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14 dic. 2014

Descarga: Leonardo da Vinci - Aforismos

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Descarga: Leonardo da Vinci - Aforismos

Es probable que el título de «Aforismos» no haga justicia al contenido de esta obra. Porque lo que en ella se recoge no son sólo sentencias breves sacadas de los escritos de Leonardo da Vinci. Es más, mucho más. Es una amplia recopilación de un tipo de hombre que cada vez existe menos (o que, quizá, ya no existe): el sabio universal, el polímata que no desdeña ningún campo de las ciencias o las artes, el genio que escudriña todos los campos del saber para descubrirlos y añadirles su aporte personal. En esta obra hay textos sobre Dios, sobre la naturaleza, la geología, la psicología, la anatomía del ojo, las ciencias ocultas… Hay fábulas y hay extractos de cartas, hay profecías y hasta hay textos humorísticos. Son las perlas escogidas de un genio inmortal.

15 ene. 2014

Leonardo Da Vinci - Si encontráis a un hombre virtuoso

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Si encontráis a un hombre virtuoso y bueno, no lo apartéis de vosotros; honradlo para que no tenga que huir de vosotros y refugiarse en desiertos o cavernas u otros lugares solitarios, lejos de vuestras insidias; miradlos como a dioses terrestres, merecedores de estatuas y simulacros. 

Pero cuidad de no hacer como en algunas regiones de la India, donde, si alguno de tales simulacros opera un milagro, o lo que allí creen ser un milagro, los sacerdotes lo cortan en trozos (son de madera) y lo venden a los habitantes; y cada uno pulveriza la parte que le ha tocado, la esparce sobre el primer manjar que come y se queda persuadido de haber devorado su Santo, que lo protegerá de todo peligro. 


En Aforismos
Imagen: Leonardo Da Vinci, autorretrato

14 jul. 2013

Descarga: Leonardo Da Vinci - Breviarios

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Ni los retratos ni las descripciones pueden darnos la medida y el carácter definitivo de Leonardo de Vinci. Su más propia condición reside en su cualidad de espíritu puro. "Lo mismo que la Naturaleza –escribió él–, procedo naturalmente". Y en estas palabras sibilinas, es donde reside acaso el perturbador secreto de su ser. Leonardo es una fuerza natural. Y como en las grandes fuerzas del Cosmos, su potencia, su grandeza y su majestad, sólo se revelan al hombre en los raros momentos de profunda armonía. Tal una puesta de sol; tal la violencia del rayo que rasga la bruma gris de una nube, bajo la inmutable indiferencia de los astros nocturnos.

Leonardo es el misterio y la gracia. La fuerza y la dexteridad. Leonardo es, proverbialmente, una sonrisa. Una sonrisa de sabiduría milenaria sobre el rostro florido de una niña.

Leonardo es la claridad helénica, la lucidez renacentista; pero él es también la quintaesencia y la suprema encarnación del inefable misterio gótico. Por eso hay algo que eternamente será amado en él; por eso hay algo en él de eternamente inasible y fugitivo.

La sonrisa que puso en los labios de la Gioconda, tan viviente y tan actual, viene de muy lejos y se proyecta en la eternidad. Es, en realidad, el gesto lleno de ciencia, de ironía y de esperanza que realiza en el arte la nueva Esfinge cristiana. Genio, humildad, potencia, bondad infinita, intuición del supremo misterio. ¿No son estos los atributos de la gran aurora gótica que un artífice anónimo reflejó por modo insuperable en el celestial rostro del ángel que sonreía, hasta nuestra reciente catástrofe, en los majestuosos portales de la Catedral de Reims? ...

No busquemos retrato ni descripción. Leonardo de Vinci, es esa misma sonrisa.

21 ene. 2013

Leonardo Da Vinci - El sauce y la calabaza

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Statue da Vinci in Corridoio Vasariano © Paul Seheult-Eye Ubiquitous-Corbis


El mísero sauce, encontrándose con que no podía gozar del placer de ver sus flexibles ramas tornarse tan gruesas como deseaba, o erguirse en alto, por impedírselo la vecindad de una vid o de alguna otra planta, por cuya culpa crecía sin ramas, estropeado y maltrecho, concentró en sí mismo todas las fuerzas de su espíritu y con ellas, abriendo de par en par las puertas de la imaginación, empezó en medio de continuas reflexiones, a buscar entre todas las plantas existentes, con cuál podría aliarse, que no necesitara de la ayuda de sus ramas. Y tras un rato de nutrida imaginación (notrida imaginazione), la idea de la calabaza asaltó súbitamente su pensamiento y le hizo sacudir con alegría todas sus ramas, por parecerle que había encontrado la compañía más conveniente a su propósito; ya que, en efecto, la calabaza es más apta a enlazar otras plantas que a ser por ellas enlazada. Y, tomada ya su decisión, extendió al cielo sus ramas, a la espera de algún pájaro amigo que le sirviera de intermediario para la realización de su deseo. Y como viera allí cerca una urraca, dirigiole estas palabras: -¡Oh, gentil pájaro, yo te ruego, en retribución del socorro que cierta mañana, pocos días ha, te prestaron mis ramas cuando un hambriento halcón, cruel y rapaz, iba a devorarte, y por los momentos de reposo que sobre mí encontraste muchas veces, cuando tus alas lo pedían, y por tantos placeres como has gozado a mi abrigo mientras jugueteabas enamorado junto con tus compañeras: por todo eso te ruego que vayas adonde está la calabaza y le pidas unas pocas semillas, diciéndole que, una vez germinadas, yo las trataré tal como si de mi propio cuerpo las hubiese generado; y emplea así todas aquellas palabras que la persuadan de cuál es mi intención, aunque a ti, maestra en el arte de hablar, no hay necesidad de aleccionarte. Y si haces esto, recibiré tu nido sobre el codo de mis ramas, en compañía de tu familia, sin que me pagues alquiler. La urraca, después de convenidas con el sauce y ratificadas las capitulaciones, entre las cuales figuraba en primer término el compromiso de no aceptar como inquilinos ni serpientes ni garduñas, levantó la cola, bajó la cabeza y confió a sus alas el peso de su cuerpo. Y agitándolas por el aire fugitivo y dirigiendo curiosamente su vuelo aquí y allá con ayuda del timón de su cola, se acercó a una calabaza, la saludó amablemente con algunas buenas palabras, le pidió las deseadas semillas, las cuales entregó al sauce -que las recibió con alegre semblante-, y las plantó en la tierra en torno del tronco, previamente removida con su pico. Las semillas brotaron al poco tiempo, y se desarrollaron formando un ramaje que cubrió el sauce y le quitó, con sus grandes hojas, la belleza del sol y del cielo. Y como si no bastara con tanto perjuicio, las calabazas que nacieron luego, empezaron a doblar con su excesivo peso las delgadas ramas de sus extremos, causándoles grandes incomodidades y dolores. El sauce agitábase y se sacudía inútilmente para arrojar lejos de sí las calabazas; pero los días pasaban en vanos y engañosos esfuerzos, pues la trama sólida y resistente, malograba sus intentos. Sintiendo pasar el viento, le pidió que soplara con violencia y el viento accedió a su deseo. Se abrió entonces hasta la raíz el viejo y hueco tronco en dos partes, las cuales se derrumbaron, con gran dolor del sauce, que hubo de reconocer que su destino lo condenaba a no ser feliz jamás.


En Aforismos
Traducción: E. García de Zúñiga
Imagen: Statue da Vinci in Corridoio Vasariano © Paul Seheult-Eye Ubiquitous-Corbis

20 sept. 2012

Leonardo Da Vinci (1452-1519): Refutación de las ciencias ocultas

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Estatua de Leonardo Da Vinci - Galería Uffizi - Florencia


293.- Como el más tonto de los razonamientos humanos debe ser reputado el que invita a la credulidad en la nigromancia, hermana de la alquimia, la cual da a luz cosas simples y naturales; pero es tanto más digna de censura que la alquimia, cuanto ella no da a luz cosa alguna que no sea su propia imagen, es decir, la mentira.

294.- Eso no ocurre con la alquimia, administradora de los simples productos de la naturaleza; oficio que no puede desempeñar la naturaleza por carecer de instrumentos orgánicos que le permitan operar lo que opera el hombre mediante sus manos, con las cuales fabrica el vidrio, etc.

295.- Pero la nigromancia es verdadero estandarte y bandera echada al viento, para servir de guía a la necia multitud, que muestra con sus clamoreos los infinitos efectos de tal arte. Circulan libros llenos de afirmaciones referentes a la acción de los encantamientos y de los espíritus que hablan sin lengua y sin aquellos instrumentos orgánicos indispensables para la palabra; y no sólo afirman que los tales espíritus hablan, sino que les atribuyen la capacidad de transportar grandísimos pesos, de provocar lluvias y tempestades, y de convertir a los hombres en gatos, lobos y otras bestias; ¡por más que, en calidad de bestias, deberían, en primer lugar, contraste los que semejantes cosas afirman!

