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14 ene. 2015

Descarga: Charles Bukowski - El amor es un perro infernal

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Descarga: Charles Bukowski - El amor es un perro infernal

Los poemas que aparecen en este libro son una muestra altamente representativa de la poesía del escritor norteamericano más áspero, soez y auténtico de los últimos tiempos. Bukowski ha sido leído en español más por sus cuentos y novelas que por su extensa y maravillosa obra poética, descalificada por los «exquisitos» de toda laya y disfrutada por los amantes de un tipo de poesía que lejos de buscar la caricia del pétalo se alimenta del tuétano de la vida, sin falsos decorados ni oropeles artificiales, de una poesía que nace de las profundidades del ser humano de carne y hueso, incapaz de regatearle al lenguaje escrito nada que se separe de su existencia real y concreta, único espacio descarnado donde tiene lugar el drama humano… y Bukowski es un maestro de la poesía descarnada.

6 ene. 2015

Charles Bukowski - Manejando a través del infierno

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Charles Bukowski - Manejando a través del infierno


La gente está exhausta, infeliz y frustrada, la gente es
amarga y vengativa, la gente está engañada y temerosa,
la gente es iracunda y mediocre
y yo manejo entre ellos en la autopista y ellos
proyectan lo que les han dejado de sí mismos
en su manera de manejar.
Algunos más odiosos, algunos más disimulados
que otros.
A algunos no les gusta que los pasen, e intentan
evitar que otros lo hagan.
Algunos intentan bloquear los cambios de carril.
Algunos odian los autos más nuevos, más caros.
Otros en esos autos odian los autos más viejos.

La autopista es un circo de emociones
chiquitas y baratas, es
la humanidad en movimiento, la mayoría
viniendo de un lugar que
odia
y yendo a otro lugar que odia todavía
más.
Las autopistas nos enseñan en qué
nos hemos convertido y
muchos de los choques y muertes son la colisión
entre seres incompletos, entre vidas penosas
y dementes.

Cuando manejo por las autopistas veo el alma de
mi ciudad y es fea, fea, fea: los vivos han
estrangulado
su corazón.


Traducción: Umberto Cobo
Imagen: Sophie Bassouls


Drive Through Hell


the people are weary, unhappy, frustrated, the people are
bitter and vengeful, the people are deluded and fearful, the
people are angry and uninventive
and I drive among them on the freeway and they project
what is left of themselves in their manner of driving-
some more hateful, more thwarted than others-
some don't like to be passed, some attempt to keep others
from passing
-some attempt to block lane changes
-some hate cars of a newer, more expensive model
-others in these cars hate the older cars.

the freeway is a circus of cheap and pretty emotions, it's
humanity on the move, most of them coming from someplace
     they
hated and going to another they hate just as much or
more.
the freeways are a lesson in what we have become and
most of the crashes and deaths are the collision
of incomplete beings, of pitiful and demented
lives.

when I drive the freeways I see the soul of humanity of
my city and it's ugly, ugly, ugly: the living have choked the
heart
away.


22 may. 2014

Charles Bukowski - Los mejores de la raza (bilingüe)

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no hay nada que
discutir
no hay nada que
recordar
no hay nada que
olvidar

es triste
y
no es
triste

parece que la
cosa más
sensata
que una persona puede
hacer
es
estar
sentada
con una copa en la
mano
mientras las paredes
blanden
sonrisas de
despedida

uno pasa a través de
todo
ello
con una cierta
cantidad de
eficiencia y
valentía
entonces
se va

algunos aceptan
la posibilidad de
Dios
para ayudarles
en su
paso

otros
lo aceptan
como es

y por estos

bebo
esta noche.


Traducción: Umberto Cobo
Imagen: Mark Hanauer


The finest of the breed

there’s nothing to
discuss
there’s nothing to
remember
there’s nothing to
forget

it’s sad
and 
it’s not
sad

seems the
most sensible
thing
a person can 
do
is
sit
with a drink in
hand
as the walls
wave
their goodbye
smiles

one comes through
it 
all
with a certain 
amount of
efficiency and
bravery
then
leaves

some accept
the possibility of
God
to help them
get
through

others
take it
staight on

and to these

I drink 
tonight.


