del Instituto de Francia.
ASH. II. Ash. 2037-2038 de la Biblioteca Nacional de París.

ASH. III. Anotaciones de Leonardo sobre el tratado de arquitectura civil y militar, de la Laurenciana de Florencia.
BD. Los manuscritos B y D del Instituto de Francia, 1883.
CEK. Los manuscritos C, E y K del Instituto de Francia, 1888.

C.A. Códice Atlántico de la Ambrosiana de Milán, 1891.
FI. Los manuscritos F e I del Instituto de Francia, 1889.
GLM. Los manuscritos G, L y M del Instituto de Francia, 1890.

LU. Los manuscritos de Leonardo en la edición de H. LUDVIG, Berlín, 1882.
R. Los manuscritos de Leonardo en la edición de I.
P. RICHTER, Londres, 1883.
S. Fragmentos selectos de E. SOLMI, Florencia, 1899.
T. El Códice de Leonardo de Vinci de la biblioteca del Príncipe Trivulcio. Beltrami, Milán, 1893.
W. Los manuscritos de la Biblioteca de Windsor, en la edición de SABAKNICOFF, París, 1893.
Tr. El códice del vuelo de los pájaros. Piumati y Ravaisson Mollien, París, 1893.
Br.M. Manuscritos de Leonardo del Museo Británico.
S.K.M.Cuadernos del "South Kensington Museum", en edición de Forster, 1893.