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25 ago. 2011

Barón de Holbach - Historia abreviada del Cristianismo

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Fue en medio de esta nación dispuesta a hacerse alimentar con esperanzas y quimeras donde se mostró un nuevo inspirado, los seguidores del cual han llegado a cambiar la faz de la tierra. Un pobre judío que pretendía haber salido de la sangre de David (1), ignorado durante mucho tiempo en su país, salió de súbito de la oscuridad para hacer prosélitos. Los encuentra entre los plebeyos mas ignorantes, ahí predicó su doctrina y los convenció de que era hijo de Dios, el liberador de su nación oprimida, el Mesías anunciado por los profetas. Sus discípulos, impostores o seducidos, dieron un testimonio brillante de su poder, pretendieron que su misión había sido provocada por milagros sin número. El único prodigio del cual no fue capaz, fue el de convencer a los judíos, los cuales lejos de verse afectados por sus obras benefactoras y maravillosas, lo hicieron morir con un suplicio infamante.

Así, el hijo de Dios murió a la vista de todo Jerusalén, pero sus seguidores aseguraron que había resucitado secretamente tres días después de morir. Visible solo para ellos, invisible para la nación a la que había venido a iluminar y a conducir a su doctrina, Jesús resucitado conversó –dicen- algún tiempo con sus discípulos y después se volvió a subir al cielo donde, convertido en Dios como su padre, comparte con él la adoración y los homenajes de los seguidores de su ley. Estos, a fuerza de acumular supersticiones y de imaginar imposturas, de forjar dogmas y de amontonar misterios, han formado poco a poco un sistema religioso, informe y desmadejado, que se llama cristianismo a partir del nombre de Cristo, su fundador.

Las diferentes naciones a las cuales los judíos estuvieron sometidos, les habían transmitido una serie de dogmas del paganismo: así la religión judía, egipcia en su origen, se adaptó a los ritos, las nociones y una serie de ideas de los pueblos con los que los judíos estuvieron en contacto.

No hemos de sorprendernos si vemos a los judíos, y a sus sucesores cristianos, imbuidos de nociones tomadas de los fenicios, de los caldeos o persas, de los griegos y de los romanos. Los errores de los hombres en materia de religión tiene muchas semejanzas, solo parecen diferentes por sus combinaciones. El trato de los cristianos y judíos con los griegos les dio a conocer la filosofía de Platón, tan análoga al espíritu novelesco de los orientales y tan conforme al espíritu de una religión que se tomó como un deber el hacerse inaccesible a la razón (2).

Pablo, el mas ambicioso y el mas exaltado de los discípulos de Jesús llevó su doctrina, sazonada de lo sublime y maravilloso, a los pueblos de Grecia, de Asia y hasta a los habitantes de Roma; tuvo seguidores porque todo hombre que habla a la imaginación de unos hombres toscos, les hace compartir sus intereses, y este apóstol activo puede pasar, con toda justicia, por el fundador de una religión que sin él no habría podido extenderse por la falta de conocimientos de sus ignorantes colegas, de los que no se separó para acabar siendo el jefe de la secta. (3).

De cualquier manera que fuera el cristianismo, desde su nacimiento, se vio obligado a limitarse al común de los pueblos, solo fue abrazado por hombres de baja condición entre los judíos y entre los paganos, gente capaz de aceptar con facilidad las maravillas contadas (4). Un dios infortunado, víctima inocente de la maldad, enemigo de los ricos y de los grandes debía ser motivo de consuelo para los desgraciados. Las costumbres austeras, el menosprecio de las riquezas, la solicitud desinteresada en apariencia de los primeros predicadores del evangelio cuya ambición se limitaba a gobernar las almas, la igualdad que la religión establecía entre los hombres, la comunidad de bienes y las ayudas mutuas que se prestaban los miembros de
esta secta, fueron cosas muy a propósito para excitar el deseo de los pobres y para multiplicar los cristianos.

La unión, la concordia, el afecto recíproco recomendados continuamente a los primeros cristianos, debían seducir a las almas honestas; la sumisión al poder, la paciencia ante los padecimientos, la indigencia y la rudeza hicieron que esta secta naciente no fuera considerada peligrosa por los gobernantes acostumbrados a una política de tolerancia religiosa..

