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12 abr. 2007

Respuesta de Cirlot al cuiestionario de André Breton sobre L'Art magique

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Aporte de Karmen Blázquez a Factor Serpiente

(...)

IV. En presencia de una obra de arte, sea o no mágica, como en presencia de un sueño, de una fantasía, de un paisaje o de un acontecimiento, mi técnica es la siguiente: 1º vivir intensamente la cosa sin preguntas de ningún tipo; 2º dejar a la intuición que me diga "lo que es" y que lo vincule al orden de mi vida y de la vida de mi alma; 3º verificar este juicio a través de los datos del simbolismo tradicional y del contexto proporcionado por la experiencia de lo coincidente. El interés intelectual y el interés pasional son la misma cosa para mí y uno no puede existir sin el otro. Sucede a menudo que una mujer desnuda despierta en mí una emoción religiosa o la asociación de una idea metafísica, mientras que una imagen sagrada me hunde en pleno delirio (como la Virgen de Fouquet con ángeles rojos y azules)

V. Los objetos de orden mágico (simbólico) tienen un gran lugar en mi vida. Tomaré un único ejemplo. Una de mis veneraciones es Arnold Schönberg. Cuando me enteré de que había vivido casi un año en Barcelona, en el nº 13 de la calle Britz, cerca del sublime barrio de Vallcarca, un gueto espiritual insuperable, me lancé inmediatamente a descubrir los lugares santificados por el sacerdote de los Doce Tonos. Busqué como un loco un vestigio de su paso por este espacio casi campestre, pues se trata de un lugar fuera de la ciudad, cerca de una pequeña colina. Pensé que era posible encontrar algo que me revelara la proximidad de un hombre muerto en 1951 en California y que había residido en este lugar veinticuatro años antes. Finalmente, encontré un trozo de arbusto quemado: con un cuidado devoto, lo cogí y me lo llevé a casa donde lo conservo. Este "resto de fuego" me dice más sobre Schönberg que todos los libros y que todas las partituras musicales. Así es como llevo mi vida y mis problemas, como todos los
hombres, ante la muralla invisible del destino.

En André Breton y Gérard Legrad, LÀrt magique, Club Français du Livre,
París 1957


Tomado de Enrique Granell, En la llama, Editorial Siruela

Carta de Cirlot a A. Breton

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Tomado de En la llama de Enrique Granell [Editorial Siruela], posteado en Factor Serpiente por Karmen Blázquez
Publicada en Le Surréalisme, même,nº.1, octubre de 1956
Querido amigo:

Su carta del 27, recibida con una gran alegría, me hace salir de una insoportable monotonía, debido especialmente a su petición de colaboración que le agradezco muchísimo pero no sé si puedo aceptar pues mi vida ha cambiado mucho en estos últimos años: he escrito algunos libros que casi me avergüenzan, hasta tal punto, desde el punto de vista de la ortodoxia surrealista, son obras puramente profesionales sobre el arte de cualquier época y de cualquier lugar. Al mismo tiempo, claro está, estoy preparando una Suma simbólica, en
la que se confrontan los conocimientos que los ocultistas, psicólogos, antropólogos, orientalistas, historiadores de las religiones y autores de tratados tienen del simbolismo. Creo que es necesario llegar al superconocimiento de una serie de cosas (cualidades de materias, paisajes, sueños, seres que nos llenan de perturbación, que nos asedian o nos maldicen)para las cuales "no existe aún ciencia alguna" y creo que únicamente el simbolismo puede proporcionar (con la ayuda del psicoanálisis o mejor de una psicología de la forma en evolución) los fundamentos de semejantes tareas.
Mi vida es cada vez más extraña, aunque no lo parezca y en la medida en que mis libros familiares de han impersonalizado. Mis preocupaciones más constantes tienen horizontes que no interesan a nadie mientras que a mí me parecen esenciales. Por ejemplo, mi tendencia a la instantaneidad toma importancia así como la que me lleva a no conceder ningún crédito al tiempo, ni a la evolución ni al cambio. Y también mi tendencia a la dispersión del yo, a situar en lugares objetivos partes de mi subjetividad. Hay paisajes interiores que tienen una topografía perfectamente mineral o exterior (frecuentemente, veo un bosque de caminos entrecruzados en el que se halla un ser femenino que no puedfo llamar "mujer"): hay también situaciones verdaderamente externas que se transforman automáticamente en paisajes mentales. Cada noche, estoy durante una hora en mi gabinete de trabajo, sentado frente a una pared en la que están clavadas mis espadas, mi maza de guerra. El cuarto tan sólo está iluminado por una vela y me resultaría imposible jurar que todo eso sea exterior a mi cuerpo y a mi pensamiento. Son almas de objetos lo que estoy mirando, no objetos.
El "más allá", sea sobrenatural o natural, trascendente o inmanente, me apasiona, me llama, me preocupa más que el amor y más que el dinero, más que la gloria y el trabajo intelectual. Me he cortado el pelo, huyo en la medida de lo posible de la práctica sexual que, en el fondo, me inspira un gran desprecio cuando no es una brecha abierta al misterio, al paisaje del bosque del que acabo de hablar, el bosque de todas las leyendas y de los cuentos de hadas. Para merecer el acceso a esta tierra lejana y tan próxima, detesto cualquier injusticia, sufro los errores ajenos, me sacrifico y espero. No sé si esto es religión, ni si mi religión es fidelidad o infidelidd, pero no puedo hacer más de lo que hago.
Además, aun cuando yo no lo quisiera, ciertas visiones se asocian a mi sentimiento místico que, en esto, es surrealista. Tuve un día entre las manos un cuerpo de mujer del que apenas me acuerdo, a pesar de que la palidez lunar de la pierna continúa obsesionándome y la semitransparencia de la media de seda que permitía ver la calidad de la carne y la sombra muy ligera de un vello fino como el agua deja ver el fondo del mar, las algas y los erizos. Comprendí que esta transparencia fris, velo o cristal empañado, era el principio del verdadero misterio, que no está en el ver ni en el ignorar, sino en el entrever. Un terrible torbellino me ha proyectado frente a las "cualidades" materiales, las erosiones, la tierra agitada, la piedra podrida, el árbol hueco e hinchado: he visto las aguas estancadas y las capas inferiores del cielo donde las ortigas terrestres y las frías acumulaciones atmosféricas intercambian signos de identidad.
Comprendí que este misterio había sido rozado, antes que estudiado, en los viejos libros de magia y de alquimia, en el gran movimiento de la Emblemática del siglo XVI al XVIII y, por un instante, soñé con volver a coleccionar libros como Hieroglyphica de Piero Valeriani, Imprese Illustri de Camilli, Hypnerotomachia Poliphili de Colonna, Symbolicarum Quaestionum de Universo Genere de Bocchius, la Transformationi de Dolce, la Morosophie de La Perrière, y tantos otros que tuve entre las manos y vendí para comprar espadas del siglo XVI, prefiriendo la contemplación al estudio, lo instantáneo a lo sucesivo.
Querido amigo André, qué universo sólo para nosotros. Los demás también trabajan, sin duda alguna, pero no sufren ni tiemblan, al lado del lago de cristal, en la caja olvidada, en el campo ardiente, allí, en aquel lugar en el que las piedras lloran en recuerdo de los cabellos azules de la Divina Medusa Gorgona, mi verdadero amor.
¿Por qué razón, maldito Perseo, he sentido la necesidad de cortar su cabeza con mis siete espadas de fuego interior? Por no haber creído nunca en la realidad de sea lo que sea y haber vivido siempre como un fantasma en mí mismo, exterior a la persona que los demás veían, con quien hablaban, al que saludaban. Pero basta de confesiones y hablemos de lo que está en la superficie de las aguas suaves. Debo decir que en España el surrealismo es pura nada, secreto detestado, movimiento encerrado en el silencio con las llaves de la total indiferencia. Mis libros publicados no me traen nada del exterior,no tienen el poder del anzuelo: en este país, todos creen en la evidencia indestructible, en la solidez del universo. No ven que tenemos un brazo en el agua y el otro en el fuego, la cabeza en el ser y el cuerpo en el no-ser, el alma en el día y el espíritu en la noche. El sentido común les basta y lo que no es sentido común es como un arabesco en la humareda: poesía, palabra escrita con las más pequeñas letrs del impresor, con tinta verde sobre papel verde. Qué hacer, sino dejar que el día pase como pasa para todos, trabajar lo m´s posible, y soñar con el "otro lado" que Kubin buscaba a través de las ruinas de la Europa central.