296.- Cierto es que si existiera la nigromancia, como lo creen los pobres de espíritu, no habría sobre la Tierra nada que la igualara en daño o en provecho del hombre. En efecto, si en ella residiera la facultad de turbar la tranquila serenidad del aire, convirtiéndola en nocturno aspecto; la de poder, desencadenar vientos y rayos, acompañados de horribles truenos y fulguraciones en las tinieblas; la de echar por tierra altos edificios y arrancar de cuajo los árboles de las selvas con vientos impetuosos; o exterminar los ejércitos, dispersándolos y aterrándolos, o, finalmente, causar, dañosas perturbaciones atmosféricas que arrebaten a los agricultores el premio de sus fatigas: ¿qué sistema de guerra podría concebirse que tanto perjudicara al enemigo como arruinar sus cosechas? ¿Qué batalla naval se asemejaría a la que libraría quien tuviera a los vientos bajo su comando y en sus manos la ruina y naufragio de cualquier flota? A la verdad, quien disponga de un poderío tan avasallador será señor de los pueblos, y ningún ingenio humano resistirá a su fuerza destructora. Los tesoros ocultos, las gemas escondidas en el seno de la tierra, le serán todas reveladas. Se hará llevar, a través de los aires, de Oriente a Occidente, para gozar de todos los más opuestos aspectos del universo...

297.- Pero, ¿a qué extenderme todavía más? ¿Qué cosa es la que no podría ser realizada con ayuda de ese artificio? Ninguna casi, excepto librarse de la muerte. Y si ella existe de veras, ¿por qué no se ha quedado por ninguna divinidad? Pues sé de muchos que, por satisfacer su apetito, no dudarían en abolir a Dios junto con todo el universo.

298.- Si no ha permanecido entre los hombres, siéndoles tan necesaria, es porque nunca existió ni existirá jamás.

299.- ¡Quiero hacer milagros! Tendrás que vivir con mayor estrechez que los otros hombres más sensatos: los que pretenden enriquecerse en un día viven por largo tiempo en la pobreza, como ocurre y ocurrirá siempre a los alquimistas, empeñados en crear oro y plata, y a los ingenieros que quieren que el agua muerta dé vida de continuo movimiento a sí misma, o al solemne tonto que cree en la nigromancia y en los encantamientos.

300.- No me ocuparé de la Fisiognomónica ni de la Quiromancia, porque no hay verdad en ellas, simples quimeras sin fundamentos científicos.

301.- Cierto es, sin embargo, que la naturaleza de los hombres, sus vicios y sus temperamentos se muestran en parte por los rasgos de la cara:

302.- a) Cuando la separación entre las mejillas y la boca, los orificios de las narices y las órbitas de los ojos se destacan con evidencia, tales signos son propios de hombres alegres y risueños; los signos contrarios caracterizan a los pensadores y meditativos.

303.- b) Los que tienen los rasgos faciales muy pronunciados en relieve y profundidad, son hombres bestiales, iracundos y de escaso entendimiento.

304.- c) Los que tienen muy marcadas las líneas del entrecejo son iracundos.

305.- d) Los que tienen fuertemente delineadas las arrugas transversales de la frente, son hombres que se lamentan copiosamente en público o en secreto.

306.- Y así podríamos hablar de muchos otros rasgos.

307.- ¡Oh, investigadores del movimiento perpetuo, cuántos vanos proyectos fraguasteis en su búsqueda! Idos en compañía de los inventores de la fabricación del oro.

308.- No debemos desear lo imposible.



En Aforismos
Selección, traducción y prólogo: E. García de Zúñiga

Notas sobre esta edición

Los extractos de la obra escrita de Leonardo de Vinci que componen este volumen han sido preferentemente elegidos entre los publicados, por Edmundo Solmi en su compilación titulada Leonardo da Vinci, Frammenti letterari o filosofici (Firenze, G. Barbera editore, 1900) y los coleccionados por Luca Beltrami (vol. XXII de la serie de Gli Immortali, Istituto Editoriale Italiano, s. f.)

Hemos utilizado, además, la publicación de J. P. Richter en dos espléndidos volúmenes, profusamente ilustrados y provistos de abundantes comentarios históricos, biográficos, gramaticales: The Literary Works L. da V. Compiled by Jean Paul Richter, second edition, revised by J. P. Richter, and Irma A. Richter, Oxford University Press, 1939. Esta notable colección contiene los textos originales y su traducción inglesa (no siempre rigurosamente fiel).

Hemos consultado frecuentemente, y siempre con provecho, la concienzuda y erudita traducción alemana de María Herzfeld: Leonardo da Vinci, der Denker, Forscher und Poet, verlegt bei Eugen Diederichs, Iena, 1926.

En fin, la traducción francesa de Péladan (Ed. du Mercure de France, 1907) nos ha servido guía para la clasificación y distribución metódica de la materia.

11 dic. 2011

Pär Lagerkvist: El enano (Dvärgen) - Fragmento II

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¡Qué vergüenza! ¡Qué deshonra! Jamás había sufrido ofensa igual a la que hoy se me ha infligido. Trataré de escribir lo que ha pasado, aunque preferiría olvidarlo.

El príncipe me había ordenado que fuera a buscar a maese Bernardo, que estaba trabajando en el refectorio de Santa Croce, pues el artista me necesitaba. Allá me dirigí, aunque me sentía vejado por verme tratado como un servidor de ese hombre tan altanero. Me recibió con extremada amabilidad y me contó que los enanos siempre le habían interesado mucho. Yo penséque todo tenía que interesarle a quien deseaba estar informado al mismo tiempo sobre las vísceras de Francesco y sobre los astros del firmamento. Pero sobre mí, el enano, no sabe nada, me dije para mí mismo. Después de otras frases tan amables como vacías, me dijo que quería hacer mi retrato. Al principio supuse que el príncipe se lo había encomendado y no podía dejar de sentirme halagado, pero, de todos modos, contesté que no quería posar.

-¿Por qué no? -me preguntó.

-Mi rostro me pertenece -le respondí con naturalidad.

La respuesta no le pareció rara, rió un poco, pero reconoció que no era absurda. -Aunque no haga el retrato -dijo-, un rostro pertenece a cualquiera que lo mire, es decir, a mucha gente.

Se trataba, simplemente, de un dibujo que mostraría cómo eran mis formas. Debía quitarme las ropas para que hiciera un estudio de mi cuerpo. Me sentí palidecer. No sé si estaba más enfurecido que atemorizado o más atemorizado que enfurecido, o si sentía ambas cosas a la vez, cólera y temor, y todo mi ser temblaba poseído por ambas emociones.

Él notó el intenso efecto que me producía su ofensa. Se puso a explicarme que no era una vergüenza ser enano ni el hecho de mostrarse tal como se es. Sentía siempre un profundo respeto ante la naturaleza, aun cuando ésta creara algo extraño y fuera de lo común. No, nada hay de humillante en mostrarse a los demás tal cual se es y nadie tiene la propiedad exclusiva de su yo.

-¡Yo sí! -grité loco de rabia-. ¡Usted no será dueño de sí mismo, pero yo sí!


Tomó mi reacción con mucha calma, y siguió observándome con una curiosidad tan intensa, que mi exasperación aumentó. Luego dijo que tenía que empezar, y se me aproximó.

-¡No soportaré ningún abuso con mi cuerpo! -grité fuera de mí.

Pero él no se incomodó, y, comprendiendo que no me quitaría las ropas de buen grado, hizo ademán de desvestirme él mismo. Conseguí sacar mi puñal de la vaina y pareció sorprendido al verlo brillar en mi mano. Me lo quitó y lo puso prudentemente a cierta distancia.

-Creo que eres peligroso -dijo, mirándome con aire intrigado, mientras me sentía objeto de esa burla.

En seguida comenzó a quitarme las ropas, descubriendo desvergonzadamente mi cuerpo. Yo me resistía y luchaba encarnizadamente, pero todo en vano porque era más fuerte que yo. Cuando hubo terminado su innoble tarea me colocó sobre una especie de estrado que se encontraba en medio de la pieza. Allí permanecí desnudo, desarmado, enloquecido de rabia. Y, a pocos pasos de mí, estaba él en tren de estudiarme y de observar mi deformidad con una despiadada frialdad. Yo estaba completamente librado al cinismo de su mirada que se apoderaba de mi indefensa persona como si le perteneciera. Estar así expuesto a los ojos de otro hombre me pareció un rebajamiento tan profundo que aún siento la vergüenza de haberlo soportado. Recuerdo siempre el ruido de su lápiz de plata sobre el papel; quizá fuera el mismo con que habría dibujado las cabezas de los criminales colgados ante las puertas del castillo, y tantas otras cosas abominables. Su mirada se había transformado, era penetrante como la punta .de un cuchillo, se diría que me traspasaba. Jamás he odiado tanto a los hombres como durante esa hora espantosa. Mi odio era tan intenso que temía desmayarme y a ratos todo se ensombrecía ante mis ojos. ¿Hay algo más vil que seres como ése, ni más dignos de ser odiados?