Así, los fundadores del cristianismo tuvieron muchos adeptos entre el pueblo y no tuvieron por rivales, contrarios o enemigos sino algunos sacerdotes idólatras o judíos interesados en mantener las religiones establecidas. Poco a poco, el nuevo culto, cubierto por la tosquedad de sus adherentes y por las sombras del misterio arraigó profundamente y resultó demasiado fuerte para ser suprimido. El gobierno romano se dio cuenta demasiado tarde de los progresos de una organización menospreciada; los cristianos, ya numerosos osaron desafiar los dioses del paganismo hasta en sus propios templos. Los emperadores y magistrados, inquietos, quisieron acabar con una secta que les hacía sombra; hicieron perseguir a unos hombres a los que no pudieron reconducir con dulzura y a los que el fanatismo daba tenacidad; los suplicios crearon interés a su favor, la persecución sirvió para ampliar su número, en definitiva, su constancia ante los tormentos pareció sobrenatural y divina a aquellos que fueron sus testigos. El entusiasmo les dio alas, y la tiranía solo sirvió para proporcionar nuevos defensores a la secta que se pretendía ahogar.

Así pues que no nos alaben los maravillosos progresos del cristianismo; fue la religión de los pobres, anunciada por un dios pobre, fue predicada por pobres a otros pobres ignorantes, los consoló de su situación, sus lúgubres ideas fueron análogas al estado de ánimo de unos hombres desgraciados e indigentes. La unión y la concordia, que tanto se admira entre los primeros cristianos no es menos maravillosa, una secta naciente y oprimida permanece unida. Y teme separar sus intereses ¿De que manera en estos primeros tiempos, estando sus mismos sacerdotes perseguidos y tratados como perturbadores, hubieran osado predicar la intolerancia y la persecución?. Los rigores ejercidos contra los primeros cristianos, no pudieron hacerlos cambiar los sentimientos porque la tiranía irrita y el espíritu del hombre es indomable cuando se trata de opiniones ligadas a lo que cree su salvación. Este es el efecto indiscutible de la persecución, Pero los cristianos a los que el ejemplo de su propia secta habría podido desengañar, al fin no han podido, hasta el momento presente, escapar a la locura de perseguir.

Los emperadores romanos, hechos cristianos ellos mismos, es decir, arrastrados por una corriente hecha general que les obligó a servirse de una secta pujante, hicieron subir la religión al trono, protegieron a la Iglesia y a sus ministros, quisieron que sus cortesanos adoptasen sus ideas, y miraron con malos ojos a los que permanecieron fieles a la antigua religión; poco a poco llegaron a prohibir su ejercicio que acabó por estar vedado bajo pena de muerte. Se persiguió sin consideraciones a los que mantuvieron el culto de sus padres, los cristianos devolvieron con usura a los paganos los males que de ellos habían recibido. El Imperio Romano se llenó de sediciones causadas por el celo desmedido de los soberanos y de aquellos sacerdotes pacíficos que poco antes solo hablaban de dulzura e indulgencia. Los emperadores, políticos o supersticiosos, cubrieron al sacerdocio de tantas liberalidades y beneficios que muy pronto esa institución no agradeció; estableció su autoridad, seguidamente respetaron como divino el poder que ellos mismos habían creado. Los sacerdotes fueron descargados de otras funciones civiles para que estas no les distrajeran de su ministerio (5).

Así, los pontífices de una secta antaño humillada y oprimida se hicieron independientes; al final acabaron siendo mas poderosos que los reyes, se arrogaron incluso el derecho de mandarlos. Estos sacerdotes de un Dios de paz, casi siempre en discordia entre ellos, transmitieron sus rencores y sus pasiones a sus pueblos, el universo vio sorprendido como, bajo la ley de la gracia, nacían las querellas y los discordias que no habían experimentado bajo las divinidades pacíficas que antaño se habían repartido, sin disputa, el homenaje de los mortales. Tal fue el camino de una superstición, inocente en sus orígenes, pero que mas tarde, lejos de procurar la felicidad a los hombres, fue para ellos manzana de discordia y germen fecundo de calamidades “Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad”, es así como se anuncia este evangelio, que ha costado al género humano mas sangre que las otras religiones del mundo tomadas colectivamente. “Ama a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como ti mismo”, he aquí según el legislador el resumen de sus deberes y a continuación vemos a los cristianos en la imposibilidad de amar a este Dios feroz, severo y caprichoso al que rinden culto, y de otro lado los vemos atormentar, perseguir y destruir a su prójimo y a sus hermanos. ¿Por que manera de retroversión una religión que solo respira dulzura, concordia, perdón de las injurias y sumisión a los soberanos, se ha convertido  una y mil veces en motivo de discordia, de furor, de revuelta, de guerra y de los crímenes mas negros? ¿Cómo los sacerdotes del Dios de la paz han podido hacer servir su nombre de pretexto para perturbar la sociedad, o para separar la sociedad, para autorizar los desafueros mas inauditos, para enfrentar a los ciudadanos o para asesinar a los soberanos?