13 abr. 2014

Charles Bukowski - Los asesinos

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Harry acababa de abandonar la carga de camiones, se había largado porque no podía aguantar más, y ahora iba bajando por la calle Alameda hacia el bar Pedro's para tomarse una taza de café de a níquel. Era de madrugada pero él recordaba que solían abrirlo a las cinco de la mañana. Te podías sentar en Pedro's un par de horas por un níquel. Podías pensar un rato. Podías hacer memoria de las cosas que habías hecho mal, o las que habías hecho bien.

Estaba abierto. La chica mexicana que le sirvió el café le miró como si fuera un ser humano. Los pobres sabían de la vida. Una buena chica. Bueno, una chica bastante agradable. Todas ellas significaban problemas. Cualquier cosa significaba problemas. Recordaba una frase que había oído en alguna parte: La Definición de la Vida es Problemas.

Harry se sentó en una de les desvencijadas mesas. El café era bueno. Treinta y ocho años y estaba acabado. Miró fijamente el café y recordó las cosas que había hecho mal -o bien-. Simplemente se había cansado del juego idiota de los seguros, de las pequeñas oficinas y altos compartimientos de cristal, de los clientes; simplemente se había cansado de estar engañando a su esposa, de que ella le engañara a él, de apretujar secretarias en los ascensores y pasillos; se había cansado de las fiestas de Navidad y las fiestas de Año Nuevo y de los cumpleaños, y pagos de plazos de coches nuevos, y pagos de muebles, y luz, y gas, y agua -todo el condenado tinglado de necesidades.

Se había cansado y lo había abandonado, eso era todo. El divorcio llegó lo suficientemente pronto y la bebida llegó lo suficientemente pronto y, de repente, se vio fuera. No tenía nada, y descubrió que tampoco era muy bonito no tener nada. Era otro tipo de carga insoportable. Si por lo menos hubiera otros caminos más agradables. Parecía como si sólo hubiese dos elecciones: vivir dentro de la carrera de atropellos o ser un marginado hundido.

Mientras Harry levantaba la mirada, un hombre se sentó enfrente de él, también con una taza de café. Aparentaba tener alrededor de cuarenta años. Iba vestido tan pobremente como Harry. Lió un cigarrillo, y mientras lo encendía miró a Harry.

- ¿Cómo va?

- Esa es una buena pregunta -dijo Harry.

- Sí, ya lo creo que sí.

Allí sentados bebieron su café.

- Un hombre se pregunta cómo ha podido caer aquí.

- Sí, dijo Harry.

- Por si interesa, mi nombre es William.

- Yo me llamo Harry.

- A mí me puedes llamar Bill.

- Gracias.

- Tienes una cara como si hubieses llegado al final de algo.

- Sólo pasa que estoy cansado de estar marginado y de estar pasado. Estoy hecho una mierda.

- ¿Quieres volver a la sociedad, Harry?

- No, no es eso. Pero me gustaría salirme de todo esto.}

- Está el suicidio.

- Lo sé.

- Escucha -dijo Bill- lo que necesitamos es un poco de pasta fácil para tener un respiro.

- Sí, claro. ¿Pero cómo?

- Bueno, tiene sus riesgos.

- ¿Como qué?

- Yo solía hacer robos en casas. No está mal. Ahora podría tener un buen compañero.

- De acuerdo, estoy dispuesto a intentar lo que sea. Estoy ya enfermo de judías aguadas, rosquillas de una semana, el albergue de la Misión, las lecturas de la biblia, los ronquidos…

- Nuestro principal problema es cómo llegar a donde podamos actuar.

- Yo tengo un par de pavos.

- Está bien, nos encontraremos a medianoche. ¿Tienes un lápiz?

- No.

- Espera, pediré uno prestado.

Bill volvió con un trozo de lápiz. Cogió una servilleta y escribió en ella.

- Coges el autobús de Beverly Hills y le dices al conductor que te deje aquí ¿ves? Entonces caminas dos manzanas hada el norte. Yo estaré esperando. ¿Lo harás?

- Estaré allí.