Justamente frente a mí, sobre el muro lateral, veía su gran cuadro del que se afirma que será su obra maestra. Estaba apenas comenzado, pero me parecía que representaba la Cena, el convite de amor de Cristo en medio de sus discípulos. Yo miraba como un loco esa gente de rostros puros y solemnes que se creían en el séptimo cielo porque rodeaban a su Señor, el hombre de la aureola sobrenatural. Con alegría pensaba que muy pronto éste iba a ser prendido, que Judas, agazapado, en un rincón, no tardaría en traicionarlo. ¡Él todavía es amado y honrado, pensaba, todavía se sienta a su mesa de amor... mientras que yo permanezco en mi vergüenza! ¡Pero su hora vendrá! Pronto dejará de estar sentado entre los suyos y será clavado sobre la cruz, solitario, traicionado por ellos. Y estará allí tan desnudo como yo, igualmente escarnecido. Expuesto a las miradas de todos, burlado e injuriado. ¿Por qué no? ¿Por qué no habría de ser tratado lo mismo que yo? Siempre ha estado rodeado de amor, alimentado de amor..., mientras que yo me alimentaba de odio. El odio ha sido mi alimento desde mi primer instante; he absorbido su savia amarga; he descansado sobre un seno materno lleno de hiel, mientras que a él lo alimentaba la dulce madonna, la más dulce, la más tierna de todas las mujeres, y bebía la leche más deliciosa que haya gustado jamás. Un ser humano. Allí está, sentado, inocente y bondadoso, sin imaginar que haya quien lo odie o quiera hacerle daño. ¿Por qué no? ¿Por qué a él no? Se cree amado por todos los hombres de la tierra por haber sido engendrado por su padre celestial. ¡Qué ingenuidad! ¡Qué infantil ignorancia! Por eso, precisamente, no lo aman. A la humanidad no le agrada ser dominada por Dios.

Yo lo miraba todavía cuando, librado de mi posición espantosamente ultrajante, me detuve un instante junto a la puerta de esa habitación infernal en la que había sido víctima de la más profunda humillación. "¡Pronto serás vendido por algunos escudos a las nobles y sublimes gentes -pensé-, lo mismo que yo!"

Y lleno de rabia, di un portazo sobre él y sobre su gran maestro Bernardo que, absorto en la contemplación de su obra tan apreciada, parecía haberse olvidado ya de mi existencia después de haberme hecho sufrir tan crueles tormentos.


Prefiero no acordarme de mi visita a Santa Croce, pero hay algo que no puedo olvidar. Mientras me vestía no pude dejar de ver algunos dibujos, diseminados por todas partes, que representaban los seres más extraños; monstruos que nadie ha visto y que tampoco pueden existir. Eran algo entre hombre y bestia, mujeres con grandes alas de murciélago extendidas entre sus dedos largos y velludos; hombres con rostro de lagarto y piernas y cuerpo de sapo; otros con cabeza de buitre y con garras en vez de manos, que saltaban como demonios; algunos que no eran ni hombres ni mujeres y parecían monstruos marinos con ondulantes tentáculos y ojos fríos y perversos como los de los hombres. Me sentía fascinado por esas imágenes espantosas cuyo recuerdo me persigue todavía. ¿Cómo puede su imaginación ocuparse de semejantes monstruos? ¿Por qué evoca esas repelentes figuras de pesadilla? ¿Responderá eso a una necesidad interior que le hace sentirse atraído por lo que justamente no existe en la naturaleza? No sé.

¿Cómo un ser bien equilibrado puede concebir cosas tan horribles y complacerse en ellas? Cuando se mira su rostro altanero, del que puede decirse que es a un mismo tiempo digno y refinado, no es posible pensar que sea el autor de esas imágenes, Y, sin embargo, así es. Semejante contraste inclina a la reflexión. Como todas las casas que ha creado, esos seres siniestros también deben estar dentro de él.

Tampoco puedo olvidar la expresión que tenía mientras hacía mi retrato. Parecía transformado en otro ser distinto, con una mirada hiriente y helada, y una cara cruel que le daba un aire demoníaco. No es, pues, tal como quisiera parecer. En eso se asemeja a los demás hombres.

Es inconcebible que pueda ser el mismo individuo que ha pintado el Cristo que allí está sentado, tan luminoso y puro, presidiendo esa cena de amor.



Diego Velázquez 
El enano Sebastián de Morra 1645
Museo del Prado



Transcripción de Dvärgen (El enano, 1944)
en versión de Fausto Tezanos Pinto
Buenos Aires, Emecé, 1953, pág. 28

Descarga libro completo en Ignoria
Foto Pär Lagerkvist: Entre Gulistan y Bostan


1 nov. 2010

Leonardo Da Vinci - Bestiario

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El león

392. Este animal, con su tonante rugido despierta a sus cachorros el tercer día después de su nacimiento, para enseñarles todo lo que ignoran sus adormecidos sentidos; y las bestias que viven en la selva, huyen.
Se puede comparar a los hijos de la virtud con los cachorros del león que, gracias al grito de la gloria, se despiertan y se elevan, cada vez más, en los honrados estudios, en tanto que todos los viles, al escuchar ese grito, huyen y se apartan de los virtuosos.
El león cubre sus huellas para que sus enemigos no puedan descubrir sus andanzas. Conviene a los capitanes guardar bien los secretos de su alma, a fin de que el adversario no conozca sus estratagemas. (H. 18, r.).


Felinos

393. Leones, leopardos, panteras y tigres llevan las uñas en su vaina y no las sacan sino para agarrar sus presas o para atacar a sus enemigos.
Cuando la leona defiende a sus hijitos contra el ataque de los cazadores, para no espantarse a la vista de los dardos y de las lanzas, baja sus miradas a tierra, y de ese modo ataca. Entonces sus cachorros pueden huir y salvarse. (H. 23, r.).


Oso

394. Se dice que el oso cuando se acerca al panal para apoderarse de la miel es atacado por las abejas que abandonan su miel para correr a la venganza; y todo el enjambre vuela sobre él y lo pica y se venga consiguiendo que todo lo que ha comido se le convierta en furia, hasta que se arroja al suelo y agitando sus cuatro miembros no llega a poder defenderse. (H. 6, r.).


Pantera

395. La pantera tiene la forma de una leona, pero más alta sobre sus patas, más fina y más larga, es blanca y salpicada de manchas negras de forma redonda; todos los animales gozan al verla y se acercarían siempre, si no fuera por lo terrible de su mirada. Pero ella lo sabe y baja los ojos a fin de que los animales se confíen y se acerquen para gozar de su belleza, pero de pronto salta sobre el más próximo y lo devora. (H. 23, r.).


Tigre

396. El tigre nace en Icarnia, se parece a las panteras por las variadas manchas de su piel y es de
una asombrosa velocidad.
El cazador, cuando se encuentra con sus cachorros, los toma y los substituye por espejos que coloca en el mismo lugar, alejándose a todo el galope de su caballo. Viene el tigre, y encontrando los espejos colocados en el suelo, al mirarse en ellos, cree ver a sus hijitos.
Finalmente, arañando con sus patas, acaba por descubrir el engaño y comienza a seguir por el olor el rastro del cazador. Este, descubriendo la proximidad del tigre, abandona uno de los cachorros. Entonces la fiera lo recoge y se lo lleva a su guarida; vuelve hasta el cazador, el que torna a hacer lo mismo, y así sucesivamente hasta que sube a su barca. (H. 24).


