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21 ago. 2013

Descarga: Matsuo Basho - Sendas de Oku

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Descarga: Matsuo Basho - Sendas de Oku

“Todos los días son viaje y la casa misma es viaje”, escribió el poeta Matsuo. Exhausto por las incesantes exigencias de sus alumnos y por su fama literaria, decía que sentía “brisas del más allá soplar sobre su rostro”. Comenzó a planear su peregrinaje a sitios importantes por su historia literaria, religiosa o militar; lugares que quería ver antes de morir. Finalmente, en mayo de 1689, acompañado por su amigo y discípulo Sora y llevando sólo un morral, materiales de escritura y mudas de ropa, Basho inició su viaje con la firme decisión de volverse hyohakusha, “el que viaja sin dirección”. Caminó cinco meses y recorrió aproximadamente 2 000 kilómetros por las colinas, los valles, las aldeas y las montañas al norte de Edo y a lo largo del mar de Japón. Fue este viaje, lleno de maravillosas anécdotas, lo que dio lugar a su obra maestra, Sendas de Oku. El libro es un viaje espiritual, equivalente a recorrer el camino del budismo, despojándose de toda posesión mundana y arrojando el destino al viento.

29 jun. 2011

Matsuo Basho - El santuario de Kehi-no-Myo

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Las nubes cubrieron al Monte Blanco pero del otro lado apareció el monte de Hina; cruzamos el puente de Asamutsu y llegamos a Tamae; las cañas de Tamae ya ostentaban henchidas espigas; atravesamos el Paso del Ruiseñor y el de la montaña de Yunoo y llegamos al castillo de Hiuchi; en el monte Kaeru oímos los primeros gritos de los gansos salvajes y en el puerto de Tsuruga, la tarde del día catorce del Octavo Mes, encontramos alojamiento. Esa noche la luna lucía extraordinariamente clara. Le dije al dueño de la posada: “Ojalá aparezca tan clara la de mañana, que es la luna llena”. Me contestó: “En estas tierras del norte no se sabe nunca cómo será la luna de mañana”, y nos sirvió saké. Más tarde fui a visitar el Santuario de Kehi-no-Myo-jin, que fue del emperador Chuai. Es imponente. La luz de la luna atravesaba los pinos y caía sobre las blancas arenas, frente al santuario. Era como si hubiese caído una helada. El posadero me contó que el segundo bonzo Yugyo, hace mucho, había hecho el voto de arreglar la senda y él mismo había cortado las yerbas y apisonado las piedras y la tierra. Desde entonces los bonzos de este templo siguen su ejemplo, llevan arena al santuario y hoy los visitantes encuentran un camino sin asperezas:

Sobre la arena
esparcida por Yugyo
luna clarísima.

El día quince, como había anunciado el dueño de la posada, llovió.

¿Luna de otoño?
Promesas y perjurios,
Norte cambiante.



En Sendas de Oku
Traducción: Octavio Paz



24 may. 2010

Matsuo Basho - Sendas de Oku

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Matsuo Basho por Yokoi Kinkoku



Los meses y los días son viajeros de la eternidad. El año que se va y el que viene también son viajeros. Para aquellos que dejan flotar sus vidas a bordo de los barcos o envejecen conduciendo caballos, todos los días son viaje y su casa misma es viaje. Entre los antiguos, muchos murieron en plena ruta. A mí mismo, desde hace mucho, como girón de nube arrastrado por el viento, me turbaban pensamientos de vagabundeo. Después de haber recorrido la costa durante el otoño pasado, volví a mi choza a orillas del río y barrí sus telarañas. Allí me sorprendió el término del año; entonces me nacieron las ganas de cruzar el paso Shirakawa y llegar a Oku cuando la niebla cubre cielo y campos. Todo lo que veía me invitaba al viaje; tan poseído estaba por los dioses que no podía dominar mis pensamientos; los espíritus del camino me hacían señas y no podía fijar mi mente ni ocuparme en nada. Remendé mis pantalones rotos, cambié las cintas a mi sombrero de paja y unté moka quemada en mis piernas, para fortalecerlas. La idea de la luna en la isla de Matsushima llenaba todas mis horas. Cedí mi cabaña y me fui a la casa de Sampu,[1] para esperar ahí el día de la salida. En uno de los pilares de mi choza colgué un poema de ocho estrofas.[2] La primera decía así:

Otros ahora
en mi choza - mañana
casa de muñecas.[3]




[1] Sugiyama Sampu (1648-1733). Comerciante acomodado de Edo (Tokio), protector de Basho y discípulo suyo. Fue poeta de cierta distinción.
[2] Más exactamente: una serie de ocho poemas (renga haikai). Basho cita solamente el poema inicial (hokku). Era costumbre colgar en un pilar de la casa el renga.
[3] Las familias con niñas celebran la Fiesta de las Muñecas el día tercero del tercer Mes de cada año. En esa fecha se colocan las muñecas tradicionales, que se conservan de generación en generación, en el salón principal de la casa, adornado con flores. Basho piensa en la metamorfosis de su choza, hasta entonces habitada por un poeta que hacía vida de ermitaño.