- ¿Tienes mujer, tío? -preguntó Bill.

- La tuve -contestó Harry.

Hacía frío aquella noche. Harry bajó del autobús y subió las dos manzanas hacia el norte. Estaba oscuro, muy oscuro. Bill estaba allí fumando un cigarrillo liado. No estaba muy a la vista, estaba apoyado en un gran arbusto.

- Hola, Bill.

- Hola, Harry. ¿Estás listo a empezar tu nueva y lucrativa carrera?
- Estoy listo.

- Muy bien. He estado echando una ojeada por estos lugares. Creo que he elegido un buen sitio. Aislado. Huele a dinero. ¿Estás asustado?

- No. No estoy asustado.

- Perfecto. Ten sangre fría y sígueme.

Harry siguió a Bill por la acera a lo largo de una manzana y media, entonces Bill se metió entre dos arbustos que daban a un gran jardín con césped. Caminaron sigilosamente hacia la parte trasera de la casa, un gran chalet de dos pisos. Bill se paró en una ventana. Entreabrió la persiana con su cuchillo, entonces escucharon inmóviles. No se oía ni una mosca. Bill desmontó la persiana y la quitó. Empezó a trabajar en la ventana. Estuvo manipulando en la ventana por largo rato y Harry empezó a pensar: Dios, estoy con un aficionado. Estoy con una especie de loco. Entonces se abrió por fin la ventana y Bill subió por ella. Harry pudo ver su culo colarse dentro bamboleando. Esto es ridículo, pensó. ¿Hacen esto los hombres?

- Vamos, entra -le dijo Bill en voz baja.

Harry trepó hasta dentro. Olía de verdad a dinero, y a barniz de muebles.

- Cristo, Bill. Ahora sí que estoy asustado. Esto no tiene sentido.

- No hables tan alto. Tú quieres librarte de esas judías aguadas, ¿no?

- Sí.

- Bueno, entonces sé un hombre.

Harry se quedó quieto mientras Bill abría lentamente cajones y metía cosas en sus bolsillos. Parecía que estaban en un comedor. Bill se estaba llenando los bolsillos de cucharas, cuchillos y tenedores.

¿Cómo vamos a sacar algo con eso?, pensó Harry.

Bill siguió metiéndose los cubiertos de plata en los bolsillos de su abrigo. Entonces se le cayó un cuchillo. El suelo era duro, sin alfombra, y el sonido se produjo fuerte y claro.

- ¿Quién anda ahí?

Bill y Harry no contestaron.

- ¡Dije que quién anda ahí!

- ¿Qué pasa, Seymour? -dijo una voz femenina.

- Me ha parecido oír algo. Algo me ha despertado.

- ¡Oh, duérmete!

- No. He oído algo.

Harry escuchó el sonido de una cama y a continuación los pasos de un hombre. El hombre entró por la puerta del comedor y se encontró con ellos. Iba con un pijama, era un hombre joven, de unos 26 o 27 años, con el pelo largo y una perilla.

- Muy bien, vosotros, capullos, ¿qué estáis haciendo en mi casa?

Bill se volvió hacia Harry.

- Entra en el dormitorio. Seguro que hay un teléfono allí. Asegúrate de que ella no lo utilice. Yo me ocupo de éste.

Harry se fue hacia el dormitorio, vio la puerta, entró, vio a una chica rubia de unos 23 años, con el pelo largo y suelto, con un camisón de fantasía, sus pechos transparentándose a través de él. Había un teléfono en la mesita de noche y ella no estaba utilizándolo. Se llevó asustada el dorso de la mano a la boca. Estaba erguida en la cama.

- No grite -dijo Harry- o la mato.

Se quedó allí de pie mirándola, pensando en su propia mujer, pero nunca en la vida había tenido una mujer como aquélla. Harry empezó a sudar, sentía vértigo, se miraban fijamente el uno al otro.

Harry se sentó en la cama.

- ¡Dejad tranquila a mi mujer, si no os mataré! -dijo el joven. Bill acababa de entrar con él. Lo llevaba agarrado por el cuello con su cuchillo apoyado en medio de la espalda.