Elefante

397. La naturaleza le ha dado al elefante muchas cualidades que los hombres muy raramente poseen, a saber: probidad, prudencia, equidad y observancia en religión.
Cuando la luna nueva, los elefantes se dirigen al río y para purificarse se bañan solemnemente como si saludaran al planeta y luego regresan a la selva.
Cuando están enfermos se echan de espaldas y yacen sobre la hierba mirando el cielo, como si quisieran ofrecerse en sacrificio.
El elefante entierra sus defensas cuando ellas caen por vejez. Se sirve de uno de los colmillos, siempre el mismo, para cavar y escarbar en torno de las raíces de los árboles y para alimentarse; en tanto que al otro lo conserva puntiagudo para poder combatir. Cuando es tomado por los cazadores y el cansancio lo derriba, entonces rompe sus defensas, y, como si cumpliera un tratado, se rescata a sí mismo cuando le vuelven a crecer.
Son clementes y conocen el peligro. Si hallan a un hombre solo y perdido en la selva, lo conducen hasta el camino. Si descubren las huellas del paso del hombre, sospechan una traición y se detienen y soplan por la tropa, hasta obligar a los demás a formarse en grupo y así se van, prudentemente. (H. 19).
398. Marchan siempre por grupos y el más anciano va adelante. Y el que por su edad vendría a ser el segundo, permanece atrás de todos y cierra el grupo.
Son púdicos, y no se acoplan más que de noche y ocultándose. No regresan al rebaño, después de sus amores, hasta haberse bañado en el río. Nunca combaten para disputarse la hembra como lo hacen los otros animales.
Son tan clementes que nunca hacen voluntariamente ningún mal, a pesar de su fuerza. Si encuentran un rebaño de corderos, con su trompa, que les sirve de mano, los apartan a los costados para no pisarlos. Por lo demás, los elefantes no hacen daño jamás si no son provocados.
Cuando algún elefante cae en la fosa preparada por el cazador, los otros llevan ramas, tierra y piedras y la llenan formando una pirámide, a fin de que con facilidad pueda salir.
Temen el gruñido del puerco y cuando lo sienten huyen reculando sin dejar de herir con sus patas a sus enemigos. Como gustan de los ríos, permanecen siempre en sus proximidades vagabundeando, aunque a causa de la forma de sus patas no puedan nadar. Tragan piedras y roen los troncos de los árboles de los que son muy golosos.
Odian a los ratones. Las moscas se deleitan con su olor y se posan sobre su lomo y se incrustan en su piel, pero ésta las aplasta con sus pliegues.
Cuando cruzan los ríos, los elefantes envían a sus cachorros según el calor del agua, y permaneciendo parados en el lecho rompen la corriente del agua de modo que ella no arrastre con su fuerza a los cachorros. (H. 19, 20, r. y v.).


Unicornio

399. El unicornio, debido a su intemperancia, no sabe resistir al placer que le causan las muchachas, perdiendo toda su ferocidad y su selvática condición. Dejando toda precaución, va hacia la muchacha y se acuesta en su regazo y de esta manera los cazadores se apoderan de él. (H.10, r.).


Cordero

400. El cordero expresa el más alto ejemplo de humildad, se somete a todos los demás animales, y cuando se lo entrega como alimento a los leones enjaulados, se somete a ellos como lo haría con su propia madre, de manera que a menudo se han visto leones que se resistían a matarlo. (H. 11, r.).


Asno

401. El asno salvaje, cuando va al arroyo a beber y encuentra turbia el agua, por mucha que sea su sed, se abstiene de beber y espera a que el agua se torne clara. (H. 11, r.).


Sirena

402. La sirena canta con tanta dulzura que duerme a los marinos y luego sube a los navíos y los mata durante su sueño. (H. 8, r.).


Lobo

403. Cuando el lobo se desliza hasta el establo de los animales domésticos y por casualidad asienta mal sus patas y da un paso en falso, lanza un grito y se muerde la pata para castigarse con su error. (H. 7, r.).


Toro
404. El toro detesta el color rojo. Los cazadores cubren con paños rojos el tronco de un árbol y el toro corre hacia él y con gran furia lo ataca con sus cuernos. Entonces los cazadores lo matan. (H. 8, r.).


Camello

405. El camello es el más rijoso de todos los animales. Es capaz de recorrer un millar de millas para reunirse con la hembra; y sin embargo puede vivir con su madre y su hermana sin tocarlas jamás, tan grande es su temperancia. (H. 10, r.).


Topo

406. El topo tiene los ojos muy pequeños y habita bajo tierra y durante toda su vida permanece oculto. Si saliera de repente a luz, moriría, lo mismo que todas las cosas mentirosas. (H. 9, r.).


Delfín

407. La naturaleza ha dado a los animales además del sentido de su propia comodidad, el sentido de la incomodidad de sus enemigos. El delfín, cuando saca las púas de sus aletas, nada de espaldas y cuando puede aproximarse al vientre del cocodrilo, entonces, durante la lucha, se coloca debajo de él, le abre el vientre y de este modo lo mata.
El cocodrilo es terrible con el que huye, y muy cobarde con el que lo ataca. (H. 26, r.).


Hipopótamo

408. Cuando el hipopótamo se siente enfermo, busca una espina o en su defecto un pedazo de caña y frota tanto una de sus venas contra él que al fin la abre.
Habiendo salido la sangre que le sobraba, cierra y tapa con barro su herida. (H. 26, r.).


Reno

409. El reno nace en las islas de Escandinavia, tiene la forma de un caballo grande, salvo que su cuello y sus orejas son mayores. Pace la hierba sin inclinarse, sus labios son tan largos que la alcanza con facilidad.
Tiene las patas de una sola pieza y cuando quiere dormir se apoya contra un árbol. Los cazadores, que conocen el lugar en que duerme, serruchan todos los árboles, y de este modo cuando se arrima a alguno de ellos para apoyarse y dormir, se cae. Los cazadores se apoderan entonces de él. Y éste es el único medio de cazarlo, porque el reno es de una increíble velocidad en la carrera. (H. 21, r.).


Bisonte

410. El bisonte nace en Peonia. Se parece al toro, salvo en los cuernos que se proyectan hacia atrás y que por esta razón no puede clavar en su enemigo. Su única salvación está en la huida, durante la cual arroja excrementos cada cuatrocientas brazas, y si se tocan estos excrementos se comprueban que queman corno el fuego. (H. 21, r.).


Jabalí

411. El jabalí se cura de sus enfermedades comiendo hiedra. (H. 22, r.).


Castor

412. Se dice que el castor cuando se ve perseguido, sabiendo que se lo persigue por la virtud medicinal de sus testículos, viendo que no puede escapar, se detiene, y por hacer la paz con los cazadores, con sus afilados dientes se corta los testículos y se los deja a sus enemigos. (H. 6, r.).


Tórtola

413. La tórtola es tan casta que jamás engaña a su compañero; y si uno de los dos muere, el otro observa una perpetua castidad y no se posa nunca sobre una rama verde, ni bebe jamás en una fuente clara. (H. 12, r.).


Basilisco

414. Nace el basilisco en la provincia de Arenaica, no anide más de doce dedos. Tiene sobre su cabeza una mancha blanca parecida a una diadema. Se cuenta de un basilisco, muerto por el lanzazo de un caballero, que habiendo corrido su veneno por la lanza, no solamente el caballero, sino también el caballo murió. Echa a perder los trigos y los sembrados, pero no solamente a los que toca: en todo lo que alcance su aliento seca las hierbas y parte las piedras. (H. 24).


Boa

415. Esta serpiente, animal de gran tamaño, cuando descubre un pájaro en el aire le arroja un aliento tan nauseabundo, que el pájaro le cae en la boca.
Marcus Régulus, cónsul del ejército romano, fue atacado junto con su ejército por un animal semejante y casi se perdió con todos sus hombres. La mataron con una máquina mural. Tenía 125 pies, es decir sesenta y cuatro brazas y media, y sobrepasaba con su cabeza todos los árboles del bosque. (H. 21, r.).
416. Este gran animal se enrosca en las patas de las vacas y les succiona las mamas hasta secarlas. En los tiempos de Claudio, emperador, murió un animal de esta especie sobre el monte Vaticano. Tenía en el cuerpo un niño entero, que había tragado poco antes. (H. 21).


Dragón

417. Este se prende de las patas del elefante, caen los dos y juntos mueren. El dragón se venga al expirar. (H. 14, v.).
418. El dragón se arroja sobre el elefante, con su cola le anuda las patas y con sus alas y sus patas le rodea el cuerpo, y con sus dientes lo degüella. El elefante cae sobre el lomo, aplasta al dragón, y así, al morir, se venga de su enemigo. (H. 24).
419. Los dragones marchan juntos y se complementan lo mismo que las hidras. Con la cabeza afuera atraviesan los pantanos y nadan hacia donde puedan encontrar mejor alimento, y aunque se trate de varios dragones juntos, todos ellos no parecen más que un solo animal. (H. 20, r.).


Tarántula

420. La tarántula mantiene al hombre en el estado de espíritu en que se encontraba cuando fue picado. (H. 18, r.).


Cigarra

421. El canto de la cigarra hace callar al búho. Muere en el aceite y resucita en el vinagre. Canta en la época de los grandes calores. (H. 14, r.).


Camaleón

422. El camaleón vive de aire y es amigo de todos los pájaros; para sentirse más seguro vuela por encima de las nubes hasta una zona de aire tan sutil que los pájaros que lo han seguido no se
pueden sostener en ella.
A tales alturas sólo llegan aquellos a quienes el cielo se lo ha permitido, como lo hace el camaleón.
El camaleón toma siempre el color de la cosa sobre la cual se posa. A veces se confunde con el follaje y entonces lo devoran los elefantes. (H. 27, r.).