Para explicar todas estas contradicciones es suficiente echar una mirada al dios que los cristianos han heredado de los judíos. No contentos con los colores horrorosos con que lo pintó Moisés, los cristianos todavía han desfigurado el cuadro. Los castigos pasajeros de esta vida son los únicos de los que nos habla el legislador hebreo; el cristiano ve a su dios vengándose con rabia y sin mesura toda la eternidad. En una palabra, el fanatismo de los cristianos se nutre de la fastidiosa idea de un infierno, donde su dios, transformado en verdugo tan justo como implacable saciará su sed con las lágrimas de sus criaturas desafortunadas y perpetuará su existencia para continuar haciéndola eternamente desgraciada. Allá ocupado en su venganza gozará con los tormentos del pecador, escuchará con placer los gritos inútiles con los que hará resonar su mazmorra llena de brasas. La esperanza de ver acabar las penas no permitirá ningún descanso en los suplicios.

En una palabra, al adoptar el dios terrible de los judíos, el cristianismo ha dado mas valor a su crueldad, lo representa como al tirano mas insensato, el mas falso, el mas cruel que el espíritu humano pueda concebir; supone que trata a sus súbditos con una injusticia, con una barbarie verdaderamente dignas de un demonio. Por tal de convencer de esta verdad, exponen el cuadro de la mitología judía, adoptada y convertida por los cristianos en algo mas extravagante


1. Los judíos dicen que Jesús era hijo de un soldado llamado Pandora o Pantera, que sedujo a María que era una peinadora casada con un tal Jochanan, según otros Pandora gozó varias veces de María cuando esta pensaba que mantenía relaciones con su esposo. Por ese medio quedó encinta y su marido, disgustado, se retiró a Babilonia. Otros pretenden que Jesús aprendió la magia en Egipto desde donde se trasladó para ejercer su arte a Galilea, donde murió. Véase Pfeiffer, Theol Judaicae et Mahomedicae et. principia . Leipzig 1687. Otros aseguran que Jesús era un bandolero que terminó encabezando una banda de ladrones. Véase la Gemara .


2. Orígenes afirma que Celso acusaba a Cristo de haber robado muchas de sus máximas a Platón. Véase Orígenes, Contra Celso 1, 6. San Agustín confiesa que ha encontrado en Platón el comienzo del Evangelio de San Juan. Véase San Agustín, Confesiones, libro 8 cap. 9, 10,20. Las nociones del Verbo son claramente platónicas; la Iglesia ha sabido sacar gran partido de éste filósofo, como se probará a continuación.


3. Los ebionitas o primeros cristianos consideraban a Pablo un apóstata o un hereje, porque se separaba completamente de la ley de Moisés que los otros apóstoles solo querían transformar.


4. Los primeros cristianos fueron llamados despectivamente ebionitas, palabra que significa miserables. Véase Orígenes, Contra Celso , I, II y Eusebio, Historia Eclesiástica, III, 37. Después se ha querido dignificar la palabra ebion y se le ha dado el significado de hereje. De cualquier manera, la religión cristiana debía agradar a los esclavos, excluidos de las cosas sagradas o que a duras penas eran considerados personas; la religión los persuadió que llegaría algún día su turno y que en la otra vida serían mas felices que sus señores


5. Véase Tillemont, la vida de Constantino, Historia de emperadores y otros príncipes, tomo IV, art, 32, pág 148





En El Cristianismo desvelado
Traducción de Eliseo R. Pérez
Imagen: El Barón de Holbach, retratado por Louis Carmontelle (1766)