- Nadie va a hacer daño a tu mujer, tío. Sólo dinos dónde tienes tu apestoso dinero y nos iremos.

- Te he dicho que todo el que tengo está en mi cartera.

Bill apretó su brazo contra el cuello y clavó el cuchillo un poco más. El joven hizo una mueca de dolor.

- Las joyas -dijo Bill-, llévame a donde estén las joyas.

- Están arriba…

- Muy bien. ¡Llévame allí!

Harry vio cómo Bill se lo llevaba fuera. Harry siguió mirando fijamente a la chica y entonces ella le miró. Unos ojos azules, con las pupilas dilatadas de terror.

- No grite -le dijo- o la mato. ¡Así que pórtese bien o la mato!

Ella estaba paralizada, sus labios empezaron a temblar. Eran del más puro rosa pálido, y entonces, la boca de Harry se pegó a la suya. Estaba bebido y su boca sucia, rancia; la de ella era blanda, fresca, delicada, temblorosa. El la cogió de la cabeza con sus manos, apartó la suya hacia atrás y la miró a los ojos.

- Tú, puta -dijo-. ¡Tú, maldita puta!

La besó de nuevo, más fuerte. Cayeron juntos en la cama, bajo el peso de Harry. El se estaba quitando los zapatos, manteniéndola sujeta debajo suyo. Empezó a quitarle las bragas, bajándoselas a lo largo de las piernas, todo el tiempo sujetándola y besándola.

- Tú, puta, condenada puta…

- ¡Oh NO! ¡Cristo, NO! ¡Mi mujer NO, cabrones!

Harry no los había oído entrar. El joven dio un grito. Luego Harry oyó un gorgoteo sordo. Se incorporó y miró a su alrededor. El joven estaba en el suelo con la garganta cortada; la sangre surgía rítmicamente a borbotones que iban encharcando el suelo.

- ¡Lo has matado! -dijo Harry.

- Estaba gritando.

- No tenías por qué matarlo.

- No tenías por qué violar a su mujer.

- Yo no la he violado y tú lo has matado.

Entonces ella empezó a gritar. Harry le tapó la boca con su mano.

- ¿Qué vamos a hacer? -preguntó.

- Vamos a matarla también. Es un testigo.

- Yo no puedo matarla -dijo Harry.

- Yo la mataré -dijo Bill.

- Pero no deberíamos desperdiciarla así.

- Bueno, pues ve y tómala.

- Ponle algo en la boca.

- Ya me ocupo de eso -dijo Bill. Cogió un pañuelo de la cómoda y lo introdujo en la boca de la chica. Luego rasgó la funda de la almohada en tiras y la amordazó.

- Vamos, tío, empieza.

La chica no se resistió. Parecía encontrarse en estado de coma.

Cuando Harry acabó, Bill se montó encima de ella y la poseyó también. Harry miró. Esto era. Era así allí y en el resto del mundo. Cuando un ejército conquistador entraba en las ciudades, poseían a las mujeres. Ellos eran el ejército conquistador.

Bill acabó y se levantó.

- Mierda, esto sí que estuvo bien.

- Escucha, Bill, vamos a dejarla viva.

- Hablará. Es un testigo.

- Si le perdonamos la vida, no hablará. Esa será nuestra condición.

- Hablará. Conozco la naturaleza humana. Más tarde hablará.

- ¿Para qué va a decir nada a gente que hace lo mismo que nosotros? Y en caso de que hablara ¿por qué no va a hacerlo, después de lo que hemos hecho?

- Eso es lo que quiero decir -dijo Bill-. ¿Para qué dejarla viva?

- Vamos a preguntarle. Vamos a hablar con ella. Vamos a preguntarle qué piensa.

- Yo sé lo que piensa. La voy a matar.

- Por favor, no lo hagas, Bill. Vamos a mostrar un poco de decencia.

- ¿Mostrar un poco de decencia? ¿Ahora? Es demasiado tarde. Si hubieses sido lo suficientemente hombre como para haberte guardado tu estúpida polla lejos de ella…

- No la mates, Bill, no puedo… soportarlo…

- Vuélvete de espaldas.

- Bill, por favor…

- ¡Te digo que te vuelvas de espaldas, imbécil!