Aguila

423. Cuando el águila es vieja, vuela tan alto que se le queman las plumas, y entonces la naturaleza consiente que ella reconquiste su juventud cayendo en aguas poco profundas.
Si sus crías no pueden sostener la vista del sol, no les da de comer. Ningún pájaro que ame la vida se atreve a acercarse a su nido; todos los animales la temen pero ella no les hace daño, por el contrario, siempre les deja algunos restos de sus presas. (H. 12, r.).


Palomas

424. Las palomas son inclinadas a la ingratitud. Desde que se hallan en estado de alimentarse por sí mismas, combaten con su padre y este combate no termina hasta que lo han matado; y en cuanto a la madre, los machos la convierten en su esposa. (H. 6, v.).


Avestruz

425. El avestruz se alimenta de hierro, y empolla sus huevos con la mirada. Para los soldados estos huevos son un alimento digno de capitanes. (H. 13, r.).


Pelícano

426. Tiene un profundo amor por sus crías y si las halla muertas en el nido de la serpiente, se hiere a sí mismo hasta el corazón y termina su vida bañado en su propia sangre. (H. 12, r.).


Perdiz

427. La perdiz se transforma de hembra en macho desmintiendo su primer sexo; roba por envidia los huevos de las otras perdices, pero luego, las crías, van hacia su verdadera madre. (H. 14, r.).


Golondrina

428. La golondrina, mediante la piedra celedonia, devuelve la vista a sus crías que han nacido ciegas. (H. 48, r.).


Grulla

429. Las grullas, temiendo que su rey pueda perecer por falta de vigilancia, se mantienen cerca de
él por la noche con una piedra en la pata.
Amor, temor y reverencia: he aquí lo que está escrito sobre el guijarro de las grullas. (H. 26).


Gallo

430. El gallo no canta nunca antes de haber batido tres veces sus alas; el loro no cambia de rama y no pone nunca la pata allí donde no haya puesto antes el pico. (H. 98, r.).


Halcón

431. El halcón no ataca más que a los pájaros de gran tamaño, y prefiere morir antes que comer carne que no esté en buen estado. (H. 17, v.).


Cocodrilo

432. Este hijo del Nilo tiene cuatro patas. Es peligroso en el agua tanto como en la tierra, es el único animal que no tiene lengua y que muerde moviendo la mandíbula superior. Alcanza hasta cuarenta pies, tiene garras y está protegido por un cuero tan grueso que lo torna invulnerable, vive sobre la tierra pero pasa las noches dentro del agua. Se alimenta de peces. Cuando duerme en las orillas del Nilo, abre la boca y un pequeño pájaro llamado troncilo, penetra en su boca y picotea los restos de alimento que quedaron entre sus dientes. A veces el pajarito se lanza en las fauces del cocodrilo, perfora su estómago y su vientre y finalmente mata así a su adversario. (H.25 y 17, r.).


Aspid

433. No hay remedio contra su mordedura si no se corta la parte mordida. Este pestífero animal tiene tal afección por su compañera que la acompaña siempre, y si por desgracia uno de ellos muere, el otro, con increíble velocidad, sigue al asesino. Es tan implacable y tenaz para la venganza que vence todas las dificultades. Trata de alcanzar a su enemigo y para ello recorre las más inverosímiles distancias; es imposible cansarlo.
Tiene los ojos muy sumidos en la cabeza, grandes orejas, y se guía más por el oído que por la
vista. (H. 24, r.).


José de España, Breviario de Leonardo de Vinci, Cap. XIII
Preparado por Patricio Barros



31 oct. 2010

Testamento de Leonardo Da Vinci

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Sea manifiesto a todas y cada una de las personas presentes y por venir que en la corte de nuestro Rey y Señor, en Amboise, ante nosotros personalmente constituido, meser Leonardo de Vinci, pintor del rey, residente en la actualidad en el dicho lugar de Cloux, cerca de Amboise, el cual, considerando la certeza de la muerte y la incertidumbre de su hora, ha conocido y confesado en la dicha corte ante nosotros, en la cual se ha sometido y se somete a propósito de lo que habrá hecho por el tenor del presente, su testamento, y manda de su última voluntad, tal como sigue:

Primeramente, recomienda su alma a nuestro soberano dueño y señor Dios, y a la gloriosa Virgen María, a monseñor San Miguel y a todos los bienaventurados ángeles, santos y santas del paraíso.

Item: el dicho testador quiere ser enterrado en la iglesia de San Florentino de Amboise y que su cuerpo sea llevado allí por los capellanes de la misma.

Item: que su cuerpo sea acompañado desde el dicho lugar hasta la dicha iglesia de San Florentino por el colegio de la dicha iglesia y también por el rector y el pintor, o por los vicarios y capellanes de la iglesia de San Dionisio de Amboise, así también corno por los hermanos menores de dicho lugar. Y, antes de que su cuerpo sea llevado a la dicha iglesia, el testador quiere que sean celebradas en la dicha iglesia de San Florentino tres grandes misas con diácono y subdiácono; y en el día se dirán todavía treinta misas gregorianas.

Item: en la iglesia de San Dionisio será celebrado el mismo servicio y también en la iglesia de los
dichos hermanos y religiosos menores.

Item: el mencionado testador da y concede a meser Francisco de Melzi, gentilhombre de Milán, en agradecimiento de servicios que le prestó en el pasado, todos y cada uno de los libros que el dicho testador posee ahora y otros instrumentos y dibujos concernientes a su arte y a su profesión de pintor.

Item: el testador da y concede para siempre y a perpetuidad a Bautista de Villanis, su sirviente, la mitad del jardín que posee fuera de los muros de Milán, y la otra mitad de ese jardín a Salay, su sirviente, en cuyo jardín el mencionado Salay ha construido y hecho construir una casa, la que está y quedará igualmente a perpetuidad propiedad del dicho Salay, o de sus herederos y sucesores, y esto en recompensa de los buenos y agradables servicios que los dichos Villanis y Salay, sus dichos servidores, le hicieron antes de este día.

Item: el mismo testador le da a Mathurina, su sirvienta, un vestido de buen paño negro adornado de piel, un manto de paño y diez ducados pagados por una vez solamente, y esto, igualmente, en recompensa de los buenos servicios de la dicha Mathurina hasta este día.

Item: quiere él que en sus funerales haya sesenta antorchas que serán llevadas por sesenta pobres que serán pagados a discreción del mencionado Melzi, cuyas antorchas se repartirán entre las cuarto iglesias susodichas.

Item: el dicho testador da a cada una de las dichas iglesias diez libras de cera en gruesos cirios que serán mandados a dichas iglesias para servir el día en que se celebrarán los mencionados servicios.

Item: que sea hecha limosna a los pobres del asilo y a los pobres de San Lázaro de Amboise, y para ello que sea dado y pagado a los tesoreros de cada cofradía la suma de setenta sueldos.

Item: el testador da y concede al dicho Francisco de Melzi, presente y aceptante, el resto de su pensión y la suma de dinero que le es debida en el presente y hasta el día de su muerte por el tesorero general, Juan Sapin, y todas y cada una de las sumas de dinero que ya ha recibido del dicho Juan Sapin, sobre la dicha pensión, y en caso de que fallezca antes del dicho Melzi y no de otra manera, los cuales dineros se hallan en posesión del dicho testador en el dicho lugar de Cloux, como se ha mencionado.

Y del mismo modo da y confiere al dicho Melzi todos y cada uno de sus vestidos que en el presente posee en el mencionado lugar de Cloux, tanto por reconocimiento de los buenos y agradables servicios que le ha tributado hasta este día, como por los salarios, ocupaciones y molestias que pueda causarle la ejecución de este testamento, bien que todo sea a cargo del dicho testador.

Quiere y ordena que la suma de cuatrocientos escudos "al sol" que puso en depósito en manos del camarlengo de Santa María de Nove, en la villa de Florencia, sean dados a sus hermanos carnales residentes en Florencia, con el provecho y emolumento que por ellos se puedan deber hasta el presente por el dicho camarlengo al dicho testador, por causa de los dichos cuatrocientos escudos desde el día en que fueron consignados por el dicho testador al dicho camarlengo.

Item: quiere y ordena el dicho testador que el susodicho meser Francisco de Melzi esté y permanezca único en todo y para toda, ejecutor del presente testamento, y que el dicho testamento, tenga su entero y pleno efecto y, como se ha dicho, debe tener, retener, guardar y observar. El dicho meser Leonardo de Vinci, testador constituido, ha obligado y obliga por el presente a sus herederos y sucesores con todos sus bienes muebles e inmuebles presentes y por venir, y ha renunciado y renuncia, expresamente, a todas y cada una de las cosas a esto contrarias.