Sendas de Oku
Traducción de: Octavio Paz y Eikichi Hayashiya
Seix Barral

4 mar. 2010

Matsuo Basho - Una noche en Ichiburi

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Después de atravesar los lugares más abruptos del país del norte (esos con nombres como Hijo que reniega del Padre, Huérfano abandonado, Vuelta del Perro, Regreso del potro) me sentí agotado y me acosté en seguida. En la habitación contigua se oían voces que parecían ser de dos mujeres; después se les unió la de un anciano. Al escucharlas, adiviné que se trataba de cortesanas de Niigata; se dirigían al Santuario de Ise y el viejo las había acompañado hasta Ichiburi; al día siguiente regresaría aquel hombre a su tierra y ellas escribían recados y le daban pequeños encargos. Casi dormido seguía oyendo sus conversaciones: somos hijas de pobres pescadores, esas que llaman “blancas olas que corren a su ruina al caer sobre la playa”, cada noche una unión distinta y ninguna duradera, no hay promesas ciertas, malhaya sea nuestra suerte, ¿qué hicimos en nuestras vidas pasadas para merecer esto? A la mañana del otro día, al salir de nuestro albergue, nos dijeron llorando: “No conocemos el camino y nos da miedo el largo viaje; quisiéramos seguirlos, aunque sea a distancia; sean benévolos, llevan ropas de monjes peregrinos, ayúdenos a encontrar la senda del Buda”. Sentí piedad pero las dejamos diciéndoles: “Nos da mucha pena: tenemos que visitar muchos lugares y sería mejor que ustedes se uniesen a otros viajeros. Anden tranquilas, los dioses las protegen y las harán llegar sanas y salvas a su destino”. Y al despedirlas con estas palabras apenas podía contener mi compasión. Dije a Sora este poema y él lo escribió en su libro:

 

Bajo un mismo techo

durmieron las cortesanas,

la luna y el trébol.[1]


[1] La luna simboliza al poeta-monje y el ramo de tréboles a las cortesanas. Otra versión:

Monje y rameras

alberga el mismo techo:

trébol y luna.

Sendas de Oku

Traducción: Octavio Paz y  Eikichi Hayashiya

Seix Barral

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21 dic. 2009

Matsuo Basho - La posada del río Suga

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Con ánimo indiferente pasamos el río Abukuma. A la izquierda, las cimas de Aizu; a la derecha, los caseríos de Iñaki, Soma y Miharu; a lo lejos, las cadenas de montañas que dividen Hitachi de Shimo-suke. Bordeamos la Laguna de los Reflejos: como el día estaba nublado, nada se reflejaba en ella.[1] En la posada del río Suga visitamos a cierto Tokyu, que nos detuvo cuatro o cinco días. Lo primero que hizo al verme fue preguntarme: “¿Cómo atravesó el paso de Shirakawa?”. En verdad, desasosegado por viaje tan largo y el cuerpo tan cansado como el espíritu; además, la riqueza del paisaje y tantos recuerdos del pasado me turbaron e impidieron la paz necesaria a la concentración. Y no obstante:

 

Al plantar el arroz

cantan: primer encuentro

con la poesía.

Al decirle estos versos, agregué a guisa de comentario: “Imposible pasar por ahí sin que fuese tocada mi alma”. Mi poema le gustó a Tokyu, quien escribió a continuación un segundo, Sora añadió otro y así compusieron una tríada.

Al lado de la posada había un gran castaño, a cuya sombra vivía un solitario. Recordé a aquel que había vivido de las bellotas que encontraba y anoté la siguiente reflexión: “El ideograma de castaño está compuesto por el signo de Oeste y el signo de árbol, de modo que alude a la Región Pura de Occidente. Por eso el cayado y los pilares de la ermita del bonzo Gyoki eran de madera de castaño.[2]

 

Sobre el tejado:

flores de castaño.

El vulgo las ignora.


 

[1] La Laguna de los Reflejos está a 25 kilómetros del Paso de Shirakawa. A principios del siglo XIII destierran a este lugar un cortesano. Su mujer emprende el viaje desde la capital para unirse a él, pero al llegar encuentra que lo han ejecutado y entonces se arroja al agua. Los reflejos de la Laguna son los del espejo que llevaba en el pecho suicida.

[2] El Paraíso de Buda Amida-Kyoki: bonzo de la época de Nara (668-749).

 

Las sendas de Oku

Traducción: Octavio Paz

Seix Barral

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