Harry se dio la vuelta. No pareció que hubiera el menor sonido. Los minutos pasaron.

- ¿Bill, lo has hecho?

- Lo he hecho. Date la vuelta y mira.

- No quiero mirar. Vámonos. Vámonos de aquí.

Salieron por la misma ventana que habían entrado. La noche estaba más fría que nunca. Bajaron por la parte oscura de la casa y salieron a la calle a través del seto.

- ¿Bill?

- ¿Sí?

- Ahora me siento bien, como si no hubiese pasado nunca.

- Pero pasó.

Fueron caminando hacia la parada del autobús. Los servicios nocturnos pasaban muy de tarde en tarde, probablemente tendrían que esperar cerca de una hora. Llegaron a la parada y se examinaron mutuamente en busca de manchas de sangre y, extrañamente, no encontraron ninguna. Liaron dos cigarrillos y se pusieron a fumar.

Entonces Bill, de repente, escupió su pitillo.

- Maldita sea. Maldita suerte la nuestra.

- ¿Qué pasa, Bill?

- ¡Nos olvidamos de coger su cartera!

- Oh, mierda -dijo Harry.


En Se busca una mujer
Imagen: © Sophie Bassouls/Sygma/Corbis

19 ene. 2014

Charles Bukowski: Es raro (bilingüe)

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es raro cuando se muere la gente famosa
hayan peleado la buena batalla
o la mala
es raro cuando se muere la gente famosa
nos gustaran o no
son como edificios viejos calles viejas
cosas y lugares a los que estamos acostumbrados
y aceptamos nada más porque están
ahí.
es raro cuando se muere la gente famosa
es como la muerte de un padre o la de
un perro o un gato.
y es raro cuando a la gente famosa la matan
o cuando se matan ellos.
el problema con los famosos es que hay que
reempazarlos y casi nunca se pueden
reemplazar, y eso nos da esta tristeza
única.
es raro cuando se muere la gente famosa
las veredas están distintas, nuestros hijos
están distintos y nuestras compañeras de cama
y las cortinas y los autos
es raro cuando se muere la gente famosa

nos ponemos mal.


it's strange

it’s strange when famous people die
whether they have fought the good fight or
the bad one.
it’s strange when famous people die
whether we like them or not
they are like old buildings old streets
things and places that we are used to
which we accept simply because they’re
there.
it’s strange when famous people die
it’s like the death of a father or
a pet cat or dog.
and it’s strange when famous people are killed
or when they kill themselves.
the trouble with the famous is that they must
be replaced and they can never quite be
replaced, and that gives us this unique
sadness.
it’s strange when famous people die
the sidewalks look different and our
children look different and our bedmates
and our curtains and our automobiles.
it’s strange when famous people die:

we become troubled.




Versión de Sandra Toro
Fuente: El placard
Foto Charles Bukowski USA 1986 Los Angeles © Thomas Hoepker-Magnum Photos

12 dic. 2007

Charles Bukowski - Fire Station

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5 dic. 2007

Charles Bukowski - Los más raros

1 comentario :

No es frecuente verlos
porque donde hay multitud
ellos
no están.
Esos tipos raros no son
muchos,
pero de ellos
provienen
los pocos
cuadros buenos
las pocas
buenas sinfonías
los pocos
buenos libros
y otras
obras.
Y de los
mejores de los
extraños
quizá
nada.
Ellos son
sus propias
pinturas
sus propios
libros
su propia
música
su propia
obra.
A veces me parece
verlos
por ejemplo
cierto viejo
sentado en cierto
banco
de una cierta
manera
o
un rostro fugaz
en un automóvil
que pasa
en dirección
contraria
o
hay un cierto movimiento
en las manos
de un chico o una chica
que empaqueta
las cosas
en el supermercado.
A veces
incluso es alguien
con quien estuviste
viviendo
algún tiempo,
te vas a dar cuenta
de una mirada rápida
y luminosa
que nunca
le habías visto
antes.
A veces
sólo notarás
su
existencia
repentinamente
en un
vívido
recuerdo.
Algunos meses
algunos años
después de que se hayan
ido.
Recuerdo
a uno:
Tenía unos
veinte años
iba borracho a
las 10 de la mañana
se miraba en un
espejo
resquebrajado
de Nueva Orleans,
un rostro soñador
contra los
muros
del mundo
¿Qué
ha sido
de mí?