Dado en el dicho lugar de Cloux en presencia de M. Esprit Fleuri vicario de la iglesia de San Dionisio de Amboise, M. Guillermo Croysant, cura y capellán, M. Cipriano Fulchin, fray Francisco de Corton y Francisco de Milán, religioso del convento de hermanos menores de Amboise, testigos a esto solicitados y llamados a presentarse para el juicio de la dicha corte. En presencia del susodicho Francisco de Melzi, aceptante y comerciante, el cual ha prometido por la fe y juramento de su cuerpo, dados por él corporalmente, entre nuestras manos, de no hacer jamás, venir, decir c ir en nada contrario a esto.

Y sellado a su requisición con el sello real establecido para los contratos legales de Amboise, y ello, en signo de verdad.

Dado al 23 día de abril de 1518 (antes de Pascua) 1519.

Y en el mismo 23 del mes de abril de 1518, en presencia de Al. Guillermo Borcau, notario real, en la corte de la alcaldía de Amboise, el susodicho M. Leonardo de Vinci ha dado y concedido por su testamento y expresión de última voluntad, como más abajo se dice, al dicho Bautista de Villanis, presente y aceptante, el derecho de agua que el rey, de buena memoria, Luis XII, último difunto, dio antaño al dicho de Vinci, sobre el curso del canal de San Cristóbal, en el ducado de Milán, para gozar de ello el dicho Villanis, pero de tal manera y forma como el dicho señor le ha hecho don de él en presencia de Al. Francisco Melzi y la mía.

Y en el mismo día del dicho mes de abril, en el dicho año de 1518, el mismo Leonardo de Vinci, por su mismo testamento y expresión de última voluntad, ha dado al susodicho Francisco de Villanis, presente y aceptante, todos los muebles y utensilios que le pertenezcan en el dicho lugar de Cloux. Siempre en el caso de que el dicho de Villanis sobreviva al susodicho M. Leonardo de Vinci.

En presencia del dicho M. Francisco de Melzi y de mí, notario.

Firmado: Boreau


José de España, Breviarios (Preparado por Patricio Barrios), Capítulo XIX


29 sept. 2010

De España José - Breviario de Leonardo de Vinci (Cap. X)

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A manera de prólogo

1. En vista de que no podría encontrar una materia de gran utilidad o de gran novedad, puesto que los hombres nacidos antes tomaron para sí todos los temas ágiles y necesarios, haré como aquel que por pobreza llega último al mercado y no pudiendo comprar otra cosa mejor, adquiere los artículos vistos ya por los demás y rechazados a causa de su poco valor. Sobre esta mercadería rechazada, despreciada, y que ha rodado por todos los mostradores, pondré mi escaso caudal y de este modo iré, no por las grandes ciudades, sino por las pobres aldeas, distribuyendo y recibiendo el precio que merecen las cosas que yo ofrezco. (C. A. 119, r.).

2. Empezado en Florencia, en casa de Bracceo Martelli, el 22 de marzo de 1508. Este trabajo constituye un conjunto de muchos pliegos sin ordenar que he copiado, esperando poder clasificarlos en el momento oportuno, según la materia de que tratan. Creo que antes de llegar al final, habré repetido muchas veces los mismos temas. Si ello acontece, no me lo reproches lector: los puntos de que trato son muy numerosos y la memoria no los puede retener en su totalidad. Si yo no quisiera escribir algo por haberlo hecho antes, y tener la seguridad de evitar este error, sería necesario que cada vez que me dispusiera a escribir, a fin de evitar la repetición, releyera todo el pasaje y esto me llevaría mucho tiempo, puesto que yo escribo con largos intervalos y fragmento por fragmento. (R.4).


3. Que nadie me lea si no es matemático, porque yo siempre lo soy en todos mis principios. (R. 3).



Cap. X: Anatomía, fisiología y óptica


Láminas anatómicas - El arte de disecar - Microcosmos - Movimientos reflejos - Angiología - Anatomía comparada - La visión - Acomodación del iris - Fisiología del cristalino - Fisiología del corazón - Permanencia de imágenes en la retina

328. A ti, que supones preferible ver hacer la anatomía que mirar los dibujos, tengo que decirte que tendrías razón si en realidad fuera posible ver todo lo que los dibujos te enseñan en una solafigura, en la cual, con todo tu genio, no verás ni distinguirás nada si no son algunas venas; en tanto que yo, para tener de ello verdadero y pleno conocimiento, he tenido que disecar más de diez cuerpos humanos, disecando todos sus miembros, separando en pequeñas partes toda la carne que se encuentra alrededor de cada vena, sin derramar sangre, sino aquella casi imperceptible de los vasos capilares.





Músculos de tórax
Anatomía, folios A, folio 2 verso



Un solo cuerpo no dura el tiempo necesario; hay que proceder, paso a paso, sobre varios cuerpos, para llegar al completo conocimiento; y a menudo volver a comenzar dos veces para encontrar las diferencias.


Y si tuvieras el amor de estas cosas; todavía te encontrarías inhibido por cl estómago; y si la repugnancia no te lo impidiera, tendrías miedo de pasar las horas nocturnas en compañías de muertos destrozados y abiertos que resultan espantosos de ver; y si superas todos estos inconvenientes, te faltará el buen dibujo necesario para semejante figuración.


Y si tienes el dibujo, ¿sabes la perspectiva? ¿Poseerás también el orden de la demostración geométrica y el cálculo de fuerzas v de la función de los músculos- En fin, te faltará la paciencia: y no serás diligente. Si yo tengo o no todas estas cosas, los ciento veinte volúmenes que he compuesto lo afirman, y para hacerlos no me he dejado detener ni por la avaricia, ni por la prisa, si no únicamente por el tiempo. (R. 796).




Miología. Cuadernos de Anatomía VI, folio 17, recto



329. Así, pues, mediante doce figuras, te será mostrada la cosmografía del mundo menor (microcosmos: el hombre), con el mismo orden que seguía Tolomeo en su "Cosmografía".




Tronco del cuerpo humano femenino

con los órganos internos vistos por transparencia
Cuadernos de Anatomía , volumen I, folio 12, recto


También dividiré yo de inmediato los cuerpos en miembros, como él divide en provincias; diré el oficio de las partes para cada lado poniendo delante de los ojos la noticia de toda la figura y potencia del hombre y el movimiento local que correlaciona sus partes. (R. 798).





Vena gastroepiploica y arteria coronaria del estómago
Anatomía, folios 8, folio 22 recto


330. Esto aparece claramente, si tú miras moverse a los paralíticos, a los afiebrados, o a los que se han helado.




Estudios anatómicos de los ojos y los nervios craneales
Cuadernos de Anatomía V, folio 9 recto


Sus miembros tiemblan, manos y cabeza, sin control de su alma, que, con toda su fuerza, no puede impedir el temblor de los miembros. Lo mismo se observa en el mal senil, en los amputados y en la cola de la lagartija. (R. 839).


331. La naturaleza ha ordenado en el hombre los músculos activos, tensores de los nervios (tendones), que pueden agitar los miembros, según la voluntad y el deseo del sentido común, a semejanza de los oficiales delegados por un señor a través de varias provincias o ciudades y que en esos diversos lugares lo representan y obedecen a su voluntad. Esta administración que responde en más de un caso a la orden dada por la boca del señor, a menudo obra por sí misma en un caso parecido, sin necesidad de que el señor haya tenido que manifestar su voluntad. (C. A.
119, r.).

332. El corazón es el más poderoso de los músculos. He descrito la situación de los músculos que
descienden de la base a la punta del corazón y la situación de los músculos que parten de la punta del corazón y se dirigen a su base. (G. 1, v.).

333. Las orejas del corazón son las antepuertas que reciben la sangre que se escapa del ventrículo, desde el principio hasta el fin de la contracción, porque si la tal sangre no se escapara en parte, el corazón no podría contraerse. (G. 1, v.).


334. La sangre que vuelve atrás, cuando el corazón se reabre, no es la que cierra las puertas del corazón. (R. 850). 335. La sangre de los animales se mueve siempre partiendo del mar del corazón v elevándose hasta la cumbre de la cabeza. (G. 2, r.).

336. Tú harás un estudio de las manos de cada animal para mostrar en qué se diferencian, como en el oso que tiene los ligamentos de los tendones digitales reunidos sobre la garganta del pie. (R. 822).


337. Recuerdo aquí que debo mostrar la diferencia que existe entre el hombre y el caballo y los otros animales. Comenzaré por los músculos que nacen sin tendones y se terminan sobre el hueso, después por aquellos que en sus dos extremidades o en una sola, están provistos de un tendón. (K. 109, v.).


338. Que las figuras, que los colores, que todas las especies de las partes del universo estén reducidas a un punto: ¡qué maravilla es semejante punto! ¡Oh, admirable y suprema necesidad, tú obligas, por tu ley, a todos los efectos a participar en su causa por el camino más breve! ¡Estos son los verdaderos milagros! He escrito en mi "Anatomía", cómo, en un espacio tan pequeño, la imagen visual puede renacer y recomponerse en la dilatación (ampliación). (C. A. 337).


339. Porque el ojo es la ventana del aliña, ésta siente siempre miedo de perderlo, de manera que viéndose en presencia de algo imprevisto o que asusta, el hombre no se lleva las manos al corazón, fuente de la vida, ni a la cabeza habitáculo del señor de los sentidos, ni a las orejas, ni a la nariz, ni a la boca, sino delante del sentido amenazado; cierra los ojos, cerrando fuertemente los párpados que de repente los tornan del revés; no encontrándose suficientemente seguro, pone la una y la otra mano, convertidas en defensas de lo que lo inquieta.
Además, la Naturaleza ha dispuesto que el ojo del hombre se cubra por sí mismo mediante los párpados, a fin de que, cuando duerme, esté al abrigo de todo accidente. (C. A. 116, v.).

340. La pupila del ojo cambia de tamaño según la claridad o la oscuridad de los objetos que se presentan delante de ella.





Ojo esquemático, modelo de ojo y esquema de la cámara obscura
Códice Atlántico, folio 337, recto a y Ms. D. Folio 3 verso c


La Naturaleza ha velado en esto por la facultad visual, cuando es afectada por una luz superabundante, restringiendo la pupila y cuando es molestada por la oscuridad en aumentar su luz, tal como se hace con la abertura de una bolsa. La Naturaleza obra como un hombre que teniendo demasiada luz en su casa cierra a medias la ventana, más o menos, según la necesidad; y que la abre por completo cuando llega la noche, para ver mejor dentro de su casa. La Naturaleza procede por una continua ecuación, temperando y reglando el crecimiento y la disminución de la pupila, en proporción de la luz o de la oscuridad que se manifiesta al ojo. (D. 52).


341. El ojo, del cual la experiencia demuestra bien la función, ha sido definido hasta nuestros días por un número infinito de autores de una manera que yo juzgo equivocada. (C. A. 117, V.).


342. El ojo no podría enviar en un mes su potencia visual a la altura del sol. (A. S. H. 2, 1, v.).


343. El aire está lleno de pirámides de rectas divergentes que parten de todos los puntos de los cuerpos luminosos y que forman ángulos tanto irás agudos cuanto más se alejan de su punto de origen. (R. 1. 63).


344. La esfera cristalina sirve en el medio del ojo para enderezar las imágenes que se entrecortan en la abertura de la pupila, a fin de que la derecha torne a ser derecha, y que la izquierda torne a ser izquierda, por la segunda intersección que se hace en el centro de la esfera cristalina. (D.3, v.).


345. La pupila del ojo disminuye en la proporción que aumenta la luz que la acciona; recíprocamente, la pupila aumenta en la proporción en que disminuye la claridad del dia o de cualquier otra luz que la accione. (E. 17, v.).


346. La pupila del ojo, al aire libre, cambia de dimensión a cada grado del movimiento solar y también con las variaciones de la pupila se produce una variación en la percepción visual de un mismo objeto, bien que a menudo la comparación con los objetos circundantes, no nos permite descubrir esos cambios en el objeto que se mira. (1. 10, r.).


347. Todo cuerpo que se mueve con velocidad parece teñir su recorrido con su propio color. El relámpago que desgarra las sombrías nubes por la rapidez de su curso se parece a una culebra luminosa. Esto proviene de que la impresión es más rápida que el juicio. Y pasando de la claridad a la sombra ésta parece más oscura hasta que el ojo ha perdido la impresión de la claridad. (A. 26,v.).


348. Contempla la luz y admira su belleza. Cierra los ojos y mira. Lo que viste primero ya no existe, y lo que verás en seguida no existe todavía. ¿Quién es el que la rehace, si el hacedor está en continuo movimiento? (F. 49, v.)


349. El estudio ejercido sobre una materia, realizado a largos intervalos de tiempo, consiente más perfección de juicio y uno juzga mejor sus errores. Así obra la vista del pintor para criticar su obra. (C. A. 122, v.)

350. ¿Por qué los ojos ven más nítidos el objeto de sus sueños de lo que lo ve la imaginación cuando se está despierto? (R. 1114)


Preparado por Patricio Barros

Anotaciones de los manuscritos Las letras mayúsculas y las cifras que van al final de cada extracto de los manuscritos corresponden a las fuentes que se detallan a continuación, según las características de procedencia. La letra minúscula final, indica si se trata del "recto" o del "verso" de la hoja.

A. Manuscrito A del Instituto de Francia, según la versión de Ravaisson.
ASH. I. Manuscrito H del Instituto de Francia.
ASH. II. Ash. 2037-2038 de la Biblioteca Nacional de París.

ASH. III. Anotaciones de Leonardo sobre el tratado de arquitectura civil y militar, de la Laurenciana de Florencia.
BD. Los manuscritos B y D del Instituto de Francia, 1883.
CEK. Los manuscritos C, E y K del Instituto de Francia, 1888.

C.A. Códice Atlántico de la Ambrosiana de Milán, 1891.
FI. Los manuscritos F e I del Instituto de Francia, 1889.
GLM. Los manuscritos G, L y M del Instituto de Francia, 1890.

LU. Los manuscritos de Leonardo en la edición de H. LUDVIG, Berlín, 1882.
R. Los manuscritos de Leonardo en la edición de I.
P. RICHTER, Londres, 1883.
S. Fragmentos selectos de E. SOLMI, Florencia, 1899.
T. El Códice de Leonardo de Vinci de la biblioteca del Príncipe Trivulcio. Beltrami, Milán, 1893.
W. Los manuscritos de la Biblioteca de Windsor, en la edición de SABAKNICOFF, París, 1893.
Tr. El códice del vuelo de los pájaros. Piumati y Ravaisson Mollien, París, 1893.
Br.M. Manuscritos de Leonardo del Museo Británico.
S.K.M.Cuadernos del "South Kensington Museum", en edición de Forster, 1893.




26 jul. 2009

Leonardo Da Vinci (1452-1519) - Dibujos

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22 abr. 2008

Leonardo da Vinci: La ciencia revela los secretos del arte

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Científicos franceses descubrieron la técnica que utilizó Leonardo Da Vinci para lograr en "esfumato" que tanto fascina a los admiradores de la Mona Lisa.




PARIS, (EFE).- Científicos franceses revelaron por primera vez la utilización en la "Mona Lisa" de Leonardo da Vinci de una técnica pictórica de los flamencos primitivos llamada "glacis", informó hoy el Centro Nacional de Investigación Científica francés (CNRS). De esta manera, el artista consiguió crear el famoso efecto de velo vaporoso que tanto fascina a los admiradores de la Mona Lisa, el "esfumato".

Un desbarnizado virtual practicado sobre el famoso cuadro del artista italiano permitió a los científicos fijarse en los colores inalterados de los pigmentos, con especial atención en la cara de la Gioconda. En esa cara descubrieron una capa de sombra como único pigmento de la capa superficial y una superposición de capas de un mismo color muy diluido, característica que define la técnica del "glacis".

Este procedimiento utilizado en la pintura al óleo fue inventado por los flamencos primitivos e introducida en Italia de la mano del pintor Antonello Da Messina (segunda mitad del siglo XV), destacó el CNRS. Leonardo Da Vinci un siglo después la adoptó para pintar alguno de sus cuadros, entre los que se encuentra su obra más famosa, la "Mona Lisa".

Para su trabajo, publicado ahora en la web de la revista estadounidense "Applied Optics", los investigadores del CNRS utilizaron distintos métodos como la fotografía con una cámara multiespectral que permite medir la luz de cien millones de puntos del cuadro. Esta cámara fue desarrollada por la empresa Lumiere Technology, con sede en París. La autora del estudio, Mady Elias explicó que "es la primera vez que se aplica en el arte (...) un balance de flujos luminosos en la materia", técnica utilizada hasta ahora en las ciencias de la atmósfera y en oceanografía.

"La luz proyecta sobre el cuadro un rayo" que permite medir los espectros de los componentes de la capa pictórica, una medida al mismo tiempo óptica (240 millones de píxeles), física y química, indicó el presidente de la empresa, Jean Penicaut.

Este procedimiento permitió comparar la "Mona Lisa" con otras pinturas del siglo XVI, con el objetivo de cuantificar digitalmente la cantidad de barniz e identificar los pigmentos de la capa superficial de la cara de la Gioconda.