6 may. 2007

Charles Bukowski - La historia de un sufrido hijo de puta

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una noche llegó piel y huesos a mi puerta, mojado apaleado
temeroso
era un gato blanco bizco rabón
lo dejé entrar lo alimenté fue uno más en la casa
desarrolló hacia mí cierta cariñosa confianza
hasta que un buen día un conocido,
estacionando en mi cochera
pasó con su auto por encima del gato blanco bizco rabón
de inmediato llevé lo que quedaba de él a un veterinario que dijo:
"no hay mucho para hacer…dale estas pastillas… su espinazo
está aplastado, pero fue aplastado anteriormente y de algún modo
logró sanar, si sobrevive no volverá a caminar, mirá
estas radiografías, le metieron un escopetazo,
mirá estos puntos oscuros
son perdigones enquistados…además, alguna vez tuvo una cola
y alguien se la cortó…
me llevé el gato a casa, era un verano caliente, uno
de los más calientes en décadas, puse al gato en el piso del baño,
le serví agua, sus pastillas, no deseaba comer ni beber agua,
yo sumergía mi dedo en el agua, le humedecía la boca el hocico
y le hablaba, ese verano no fui a ningún lado, pasé muchos días
de ese verano en el baño hablándole, acariciándolo suavemente,
él me miraba con esos ojos que se le entrecruzaban
mientras tanto pasaban los días,
una tarde realizó su primer movimiento
arrastrándose con sus patas delanteras
(las traseras no querían moverse)
llegó hasta el rincón donde yo había preparado su cama
se arrastró un poco más y se dejo caer en ella,
fue para mí como el sonido de un clarín presagiando la victoria posible
aturdiendo el baño, desparramándose por la ciudad, yo
le conté entonces a ese gato -que la había pasado mal también, no tan mal,
pero bastante mal…
una mañana se irguió, se paró sobre sus patas, cayendo luego de espaldas,
me observaba mansamente.
"lo podés hacer" le dije.
él insistió, se levantaba y volvía a caer, una y otra vez,
finalmente
caminó unos pocos pasos, era la viva imagen de un borracho
sus patas se negaban a obedecerle, cayó nuevamente, descansó
y nuevamente se levantó.
ustedes conocen el resto de la historia: está mejor que nunca,
bizco casi sin dientes, pero ha recuperado su gracia, y esa mirada
de sus ojos, pícara, no lo ha abandonado…

algunas veces me hacen entrevistas, ellos desean saber
de mi vida, de mi literatura,
yo me emborracho, alzo en brazos a mi gato
bizco, herido de bala, atropellado dos veces, rabón
y digo: "miren, miren esto!!!"

ellos no entienden nada, insisto, nada de nada, preguntan
algo por el estilo de: " "reconoce usted influencias de Celine?".
"no", levanto mi gato, "por lo que sucede, con cosas
como esta, como esta !!!".

sacudo a mi gato, lo llevo
hacia la luz brumosa por el humo y el alcohol, está relajado, él sabe…

este es el momento en que la entrevista finaliza
a veces me siento orgulloso cuando miro las fotografías
ahí estoy yo, ahí está mi gato, hemos sido
retratados juntos
él también comprende que son boludeces, pero que de alguna manera te ayudan.

Versión: Esteban Moore

6 abr. 2007

CHARLES BUKOWSKI - Cisne de primavera

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También en primavera mueren los cisnes
y ahí flotaba
muerto un domingo
girando de lado
en la corriente
y fui hasta la rotonda
y distinguí
dioses en carros,
perros, mujeres
que giraban,
y la muerte
se me precipitó garganta abajo
como un ratón,
y oí llegar a la gente
con sus canastos de camping
y sus risas
y me sentí culpable
por el cisne
como si la muerte
fuese algo vergonzoso
y me alejé
como un idiota
y les dejé
mi hermoso cisne.


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ISAÍAS GARDE, textos en transición