Se barajaban dos hipótesis: La utilización de mezclas de blanco y de pigmento colorado en distintas proporciones o la aplicación del "glacis", con mucha más saturación de color. Las investigaciones determinaron que Da Vinci utilizó el "glacis" en la "Mona Lisa" compuesto en un uno por ciento de bermellón y en un 99 por ciento de blanco plomo. Los pintores italianos de la época ya aplicaban esta combinación pero lo hacían en la capa pictórica superficial y no en la primera, como es en el caso del "glacis".

Sistematizar la estratificación de los compuestos pictóricos es el objetivo de estos científicos, que pretenden elaborar una base de datos con las propiedades ópticas de muchos pigmentos y de fondos de referencia, explicó el CNRS. Gracias a eso, se dispondría de un método de análisis de obras de arte "totalmente no-destructivo", portátil y cuyos resultados serían explotables en unos minutos, señaló.


Fuente ADN, La Nación
Buenos Aires, abril 2008



27 sept. 2007

Leonardo Da Vinci - Profecías de los animales racionales e irracionales

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457. Las gentes ingenuas llevarán gran cantidad de luces para alumbrar el camino de los que habrán perdido por completo la facultad de ver. (Entierros). (R. 1310).

458. Veo a Cristo vendido y crucificado, y de nuevo también veo martirizados a los santos. (Imágenes hechas por los malos artistas). (1. 65, v.).

459. El agua de los mares se elevará sobre la cima de los montes, hacia el cielo, y caerá sobre las moradas de los hombres. (Nubes y lluvias). (C. A. 362, v.).

460. Los hombres arrojarán al caminar sus propias provisiones. (La siembra). (L. 63, v.).

461. Los hombres se hablarán los unos a los otros, desde los más lejanos países, y se responderán. (Las cartas). (C. A. 362, r.).

462. Ciertos hombres verán con alegría destruir y romperse la obra de sus propias manos. (Los zapateros). (R. 1312).

463. Los animales de cuatro patas dispondrán de grandes tesoros y riquezas y se los llevarán a diversos lugares. (Las mulas de carga). (L. 91, r.).

464. Se escuchará en muchas partes de Europa instrumentos de diversos tamaños sonando con variadas armonías, con gran fatiga para aquellos que los oigan de más cerca. (Cascabeles de las mulas de tiro). (C. A. 362, r.).

465. Renacerán los tiempos de Herodes. Los hijos inocentes serán arrancados de sus nodrizas y morirán a manos de hombres crueles que los degollarán. (Los cabritos). (R. 1313).

466. Y vosotros, ciudadanos de Africa, veréis a vuestros hijos degollados en sus propias casaspor animales de vuestro país muy crueles y rapaces. (Los ratones y los gatos). (C. A. 143, r.).

467. Todos los hombres cambiarán de hemisferio en un instante. (Todo punto terrestre es divisible). (C. A. 362, r.).

468. Todos los hombres se hablarán, se tocarán, se abrazarán, estando los unos en un hemisferi y los otros en el otro, y comprenderán sus respectivas lenguas (Ident). (C. A. 362, v.).

469. Muchos serán los que engorden con sólo caerse. (Las bolas de nieve). (R. 1297).

470. El agua caída de las nubes, todavía en movimiento sobre el borde de las montañas, se detendrá por largo tiempo sin hacer movimiento alguno, y luego caerá sobre muchas y diversas provincias. (Embalses y riego artificial). (R. 1297).

471. Se verá a todos los elementos mezclados y confundidos, en una inmensa revolución precipitarse hacia el centro del inundo o hacia el cielo. Las partes meridionales se proyectarán con fuerza hacia el frío septentrión; otras veces del Oriente hacia el Occidente y también de unoa otro hemisferio. (Las tormentas). (C. A. 362, r.).

472. Las obras humanas se convertirán en la causa de la muerte humana. (Las armas). (1. 64,v.).

473. Los enterrados saldrán de sus sepulturas y por medio de feroces movimientos expulsarán del mundo a innumerables criaturas humanas. (El hierro y otros metales para fabricar armas).(R. 1297).

474. Por medio de las estrellas los hombres se moverán rápidamente y se convertirán en seres parecidos a los más veloces animales. (Las espuelas). (C. A. 362, r.).

475- Saldrá de bajo tierra una cosa que, con espantoso ruido, aturdirá a los que allí seencuentren y por la fuerza de su soplo demolerá castillos y ciudades. (La pólvora). (C. A. 197,v.).

476. Los grandes peñascos de los montes arrojarán tal fuego que con él quemarán las maderasde grandes y numerosos bosques y muchos animales feroces y domésticos. (El pedernal de los fusiles). (R. 1297).

477. Gracias a la piedra y al fuego se tornarán visibles las cosas que antes no lo eran. (El yesquero). (362, v.).

478. Veremos a los huesos de los muertos cambiar mediante un rápido movimiento la posición la fortuna de quienes los muevan. (Los dados). (1. 65, r.).

479. Veremos a los mismos que pasan por tener mayor juicio y experiencia, buscando y rebuscando ávidamente la cosa de la cual tienen menos necesidad. (Los avaros). (C. A. 362, r.).

480. El cuero de los animales será causa de gran agitación entre los hombres que se lanzarán unos contra otros con grandes gritos y juramentos. (La pelota y los jugadores). (1. 65, r.).

481. El momento llegará en que ninguna diferencia existirá entre los colores, porque todos se volverán negros. (La noche). (C. A. 362, r.).

482. Nacerá de un humilde principio que aumentará con gran rapidez. No estimará ninguna de las cosas creadas; porque mediante su virtud tendrá el poder de transformar la esencia de las cosas en otra diferente. (El fuego). (C. A. 62, r.).

483. Veremos las formas e imágenes de hombres y animales siguiendo a estos hombres y animales a cualquier parte que se dirijan; y estas formas harán los mismos movimientos que el hombre; pero lo verdaderamente admirable será la variedad y el tamaño que tales formas tomarán. (Las sombras). (C. A. 362, r.).

484. Los cuerpos sin alma se moverán por sí mismos y transportarán innumerable cantidad de muertos, tomando las riquezas de los vivos circundantes. (Los árboles muertos con que se hacen los barcos). (1. 64, r.).

485. Se verá a los árboles del monte Tauro y del Sinaí, de los Apeninos y del Atlas, atravesar el aire de Oriente a Occidente y del aquilón al mediodía, para transportar muchos seres humanos. ¡Oh, cuántos augurios, cuántos muertos, cuántas separaciones de amigos y de parientes! Cuántos de ellos no volverán a ver su provincia ni su patria, muriendo insepultos, dejando sus huesos esparcidos por diversos lugares del mundo! (Los navíos). (C. A. 362, v.).

486. Los potentes toros, con sus feroces cuernos, defenderán las luces contra la impetuosidaddel viento. (Las linternas de asta). (F. 64, v.).

487. Los animales volátiles sostendrán al hombre con sus propias plumas. (Los colchones de plumas). (C. A. 362).

488. El bosque engendra hijos que se convertirán en la causa de su muerte. (Los cabos de las hachas). (C. A. 362).

489. Muchos pueblos junto con sus hijos nacerán en oscuras cavernas; y allí, en ese lugar tenebroso, comerán ellos y sus familias, durante mucho tiempo, sin ninguna luz artificial o natural. (Las hormigas). (C. A. 143, r.).

490. Los muertos saldrán de sus sepulturas transformados en volátiles y asediarán a los otros hombres, robándoles el alimento de sus propias manos y en sus mismas mesas. (Las moscas). (C A. 143, r.).

491. Veremos a las cabras llevar el vino a las ciudades. (Los odres). (1317).

492. En todas las ciudades, países, castillos y casas, movidos por la necesidad de comer, se veráa los hombres sacar su propio alimento de la boca sin que éste pueda defenderse. (El horno). (C. A 362, r.).

493. multitud de futuros franciscanos, dominicos y benedictinos, comerán lo que ya antes fue comido y permanecerán muchos meses sin poder hablar. (Los niños de pecho). (1. 67, r.).

494. Los hombres caminarán sin moverse, hablarán con los ausentes, y escucharán a quienes nhabrán hablado. (El sueño). (C. A. 362, r.).

495. Se verán a hombres tan cobardes que permitirán que otros triunfen a causa de sus males que se enriquezcan con la pérdida de su verdadera fortuna, es decir, de su salud. (Los médicos). (C. A. 36, r.).

496. Y como la juventud femenina no puede defenderse de la lujuria y de la rapacidad del hombre, ni por la vigilancia de los padres, ni por muros y fortalezas, tú verás llegar el tiempo en que el padre y los demás parientes de la joven pagarán muy caro a aquel que quiera dormir con ella, aunque ésta sea rica, noble y muy hermosa. (La dote). (C. A. 362, v.).



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